Esta es la corrección de este fic, si se topan con un cambio brusco de capítulo a capítulo es porque el resto del contenido no ha sido subido. Para los viejos lectores, me da la impresión que la cantidad de capítulos se redujo, pero aun no termino.
Gracias.
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La Liga de la Justicia y el Equipo eran plenamente conscientes que su secreto no era eterno, no se lo llevarían a la tumba y en el momento que sus identidades fueran reveladas iban a estar preparados. Desde nombres falsos, casas aisladas y cercas eléctricas, echando mano de la tecnología intergaláctica que sus alianzas y amistades en el universo les facilitaban, ellos se preparaban para lo inevitable. Por supuesto, había miembros de la Liga con mayor preocupación que otros; por su parte, Hal Jordan y el Detective Marciano se encogían de hombros ante la perspectiva, pues sus familiares o se encontraban en otro planeta o no importaban, porque eran sus enemigos los que estaban en otro planeta. Sin embargo, personas como Batman y su prole, Flash, Superman, ellos si eran sumamente temerosos al respecto y contaban con planes de contingencia elaborados a diversos grados de escala, locura y paranoia.
Indiferentemente de sus opiniones al respecto, cada héroe dedicó en algún momento un par de pensamientos a la perspectiva de ser descubiertos, pero a ninguno se le ocurrió pensar que su talón de Aquiles provendría de su mayor fuente de confianza: un miembro de la Batifamilia.
Capítulo 1
Gotham era una ciudad de gusto adquirido; oscura aun en sus mejores épocas, sus habitantes demostraban hostilidad a los extraños en sus tierras, aferrándose a su caos perpetuo y a su protector. Mucho se podía decir de una ciudad cuyo héroe local era la versión negativa y oscura de un Ángel de la Guarda, mas para los nativos funcionaba, ellos no formulaban preguntas, no cuestionaban a los niños vestidos con kevlar presentes en los tiroteos ni los rudos interrogatorios en los callejones. Si Batman y sus métodos los mantenían a salvo, entonces estaba bien, porque tampoco eran normales, sus criminales insistían, históricamente, en ser estrafalarios y extraños, por lo cual nadie alzó una ceja cuando, a las nueve de la noche en un miércoles de febrero, en el centro, un loco rompiera los vidrios de los establecimientos comerciales llamando a pleno pulmón a Batman.
«Un desquiciado en la 132 con 15. ¿Vas por mí?»
Conocido en el mundo más allá del abismo como Bruce Wayne, Batman escribió a su hijo adoptivo, Dick Grayson, alias Nightwing.
«Estás más cerca», fue la respuesta del quinceañero.
«Estoy atrapado en la tertulia benéfica. Si llevas la pelea al parque de la 132 podré verte desde la terraza del museo». Bruce arrugó su ojos con diversión, a su hijo le encantaría la propuesta.
—Bruce —la voz seductora y prometedora de su acompañante de turno, una artista local de 24 años, lo atrajo; ella se aferró a su brazo, rodeando la extremidad con sus pechos de manera disimulada. El hombre bloqueó su celular, el cual vibró ante la respuesta de Dick —. Tal vez deberíamos marcharnos, hay un vándalo a unas cuadras.
—¿No quieres ver? Quizá Batman aparezca —le sonrió. Bruce no estaba realmente interesado en ella, pero la mujer morena y de piel bronceada sería una interesante entretención nocturna.
La señorita arrugó sus labios pintados de rojo vino. Las personas a su alrededor consideraban marcharse o quedarse mientras con el proyector y el computador instalados para mostrar fotos de la causa por la cual se recogía el dinero un trabajador ingresaba a una página de noticias locales.
—Una visión impresionante, aunque es lejos y… —se interrumpió con la voz de la presentadora de noticias.
—En el lugar de los hecho con Catalina Niño, adelante.
Idiotas, gruñó internamente Bruce a la multitud que rodeaba al hombre fornido y rubio que hacía el berrinche de un niño pequeño en el centro.
—Estimados televidentes, hoy en la calle 132 con 15 en el centro se ha presentado una perturbación por parte de un hombre que ha declarado retar a Batman, héroe local y miembro de la Liga de la Justicia, a un combate. Batman aún no ha hecho acto de presencia, pero la policía presente en el lugar nos informa que él ya se puso en contacto con su oficina. Nuestro héroe viene en camino.
