¡Buenas! ¿Qué tal? Primero que todo, gracias a los dos comentarios de Gensitapotter y andres888.
Gensitapotter: Muchas gracias por comentar. Efectivamente trato de publicar lo más seguido que puedo, pero sin echar a perder la obra. Si le gustan los fics largos, este lo será, quizá unos 50 capítulos, tal vez menos, pero hay tela para cortar.
Andres888: Gracias por comentar. Creo que es el comentario más largo que he recibido, ja, ja, y quiero responderlo por partes. Primero, sí, hay fics interesantes y divertidos, pero sobre el asunto de las identidades, me temo que he encontrado escasos fics decentes, hubo uno, pero lo borraron, era sobre Kid Flash. ¿Qué es un The Boys? ¿Es una serie o un término?
Por otra parte, sí, mi idea era que ellos no fuesen un faro de luz, nadie lo es, debajo de las máscaras son personas.
Con Dick se dará un profundo análisis de la conducta, en esta historia él es un chico muy rígido, muy… estricto. Para ejemplificar, él sabe que mentir y engañar está mal, él sabe que hace algo repugnante y, cuando toquemos la parte religiosa (qué será más bien sobre moralidad), él mostrará lo duro que se juzga él mismo. Conner demostrará ser un tanto machista; debido a que dos de los personajes principales son ricos (excesivamente ricos), se dará cierta desigualdad social, como la que Kid Flash señaló en el anterior capítulo. Con Billy, él en esta historia sigue siendo un buen niño, pero es astuto, sabe quien es, su título es El Campeón de la Tierra, tiene el autoestima muy alta y no se deja amedrentar de nadie, ni siquiera en su forma infantil.
Ah sí, las escenas de risa me matan a mí también. Son para aligerar el fic y que no quede tan pesado. Dick es el personaje principal, pero no es el único, por ejemplo, en este capítulo él no aparece tanto como en los otros.
Es cierto, estoy haciendo una sátira en algunas cosas, no estoy siendo políticamente correcta, me encanta que los personajes tengan tantos defectos y sean tan humanos, tan débiles y malvados en ocasiones, en el fondo siempre buscando su propio beneficio. Las destapadas de los nombres dañan los planes de todos, suceden aleatoriamente, ni siquiera yo sé quien es el que sigue, es un sorpresa porque su misión en la historia es perturbar y arruinar todo, incluso a mis propios escritos y borradores.
Muchas gracias de nuevo, su comentario me gustó mucho, fue muy crítico.
Ahora sí, a la historia.
Pd: Sigan comentando, si hablan otro idioma igual escriban, para algo está Traductor Google.
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Respondí a la petición/orden de Dick acercándome a él y sentándome a su lado en esa inmensa cama, recostando la espalda en la pared lateral. Billy, por su parte, cayó rendido nuevamente.
—¿Estás seguro de ese directo? Es tarde. No queremos echar más leña al fuego —señalé.
Dick bajó su teléfono. Lucía cansado.
—¿Qué ha sucedido? Perdí mucho tiempo con la trabajadora social.
—Se creó un hashtag #quegraysonresponda (que Grayson responda, pensé en copiarlo separado, por si se enredan o al traducir la historia no se entiende). Hay otros más, pero este ha sido el más popular; las feministas se encuentran furiosas, quieren comerte vivo, pero Bertinelli tampoco está en pedestales, muchos la están criticando, especialmente personas a tu favor y del de la Liga, ellos dicen que si ella abrió la boca y reveló los secretos de su papá con el chico que se acostaba, lo que sucedió es su culpa, que tú únicamente usaste la información que tenías a tu alcance. De la misma forma se dividió el grupo que critica a tu padre, uno a favor, otros en contra.
Absorbiendo la información, el moreno activó su teléfono y buscó Twitter, me incliné sobre su hombro a ojear. Los hashtag que le nombré lo etiquetaron en un millar de publicaciones en diversos idiomas.
—Les diré que mañana les doy mi versión de los hechos —y eso hizo, de una forma molesta, respondiendo a un comentario que decía: «#quegraysonresponda ¿Acaso Grayson no piensa hacerse responsable? ¿O es qué va a esconderse?»
«Jódanse, es la una de la mañana, necesito dormir algo. Ya luego les cuento, que chismosos y faranduleros son ustedes.»
Bufé. Oí algo abajo. Pocas veces antes estuve tanto tiempo en la mansión Wayne, yo prefería embotar mi audición en esta mansión y evitar enterarme de lo que no debía.
—Hay unas pisadas fuertes… tu papá está enojado.
—Me lo imagino. ¿Cómo van las cifras?
