.

Adivina adivinador

.


―Vamos a traumar a las chicas ―protestó Gus, meciéndose al ritmo de su montura.

Erick, que iba guiando, giró la cabeza hacia atrás hasta encontrarse con los ojos avellanas.

―¿Hablas por los caballos o por ti?

Un poco y un poco pensó Gus pero optó por esconder su nerviosismo entrecerrando los ojos. Dejó que el golpeteo de los cascos y la vida del bosque fueran la plática en el siguiente tramo del camino. Hasta que la ansiedad le ganó.

―¿A dónde vamos?

Erick cerró los ojos y tomó coraje.

―Al risco, donde vi las runas ―dijo soltando el aire.

―¿Las lucecitas en la piedra de las que me hablaste? ―. Erick asintió con culpa, sabía que Gus no sería fanático de la idea―. ¿Por?

―Estoy seguro de que Loki estaba buscando algo anoche. Y creo saber que es.

―Ah... claro ―dijo, como pidiéndole que se esforzara más en convencerlo.

Entonces Erick se apresuró a sacar un papel de su bolsillo, doblado cual servilleta, para luego ofrecérselo. Gus se estiró para tomarlo. No pudo evitar fijarse en la casi perfecta cursiva de su amigo antes de leer el texto.

―Me había olvidado de que eras el favorito de la señorita Anderson.

.

"Del sonido de las pisadas de un gato y el aliento de un pez,

con las raíces de una montaña y la barba de una mujer,

más la saliva de un ave se hicieron las cadenas

que a Fenrir pueden detener.

Si encuentras en tu mente algo que las pueda romper,

dilo en voz alta y estos muros van a desaparecer".

.

―Suena como una adivinanza.

―Cuando desperté, después de que Loki me noqueara ―dijo con un dejo de resentimiento―, corrí inmediatamente a la casa a anotar los símbolos que vi.

―Los viste una sola vez, te apagaron la lámpara, ¿y aún así los recordaste a todos?

―Leer mucho ejercita la memoria ―se defendió dando un consejo―. Como sea. Usé las notas del Dr. Selvig para traducirlas, entonces me di cuenta de que es un acertijo. Y creo que en la respuesta está la clave para abrir alguna especie de pasaje secreto.

Ventisca aminó el paso, como si al igual que su jinete se tomara un momento para reflexionar sobre aquello que había escuchado.

―¿Cómo en el Señor de los Anillos?―dijo apresurando a la yegua hasta quedar a la par de su amigo―. Cuando resuelven el acertijo y logran entrar a las minas Moria.

―No se si tan literalmente así. Aunque tampoco sería muy loco.

Entraron y salieron del claro, ese en donde cada árbol del borde se adornaba con su collar de setas blancas, cubiertas ahora por la nieve. La capa blanca les llegaba hasta la mitad de las cañas a los caballos, y crujía bajo sus pasos.

―Si vamos hacia allá supongo que es porque ya sabes la respuesta. Eso te convertiría en Frodo. Así que yo quiero ser Aragorn.

―Gandalf.

―¿Eh?

―Es Gandalf quien adivina el acertijo en los libros.

―Okey pero no te queda, siempre fuiste el más bajito en clases.

―Y tu eres más como Pippin ―. Gus amagó un azote con las riendas ―. Lo decía por tu personalidad alegre ―dijo atajándose entre risas.

Al llegar a la orilla del río, Erick sintió un escalofrío. Le pidió permiso en silencio cuando lo cruzaron, rogando que no quisiera matarlo de nuevo. Por suerte Bruma, de sangre española, no hizo propio los nervios de su jinete.

―¿Pero una entrada a dónde?

―Estuve toda la noche pensándolo. La entrada debe conducir al interior de las montañas, o sea las raíces. Y los árboles son la barba de la montaña, que en algunas culturas se representan como mujeres acostadas. Están describiendo la ubicación.

