—¿Y bien?

Miré la pequeña figura en el umbral de mi oficina, en su rostro lucía las señas de un estrés que no debería hallarse en un niño de 11 años.

—Fines de semana, feriados y emergencia, Tim.

Y el chico sonrió y yo le sonreí de vuelta. Nos conocía, en una semana habríamos roto la petición de Jack.

0oOo0

—… y confirmamos oficialmente a Bruce Wayne como Batman, miembro fundador de la Liga de la Justicia, Richard Grayson como Nightwing, miembro fundador del Equipo, Tim Drake como Red Robin, miembro inactivo del Equipo hasta que cumpla 13 años o por merito gane su pase, Damián Wayne como Robin, quien por su edad no califica en el Equipo y Bárbara Gordon como Batgirl, miembro activo del Equipo. Así mismo, confirmamos al difunto Jason Todd como el segundo Robin. Gracias por su atención.

—¡¿Por merito?! Estimados televidentes, ¿nos sorprendería de algo que Bruce Wayne y la Liga de la Justicia consideren un lugar en un equipo juvenil de entrenamiento de alto riesgo y del que desconocíamos, como un premio escolar? —la pregunta sarcástica de Godfrey era muy acertada.

—¿Crees que tenga razón? —le preguntó una muy preocupada Lois a Clark, una vez él y Jimmy llegaron de su supuesta entrevista a dignificados por las lluvias.

—La Liga no es irresponsable Lois —dijo uno de sus compañeros en lugar del kriptoniano. Al video de Superman confirmando lo ya obvio y las críticas de Godfrey se le bajó el volumen.

—Pero admitámoslo, usar niños es bastante… sucio —añadió otro.

—Es peligroso —respondió Lois notando que Clark no hablaba desde su cubículo —. ¿Qué opinas, Villa Chica?

—Tú fuiste quien se acostó con Batman, dinos como es su cuerpo —respondió viendo la página en blanco del Word en su computadora.

La serie de risitas y comentarios sueltos que ocasionaban recordar la relación fugaz de Bruce Wayne y Lois no ocurrió, de verdad los periodistas estaban interesados en lo que sucedía con los niños Wayne y el resto de jóvenes héroes.

—Golpes, cicatrices… —meneó la cabeza —. Dijo que era un torpe, pero aficionado, jugador de hockey.

—¿Así como su segundo hijo fue torpe en la nieve? Aceptémoslo, el juez y el jurado estaban comprados o Wayne es un encantador de serpientes, sea como sea, Jason Todd no murió en un accidente.

Jimmy buscó con la mirada a Clark, el cual suspiró. ¿Cómo justificar las acciones de su amigo si él mismo las consideraba erróneas y de riesgo? Una mejor pregunta, ¿qué iba a hacer con Conner?

—Yo conozco… yo conozco a los chicos —empezó el afable reportero, ganándose la atención de sus colegas.

—Es cierto —lo apuntó Lois —. Los has entrevistado varias veces, le agradas a Wayne.

—Si —rehuyó el ceño confuso de Jimmy —. Dick, Jason y Tim son unos buenos muchachos, no he tenido suficiente cercanía con Damián, pero es honorable. Los cuatro son… geniales, agradables y considerados.

—Pero… —cuestionó Lois la duda en su voz.

Aclarándose la garganta, Clark continuó.

—No puedo hablar por Jason o Damián, pero lo que respecta a Tim y Dick, ellos son… manipuladores.

—¿A qué tipo de manipulación te refieres? —pidió Olsen, repasando la entrevista de la tarde en su cabeza.

—Son actores —puntualizó mirando la hora, en cinco minutos podría irse —. Ellos dos y su padre son personas con un gran corazón, aman al prójimo, pero si tienen que mentir para realizar sus acciones lo harán, si deben manipular a sus maestros, a sus amigos, engañar a sus novias, ellos lo harán. Dick y Tim… manejan fachadas, son grandes chicos, pero no les crean ni el Padre Nuestro de rodillas.

Y en medio de toda la agitación que se formó, Clark intentó salir, mas Olsen lo interceptó en el ascensor

—¿De qué hablas? ¿Hoy nos mintieron?

—No —marcó el piso 1 en el teclado del ascensor. La mitad de sus cosas estaban en cajas, prontas a ser llevadas a la granja de sus padres.

—Entonces se claro, Clark —dijo a la par que las puertas se cerraban.

Superman desvió la vista, su brújula moral se descontrolaba alrededor de su viejo amigo y sus hijos, mas conservaba la suficiente entereza para advertir a los demás sobre ellos.

—Dijeron la verdad, yo los conozco muy bien, Wayne me contacta porque yo ya sabía que él era Batman —Jimmy lo vio casi al borde de un colapso mental; Clark no le dio tiempo de hacer preguntas —. Dick no mintió en nada y mintió en todo. Dicen la verdad con maquillaje, acomodan las palabras, esa es su habilidad. Wayne les enseñó a leer el cuerpo humano y a dar respuestas evasivas que haga felices a quienes los oyen. Con ellos toca aceptar que son sinceros, pero que no puedes fiarte de nada de lo que te digan. Como hoy.

