—Esto tiene que ser un chiste —murmuré.

¿Qué carajos hacía él llamándome?

—Conner, apaga tu teléfono, estamos en clase —me dijo la amable profesora de salud ocupacional.

Alcé la vista tapando la pantalla de mi celular para que M'gann, sentada en la mesa conmigo, no viera el remitente.

—Es mi padre, debe de ser una emergencia. ¿Puedo contestar en el pasillo?

Obvié las miradas de Mal, Karen y Marvin; según ellos sabían, yo no me hablaba con mi padre. Megan ni volteó a verme, tal vez supuso que se trataba de un asunto de la Liga. La amable profesora, por su parte, me sonrió.

—Por supuesto Conner, pero trata de no demorar, ¿sí?

—Si señora, gracias.

La llamada, que se había cortado porque no la contesté, se repitió. Di clic al teléfono verde de la pantalla saliendo a las carreras, pero a una velocidad humana, del salón.

—Estoy en clase —espeté con dureza.

—Lo lamento, hijo mío —me dijo Luthor —. Tengo un poco de afán hoy. ¿Podrías pasarle un mensaje a Batman y al gran azul por mí?

Fruncí el ceño. Estaba bien, Luthor me había usado de recadero en alguna ocasión, no era tan extremadamente inusual, pero si inhabitual.

—¿Qué es?

—Dile a Batman que la Luz se reunió y decidió no hacer un movimiento conta y/o en Wayne Enterprise y/o en la institución en la que estudian sus hijos y su amante, la señorita Gordon. Por favor, dile muy específicamente esa última parte.

Rodé lo ojos.

—Cómo si algo así fuera verdad —bufé.

—Te sorprenderías de los alcances sexuales de Bruce, Kr. Oh disculpa, he escuchado que prefieres ahora tu nombre kriptoniano, ¿cómo era?

—Kon-El —respondí a regañadientes. Luthor me sacaba de mis casillas, pero se comunicaba tanto conmigo que, en cierta manera, me había adaptado a él —. ¿Cuál es el mensaje para Kal-El? No tengo tanto tiempo.

—Cierto, olvidé lo de tu escuela. Dile a Superman que borre los documentos que te relacionan como su hermano.

—¿Y por qué habría de hacer eso? —gruñí. Tras año y medio los Kent me adoptaron como hijo, Kal se convirtió en una especie de hermano mayor, no era lo que yo quería en un inicio, pero… era mejor que nada.

—Ya hay fuertes sospechas sobre el señorito West, vuestro velocista estrella. De lo que me he informado, el Equipo completo caerá en aproximadamente una semana.

—¡Dime que estás mintiendo! —pedí con fuerza.

—Me temo que no, hijo.

—Mierda, mierda —repetí incesantemente.

—¿Con esa boca besas a la marciana?

—Terminamos —y antes de que entrara en una fase paternalista de las suyas agregué —. ¿Qué era lo que pretendías decirme?

—Que en unos días tú identidad secreta pasará a la historia, es más difícil hacer caer a Clark, pero al indagar sobre ti lo vincularán. Si quiere su nombre bien cubierto con su fachada de reportero más le vale renegar de ti.

Suspiré derrotado.

—¿Te diviertes con esto?

Su repuesta me sorprendió.

—Para nada, Kon-El.

Batman me enseñó hacía dos años a detectar las mentiras guiándome con los latidos del corazón de las personas. Por teléfono no podría captar latidos, pero no importaba, porque, cara a cara, yo escuchaba el corazón de Luthor cuando él me hablaba. Lo oí decir mentiras y verdades a medias con una sinceridad muy creíble, en esas ocasiones yo escuchaba la vacilación de sus latidos, mas al dedicarme sus frases de padre, al ponerse en su modo «hijo mío», jamás oí vacilación o un rastro de mentiras.

Colgué.

0oOo0

—Pusieron una nueva barra de comida en la cafetería —nos comentó Tim a Bárbara y a mí al vernos entrar por las puertas dobles. Cuatro de los escoltas ingresaron con nosotros, asumiendo de inmediato sus puestos en las entradas de la cafetería.

—Que eficiencia —señaló Bárbara —. Viene el director.

Efectivamente el hombre avanzaba hacia ellos a pasos largos, lo que resultaba gracioso considerando su tamaño diminuto. La barra de auto servicio estaba detrás de él, su apetecible comida a la vista de todos.

—¿Y la fea mujer dónde está? —pidió Damián con aburrimiento.

—No es fea, me pareció bastante bonita —señaló Tim. ¿A Tim le gustó? Uy.

—Dilo cuando firme para que nos manden a una casa de acogida y a ti donde tu papá —contestó con saña Damián.

—Shh —los mandé a callar.

—Jóvenes —saludó el director —. Por favor, tomen su almuerzo de la nueva adicción del casino habilitada para ello.

—La Liga me avisó, un chef personalizado —le dije al director siguiendo sus pasos.