—La corte esa se mueve… viejo, prepárate para el toro bravo que viene.
Dick no alcanzó a soltar uno de sus maliciosos comentarios, la puerta se abrió con fuerza, sin despertar a Billy. Por ella entró un muy furioso Batman con cinturón en mano. ¿Clon de Superman? Ja, yo quise desaparecerme.
—Hola Bruce —tanteó Dick colocándose de pie. Le temblaban las rodillas.
—¡Sal, ya! —exclamó de la forma más suave posible, echando un vistazo a la forma del niño dormido.
Lentamente, Dick obedeció, cubriéndose con los brazos los costados y la cara al pasar junto al murciélago, quien no perdió la oportunidad de alcanzarlo con su cinturón en la espalda; ese sonido sí despertó a Billy. El señor Wayne cerró la puerta con fuerza, no necesité mi súper oído para escuchar los siguientes golpes.
—¿Qué pasó? —jadeó Billy —. ¿Por qué le está pegando?
—Dick hizo algo, supongo —musité afinando mi oído. Ya los dos estaban al final del pasillo.
Lo siento, lo siento. No encontré otra solución.
¿Un puto carrobomba? ¡¿Sabes lo arriesgado que fue?! ¡Lo conoces!
La dinamita era falsa, me lo prometió. Solo fue el susto.
¡¿Y qué?!¡Pudo ponerlo de verdad! Deberías pedirle que vuelva a casa, no que continúe con su desenfreno.
¡Lo siento!
—¿Y bien?
No hallé respuesta concreta para el capitán. La conversación, sin nombres, fue muy reveladora. Dick estuvo relacionado con el carrobomba, fue una estrategia de su parte, lo que significaba que él y Capucha Roja, el criminal más buscado de Gotham, sostenían una buena relación. ¿Qué significaba «volver a casa»? ¿Capucha Roja se ligaba de alguna forma con los Wayne? Que yo supiese, no existían más Wayne, salvo el difunto Jason Todd, pero, por supuesto, la familia Wayne era una caja de pandora, Batman podía tener otro hijo, uno mayor.
O ni tan mayor, pensé, recordando una característica de Capucha Roja: era bajo de estatura y con una composición ósea que, basándome en mi conocimiento anatómico proveído por CADMUS, encajaba con la de un joven. Qué enigma.
—¿Superboy? —la voz aguda de Billy me trajo a la realidad.
—Oí uno de los secretos de la familia Wayne —aseveré.
—¿El señor Wayne abusa de Dick? —cuestionó con astucia.
—No —le aseguré de inmediato —. Dick tuvo algo que ver con lo del carrobomba, fue su idea, creo —y añadí ante los ojos abiertos del capitán —. La dinamita era falsa, solo un susto. Por favor, no reveles que lo dije, Billy.
—Seguro… con razón le está pegando, aliarse con Capucha Roja —bufó recostándose en la almohada —. Esta cama es muy cómoda.
—Sí —reí —. Ventajas de ser rico.
Y cuando él volvió a cerrar los ojos, yo me levanté y fui a la computadora. La Corte de los Búhos no se mantenía quieta, plagaron Internet de mala publicidad y muchos grupos en las redes sociales replicaban las frases o comentarios de estas páginas maliciosas. Nuestro blog funcionó, pero a un menor alcance en comparación con la orden; esperando que a Dick no le molestase, tomé una libreta de su estante de libros que vi medio vacía, solo un par de hojas usadas para anotar fórmulas matemáticas, y una pluma bonita, de las que Luthor usaba.
-Publicidad masiva.
-Páginas específicas, no con demasiado contenido.
-No necesariamente debe ser información verídica, no estamos colocando nuestros nombres, basta con suposiciones y alegatos sin base, pero que muevan masas iracundas con facilidad.
-Múltiples cuentas en redes sociales.
Eso último lo puse de mi propio conocimiento. Las granjas de likes, como se les llamaban, eran productivas, en Internet existían millares de perfiles falsos que, encubiertos con los verdaderos, podrían pasar desapercibidos.
Dick y el señor Wayne volvieron juntos, el mayor continuaba lívido, mi amigo lloraba. Fue sumamente incómodo voltear a verlos.
—Conner, supongo que oíste parte de nuestra conversación.
—Sí señor —nadie le mentía a Batman, no de frente al menos.
—Sobra decir que requiero silencio absoluto, ¿claros?
—Claros —asentí mecánicamente.
El señor Wayne sonrió.
—Bien. Tema aparte, Nightwing, Superboy, muy bien manejado —ambos lo miramos con sorpresa.
—¿Eh? —soltó Dick. El señor Wayne le puso una mano en la cabeza, a modo de gesto pacificador.