—¿Qué parte en específico? —tartamudeó Olsen.

Muévete, le dijo Clark mentalmente al ascensor que iba en el piso 16.

—Dick dijo entrenar dos horas diarias para esquivar balas, luego empieza a hablar, a poner ejemplos, plantea hipótesis y sin que te des cuenta has olvidado preguntarle si una bala lo ha alcanzado. ¿Entiendes ahora?

—Eso supongo —musitó Jimmy bajando los ojos.

Piso 1, Clark se escabulló del ascensor despidiéndose débilmente de su viejo amigo fotógrafo. Tenía un artículo que escribir, media mudanza que completar y una decisión que tomar. ¿Qué decidiría? ¿Sálvese quien pueda o el capitán se hunde con su nave?

0oOo0

Pasé con Luthor el resto de la tarde en su Penthouse de Happy Harbor. Que yo supiese, Luthor no tenía negocios en la pequeña y casi insignificante ciudad costera, por otra parte, Luthor tenía negocios en los más recónditos lugares del mundo, por lo que él podría tener un motivo además de mí para poseer un apartamento de lujo en Happy Harbor. Aunque, me señaló mi mente, en esas horas Mercy no le recordó ninguna cita pendiente, como si hacia cuando yo lo visitaba en Metrópolis.

Fue un buen rato, igual que siempre, viendo películas o comentando libros juntos. Volví a la cueva ya de noche con un buen humor, muy tranquilo respecto al enemigo de Kal-El, que en ocasiones me hacía sentir el equivalente al hijo de dos padres divorciados: si se querían matar, bien puedan, pero a mí no me metan.

Superboy, B04.

La sala de entrada/zona de entrenamiento estaba baldía. Mi rompimiento con M´gann significaba que ella no me interrogaría por mi ausencia de varias horas y eso era una notable mejoría dado que solo Batman, Nightwing, Superman y Canario conocían de mis tratos con mi padre. Avanzando por el Monte Justicia, oí unos besos húmedos en la sala común. Sonreí rodando los ojos, Wally y Artemis otra vez colados en la montaña para tener sexo. Caminé lo más silencioso que pude con ganas de darles un susto a mis dos amigos, pero el susto me lo llevé yo al ver a M´gann besando sin tapujos a Lagoon Boy, el nuevo recluta, contra la barra de la cocina.

No, fue diferente a un susto, fue un puñetazo en la bolas.

Me deslicé fuera de la cueva antes de que me notaran, con Lobo pegado a mis talones. La esfera debía de estar recuperándose de nuestro último enfrentamiento, mi bebé se hirió al protegerme un ataque sónico de un ladronzuelos inter dimensionales. Casi por instinto marqué a Dick; Kaldur, mi opción más viable de calma, estaba en la Atlántida trayendo a otros reclutas, su viejo amor Tula y su amigo Garth.

—¿Tienes algo que hacer esta noche? —fue lo que brotó de mis labios cuando Dick contestó la llamada.

—… nop, ¿qué pasó?

Joder, Dick sí que me conocía.

—Te lo cuento en persona. ¿Dónde estás?

—Vistiéndome para ir a patrullar.

Parpadeé. ¿Qué?

—¿Batman te va a dejar patrullar? Por cierto, ¿con qué drogó al jurado?

—Con sus palabras —lo oí reír —. Si, me dejan, pero necesito ir con niñera, estaba pensando en llamarte. ¿Dónde estás tú?

—Afuera de la cueva —vi la selva que rodeaba la montaña; recordé la conversación que sostuve con Luthor en su limosina —. ¿En qué transbordador de Blüdhaven nos vemos? Tengo varias cosas que contarte, cada una más tenebrosa que la otra.

—¿Tu papá genético apareció en el radar? —adivinó.

—Y esa es la punta del iceberg.

—Elije el transbordador 204, nos dejará en un parque. De ahí iremos a patear traseros.

—Ok, perfecto, gracias amigo.

0oOo0

—B, voy a ir con Kon a Blüdhaven —me anunció Dick saliendo del vestier de la Baticueva.

Superboy, a prueba de balas y con el símbolo de Superman en el pecho. Si, buena elección.

—Te quiero en casa a media noche.

—¿Oculto a media noche? —me alzó una ceja, el movimiento se reflejó en su máscara de dominó.

—No, en casa a media noche, de preferencia metido en la cama.

Dick asintió.

—Como quieras murciélago. Adiós papá.

—Adiós.

Y aguantándome las ganas de reñirlo por acelerar su moto a través de un tubo Z, el cual lo desintegraría y volvería a integrar a cientos de kilómetros, volví la vista a mi pantalla. En una noche común, la inmensa pantalla se subdividiría en muchos frentes de investigación, pero era temprano y el caso en el que trabajaba, niños desaparecidos, estaba casi armado, solo faltaba internar a un agente para obtener la dirección concreta y el nivel de vigilancia, así que en la gran pantalla solo había una ventana abierta: una tesis médica sobre el exceso de trabajo en los niños.

