SpookyG: Mi hermano, la madrugada se hizo para roncar, ja,ja,ja. Sí, soy de Colombia. Muchas gracias por el comentario.

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«No hagas nada.»

«Los abogados están en ello.»

«Para esa época salías conmigo, cabrón.»

«¿Quieres que la mate?»

Ese era Jason.

Me reí. Mi hermano sabía exactamente de qué forma animarme: con sus chistes perversos.

—¿Es verdad o mentira?

Miré a Wally. Bárbara y Kon eran los únicos que no parecían querer degollarme.

—¿Qué parte?

—¿Batman te ordenó tener tu primera relación sexual para completar una misión?

No con palabras, KF.

—Sabes que no, ¿cómo le crees?

—Por la cara que pusiste al ver el video —agregó Artemis —. Dime que no trabajo bajo las órdenes de alguien así.

No respondí y me levanté del sofá enviándole al carita del mono tapándose los ojos a Zatanna.

—Dick —me llamó M´gann

—Ustedes conocen a Batman, ¿lo ven haciendo algo así? —alegó Kon.

—Hablamos del hombre que lo da todo por la misión, que pone lo que sea por debajo del objetivo —le recordó Wally.

—Bueno, bueno —los reñí —. Dejen las estupideces, mi papá jamás me pediría semejante cosa y lo sabes, KF. Era la misión, tenía que hacerse, yo tomé esa decisión, ¿qué discutimos? Todos hemos fingido, mentido y robado para completar misiones.

Wally meditó dos segundos su respuesta, pero para un velocista eso era igual que darle diez minutos o una hora entera, solo él lo sabría.

—Se trata del ejercicio mental que salió mal, ¿verdad?

Parpadeé. ¿Qué?

—¿De qué estás hablando?

—Le admitiste a Canario Negro que no querías ser como Batman, sacrificar lo que fuese por la misión, pero ahora te acuestas con una chica para apresar a su padre. Felicitaciones, te convertiste en Batman.

Lo vi con ira. Eran asuntos completamente diferentes, yo ya no era un niño, mi punto de vista había cambiado. Los sacrificios eran necesarios y siempre era posible retroceder, acabar con aquello al finalizar la misión.

—No sabes ni de qué hablas —espeté antes de girarme y marcharme indignado.

¿Qué no estuvieron en las mismas misiones que yo? ¿Qué les sorprendía? ¿Cuál era la rareza? Nosotros hacíamos mucho mal para poder hacer mucho bien. La ambigüedad moral era nuestra mejor amiga, ¿qué parte aun no entendían?

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Con carboncillo de pita agregué oscuridad en la última sombra del rostro de mi caricatura. No soltando el papel del caballete, retrocedí un par de pasos para, desde una visión lejana, captar los errores en las formas, el claroscuro y la perspectiva. Aunque fuese una simple burla, yo no iba a ser tan sucio como Grayson y permitir que una obra de mis manos tuviese errores.

No vi desigualdades o falta de equilibrio en la figura de la mujer ensangrentada y de poca ropa, por lo que solté mis herramientas y le di la vuelta al tablón del caballete, así ni Pennyworth o padre podrían ver el dibujo y regañarme. Los errores invariablemente se hallaban escondidos en el más recónditos de los lugares, volvería mirarlo en un par de días antes de dar por culminada mi obra.

Me retiré de mi habitación de arte considerando seriamente si ir a la cocina a por un bocadillo o retomar con mi violín. Últimamente me inclinaba por las obras de maestros cubanos, sus composiciones eran muy vivas y alegres.

Comeré y volveré, me prometí. Sin embargo, en las escaleras noté que mi apetito y mi música tendrían que esperar, padre se acompañaba en la sala principal con un ejército de abogados. El más joven, un hombre vulgar y excesivamente energético, fue el único en notarme.

—¿Sucedió algo? —pregunté descendiendo lentamente.

Padre alzó la vista para mirarme.

—Buenas noches Damián. Sí, hijo, hubo un pequeño incidente. ¿Ya cenaste?

—Sí.

—¿Tienes hambre?

—Sí.

Padre sonrió.

—¿Por qué no ayudas a Alfred en la cocina? Prepara bocadillos para nosotros en este momento.

Me tragué un discurso sobre como yo, el heredero Wayne y Al Ghul, no tenía sitio con los sirvientes, porque padre reaccionaba muy mal con mis acertadas palabras.

—Sí, padre.

Mi progenitor alzó una ceja ante mi aparente docilidad y volvió la vista a lo suyo. Bajé completamente las escaleras y me interné en el pasillo a la izquierda. Pennyworth trajinaba con unos canapés de jamón y hongos.