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—Esto es injusto —se quejó Damián a viva voz sentado en la silla de su padre frente a la computadora de la Bati cueva —. Es mi turno de golpear al loco.
Dick sonrió terminando de ajustar el cinturón de su traje. Alfred preparaba su moto con las coordenadas del escándalo, no que él las necesitase, conocía a Gotham como la palma de su mano.
—A la próxima no insultes a tu maestra de biología, Dami.
—Es una hurraca, hasta Drake lo dice y él es bien tolerante con los desadaptados.
—No se afane señorito Damián —comentó Alfred tendiéndole el casco de seguridad a Nightwing, quien montó en su moto —. Esto es Gotham, tendrá su oportunidad en menos de 72 horas.
Los chicos se carcajearon porque era verdad. Nightwing aceleró su vehículo y las compuertas automáticas de la Baticueva se abrieron para él. Un menor de 15 años no podía conducir un vehículo por las calles, pero al tratarse del hijo de Batman las reglas eran diferentes. Con la experiencia de 5 años conduciendo su moto por toda la ciudad, Nightwing parqueó en medio de la calle 132 a unos metros de distancia del alborotador y del público curioso en 10 minutos.
—¡Llegó Nightwing! —chillaron los periodistas y blogueros. El comisionado Gordon cabeceó en señal de saludo al joven que descendía del vehículo. El atacante se detuvo para encarar al chico, quien no lo subestimó por su pinta de vagabundo. Sus botas son profesionales, tiene acero, las puntas no son decoración. Es delgado, si pelea será veloz.
—Amigo —le gritó para que todos oyeran, él era ducho en armar espectáculos —. Vaya a destruir la casa de su abuela —dijo con un perfecto acento español antes de reír. Gordon y Bullock rodaron los ojos, acostumbrados a las payasadas de los Robin.
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«Prepárate para el asombro, murciélago», fue el mensaje de Dick. Bruce imitó el gesto de los policías, su hijo podía ser tremendamente infantil en ocasiones. La periodista de la pantalla de proyección desapareció, la cámara enfocó en su lugar al hombre rubio.
—Quiero a Batman, no tengo nada que resolver contigo, copia barata.
Bruce frunció el ceño, a Dick no le gustaría tal ofensa. El joven héroe se irguió sobre sí mismo, visiblemente enfadado con el comentario.
—Di lo que quieras, señor mal geniudo. Batman se encuentra muy ocupado para atenderte en estos momentos, así que yo soy tu oponente.
Y con esa declaración, Nightwing tecleó en la computadora de su muñeca ordenándole a su moto que se marchase. El vehículo andó solo desapareciendo de la vista; el objeto se ocultaría en un callejón cercano para estar disponible para su dueño en menos de un minuto.
—¿Ocupado con qué? —gruñó. El camarógrafo hizo un acercamiento a los peleadores, que tenían una distancia de tres metros entre ellos —. Vine a derrotarlo, ¿qué puede haber más importante?
—Seguro que la chica a la que le enterraba las bolas es más interesante que tú, al menos eso estaba haciendo antes de que yo saliera —el chico sonrió con malicia.
Alrededor de Bruce todos alzaron los ojos, él se sonrojó. Mocoso escandaloso.
—Batman tiene novia —dijo con risa la artista a su lado.
¿Cómo es que se llama?, intentó recordar el moreno.
El rubio en la pantalla frunció el ceño.
—Lo que sea —escupió y señaló con un gesto cruel al adolescente frente a él —. Te venceré y él tendrá que venir, no creo que deje morir a su hijo mayor.
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Nightwing agudizó los ojos cuando el rubio metió la mano en sus pantalones, pero solo sacó unas manoplas. En respuesta el muchacho cogió sus bastones de acero, la lucha prometía ser divertida. El manual de Batman dictaba que el ganador de un combate era el que diese el primer movimiento, el tipo de combate no importaba, podía ser físico, empresarial o romántico. Acatando el entrenamiento de su padre, Nightwing no dudó en írsele de frente al rubio, un amague, para después dar un brinco que lo dejó detrás del sujeto, desde allí golpearía sus costillas con una patada. Aquel truco funcionaba con muchos delincuentes menores que juraban estar listos para la velocidad sobre humana de Nightwing meramente por derrotar a unos cuantos chicos de sus barrios. En esta ocasión, el oponente si estuvo preparado para contratacar con una gira de pierna (significa que dio una patada mientras giraba su cuerpo). Las piernas chocaron y cada uno de los combatientes saltó metro y medio de distancia, midiendo a su contrincante.