Mi reciente charla con Jack Drake me llevó a pensar en el manejo que mantuve sobre mis pupilos. Me era muy fácil anunciar a la prensa que los llevaría de vacaciones a un campamento en Europa y luego mantenerlos la mitad del tiempo en misiones y la otra mitad en recuperación. Alfred me recordaba que no eran máquinas y que yo debía andarme con cuidado para no levantar sospechas y no lastimarlos de gravedad, él no se alarmaba por el daño a futuro que nuestras decisiones pudieran causar en los dos infantes, en Dick, en Jason y en Bárbara. ¿Acaso éramos ranas adaptadas al agua sucia del estanque?

No lo sabía, pero así me sentía.

—¿Nuevamente atormentándote por fantasmas invisibles? —comentó con sarcasmo una voz aguda a mis espaldas.

Giré con mi silla para ver a Bárbara en su ropa de deporte, la que almacenaba arriba en su habitación opcional.

—¿Te duele alguna parte de tu cuerpo?

Bárbara arrugó su nariz meditando mi extraña pregunta.

—Las piernas y los brazos, lo sabes.

Si, siempre le dolían las piernas y los brazos, a mí la espalda y a Dick los hombros, eran los músculos que más manejábamos en nuestros entrenamientos y por ello un permanente agotamiento muscular se mantenía sobre nosotros, como cualquier otro deportista de alto rendimiento. Que yo supiera, Damián solía sufrir de dolores en el antebrazo y el hombro derecho producto del entrenamiento excesivo con su espada, Tim aún no se uní a nuestro club de dolores.

Llamé a Bárbara con mi mano y ella acudió a mí. Nuestra relación se las ingeniaba para ser estrecha y distante a la vez, ella era mi niña y mi discípula, una aliada y una sumisa y obediente hija que asumía gustosa un rol de amante ocasional. No me quise detener a analizar nuestra relación, yo ya sabía que estaba terriblemente mal; me limité a apretarla entre mis brazos y besar sus labios carnosos.

—Partiremos en dos horas, ya avisé a los Robin —murmuré contra su boca.

—No he entrenado hoy —me dijo ella. Acuné su rostro pálido en mis grandes y callosas manos, su boca entreabierta me recordaba su sexo y ella usaba tal conocimiento a su disposición.

Se lamió los labios. Yo la arrastré al baño, iba a enterrar mi rostro en su vagina hasta que ella delirara antes de dejarla ir a calentar.

0oOo0

—¿Qué le costaba mantenerse quieta una semana? —jadeé.

Viejo, ¿besuquearse con el chico nuevo tras unos días de haber rompido con su novio de casi tres años? O M´gann estaba desesperada o era una…

—Es como si se hubiese puesto de acuerdo con Luthor —gruñó Kon con el rostro enterrado en sus manos. Nos quedamos en el parque con mi moto estacionada en la acera peatonal desierta. Eran las ocho de la noche y uno que otro civil andaban por ahí en la sección de comidas rápidas alejada de nuestra posición; aun no nos notaban ni al lobo blanco tendido sobre nuestros pies.

—¿Luthor? ¿Ese es el otro tema?

—Me interceptó a la salida de la escuela, en la esquina, como un jodido vendedor de drogas. Ay Dios, casi no me acuerdo de Mal —y apresuradamente sacó su celular.

—¿Qué tiene que ver Mal en esto? —pedí con inquietud.

—Sabe mi identidad, le dije que si para la media noche no me contactaba con él le diera el aviso a M´gann —el sonido de la nota de voz de WhatsApp resonó en el espacio abierto —. Ey Mal, no pagues el rescate, me les volé.

Mi risa se coló en la nota de voz.

—Listo, escupe el resto del chisme.

Conner se recostó en la banca con un resoplido de molestia.

—Empezó a preguntarme por la universidad, le dije que si no había obtenido mi cupo por mi cuenta no usaría las influencias de la Liga para hacerlo. Dijo que era muy digno o algo así de mi parte, pero muy poco Luthor y que él pagaría mi carrera.

—No es por ofender Supes, pero no es una mala decisión. Legalmente eres su hijo adoptado por los Kents, es tu derecho que él pague tu educación.

—Lo sé. También habló de darme un Penthouse allá en Happy Harbor, le dije que se lo negociaba —me sonrió con malicia —. Un taller de ingeniería equipado con todas las de la ley a cambio de que me pague la universidad.

—Es ganar, ganar —me carcajeé.

—Si —suspiró —. Cuando me lo dé, ¿podrías revisar que no haya espionaje?

—Kon, querido mío —pasé mi brazo por sus anchos hombros —. ¿Para qué son los amigos sino para hackear sistemas de rastreo de alta gama juntos?

Con felicidad, Kon sobó su cráneo contra el mío.

—¿Vamos a patrullar?

Me burlé de él.

—¿Ya? La gente siempre es así —dije con una muy evidente falsa ofensa —. Solo se preocupan por ellos y…

—Ay cállate mocoso maravilla —rió empujándome —. Yo sé que estás mal y sintiéndote «desastre» y no «aster».

Parpadeé hacia él.

—Nadie me lo ha dicho —admití —. Wally se burló del asunto, Artemis me ha rehuido como la peste y mis hermanos…

—Eres su pilar, ni se les ocurre que tú puedas flaquear —me dijo con suavidad —. ¿Algo en lo que te pueda ayudar?