—Vaya, miren lo que trajo el viento —comentó sarcásticamente.

—No te emociones tanto Pennyworth, no pienso ayudarte.

—No me atrevería a suponerlo. ¿Desea leche, amo Damián? Con unas galletas de chocolate estoy seguro de que logrará dormirse.

—No me trates como a un niño —gruñí observando el reloj de la cocina. Se acercaba la media noche; el anciano había acertado en algo, pronto padre me mandaría a la cama —. ¿Qué fue lo que sucedió?

—Antes de su llegada a la mansión, el amo Dick se involucró con Helena Bertinelli —narró sin detener sus movimientos. Abrí la nevera y saqué la leche embotellada, yo ordeñé aquella mañana a la Bati-vaca —. Fue debido a una misión, con la cual se logró la captura del mafioso italiano Guido Bertinelli. Con todo lo sucedido, la señorita Bertinelli cayó cuenta de que el amo Dick la utilizó para conseguir información de su padre e infiltrarse en el edificio donde ella vivía con su familia.

—¿Y cuál es el problema? La misión fue un éxito, Bertinelli está preso.

Me senté en la barra de la cocina a beberme un vaso de leche y a meter mano en los canapés que Pennyworth me separó; a estos no les puso jamón.

—La señorita insinuó que el amo Dick sostuvo relaciones sexuales con ella debido a una orden de Batman, lo cual es parcialmente cierto. Esto se puede considerar un tipo de abuso sexual por parte del maestro Bruce al amo Dick.

—Pero la misión se cumplió —argumenté sin entender el problema.

Alfred me sonrió con la charola de bocadillos en las manos.

—En algunos aspecto, amo Damián, usted es igual que su padre —y no me brindó más explicaciones, marchándose a atender a nuestros invitados.

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Como en cada ocasión, fue humillante tener que gritarle a mi hijo que bajara de su alcoba para poder hablar con él. Atrapado en esa silla de ruedas, no era mucho lo que yo podía hacer.

—¿Me requieres, papá? —me preguntó educadamente. Tim usaba su pijama, pero yo no era tan tonto como para suponer que en verdad dormía, lucía muy despierto y sin el más mínimo rastro de sueño.

—¿Has visto las noticias?

Tim se detuvo en el primer escalón; iba descalzo, uno de sus pies tenía un moretón desvanecido.

—Sí papá, ¿te refieres a lo relacionado con la misión Bertinelli?

—Misión Bertinelli —tartamudeé —. ¡¿Eso ocurrió tal cual?!

Mi hijo parpadeó antes de responder.

—Confidencial… de hecho, no conozco la historia, yo no me involucré.

—¿Pero ocurrió?

—¿La misión? Sí.

—Bruce, Batman, él, ¿él hizo que Dick tuviera sexo para conseguir información de Guido Bertinelli?

—No.

Y miró al suelo, a mi hijo no se le daba bien mentirme.

—Lo hizo —susurré.

—No, no realmente —se apresuró a decir —. No fue una orden explícita, solo…

—¿Solo qué? —traté de contener mi molestia. Me empezaba a arrepentir de permitir a Tim continuar rondando a la familia Wayne.

—Batman le pidió a Dick que consiguiera información sobre la caja fuerte, no especificó de qué manera. Si Dick y Helena sostuvieron relaciones sexuales, fue una decisión de Dick… y de Helena, claro.

Repasé los hechos en mi cabeza, existía un segundo tema que me consternaba.

—¿Bruce se acostó con la señora Bertinelli?

Si esa historia era cierta, Bruce era un asqueroso.

—Creo que sí.

—Creo y una mierda —mi tono lo sorprendió. Yo jamás le había hablado así, pero estaba harto de sus evasivas —. Estuviste ahí al menos una vez. ¿Qué viste?

Tim removió sus pies, al darse cuenta se quedó quieto. Significaba que aún me respetaba lo suficiente para no ser capaz de mentirme a cabalidad.

—Am, pues, yo llevaba una lasaña a Dick, Robin se me pegó. Eché un solo vistazo, por curiosidad. Batman y la señora… ellos, bueno, ella estaba desnuda. Vi sus nalgas y me fui porque sabía que estaba mal.

—¿Dick tenía perfecta visión de su padre?

—Hmp.

Lo tomaría como un sí. Suspiré.

—Hay que dar aviso a los servicios sociales.

—¡No! —exclamó retrocediendo —. No lo harás. No hay nada que alertar.

