Holaa.

¿Adivinen quién está de vacaciones y puede publicar más seguido? Igual no es mucho tiempo, pero algo es algo.

ZatannaxRobinfan, ese nombre no deja mucho a la imaginación. Muchas gracias por el comentario, es un placer y honor para mí que disfruten de mi lectura y me la ensalcen de tal forma. No, no usé a The Boys como inspiración, no los conocía, pero ya vi casi toda la primera temporada: muy, muy buena, pero tuve que parar de verla porque no quería que, de forma inconsciente, copiar escenas o situaciones en este fic.

Lo que sucedió con la orden fue lo siguiente:

Debido a que todas sus acciones son ilegales, pero se camuflan con empresas legales, ellos unieron todos sus activos a cuatro cuentas comunes, enlazando empresas, ahorros y demás dineros con la finalidad de que, si alguno caía, el dinero que entre grupo alcanzaron no se perdiese. Recuerden, las monedas muchas veces no son billetes, sino simples cifras en una computadora.

Sobre Batgirl, es algo que se va a explorar más adelante. Ja, ni yo quiero que el comisionado se entere, ¡eso sí es caos! Y sobre Zatanna, sí, yo ya he planeado unirla con Dick, pero primero debo salir de Helena y de un par de cosas más.

Gracias por los comentarios, generalmente suelo responderles al privado, pero me gusta aclarar lo que me parecen dudas colectivas por aquí.

Hasta luego.

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—¿Ya?

No era natural que yo fuese impaciente, pero…

—Un momento, capitán.

Superboy tampoco era el señor Tranquilidad, no según como agitaba esa pierna en el umbral de su nuevo edificio de doce pisos. Se formó entre los tres un silencio incómodo, de pie en el aparador, aguardando a que Dick lo rompiese con un afirmativo de que la seguridad del edificio era fiable.

—Ya.

—¿Por qué, por qué todo lo hacemos mal? —soltó el kriptoniano con ira.

El pobre Dick se jaloneó el cabello sin dar respuesta inmediata, ocupado en desconectar su guante del conector de la pared, hábilmente ubicado por Luthor.

—Casi causamos una crisis económica —gruñí entre dientes —. ¿Cuál fue el error?

—Fue mío —admitió el humano —. La Corte de los Búhos enlazó cuentas personales con empresariales, no eran 55 billones, como lo estimado, sino 1.3 trillones de dólares ocultos que succionamos de golpe… y sí hay crisis económica, Billy —me miró con pesadumbre.

—¿En serio? —fruncí el ceño —. Sé que no hay que confiar en los noticieros, pero la bolsa solo se movió… 4 puntos. ¿Es mucho? —algo tonto me sentí. La liga me enseñó mecánica, pilotaje y conducción, Batman me instruyó en lucha con espionaje, Aquaman natación y leyes internacionales, con Canario Negro aprendí leyes nacionales, estatales y psicología, con Green Arrow algo de arquería y el Detective Marciano me aflojó la lengua en un montón de idiomas, pero de economía poco era mi conocimiento.

—La gran depresión del 29 inició por una caída del 9,3% —nos informó Kon con su voz de computadora.

Casi la mitad de lo peor que hubo en la historia. Coño.

—Se esperaba una bajada en picado para la una de la tarde, ocurrió más o menos así. Bruce lleva reunido medio día con Trump, Luthor, Queen, Gates y otros magnates, están tratando de estabilizar todo esto, pero es difícil. En un día, quebramos a cinco bancos internacionales, 10 empresas estadounidense y le robamos grandes activos a la mitad de todas las empresas chinas.

Retornó el silencio incómodo; yo no deseaba señalar que causamos, hasta la fecha, y contando, 12 suicidios.

—Ingresemos, aquí damos mucha boleta —consideró Conner viendo a sus espaldas. Técnicamente el vidrio de la puerta de entrada al edificio era blindado y no permitía vista al interior, pero con un día tuve para estar agotado de los paparazzi y la gente curiosa.

Odiaba la lastima, la odiaba con todo mi ser.

El interior del edificio era lo que esperábamos, una mezcla entre playboy, adolescente y ciencia.

—Por curiosidad —empezó Dick, mostrando con su guante el mapa descargado del edificio —, ¿qué le dijiste a Batman, Billy?

Sonreí.

La próxima vez, señor Wayne, que vaya a revelar mi pasado en vivo y en directo, tenga la gentileza de pedirme permiso.

