-Presunción de inocencia-
Capítulo 2. Vida
La curvatura más bella que alguna vez había visto en su vida no era una sonrisa ni mucho menos, sino el vientre donde su hija crecía poco a poco. Nunca se había considerado una persona cariñosa en absoluto, pero le resultaba completamente inevitable acariciar el vientre de Charlotte cada vez que estaban a solas.
Ella jugaba con ventaja; la sentía a diario y a todas horas. Sin embargo, él solo tenía esos ratos efímeros en los que colocaba la palma de la mano contra su piel y podía experimentar aquella sensación, que era la más extraña que jamás había vivido, pero también la mejor.
Le faltaba aún un mes y medio para nacer, pero se percibía ya que Hikari iba a ser muy inquieta. Lo notaba en cuanto se acercaba, pues, incluso antes de posar la mano sobre el vientre de Charlotte, podía ver sus piernas moviéndose con energía.
Esa noche, estando ambos a punto de dormirse, se quedó fijamente mirándolo. Había veces en las que no quería molestar demasiado a Charlotte, así que la observaba mientras dormía sin tocarla, porque debía ser pesado tener a tanta gente acercándose a ella constantemente y con ese estado de embarazo tan avanzando.
Pero la mujer rubia lo conocía demasiado bien ya por ese entonces, así que se quedó observando su fijeza, sus ojos oscuros que vibraban al contemplar cada mínimo movimiento de la niña a través de su carne. Entonces, sujetó su mano con cautela, se la llevó a los labios para besarla despacio y después la dejó en su barriga. Hikari se movió aún con más intensidad, como siempre hacía cuando notaba a su padre cerca, haciendo sonreír a Charlotte y dejándolo a él embelesado mientras continuaba con su mirada allí clavada.
—Le encanta cuando estás cerca.
—¿Eh? ¿Por qué dices eso? —preguntó algo confundido.
—Pues porque se mueve mucho. También le pasa cuando como ciertas comidas que le gustan.
—¿En serio?
—Sí —afirmó—. ¿Por qué la miras tanto?
Yami parpadeó un par de ocasiones y fijó su vista en Charlotte, que tenía el gesto bastante sosegado. Era cierto; llevaba muchos meses embarazada y aun así seguía igual de sorprendido por todo lo que aquello conllevaba.
—No sé, yo…
—Es tu hija —interrumpió al darse cuenta de que no podría encontrar la respuesta—. Es completamente normal, solo quería ver qué me decías. Yo también me paso horas mirándola, aunque ni siquiera puedo hacerlo directamente. Tengo muchas ganas de verla.
—Si tiene suerte, se parecerá a ti.
Charlotte se rio quedamente y después, se tumbó en la cama, haciendo que Yami la imitara. En esos últimos tiempos, él estaba trabajando mucho, así que no estaban juntos durante todas las horas que querían.
—¿Cómo es?
—¿El qué?
—Estar embarazada. ¿Cómo se siente?
—Pues… los primeros meses fueron horribles porque tenía náuseas a todas horas, no podía soportar los olores fuertes y estaba casi siempre cansada. Cuando te crece el vientre, hay muchas cosas de tu rutina diaria que no puedes hacer con normalidad y a veces te sientes un poco inútil al necesitar ayuda para tareas muy simples. Y eso no es nada, porque todavía queda lo peor: el parto y el posparto, así que puedes hacerme esta pregunta en unas semanas de nuevo.
—¿Y te compensa?
Charlotte lo miró extrañada. Al principio, la pregunta le molestó, pero tras analizarla durante unos segundos, la comprendió. Visto de forma objetiva, los nueve meses del embarazo eran un proceso bastante desesperanzador, molesto e incómodo. Y si era sincera, le habría gustado que alguien le advirtiera sobre los efectos de llevar un bebé en el interior, porque normalmente la gestación se imagina como algo maravilloso y radiante, cuando la realidad es que supone una transformación en el cuerpo de las mujeres completamente radical e irreversible en muchas ocasiones.
