—Lamento mucho que dos de los principales miembros del Equipo no se hallen presentes, Blue Beetle.

—No hay problema —le sonreí, aunque ella no podría verme. Canario Negro era hermosa y gentil.

No hay nada impresionante en esos dos, comentó con malas pulgas el escarabajo. Mordí mi lengua para evitar responder. Batman me explicó, sin presencia de mamá, que pondría esquizofrenia en mi historial si así yo lo quería; él dijo que me ayudaría a mantener una historia de portada y continuar comunicándome con el escarabajo, por lo que acepté. Él era Batman, no hablaba por hablar, sus consejos no debían ser despreciados.

—¿Alguien sabe dónde está Superboy? —pidió con una mueca el chico mitad pez que, se me indicó, se apodaba Lagoon Boy. La chica de cabello azul a su lado, Tula, permanecía en silencio sujeta de la mano de su novio, un chico atlante.

—¿Ganas de otra paliza? —lo cortó el líder, Aqualad, antes de mirarme y sonreír abiertamente —. Bienvenido al Equipo, Blue Beetle, recibe una cordial bienvenida de todos nosotros.

—Que extraño —murmuró Canario observando la computadora holográfica que se desprendía de la base metálica —. Batman pidió dar su inducción personalmente.

—¿En serio? ¿Con esta situación? —curioseó Kid Flash.

Desconfianza, propongo…

—No atacaremos a nadie, cierra la boca —musité tan bajo que solo yo y el escarabajo oímos.

—¿Dijiste algo? —pidió con dulzura Canario Negro.

«Si te presentas como un esquizofrénico, nadie cuestionará que hables contigo mismo. El escarabajo en tu espalda, según me has contado, es una inteligencia artificial que supera los límites de lo actualmente descubierto. El anterior Blue Beetle se lució con su invención, no deberías desaprovechar la ayuda que el escarabajo te da, pero tampoco exponerla al público.», fueron las palabras del señor Wayne. Igualmente, fue incómodo y extraño mentir.

—Hablaba conmigo, discúlpeme.

—No hay problema Azul. ¿Te podemos llamar así?

—Por supuesto.

Eres muy blando, Jaime Reyes.

Silencio, por favor, daba igual, el bicho no oía mis pensamientos; yo no sabía si dar gracias por eso o desesperarme.

—Batman vendrá en… un par de horas, según su mensaje —ahí ella lució dudosa —. Debe solucionar un par de asuntos primero, naturalmente.

—¿No sería más rápido si Aqualad o alguno de los mayores le diese la inducción? —pidió el chico verde con el enterizo rojo. Cada cual era más raro en esa cueva.

—Son las órdenes —respondió Aqualad.

¿Son las órdenes? ¿En serio? ¿Cómo un cuartel?

—Yo… esperaré —murmuré.

No sentí que pudiese responder otra cosa.

0oOo0

—¡Cierre esa puerta!

No necesitaba que se descubriera mi identidad secreta para que en mi edificio me temiesen. Yo era dueño de casi medio mundo, se esperaría que mi palabra fuese ley, pero la ira de Lois Lane era más atemorizante que la mía.

—No te atrevas, Bruce.

Los periodistas en la sala ya habían recibido sus instrucciones, quienes estuvieron con lo de Billy se quedaban, el resto fuera. Técnicamente, el edificio se encontraba cerrando, ¿cómo hizo Lois para entrar a la sala de conferencias?

—Buena suerte, mi amigo —me susurró Oliver pasando junto a mí. Le dábamos unas 24 horas al gobierno para tener una respuesta e iniciar las negociaciones, mientras tanto los millonarios se marcharían a alguna propiedad que tuvieran en la ciudad. Lo principal era que el gobierno incautara las propiedades de la Orden de los Búhos, luego iniciaría la repartición despiadada; pareceríamos leones peleando por un bistec.

—Lois, ¿cómo burlaste mi seguridad?

Ella me sonrió altiva y se cruzó de brazos, muy orgullosa consigo misma.

—Tus empleados me recuerdan.

Esbocé una ligera sonrisa.

—Lo siento, me encantaría atenderte, en serio, pero debo finalizar mi asunto respecto a Billy.

—Y luego me darás tu exclusiva, espero.

—¿Tengo opción? —revisé mi reloj dando por hecho que me sometería a los caprichos de mi ex. Jaime ya debía estar con los otros en la cueva —. Hoy no puedo, mañana.