—Revisé su plataforma de trabajo. Si bien no se consiguió un alcance notorio, la estadística de visitas y comentarios replicados aumentó exponencialmente, nuestros enemigos aun nos sobrepasan, pero en cuestión de semanas su labor podría empatarlos. ¿Qué van a hacer para mejorar el funcionamiento del blog y de la futura página?
—Bueno, yo no me he enterado aún de lo que sucedió.
—Yo escribí esto, disculpa que haya usado una de tus libretas, Nightwing.
El chico sacudió su mano, indicando que no le molestaba. Batman me retiró de las manos la libreta.
—¿Páginas múltiples y una granja de likes? Requiere inversión —señaló.
—Dick podría hackear los dominios para no tener que gastar —ofrecí esa solución. Pronto tendríamos acceso a billones, el dinero no sería problema, pero aquello era secreto de ultratumba.
—Tonterías, les daré… medio millón. Sí, con eso debería ser suficiente. Tengan más cuidado esta vez al hacer las compras, la otra vez estuvo bien, fueron niños jugando videojuegos, pero esto se incrementa y no queremos dar pistas.
—Sí Batman.
—Sí señor.
El murciélago volteó a ver a su hijo, sobándole, con la mano que usó para acariciarle el cabello, las mejillas y así borrándole las lágrimas.
—Ya pasó. Vayan a dormir, no quiero más desvelos, los tres tienen clase en la mañana.
Y dejó la libreta en mis manos, yendo a la parte del dormitorio de la habitación de Dick. Billy parecía ahora sí una piedra; con su pasado, no era conveniente que nos acostáramos en su cama sin su permiso, por lo que el señor Wayne tomó dos almohadas de la cama, las arrojó a la alfombra, usó la parte libre de la colcha para abrigar al Capitán y sacó de debajo de las almohadas una gruesa manta de lana que seguro Dick usaba en las noches de mucho frío.
Luego de un suave «buenas noches», quedamos a solas.
—¿Pega duro? —solicité con curiosidad morbosa, sentándome en la alfombra.
—No te haces una idea —susurró.
Según mi reloj de pulsera, alcancé a dormir una hora antes de que un pitido me sacudiera, era el teléfono de Dick, acompañado del mío. Un sonido seco y agudo era una emergencia mayor. Algo estaba ocurriendo.
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—Agáchate, chico —grité inútilmente, la onda alcanzó a Wally, estampándolo contra la pared de concreto más cercana.
El sujeto del arma sónica, el mismo que trató de robar un banco federal, me apuntó. La tecnología que empleaba no era de la Tierra, ni de esta dimensión, pero con las prisas no pude precisar su origen exacto, la verdad era que yo no reconocía la insignia ni el estilo del arma. De dónde proviniera el aparato, representaba dinero y contactos, algo fuera del alcance del matón de poca monta que lo empleaba.
Traté de no asustarme cuando Kid Flash no reaccionó, mi mente debía quedarse en la misión, luego podría distraerme en si Wally se desmayó o no.
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«Kid Flash no reacciona, los paramédicos han descartado huesos rotos, pero… ¡ah!».
Observé el combate desde mi celular y lo escuché con el sonido al mínimo, aprovechando mis dones naturales.
—¿Kon? —musitó Dick con los ojos cerrados —. ¿Oí el teléfono?
Sí, quise decirle. Dick era mi líder inmediato después de Kaldur, quien tomaba las decisiones tanto del Equipo como de nuestra improvisada organización, contaba con él para todo, pero Dick no dejaba de ser un niño de 15 años con demasiadas responsabilidades encima.
—Fue el mío. Lo siento, duérmete.
Y me creyó. Me levanté de la alfombra depositando mi sección de la manta de lana sobre mi compañero, no dispuesto a interrumpirle más su dormir. La ventaja número 1 de ser kriptoniano era el obtener energía directamente de a radiación solar; al contrario de los humanos, yo no requería, obligatoriamente, dormir. Los genes de Luthor debilitaban mi cuerpo lo suficiente para solicitarme descanso, pero con una hora de sueño ligero bastaba. O eso creía, pero tendría que ser así, por lo menos esa noche.
Encendí la laptop blanca destinada para Billy y el blog, la computadora general de nuestra organización permanecía encendida, lista para ejecutar la millonada de códigos que Red Robin le programó para el ataque a las cuentas de los miembros de la Orden de los Búhos. Me daba miedo incluso tocarla y descontrolar algo.