—Sí. Compensa. Cada vez que la siento moviéndose en mi interior o imagino sus ojos mirándome, me compensa porque me siento aliviada. Aunque también pienso que estaría bien si se diera algo más de información sobre lo que es el embarazo y sus fases a las mujeres. Estaríamos más preparadas.
—Será algo que debamos mejorar entonces.
—Sí —dijo en un susurro tenue, le acarició el mentón y lo besó—. ¿Dormimos ya? Estoy algo cansada.
—Claro que sí —musitó Yami, le besó la frente y acarició por última vez en el día su vientre mientras se reafirmaba internamente que nunca olvidaría aquella sensación, por muchos años que pasaran.
—o—o—o—
Se despertó un tanto desconcertado. No entendía bien por qué había tenido ese sueño, que en realidad era un recuerdo del primer embarazo de Charlotte.
Sin embargo, le había gustado recordar esa época. Cuando se enteró de que Charlotte estaba embarazada de Hikari, no tuvo la mejor reacción. Era cierto que no era algo que estuviera en sus planes, pero se arrepentía a diario de haber sido tan cretino como en aquella ocasión.
Tal vez, su subconsciente le recordaba de forma indirecta que debía tener una conversación con Gauche, porque no le había gustado demasiado su actitud ante la noticia del embarazo de Grey. No quería tampoco que se arrepintiera en el futuro de un comportamiento que probablemente surgía del miedo y la incertidumbre, pero que todavía podía solventar.
Se giró en la cama antes de levantarse. Vio la espalda desnuda de Charlotte. Su respiración era tremendamente pausada y le indicaba que seguía durmiendo. Debía ser temprano, porque ella acostumbraba a madrugar y era raro que fuera él quien se despertara antes.
Se acercó y le apartó el cabello para darle un beso en el cuello. Ella se revolvió un poco entre las sábanas y se dio la vuelta para mirarlo. Sabía que si se levantaba y la dejaba ahí durmiendo no le iba a gustar, porque decía que prefería aprovechar el tiempo antes que estar todo el día en la cama, algo que Yami no lograba comprender del todo.
—Buenos días.
—Buenos días —saludó mientras le colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja—. ¿Te importaría ir luego a despertar a los niños? Tengo algo que hacer.
Charlotte asintió, le dio un beso en los labios y se levantó para comenzar su día. Al salir de la habitación, ya lista, le deseó que le fuera bien con sus asuntos, aunque sabía que ella intuía lo que iba a hacer.
Se duchó y salió de la base. Se dirigió hacia el jardín para pensar en la mejor manera de abordar la situación, pero la realidad le cayó encima pronto, porque se encontró a Gauche allí, sentado y mirando hacia el horizonte.
La situación podía salir increíblemente bien o verdaderamente desastrosa, pero decidió sentarse a su lado y decirle lo primero que se le ocurriera.
—¿Quieres? —dijo, ofreciéndole un cigarro que sobresalía del paquete de tabaco una vez se sentó sobre la hierba, justo a su lado.
Gauche frunció el ceño con molestia mientras se giraba para mirarlo.
—Sabes perfectamente que no fumo.
—Ya, pero me da la sensación de que te haría falta.
—¿Con esa mierda es como te tranquilizas tú?
—No te lo vas a creer, pero sí —contestó con simpleza—. ¿Qué coño te pasa?
—¿A mí? Nada.
—Chico, ¿tú crees que puedes engañarme a mí? No me lo cuentes si no quieres, pero no me trates como si fuera idiota.
Gauche suspiró y volvió a mirar hacia el cielo con hastío. Era obvio que su capitán se iba a dar cuenta de su malestar, primeramente porque hacía muchos años que lo conocía y también, porque era una persona que no sabía disimular sus emociones y todas y cada una de ellas, sobre todo, las más negativas, se transmitían en su rostro con claridad. Y eso le sucedía desde siempre, así que era tarde para tratar de cambiarlo.
—No quería tener más hijos —declaró con sinceridad.
Yami se sorprendió ante aquel arranque de verdad. No esperaba que usara esas palabras de forma tan directa, pero se alegraba de que lo hubiera hecho, porque así no tendría que dar rodeos, ya que era una de las cosas que más odiaba.
—¿Estás asustado?
