—Bueno… esto está listo.
Me incliné sobre el hombro de Tim, yo hubiera tardado dos días en rastrear y hackear las cuentas bancarias de la Corte, pero a él le tomó tres horas. Con su nuevo portátil, Billy, acompañado por Kon, daba los últimos toques al blog alterado, después vendría la página web. Con toda una noche disponible, ese par había logrado escribir tantas entradas que realmente el blog daba la sensación de llevar años circulando en internet y, con los comentarios que entre nosotros escribimos, tanto positivos como negativos, cualquiera se creería su veracidad.
—¿Hay forma de accionarlo a distancia? —pedí a Tim, refiriéndome al asunto del banco.
—¿Te refieres a que lo hagamos funcionar mientras estamos en la escuela? —atinó el niño.
—Si. Coartada perfecta.
—Me tomará un rato, pero se puede. Y necesito un teléfono desechable.
—Lo tendrás —con mi silla giratoria me moví a donde Kon y Billy —. ¿Qué tal vamos aquí?
—Ah, muy bien, listo para circular —respondió el menor. Francamente los acabados del blog eran muy estéticos —. Creo que quiero ser periodista, es divertido.
—¿Sabes qué es lo que tienen en común Batman y Barbie? —pidió Tim infantilmente malicioso. Kon y Billy lo miraron con interés, esperando el chiste —. Que su frase favorita es: «tú puedes ser lo que quieras ser».
Kon rió entre dientes.
—Me lo ha dicho muchas veces.
Negué con la cabeza rodando los ojos, volviendo al trabajo.
—Kon, lo del banco está listo, hora de hacer la llamada.
Mi amigo soltó un suspiro, Billy y Tim intercambiaron una mirada, no muy convencidos. Con pesadez, Kon espichó el 4 en su teclado de llamadas y activó el altavoz. Luthor no se demoró en contestar.
0oOo0
—Aló.
—¿Conner? ¿Tú a mí? ¿Debo sentirme alagado, conmovido o asustado? —se mofó Luthor. En su audio resonaban vagamente voces opacas.
—Am, talvez la última —no me sentía para nada cómodo pidiéndole un favor a mi padre. Una cosa era pedirle Coca-Cola mientras lo visitaba, otra era solicitar sus cuentas bancarias para iniciar lo más parecido a una guerra fría entre la Luz y la cuna de oro de Gotham —. Necesito un favor.
—Pide, hijo mío.
—¿Me puedes prestar una cuenta de ahorros? Una en la que no tengas mucho, voy a meter algo de dinero.
Me dieron ganas de golpear a Dick al verlo rodar los ojos. El Capitán me observaba atentamente, casi sin parpadear.
—¿Ahorros? ¿Más o menos de cuanto estamos hablando?
—Pues… —apuré a Tim para que me pasara el dato, el número era escalofriante —. Algo así como… 55 billones de dólares.
Luthor quedó en silencio en la línea.
—Hijo mío, ¿a quién vas a robar?
—Esa es la otra parte del favor, ¿conoces a la Corte de los Búhos?
Me sorprendió el gruñido de Luthor.
—¿Qué tienes que ver tú con esa plaga?
Si los odiaba a tal nivel, seguro aceptaba.
—Voy a dejarlos en blanca —traté de fingir normalidad y echarme la culpa. Oh si padre, robaremos millones y millones, ¿azúcar para el café?
—Dejarlos en blanca —repitió con un tonito de condescendencia —. ¿Y qué, si descubren a que cuenta fue a parar el dinero, nos terminemos matando entre la Luz y la Corte?
Tragué.
—Pues sí.
Luthor se carcajeó. Sonó… feliz. ¿Feliz?
—Ay, Kr, ese tiempo que pasas con el joven Dick te beneficia. E imagino que Wayne no sabe nada de esto, ¿correcto?
—Eh —Dick se encogió de hombros —. No todo… es más cosa mía.
—No te molestas en cargar con la culpa, vi lo que compraste hoy con el joven Grayson, para la próxima sean más disimulados. Úsenlas, te voy a pasar el número de una cuenta de ahorros en suiza que se encuentra muy bien protegida y que es casi imposible de ligar conmigo. Hay algo de dinero ahí, quédatelo, como regalo, porque, ya sabes, odio hacerle favores a la Liga, pero tú primer robo, Kr…
Billy bufó silenciosamente. Tim y Dick aguantaron su risa, Luthor sonó igual que un papá ante la primera palabra de su hijo.
—Ay no empieces —me quejé avergonzado.
Luthor rió.
—Hazlo, hijo mío. Tienes mi autorización.
Colgué. Dick fue el primero en soltar la carcajada.
—Ese hombre está loco —exclamó el Capitán. Tim disfrutó del asunto con más calma.
—Bueno, tenemos luz verde —comentó el chico borrando su sonrisa y retornando a la computadora. El niño era escalofriantemente similar a Batman.
—Genial, ahora, retomando el argumento del Capitán —asentí al niño hombre —. ¿Qué carajos vamos a decirle a Batman cuando se entere de esto? Robo, alianza con Luthor, es suficiente para que nos mate.
—Yo lo manejaré —aseguró Dick.
0oOo0
—Te interrumpieron el viernes, ¿eh?