—Se sintió muy bien tirarle el teléfono.

Uf, fue genial hacerlo. ¿Quién mierda se creía que era, por muy Batman y muy benefactor mío que fuese, para mostrar ante el mundo mi asquerosa vida?

Es Bruce Wayne a quien acabas de insultar me advirtió la loquera de mi escuela, con quien me llevaron a la cuarta hora.

Y yo Billy Batson.

—Lo que haya sido, lo puso a sudar frío.

Reí. La escuela, según descubrí días anteriores, era una gran zona de escucha, todos los jóvenes hablaban de lo mismo, los Wayne, las trampas de Batman y las identidades descubiertas, lo que me daba buenas ideas para mis próximas redacciones en el blog. También tuve una quimera para obtener publicidad fácil, pero requeriríamos primero al granja de likes.

—¿Dónde está Red Robin? —pidió Superboy. Torpemente nos sentamos en el sofá de lo que parecía ser una sala; la decoración estaba cool, colorida, pero ninguno conocía el lugar y éramos algo obtusos en lo desconocido, demasiado acostumbrados a ser apuntados con armas, a no confiar en nadie y a tener el vello de la nuca erizado.

—En el edificio de Wayne Enterprise, refunfuñado por no poder ir con Damián a comprar comida.

Alcé una ceja.

—El señor Wayne salió a decir que mantuviéramos la calma.

—Ya —bufó —. Bueno, él no es hábil siguiendo sus propios consejos.

—Si los ven comprando víveres nos tirarán piedras —señalé.

—No lo harán —respondió sombríamente Dick —. Conocemos sitios privados para mercar en masa. Tenemos que comprar mucho para la Liga, para nuestra casa y para los miembros del Equipo.

—¿Y qué se supone que hagamos? ¿Sentarnos a mirarnos las caras? —cuestioné retirándome la mochila de la escuela. Era un poco más de la una, los docentes cometieron el error de mandarnos para nuestras casas luego de darnos el almuerzo para acompañar a nuestras familias, sus familias, quienes se atrincheraban en sus hogares y recargaban las armas —. Tenemos que ayudar de alguna forma.

—Batman no permite hacer contención de masas a los menores, no creo que deje a Superboy, no con lo baja de su popularidad. Red Robin estableció los comandos para autodestruirse una vez finalizado el robo, y con la Corte de los Búhos impidiendo que la ley y Batman inicien una investigación formal, nos dan tiempo extra.

—¿La corte puede entrometerse en una investigación? —el kriptoniano se asombró.

—Es gente muy poderosa, Kon, aún sin dinero. Para nosotros es mejor que continúen siendo una piedra en el zapato: el rastro se enfriará y ellos quedaran mal.

Ganar, ganar, planteaba Dick, pero la sensación no era para nada así, ni siquiera para el moreno, que no logró ocultar sus emociones conflictivas y la culpa de mis ojos agudos.

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—Estamos jodidos —murmuró Oliver con los ánimos bajos. Ocho empresarios completamente estables luego del robo, éramos los únicos en todo el país que no nos vimos afectados. La corte de los Búhos no poseía tantos miembros, pero al tener empresas grandes las personas de a pie, emprendimientos y pequeñas corporaciones se enlazaban a la corte, tejidos entre ellos para apalancarse; naturalmente, la gran mayoría era inocentes en aquel asunto.

—Señor Queen, monopolizar el mercado no es… sano para la economía, pero si lo que ustedes quieren es proteger con tanto ahínco los empleos de la clase obrera y media, no hay mucha solución.

Al menos Trump estuvo de acuerdo.

(Mi conocimiento de economía es bastante regular, aquí estoy tratando de darle lógica sin internarme en términos muy grandes. Bajo lo que me parece inteligente, al proteger empleos y sueldos de personas asalariadas se mantiene un flujo de entrada y salida de dinero que genera consumo, con lo cual la economía se mantiene activa. ¿Lo estoy entendiendo mal? ¿Hay alguno que estudie economía por aquí?)

(Ah sí, metí a Trump como por dar un poco de realismo, pero realmente no voy a mencionarlo de presidente.)

—Es que el robo fue muy grande. ¿Hay actualizaciones?

Negué con la cabeza al padre de Tim.

—No dejan ni a la policía, ni al FBI, ni a la CIA, ni a mí entrar y ver qué fue lo que pasó.