—Esto se pone interesante —comentó Nightwing. El rubio levantó sus puños.
—¡Adelante!
El choque del acero entre las manoplas y los bastones generó un sonido particular y escalofriante que estremeció a los presentes, la fuerza de ambos varones era similar entre comillas, porque Nightwing se frenaba hasta cierto punto, su fuerza completa solo la usaba en situaciones de emergencia y con el permiso de su padre o de Aqualad, su líder en el Equipo.
Tratando y fallando en engañar al menor, el rubio recibió un fuerte golpe en el rostro por parte del moreno. Para asombro de Nightwing, el hombre se recompuso en el acto, devolviéndole el puñetazo con tal fuerza que lo mandó tres pasos atrás. Hubo un jadeo general.
—Tu padre es bastante irresponsable por permitir que vengas acá —comentó el rubio —. ¿Cuántos tienes? ¿16, 17 años?
Nightwing rió entre dientes.
—Quince primaveras tienes que cumplir —canturreó.
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—¿Quince años? —exclamó uno de los presentes en la terraza —. Es un niño.
Bruce se aclaró la garganta y se enfocó en la pantalla. La mujer colgada de su brazo habló.
—Tengo entendido que pediatras determinaron que los cuatro Robins en sus primeras apariciones tenían unos 9 años. El nuevo, el que usa capucha, se estima tiene 8 años.
—Bueno, hacen el trabajo —comentó una mujer agarrando una copa de martini —. Los conocí una vez, son agradables.
Otro de los presentes tomó la vocería. En la pantalla los golpes habían vuelto, Nightwing estaba cumpliendo su promesa de desviar la lucha al parque, pero le faltaban varias cuadras.
—¿No les parece incorrecto que un niño haga el trabajo de la policía?
—Son los héroes locales —intervino Bruce, ampliamente conocido por patrocinar a la Liga de la Justicia.
La artista frunció el ceño dubitativamente.
—En mi opinión, las aptitudes físicas de la Batifamilia, como la llaman, son increíbles, pero sí es incorrecto que Batman los deje salir por su cuenta. Prefiere el sexo al trabajo, los pone en riesgo innecesariamente.
—Es cierto —continuó el primer hombre —. Solo hay que ver cómo fueron a parar dos de los Robins, uno asesinado brutalmente y el otro, según dicen las malas lenguas, torturado.
Bruce mordió el interior de su mejilla. Mis hermosos niños… Se distrajo ante el sonido retumbante de una explosión.
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—¿No qué yo no estaba a tu nivel? —se burló Nightwing después de esquivar la granada casera que el sujeto le lanzó —. Las armas de aire son la forma de decir «se me salió de las manos».
—Cállate —gruñó el rubio metiendo la mano en su bolsillo —. Eres un fastidio con boca, no has dejado de hablar.
—Debería presentarte a mis hermanos, son súper parlanchines. Nunca le pidas a Red Robin sus opiniones sobre Disney, porque no cerrará el pico hasta no haber…
El sujeto le lanzó una shuriken que guardaba en sus pantalones, Nightwing la esquivó saltando al postal de luz más cercano, trepándose ahí sujeto con una mano y una pierna. Faltan tres cuadras, se dijo.
—¿Cómo no te ha matado Batman a estas alturas? ¡Baja y pelea! ¿O no eres hombre?
Nightwing lo señaló con su dedo índice.
—Oye, hace un rato acusabas a Batman de negligencia, ¿ahora si soy un hombre? —por respuesta el sujeto le lanzó otra shuriken —. Está bien, está bien, ¡qué humor de perros!
Y con una mueca sardónica, el muchacho se tiró del poste con el puño listo para estampárselo al rubio. La pelea a golpes retomaba su curso.
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—Le voy diez dólares a que Richard le gana al sujeto antes de las diez.
En la Atalaya también se veían la pelea entre varios miembros de la Liga, que comían palomitas cual día de cine casero. Hal puso en la mesa del centro el billete, su amigo Barry, Flash, examinó el reloj, quedaban veinte minutos para las diez de la noche.