—¿Nada? —pedí con incredulidad —. Tim, Bruce hizo que Dick lo viera tener sexo por dos semanas, él no debió haber hecho eso, es ilegal e inmoral y… jodidamente horrible. Y puede que Bruce no le haya pedido a Dick acostarse con la muchacha esa, pero si ese era el ejemplo que él aprendió de su padre, entonces Bruce sí es culpable de que Dick tuviera sexo con la chica Bertinelli. Y no los quiero cerca de ti.

—Alguien debía ser el vigía. ¿Vamos a volver a tener esta conversación? —se quejó con esta frase sobre el asunto de él siendo Red Robin — Además, Dick no es un niño estúpido, ni siquiera era virgen, Bruce se lo preguntó al enterarse.

—¿No lo era?

—No, él se acostó con… no importa.

Alcé una ceja.

—No me gustas que sepas de estas cosas, tiene once años. Quiero alertar a los servicios sociales.

—No lo harás —determinó. Lo vi con diversión.

—¿No me dejarás? Podrás ser Robin, pero yo soy tu padre.

—Red Robin —me corrigió —. Y no necesito obligarte, esta conversación no ha ocurrido.

Pasmado, lo observé subir a su alcoba.

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Mis abogados eran tiburones que comían ballenas, pero hasta ellos se vieron atorados con el encargo. En los últimos años, cuando se mencionaba a una mujer vulnerada, se armaba un debate virtual incontrolable y las declaraciones de la señorita Bertinelli alborotaron un tierrero desaforado. La orden de revocarme la custodia de Dick era una amenaza constante que apurado rebatíamos con el tema de la seguridad. Cuando la señora Wilson encontrase un método para hacerse con una casa cuya dirección no se hallase en el sistema, se firmaría esa orden.

La Corte de los Búhos, las astutas ratas, ya se encontraban levantando un polvorín con publicidad falsa, mensajes masivos a WhatsApp, emails y Facebook, sin mencionar locutores y periodistas comprados.

—¿Cómo va? —oí a mis espaldas. Dick era muy bueno en el sigilo, ni lo sentí.

—Mal —confesé sin voltear a verlo. Iba a ser honesto con él, como me lo pidió —. ¿Recuerdas el favor que te pedí hace unas noches?

—Si papá.

—Hazlo ya.

Dick no respondió, los abogados se aguantaron su curiosidad viendo de reojo a mi hijo desaparecer escaleras arriba. La fórmula que Dick emplease, nuevamente, me era desconocido; siempre que el objetivo se cumpla, estaremos bien, repetí mi lema. ¿Qué tanto era que Dick hubiese tenido sexo con Helena? Se divirtió y nos consiguió la clave de la caja fuerte, él estaba bien, sin trauma psicológico y eso era lo único que importaba. Dick era un chico medianamente moral, conocedor de cuando hacía algo mal o bien y del peso que traían sus acciones. Me preocuparía cuando fuese Damián el de esos escándalos, pero con Dick no.

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—Odio hacerle esto a las chicas —murmuró Billy terminando de corregir el veloz artículo que escribió. Nuestro blog era un éxito, verdaderas visitas se daban ahí, íbamos por unas 1200, lo que no era tanto, pero igual era bueno. Y mientras Billy se ocupaba de escribir el artículo, yo me encargaba de aumentar la publicidad del Blog con Kon.

La maliciosa declaración de Helena Bertinelli

En las últimas horas se desató un revuelo debido a las declaraciones de Helena Bertinelli, una joven que conoció íntimamente a Dick Grayson, alias Nightwing, en el programa de Emma Jones. La señorita Bertinelli, de 18 años, declaró haber visto cicatrices y moretones de diversos indoles en el cuerpo de Grayson, de quien fue novia y con quien sostuvo relaciones sexuales al menos en una ocasión, teniendo ella 17 años y él 14. La señorita Bertinelli no ofreció pruebas, se limitó a hablar.

¿Cómo podemos confiar en su palabra? Bertinelli destapó un supuesto escándalo sexual que inmiscuye a Bruce Wayne, alias Batman, relacionando a este con su señora madre (la mamá de Bertinelli), el cual ella supuestamente calló en su momento por miedo a las represalias de su padre, un reconocido mafioso; también ella dio a entender que fue manipulada por Grayson para dar información sobre su padre, contó que vio a Grayson ser observador de los supuestos encuentros sexuales de los padres de ambos y que, como guinda en el pastel, los Robin y Batgirl fueron testigos en menor medida. Esta información sería insólita y macabra de ser cierta, ya que hablamos de, en ese entonces, cuatro menores de edad, pero, volvemos a lo mismo, ¿qué pruebas tenemos?