—Bueno, yo aprovecharé y pescaré en río revuelto —nos anunció Luthor revisando su tableta —. Somos pocos, pero más de los necesarios para no llamarnos monopolizadores —se burló de la palabra —. En diez años tendremos el mercado a nuestra merced y ellos ni lo sabrán.

Trump y el otro empresario talla titán que representaba a Apple asintieron, muy felices al respecto, Gates tampoco lucía amargo. Por supuesto, grandes crisis, gran ganancia.

A la reunión debieron haber asistido más personas, la gente de Samsung, por ejemplo, los de Alibaba, Amazon y otros peces gordos, pero hasta ellos se salpicaron un tanto.

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—¿Está seguro? —la llamada de la señora Wilson fue breve, pero poderosa, lo suficiente para que ella luciese al borde del colapso. Con una lluvia de empresas declarándose en bancarrota, no era tan desubicado creer que el gobierno empezaría a despedir personal, pero supuse que aguardarían al menos 24 horas.

Dick pudo marcharse por intromisión de Bruce, Damián y Bárbara fueron con Alfred, yo tuve que quedarme. Me sentía de nuevo como la tercera rueda de la Batifamilia, el inútil que no luchaba eficientemente, que apenas brincaba de edificio en edificio y que solo salía los fines de semana. Ojalá papá siguiese en coma para que yo pudiese entrenar.

—¿Qué ha sucedido? —la temerosa psicóloga, Rebecca, se sentaba conmigo en los asientos de espera. El doctor Fuentes y el psicólogo que nos examinó se marchó luego de decretar sano y estable a Dick, añadiendo que él carecía de perturbaciones o daños psicológicos evidentes, que era un menor alegre y sano, acorde a su edad, repitiendo lo mismo respecto a Damián y yo. Sarta de mentiras.

Oí la respuesta de la señora Wilson vigilando de reojo la puerta del balcón. 32 pisos era un suicidio seguro, Bruce me indicó con sus ojos que permaneciera allí y evitara que cuerpos se regaran por la acera.

—Me han despedido.

Rebecca se estremeció.

Una mujer en quiebra por mi culpa. ¿Cómo decía Dick? … Ah, no aster.

—¿Quién lo ha hecho? —pedí sin dejar de ver la entrada al balcón.

—Mi superior. La verdad, me han querido echar desde hace mucho, por eso…

—Por eso le asignaron nuestro caso —completé por ella, volteando a verla —. Gotham no permitirá que sus protectores desaparezcan, así signifique matar a un miembro de la ley. Esperaban que el mismo pueblo la eliminase a usted.

—Sí —le tembló la voz.

Suspiré, ciertamente nos beneficiaba aquel resultado, pero existían otros métodos, no uno que representase que la señora Wilson pasara necesidades.

—Deme un minuto —yo tenía asignados tres teléfonos: el personal, el de Red Robin y uno para influencias. Este último valía toneladas de oro y estaba a punto de demostrar por qué —. Soy yo —dije a la mujer en la otra línea que contestó de inmediato. La Corte de los Búhos no era exactamente querida en Gotham, pues eran muy pedantes y trataban a sus nuevos miembros como basura, especialmente los que no provenía de sangre azul como ellos, lo que les creó enemistades en altos cargos ocupados por sangre nueva que se encontraban dichosos de favorecernos.

—¿Qué gustas? ¿Otra multa?

—No, acaban de despedir a mi agente de los servicios sociales.

—Lo sé, de nada.

Sonreí. Obvio.

—Imaginé que fuiste tú. Devuélvele el puesto.

Muchas personas me estaban mirando, pero nadie grabando. A la señora Wilson se le saldrían los ojos de las cuencas; Damián maldeciría por no estar aquí para verla y disfrutar de demostrar el poder oculto que manejaba la Batifamilia.

—¿Qué fumaste? Ha sido un problema para ustedes desde el principio.

—Es una trabajadora honesta, quedan pocas. Aprovechando que tú y yo somos algo corruptos, asígnale un caso distinto, uno de verdad.

—Como quieras niño maravilla.

Guardé mi teléfono tratando de no sonreír, pues no iba acorde a mí.

—¿Qué has hecho? —me pidió Rebecca con pánico en la voz.

—Matar dos pájaros de una piedra: nos acabamos de quitar una molestia y de asegurar en su cargo a una buena persona, integra y repleta de los valores que la fuerza necesita.