—Yo digo que Nightwing va a desesperarlo tanto que el tipo va a entregarse a la policía —riendo puso el billete sobre el anterior. Flecha Verde se unió a la apuesta.
—Yo creo que Batman es tan sobre protector que acudirá a romperle la cara al idiota por atreverse a tocar a su pajarito.
La declaración fue recibida con una risotada. Superman agregó su billete.
—Y yo que Batman es tan sádico que no intervendrá sino hasta que Dick haya hecho papilla a ese pobre incauto que no sabe en qué lío se metió.
De todas las risas la más sonora fue la de Billy.
—Quién sea que lo venza, ese sujeto se va a ir con al menos un hueso roto —comentó el niño alegremente, estirándose para tomar una manotada de palomitas.
—¿Te atreves a darle peso a tus palabras? —se burló Hal señalando a la mesa de apuestas. Aquaman y Superman intercambiaron una mirada, antes de poder protestar Billy depositó con dramatismo en la mesa un billete arrugado de diez dólares que sacó de su sudadera.
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—Es increíble… no tengo palabras —decía con emoción desbordada la periodista en la pantalla. Pasarón las diez de la noche y el combate no daba señales de terminar, más cámaras se unieron a la refriega, convirtiendo el encuentro en un hecho internacional —. Cincuenta minutos de combate ininterrumpido y ambos tienen energía para continuar.
Oh Dick, has trabajado tan duro cariño, suspiró encantado Bruce con el desempeño de su hijo. La pelea, una vez los dos en tierra y enfocados, se tornó en un mano a mano muy parejo que se trasladaba al parque. Solo un poco más Dick.
Sin embargo, la emoción de Bruce no era para nada compartida con el resto del personal en la terraza.
—Se acercan, deberíamos marcharnos —comentó Ian, el hombre que tan duro criticó a los héroes y que en ese momento hablaba animadamente con la compañía nocturna de Bruce.
—Pues… —la morena miró a su cita embobado con la pantalla de proyección.
—Yo me quedo, toma el chófer si quieres.
La mujer se mordió el labio, Ian era amable y coqueto, le ponía más atención que Bruce, pero el multimillonario era demasiada buena presa para dejarlo escapar.
—Me quedo contigo.
El héroe asintió distraídamente; él conocía a las de su tipo, mujeres prendidas del dinero que correrían ante la mínima señal de verdadero peligro.
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—¡Oye!
—Cuidado con los civiles —indicó Nightwing al rubio después de que por un mutuo error se empujaran y tropezaran con las personas que grababan con sus celulares —. Y ustedes aléjense o no se quejen —les pasó de largo diciendo esto.
Azabache y platinado ocuparon sus posturas defensivas frente a frente. El mayor sonrió.
—Lo reconozco, eres bueno. Mi nombre es Larry, a que no me dices el tuyo.
—Adivinaste —arrugó sus ojos con diversión.
Larry alzó una ceja y le enseñó su mano a Nightwing. Mutuamente chocaron sus palmas antes de continuar. Media hora después, una de las mancuernas de Larry se rompió destrozándole los nudillos, mas él se la retiró de la mano sin muecas; se logró el cometido, llegaron al parque.
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—Lo siento, me voy, me llevo a tu chófer.
Ninguna tonelada de atención y joyas valían exponerse al peligro de permanecer cerca de la pelea. Bruce apenas de inmutó, pendiente de Gordon y Bullock abajo buscando un buen sitio para ver la riña; él dedujo que contaba con diez minutos antes de tener que hacer su acto de playboy. Efectivamente, al rato, Bullock ingresó a la terraza seguido del comisionado. Los dos combatientes volvieron a caer en el uso de las armas, los bastones de Nightwing se fueron a volar en el momento que, justo cuando la policía entraba al recinto, él fue lanzado contra una caminadora de la sección de equipos de ejercicio estáticos del parque.
—Civiles fuera, esta terraza se ha convertido en un lugar de riesgo.
Un abucheo general no evitó que las personas restantes se retiraran a regañadientes, abandonando en el proceso los bocadillos de la tertulia, a los cuales Bullock atacó sin consideración con la modestia, esquivando a Bruce. Te dejo ese peso a ti, Gordon, pensó mirando con desprecio al hijo más rico y mimado de Gotham.