Ninguna, solo la declaración de una exnovia con muchos motivos para estar enojada con Grayson, de quien lo único que sabemos es que es un héroe, nos lo ha demostrado infinidad de veces, igual que su padre, Batman, y el resto de su familia. Una noche antes de la declaración de Bertinelli, Batman y Nightwing rescataron a 105 niños de ser vendidos en trata de blancas y si bien es cierto que esto no significa que sean un par de santos que no rompen un plato, nos recuerda que ellos no son personas que merezcan ser acribilladas sin una prueba o un testigo más allá de Helena Bertinelli, la hija de un mafioso que sembró pánico en Gotham por casi una década.

A mi parecer, sin una correcta investigación, la ley no debería ir contra la familia Wayne, de quienes esperamos una pronta declaración que aclare la versión de Bertinelli para saber si existe un verdadero caso de corrupción infantil por parte de Wayne o, por qué no, la señorita Bertinelli ha malentendido la situación producto de la sorpresa de enterarse que fue novia del reconocido Nightwing, un enemigo de su padre, responsable de ser participe del operativo que dio con su captura y encierro.

—Yo lo veo bien —comentó Kon, leyendo desde su asiento el computador del Blog —. No te pones de ningún lado, eres abierto a que ellos pudieron ser culpables, pero recalcas el respeto por el buen nombre de los Wayne y la necesidad de mayor información antes de dar veredictos.

—Sí, pero estoy alegando en base a que Bertinelli no es confiable —defendió Billy su punto —. Ella tiene derecho a declarar y a no ser juzgada por su pasado, lo que yo estoy haciendo. Las mujeres tienen ese inconveniente, es fácil minarlas y destruir su credibilidad porque… son mujeres.

—No necesariamente —aporté —. En este caso hablamos de la sorpresa y el shock que lleva a una persona, indiferentemente del género, a unir puntos pesimamente. Les sucede a los hombres.

—Sí, pero a los hombres les creen. Además —Billy me miró con uno rostro neutro —, ella no se equivoca.

—¿De qué lado estás tú? —mascullé, cansado de las críticas de mis conocidos.

—Del tuyo —se encogió de hombros —. ¿Acaso yo no me he puesto en tu misma posición? Entiendo perfectamente el por qué lo hiciste y sé que fue lo correcto en la gran escala de las cosas, pero no deja de ser injusto con Helena, pues lleva razón, fua manipulada y adulterada —los dos lo vimos inquietos. ¿Qué tanto sabía Billy? La liga no se enteró de los detalles de esa misión —. Vamos, no me miren así, que Batman también me entrena a mí, conozco sus métodos.

—¿La drogaste?

—Sí, Kon… un tranquilizante, no la dopé por completo. Se lo di varias veces en su comida o en dulces, lo suficiente para hacerla dócil.

Billy negó con la cabeza y autorizó en la página para que la entrada del Blog se publicase.

—Hacemos cosas crueles por un bien mayor, el anonimato nos permite no sufrir las consecuencias, tú ya no cuentas con ese lujo. Esto —apuntó a la laptop —, es un mal necesario.

Asentí, absolutamente de acuerdo.

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La maquinaria de Dick, a la par con la propia publicidad de la Liga y el abuso que le dimos a la de Wayne Enterprise no fue suficiente para que la orden no se firmase; lo comprendí, eran menores expuesto a abuso y la orden se firmó bajo el pretexto, muy válido, de no darme chance de coordinar respuestas con mi hijo, una vez encontraron una casa disponible cuya información fue sacada del sistema. También quisieron tocar a Damián, pero el señor alcalde de Gotham no lo permitió, tendría que agradecérselo personalmente.

Recibida la notificación de la orden, la señora Wilson tardó quince minutos en aparecer en la mansión. Los guardaespaldas la escoltaron desde la entrada con normalidad, yo la atendí en la puerta.

—Buenas noches señora Wilson.

—Buenas noches, señor Wayne —me sonrió.

—Disimule al menos —me burlé de ella. Por respuesta, ella me tendió la orden del juez. Examiné el documento para cerciorarme de que no hubiera una inconsistencia que pasara por alto. Lastimosamente, no ocurrió —. Alfred, llama a Dick.

—¿Sin pelear? —preguntó con curiosidad la señora Wilson.

—Es una orden legítima, no protestaré, pero permítame hacerle una advertencia.

—Señor Wayne —me llamaron la atención mis abogados. Volteé a verlos, Alfred desapareció escaleras arribas. Todos ellos, incluyendo a los guardaespaldas, creían que iba a amenazarla.