》Tu me dirás:《Erick, hay miles de montañas con árboles en todo el mundo》. Sí, pero solo una con un pico llamado Luchskofp, y un valle llamado Groppenfisch. Si el pico es la cabeza del lince, en la base quedan sus pisadas. En cuanto al valle, se llama así por su forma parecida a la de un bagre y el risco se encuentra cuesta abajo en la parte más ancha del valle, en las branquias podría decirse, por donde exhala su aliento―terminó justo para señalar su destino. Un fino toque dramático.

Habían llegado. La piedra negra se alzaba arisca e intimidante a más de cincuenta metros sobre sus cabezas y los ensombrecía. Las runas habían brillado sobre una zona hundida en bisel sobre la pared que pasaba casi desapercibida en el resto del relieve. Aunque ahora no se mostraban.

―Guau, podrías ser un caza tesoro profesional.

―En realidad Loki ya me había dado la ubicación. Solo hice un poco de geografía.

―Pero dijiste que no él sabía la respuesta.

―¡Está hecho para que no lo sepa! En su lengua son solo palabras sin sentido, pero al traducirlo me vi obligado a ordenarlo y ahí es donde está el truco. Está pensado por humanos. ¿Por qué un dios orgulloso nos daría tanto crédito? No la sabe, o ya tendría lo que busca.

―¿Y qué es lo que busca?

―Tengo una teoría. Es más una corazonada. Según las leyendas Loki tuvo tres hijos: la Diosa de la Muerte, la Serpiente de Midgard y el Lobo Fenrir ―dijo acentuando el último―. Lo que me recuerda a la historia del Abuelo, la del Gran Lobo. Gus, ¿recuerdas el aullido de ayer?

―Pero solo es un truco del viento. No puede ser real.

―Pues, anoche se volvió posible... Loki quiere liberarlo.

Gus palideció de repente.

―E-espera un segundo ―tartamudeó.

Erick se bajó de su caballo y se acercó al muro.

―¿¡Vamos a liberar a un lobo gigante!?

―Más o menos esa es la idea.

―¿Estás seguro de esto?

Erick vio en la cara de su amigo el miedo y las ganas de salir corriendo de allí, pero le asintió con absoluta confianza, con serenidad. Y una vez que pudo transmitirle esa tranquilidad a Gus se volvió hacia su oponente.

Recordó la huella impresa con sangre y colocó la mano en ese lugar. "Si encuentras en tu mente algo que las pueda romper...," repasó para sí mismo. "No escuchamos las pisadas de un gato. Tampoco vemos el aliento de un pez… Todas son cosas que solo podemos imaginar en nuestra mente. Pensamientos. Por lo tanto la herramienta para romper las cadenas resultaría en una…"

Idea ―susurró.

Nada pasó. Todo quedó quieto y en silencio. Ni siquiera al viento se le ocurrió mover una sola aguja de pino, como si el mismísimo bosque contuviera la respiración. Ante su decepción giró la cabeza en busca de apoyo. Gus solo se encogió de hombros bastante aliviado.

De repente sintió un fuerte piquete en la mano.

―¡Auch! ―chilló retrocediendo con la mano adolorida.

Una nueva huella se dibujó con sangre en la roca. Y enseguida la hojarasca comenzó a arremolinarse alrededor de ellos impulsada por una fuerza invisible. Las raíces de los árboles brotaron del suelo y treparon frenéticas sobre la piedra lisa, agrietándola como a una cáscara de huevo cocido. Todo el lugar se sacudió bajo sus pies.

―… Mmgrrr ―. Se escuchó un gruñido grave y ronco.

Alzaron sus cabezas lentamente. Delante de ellos un rostro hecho de raíces, roca y tierra con cuencas vacías, los miraba con el ceño fruncido.

Gleipnir.

...

No podía decir que había sido la mejor Scout de su pueblo, lo de ella era el pavimento y la acción detrás de un volante, pero estaba entre los cinco mejores agentes de S.H.I.E.L.D. y eso la hacía un todoterreno. Por suerte las huellas de los caballos seguían un sendero dibujado con el uso así que no tuvo que avanzar a trompicones por la nieve.