Le sonreí a Lois, sentado en su sofá beige. Cada semana ella y yo nos reuníamos en la sala de su casa, cómodamente charlábamos y el domingo, en la matutina del Planeta, aparecía nuestra plática titulada: Un café con Superman.
—Es un asunto muy vergonzosos y molesto. Yo había pedido la noche libre y en la Liga muy rara vez ese tipo de peticiones se interrumpen, de verdad me enojé cuando llegué y vi la situación controlada. Después, obvio, si entendí, la pelea duró horas, pero en ese momento lo quería era devolverme —finalicé esa parte con una risita.
—¿Y con quién estabas? ¿Una super esposa de la que no sepamos? ¿O una super novia?
Lois me alzó una ceja, sonó un tanto celosa.
—Para nada, ella es… una amistad, por así decir.
—Uy, la amante de Superman —dijo tórridamente —. La lista de mujeres que desean ocupar ese título es de tres kilómetros.
Y me miró perversamente. Ella había hecho justo ese comentario la antes de iniciáramos nuestra aventura sexual.
—Bueno, lamento decir que el sexo con humanas tiende a ser estresante.
—¡¿Qué?! —sonó ofendida y confusa.
—Sois hermosas, pero frágiles. En el sexo se pierde el control del cuerpo, en mi caso podría matar a mi acompañante si no tengo el suficiente cuidado.
—¿Has sostenido relaciones con humanas?
—Si. Puedo hacerlo y es agradable, pero muy medido —y para molestarla, añadí —. Por supuesto, también depende del tipo de mujer, a algunas no les molesta un poco de fuerza extra, con ellas me va mejor.
Lois se sonrojó, mi amiga era de las que les gustaba rudo.
—¿Y ellas eran conscientes de que eres Superman?
—Solo una, aunque tampoco han sido tantas.
—Bueno, y saliéndonos del tema, ¿qué opinas de lo sucedido con Dick Grayson, alias Nightwing?
Fruncí el ceño, ya me lo veía venir.
—Es un hecho lamentable. Nightwing es como un sobrino para mí y he visto de primera mano el estrés al que se ha sometido desde el miércoles. Su vida se puso de cabeza y me da congoja con él, es un gran muchacho, muy respetuoso y educado.
—¿Sabes algo de la investigación que lleva los servicios sociales a los hijos de Bruce Wayne, alias Batman?
—No, no hemos hablado del tema, pero me enteré que ayer dos miembros de los servicios sociales se quedaron a pasar la noche en la mansión Wayne buscando analizar el comportamiento de la familia. A mi parecer, todo esto es muy grosero. Los Robin, los tres, son muy protegidos y están altamente cualificados para enfrentar oponentes del triple de su tamaño, no son niños que se empujan al matadero.
—¿Qué tan cualificados?
—A los doce años, Dick logró estamparme contra el suelo. A los trece, con ayuda de Superboy y un trozo de kriptonita, logró noquearme.
—¿Por qué hicieron eso? —preguntó con sorpresa.
Me encogí de hombros, mintiendo.
—Niños jugando. Querían comprobar si eran capaces.
—¿No es riesgoso?
—En el peor de los casos, no habría pasado nada, solo un castigo por parte de Batman. En el mejor, bueno, lo lograron, me ganaron.
—Y en la lucha, a los doce años, ¿te mediste de alguna manera?
—No. Fue una petición de Batman, quería comprobar el rendimiento de Dick en un ambiente controlado, por lo que ataqué como si él fuese una persona completamente desarrollada. Aunque son más débiles físicamente que un héroe adulto, los Robin son muy hábiles, comenten proezas físicas diariamente. Y Tim y Damián, los nuevos Robin, ellos entrenan por horas, de seguro podrán repetir la hazaña de su hermano.
—Desde anoche se ha hablado de que Bruce Wayne debe pagar las reparaciones a la autopista de Washington con dinero de su bolsillo, metafóricamente hablando. ¿Cuál es tu comentario?
—Que es ridículo. La Liga ya ayuda a pagar parcialmente esos daños y la mayor fuente de ingresos de la Liga es el propio Bruce.
—La mayoría de las personas en internet dicen que Wayne tiene el dinero para pagar el daño, que no hay inconvenientes para él si suelta un poco de eso y lo da al pueblo… er —me enseñó su tableta —. Lo leo literal de los comentarios más apoyados en las redes sociales.
—Batman es un servidor público, igual que un bombero. Al apagar el fuego de una casa, por ejemplo, el bombero rociará agua, pero él no va a responder por el colchón mojado y los muebles echados a perder, ocurre lo mismo con la Liga, por eso se apresa a los responsables, ellos son quienes tienen que pagar.
—¿Y quién lo hizo?
Luthor, el condenado, pero sin pruebas…
—Los laboratorios S.T.A.R analizan justo ahora las partes de los robots. Si han dado con el responsable, lo ignoro.
—¿Qué opinas de las recientes críticas a Dick Grayson? Unos lo aman, otros lo odian. ¿Tú que dices?
—¿Por qué odiarían a Dick? —sonreí, era un pensamiento estúpido —. Es un muchacho estupendo, el prototipo moderno del buen samaritano.