—Así es —asintió —. Cinco diferentes menús para su elección y la de sus escoltas para prevenir, am…

—El envenenamiento masivo de los estudiantes en un intento de acabar con nosotros —terminó por él y con indiferencia Bárbara.

Hubo unos rostros ladeados en nuestra dirección.

—¿Qué? —murmuraron los chicos de las mesas cercanas —. ¿Van a envenenar la comida?

—Ahora, si lo hacen, será solo la nuestra. Yipi —me burlé. Los niños se carcajearon y avanzaron hasta la nueva barra; en lugar de una camarera nos aguardaba un hombre barrigón, entrado en años y con un alto sombrero blanco. El chef, sumamente nervioso, se sobó las manos antes de iniciar con un respetuoso saludo.

—Buenas tardes señor Grayson, señorita Gordon, señorito Drake, señorito Wayne. Mi nombre es Paolo y seré quien los atienda de ahora en adelante.

—Cool —asentí, ya presintiendo la maraña de quejas que aquella «parcialidad» nos traería —. ¿Qué tienes hoy para nosotros, Paolo?

Por lo que podía ver expuesto, de todo.

—Hamburguesas con doble carne y doble queso, ensalada César, pollo marinado… —nombró un amplio y provocativo menú para finalizar diciendo —. Y por supuesto, la versión vegetariana de cada uno de los platos para el jovencito Wayne.

Tim y Damián intercambiaron una sonrisa. Tim se cruzó de brazos y dijo:

—A veces olvido que somos los niños consentidos de esta ciudad.

Damián rió. Los golpeé en la cabeza con una sonrisa.

0oOo0

—Sigue sin gustarme —respondió Jack. Con cinco videos creí convencer a Jack de mi argumento, mostré los clips adecuados donde su hijo permanecía alejado en los combates —. Interactúa demasiado con ellos. Bruce, no quiero a Tim en esto.

—No es nuestra decisión —argumenté.

—Tim no es objetivo. No puedes dejarle la decisión a él, es un Robin, el sueño de cada niño en el planeta, no va a cambiar la capa por irse a dormir a las nueve en noches de escuela.

—¿Y qué pretendes hacer? ¿Negárselo?

—Si.

—¿Y cuánto tiempo funcionará? Jack, te preguntaré esto como amigo, ¿quieres a Tim fuera de mi mundo por miedo a que se lastime o por qué lo quieres contigo?

—No hay diferencia —dijo tras meditarlo un instante.

—Claro que la hay —sujeté con ligereza los brazos de su silla. Me sentía horrible por revelar una charla privada con mi tercer hijo, pero si era lo que debía hacer… —. Sí tienes miedo de que Tim se lastime, lo entiendo y bajo ese precepto, viendo que eres su padre, yo mismo le quitaré la capa, pero si lo haces meramente por no alejarte de tu hijo, por no estar solo y satisfacer la creciente necesidad que tienes de él, no lo haré.

Jack parpadeó.

—¿De qué estás hablando ¿Qué necesidad? ¡Y no quiero oír retórica Bruce!

—No es retórica, fue Tim quien me lo mencionó en confidencia —y añadí con suavidad —. Dijo que desde el accidente te has vuelto hastiante.

—¿Hastiante? —murmuró sin creérselo, repentinamente dolido. Me sentí mal por él y su siguiente tartamudeo ansioso —. ¿Hastiante? Yo, yo he estado intentando ser un mejor padre Bruce, preguntándole por la escuela, pidiéndole que llegue a casa temprano, que no juegue en la calle y que cene conmigo, ¿eso es, eso es hastiante para él?

No era que yo no lo entendiese, pero Tim fue descuidado por él demasiados años como para ahora desear su comportamiento envolvente.

—No lo es para un niño normal, pero Tim no creció así. Te recuerdo que lo dejabas en internados, que pasaba las navidades con sirvientes, luego llegó el accidente y Tim vino a vivir conmigo, no por la ley, que lo habría mandado con sus tíos, sino porque era la persona más cercana a él. Ahora estás despierto y encerrado en tu casa con tu computadora y sin tu esposa, empezaste a interesarte por Tim de una manera que nunca antes mostraste. Tim creció con un padre que lo amaba, pero que lo dejaba por su cuenta por meses o años; él no quiere un padre hostigante, quiere al que tuvo toda la vida, al desinteresado.

—Yo… tantos meses en el hospital me obligaron a reconsiderar las prioridades en vida y me di cuenta de lo descuidado que fui con Tim. Estoy intentando remediarlo.

—Abarcar por completo al niño no es el camino, Jack —dije con gentileza —. Si sientes un miedo profundo a que Tim sea herido en combate, está bien, hoy mismo le pediré el traje, solo será necesario que conserve el cinturón de armas, su vida aún está en peligro.

—Pero…

—Ese tema no está en discusión, es su seguridad —Jack cerró la boca —. Tampoco le pediré que deje de hablar con Damián, Dick y Bárbara. Por supuesto, si lo que sientes es ganas de satisfacer tu necesidad de aferrarte a lo que queda de tu anterior realidad envolviendo a Tim en tu vida, lo siento, pero mi respuesta es no.