—Señor Wayne, buenas noches —el comisionado se acercó con respeto al suegro de su hija, sin conocimiento de que exactamente así no eran las cosas en la relación de Bárbara —. Como dijo mi compañero, es preferible que se marche o vea la pelea desde su teléfono en otra sala del museo.
—Vamos comisionado —el murciélago alargó al voz con despreocupación —. El espectáculo está increíble, no esperará que me pierda la oportunidad de verlo en vivo y en directo, ¿verdad?
El oficial frunció el ceño, conocía a Wayne, él no le haría caso, así que no lo intentó más. Gordón se unió a los otros policías que subieron a la terraza, recostándose en la baranda de seguridad para observar al mismo niño que vio desarrollarse como un superhéroe independiente y que ese día tenía la atención del mundo puesta en él. Gordón admitía sin miedo sentir orgullo de haber contribuido a la formación del Boy Wonder.
Los minutos y los golpes continuaron y a los peleadores, nadando en su sudor, se les acabaron oficialmente las armas. Como un movimiento desesperado, Larry le apostó a su última navaja y ciertamente logró perforar el uniforme de Nightwing, rasgarle la piel y hacerlo sangrar, pero el arma pronto se unió al montón regado en el suelo. Con orgullo, Bruce oyó el comentario de la periodista.
—Son tres horas desde el inicio de esta batalla… yo supongo que tendrá que acabar en unos minutos, digo, tienen que descansar, ¿no? —la mujer fruncía el ceño y separaba los labios impactada, igual que el resto del planeta y los héroes en la Atalaya.
Te superaste Dick, eres un hombre hecho y derecho, hijo mío, pensó Bruce con una sonrisa cariñosa que eliminó de inmediato, no estaba a solas. A las tres horas y 20 minutos, Bruce examinó al situación. La pelea fue dual y equitativa, ambos guerreros compartían síntomas de cansancio extremo y deshidratación, reflejado en sus muy merecidas pausas de cinco o siete segundos, no obstante, Larry, que atacó desde el inicio sin medir fuerzas, lucía ligeramente más recompuesto. Bruce supo que el rubio ganaría el combate si a Nightwing no se le ocurría una solución ingeniosa o…
—¿Dónde está Batman, hijo?
O aceptaba la sugerencia velada del comisionado, que usaba su radio transmisor para comunicarse con el joven a través de la frecuencia del comunicador prendido de la oreja de Nightwing, de solicitar refuerzos.
—Viendo la telenovela, comisionado —rió jadeante.
Gordón frunció el ceño.
—Es en serio hijo, ¿dónde está Batman?
Nightwing no pudo responder de inmediato, en su descuido él fue estampado brutalmente contra la caminadora fija. La periodista de la pantalla soltó un grito ahogado, hubo exclamaciones entre los que rodeaban el parque: Dick escupió sangre por la boca. Por reflejo Bruce caminó a la pantalla, la cual hacía un acercamiento del rostro de su hijo, sacando su celular. Resistiéndose a perder, Nightwing se impulsó hacía arriba y le conectó un gancho de derecha a Larry en el rostro, tambaleándolo el suficiente tiempo para contestar.
—Puedo encargarme, comisionado —miró a la terraza y vio a los policías nada más. El principio del fin.
Sonó tan confiado y sereno por la radio que Batman sintió que las palabras de su hijo eran también para él, por lo que devolvió su teléfono a su chaqueta, negándose a solicitar refuerzos de Red Robin, Robin o Batgirl. Se lamentaría el resto de la vida por aquella decisión, pues al volver al borde de la terraza presenció la caída de su hijo.
Larry respondió al puño de Nightwing con una serie de patadas a la cabeza del menor. Girando sobre sí mismo para esquivar, la adrenalina de Nightwing no le permitió notar que una de las púas filosas de las botas de Larry tocó su rostro, rasguñando sobre su ceja y arrancando su máscara de un tirón.
—¡No! —dijeron Bruce y el comisionado al mismo tiempo.
Ellos no fueron los únicos en captar el incidente, Bullock, los policías y, peor aún, los camarógrafos que rodeaban el parque a la distancia segura establecida por los uniformados, lo vieron. Hubo una exclamación colectiva.
—¡¿Quién es?!
Bruce captó con el rabillo del ojo que uno de los oficiales cercano a él sacó su celular para grabar a escondidas de Gordón, que lo hubiese regañado. Fue precisamente el comisionado quien descubrió la identidad de Nightwing.