—Ya, aunque la inclusión no es su fuerte —agregó Lois con malicia —. Para ser tan joven tiene un pensamiento muy del siglo pasado, no lo que se esperaba de él.
Suspiré, formulando mi respuesta.
—Dick es un ser humano con gustos y opiniones propias, tal vez hubo sentimientos o esperanzas heridas con sus declaraciones, es el problema de la fama, todos quieren ser tu amigo, pero te dictan que tipo de amigo debes de ser. Dick tiene derecho a expresar su forma de pensar, aunque esta no sea del agrado público.
—Tengo una hermana lesbiana. La forma en que pidió que cambiaran de tema resultó muy ofensiva para ella, ¿tú qué opinas?
—En otra persona te diría que fue mezquino, pero —acentué mi palabra —, yo conozco a Dick. Créeme, enserio el tema le da nauseas.
—¿Enserio, enserio? —alzó las cejas.
—Muy enserio —asentí —. Una vez Kid Flash le hizo una broma, fue hace unos meses. Kid Flash dice que no hay hombre al que no le gusten los videos pornos de lesbianas, pero Dick le decía que jamás iba a verlos, así que KF le instaló un video al respecto en su televisor, de forma que cuando Dick lo prendió le aparecieron en la pantalla dos mujeres sosteniendo relaciones sexuales.
—¿Y?
—Dick acababa de almorzar y lo vomitó todo.
—¿Pero hay alguna causa? —pidió —. Tiene que existir un motivo.
—Ni idea, Dick dice que no, que en el circo donde creció jamás tuvo un encontronazo con una persona homosexual. Yo digo que es la crianza, si toda su vida escuchó que era algo asqueroso, él es está condicionado a pensar eso. Recordemos que él vivió en una comuna gitana muy cerrada, no me atrevo a hablar a nombre de los gitanos, pero si es cierto que en las comunidades aisladas de ese tipo es más dado el racismo y la discriminación.
—¿Y qué hay de Gotham? ¿Puedo haber sido agredido en sus inicios como Robin?
Negué.
—No, lo sabríamos.
—¿Cómo?
—¿De verdad crees que Batman dejaría en una pieza a la persona que haya agredido a su pequeño hijo?
Lois rió.
0oOo0
Encendí la televisión por aburrimiento, para proceder a apagarla. Sin cable, en mi hogar solo contábamos con los canales gratuitos, noticieros que un sábado por la tarde transmitían únicamente columnas de chisme, un canal local de cultura con la presentación de una sinfónica y un canal de finanzas, ¿ese último merecía explicación?
Jaime Reyes, la tierra es un lugar aburrido.
Tenía que dárselo, el escarabajo llevaba la razón. Aun así, yo estaba algo más que aburrido, estaba intranquilo. Me hallaba solo en mi nueva casa, que era muy vieja y maltrecha. Mi familia había llegado a El Paso, Texas, con poco dinero y muy bajas expectativas, mamá era pediatra, papá ingeniero, pero allí no lograron sino encontrar trabajo como enfermera y mecánico (1). Anteriormente, años atrás, vivíamos en un pueblo en México donde nos iba muy bien, pero huimos de noche, como ladrones, por una riña que sostuvo papá con un hombre de su trabajo, que resultó ser cercano a la mafia.
Mi familia y yo pasamos de un sitio al otro, como ambulantes sin rumbo; mi hermanita era demasiado joven para recordar el estilo de vida que poseíamos en México, pero yo si recordaba de las cenas, los partidos, las joyas de mamá. Ahora no nos faltaba comida, pero poseíamos una vida frugal. Y para empeorar las cosas…
Jaime Reyes, tocan a la puerta.
Cierto, no lo había notado. Yo sabía quién estaba al otro lado de la puerta de metal oxidado, era el motivo de mi ansiedad: Bruce Wayne, Batman. Le abrí sin demora, con esa sensación de haber invitado a un maestro a casa, solo que multiplicado por mil. Era Batman.
—Hola Jaime —el hombre caucásico me sonrió. Iba de jeans, franela y gorro, de seguro había pasado desapercibido, pero igual no era un visita usual y mis vecinos lo comentarían.
—Hola, señor Wayne —me moví de la entrada para darle paso.
No tienes por qué estar nervioso, Jaime Reyes, es un humano promedio.
—No, no lo es para nada, ¿no ves que es Batman? —le dije con molestia antes de percatarme que el señor Wayne me observaba con una ceja levantada. Sonrojado, cerré la puerta.
Para ser tan rico, el hombre no desentonaba para nada con nuestros raídos muebles; no poseíamos sofá, solo comedor y unas sillas de plástico.
—Con qué esta es la voz que describió tu madre —comentó dándose paso por la casa, ocupando a sus anchas una de las sillas. Él entero gritaba confianza —. Por favor siéntate Jaime. ¿Y tus padres?
—Mamá ya viene —le respondí ocupando la silla frente a él —. Lleva a mi hermana a casa de una amiga.
—¿Algún motivo para cambiar la hora de la reunión?
—No sé —mentí.
En su encuentro conmigo y las llamadas que sostuvo él con mamá, hubo la promesa de la nacionalidad, no, una promesa no, un regalo que nos daba la Liga, quien estabilizaba socioeconómicamente a sus miembros para que funcionar en ella no fuese un inconveniente, según el señor Wayne. Al quedar mamá sin empleo y las facturas del médico de mi hermana aumentando, papá y mamá tomaron la decisión de reunirse cuanto antes con el señor Wayne.