Nada realmente, pero…

—¿Cómo calmas una turba enfurecida?

—Desvías su atención o les das lo que quieren. ¿Cuál es tu turba?

—La gente. Me preocupa el nombre de Bárbara, la están tratando de puta.

—Luthor me la mencionó, dijo que no subestimara los alcances sexuales de Batman. La llamó su amante.

—Batman es rico hasta para eso.

—No entiendo.

—¿Has comido en un restaurante costoso?

—No.

—Sirven unos cinco platos: entrada, sopa, plato fuerte, segundo plato y postre. Así es Bruce, no come cualquier cosa, pero lo hace de diferentes platos.

Kon consideró un instante mi analogía.

—¿Gatubela?

—¿Quieres la lista? —asintió animadamente. Enumeré las que conocía con mis dedos —. Gatubela, la Mujer Maravilla, las esposas de todos los mafiosos que se te ocurran, Batgirl, Hiedra Venenosa, Harley Quinn, Lois Lane…

—¡¿Lois?! —gritó —. ¡¿Superman lo sabe?!

Abrí la boca para responderle, pero noté que algunas personas ya miraban en nuestra dirección. Kon también lo captó.

—¿Qué dicen?

—Neutrales, tienen curiosidad y quieren autógrafos.

—Acerquémonos —me encogí de hombros. Kon me detuvo de levantarme.

—¿Manejas bien a las personas?

—Er, si —respondí sin entender.

—La gente es chismosa, les gusta ver a sus ídolos. ¿Y si grabas un par de directos a Instagram siendo tú?

—¿Yo?

Kon me sonrió con burla.

—Un mocoso boca floja tan encantador de serpientes como su padre. Saldrá bien.

—No discrepo —dije en medio de una carcajada —. No he visto mis redes sociales desde el asunto de Larry.

—Yo sí, Wally te bloqueó de todo.

Bufé, no había sorpresa ahí. Últimamente mi amigo pelirrojo se estaba replanteando eso de ser superhéroe, que lo relacionaran conmigo era lo más indeseado para él en este momento.

—La decepción, la traición amigo —murmuré sacando del bolsillo oculto de mi pantalón mi nuevo celular civil, la información de las cuentas ya se encontraba ahí, solo era acceder —. Vaya, tengo la insignia azul —musité.

—Y dos millones de seguidores más —agregó Kon inclinándose a ver.

—Veamos que tal va —activé la cámara y apunté al animal perezoso a mis pies —. Lobo, sonríe a tus fans.

El lobo alzó su cabeza ante mi llamado, el clic no lo asustó, pero le hizo entrecerrar los ojos. Subí la foto sin agregar más información.

—Actualiza la página.

2 mil me gusta y 300 comentarios sobre lo linda que era mi mascota.

—Viejo, esto da miedo.

—Es más rápido que el periódico, dalo por hecho —y de un movimiento veloz, Kon me rapó el teléfono —. Di hola a internet.

El flash de mi cámara se activó.

—Ag —por instinto enderecé mi espalda, pero no miré al teléfono; demasiados años en eventos públicos con Bruce —. ¿Una historia?

—Un en vivo. Di hola.

—Hola —musité aguantándome la risa —. Me voy a meter en problemas con Batman por esto y te echaré la culpa a ti —señalé a Kon aun sin ver la cámara.

—Oh vamos, ¿qué tiene de malo? Entonces, ¿cómo es que es? ¿50 preguntas de mí?

—50 cosas sobre mí…en lo personal lo considero bastante ridículo, nadie es tan importante como para que los demás se obsesionen —lo miré. Con resignación puse mi sonrisa estelar en la cámara y dejé caer mi cabeza —. Está bien, pregunta.

—¿Helado favorito?

—Vainilla.

—¿Comida favorita?

—Langostinos con mayonesa de curry.

Superboy permaneció mudo dos segundos.

—¡Si que eres un mocosos ricachón!

—Ay cállate, no me recuerdes más el temita de mi identidad —enterré mi cara en mi mano izquierda.

—Bueno, bueno, no te enojes. Cuéntanos, ¿hombres o mujeres?

—¿Para qué? —en lugar de responder, Kon me dio una mirada insinuante. Resoplé —. Ah, mujeres, definitivamente —dije de inmediato sin contener mi gesto de desagrado.

—Eso sonó un poco… —hizo una mueca.

—¿Homofóbico? —ofrecí con buen ánimo.

—Sip.

Volví a resoplar.

—Nací católico con padres conservadores, luego pasé a manos de Alfred, eh, mi mayordomo —aclaré a la cámara —, que también crío a Bruce. Alfred es un mayordomo ingles que aún conserva las reverencias y los modales del siglo XVIII, mi hogar no es exactamente liberal.

—Decídete, no le eches a culpa a tu crianza.

—Protegería con mi pecho desnudo de un balazo a cualquier miembro de la comunidad LGBTI, el día que quieran y sin pensarlo dos veces porque sus vidas son valiosas como seres humanos que son. Fuera de eso, no, no me agrada (1). Siguiente.