0oOo0

—¡Qué delicia! —gimió Bárbara en su segunda ración de nachos. Ventajas de consumir 13 mil calorías por día: podíamos comer lo que se nos antojase y no aumentar ni un gramo. Sonriéndole a mi amiga pelirroja, examiné por séptima vez la cafetería.

Dos personas nos graban justo ahora, Artemis está bajo el radar, los escoltas no dan señal de cansancio o traición… todo va bien, pero no me dejé engañar por esa falsa seguridad, para nosotros las cosas siempre se complicaban.

—Voy a llevarles algo a los escoltas afuera, ustedes encárguense de los de acá, cubran sus guardias para que puedan almorzar.

—Claro.

—Seguro.

—Ajá.

Besé la frente del indignado Damián antes de ir hasta nuestra barra de comida donde el chef Paolo comía su propia ración disimuladamente. El hombre al verme acercar a él tragó y escondió su tenedor y plato.

—¿Gusta algo, señor Grayson?

Me reí con torpeza.

—¿Podrías llamarme Dick, Paolo? Me siento un anciano cuando me llaman señor —me quejé infantilmente, asegurándome de lucir inofensivo.

Paolo sonrió indeciso; a mis espaldas escuché el sonido particular de una cámara de celular que inicia una grabación. Chismosos, oh, pero necesitaría a esos chismosos, ellos serían quienes aumentarían mi popularidad mundial.

— Por supuesto, joven Dick. ¿Algo en lo que pueda servirle?

—Si, ¿sabes si a los otros escoltas ya les dieron almuerzo?

—No, joven Dick. Una vez ustedes finalicen ellos vendrán de a dos en dos cada 20 minutos a recibir su almuerzo.

—¿20 minutos? La escuela terminará antes.

Paolo asintió.

—Si, tengo entendido que se rotaran los turnos diarios para almorzar.

—Nada de eso. ¿Podrías servir los almuerzos en platos desechables? Yo se los llevaré.

Paolo parpadeó sorprendido.

—Por supuesto, joven Dick. Tardaré unos minutos.

—¿Cuántos son?

—En total 35 escoltas.

—Bien. Gracias amigo —me despedí agitando la mano y yendo a la otra barra del casino, donde las dos damas de la cafetería tomaban su almuerzo —. Hola —las saludé amigablemente, eran Ana y Elizabeth —. ¿Tienen un carro de distribución que me presten?

Ellas asintieron con una sonrisa avergonzada. Era aquello, justo aquello, lo que molestaba tanto a los chicos de Gotham Academy: que yo no fuera un snob. No importaba que máscara me pusiera o cual papel interpretara, yo era incapaz de pasarle por el lado a un aseador sin saludarlo. Y de haber sido capaz, Bruce y Alfred me habrían dado de a bofetadas, y no eran exageraciones mías. Al único que Bruce le toleraba esa grosería era a Damián, debido a su crianza con Ra´s, pero incluso Damián, quizá por molestar, prefería saludar a los empleados del colegio y pasar por alto a los ricachones alumnos.

See, seguro era por molestar.

—Lo traigo enseguida —dijo Ana, despabilando y yendo a la parte de atrás a por el implemento solicitado. La mujer que permaneció allí me sonrió.

—Gracias por salvarle la vida a mi hijo en ese incendio.

Me quedé en shock. A Nightwing se le agradecían continuamente, pero a Dick Grayson, al pupilo de Bruce Wayne, nunca, jamás de los jamases, se le dedicaban palabras sinceras. Con mucho respeto hice una pequeña venia tal cual Alfred me enseñó.

—Fue un placer, doña Elizabeth —dije teniendo en cuenta su ascendencia latina. Sí, los hijos de Batman eran conocidos por su excelente educación. La mujer que fue tras el carro apareció con este —. Muchas gracias, lo traeré enseguida, señora Carrow.

Ella no se inmutó porque dijese su nombre, yo era conocido por aprenderme el nombre de todos.

—No se preocupe, señorito Grayson.

Y en el resto del video que se subiría a internet se podía apreciar como yo compraba con mi dinero gaseosas y aguas para los escoltas, cargaba el carrito con los almuerzos en platos desechables y me iba a repartir comida como si fuera un sirviente. No era una actuación, lo hacía sinceramente, solo que yo era consciente que aquel video significaba puntos extras con las personas que hipotéticamente rellenarían las sillas del jurado en caso de que intentasen retirarnos de la custodia de Bruce.

Al volver, me senté con mis hermanitos. Bárbara protegía una de las posiciones, al parecer el resto ya habían almorzado a gran velocidad en las mesas aledañas.

—Tenemos que mostrarte algo —dijo Tim con una de sus sonrisas maliciosas. Fruncí el ceño con una sonrisa, con mis hermanos se podía esperar cualquier cosa, desde una bomba casera hasta que adoptaran un gato. Tim sacó de su camisa una hoja de cuaderno doblada y me la entregó.