Wally salió de la inconsciencia para cuando la laptop terminó de cargar, uniéndose a la contienda con vacilación. A mi amigo pelirrojo le empezaba a asustar la muerte, hablaba de vivir su vida con tranquilidad, de lo agradable que era tener una rutina día a día; yo lo observaba impasible. ¿Vida? ¿Rutina? Mi vida era el Equipo, no conocía otro mundo, ¿qué haría por fuera? ¿Dedicarme a estudiar? ¿A buscar novia y casarme?
En el caso de Dick, el Internet era muy claro, Gotham Academy publicó su comunicado, padres de familia se negaban a permitir a los Wayne en las instalaciones del colegio, por muy inversor que fuese el señor Wayne. No precisaba si aquella reacción temerosa, y muy justificada, actuaba a nuestro favor o no, ya que librarse de la escuela siempre otorgaba mucho tiempo. En una noticia aparte, los servicios sociales publicaron que sí harían un examen físico a Dick para esclarecer las cicatrices que dijo haber visto Bertinelli. Tema distinto, Artemis estaba por fuera de la bolsa, se sostuvo bastante bien, a pesar de no usar nombre de superhéroe y ser la novia de uno muy conocido; M´gann y yo nos tambaleábamos, muchos post en la web se dedicaron a analizarme, aprovechando las imágenes que yo mismo proveí al aparecer con Dick en sus directos.
Me tomó quince minutos crear una cuenta hiper ficticia en Facebook y publicar una teoría medianamente convincente que, alegando ser un alumno sin nombre de Happy Harbor que no deseaba ser conocido, planteaba la posibilidad de que Superboy no viviese en Metrópolis, como todos suponían, sino en otra ciudad, ya que «hay un chico de exactas características en mi escuela cuya foto anexo». Me tomó el doble de tiempo, con mis medianos conocimientos de piratería informática, codificar que esa entrada en particular apareciese en el blog y en los anuncios del celular de Marvin, el principal conspirador y chismoso de mi escuela.
Sentí una pesadumbre mientras los comentarios se inflaban a 7 en mi publicación, tiempo en el cual llamé a Zatanna. Que Dick se olvidase de algo tan vital y riesgoso como un examen físico era una prueba del estrés que manejaba mi amigo.
—¿Qué mierda haces llamándome a esta hora?
—Necesito un favor.
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La cosa pintaba terrible. No era que yo fuese un experto en… como fuse que se le dijera, pero desde mis ojos hasta mi nombre estaba a un paso de ser descubierto.
—¡Ollie!
Observé a Dinah impasible, recostado en la barra de la cocina.
—Es tarde.
—Te digo lo mismo —se burló antes de fruncir el ceño —. ¿Qué estás revisando?
—El Instagram de Kid Flash. Se repostearon fotos de encuentros con Hal, conmigo, con su tío, con Clark… hay una foto de él conmigo y Billy.
Dinah se inclinó a mirar. Sujeté su cintura con delicadeza, su bella figura ocultaba una serie de moretones dolorosos.
—Si Wally las elimina ahora despertará sospechas, lo mejor será que bloqueé su cuenta.
—Eso sería aún más sospechoso. Ya han tomado captures de todo y las pusieron en Internet, si el chico comete esa acción nos terminará de hundir.
—Supongo.
—Dinah…
—¿Sí?
—Te reconocieron en una de las fotos, quieren saber que hace una florista de Starling City abrazando a un superhéroe.
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El pitido de mi alarma me sacó de mi agradable reposo. Cuando alguien más la apagó, mis sentidos se pusieron alerta. Fue tras el subidón de adrenalina que recordé a Billy y Kon en mi habitación.
—Hola —bostezó el capitán, estirándose en el colchón.
—Buenos días, Billy —parpadeé.
¿Qué hacía Kon con las luces encendidas por los lados de mi computadora? ¿Esa era Zatanna? ¿Qué rayos pasó mientras dormía?
—Me voy ya, llegaré tarde a la escuela —anunció Billy con notoria flojera. Comprendí el sentimiento, lo último que deseaba era ir a clases.
—Un momento, capitán —habló Kon desde el otro lado de la habitación. Zatanna, recostada en mi escritorio, nos sonrió, retirando los ojos de su teléfono —. Tenemos un problema, Dick —y rodó en la silla, para que lo pudiéramos ver.
—¿Qué sucede ahora? —mascullé, ya mamado de tantos líos.
—Gotham Academy y la junta de padres lanzó un comunicado, ustedes tienen prohibido ir a la escuela, no los van a recibir —aquella noticia era, al fin y al cabo, predecible —. Los servicios sociales programaron para las ocho de la mañana un examen físico y psicológico para ti y uno meramente psicológico para tus hermanos.
—Espera, ¿entonces quién…?
—Shh —musité en voz baja, acallando a Billy y tratando de no entrar en pánico. Olvidé por completo el examen físico.