—¿Va a amenazarme? —y la señora Wilson me lo confirmó.

—Para nada, mi señora. Mi advertencia es sobre Dick —ella borró su sonrisa —. Él no se irá sin protestar y no se va a someter a sus condiciones.

—He trabajado con muchos niños antes, sé que esperaré molestias y apatías de parte de Richard.

¿Molestias y apatías? Ja.

—Vigílelo, no lo descuide ni un segundo. Dick fue entrenado para escapar de cualquier situación y esconderse de incognito por meses, explíquese bien ante él y sea cuidadosa con las palabras que usa.

Me callé, porque oí los zapatos de Alfred. Él guardaba el ligero tacón clásico de los antiguos zapatos masculinos.

—¿Para qué me nece…? ¡No iré!

—Cariño, hay una orden firmada —traté de razonar con él.

Dick apretó la barandilla con sus manos, Alfred se detuvo al inicio de la escalera, aguardando a que él lo acompañara.

—No me importa. La casa a la que me envíen debe de tener listo un carrobomba enfrente. No voy a salir de la seguridad de la mansión.

—Richard, nosotros tenemos nuestras propias medidas de seguridad —declaró la señora Wilson dando un paso al frente —. Solo mi jefe, mi asistente y yo conocemos la dirección de la casa.

Dick frunció el ceño.

—La información se filtrará. No iré.

—Sé que estás asustado, pero no tienes por qué temer —y me miró de reojo muy obviamente —. Nadie te hará daño ni te obligará a hacer lo que no quieres.

Idiota, ¿no le dije que cuidara sus palabras?

Dick captó el mensaje subliminal de la señora Wilson; su agarre en la barandilla se incrementó, sus nudillos se blanquearon.

—Hijo, prepara una maleta para un par de días.

Mi niño me miró con dolor e ira.

—¡¿Estás de acuerdo con esto?!

—Hay una orden firma, ¿qué quieres que haga? —lo increpé con dureza.

—No dejes que me lleven, por favor —su fiereza se debilitó, permitiendo entrever al niño asustado que era.

—Solucionaremos esto, amor, pero por ahora tienes que ir —le hablé con dulzura, así obtendría una mejor colaboración.

Dick alisó su rostro, guardó sus emociones para sí como le enseñé y desapareció pasillo adentro.

—Un niño muy práctico —alagó la señora Wilson.

—Lo es. No confíe en él, Dick es un mentiroso profesional.

Ella me vio con una ceja alzada.

—Es su hijo —recalcó.

—Así es, por eso mismo tenga cuidado. Podrá ser un héroe y haber sido educado para acatar la ley, pero en el fondo él no es más que un niño que se asusta y que no quiere alejarse de su casa.

—No fui yo quien lo puso en una posición de adulto, señor Wayne.

—Yo jamás di la orden de que él tuviera sexo con Helena Bertinelli —aclaré —. No era necesario que fuesen novios, bastaba con que Dick entrara a su casa, pudo haber sido por un mero trabajo escolar.

—El punto es que sigue siendo una amistad por cumplir una misión. ¿No entiende lo que hizo? Y ni hablemos de que él fuese su centinela mientras usted se acostaba con la señora Bertinelli.

—La misión se cumplió —intervino Damián, saliendo de la cocina —. La red más grande de tráfico de drogas en Gotham se quebró gracias a Dick. ¿Cuál es su maldito problema con eso?

La señora Wilson apretó los labios.

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No tengo qué, murciélago, me susurré colándome en la alcoba de papá. Yo sabía que él ahí tenía… bingo. La caja fuerte se escondía detrás de la pintura marina, muy a lo cliché. 2-7-1 era la contraseña. Desconocía si a Bruce o a Alfred les notificaban al abrirse la caja fuerte, pero esperaba que no o me detendrían. Suprimiendo mi sentimiento de culpa por tomar el dinero de Bruce, uno que él no me hubiese entregado personalmente, saqué uno de los fajos y lo escondí entre mi ropa. Cerré la caja, reacomodé el cuarto y corrí en silencio a mi habitación.

Una casa de seguridad cuya dirección nadie conocía… no, yo necesitaba que esa información se filtrase y ocurriese un suceso que nos permitiera pujar para eliminar esa orden. Por inercia, llamé a Jason, él sería el único que no aprovecharía el despelote para matarme.

—¿Qué necesitas?

Ya se había enterado.

—Un susto, uno grande.

—¿Carrobomba?

—Puede ser —me interné en mi closet, sacaría ropa para tres días —. No tengo la dirección, pero te la conseguiré —e hice una pausa. ¿De verdad iba a ordenar un carrobomba? —. Jason…

—¿Sí?