—Espera, yo no sabía que eras católico. ¿Con misas y rosario y todo eso?

—Ja, ja sí, sé que no parece, la gente asume que mi credo es otro porque soy gitano.

—¡¿Tú eres gitano?!

—Lo era —contesté con tristeza —. Los gitanos no se mezclan con los particulares, o sea ustedes, los no gitanos. En el momento en el que Bruce me adoptó mi familia en Europa renegó de mí. Cambia de tema, por favor.

—Ok, em… ¿Podrías aclarar de quien es Lobo?

Divertido, tomé la cámara y apunté al cuadrúpedo.

—Este mis amigos, es Lobo, la mascota de Superboy, el tonto que (¡Oye!) estaba grabando hace un instante. Y si se lo pregunta, sí, es un lobo, no un perro, lo que sucede es que Supes no es muy imaginativo, ¿verdad viejo? —lo enfoqué con la cámara.

—Oye, apunta eso a otro lado, no comprometas mi nombre —trató de tapar la cámara.

—Por favor, ni te molestas en usar máscara. Ja, ja, ¿te imaginas hacer caer a Superman por culpa de un video? La Liga me daría con bate de beisbol —reí.

—¿No ibas a hacer este video para hablar del asunto de Batgirl?

—Tú fuiste el que empezó con lo de las 50 cosas —giré la cámara para grabarme —. Ok, esta es la triste verdad, Bárbara jamás fue mi novia y tampoco es la amante recóndita de Bruce. No, lo nuestro fue una mentira para justificar todo el tiempo que ella pasaba conmigo…

—La verdad es que ella lo rechazó —agregó Kon.

Me sonrojé. Era cierto.

—¡Cállate! El caso es que —recompuse mi sonrisa de oreja a oreja —, ni Bruce ni yo hemos tocado a Batgirl, esa mujer nos cortaría las manos. Y el beso en la terraza fue elemento distractor para derrotar a Pingüino. Ahora, si quieren saber más, mañana en el mañanero del diario El Planeta sale mi entrevista. Adiós —antes de poder cortar el en vivo Kon me rapó el teléfono de las manos.

—No, no hemos terminado, habla un poco más.

—Vamos a patrullar —me quejé recostándome de nuevo en la banca.

—Siempre es trabajo conti…

—¿Kon?

—Espera —bajó el teléfono. Su rostro de concentración me dijo que estaba usando su súper audición —. Secuestro de niño a cinco calles.

—Vamos. Acaba con eso.

Llegamos justo a tiempo montados en mi moto, dos hombres forcejeaban con una mujer en un callejón intentando tomar al pequeño niño en los brazos de ella. Los ataqué con furia, ¿quién carajos roba un bebé? Bueno, yo sabía quién, pero… ¿por qué ser tan enfermo?

—Fue un gusto —dije con sarcasmo a la mujer que, una vez noqueamos a los dos sujetos, salió huyendo despavorida sin mirar atrás.

—Robo a panadería.

—De inmediato, Kon-El.

0oOo0

La estación de policía de Gotham era casi un lugar turístico debido a la gran cantidad de apariciones que Batman y sus protegidos hacían en el lugar. Lamentablemente para los infantes, las noches en que iban a la estación eran las más aburridas, puesto que Batman y el comisionado se encerraban, ocasionalmente con Bullock, a trabajar en casos en los que no les permitían asomar las narices.

—Me siento como un niño castigado —gruñó Robin recostado en el asiento del gordo detective y con los pies sobre el escritorio del hombre. Batgirl se sentaba en otro cubículo con la misma flojera. Los policías, habituados a la presencia de los Bati mocosos, pululaban alrededor creando un ambiente de oficina típico.

—Es porque estás castigado —le recordó Batgirl con una mueca —. ¿Quién quita su aburrimiento cortando los rosales?

—Ya te lo dije, se atravesaron en el camino de mi espada —se quejó viéndola de mala manera.

—Deja de gruñir —le dijo Batgirl lanzando en el aire un batarang y atrapándolo con su mano.

—Que adorable niñito —se burló Peak, un detective —. Los hijos de Wayne son peores que las hienas del Guasón.

—No lo provoque oficial o lo encontrará —le dijo Cohen, un detective de crímenes mayores —. ¿Por qué no cogen algo de la máquina? Yo invito.

Robin y Batgirl le sonrieron, Cohen siempre les brindaba alguna golosina.

—Oye, son ricos, que nos inviten ellos a nosotros —comentó algún detective sin importancia de las mesas.

—Si, ese niño puede ahogarse en su herencia.

—Ah, no sean abusivos. Vamos Robin, Batgirl.

—Gracias —dijeron a dúo. Rato después, comiendo con alegría sus chocolates, Batgirl recibió una notificación de la Liga que le erizó el vello de todo el cuerpo.

«¿Kid Flash es el adolescente Wally West?»

—¡Mierda!

—Le diré al comisionado, señorita Gordon —comentó uno de los presentes, pero ella lo ignoró subiendo como un tiro las escaleras hacia la oficina de su padre, donde fue recibida por él y Batman.

—¿Qué quieres? —gruñó el enmascarado. Gordon permaneció en silencio, observando la interacción, no le gustaba que le hablaran así a su hija.