—Es increíble —jadeó la señora Wilson. Ella veía con atención su celular —. Lo hizo enserio, me contrataron… incluso me subieron el sueldo —entonces la morena me miró —. ¿Pudieron haber hecho esto desde el principio?

—Sí —la voz de Bruce nos tomó desprevenidos; agg, ¿y si se enojaba? —. Pero prefiero no interferir en estas cosas. Dado que el puesto de la señora Wilson se hallaba en riesgo, no nos queda de otra. Bien hecho, Tim.

Uff, salvado.

—¿Te llegó la notificación? —me asombré de lo rápida que era mi amiga en las «altas esferas».

—También. Espero a alguien que acaba de ingresar al edificio.

Grande fue mi impresión cuando Elizabeth y Duan Moody, bisnietos de Thurston Moody, y hermanos gemelos, aparecieron en el ascensor. Estaba yo delante de los miembros más poderosos de la Corte de los Búhos.

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—No puedo creer que estos hijos de puta se atrevan de hablar de mí con los medios —oí que murmuró Billy revisando su celular. Con Billy se daba una contradicción en la liga: permaneciendo con su identidad casi intacta, se esperaba que él fuese un chico pobre, cuyo hogar se desconocía y que muy probablemente vivía con una anciana solterona que necesitaba a un adolescente que limpiase sus cañerías, así que Billy debía brindar una imagen desprotegida, humilde, todo lo contrario a lo que la Liga de la Justicia le brindó.

—Sube el volumen, no todos tenemos súper audición o un auricular —recalqué avanzando por el cuarto piso de nuestra, ojalá convenciera a Superboy, nueva base.

Si los planos no erraban, por allí se acumulaba tecnología nivel 1 sin uso que Luthor le dejó a su «hijo».

—Bueno, para empezar, yo sabía que era un prostituto, pero vivía con un viejo lo más de majadero, inofensivo. Nunca supe a donde se fue una vez el tipo este se murió, pero siempre dije que continuaba prostituyéndose. Tiene cuadernos con stickers, ¿sabe?, de los caros. Y he visto su sudadera, ahora es de marca, y usa buenos zapatos.

Uno de los compañeros de Billy, sin duda.

—No hace nada en clase —esa era la voz de una mujer adulta —, lo tuve el semestre anterior en matemáticas. Se la pasa dibujando en su cuaderno sin prestar atención. Y es bastante altanero, un alumno muy difícil.

—Siempre está leyendo u oyendo música. Usa los audífonos de Apple, los Maxs, cuestan más de 700 dólares. Wayne tiene que habérselos dado.

—No soy exactamente bueno en infiltración —se burló el capitán el asunto, silenciando su celular y guardando en su bolsillo los auriculares blancos, los que no empleaban cable; él tenía de ambos tipos por capricho de muchos superhéroes.

—No es algo de lo qué preocuparse —zanjó Kon el asunto. Desde que entramos a su «nuevo hogar», mi amigo estuvo muy callado.

—¿Qué te tiene inquieto?

Ok, todos los presentes éramos de confianza, no debía existir un motivo de silencio, salvo los temas hiper mega secretos, como Jason.

—Pues… —suspiró —. Hoy escuché a las porristas de la escuela, quieren botar a M´gann del equipo.

Alcé una ceja. ¿Y?

—¿Te molesta?

—No, pero… es porque ella es una marciana. A mí intentaron manosearme, a ella la quieren fuera del equipo y de la escuela. ¿Por qué?

—Para ti es más fácil la aceptación —le respondió Billy. Bingo, la puerta metálica con el dinosaurio verde pintado encima. A ojos ajenos, aquel edificio era una compleja red de entretenimiento adolescente, incluso con habitaciones muy obviamente decoradas para el sexo. Solo los pisos subterráneos y las secciones privadas demostraban ser a primera impresión un laboratorio —. Fuerte, emparentado con Superman y apuesto, ah, y con los millones de Luthor, así que bienvenido a la mesa del almuerzo. Una marciana no es tan fácil de aceptar, especialmente porque es una adolescente que provoca ternura. Ella genera sospecha, ¿qué otra forma podrá tener? En cambio, tú intimidas de frente, así que se confía en ti, eres directo, sin trapos sucios.

Un análisis muy correcto.

En la habitación encontramos cajas y cajas con diferentes marcas. Eran todas tabletas y computadoras de alto, medio y bajo presupuesto.