—De mentiras, Jason.

—No te preocupes, yo me encargo.

Y colgó. Quizás… quizás no debí buscar a Jason. ¿Él sería capaz de poner un carrobomba de verdad en un barrio cualquiera? Sí, Jason, tal vez, fuese capaz. Tomé una identificación falsa de entre mis posesiones, un teléfono de repuesto, mi celular, con el que me comunicaba con mi hermano y el que manejaba como Dick Grayson, los guardé en la maleta, menos el mío y el de repuesto, que sería la carnada, esos los puse uno oculto entre mi ropa y el otro en mi bolsillo. Escogí una chaqueta de mezclilla, me puse el cinturón de herramientas bajo la ropa y tomé mi reloj/computadora. El dinero y la identificación falsa los metí entre la ropa, que empaqué en una mochila de viaje de cuero.

Solo faltaba la dirección.

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Para cuando Dick apareció, Damián continuaba con nosotros, ignorando las peticiones de la señora Wilson de irse a la cama. Mi hijo bajó las escaleras con un silencio mortal.

—¿Tienes todo? —casi no logré frenar el estremecimiento que me causó la ira de mi hijo, una ira dirigida a mí.

—Falta mi medicina.

—Alfred las empacó junto con tu proteína.

—Yo las tengo, Dick. ¿Te puedo llamar Dick? —pidió la señora Wilson con amabilidad, queriendo comprarlo.

—No.

Ella parpadeó y tragó. Dick fue hasta su hermano, recostado en el muro. Algo le susurró, lo que fuera, hizo reír a Damián.

—Es hora de irnos Richard.

—Claro —me inquietó lo dócil que lucía. Aun enojado, Dick se dirigió a mí con la clara intención de obtener un abrazo.

—No puede tocarlo, señor Wayne —me indicó la morena.

—Es un abrazo —alegó Dick, deteniéndose.

—El bienestar emocional de mi cliente no debe de ser vulnerado, señora Wilson —intervino el joven abogado —. Usted más que nadie debe saber el daño que genera a un niño la falta de afecto paterno.

—Mi respuesta sigue siendo no.

Dick la miró como si se la fuese a comer, en el mal sentido.

—¿Cuál es su jodido problema con Bruce?

Ella cambió su lenguaje corporal, apretó su bolso, los dedos de sus pies y los de sus manos.

—Es hora de irnos, Richard. Dame tu teléfono.

Detuve la mano de Dick antes de que él entregase ese celular de repuesto.

—¿Qué?

—Señor Wayne, suéltelo.

La ignoramos; Dick se me quedó viendo y yo le dije muy claramente con mis ojos lo que pensaba de lo que estaba haciendo.

—¿Por qué?

—Hay que cumplir la ley, Dick. Entrega tu verdadero teléfono —y tomé el de repuesto. La mujer lució sorprendida ante eso, supongo que jamás se le ocurrió que Dick fuera así de resbaladizo. Mi hijo nos sorprendió a ambos sacado su celular de su mochila y aventándolo al suelo, rompiéndole la pantalla en mil pedazos.

—¿Feliz? —me gruñó.

—Agradece que no puedo tocarte o ya estaría metiéndote una bofetada, mocoso altanero.

—¡Señor Wayne! La violencia…

—¡Ay ya cállese! —le gritó Dick —. Lo consiguió, me sacó de mi casa, ¿qué más quiere?

—Quiero ponerte a salvo —le dijo ella muy sinceramente. Sí, la señora Wilson no actuaba de mala fe, pero…

0oOo0

—Sí, claro —me burlé —. Afuera, donde están los mafiosos, las granadas y los francotiradores. ¿Por qué no mejor me dice a qué sitio me van a llevar?

Pude asegurar por el nivel de irritación de Bruce que al volver a casa me castigarían monumentalmente. No debí romper así mi teléfono, debí ser más colaborador, pero ya estaba harto.

—Un lugar seguro.

—Dirección —solicité.

—Te la diré si subes al auto —negoció.

Fruncí el ceño.

—No es como que tenga opción —y ella, creyendo que había logrado algo, me señaló el camino de salida. Yo miré a papá —. Lo siento, murciélago. Sé que estás enfadado, mas, ¿me das el abrazo?

Papá se ablandó un tanto conmigo, oh aún iba a darme de a bofetadas, pero me abrazaría.

—Señor Wayne, no puede tocar a… —con una ceja alzada, me abalancé a Bruce, rodeándolo con mis brazos —. Suéltelo.

—Yo no lo estoy tocando —se defendió Bruce, quien permaneció inmóvil.