Zatanna rodó los ojos.
—Ustedes y sus secretos. Lo qué sea —se encogió de hombros —. Sobre la repisa de tu baño dejé un amuleto, Dick.
—¿Es tu forma de dedicarme buena suerte? —me burlé. Yo no creía en esas tonterías de los amuletos de suerte.
—No, idiota —frunció el ceño —. Tuve que pasar la noche en vela, así que póntelo. Con este amuleto ocultarás las heridas de tu cuerpo, ¿o qué ibas a hacer en el examen físico?
Buen punto.
—Gracias Zatanna. ¿Cómo funciona?
—Oculta las heridas, borrará las más antiguas y minimizará las nuevas.
—Cool —comentó Billy —. ¿Y para qué me necesitan a mí?
Kon miró a Zatanna, ella bufó.
—Está bien, está bien, me marcho. Fue un placer, caballeros.
—Gracias de nuevo por el favor, ¿te lo puedo pagar en especie? —tuve que esquivar un golpe en la cabeza, producto de mi exnovia. El trío nos mantuvimos en silencio hasta que ella cerró la puerta y sus pisadas se perdieron.
—Ok, ¿cómo carajos haremos el desfalco? —pidió de inmediato el Capitán —. Ocurre a las 8:21 de la mañana, Red Robin dijo que debíamos ser muy precisos.
—¿Qué más pasó anoche?
El rostro perturbado de Kon no me brindaba sosiego.
—Wally casi muere en una pelea, todo el mundo está histérico. Las fotos del Instagram de Wally se encuentran de boca en boca, los objetivos inmediatos son Flecha Verde, Canario Negro, Superman, Linterna Verde 1, Flash… Capitán Maravilla.
No quise ver el resoplido de Billy.
—Es demasiada gente —suspiré.
—Y que conecta al resto —añadió el niño —¿Algún otro nombre?
—Se confirmaron tres personas a las cinco de la mañana por medio de un comunicado escrito —Kon suspiró —. Artemis Crock, Megan Morse y Conner Kent. Canario Negro está al borde del precipicio, pero con ella hay excusas.
—¿Tú? —jadeó Billy —. ¿Cómo? Te pegaste a la paranoia de Dick desde hace años, no sales en ninguna foto.
Kon hizo una mueca.
—Anoche me di cuenta que era demasiada la atención puesta sobre la Liga, así que intenté compensar un poco. Cree un perfil falso de un supuesto alumno de Happy Harbor y yo mismo me delaté —tensioné la mandíbula, impresionado por lo que oía —. Hablé anoche con Batman; a las siete de la mañana, antes de que ingrese a clases, explicaran que soy clon de Superman y mostrarán los documentos que vinculan a Luthor con CADMUS, la ingeniería genética ilegal y la creación de seres pensantes, entre esos, yo.
Arriesgado, tétrico y peligroso.
—Gracias, Kon-El —dije sinceramente —. Le pediré a Bruce que cambie la cita…
—No van a dejar, él ya lo intentó. Ni ustedes ni yo podemos activar el comando, estaremos en escrutinio completo.
—Lo que solo deja una opción —los dos miramos a Billy, quién alzó una ceja.
—Bromean, ¿no?
0oOo0
Dejé a Tim con Billy, explicándole el protocolo para activar el desfalco. Aún en mi ropa del día anterior, bajé por la escalera principal, topándome con las dos personas que menos deseaba ver sentadas en la sala: a la señora Wilson y a Rebecca.
—Buenos días, Richard —me sonrió brillantemente la mayor —. ¿A dónde te diriges?
No le respondí y pasé de largo. Bruce, al fondo leyendo su periódico, me frunció el ceño.
—Contesta Dick.
Lo ignoré también. No me encontraba dolido, moralmente, por la golpiza del día anterior, usar un carrobomba así a la ligera no era para ganarme una reacción menor, pero yo no quería tener que fingir mi agradable personalidad tan temprano en la mañana. Un único objetivo se esculpió en mi mente, era algo a lo que le estaba dando largas: la petición de Tim, informar a Batman de lo que haríamos.
Al acceder a la Baticueva, me fui derecho a la sala de seguridad, donde papá ocultaba sus planes de ataque para diezmar a cualquier superhéroe de la Liga, del Equipo, individuales de los que tuviera información, a nosotros, a Alfred y a él mismo. Solo yo contaba con la clave de acceso, no podía demorarme demasiado. Saqué de dentro del caucho de mi pantalón deportivo un papel doblado que escribí a toda velocidad, donde confesaba lo sucedido en el desfalco, asumiendo la culpa de todo, dejando por fuera a Billy, Kon y Tim.