—Apple, Xiaomi, Samsung y otras marcas. Hay muchas cosas chinas y desechables —fue mi veredicto revisando el contenido tras internarme en la habitación —. Con esto armamos una buena gran de likes, solo queda programarla.

—Yo he ideado algo, no sé si les guste —comentó Billy antes de frenarse en seco —. ¿Dijiste Apple?

—Er, sí —le señalé la caja grande con la manzanita mordida pintada. Eran pilas y pilas de cajas, en su mayoría de marcas genéricas, pero igual mucho contenido de nombres reconocidos.

Billy se mordisqueó el labio. Tuve que aguantarme una sonrisa.

—Por casualidad, ¿estamos hablando de ¡Pads?

Señalé divertido al niño, sonriéndole a Superboy.

—¿Te importa obsequiarle una por la causa?

Superboy negó con una risa.

—Elija lo que quiera, Capitán.

—¡Sí! ¡Gracias!

En lo que el morenito revisaba la caja de Apple, eligiendo entre los diferentes modelos disponibles, me acerqué al apesadumbrado Kon.

—No te angusties, M´gann es una chica muy dura. Son casi las dos, ¿y si cocinamos algo y reunimos notas para cuadrar bien nuestro propio movimiento? Porque así de perdidos como vamos, traeremos el Apocalipsis antes de tiempo.

El dúo se rió.

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—Donas, ¡quedaron donas!

Sonreí ante el grito de Noah. Aria, a mi lado, suspiró de contenta. Una crisis mundial iniciando, pero las donas, esas no podían faltar o de verdad el mundo explotaría.

—Dime que compraste con glaseado rosa —solicité divertido con el asunto. La Liga estaba nerviosa, pero era poco lo que podíamos hacer, salvo dar mensajes de tranquilidad, cometido que cumplí en mi hora de almuerzo. De no ser por Batman, estaría comiéndome las uñas, pues ya quedaban pocas provisiones en los supermercados. Las personas se peleaban por las latas de judías y los frascos de champiñones, tuve que separar varias riñas que terminaron en ataques directos contra mí.

—Te traje dos.

El amable gesto de Noah no gustó a los demás miembros en la comisaría.

—Oye, es una para cada uno —le discutió Aria. Noah se nos acercó con un rostro confuso y la caja de donas abierta. Ya faltaban cuatro.

—Tiene que consumir más carbohidratos que nosotros, es lo justo —se excusó tendiéndome mis dos donas con una servilleta.

Otra vez el asunto de Flash.

—¡Qué no soy Flash! —alegué un poco molesto con la situación. La voz de que yo era el superhéroe escarlata se corrió por todo el departamento, ocasionando que incluso el teniente me saludase con respeto.

—Tan lindo, aferrándose a lo inevitable —se burló Aria con una voz maternal ficticia —. Come, Allen.

Suspiré molesto e inicié mi primera dona. Pocos policías quedaban en el recinto, todos fueron mandados a las calles para vigilar y tratar de mantener un orden decente; yo permanecí atento a las noticias, junto a los demás, deseando que no apareciese de la nada un loco como el de la otra vez.

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Los hermanos gemelos ingresaron a la oficina de Bruce; aunque Elizabeth lucía muy altiva y elegante, Duan no controlaba sus temblores y el sudor frío que se le deslizaba por la frente. Quizá el cabrón temía que sus sucios secretos se revelasen.

—¿Y yo? ¿Puedes hacer lo mismo conmigo?

—Sí, señorita Miller, pero debo preguntarle a Dick primero.

La señora Wilson entrecerró los ojos con sospecha.

—¿Qué tiene que ver tu hermano?

—Él y la señorita Miller han encontrado aficiones en común. Dick podría enojarse si yo le alejo a una… amiga.

La rubia palideció, no ayudando a tranquilizar a la señora Wilson.

—¡Reconoce que fuiste tú! —el grito proveniente de la sala de juntas nos llamó la atención a todos. Me tensé, los gemelos eran, en uno a uno, unos enemigos mediocres, pero los miembros de la Orden de los Búhos siempre eran de riesgo.

Bueno, adentro se encontraban Batman y Flecha Verde. Ese par podía cuidarse solo.

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—¿En qué idioma quieres que te lo diga? Yo no opero así —le gruñí a Duan. ¿Le era imposible controlarse frente a los extraños? Gotham manejaba sus propias mierdas, los empresarios de otras ciudades no tenían por qué enterarse de nuestras… discrepancias.