—Kid Flash.

—Me llegó la alerta. Hoy no avanzaremos más aquí, mandaré esta noche al agente que se infiltrará en donde sea que tienen a los niños. Toma —le lanzó las llaves del Batimóvil —. Vayan a casa, no se esparzan, la reacción de las personas de a pie podría no beneficiarnos.

—Entendido. Comisionado —asintiendo a su padre, se retiró. Abajo, Damián jadeó.

—¿Cómo lo convenciste para que te diera las llaves del auto?

—Salió caro, hoy no hay patrulla. Debemos irnos.

—¿Qué pasó? —pidió siguiéndola fuera de la estación.

—Descubrieron la identidad de otro miembro del Equipo.

—Nightwing va a querer lanzarse por un puente.

0oOo0

Pasaron casi tres horas de intenso patrullaje con Kon. Detuvimos un incendio pequeño, dos robos a joyerías, veinticuatro robos a mano armada, diez y ocho intentos de violación, a nueve ancianas las escoltamos a sus casas y cargamos las compras de una madre de dos gemelos de cuatro años en avanzado estado de embarazo. Y para finalizar nuestra «noche de chicos», Kon me sugirió ir por unas hamburguesas, lo que sonaba apetitoso considerando mi hambre. Y, por segunda vez, me tope con una cámara metida en mi cara.

—Preguntan por tu color favorito.

—Azul —me encogí de hombros comiendo una papá untada en kétchup. Nos habíamos sentado en el parqueadero de un restaurante local a comernos el pedido, pues adentro había demasiada gente para que anduviéramos. Superboy habría pasado por civil, su traje era demasiado simple, pero mi uniforme forrado en kevlar y cargado de armas destacaba como un faro en medio de la noche.

—Quieren saber si… ¿socialismo o capitalismo?

—No lo he puesto cuidado, lo decidiré el día que pueda votar. Siguiente.

—Hay un montón de gente peguntando lo mismo: ¿Qué por qué odias a los gays?

Fruncí el ceño.

—Yo no odio a nadie —dije indignado. ¡Yo no odiaba a nadie! —. No hay un motivo realmente

—¿Qué si es por religión?

—No, no es un tema religioso, carajo yo peco mucho, no soy quién para juzgar los deslices de alguien más, pero… es como si fuera… no tengo idea, simplemente no me gusta. Cambia de tema, estoy comiendo —agregué con una mueca.

—¿Eres vegetariano?

—Para nada, pero mi hermano Damián si —y como prueba, di un mordisco a mi hamburguesa. En el restaurante yo pedí dos y Kon tres, una se la comía lobo.

—¿Qué es lo mejor de vivir con Batman?

Pensé mi respuesta. Papá era grandioso y nuestro estilo de vida era asombroso de tantas maneras que era imposible decidirse.

—Lo amoroso que es el murciélago. Conozco muchos niños que sufren porque sus papás los presionan, les ponen expectativas y nunca están conformes, Bruce no es así, mientras que seamos felices y nos superemos a nosotros mismos, él se da por bien servido.

—¿Qué opinas del juicio de tu padre? Y te mandan besos.

Sonreí.

—Gracias. Sobre lo de Jason, me sorprendió que se acabara tan pronto, pero no el resultado. Nosotros dijimos la verdad, Jason murió en un accidente de esquí, él siempre fue muy impulsivo y no pensaba las cosas. Lanzarse en plena noche y sin acompañamiento por una montaña sobre una tabla que no sabía manejar, ja, tuvo suerte de morir instantáneamente y no sufrir.

—Suenas enojado con él —mencionó con suavidad Kon. Miré a mi amigo, él me sonrió con pena. Kon no sabía que Jason estaba vivo.

—Lo estaba. Pensaba en «¿qué clase de Robin se mata así?», pero… —suspiré —. Los accidentes ocurren. Me enojé mucho con mi hermanito porque fue su culpa realmente, su imprudencia causó el sufrimiento de Bruce.

—¿Tu papá lo lloró mucho?

—¿Llorarlo? —pedí con incredulidad. Sí, fue una estupidez de Jason irse tras el paradero de su mamá sin comentarlo. Ojalá y ese imbécil estuviera viendo mi en vivo —. Lo llora.

—Alguien pregunta si consumes drogas.

Mordí mi último trozo de hamburguesa.

—Acetaminofén, Ginkgo Biloba, tomo mucho suero, me hidrata más que el agua, pero es muy normal en superhéroes o deportistas.

—Em, creo que se refería a drogas recreativas.

Obvio Kon.

—No, yo he visto lo que les hace a las personas, las destruye desde a dentro.

—Están escribiendo que todos saben que consumes cocaína para mantenerte activo.

—¿Coca? Idiotas. ¿La gente de verdad cree que esa cosa da energía? Les diré la cruel verdad —le di una mirada de desaprobación a la cámara —. La cocaína degenera el cuerpo. Yo como mucho, hago ejercicio, tomo café y duermo lo que mi organismo necesita, el resto se llama organización. Puedo ser el mejor estudiante del colegio, un héroe, miembro del Equipo, patrullar Blüdhaven y Gotham y sacar tiempo para jugar videojuegos porque me organizo, no pierdo una tarde viendo vídeos estúpidos ni holgazaneo en las mañanas.