Metí el papel por las ranuras del casillero con mi nombre y salí de ahí.
0oOo0
La cueva me recibió en silencio, Kaldur y un par de viejos conocidos, Tula y su novio, cuyo nombre no recordaba, desayunaban junto a Lagoon Boy, Chico Bestia y M´gann. Kaldur me sonrió al verme.
—Uno no se puede perder un fin de semana, porque ustedes arman un alboroto.
—Para que veas —me burlé —. Somos un desastre andante. Hola chicos —saludé a los dos atlantes.
—¿Qué tal, Superboy? —me sonrió Tula. Su novio me frunció el ceño dubitativamente.
—Superboy, buenos días. ¿Puedo saber por qué golpeaste a Lagaan hace unas noches?
Me encogí de hombros.
—Él me atacó primero.
Lagoon Boy apartó la vista, M´gann me frunció el ceño, Chico Bestia me vio con cierto odio, los recién llegados guardaron silencio, incómodos. Me marché murmurando una breve excusa sobre tener que ducharme.
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No era mi mayor placer aparecerme por la escuela, pero mi tío y tía insistieron, las personas debían constatar que yo me encontraba en un perfecto estado de salud, salvo que no era cierto: me palpitaba la cabeza, estaba agotado y deseoso de dormir, pasé la noche en blanco.
Forcé mi mejor sonrisa educada y ligera, que indicara que me encontraba bien, pero no excesivamente. De ser Dick, me hubiese puesto unos anteojos, pero esa opción no era viable, por lo que toda la población estudiantil, la manifestación frente a la escuela que insistía en saludarme a diario y las cámaras, que se aprovechaban de mi mayoría de edad para grabarme sin discreción alguna, vieron el moretón en mi pómulo y ojo. Las ondas de ese sujeto, a quien la policía interrogaba, no me causaron daño interno, pero si me golpearon lo suficiente contra las paredes de la ciudad para que yo tuviese una conmoción cerebral en segundo grado, ahora menor, gracias a mi curación acelerada. Igual mi cabeza me punzaba.
La escuela sería un asco absoluto.
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Recibí en privado una actualización completamente verídica y sin los filtros que Kon me agregaba por pura amabilidad.
El pitido de anoche fue una emergencia, fue un desliz no notarlo, mi agotamiento no era excusa. Wayne Enterprise cayó ligeramente, no mucho, nada grave, 0.03%; por parte mía, mi popularidad estaba en el suelo, las personas estaban enojadas a nombre de Helena, pero también los homosexuales continuaban por la misma tónica de días anteriores y unas cuantas personas se hallaban indignadas porque, a su parecer, era ofensivo que los héroes de la ciudad fueran ricos. El asunto de mi supuesto abuso sexual por parte de Bruce al mandarme a tener sexo era el tema más explotado y al que poco podía objetar; muchos de los que comentaron al respecto, incluyendo al Papa, lo me sacudió un tanto, lo hicieron en base a mi bienestar y yo no era capaz de menospreciar las acciones bienintencionadas, por más que estas me afectasen.
(Sí, ya sé que la palabra homosexual no engloba a toda la comunidad, pero Dick lo menciona en ese momento de forma despectiva. Por cierto, puede que use apelativos ofensivos más adelante hacia esta comunidad, ni modo, le corresponde a la historia, pero insisto en que esto no es por ofender a nadie. Sobre lo del Papa, consideré colocarlo porque Dick es católico y para los católicos, al menos para los que conozco, incluyéndome, el Papa es una figura que genera un profundo respeto.)
A la Corte de los Búhos no le gustaría saber que todo su esfuerzo por hundir a Bruce y su compañía no funcionó realmente, pero, ¡qué les den! Pronto ya no serían un problema.
Con inquietud, reconsideré nuestro plan. ¿Por qué la corte pondría todo su dinero robado en solo cuatro cuentas? ¿Fallamos al no hacer una investigación a fondo? Sacudí mi cabeza y me levanté, me encontraba a medio vestir y abajo me aguardaban para desayunar. La Corte de los Búhos no puso su completo dinero en solo cuatro cuentas, no era chiquillos crédulos, no cometerían un error tan estúpido como vincular cuentas personales con laborales.
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«Muy astuto, hijo mío».
El mensaje de Luthor vibró mientras me sentaba en la mesa. Mi padre anexó un video que vi masticando mi cereal. Era Superman contando mi procedencia.