—¡¿Quién más?! Solo tú, cabrón, serías capaz de obtener tanta información.

Luthor lucía divertido, Oliver alerta, el resto permanecían nerviosos e incómodos. Elizabeth se mantuvo resignada al comportamiento de su hermano, sentada muy pulcramente en una de las sillas.

—Yo jamás dejaría en tal crisis a tantas personas. Ustedes tienen demasiados enemigos, han robado a más personas de las que… carajo, alguna de vuestras víctimas se hartó.

—Nadie sospecha de…

—Todo el mundo sabe de ustedes —lo interrumpí burlesco.

—Yo no —comentó Gates.

—¿De qué están hablando? —le susurró el señor de Apple al millonario. Gates se encogió de hombros.

Duan nos sorprendió tomando su silla y lanzándola por la habitación. Joder, de verdad estaba fuera de sus cabales. Oliver, recostado al muro, rió.

—Que manejo de la ira —dijo sarcásticamente.

—200 mil dólares, Wayne, solo eso —Duan ignoró al rubio —. Hasta el dinero de la universidad de mis hijos lo puse en esas jodidas cuentas para que se multiplicase, mis joyas y lingotes las decomisaron los bancos.

—Calla —lo riñó Elizabeth.

—¿Qué importa? Estamos en bancarrota, sin empleados, sin empresas, nada importa.

¿Nada importa? Y luego empieza a marcharse de la habitación tan relajado. Ag, detener suicidios nunca era agradable.

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—¡Red Robin!

Me tiré cual caucho en dirección a la puerta del balcón y la cerré con el pasador. Misión cumplida.

—Quítate niño —el empujón de Duan no me intimidó.

—¿Muy desesperado? —me burlé recostándome en la puerta cerrada. Por el pasillo interior de la sala de juntas aparecieron los magnates, algunos con curiosidad, los superhéroes con claras intenciones de detener el inminente suicidio y mi papá, él lucía preocupado.

¿Yo era culpable de que Duan quisiese matarse? No. Cierto, lo quebré, algo salió mal, pero los gigantes caen bajo su propio peso. No fui yo quien le dijo que robara a medio planeta.

—Muévete —gruñó sin atreverse a tocarme. No todos en la Orden de los Búhos eran luchadores, los líderes principalmente se dedicaban a mandar y lucir guapos, eran poco de enfrentamientos físicos.

—Me pregunto si ahora que no tiene ni donde caerse muerto resultará difícil conseguir evidencia de sus cacerías, señor Moody.

—¡No! ¡No!

Damián iba a gritar como loco por haberse perdido la oportunidad de apretarle todos los botones a esta rata.

—Bueno, yo tengo unos videos, ¿sabe? —musité como si nada, actuando con una calma estresante —. Puede que quiera verlos, sale usted muy bien con su traje de vaquero y esa pistola de colección disparándoles a los niños del orfanato que secuestraron para llevar al campo.

—¡Es mentira!

—¡Tranquilízate, idiota! —le gritó su hermana —. Te está desequilibrando.

—¿Yo? Él ya está desequilibrado —dije con indignación —. ¿Qué clase de sujeto practica la cacería humana? Le diré cual, señor Moody, un cobarde.

—Tim —me advirtió mi padre. Las venas le saltaban a Duan de la frente, sudaba mucho y sus ojos permanecían erráticos. Sí, se iba a lanzar.

—Usted es tan miedoso que no sería capaz de sacarme la pistola a mí, que mido la mitad de lo que usted y no peso ni un tercio de su peso —continué provocándolo —. Debería sentarse y llamar a su abogado en lo que los videos le llegan al comisionado Gordon. Oh, espero que tenga saldo —puyé —. Bueno, los pobres rara vez tienen…

No pude acabar, Duan de nuevo intentó empujarme fuera de la puerta. Yo salté lejos y él abrió el paso al balcón tirando la puerta. El cuello de botella que generamos nos demoró colectivamente, para cuando ingresamos al balcón Duan ya colgaba del borde. Las secretarias estaban gritando, a Gates se le saldrían los ojos de las cuencas.

—Ven acá, imbécil —le dijo Bruce alcanzándolo. No pasé por alto que lo sujetó de la chaqueta, no de los brazos —. Ten huevos y afronta lo que hiciste.

—Suéltame Wayne —le gruñó —. Si me salvas te demandaré.