—¿Agua fría o caliente en la ducha?

—Helada… ¿Kon?

—Espera, te llegó una notificación de… —mi amigo frunció el ceño oscuramente —. Mierda, Luthor tenía razón.

—¿De qué estás…? Cancela el directo —hecho —. ¿Qué pasa?

—Wally cayó.

Me tendió mi teléfono. Una vieja fotografía de él y yo juntos de niños en una entrevista que me realizaron a los diez años era el centro de la publicación. «Wallance West: El mejor amigo de Richard Grayson», era el subtítulo que poseía la foto que alguna vez salió en El Planeta. Habían unido cabos tras hallar la foto, el mejor amigo de Nightwing era Kid Flash, un chico pelirrojo, y ahora a Richard Grayson le encontraron un mejor amigo, también pelirrojo. Estaba puesto en bandeja.

«Vayan a la cueva. No anden en las calles», fue el mensaje de Kaldur.

—Tenemos que ir a la cueva, Kon.

0oOo0

Ignoré a M´gann lo mejor que pude parándome junto a Kal-El, él con Batman y Canario Negro examinaban el artículo de cabo a rabo, buscando un error o una falla en la teoría que se pudiese explotar para negar la identidad del pobre Wally.

—No hay huecos —anunció Canario. Superman asintió colocando su mano sobre mi hombro, estaba nervioso, lo detecté. A pesar de la afirmación de la rubia, nosotros aguardamos el veredicto de Batman.

—Lo lamento Wally. Inicien protocolo de protección.

El pelirrojo encogió los hombros, pero más lo hizo Dick.

—Lo siento viejo —le susurró el moreno. Vi que a Batman no le gustó la disculpa.

—Esto iba a suceder tarde o temprano, Nightwing. No es culpa de ninguno.

—Es mía —se acusó Wally, estaba trastocado, con respiraciones ligeras y rápidas —. Yo no cubrí mi cabello —y antes de que alguno pudiera detenerlo dijo —. Voy a ir a encender la esfera marciana en casa de tía Iris y mis padres.

Y en un destello, desapareció. La computadora anunció su marcha. Canario apretó el puente de su nariz con un suspiro.

—Iré a avisar a Catherine que daremos confirmaremos a Wally en la mañana.

Batman asintió.

—Que no se haga comentarios respecto a Flash.

Canario estuvo de acuerdo marchándose con el tubo zeta. Kal apretó cariñosamente mi hombro, seguían muy ansioso.

—Conner, ¿a qué te referías con lo que dijo Luthor?

La voz de M´gann me sorprendió. En ese momento en específico no quería hablar con ella, menos cuando la marciana estaba tan cerca de Lagoon Boy, quién observó mi indiferencia con desaprobación.

—Te están hablando, Superboy.

—Confidencial.

M´gann frunció el ceño.

—Es Luthor, no es confidencial.

—Lo es, Señorita Marciana —le dijo Batman, acallando a Lagoon Boy —. Limítense a saber que nos advirtieron que el Equipo caería en una semana aproximadamente —el caballero de la noche giró a vernos —. Nuestra mejor hipótesis es que sigue Artemis, novia de Kid Flash, de ahí Zatanna, Megan, Conner y Raquel. Prepárense para lo que viene.

Con sus palabras cortó la instigación de M´gann, quien se retiró con los otros a la sala común hablando en voz baja. Bart, enojado por mi trato a su hermana, se transformó en un mono y me sacó la legua antes de correr detrás de los demás. En la sala de misiones quedamos los supes y los murciélagos. Red Robin y Batgirl no habían asistido.

—Dime que decidiste, Clark —preguntó Bruce a Kal-El abriendo una página federal en la pantalla. Era mi documento de adopción.

Superman me miró. Lo correcto era que renegara de mí, se lograría poner salvar o, en el peor de los casos, comprarse unas semanas. Igual sería… frío. ¿Y si Kal volvía a verme como una violación? ¿Y si el poco terreno de cariño que había ganado con él se iba al caño?

Kal-El exhaló con fuerza.

—El capitán se hunde con su nave —le dijo a Batman antes de sonreírme. Le devolví la sonrisa; todos desviamos los ojos a la figura oscura, Batman se reía.

—Hasta que por fin te crecieron los testículos, Superman.

Nightwing se tragó una fuerte carcajada. Solo Batman le hablaría así a Superman, quien rodó los ojos luciendo avergonzado.

—Nunca me dejarán olvidarlo —murmuró.

—Bueno Conner, ya lo viste tú, era lo que me interesaba —dijo Batman previo a cliquear en la pantalla. Mi documento de adopción se fue a la caneca virtual.

—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó Clark soltándome y dando un paso adelante —. Dime que no eliminaste su adopción.