El dibujo de su maestra era…

—Esto es grosero —los miré fijamente doblando el papel para que nadie le echara un vistazo. Me miraron con la boca abierta.

—Grayson, si tú me enseñaste a hacer caricaturas —alegó Damián con un ligero subidón en el tono.

—Si, pero de nadie en particular. Hacer un dibujo obsceno para pasar el rato con… Superboy y Kid Flash —casi me deslizo en los nombres civiles —, es una cosa, otra es burlarse así de una persona. Está mal, es grosero y un tanto ilegal.

Tim y Damián intercambiaron una mirada de incredulidad.

—¿Puedes creer la hipocresía de este hijo de…?

—Oe, oe —los interrumpí haciendo un círculo con el dedo, refiriéndome a los que nos rodeaban.

—¿Así qué si hago un dibujo, que no sea de la vieja esa, está bien?

Asentí lamentándome. Hubo un brillo malicioso en los ojos de Damián que solo aparecía cuando iba a apuñalar a alguien.

0oOo0

—¿Ese… ese es el valor de las acciones de Wayne Enterprise?

Me aferré a mi frente y parte de las entradas de mi cabello anonadado. Mi balbuceo fue completamente normal. Las acciones de mi compañía estaban… mierda.

—Así es, señor Wayne —contestó con neutralidad Lucius, una de las pocas personas que más me conocían en el mundo. Los CEO de Wayne Enterprise y nuestros invitados, empresarios de una compañía china con la que se suponía haríamos un trato millonario, me miraron abrir la boca, completamente fuera de lugar.

—¡Me hubiera quitado la capucha hace diez años!

Hubo una carcajada sonora y pareja que se transformó en una risa emocionada de parte de los miembros de mi empresa. Mierda. ¡Nuestras acciones estaban por las nubes! No pude reírme, realmente no era de risa, era de asombro. De la noche a la mañana nos convertimos en la empresa más valorizada del mundo, de todo el jodido mundo. Mis manos se deslizaron por mi rostro; las deposité en la agenda frente a mí en la mesa de vidrio, escasamente más recuperado.

—Usted entenderá, señor Lee —continuó Lucius como si nada —, que por el cambio brusco de las acciones de Wayne Enterprise nuestro contrato se encuentra inservible. Y no sabemos si esta mejoría será constante o una simple gloria momentánea.

—Es muy comprensible, señor Fox. Yo mismo esperaría un tiempo prudencial antes de cerrar cualquier trato.

—Como lo lamento, señor Lee —le dije al empresario chino. Vaya, realmente quería cerrar este trato. Significaba millones extendernos a China por medio de la industria de la energía solar. Por respeto, les hablé en su idioma —. Realmente no era mi intención que ustedes perdieran su viaje. Espero comprenda usted que fue una situación que se nos salió de las manos.

El hombre alzó sus pobladas cejas, sus ojos se estiraron bastante para ser un asiático. Sus socios lucían muy sorprendidos, por supuesto. Se suponía que yo era un inútil y avariento burgués.

Habla usted mi idioma perfectamente, señor Wayne. Pasaría usted por chino.

Muchas gracias —le hice una pequeña venia a modo de agradecimiento —. Espero que nuestras empresas puedan relacionarse en un futuro cercano —añadí en mi lengua.

—Tengo el mismo deseo, señor Wayne.

Les dediqué una de mis sonrisas para oficina ensañadas previamente; todo el rato que duraron las despedidas corteses y el pequeño entremés que se les preparó a nuestros invitados yo estuve dando patadas voladoras por dentro. ¡Wayne Enterprise estaba en la cima!

0oOo0

Después del almuerzo me correspondía gimnasia; en este semestre estábamos estudiando, para humor de Alfred, artes marciales. En un día promedio yo llegaba antes que mis compañeros para cambiarme en privado, pero hoy no debía tener cuidados ya que mi permiso me retiraba de la clase. Habría sido genial que el permiso durara más, pero de ser así no podría patrullar como Nightwing.

—¿Hambre, sed, ganas de ir al baño? —pedí a los escoltas por tercera vez en el día. Ellos negaron educadamente en el momento que sonó mi teléfono, el identificador me dijo que era Wally —. Por aquí —los guié por un pasillo con una sola puerta, Gotham Academy estaba lleno de jardines interiores por motivos pedagógicos, aunque estas zonas cuidadas con esmero terminaban convirtiéndose en sitios a los que los estudiantes escapaban para poder fumar —. Aló —con una mano alzada le indiqué a mis guardaespaldas que se mantuvieran en el umbral, esta no era una conversación que quería que se filtrara.

—Hola viejo —la voz calmada de Wally era atípica —. ¿Cómo te ha ido?

—Pues, ahí —pateé una piedrita del suelo avanzando mis pasos al centro del jardín —. Sin sentir el aster.