La llave girando el pomo rompió el naciente e incómodo silencio.
—¿Jaime? ¿Quién…? Oh, buenas tardes, señor Wayne.
Vi a mamá secarse las palmas de la mano, estaba nerviosa. Todos tenían que estarlo alrededor de ese hombre.
—Buenas tardes, señora Reyes —educadamente se levantó para recibirla, pero yo me mantuve en mi asiento. Ambos estrecharon sus manos.
—Espero que no haya sido problema cambiar la fecha de encuentro, sé que es un hombre ocupado.
—Para nada.
Miente.
—Obvio, cállate —le dije al escarabajo.
Mamá y el señor Wayne me miraron. Me removí inquieto.
—Por favor tome asiento, señor Wayne. ¿Jaime le ofreció algo?
—No, lo siento —respondí por él —. ¿Qué desea tomar?
—Agua, Jaime. Gracias.
Me retiré veloz a la cocina, mamá ocupó la silla en la que había ocupado. Los oí hablar desde la cocina, donde sostuve una discusión con el escarabajo.
—Necesito que hagas silencio, este tipo es importante, no quiero que me vea como un loco —le susurré al bicho pegado a mi espalda, rogando para que este se compadeciera de mí por una vez.
No lo entiendo, Jaime Reyes. Somos superiores a él.
—¿Qué parte de que es Batman no has entendido? —lo reñí —. Cállate por un rato, por favor.
No existió respuesta, quizá el escarabajo fuera a escucharme por una vez. Sirviendo el agua en una vaso de vidrio, me esforcé en oír la conversación en la sala.
—Debe usted entender que Jaime ha mostrado indicios de esquizofrenia. Él siempre me dice que es el escarabajo en su espalda, pero no ha habido forma de comprobarlo.
—¿Le han hecho exámenes médicos?
—Si, pero, no sé si usted sepa, la esquizofrenia no demuestra síntomas físicos.
Me dolió que mamá sonase tan asustada, pero especialmente me enojaba conmigo, porque su angustia me hacía sentir como un enfermo, alguien que no podía ver por sí mismo.
—Por este motivo deseo que Jaime sea miembro del Equipo. Al ingresar oficialmente, él contará con el apoyo de la Liga, podremos realizarle exámenes a profundidad para descubrir la causa de su dolencia. Por favor, tome lo que le voy a decir por el lado amable: la armadura de Jaime es peligrosa y se controla con la mente, si Jaime padece esquizofrenia lo mejor para él y para ustedes es que la Liga le tenga un ojo encima.
—Lo comprendo completamente, señor Wayne. Me aterra pensar en Jaime haciéndose daño por error. Mi esposo y yo lo conversamos y llegamos a la decisión que para nuestro hijo es preferible pasar a su asesoramiento.
—¿Miente el señor Wayne? —pregunté en voz baja al escarabajo. Hasta ahora, él resultó ser un buen juez de carácter.
Parcialmente.
Con el ceño fruncido y más resignación de la recomendada, volví a la sala con el vaso de agua. Jalé una tercera silla y me quedé a observarlos y oírlos debatir sobre la nacionalidad, mas no a intervenir.
—… en añadido, la Liga otorga a cada uno de los miembros del Equipo 200 dólares mensuales, una cuota pequeña que ellos han visto a modo de mesada. Es un incentivo para los jóvenes que suele ser gastado en golosinas. Por supuesto, Jaime tendría acceso también a las tarjetas de regalo de Walmart que la Liga recibe.
—¿Tarjetas de regalo?
—Si —asintió —. Son donaciones de personas y/o empresas para que los miembros de la Liga disminuyan su carga de responsabilidades económicas, nos llegan tantas que los chicos pueden hacerse con un buen puñado cada mes. Walmart, Amazon… últimamente, con la revelación pública del Equipo, han empezado a llegar tarjetas de tiendas de juguetes y de artículos para adolescentes. Son muchachos que se esfuerzan mucho y no vemos problema en permitirles divertirse sin ningún tipo de traba o impedimento.
200 dólares para gastar en la medicina de mi hermana asmática y tarjetas de regalo para libros, juguetes, ropa barata y comida. Si, mi mamá iba a aceptar, no tenía de otra, estábamos desesperados. ¿Qué si yo quería? Eso no se preguntaba, no había para mí otra opción, el escarabajo no me trajo más que problemas, al menos, gracias a él, mi familia y yo estaríamos documentados y con un ingreso extra que balancearía nuestra situación ligeramente.
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—En posición.
—En posición.
—En posición.
—En posición —susurré a mi comunicador.
El aviso nos lo dio las luces apagadas de la bodega y los gritos de los que se encontraban adentro.
Fue risiblemente fácil desarmar y golpear a los secuestradores de niños, que tan solo eran cuatro. Sin que ellos lo supieran, cientos de carros de la policía, de los servicios sociales y ambulancias venían en camino para poder devolver a sus padres a los 93 niños, posiblemente más, raptados.