—Claro que lo hice idiota —gruñó Batman —. Tuviste los huevos para aceptar a Superboy incluso en esta circunstancia, grandioso, quería que Conner lo viera, pero ni loco dejaré que descubran la identidad de Superman, no sin pelear. Conner es ahora legalmente hijo de Luthor, ya lo hablé con él, si cae descubriremos los laboratorios de Cadmus y la ingeniería genética al público, esperemos que con ese embrollo alejemos la atención de la prensa de nosotros —y luego, se dirigió a mí —. Lo siento hijo.

—No importa —logré decir.

Y en lo que duró la pelea verbal de Superman y Batman, yo me afiancé a Nightwing. Ambos fuimos criados hasta cierto punto por Batman, más él, claro, pero el estado básico de ser un hijo o un protegido de Batman estaba fichado en nuestras cabezas: primero la misión.

Y estaba bien, una mente fría siempre estaba bien.

0oOo0

Fue terriblemente simple ordenarle a Billy pasearse a la una de la mañana en el sector de la ciudad donde los secuestros de infantes estaban ocurriendo, con una cámara microscópica en su ojo y chips de rastreo instalados en sus dientes. Una persona razonable habría desaprobado lo que yo hacía, pero… al menos 93 niños estaban perdidos y Billy era, luego de una palabra, el mortal más poderoso, alguien con la fuerza para vencer a Superman. En la práctica nuestros métodos eran efectivos, pero en la teoría…

Tuve que interrumpir mis tren de pensamientos; estaba pasando delante de las alcobas de mis hijos, revisando que durmieran, cuando oí a Dick llorar.

—¿Dick? —susurré entreabriendo la puerta caoba de su habitación. Mi niño se hacía bola en la cama, completamente envuelto en sus gruesas mantas.

—Alergias, murciélago —contestó con la voz entrecortada.

Era febrero, mucha lluvia, pero hasta un descerebrado habría notado la mentira.

—¿En serio? Conozco el remedio para esa alergia —dije entrando a su habitación y cerrando con suavidad la puerta, no quería despertar a Damián —. Generalmente se te quita con una charla y chocolate caliente.

A pesar de la opacidad, vi a Dick sonreír. Mi vista en la oscuridad era fenomenal.

—Ya no tengo nueve años Bruce —e igual se apartó para que yo me sentara junto a su abdomen, de modo que pude acariciarle el rostro manchado en lágrimas.

—Sigues siendo mi niño. Hoy dijiste que yo era un padre amoroso.

—Viste los directos.

—Así es —aparté su cabello azabache de su frente —. Supiste manejar los temas. Dime que sucede, cariño.

—Es lo que le hice a Wally —susurró.

Ah, las identidades.

—Nadie te culpa —le dije en voz baja.

—Yo lo hago Bruce, yo me culpo. Hablé demasiado, hice muchas bromas, yo…

—No te atormentes Dickie —lo interrumpí —. No cometiste errores, si la habladuría tuya fuera un inconveniente yo te la habría corregido años atrás, pero es parte de tu personalidad y eres perfecto así como estás.

Dick se giró un poco para verme.

—¿Mi personalidad es la errónea?

—Claro que no Dick, ni se te ocurra. Eres un gran chico, tu personalidad alegre es una ventaja estratégica en batalla. No hubo error, fue un accidente.

Mi niño volvió a su posición inicial enterrando aún más la cara en su almohada.

—Pero trae consecuencias como si fuera mi error. Me siento culpable papá.

Y fue su voz desprotegida la que me encogió el alma. ¿Dónde estaba mi farito de luz?

—Amor, yo entiendo la irracionalidad de la culpa. Tienes que aceptar lo ocurrido y seguir adelante, no le des vueltas, no recrees lo sucedido, las cosas no van a cambiar porque lo deseemos.

—Aprendí esa lección a los nueve años, Bruce —murmuró amargamente —. La prensa nos va a comer vivos y la Corte de los Búhos les va a dar los tenedores. La luz va a atacar por publicidad y los servicios sociales están apuntando a nuestra yugular, tenemos que hacer algo.

—Deja que yo me encargue.

Dick bufó.

—Ya tuvimos esta discusión hace años. No eres invencible Bruce y tus decisiones nos afectan, dame parte del trabajo a mí.

¿Parte del trabajo? A mi parecer, Dick tenía exceso de trabajo. Su mente brillante lo mantenía a flote en la escuela, igual que Superboy y Kid Flash, pero Artemis iba muy quedada en sus notas, Zatanna estaba a punto de perder el año escolar y la Señorita Marciana, estudiante ejemplar, apenas dormía; y todos ellos tenían un peso más ligero que Dick, eran apenas unos protegidos, los colaboradores menores, no tenían bajo su cargo ninguna ciudad.

Pero yo no quería volver a discutir con mi hijo, ni lo quería lejos de casa.

—Cuídame la espalda, eres mejor con las redes sociales que yo. Instiga grupos a nuestro favor o cosas así, como lo que hacen los políticos en épocas de elecciones.

Los ojos de Dick brillaron y una sonrisa burlona apareció en sus labios.

—Creí que criabas niños honrados, no futuros senadores.

—¡Tonto! —reí dándole una suave nalgada. Dick contestó con una carcajada, a pesar de la broma capté que el engranaje de su cabeza ya empezaba a moverse, mi hijo se tomaba su deber enserio.