—En tu lenguaje significa que estás muerto en tus pies —rió.

Bufé.

—Preferiría que el Guasón me acorralara con un cuchillo oxidado antes que esto —me sinceré —. ¿Qué hay de ti? ¿No deberías estar en clase de informática?

—Confía en los murciélagos para conocer hasta tu hora de ir al baño —murmuró con resignación —. Salí al baño, no han hecho más que poner tu video donde notas a los camarógrafos, ah y a Godfrey. ¡Odio a ese tipo!

—¿Qué dice?

—Tonterías, ya lo conoces: que ustedes son extraterrestres, que Bruce es un sádico, que a Jason lo… Batman va a juicio hoy a las dos.

—Lo sé, me llamarán a declarar.

Wally guardó silencio un instante.

—¿Qué vas a decir?

—La verdad, que Jason murió en un accidente de esquí.

Un silencio más largo.

—Viejo, sé que tiene que hacerse, pero… ustedes los murciélagos mienten mucho.

Fruncí el ceño.

—No más que tú y tu tío —me defendí.

—No lo sé Dick, yo no sería capaz de hacer lo que tú vas a hacer en la corte.

Colgué y me encaminé a la clase con el ceño tan fruncido y el cabello sobre mi frente que sin máscara pude proyectar la mirada de Nightwing, espantando a quien me encontré en el camino a gimnasia.

¿Crees, KF, qué no me duele mentir sobre Jason? ¿No poder poner su crimen en la lista de las atrocidades del Guasón? Era algo que tenía que hacerse, punto.

Entré al salón de gimnasia topándome con algunos de mis compañeros ya vestidos y al profesor revisando su planilla. Me le acerqué, por fortuna la señora Wilson tenía una copia de mi excusa y no asomaría las narices por el lugar; yo no poseía en ese momento el temple para desviar sus dardos envenenados con compasión.

—Profesor, tengo una excusa médica que cubre la clase de hoy —se la enseñé.

—No hay inconveniente Grayson, espera en las bancas. Y muchacho —me llamó cuando me di la vuelta para alejarme —, podrás ser quien se te dé la gana, pero saluda.

Me sonrojé.

—Disculpe profesor, ha sido un largo día.

Él asintió.

—Y solo por eso te lo paso esta vez, Grayson.

—Si señor, gracias.

Me desplomé en la banca revisando mis mensajes. Mis otros compañeros ya salían de los vestidores; tenía una nota de voz de Kon esperando. La reproduje y me puse el teléfono en el oído.

«Dick, me llamó Luthor. Manda dos mensajes para la Liga, uno para Bruce. Dice que no habrá ataques por parte de la Luz a Wayne Enterprise ni a tu escuela. El segundo es para Superman, me advirtió que lo mejor sería que Kal me borre de los archivos como su hermano, Luthor dice que el Equipo se tambalea y que en una semana aproximadamente nos habrán revelado a todos.»

Me quedé ahí, estático y con el almuerzo subiéndome por la garganta.

—¡Grayson!

Brinqué en mi asiento apretando al celular contra mi pecho.

—¿Si, profesor?

—¿Cuántos días es que estarás incapacitado? —me pidió con el bolígrafo listo para anotar el dato en su tabla. Mis compañeros formados para la clase me miraron ceñudos.

—Hoy.

—¿Solo hoy? Si necesitas más…

—No, no se preocupe, es una medida de seguridad, yo estoy bien —dije bajando la mano, pero sin soltar mi agarre mortal.

—Oh, ok, correcto —se encogió de hombros y me miró detenidamente —. ¿Estás bien? Te pusiste pálido.

—Si, yo… ¿puedo salir y llamar a mi padre? Hay una emergencia.

—Er, sí.

Le sonreí tensamente y me escabullí. Uno de los escoltas fue tras de mí en lo que le marcaba al número directo de Bruce.

0oOo0

Oí a mis abogados susurrarse cosas en lo que el juez subía al estrado. Mi juicio iba a empezar, pero mi cabeza estaba en el Equipo. La advertencia y la nota de calma fueron enviadas, la Liga ya se movía con discreción, mudando las pertenencias de Artemis y su madre a una casa de seguridad, el resto de miembros se encontraban un poco más preparados gracias a sus mejores condiciones económicas. Puse un cuidado básico a lo dicho en el sitio, levantándome y sentándome con la orden, deseando ya conocer la respuesta de Clark.

Superboy era su hermanito, el kriptoniano por fin desarrolló ese lazo familiar con su clon, no el lazo que yo prefería, pero era algo y ahora se iban a ver en una encrucijada. Si no renegaba de Kon, Clark corría el alto riesgo de ser descubierto y si rechazaba a Kon, sin el suficiente tacto para no herir al niño, Dinah y Diana le cortarían los testículos.

—¿Cómo se considera el acusado de los cargos de muerte por negligencia y negligencia general?

Oh, eso era conmigo.

—Inocente, señor juez —dije en el micrófono.