Fui quien encendió la luz. Cuando los secuestradores cayeron en cuenta de quién los aprisionaba contra la mesa de naipes, se relajaron, sabían que eran caso perdido. Batgirl corrió a abrir la puerta de la bodega, Batman tomó uno a uno de los cuatro tipos y los esposó. En el lapso en que demoraría en aparecer los servicios sociales, nosotros nos dirigimos a los infantes, dejando a Damián cuidar de los sujetos sentados en el suelo.
—Estaréis bien —les decía Batgirl.
—Ya nadie va a hacerles daño —era lo que Tim agregaba.
Miré a los pequeños, ninguno mayor de 14 años.
—Sus familias vienen en camino. Se acabó.
E iniciamos con la abertura de las jaulas, la policía nos alcanzó, pero no fueron de mucha utilidad, porque salieron vomitando. Los niños habían sido encerrado y mal alimentados por casi una semana, ellos se defecaban encima y el olor era nauseabundo, pocos de los oficiales tuvieron el coraje de entrar, menos aún de los servicios sociales, pero los paramédicos si se acercaron a abrir jaulas.
Entre la multitud reunida reconocí a la señora Wilson, a una horrorizada Rebecca y a algunos periodistas que la policía llamó para asistir al lugar de los hechos. Era cruel expresarse así, pero esos niños y su tragedia nos iban a impulsar hacia arriba en las encuestas de popularidad. Afortunadamente, mi suplica si fue escuchada, ningún niño murió.
0oOo0
—Aquí, en el lugar de los hechos. Se revela operativo coordinado entre Batman y la policía de Gotham para dar con la captura de…
Recostado en el escritorio del detective Marrier, observé la impactante noticia. 105 niños en condiciones precarias que, aparentemente, serían distribuidos en costas africanas.
—A veces te hace querer deshacerte de la humanidad —me susurró Noah.
Negué con mi cabeza. No, la humanidad no.
—Las buenas personas causan la diferencia. Solo… tenemos que esmerarnos más para eclipsar a la mierda que hay en el mundo.
—Supongo —musitó observándome de reojo; Aria también me miraba. Con un gesto interrogante, los encaré. Noah se aclaró la garganta —. ¿No acabas de cenar una pizza entera con un medio litro de Pepsi?
Resistí el impulso culposo propio de un adolescente con sobrepeso de esconder mi barra de chocolate atrás de mi espalda.
—Tengo un diente dulce, ya lo sabes.
Aria sonrió mordazmente.
—Igual que tu sobrino. ¿Cuántas calorías cada hora fue que dijo Grayson?
—3 mil —respondió Noah, uniéndose a la contienda.
—¿3 mil qué? —pidió el detective Marrier llegando con un par de colegas.
Mierda.
—Siguen con su teoría de que yo soy Flash —comenté mordiendo mi chocolate.
Los dos detectives que acompañaban a Miller se miraron entre sí.
—Para mí no es una teoría. ¿Cuántos esposos graban en sus argollas un relámpago? —señaló a mi anillo de oro.
Les fruncí el ceño a Noah y Aria, que se inclinaron a detallar mi argolla.
—Inocente hasta que se pruebe lo contrario. ¿Qué pasó con los químicos?
El detective sonrió antes de responder.
—Tenías razón, los químicos son de su hermano menor, lo ayudaba con la feria de ciencias de su escuela. Habrá que buscar más pistas. ¿Qué pasó ahí? —apuntó con su quijada a la televisión.
—105 niños secuestrados para ser vendido como esclavos sexuales —respondió Aria con odio en la voz.
En la pantalla se mostraba la forma en que sacaban a los menores; el ambiente era terrible, en la parte de abajo el título de la noticia se intercambiaba con «se recomienda discreción». Se enfocó, especialmente, a Bruce soltando el candado de una de las jaulas, el niñito dentro, muy pequeño, tal vez cuatro años, avanzó hasta la figura de Batman y lo abrazó. Sonreí con dulzura.
—Yo aun no me creo que es Bruce Wayne —dijo en voz baja Aria —. Ese lugar se ve asqueroso, no imagino el olor. Un millonario se tiraría de su rascacielos antes de meterse en ese sitio.
—Batman es un humanitario —respondí automáticamente, recordando tarde agregar —… de lo que me ha dicho mi sobrino.
—U-hum —emitió Noah con sospecha.
—Wally habla de él —traté de recomponer —. Es un gran hombre y un líder exigente, pero justo, a sus palabras. Los chicos del Equipo lo admiran mucho. Siempre los ayuda y, personalmente, supe que él fue quien animó a Wally cuando nos enteramos que mi cuñado golpeaba a su esposa.
Parecieron medianamente convencidos, el interés en el noticiero me colaboró a distraerlos. Seguí comiendo mi chocolate.
0oOo0
Las cosas para la Liga se calmaron esa noche de sábado. El domingo amaneció brillante, ninguno tenía que ir a trabajar, pudieron dedicarse a dormir, entrenar o relajarse con sus familias. En Gotham Vicky Vale agitaba frente a las cámaras un documento firmado hacía un mes por Bruce Wayne que garantizaba una entrevista en su hogar, cuya fecha se vencía el siguiente fin de semana, salvo aquello, la familia Wayne se encontraba nuevamente tranquila, disfrutado de las mieles del amor público tras salvar un centenar de niños. Wally, por su parte, reposaba en casa haciendo deberes de la escuela, esa noche tendría misión, por lo que no contaba con el lujo del tiempo, Artemis y los otros estaban igual.