—Claro que lo estoy —aseguró, entrelazando después los dedos de sus manos para intentar calmar su nerviosismo—. Grey estuvo a punto de morir en el parto de Gael. No quiero que vuelva a pasar por algo así, ni que mi hijo tenga que ver a su madre en esas condiciones.
Yami se sacó un cigarro, lo encendió y le dio una larga calada. Expulsó el humo y continuó con su verborrea espontánea.
—¿Por qué no admites que lo que te da miedo no es eso, sino quedarte solo? Tú no estás así ni por Grey ni por Gael, sino por ti mismo. Ellos estaban muy contentos con el embarazo.
Gauche abrió los ojos, apretó los puños y se volteó para mirarlo con furia desorbitada. Sin embargo, al observarlo fumando, tan tranquilo como estaba, y sin siquiera mirarlo, un golpe de realidad lo envolvió.
Llevaba razón. Sus motivos eran egoístas por completo y su actitud con Grey había sido asquerosa y más que reprochable, porque realmente a ella se la veía completamente emocionada e ilusionada con la idea de volver a ser madre.
Se frotó el rostro con pesadez e incluso tiró levemente de su cabello. Le daba rabia sentirse de ese modo, porque solo quería que su familia estuviera bien. No entendía por qué se había comportado así hasta el momento, pero su boca siguió hablando, casi de forma involuntaria, para continuar escudriñando en sus pensamientos más profundos.
—Yo… no soy nada sin Grey. Si ella no estuviera, no sería capaz de mirar a mis hijos a la cara. No quiero perderla. No puedo vivir sin ella. Así que sí, soy un egoísta de mierda, pero es lo que hay.
Yami se rio ante aquella aseveración y Gauche lo miró frunciendo el ceño de nuevo, algo enfadado.
—Pues si no puedes vivir sin Grey, cuídala. Nada te garantiza que este parto vaya a ser igual. Apóyala, escúchala… porque estoy convencido de que ella está igual o más asustada que tú. Y pídele perdón, que estoy completamente seguro de que te has comportado como un auténtico imbécil en estos últimos días.
Le iba a reprochar por aquella elección de palabras, pero Yami se levantó y se fue en ese momento, sin darle lugar a réplica y dejándolo allí solo, con la única compañía de sus pensamientos culpables pululando por su cerebro sin cesar.
Sí, definitivamente había tenido una actitud totalmente horrible, así que iría a hablar con Grey y a pedirle perdón, porque quería, desde ese momento, pensarlo mejor todo e intentar ser más positivo. Realmente se lo debía por todos los años que llevaban juntos.
Tras entrar a la base, se dirigió a su habitación, donde había dejado a Grey dormida. No habían hablado demasiado en los últimos tres días. Al enterarse de que estaba de nuevo embarazada, todo su mundo se desmoronó sin remedio. No quería aceptar sus miedos con respecto al final de aquel proceso, pero Yami le había hecho entender que estaba equivocado.
Entró en el dormitorio. Grey no estaba en la cama, así que se acercó a la puerta del baño para comprobar si se encontraba ahí. Al hacerlo, escuchó unas arcadas provenientes del interior de la estancia, la cisterna y después el agua del lavabo corriendo.
Esperó a que saliera. Al hacerlo, la notó un tanto sorprendida al verlo allí, quieto y mirándola con seriedad.
—¿Estás bien?
—S-sí —respondió Grey, titubeando.
Gauche suspiró. Se llevó la mano a la frente para apartarse un poco el pelo y volvió a mirarla. Respiró en varias ocasiones, porque sabía que tenía que ser suave; ya había sido demasiado exigente y recto en los días de atrás.
—No me engañes, Grey. Ven —le dijo, sujetándole la mano para llevarla a la cama y que se sentaran juntos—. ¿Estabas vomitando?
Grey tragó saliva. Paseó sus ojos por distintos puntos de la habitación, no estando segura de qué contestar, hasta que Gauche sujetó su barbilla y le movió el rostro de forma delicada para que lo mirara y se tranquilizara.
—Sí… —contestó, casi susurrando—. Pero es normal. Cuando estaba embarazada de Gael, me sucedía lo mismo. Los primeros meses son así.