—¡Es Dick! ¡El hijo de…! —miró al hombre a su lado sin creérselo. Millonario y policía intercambiaron una mirada, bastó eso para que Gordon lo supiera. El policía con el celular giró su cuerpo, tratando de grabar lo sucedido con la boca abierta.
No me lo puedo creer.
—¡¿Usted?! —gritó Bullock, para agregar luego con la voz baja, más por incredulidad que por cautela —. ¿Usted es Batman?
Era sobrado decir que Nightwing era el hijo del gran murciélago, dar con uno era atrapar al otro. Gordón paseó los ojos por la batalla.
—Hay que avisarle —levantó su radio para notificar a Nightwing, pero Bruce se lo rapó de las manos.
—No. Él está a un paso de perder, el otro sujeto tiene una mayor reserva de energía, si desconcentramos a Nightwing lo matarán.
—Hay que avisarle —repitió el comisionado. Batman lo pensó un instante y activó el radio, aguardando un segundo, empleó su voz natural, profunda y rica.
—Soy yo. Rompe su raíz.
—Pero los ataque tan agresivos están prohibidos.
La aun voz infantil de Dick se filtró, el policía que grababa no se había detenido, ellos mismos soplarían su tapadera ante la sociedad. Bruce se tragó una larga hilera de palabrotas.
—Perderás, te supera en resistencia —miró a su hijo esquivar una serie de puñetazos mientras hablaban —. Rompe su raíz.
—Está bien, Batman.
Hubo otra ronda de exclamaciones en la terraza, pero más notoriamente en el parque; el video del policía era un directo en internet que el público veía. No alcanzaron a hacer preguntas, el sonido seco y frío de los huesos rotos detuvo las conversaciones. Nadie se atrevió a despejar los ojos de los combatientes, Nightwing había disparado una patada a primera vista muy simple, patética a comparación con sus anteriores movimientos elegantes y fluidos, mas la patada usó la fuerza de la cadera de Nightwing sumado a la fuerza de velocidad correspondiente al movimiento de rotación que este dio con su pierna muy floja, sin contraer los músculos, partiendo desde las 6 en punto e impactando a las 12 en punto. El resultado fue la rotura del fémur derecho de Larry, cuya pierna impactó con su pierna izquierda perforando el hueso de esta.
El grito de dolor fue señal de victoria y de huida.
—Sal de ahí de inmediato —y entregándole la radio al comisionado, se despidió de este con un asentimiento, marchándose de la terraza con pasos rápidos.
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—Claro —dijo Nightwing a su comunicador sin saber que su mentor no lo oía.
Aun con la orden flotando sobre su cabeza, el joven se dio un minuto para respirar apoyando sus manos en sus rodillas, apartando la vista de Larry, quien lloraba con justa razón: los huesos de su pierna derecha se habían salido de su pierna, dando una visión sangrante y horrible que Nightwing prefirió ignorar a favor de apartarse el cabello de la frente. Al hacerlo con sus dedos enguantados el muchacho acarició los cabellos oscuros de su ceja.
Algo va mal, se susurró Dick antes de caer en cuenta que no portaba su máscara. Buscando un espejo o algo en lo que verse, el adolescente se sirvió con una de las vitrinas de los locales frente al parque, su reflejo desenmascarado le devolvió la mirada. Por un instante permaneció en shock. El comisionado Gordon, negándose a ver como el adolescente era abordado por una marea de periodistas gritó:
—¡Vete!
Nightwing levantó la cabeza, pasmado, el grito lo hizo caer en cuenta de la multitud que lo rodeaba paralizada, debatiéndose entre el terror y el morbo que provocaba la herida de Larry. Nightwing miró fijamente una de las cámaras con el pánico burbujeando dentro de él.
—No —murmuró. Su cuerpo se movió automáticamente, llamando su moto. El vehículo no demoró en aparecer, verlo activó a los periodistas, los policías no pudieron contenerlos en su frenesí de «noticia exclusiva». Nightwing se arrojó sobre su moto mientras esta aun andaba, acelerándola y huyendo de la escena, olvidándose del malherido Larry.
Si se sabe, entonces Batman lo sabe. Y si Batman lo sabe estará planeando la contingencia, se consoló. Un mareo le hizo ver puntos negros, su cuerpo le pasaba factura por el sobrecargo de trabajo.