Zatanna, no obstante, recién incluida a la Liga de la Justicia por cumplir la mayoría de edad, no contaba con tal alarma, pues acababa de cancelar su semestre escolar, decidiendo frenar su educación. Desde la suplantación de su padre a manos del Doctor Destino ella recibió clases en línea, pues debía trabajar para poder subsistir y, ahora, conservar la casa donde creció, la cual Batman le compró como regalo de cumpleaños número 18 (2), por lo que las prioridades de la joven maga eran distintas a las de una adolescente típica. También, como menor sin supervisión, Billy dormitaba en su habitación en la Atalaya, luego de una patrulla extensa y de haber posteado cuatro artículos en el nuevo blog referente a la Liga, con un par de tareas sin importancia pendientes.
En la cueva, M´gann atendía los moretones de Lagoon Boy y Chico Bestia, quienes cumplieron su cometido de atacar a Conner cuando este llegó de casa de Nightwing. Lamentablemente, Artemis había tenido razón, ellos no eran rivales para un kriptoniano, aunque resaltaba que Conner tuvo la delicadeza de apenas tocar a Gar, el niño verde se libró de la ira del clon con un rozón, contrario a Lagoon Boy.
Con toda esta aparente calma y serenidad, ninguno podría imaginar los dos sucesos que se les venían encima. El primero ocurrió de madrugada, fue un post en Instagram, donde una muchacha de New York, perteneciente al anterior colegio de Zatanna, subió una colección de fotos de ella, tanto de civil como en el Salón de la Justicia con una teoría:
«#identidades_secretras. Esta es Zatanna Zatara, una vieja compañera que se retiró de la escuela hace tres años para eso de diciembre, luego de la supuesta muerte de su padre. Pero saben, yo siempre la vi muy extraña, demasiados huecos en su historia. Su papá era un mago que animaba fiestas y se apellidaba Zatara, igual que el héroe Zatara, un mago. Y ella, Zatanna, es del mismo nombre e idéntico rostro a la adquisición más reciente de la Liga de la Justicia, Zatanna, una maga, igual que Zatara. ¿No les parece extraño? ¿Cuántos de los miembros de la Liga de la Justicia se ocultan a la luz, sin máscaras?
La Mujer Halcón, encargada del monitoreo nocturno, fue quien tuvo que despertar a Batman y a Zatanna para saber si se confirmaba o no la identidad de la chica, pues el post en Instagram estaba siendo compartido, subido a Facebook y analizado por youtubers faranduleros y conspiradores. El escudo morado rodeó el hogar de Zatanna a las cuatro de la mañana, lo que funcionó como confirmador hasta que, a una hora respetable, Catherin Cobert confirmara oficialmente la identidad de la chica. Lo segundo ocurriría el domingo por la noche, posterior a la breve e insignificante misión de espionaje a una empresa de lácteos relacionada con la distribución de cocaína y opio en Estados Unidos.
Era una ex de Dick, Helena Bertinelli.
Al verla en el estudio de Emma Jones, una periodista y presentadora muy famosa y respetada, Dick palideció.
—Tú ex —se burló Wally sin entender —. ¿Qué es lo peor que puede decir? ¿Qué no sabes besar?
Por respuesta, Dick inhaló con fuerza y subió el volumen. El resto del Equipo se agolpó entre el sofá y la cocina; Bárbara y Conner intercambiaron una mirada, demasiado conocedores de la verdad tras esa relación.
—Dime querida, ¿por qué quisiste dar esta entrevista? —por la apariencia apenas educada de Emma, ella revelaba su escepticismo sobre Helena, tildándola de una buscadora de fama más, como todas las mujeres que desfilaron frente a las cámaras desde el miércoles alegando conocer la identidad secreta de Bruce Wayne desde hacía años.
—Yo quiero decir la verdad. En su entrevista con el señor Kent, Dick mintió y, en el juicio, el señor Wayne asimismo mintió.
Emma entrecerró los ojos. Todo el mundo asumía que hubo un montón de falsedades en las declaraciones de la Batifamilia, pero sin pruebas y sin un interés en hallarlas, no era mucho lo que se pudiera hacer.
—¿En qué mintieron?
—En sus heridas —Helena la miró a los ojos —. Yo vi la espalda desnuda de Dick, él está lleno de cicatrices.
0oOo0
—Cállate —gruñí al televisor, sin más opciones. Si mandaba un mensaje a Helena de que hiciera silencio, ella podría mostrarlo en vivo y dirían que intenté silenciarla, si afectaba la señal del canal y tumbaba la entrevista se diría que la Liga intentó callarla, por lo que no tenía más remedio que sentarme a oír.
—¿Qué tipo de cicatrices? ¿Frescas?
—No, eran viejas, pero él estaba lleno de moretones y en sus muñecas, varias veces, vi marcas de esposas. Dick me dijo que era que tenían en casa esposas y con sus hermanos jugaba a ladrones y policías, yo le creí, pero cuando me enteré que era Nightwing muchas cosas tomaron sentido.
—Helena, querida, tú eres hija de un gánster, ¿cierto?