—Genial, demándame, pero entra. ¿Le vas a dejar esto a tu hermana?

Oh, Elizabeth. Los familiares actuaban en caos ante los suicidios, pero la señorita Moody no se contrarió con la decisión de su hermano. Todos ellos era desalmados.

—Es la mayor.

Y empujando a Bruce, se aventó. La chaqueta se fue con él, lo que causó que Batman maldijese en baja voz. Alguno cerró la puerta del balcón, el fuerte golpe se oyó hasta arriba, así como los gritos y el pánico general.

—¿Traigo su teléfono?

—Todo lo que encuentres.

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Ese video de Tim robando a un muerto esparcido por la acera fue, en nivel de aceptación, lo peor que pudiese pasarnos, pero a mí no me importó, yo no podía dejar de ver ese cuerpo muerto por mi culpa.

23 suicidios debido a una orden mía.

—El plan va así —arranqué ante Billy y Kon. Encontramos un tablero acrílico y unos marcadores verde y rojo, eso nos sirvió —. No hay que dejar cabos sueltos ni problemas por ahí. Necesitamos aceptación publica y rápida; hoy cerraré el asunto de Helena Bertinelli, tenemos que pulir nuestros nombres, crear una historia y…

—M´gann —nos interrumpió Billy señalando al televisor silenciado. Godfrey estaba en la pantalla mostrando una fotografía de M'gann en la escuela.

Subimos el volumen.

—¡Una porrista! Averigüé los datos de la Señorita Marciana, si es que se le puede llamar señorita. Ella tiene más de 50 años terrestres, específicamente 51 años. ¿Qué clase de demente de 51 años se hace pasar por una adolescente de 16, ahora 18? Dios, es que lo digo y peor suena. ¡Parece la trama de una película para pederastas! Ella ve a nuestras niñas, unas jovencitas en pleno inicio de la adolescencia, desnudas en los bañadores. ¡Hace pijamadas con ellas! ¡Duerme a su lado!

—Mierda —susurró Kon —. Le dieron con todo.

—Nos beneficia —admitió Billy con una mueca. Me agradaba cada vez más ese chico: práctico, analítico, realista y cruel, Billy me ayudaba a recordar a Batman y mantener los pies en la tierra.

—¿Cómo? —pidió Kon con mucho odio —. La están acribillando.

—Perdón, quise decir que nos beneficiaba a nosotros tres —suspiró y siguió —. Se desenmascaró a Batman y su familia, la noticia del siglo, luego caen otros superhéroes, la noticia del siglo se empareja con esta noticia; posteriormente se publica lo de Bertinelli, la Batifamilia vuelve al palastro, pero solo Batman y Nightwing; una bomba y se descubre a una marciana y a un clon de una nueva raza, que amplia una investigación genética considerada por las religiones del mundo como una abominación contra su Dios, lo que ha abierto mil debates entre pastores y demás. Ahora hay una jodida caída del dólar y una crisis económica a punto de desequilibrar todo.

—Demasiada información —señalé.

—Exacto. Con un brazo roto, te distraes del dolor mordiéndole el brazo bueno. Mientras más noticias, menos relevancia las antiguas. Cierra el caso Bertinelli, pide unas disculpas públicas y empecemos a devolvernos en nuestros pasos; y a crear planes más sólidos y menos desesperados.

—Espera, espera, espera —me apresuré, no oyendo nada después de «disculpas públicas» —. ¿Disculparme? —ambos me vieron con asombro e indignación, dando por hecho que era obvia mi acción a tomar —. ¡No voy a disculparme! Esa muchacha tuvo el mejor romance de su vida y una ruptura pacífica e indolora, fui profesional. Ah-ah.

—¿Ah-ah? Viejo, metiste a su padre tras las rejas acostándote con ella y tu padre con su madre.

—¡Es cumplir el deber, Kon!

—Y yo lo entiendo, pero no es lo mismo si lo sabemos nosotros a si el mundo se entera. Tienes que disculparte o callarla.

—Oe —gritó Billy —. A mí no me van a enlazar con una muerte, con este asuntico de la crisis económica tengo para rato.

Medité mis opciones. Yo no la mataría, mi madre y la Virgen me darían con palos de beisbol. La imagen de la Virgen María golpeándome con un bate fue hilarante y me generó una mejor idea.

—Tengo un método. Kon, ¿cabes en mi traje? Necesito coartadas sólidas.