—Lo sé.
Se quedaron en silencio. Gauche la observó. Parecía que estaba a punto de llorar, porque el labio inferior le temblaba ligeramente y sus ojos brillaban, y no de la forma en la que le gustaba ver. Estaba claramente asustada. Y no solo por el embarazo, el parto y las posibles consecuencias, sino también por sus reacciones, por su opinión y su actitud hacia ella. Se sintió el ser más estúpido y egoísta del planeta, pero se juró a sí mismo que lo arreglaría, así que la abrazó sin decir nada más.
—¿Gauche-kun…?
—Lo siento. Lo siento mucho por haberme comportado de esta forma. No te mereces esto. Yo… solo tengo miedo por lo que te pueda pasar. Pero me he dado cuenta de que, si yo me siento de esta manera, tú debes estar experimentándolo con mucha más fuerza.
Grey se separó un poco de su cuerpo y le acarició la mejilla izquierda. Conocía perfectamente los motivos por los cuales había estado actuando así, pero se alegraba de que hubiera sido él quien se sincerara para contárselos y no tener que ser ella quien se los sonsacara con una conversación llena de incomodidad.
—Es normal tener miedo. Yo también lo tengo. Pero… me hace muy feliz pensar en que voy a tener otro hijo tuyo y en que Gael se va a convertir en un hermano mayor.
—Será interesante de ver.
Grey se rio y dos lágrimas rodaron por su rostro. Más que provocadas por la tensión del momento o por la desilusión, fueron producto del alivio de comprobar que su esposo volvía a ser el mismo de siempre.
—¿Qué te gustaría que fuera? —preguntó mientras se secaba las lágrimas.
—No me importa demasiado, pero… tal vez, una niña.
Asintió con energía al escuchar esas palabras y lo abrazó. Gauche se limitó a acariciarle el cabello despacio y a besarle la frente.
En ese momento, escucharon tres toques pequeños en la superficie de la puerta. Se separaron y Gauche fue a abrir, porque sabía bien quién estaba allí.
—Gael, ¿qué pasa? —dijo tras encontrarse a su hijo en el pasillo. Grey se acercó también.
—Lo siento, cielo, hoy se me ha hecho tarde. ¿Quieres que vayamos a desayunar?
—No te preocupes, mamá, ya he desayunado con Hana.
Grey sonrió y le acarició la cabeza. Gael era muy independiente a pesar de que aún era pequeño. Se parecía mucho a su padre y por eso suponía que lo comprendía tan bien. Esos últimos días habían sido muy difíciles para los dos, porque se querían pero no se entendían normalmente y ella siempre tenía que mediar entre ambos. Sin embargo, al tener aquel distanciamiento con su esposo, la situación entre padre e hijo se había complicado un poco.
—Papá, ¿puedo ir al valle con ella?
—Claro —respondió el hombre con rapidez, mostrando que estaba mucho más relajado. Gael, en consecuencia, sonrió levemente, porque echaba mucho de menos que su padre no estuviera constantemente de mal humor—. Pero no vengáis tarde y tened cuidado. ¿Se lo habéis dicho al Capitán Yami?
—Sí, Hana se lo está diciendo ahora.
—Bien. Que os divirtáis.
El niño asintió y se fue bajo la atenta mirada de sus padres. Gauche abrazó a Grey por los hombros y ella sonrió, completamente calmada por fin y orgullosa de que hubiera sido capaz de reconocer sus errores, enmendarlos y avanzar.
Yami deambulaba por el pasillo de la base mientras bostezaba ligeramente. Se sacó un cigarro del bolsillo y empezó a fumar, aprovechando que Charlotte estaba trabajando y no podía regañarle.
Se quedó quieto al pasar por una ventana, que daba al bosque. Se apoyó sobre el alféizar con los antebrazos y continuó fumando mientras notaba cómo la brisa de la primavera lo despeinaba ligeramente. Ese año, venía un tanto más calurosa que de costumbre, pero no tenía demasiado tiempo para pensar en aquello, pues siempre había algo que hacer.