Creo que es correcto explicar algo. Conner Kent, alias Superboy, no es hijo mío. Sé que la Liga ha sido escasa en información sobre Conner, pero fue por su propia seguridad y porque la ascendencia del muchacho es… escabrosa. Conner es un clon que una empresa llamada CADMUS creó a partir de ADN kriptoniano que me robaron. La financiación de este proyecto, el proyecto Kr, cómo se le llamó, vino del segundo donante genético de Conner, Lex Luthor, quien experimentó para crear una nueva raza de vida inteligente, a la cual se le llamó G-nomos, lo que convierte a Superboy en un G-nomo, hibrido humano y kriptoniano. Suena sacado de los cabellos, lo sé, pero hay pruebas. Justo ahora, las estamos cargando a la página de la Liga de la Justicia, de modo que todos puedan verlo.
«Era necesario. Lo siento si te causé problemas.»
Mi disculpa era sincera, le pusimos un lío muy grande a Luthor, quien conmigo fue… decente, paternal.
«No te preocupes, entiendo tus motivos. Es valeroso de tu parte lanzarte al ruedo para proteger a tus amigos, aunque es lo que acostumbras. Saldré airoso, Kr, no te preocupes. Ah, tampoco te borraré de mi testamento.»
«Sabes que no me interesa tu dinero.»
«Como prefieras, pero lo que te prometí, un hogar con laboratorio incluido, ya se encuentra preparado. Te recogeré después de la escuela.»
«No uses la limosina.»
Eso sí que sería humillante.
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Tras salir de la mansión Wayne, fui a mi alcoba en la Atalaya, me duché, cambié de ropa, me cepillé los dientes y me dirigí al transbordador con 20 dólares y mi mochila de la escuela, en dirección de Fawcett City.
Nadie me miró de forma extraña al comprarme un desayuno en el sitio usual, las miradas empezaron en la escuela. ¿Qué estaba sucediendo? Literal, eran todos.
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—Con razón jamás te gano en las luchas —se burló Mal, acompañándonos en la entrada. Me agradó su comentario burlesco, su presencia y la de Karen, pues desviaban la ola de ira humana que recibimos de afuera. Los manifestantes contra los Wayne eran gotas de agua contra el océano de histeria que recibimos nosotros, envalentonados con carteles de odio que decía «Cuando un extraterrestre se muere, Dios se ríe», «Ser Antinatural», «Frankenstein moderno». Francamente, eran unos perdedores absolutos, pero M´gann si lucía herida.
(Eso de «cuando un extraterrestre se muere, Dios se ríe» es una variación a mensajes tipo «cuando un gay se muere…» o «cuando un militar se muere…», hay un grupo religioso [si se le puede llamar religión a unos inadaptados cargados de odio], que no pienso nombrar, que se dedica a aparecer en funerales y en zonas donde se mueven ciertos tipos de personas, como LGBTIQ, para burlarse, humillar y ofender. No soy estadounidense, pero creí correcto colocar una referencia a estas manifestaciones.)
—Eso se lo agradezco a Canario Negro, no a mi genética —me mofé, tratando de verme sereno. Los vistazos de las personas eran extraños, pero iguales a lo que me topaba al aparecer en público, por lo que ya contaba con práctica para ignorarlos —. ¿Dónde está…? Ya la vi.
Karen lució perturbada al estacionarme yo frente al casillero de Kiara, quien me sonrió con coquetería. Después de todo, a menos de dos metros estaba M´gann.
—Hola Conner.
—Hola, escucha, lo mejor es que no volvamos a vernos —dije con rapidez, borrándole la sonrisa —. Eres una gran chica y disfruté el tiempo que pasé contigo, pero justo ahora mis enemigos se encuentran alborotados, hay muchos detrás de mi cabeza y no deseo que te veas inmiscuida en este desastre. Lo comprendes, ¿verdad?
—… claro.
Le sonreí con afabilidad.
—Genial, nos vemos Kiara.
Y avancé. Al girar por el pasillo, Mal resopló.
—Amigo, el «no eres tú, soy yo» se queda pequeño al lado de eso —rió. Karen fingió no reírse, dedicándole una mirada de soslayo al ceño fruncido de M´gann.
—Es verdad —me defendí con humor — Mi cabeza tiene precio. Oigan, ¿dónde están Marvin y Wendy?
—Cuidando vuestros asientos —respondió Karen —. Hay una fila para sentarse junto al hijo de Superman.
—Clon —le recordé —. Técnicamente, soy más hijo de Luthor.
—Su dinero compensa su calva —comentó Mal —. Vengan, sus guardaespaldas se quedaron atrás —señaló.
—Los guardaespaldas son para la escuela —respondió M´gann justo al entrar al salón —. Los dos somos prácticamente invulnerables, mis poderes marcianos detectaran un ataque y la S en el pecho de Conner aleja a la mayoría.