—Richard… —lo intentó.

—Tengo quince años, puedo romper la ley porque soy un joven, casi un niño, al que se le permite hacer estupideces y salir inmune dado que… pues, ¿cómo se supone que yo entienda si estoy haciendo mal o no? ¡Sí soy un niño! —le aumenté la ironía a esta última frase. Los abogados rieron entre dientes.

—Tú no eres un niño —se quejó ella —. Conoces la constitución, la ley de Gotham, tú entiendes de ética ciudadana, no eres un ignorante.

—Entonces deje de tratarme como si fuera un mocoso ignorante —le respondí oscuramente, soltando a Bruce, a quien volteé a ver —. Me vas a pegar cuando vuelva, ¿verdad? —sonreí.

—Tenlo por seguro —garantizó con fuerza.

Sonreí salvajemente, las golpizas de papá eran… terroríficas, pero en ese momento, a punto de ser enviado lejos, me parecieron entrañables.

Sorpresivamente, a todos nos llegó una notificación: a los abogados, a Bruce, a la señora Wilson, a Damián, a Alfred y a mi, roto, pero aún funcional, teléfono. Yo no recogí el mío, aquel era el celular de Dick Grayson, nada importante le llegaba. La morena tampoco revisó el suyo.

—Vámonos ya, Richard.

Soltando el aire de mis pulmones, cedí, se me acabó el tiempo en la mansión.

—No, usted no va con él a ninguna parte —y Bruce me tomó del brazo.

¿Ah? ¿Qué cambió? Nada, solo… revisó su teléfono. No pasé por alto el pánico tatuado en los rostros de los abogados.

—No puede oponerse, señor Wayne.

—Sí, en esta situación sí —y le tendió su celular.

—Mierda —susurré.

Era un tweet de «La banda de la Capucha Roja», con la fotografía de una camioneta repleta de dinamita y pólvora. Quien tomó la foto enfocó, así mismo, a unas manos sosteniendo dos lazos de regalo, uno rojo y uno azul.

«Ya tenemos preparado tu regalo, Grayson, (espero que te gusten las explosiones), pero responde algo, ¿azul o rojo? Me inclino más por el rojo, mas tú eres el felicitado.»

Bueno, Jason supo meter miedo sin necesidad de poseer la dirección, favor cumplido.

—Capucha roja… ¿sería capaz de verdad de poner un carrobomba? —nos preguntó la señora Wilson con horror.

—¿Usted cree qué esto era bromeando? Si me ven afuera, me mataran —dije con crueldad —. Capucha Roja volará la ciudad con tal de dar conmigo.

—Dick se queda aquí, fin de la discusión —y al mirarme, me asesinó con los ojos. Oh, papá vio el engaño, lo que no significaba que no lo fuese a aprovechar.

—Pero la orden…

—Señora Wilson, hablamos de la seguridad de toda la ciudad —lo interrumpió una llamada, era el alcalde —. Permiso.

Me obligué a contener mi sonrisa salvaje, pero Damián no lo hizo, él recogió mi teléfono y me lo tendió con un gesto vivaracho. Nos salvamos por los pelos.

—Aún hay que realizarte el análisis médico.

Por respuesta, le di la espalda y me alejé escaleras arriba. Hora del continuar el plan.

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—¿Crees qué lo dejen en su casa? —me preguntó Barbara, a quien no oí entrar a mi oficina.

—¿Cómo hacéis eso? —pedí. Por respuesta, ella me sonrió —. La señora Wilson alega qué, si se dice que Dick está en la mansión, los terroristas se calmaran y ella podrá llevarlo a la casa de seguridad, el señor Wayne dice que es demasiado peligroso, el alcalde y yo lo estamos apoyando.

—¿Y quién la apoya a ella? Revisé las estadísticas, en Gotham a nadie le importó lo que pasó, todos opinan lo mismo, Helena es una idiota que se dejó engañar y su padre es escoria, Dick hizo bien en robar la información.

Suspirando, solté mi computadora y volteé a verla de frente.

—A ella la apoya el resto del mundo, todos fuera de la cloaca de Gotham, incluyendo las Naciones Unidas…. Batman jamás me explicó como consiguió tanta información. ¿Qué parte de la historia de Helena Bertinelli es mentira?

Ella se demoró en responder.

—Bruce no le pidió a Dick que se acostara con ella, solo que trajera la información.

—¿Especificó el método?

—No.

—¿Y Wayne se enojó al enterarse?

—Sí —estaba mintiendo, sin su máscara, yo leí mejor a mi hija —. Lo regañó muy feo, pero estaba hecho y el objetivo cumplido, por lo que Dick se libró de un castigo.