Hacía ya algunos meses desde que Asta fue coronado como Rey Mago, aunque aún se le hacía un poco raro que fuera él quien le encargara misiones, pero que siguiera llamándolo «Capitán Yami» con aquella voz tan jovial que todavía conservaba.
El reino era muy hermético y retrógrado, así que a Asta le estaba costando cambiar todo lo que no funcionaba debido a prejuicios y discriminación, pero no lo estaba haciendo nada mal, según su parecer.
Justo ese mismo día, tenía una reunión en la capital con él, así que se apartó de la ventana, la cerró y se fue hacia la sala. Mientras bajaba las escaleras, escuchó las voces de Finral y Vanessa, que parecían estar peleándose o, más bien, ella le reprochaba algo al mago espacial.
Finalmente y tras divorciarse definitivamente de Finesse, Finral había vuelto a la base de los Toros Negros a vivir. Cuando se casó, hacía ya varios años, decidió mudarse con su esposa. Sin embargo, la relación se fracturó hasta despedazarse por completo por un motivo que todos en la base conocían, pero del que nadie hablaba, porque sabían que era extremadamente doloroso para él.
Yami se alegraba de que hubiese decidido regresar con los suyos; así, al menos, podría sanar poco a poco hasta recuperarse en compañía de su familia.
—¿Por qué eres tan inútil?
—¿Te recuerdo que he hecho ya cuatro viajes con este? Mi magia tiene un límite.
Yami vio a Vanessa suspirar y cerrar los ojos. Después, se disculpó con Finral, pero le insistió de nuevo en que tenían que irse rápido.
—Ey, ¿qué es lo que pasa aquí? —interrumpió Yami, cortando su conversación.
—Capitán, a Grey se le ha adelantado el parto. Estoy todavía aquí porque tenía que recoger sus cosas y Finral ha dado muchos viajes, así que su magia no se ha recuperado del todo aún.
—Oh, joder, no me quiero imaginar lo histérico que tiene que estar Gauche. ¿Se ha adelantado por mucho?
—Solo dos semanas, pero sabes cómo es; yo ni me pienso acercar a él en todo el día —admitió Finral mientras resoplaba.
—¿Charlotte no está por aquí? Si avisa a Mirai, podría venir para llevarnos.
—No, se fue temprano a la base de las Rosas Azules y todos los demás se han ido ya. Tus hijos también.
—Pues nada —dijo el hombre mientras sacaba otro cigarro y lo encendía, llevándoselo inmediatamente después a la boca para empezar a fumar—, nos tocará esperar. De todas formas, estando allí tendremos que soportar la cara larga de Gauche, así que eso que nos ahorramos.
Vanessa y Finral se miraron entre sí y compusieron un gesto de agotamiento.
A fin de cuentas, su capitán llevaba razón; lo único que podían hacer era esperar.
En cuanto Finral pudo usar su magia de nuevo, abrió un portal que los llevó a los tres directamente al pasillo en el que la gran mayoría de los Toros Negros se encontraba esperando por noticias de Grey y el bebé.
Faltaban Charlotte y Asta y, según lo que Yami sabía, era porque estaban ambos reunidos con urgencia, probablemente, porque las Rosas Azules iban a recibir una misión urgente pronto.
Buscó a Gauche con la mirada. Para su sorpresa, estaba mucho más calmado de lo que imaginaba —o tal vez, estaba disimulando su inquietud bien por primera vez en su vida— mientras hablaba con Gael, a quien sí se le veía más preocupado y serio.
Sonrió de forma casi imperceptible. Estaba seguro de que los nervios se lo estaban comiendo por dentro, pero no quería que se le notase para que su hijo no se abrumara aún más. Cuando tienes hijos, algo en ti se enciende que te cambia y te hace mucho menos intenso.
—Papá, ¿vamos a poder ver a mamá pronto?
—Sí. Tenemos que esperar a que salga el médico, pero no creo que tarde mucho más.
—Pero va a salir todo bien, ¿no?
—Pues claro —soltó Gauche, como si fuera la obviedad más grande del mundo—. Mamá es muy fuerte.