—Si señora —asintió nerviosa. Helena era una chica que aparentaba dulce ingenuidad, pero yo la conocía, era una arpía muy astuta. Aquello era un completo acto.
—¿Cómo terminaste siendo la novia de un superhéroe?
Helena sonrió, la pregunta era graciosa vista desde la ironía.
—Fue para enero del año pasado. Dick iba en primero de preparatoria con tan solo 14 años, yo en segundo. Él se unió al grupo de debate, donde yo participaba. Ya antes me había hablado, en noviembre se ofreció a ayudarme con mi francés.
—¿Fue amable? —interrumpió el relato la mujer mayor.
—Si, mucho. En Gotham era muy sabido la profesión de papá y yo no era querida en el colegio, todavía no lo soy. Am, cuando inicié la preparatoria yo, pues, salí con un par de chicos que aparentaron ser bienintencionados, pero ellos lo que querían era burlarse de mí e inventaron miles de historias, por lo que me gané una mala reputación. Y usted ya sabe cómo son los adolescente.
—Por supuesto, cariño —respondió con suavidad.
Esa parte era cierta, fueron muy crueles con Helena.
—En el primer día de Dick en el club de debate, él me invitó un helado. Yo dejé de confiar en los hombres, no quería más problemas, pero él era muy, muy amable, me escuchaba y… Dick tiene la particularidad de hacer sentir mejor a todos, de hacernos reír. Es un gran oyente y realmente sientes que le importas.
Me removí en mi silla con incomodidad. Los halagos me molestaban, me daba miedo volverme orgulloso.
—Yo conozco a Dick como civil y como héroe. Es cierto lo que dices, es un chico muy especial.
—Exacto y yo… yo accedí a ese helado y le di mi número, empezamos a hablar y dos días después acepté salir con él al cine.
—¿A pesar de lo que había pasado con tus compañeros?
Helena suspiró.
—Dick Grayson no era exactamente el rey de la popularidad en el colegio, creo que fue aún más molestado que yo porque es gitano y adoptado por Wayne. Le solían hacer bromas sobre que su tutor lo usaba para tener puntos con la prensa y algunos solían decir que Dick era un especie de amante del señor Wayne. Todo esto es mentira y era obvio, pero digamos que idealizó a Dick a mis ojos. Era un chico que comprendía lo que yo sufría… salí con él y me convertí en su novia. Ahí empezaron los problemas.
—¿Problemas?
—¡La traté bien! —alegué. Los demás no respondieron, estaban más pendientes de las palabras de Helena.
—Dick me hacía sentir como… su mejor amiga, me lo contaba todo o al menos eso pensaba, por lo visto no me contó casi nada de su vida.
—¿Cuál era el problema?
—Él me hacía sentir… indigna. Era tan bueno, tan amable, el señor Wayne fue estupendo conmigo, me invitaron a sus recolectas de dinero para los pobres y… mi padre es un hombre que ha hecho mucho daño, yo los veía a ellos y me sentía inferior, mala. Ahí fue cuando ocurrió y vi sus cicatrices.
—¿Ocurrió? —tanteó la mujer.
Hablaba de la vez que nos acostamos.
—A papá le gustaba que yo saliera con Dick, decía que era beneficioso que me vieran con el hijo del hombre más respetado de la ciudad —sonrió —. Papá invitó a Dick a cenar, le cayó muy bien así que permitió que él continuara viniendo. En parte lo prefería de ese modo, ya fuese en mi casa o en la mansión Wayne, no en la calle, por seguridad para ambos. En una de estas visitas Dick y yo…
—¿Tuvieron un encuentro intimo?
—Si —me asombró que tuviera el valor de decirlo en televisión nacional —. Fue mi segunda vez, pero la primera de Dick, estaba muy nervioso, no obstante, fue muy gentil, más preocupado por mí que por él. Luego empezó a hablar de los secretos, decía que le encantaba que entre nosotros no hubiese secretos —y rió con sarcasmo seco —. Y yo me sentí terrible, porque él creía que yo le contaba cada pequeña cosa, igual que él a mí.
—¿Qué le dijiste? —Emma tuvo el olfato periodista para detectar lo que vendría.
—Le conté todo —no supe si estaba actuando, las mujeres llorosas me confundían —. Le mostré la caja fuerte de mi padre, donde se almacenaban las pruebas y los nombres de los socios de mi padre. 10 días después, Batman hizo su redada.
—Te manipuló —susurró Emma con horror. Sentí los ojos duros de todos mis compañeros sobre mí, especialmente las mujeres. No, Bárbara seguro no, no miré, pero yo sabía que ella no, ella estuvo presente, después de todo. Un poco más recompuesta, Emma agregó —. En esos días murió tu madre, ¿verdad?
—Mi madre —susurró Helena.
—No te atrevas a abrir la boca —gruñí, deseando silenciarla.
—Mi madre, hay algo que ocurrió antes de su muerte que se vincula con Nightwing y Batman, pero… ¿sabe usted cómo arreglan los gánster las infidelidades?
—No, querida.
—Con un tiro en la frente, por eso no revelé lo que estaba sucediendo. Mi madre y Batman tuvieron una aventura al mismo tiempo que Dick y yo fuimos novios.
Emma soltó la mandíbula.