—¿Batman te ha puesto en una situación similar?

—No.

Mentira. No quise saber más.

—Vete a casa y duerme —suspiré dándole la espalda y retomando al archivo que miraba en la computadora.

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—Eres una rata afortunada —anuncié, ingresando por el transbordador del closet a la habitación de Dick. Creí que me lo toparía solo, pero estaba con Conner y Billy, quien yacía recostado en la cama, dormido. ¿Qué sucedía ahí?

—Oh, hola, ¿te nos unes a la fiesta? —mi amigo de toda la vida me sonrió y cubrió su computadora para que yo no viese el contenido; Conner cliqueó algo e hizo lo mismo.

—Más o menos. Venía a decirte que te fue muy bien y a preguntar qué tal estás.

—Todo genial, Capucha Roja interfirió con una precisión mortal, justo cuando me iban a sacar de la mansión.

Asentí, en Central City nuestros villanos nos colaboraban esporádicamente, no era tan extraño para mí, aunque en Gotham era inusual. Ah, bueno, de seguro Capucha ni sabía que iba a ayudar a Nightwing.

—¿Y ustedes que hacen reunidos?

—Es un grupo de autoayuda —contestó Billy, entreabriendo un ojo.

Dick y Conner resoplaron, lo que se convirtió en una risa con todas las de la ley. El timbre en el teléfono pequeño que Dick cargaba a todas partes nos interrumpió.

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—Aló —dije con una exagerada voz caricaturesca.

—¿Funcionó?

—Pues claro, idiota. Te… —y miré a Wally. Nadie, absolutamente nadie fuera de mi familia conocía la identidad de Capucha Roja —. Te luciste con esa maqueta.

—¿Hay espías en tu casa? —se burló Jason masticando algo.

—No necesariamente. La maestra te pondrá un diez, pero, no lo sé, no está del todo feliz con el resultado.

—Bruce va a azotarnos a los dos. Me defenderé, soy un hermano menor obediente.

—Ja.

—Te dejo, sigue en lo tuyo, héroe.

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Esa llamada de Dick era, a vivas luces, un mensaje encriptado. Le hicieron un favor, uno importante si la maestra… ¿Batman?, bueno quien fuese, estaba contento, pero molesto. No me molestaba una llamada encriptada, solo no me agradaba que yo fuese el único, aparentemente, que no tenía la más puta idea de que sucedía.

¿En qué momento Dick y yo nos alejamos? Lo pensé mientras él colgaba, ese segundo me brindaba un buen rato a mí.

La distancia ocurrió cuando yo dije que me marchaba del Equipo, para mi viejo amigo eso fue una ofensa. Y la distancia aumentó al empezar yo a pasar menos tiempo con él, ¿acaso eso era mi culpa? Tenía que conseguir un buen pase a la universidad, lo que ya no era un dificultad, dado que desde que se descubrió que yo era Kid Flash las universidades peleaban por mí; Dick tenía un papá que lo pondría a estudiar en la Luna si eso al niñito se le antojaba, no todos contábamos con esos privilegios.

—Yo… debo ir a dormir ya, tenemos clases en la mañana.

—Sip.

—Ajá.

—Gracias por venir viejo —y me sonrió.

A los otros no les importaba la escuela o sus notas, lo más normal tratándose de ellos: el Campeón de la Tierra y el hermano de Superman, protegidos personalmente por gran parte de la Liga de la Justicia.

—Adiós…

—Oye, espera —se apresuró a decir Dick —. Quiero hacer un directo, tratar de calmar a los campesinos con antorchas y horcas.

Alcé una ceja.

—¿Campesinos? —lo critiqué.

Dick miró nervioso a Conner, quien resopló, Billy se había vuelto a dormir. Ese niño no descansaba lo suficiente.

—Solo era una referencia a Frankenstein, no quise sornar ofensivo —se defendió con un tono de voz dubitativo que yo sabía que él era capaz de fingir perfectamente.

—Lo sé viejo, pero no me quedaré. Usa a Conner, te ha dado éxito —y sin aguardar respuesta, me marché por medio del transbordador. Alcancé a oír una pequeña queja entrecortada.

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—¿Por qué se enojó? —pidió Billy dando la vuelta en el colchón para quedar boca abajo.

—Ni idea. Ha estado delicado —consideré, sin poner verdadera atención; luego trataría con Wally, era vital tranquilizar a las personas alborotadas debido a la cancelación oficial de la orden —. Ven Kon, pon tu cara kriptoniana aquí.