Después de haber hecho cerca de un kilómetro caminando con la mira por delante, se sintió algo estúpida y enfundó el arma. Tenía las manos entumecidas por el frío y sus expectativas de encontrar la fuente de la firma asgardiana iban cayendo, sin embargo su determinación permanecía encendida. No iba a desistir tan fácilmente.

―Romanoff. ¿Me escuchas? ―probó suerte cuando salió a un claro.

Resopló fastidiada ante el fracaso. La mejor tecnología del mundo y no recibía señal, ni siquiera un mínimo de estática. Recordaba las veces que había tenido misiones en lo profundo del Amazonas o a la mitad del Gobi, incluso había estado en una base submarina de H.Y.D.R.A. y nunca le había pasado. De hecho, hasta el primitivo pero infalible sistema de radio que la mantenía en contacto con el Quinjet había muerto tan pronto se adentró unos metros en la arboleda, no era tan infalible al parecer. El lugar no le estaba dando la mejor de las bienvenidas.

―Debe ser mi amor por acampar al aire libre ―bromeó ―. Al menos no hay mosquitos.

Fue cuando una onda sísmica la alcanzó tirándola de espaldas sobre el colchón de nieve. La sacudida limpió las copas de los árboles, sepultando a Hill por completo. Después de un instante reapareció sacándose la nieve a manotazos.

―¿¡Qué carajos!?

Se incorporó apoyándose primero en sus rodillas.

―¡CROW!

El repentino graznido le erizó la piel. Desenfundó el arma y apuntó hacia el pino detrás suyo por puro reflejo. Le tomó un parpadeo distinguir la forma del ave. Una especie de cuervo con chaleco blanco. Hizo una mueca y volvió a guardar el arma. Él animal la miraba fijamente.

―¿Y tú qué?

El cuervo ladeó la cabeza en respuesta, y acto seguido se lanzó hacia ella. María abrió bien grandes los ojos y atinó a cubrirse la cabeza con los brazos. El ave empezó a revolotear frente a su cara, sin emitir más sonido que el del batido de alas. Alcanzó a golpearla con el extremo de las plumas unas cuantas veces mientras ella retrocedía dando bofetadas al aire.

―¡Oye, ya basta! ¡NO-ME-OBLIGUES-A..!

De pronto escuchó un sonido estrepitoso ahogado por la distancia, pero que iba ganando volumen muy rápidamente. La avalancha la rebasó por izquierda y por derecha, trayendo en su cuerpo amorfo algún que otro pobre árbol. Solo hasta entonces se percató de que se encontraba resguardada debajo de una pequeña saliente rocosa, lo suficientemente grande como para crearle esa gota de espacio. El corazón le latía con fuerza mientras observaba como la zona donde había estado hace apenas un par de segundos iba quedando enterrada. Levantó la vista y allí estaba el cuervo, posado pacíficamente en el borde de la saliente. Observándola. Momento en el que se preguntó si no era otra cosa.

Ahora no sabía si agradecerle o interrogarlo. Justo cuando iba a modular unas palabras el cuervo giró su cabeza hacia la montaña con las plumas de punta, y no hubo tiempo a nada. Una roca del tamaño de un auto pequeño impactó contra la saliente, que resultó ser otra roca. Aunque no la terminó de arrancar, la fuerza del golpe se transmitió como un dominó hacia Hill que salió despedida.

Pasó en una fracción de segundo, pero ella lo sintió en cámara lenta. Cayó como uno de esos dobles de riesgo que se tiran desde el techo de un edificio para aterrizar de espaldas sobre un colchón de aire. Engullida de a poco por manos blancas que la arrastraban hacia la profundidad. Lo último que vio fue un destello iridiscente de plumas negras.


Luchskofp y Groppenfisch , al igual que Stein-Wolflandet, son lugares inventados. En mi perfil iré dejando descripciones más detalladas para los curiosos.