—¡¿Qué?!
—Yo los vi por primera vez una noche, dos semanas antes de su asesinato —reveló —. Cuando lo hice le conté a Dick, él me dijo que permaneciera en silencio por la seguridad de mamá. Hace unos años la esposa de un socio de mi padre, uno que no fue atrapado, fue pillada con Batman en la misma posición, la descuartizaron igual que a los traidores, así que me callé.
—Espera, espera… Batman y Bruce Wayne, los dos, son famosos playboy, digo, el asunto entre Gatubela y Batman es muy sonado, así como el de Hiedra Venenosa, pero de ahí —gesticuló con sus manos la distancia —, a acostarse con las esposas de los gánster de Gotham… ¿Qué es esto? ¿Su modus operandi?
—Tal vez, no lo sé, pero no fue la única ocasión. Ocurrió muy seguido, casi cada noche, en ese entonces mis padres tuvieron una pelea y papá había cambiado de habitación; él no ponía cámaras dentro de las alcobas, nadie se enteró. Mamá le contó cosas a Batman, los miembros de la seguridad, unas bodegas, la caja fuerte. Entre las dos les dijimos todo… un momento —frunció el ceño. No estaba fingiendo, lo había notado —. Mi madre le contó de la caja fuerte, pero ella no tenía la combinación… mierda.
—Si Batman consigue información por medio de sexo y él no tenía la combinación, ¿me estás diciendo que Wayne ordenó o instó a su hijo de catorce años a tener su primera relación sexual para completar una misión? ¡Qué asco!
Apreté los dientes.
—Si eso es tan malo, creo que lo otro es peor.
—¿Qué puede ser peor, cariño? —la vio con incredulidad.
—Nightwing también los veía tener sexo.
—¡¿Cómo?! —y la mujer soltó sus memo fichas —. ¿Qué tenía en la cabeza ese muchacho?
—¿Viste a tu padre tener sexo? —me cuestionó KF con desagrado.
—Shh.
—La mafia es conocedora de que muchas veces los Robin, Batgirl o Nightwing son usados como vigías en lo que Batman se interna a lugares que considera demasiado peligroso o inadecuados para los niños. Mi casa era una fortaleza de armas, Batman no iba a entrar ahí a hacer semejante cosa sin un centinela que le cuidara la espalda.
—¿Y Dick sabe qué tú lo viste?
—Le dije a Dick que había visto a Nightwing.
—¿Cómo lo localizaste? Si tú lo hiciste, la seguridad de tu padre debió notarlo.
—Ellos se esconden bien. Lo vi porque… mi padre tenía cámaras secretas instaladas en el edificio de al frente. Cuando descubrí a mamá usé las cámaras lejanas para ver al interior del cuarto, ahí vi a Dick, a Nightwing. La seguridad no lo notó porque no lo esperaba, ellos se dedicaban a jugar cartas y hacer apuestas.
—¿Qué tanto observó Dick? ¿Muy de pasada o…?
—Todo —se encogió de hombros —. La cámara estaba justo detrás de él y yo podía ver muy claro lo que ocurría. Incluso él llevaba binoculares.
—Estaba de voyeur —jadeó.
—No, de vigía —aclaró —. No era un voyeur, él contaba con la autorización de su padre.
Emma parpadeó. Vaya forma de decirlo, Helena.
—¿Alguien más lo acompañó? ¿Los niños?
—No —aseguró con fuerza, pero luego dudó. Eso era fingido —. Bueno, sí. Batgirl, Gordon, ella fue un par de veces, le llevaba comida a Nightwing y se quedaba a ver. Ella se reía mucho de la situación e incluso tomaba los binoculares —«Yo nunca…», ignoré el chillido de Bárbara —. Por parte de los Robin, fueron una vez a entregarle algo a Nightwing. Uno de ellos, el alto, Tim supongo, él se marchó de inmediato, pero el otro Robin quiso mirar.
—¿Y? ¿Dick lo permitió?
—Para nada, lo empujó fuera del edificio.
—¿Empujar, empujar? —hizo con sus manos como si estuviera empujando a alguien con brusquedad.
Helena asintió.
—El chico se cayó del piso número 15, pero se sujetó con uno de esos ganchos que ellos manejan y se fue al estilo Spiderman.
Emma abrió la boca, Helena parecía una santa, mis compañeros me asesinaban con la mirada, Kon y Batgirl estaban pálidos y mi teléfono, ja, la lluvia de mensajes lo estaba reventando.
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1. Me lo estoy inventando, no conozco el motivo por el que Jaime y su familia terminaron en El Paso, ni las profesiones de sus papás, aunque tenía entendido que la madre era doctora. Tampoco conozco el estilo de vida en El Paso, estoy usando la información que obtuve de youtubers contando su experiencia viviendo como emigrantes. Si he ofendido a alguien, me disculpo, no fue mi intención.
2. Ok, yo tenía entendido que Zatanna tenía 15 años en la primera temporada, pero la página de Wikia dice que 14 años. En esta historia ella acaba de cumplir la mayoría de edad y abandonó el colegio católico donde estudiaba para poder realizar clases en línea. Zatanna es una chica algo rebelde, no me parece del tipo que viviría de arrimada en la cueva o del dinero de Batman por mucho tiempo.