El juez, el señor Greak, asintió con parsimonia. Él me conocía como Batman y era parte de los que creían que Jason murió a manos del Guasón, pero al unísono, era de los que no le importaba. En Gotham si el loco disfrazado de murciélago y sus hijos expuestos a peligros hacían el trabajo, bien podían continuar.

Pronto me vi en el estrado y con el abogado del acusador, los servicios sociales, dispuesto a destriparme.

—Señor Wayne, dígame, ¿cuántos años lleva ejerciendo el rol de Batman en Gotham?

—Dos décadas.

Ya tenía 43 años de edad. Nunca imaginé vivir tanto.

—Y en estos 20 años de una memorable trayectoria heroica que no vamos a poner en duda —aclaró con vehemencia —, ¿qué tanto se ha lastimado usted?

—Objeción: ¿relevancia? —intervino mi abogado.

El abogado acusador, Davis, respondió.

—Quiero poner en claro el peligro al que se somete un héroe adulto.

—Concedido —accedió el juez.

Asentí.

—No es tan común. En mi caso, en un inicio y sin una correcta armadura, me lastimé bastante, pero actualmente no es un inconveniente. Generalmente son moretones menores.

Todos me miraron con los ojos entrecerrados como diciendo: cuéntate ahora una de vaqueros. Mi trabajo era cambiar tal percepción antes de terminar el juicio.

—Señor Wayne, ¿cuántos años entrenó artes marciales?

—No sabría decirle —me sinceré.

El abogado Davis lució conmocionado. El juez alzó una ceja.

—¿Discúlpeme? ¿No sabe cuantos años entrenó para convertirse en Batman?

—Ser Batman es algo más que pelear. En mis viajes aprendí mecánica, medicina, historia, manejo del trapecio, artes marciales, acrobacias, tecnología, ingeniería, psicología, interrogación, anatomía… lo que imaginen, así que no puedo darle una cifra de años exacta.

—Comprendo. ¿A qué edad inició esta educación?

—A los ocho años —tuve que completar mi información al ver sus sorpresas —. Con la muerte de mis padres descubrí la fragilidad del ser humano y no me gustó. Me aterraba saber lo débil que somos, que mi vida o la vida de las personas cercanas a mí se podía esfumar en un segundo, por lo que empecé, de una manera muy rudimentaria, a… fortalecerme.

—¿Fortalecerse?

Miré a mis abogados. El más joven me alzó un pulgar; era un buen chico, conocía a sus padres, lecheros, él era el orgullo de la familia.

—Lucha, acondicionamiento físico, investigación, hice algunos trabajos de detective por mi cuenta, también me enrolaba con la gente de Narrows.

—¿Usted iba de niño a Narrows? —me interrumpió el juez con alarma.

—Si —dije con simplicidad —. Aprendí a moverme en multitudes, a escalar, a mentir, a reconocer a los ladrones y sus técnicas. En fin, de todo.

—Y esta educación, ¿la realizó usted solo? ¿O tuvo ayuda?

Ya había acordado con Alfred que lo incluiría, mi historia era de por más fantástica en el lado surrealista, no hacía falta inventar ni exagerar.

—Mi tutor y mayordomo Alfred Pennyworth. Alfred creyó que lo que yo tenía era una especie de duelo violento por la muerte de mis padres, así que me apoyó… él es exmilitar y espía. Nunca esperó que yo me convirtiera en Batman.

—¿Y usted considera que fue su forma de duelo?

—Objeción: ¿relevancia?

Antes de que el juez decidiera, hablé.

—No —mentí —. Creo que las bases que solicitó ya están tocadas, señor Davis.

—Si —Davis asintió y se aclaró la garganta —. Señor Wayne, cuéntenos que sucedió el día de la muerte de su hijo, Jason Todd.

—Fuimos a esquiar a Los Alpes, era una tradición de Alfred que pasó a mí, a Dick y posteriormente a Jason. Mi hijo era de las calles, nunca había esquiado —sonreí con dulzura, si, Jason era torpe en las tablas de nieve —. Estuvimos un par de días en la cabaña que teníamos para ello en Suiza. El día de la muerte de Jason, el 3 de diciembre del 2012, tuvimos una pelea.

—¿Qué tipo de pelea?

—Verbal. Jason era un niño con demasiados problemas, iracundo y sensible. Se enojó porque…

—¿Si, señor Wayne?

Suspiré, hora de mentir diciendo la verdad.

—Mis hijos son muy competitivos, en ese entonces solo estaban Dick y Jason. Dick acababa de adoptar el nombre de Nightwing, fue un paso muy grande y que resonó en la casa, Jason sintió que debía llenar los zapatos de Dick como Robin y empezó a pintarse el cabello de negro. Él es… ah, él era pelirrojo.

—¿Exactamente sobre qué fue la discusión?