El niño asintió, pero su boca seguía apretada en una línea rígida y sus dedos, entrelazados para ocultar su estado de nervios. Gauche le acarició la cabeza y su pelo azul oscuro se movió un poco.
Yami se acercó y se quedó quieto enfrente de los dos, haciendo que Gauche se levantara y que Gael agachara la cabeza. Todavía no había podido superar del todo el miedo que el Capitán de los Toros Negros le producía, a pesar de que había disminuido considerablemente en los últimos años y de que su hija era su mejor amiga.
—¿Lleva mucho tiempo dentro?
—Unas tres horas y media.
—¿Estás bien?
—Sí, sí —dijo casi sin pensarlo, aunque ambos sabían que no era del todo cierto.
Justo cuando iba a seguir sacándole tema de conversación, la puerta de la habitación en la que estaba Grey se abrió y salió Owen. Gauche pareció desaparecer y teletransportarse hacia donde el médico se encontraba, eso sí, con Gael al lado.
—¿Cómo ha ido todo? ¿Está Grey bien? ¿Podemos pasar ya? —preguntó rápidamente y sin hacer ni una sola pausa, haciendo que el discurso le saliera algo atropellado.
—Eh… sí.
—¡¿Sí qué?!
—Todo ha ido perfecto y Grey está bien. Habéis tenido una niña. Y sí, podéis pasar vosotros dos primero y, cuando descansen un poco más, vais entrando los demás.
El suspiro de Gauche hizo que Gael sonriera tímidamente por primera vez desde que supo que su hermana iba a nacer. Sintió a su padre sujetando su mano y ambos se adentraron en la habitación.
Grey estaba tumbada. Se la veía bastante cansada, así que lo primero que hizo su esposo fue acercarse a ella para preguntarle cómo estaba, mientras le decía que estaba muy orgulloso de su fortaleza y le besaba la frente.
Gael, mientras tanto, se acercó a paso lento a la cuna que estaba al lado de la cama en la que Grey se encontraba. Se asomó al interior tras ponerse al lado y observó a la niña, que dormía de forma tranquila.
Era muy pequeña. Gael recordaba haber visto nacer a Ayla, Aren y Einar y ninguno de ellos tenía ese tamaño. De repente, le dio miedo que le pasara algo al verla tan minúscula y vulnerable, pero se tranquilizó rápido porque no quería que sus padres se preocuparan. Continuó observándola. Tenía la tez bastante pálida y el cabello morado. Se le antojaba similar a su madre, aunque no podía estar seguro, pues estaba recién nacida.
Mientras la miraba con fijeza, la vio abriendo los ojos de pronto. Los tenía grises y su forma era idéntica a la de Grey. Le acercó la mano a la mejilla para acariciársela, pero, justo cuando estaba a punto de tocarla, se movió un poco y él se asustó, así que sacó la mano de la cuna con algo de brusquedad, haciendo que se echara a llorar.
—L-lo siento —musitó el niño mientras daba un par de pasos hacia atrás.
—No pasa nada —le dijo Gauche.
Después, se acercó para sacarla de la cuna, se sentó en un sillón, al lado de la cama, con la pequeña en brazos y le hizo un gesto suave con la cabeza a su hijo para que se aproximara. La niña dejó de llorar, Gael pudo hacer lo que tenía previsto y sonrió al verla cerrando los ojos de nuevo.
—Como es niña, le pondremos el nombre que elegimos entre los tres, ¿no?
—Por supuesto que sí. Se llamará Margaret.
—Oye papá, ¿la tía Marie no viene?
—En unas horas. Estaba en una misión importante que no podía aplazar.
Gael asintió y se quedó mirando de nuevo a su hermana, mientras se afirmaba interiormente que la cuidaría y protegería para siempre.
Al llegar a su habitación, se tumbó en la cama de forma directa. Estaba completamente cansado, así que, tras volver del hospital, lo único que quería era dormir.
Ser Rey Mago era una tarea muy ardua. Además de atender todo el papeleo, programar las misiones de los escuadrones y comprobar el registro de presos, Asta estaba formulando leyes que propulsaran la igualdad real de todos los ciudadanos del reino. Y le estaba costando mucho, muchísimo, pero poco a poco, lo iba logrando.