Marvin, efectivamente, cuidaba el asiento a mi lado con su mochila, Karen hacía lo mismo para M´gann en el frente del salón. Aún era temprano, pero ya había varias personas allí. Marvin, no obstante, no nos recibió de la forma que yo esperaba.
—Conner, ¿quién es Billy Batson?
M´gann jadeó, yo apreté los dientes con suficiente fuerza para romper el hueso de un hombre adulto.
—¿Dónde escuchaste ese nombre? —traté de que no sonara como un gruñido, pero no lo conseguí. Karen y Mal, noté, intercambiaron una mirada. Marvin parpadeó con temor.
—Está en internet, se acaba de publicar.
—¡Qué rápido! —fue el comentario de Mal ante los tres pasos con mi súper velocidad para alcanzar a Marvin, cuyo teléfono rapé.
—Em, desde el minuto 3:41.
M´gann también se acercó a ver, por lo que le compartí un audífono. Desde nuestro rompimiento no estábamos tan cerca físicamente.
El título del video anunciaba que se trataba de una entrevista a los secuestradores de niños en Gotham, grabada la noche anterior.
—Cuénteme, ¿existe algo que no halla dicho a la policía?
El hombre, alto y feo, bajó los ojos y los puso de nuevo sobre la entrevistadora.
—En el rescate encontraron 105 niños, pero eran 106.
La mujer, rubia y cliché, alzó las cejas.
—¡¿Qué?! ¿Dónde está el faltante?
—No lo sé —admitió con cierta perturbación —. Nadie lo sabe.
—¿Y si se trata de una confusión? Eran muchos.
—No, este niño en particular era… diferente. No me refiero a una anomalía física, sino a su comportamiento. Él era… él no tenía miedo.
—¿A qué se refiere?
—Los niños lloran, tratan de huir, ruegan, pero él no. Lo encontré vagando de madrugada en la zona usual, creí que era un vagabundo. Le ofrecí un dulce y un aventón a casa, él declinó, mas se detuvo a hacerme conversación sobre el clima y no se apartó cuando bajé del vehículo. Tampoco puso resistencia cuando lo agarré y lo amarré, incluso me pidió que, por favor, no le atase tan fuerte las manos o estas se le encalambrarían —y el criminal bufó.
—¿Es un comportamiento inusual?
—Por supuesto. Le pregunté si antes había sido secuestrado, dijo que sí. Se presentó como William.
—¿Y qué pasó después?
—Lo dejé en una de las jaulas y me fui a traer más, fueron tres viajes, él continuaba en la jaula. A la mañana volví con comida y William no estaba. Los niños dijeron oír a alguien forcejear con una jaula y su candado, pero en la completa oscuridad no vieron lo que ocurrió. Escucharon pasos junto a todas las jaulas, luego la persona salió por atrás.
—¿Y cómo era este niño? Físicamente.
—Moreno, pálido, ojos azules, parecido a los hijos de Batman.
La mujer frunció el ceño.
—¿Cree usted qué fue uno de ellos?
—No. Los he visto, ellos me apresaron, no eran parecidos, pero… oí que los policías decían que en la cajuela del auto encontraron un rastreador, igual que bajo una jaula. Yo vi cuando los retiraron, era la jaula de William.
—¿Dice usted que este niño se fugó solo, sin ayuda? —el hombre asiente. La periodista se sacó de dentro de la ropa su celular y empezó a rebuscar. Al enseñarle con el aparato una foto a secuestrador, la pantalla mostró una fotografía ampliada de un niño moreno con capucha roja —. ¿Podría ser este niño?
—Sí, él es William —determinó él tras un breve examen visual —. Usaba la misma chamarra roja, ¿quién es?
—Un niño de trece años, actualmente residente en Fawcett City, llamado Billy Batson. Billy es el diminutivo de William.
—¿Fawcett? —el hombre frunce el rostro, confundido —. ¿Qué hacía en Gotham? ¿Y tan tarde?
—Hay una mejor pregunta —y ella acomoda la foto, para que se viera todo el contenido. En la fotografía de la pantalla, sucedió lo mismo, dos personas más aparecieron —. ¿Por qué este niño posa junto a Wally West, alias Kid Flash y al millonario Oliver Queen?
—Mierda —susurré en húngaro. Era mi vieja costumbre, maldecir en otros idiomas, así nadie lo notaría. Justo el motivo por el que le dimos el celular a Billy, la privacidad, se acaba de ir al traste.
—¿Quién es Billy Batson? —me pidió alguna chica del salón, que ya se llenaba.
—Nadie —dijimos M´gann y yo a la par. Yo lo continué —. Billy Batson no es nadie.
Pero no me creyeron.