—Sobre su cabello y su identidad. Yo jamás les he establecido ciertas expectativas, pero Jason y Damián son extremadamente, perdón Jason era extremadamente competitivo, algo propio de mi hijo Damián —suspiré haciendo una pausa y mirando mis manos en mi regazo. Todo el mundo sabía que yo nombraba a Jason en presente, un inconveniente que tuve aun creyendo que él estaba muerto —. Jason se sentía muy fuera de lugar en la mansión, como le digo él proviene de un hogar roto, era huérfano y vivía en las calles; y admiraba a Dick, joder, sí que lo admiraba.

—Vocabulario señor Wayne —me advirtió el juez. Algunos miembros del jurado sonrieron, bien.

—Si, perdón. El modelo de Jason era Dick, él empezó a pintarse el cabello de negro para parecerse a Dick y, de cierta manera, a Robin.

—¿Qué tiene que ver su alter ego en esto?

Sonreí, era una tontería.

—Los colores —los miré con mi sonrisa de padre frustrado y orgulloso. No, esa no era ensayada —. El traje de Robin está inspirado en el atuendo que usaba Dick cuando participaba del circo Haley. En el momento que Jason lo asumió Dick y yo tuvimos un conflicto personal, él deseaba que nos expandiéramos a Blüdhaven, pero yo no estaba de acuerdo. Dick se desquitó con Jason y lo gritó.

—¿Qué le gritó?

—Nada realmente, él solo estaba enojado y usó de excusa el traje de Robin. Dick le dijo a Jason que él no podía ser nunca Robin porque el traje y el nombre provenían de su mamá, Robin era el apodo que ella empleaba con él. Jason se sintió menos; hablamos con él, incluso Dick se disculpó muy arrepentido, pero ya se le había metido en la cabeza algo que, de hecho, es cierto. Robin es un símbolo, para adaptarse al color de cabello de Jason habría que cambiar el traje.

—¿Era tan importante? —pidió el abogado con el ceño fruncido.

—Los colores tiene objetivos tácticos. No por nada Robin, el que sea, es un semáforo andante; él es una figura para tranquilizar a los niños y empatizar con los maleantes.

—¿Empatizar? ¿Podría explicarse?

—Es simple, no muchos le disparan a un niño —me señalé con los dedos —. Conmigo no se hacen problema, pero con los Robin tratan de negociar, de hacerlos a un lado, sencillamente no abren fuego si los tienen delante. Sé que si tengo una situación de rehenes y yo acudo dispararán de inmediato, si mando a Red Robin, por ejemplo, él se burlará de ellos, ellos de él, me dan suficiente tiempo para entrar por detrás y desarmarlos.

—¿Y qué tan efectiva es esa metodología?

—75%.

Davis alzó las cejas.

—¿Y el 25 % restante?

—El traje es antibalas. Entre el entrenamiento y sus armas, se encuentran protegidos.

—Dígame señor Wayne, ¿cuántas balas han impactado a sus hijos?

—Ninguna —mentí con naturalidad —. Si se refiera a que las balas los alcanzaran, bueno, cinco veces en total, pero jamás han traspasado el traje. El vestuario de mis hijo es incluso mejor que el mío, puede protegerlos del arma de fuego que se imagine.

Vi al jurado, algunos asentían, otros negaban, otros parecían indecisos.

—¿Y qué pasó con Jason?

—La mejor opción con Jason era oscurecer el traje, él se negó, robó dinero y volvió a la casa con el cabello y las cejas pintadas de negro.

—¿Usted lo permitió?

—Ya estaba hecho —me encogí de hombros —. Cada mes era una pelea para evitar que él lo hiciera. Ese fue el conflicto que tuvimos en Los Alpes.

—¿Qué sucedió exactamente, señor Wayne? Sea concreto.

Me lamí los labios. 3, 2, 1. Acción.

—Jason se marchó de la cabaña dando un portazo. Yo les suelo dar unos diez minutos a solas cuando se enojan para que la ira se les enfríe. Era de noche, salí cinco minutos después a buscarlo y descubrí que se había llevado la tabla de nieve… las teníamos afuera para no mojar el suelo de la cabaña. Tuve nervios porque Jason no era bueno esquiando, se cayó muchas veces ese par de días y él enojado era… incontrolable. Yo sabía que era capaz de tirarse de la cima de Los Alpes por pura rabia, así que tomé el teleférico; intenté contactarlo por su comunicador y a los gritos, pero no contestaba. Bajé y acudí finalmente al hombre que cuidaba la cabaña, él me indicó que existía una segunda pista de la que le comentó a Jason, entre los dos subimos. Encontré huellas y pistas de un reciente deslizamiento, las seguimos y…

—¿Y?

La mitad del jurado lucía sensible con mi historia.

—Jason estaba en el suelo, muerto y con el cuello roto. Intentó saltar una pequeña cima y cayó mal.

—¿Qué testigos hay?

—El señor que cuidaba la cabaña.

—¿Cuidaba? ¿Lo cambió?

—La vendí. Nunca más volvimos a Los Alpes.

El abogado Davis asintió.