También sacaba el tiempo necesario para su familia y para visitar a los Toros Negros, así que su tiempo de descanso era ínfimo, porque tampoco podía descuidar su entrenamiento, que era la principal actividad a la que dedicaba su escaso tiempo de ocio.
Aun así, tenía una vida plena. Estaba viendo crecer a sus hijos, su esposa lo hacía inmensamente feliz y su trabajo, aunque era complejo, hacía que se sintiera muy realizado, porque podía ver el progreso que la sociedad estaba haciendo y, sobre todo, iba a hacer con el transcurso del tiempo.
Noelle llegó al dormitorio, pero no lo hizo sola, sino acompañada por sus dos hijos. Parecía que estaba enfadada, así que se sentó sobre la cama para averiguar qué estaba ocurriendo.
—Asta, dile algo a tus hijos.
—¿Qué es lo que sucede?
Asta miró a Ayla, que hacía pucheros tristes. Después se dio cuenta de que Aren estaba detrás de ella, sujetándole la camiseta del pijama por la parte de atrás.
—Ayla está empeñada en dormir aquí con nosotros y Aren no quiere quedarse solo en el cuarto, como es lógico. Son ya lo suficientemente grandes como para tener estos caprichos.
—Pero papi, es que quiero dormir con vosotros. Solo hoy, lo prometo.
La niña lo miró con cara de pena y Asta, que no era capaz de negarse ante ese gesto, terminó aceptando, aunque sabía que tendría que lidiar con el enfado de Noelle, que ya lo miraba con el ceño fruncido.
—Pero solo por esta noche. Venga, subid.
Los ayudó a subir a la cama y ambos se tumbaron en el centro. Noelle, poco rato después, se acostó. Los niños se durmieron enseguida y ella aprovechó para reprocharle a su esposo su actitud tan permisiva.
—¿No te das cuenta de que si los consientes mucho los vas a malcriar?
—Noelle, solo es una noche. Son muy pequeños. Si no se comportan de esta forma ahora, ¿cuándo lo harán?
Noelle rodó los ojos con molestia, dándose cuenta de que llevaba algo de razón. Por esa vez, cedería, aunque seguía sin estar de acuerdo en decirles que sí siempre a todo.
Se tumbó de lado mientras observaba a su esposo y sus hijos.
—Margaret es muy bonita, ¿verdad? —preguntó él y los ojos le brillaron con cada palabra que pronunciaba.
—Sí que lo es.
—Noelle… ¿no te gustaría tener más hijos?
La pregunta le sorprendió mucho, pero no tardó en contestarla porque sabía bien la respuesta.
—No. Estamos bien los cuatro. Ahora mismo, no tenemos tiempo para encargarnos de dos niños de tres años y un bebé. Sería una locura.
Asta suspiró, sabiendo que llevaba razón. Tal vez, en el fondo solo le había entrado nostalgia de la época en la que los mellizos eran bebés recién nacidos. Tenía que enfocarse en muchos asuntos, y era totalmente cierto que tener otro hijo en ese momento sería irresponsable, porque ni Noelle ni él tenían tiempo suficiente para dedicárselo como merecía.
Quizás, más adelante volvería a plantearle la idea a Noelle. Ese momento no era el adecuado, pero podría surgir en el futuro.
Lo que Asta desconocía era que ese futuro idílico y feliz que siempre había imaginado se volvería oscuro, lúgubre y tempestuoso, pues en tan solo tres años, tendría que afrontar el peor momento que ocurriría en toda la duración de su reinado.
Continuará...
Nota de la autora:
Aquí os dejo el segundo capítulo. He tenido que adelantar la publicación de este capi porque mañana no voy a estar en casa en todo el día. Espero que os haya gustado mucho, peero tengo que decir que ya en el próximo se viene todo el drama porque viene el salto temporal.
Lo que me gusta a mí escribir de nacimientos de bebés con lo poco que me gustan los niños jaja no entiendo.
Nos leeremos el día 10 de septiembre con la continuación de esta historia y del 12 al 18 en la yamichar week, en la que estaré participando todos los días. :)
¡Gracias por leer!