—Muy entendible de su parte, señor Wayne. En su caso hay algo inusual, no aparece la información del levantamiento del cuerpo.

—Porque lo hizo la Liga —contesté la pregunta no formulada.

—¿Y por qué la Liga intervino? ¿No sería exponerse usted y su familia?

—Si, pero nos tocó hacerlo de esa manera —dije moviendo los dientes. Los chicos no habían estado muy de acuerdo con decir que Jason usaba el traje de Robin en su ficticia muerte —. Jason… el traje de un superhéroe consta de varias capas, especialmente nosotros, que somos humanos promedio sin ningún tipo de habilidad especial.

—¿Relevancia? —me pidió el abogado Davis.

—La primera parte del traje se compone de una tela que mantiene el cuerpo caliente y asilado del agua, es muy normal que la usemos, ahora mismo yo la tengo puesta y creo que Damián también. Jason usaba esa noche parte del traje de Robin, el sello estaba impreso en su vestuario. La Liga de la Justicia hizo el levantamiento de mi niño para mantener oculto el secreto.

Casi digo cadáver, pero eso habría sido muy impersonal. Listo, 60% del jurado convencido.

—¿Y qué testigos hubo?

—Miembros de la Liga.

—¿Qué hay del señor que cuidaba su cabaña?

—Murió el año pasado de un paro cardiaco.

El abogado alzó las cejas.

—O sea que los únicos testigos son sus asociados. ¿Y Dick?

—Se quedó en Estados Unidos, participó de una misión con Superman —sonreí —. Ya sabe, el hombre de acero es más atractivo que pasar las vacaciones con papá y el hermano.

Hubo un murmullo divertido de afirmaciones.

—¿Y el cuerpo?

—Cremado.

—Sin testigos, sin pruebas. ¡Qué casualidad tan conveniente! —dijo con ironía.

Mierda, 55%.

—Jason pidió ser cremado. —le dije con el ceño fruncido.

—¿En serio? ¿Qué niño toma esa decisión?

50%.

—Dick y Jason habían visto en una página de curiosidades sobre una innovadora técnica que convierte las cenizas de los fallecidos en parte del abono de un árbol. Investigaron y Jason dijo que era preferible ser sembrado a pudrirse y ser comido por gusanos.

60%.

—¿Y sus cenizas reposan en un árbol? —alzó una ceja —. Bastante poético para un chico tan aguerrido.

Reí secamente.

—¿Poético? ¡Qué va! Jason era violento en todo. Quería que sus cenizas fueran sembradas con un pino para que siempre que Dick pasara por debajo del árbol una de las piñas se cayera y lo golpeara.

Alguien rió y el juez pidió silencio. 78%

—¿Y el pino?

—Plantado frente a la alcoba de Dick —tragué saliva, di una buena apariencia de un hombre que retiene sus lágrimas. Con una voz ronca y algo quebrada agregué vacilante —. La idea es que, al crecer el pino, las piñas caigan en el balcón de Dick, donde él duerme la siesta en su hamaca… perdón —la humedad de mis ojos no era falsa, me sentía como la basura más grande del mundo.

Sostuve mi mejillas con las manos tras limpiarme la comisura de mis ojos

90%. Davis incluido.

—Y si esto ocurrió así, ¿por qué el Guasón insistió a viva voz que había matado a su hijo, el segundo Robin, en acción? —pidió con confusión.

Miré con incredulidad al abogado.

—¿Qué clase de pregunta es esa? Todos nosotros somos de Gotham, todos sufrimos al Guasón, ¿o alguien es de otra ciudad? ¿No? Bueno, entonces ustedes saben que fue el Guasón, su mente retorcida y su crueldad. Yo debo ser la persona que más lo conoció, pero creo todos nosotros, como sociedad de Gotham, tenemos muy en claro que al Guasón no se le cree nada. Con ese sujeto había que asumir que todo era mentira.

—Habla usted en pasado, ¿el Guasón está muerto?

—Si.

Hubo un grito colectivo.

—¿Cómo?

—Asesinado de un tiro en el pecho.

El juez farfulló algo que sonó a aprobación y no fue el único.

—¿Quién jaló el gatillo?

Sonreí de lado.

—Yo no.

—¿Pero usted sabe quién…

—Objeción: ¿relevancia?

—Concedida, apéguese al caso, abogado Davis.

Davis se enfurruñó, pero prosiguió.

—¿Por qué mentiría el Guasón?

—Es el Guasón. ¿Olvida usted que quiso confundirnos con los cables de una bomba? ¿Qué mintió sobre haber violado a unos niños para atraerme a una trampa? Era maldad pura, me odiaba y me atacaba por todos los flancos. Me pasó con los tres Robins, él no los veía por un tiempo y asumía que estaban muertos, que yo los había matado. Deliraba haber matado a Jason.

—¿Por qué?

—¡Y yo que voy a saber! ¡Era el Guasón!

El nombre de ese condenado payaso aun infundía terror. 100%.