—No te me escaparás —sonrió gatunamente. Otro día me hubiese ido tras ese gesto, pero…

—Hoy sí no se puede, lo siento. ¿Por qué no te quedas a la entrevista?

Ella frunció el ceño. A diferencia de otros periodistas, Lois reconocía cuando poner un freno en su boca, por más que su fama no hiciese creíble eso.

—El niño Batson, ¿todo lo que dijiste era verdad?

—Cada palabra.

Vimos a los demás periodistas sacar lápiz y papel, atentos a lo que yo dijese; bajo tecnicismos, la entrevista no proseguía sino hasta dentro de 10 minutos.

0oOo0

—Y esa armadura, ¿qué? ¿No se quita?

Pasé saliva ante el curioseo de Chico Bestia; él era de mi edad, pero estaba muy cómodo rodeado de tantas famosas leyendas.

—No lo molestes —riñó suavemente el líder, Kaldur, revisando de nuevo el archivo con mi nombre. El hombre puso una actitud más amable, si era posible, luego de leer mi archivo, era obvio que llegó al punto de mi «enfermedad» y empezó a tener lástima.

Fue raro ser el único con el traje puesto.

—Te la puedes quitar si quieres —continuó el chiquillo verde y escandaloso. ¿Exactamente cuál sería su poder?

—No fastidies, Bart —le alzó la voz Kid Flash desde el otro lado de la sala/cocina, pescando los bizcochos de la Señorita Marciana, Megan.

Una vez fui a una fiesta de chicos de preparatoria, Ty nos coló porque era amigo del organizador. Pasé la noche solo, sentado en el sofá, viendo a los demás embriagarse, morrearse y hacer el ridículo. Aunque la escena era distinta, la sensación no cambiaba.

—Es increíble que Conner no conteste —oí que habló la arquera, Artemis Crock. ¿Estaba bien que supiese sus nombres con apenas un «hola»?

—Ni Nightwing, ¿les habrá pasado algo? —era la marciana.

—¡Ja! —se burló Kid Flash —. Por favor, ¿Superboy y Nightwing? Pobre diablo el que se les cruce —a mi parecer, y el del escarabajo, Lagoon Boy se enojó con el comentario —. Además, estaban con…

—Shh.

Creí que el silencio era por mí, pero Lagoon Boy y Chico Bestia también lucieron confusos. Giré el cuello para ver.

—Lo siento muchachos, hay secretos por sobre su nivel —nos explicó con frialdad Artemis.

—Arti, cayó Batman —el tono alegre de Chico Bestia me dio moral, quizá me enterase —. ¿Qué más secretos puede tener la Liga?

Wally frunció el ceño.

—Escuchen muy bien, novatos. Hay escalafones aquí, la identidad de Batman es una, un poco se encuentra la de Superman, pero por encima de todos estos titanes, hay alguien. Siéntanse afortunados de no conocer el secreto.

0oOo0

—En resumen, es un niño que ha sufrido toda su vida de maltrato y trata de blancas, la Liga de la Justicia lo acogió y le dio protección de testigos y ahora el niño, Billy Batson, vive en el Salón de la Justicia.

—Sí.

El periodista frunció el ceño.

—¿Por qué? ¿No es más… simple darlo en adopción a un buen hogar?

—Bajo nuestros ojos sí —y procedí a increparlo —. Para entender la situación de Billy, hay que verla desde su punto de vista. No ha habido casa adoptiva a la que fuese donde no se topase con abuso en diversos grados, el único hogar digno que tuvo acabó al morir su tío adoptivo. ¿Cree que él quiere ir a una casa adoptiva o a otro orfanato?

—¿Tiene voz y voto? —pidió otra. Las cámaras transmitían nuestra conversación al resto del mundo. Billy me debía estar odiando en estos momentos.

—Es un ser humano consciente y pensante, sí, tiene voz y voto.

—¿Por qué el Salón? ¿Se siente a salvo con los superhéroes?

—No… bueno, Billy no es un niño que se deja influenciar por las capas, a él no le importa quienes somos, cada persona de su mundo lo ha defraudado, no confía en nadie. Se siente a salvo, de otra forma no se hubiese quedado, pero no es porque seamos héroes famosos.

—Pero, ¿por qué el Salón? —insistió otro.

—Porque lo podemos vigilar, en otra alternativa él habría buscado la calle. Viviendo con nosotros, contamos con alguien presente todo el tiempo, ayuda en deberes escolares, alimentación, vestuario, todo. Hay miembros de la Liga que no estuvieron de acuerdo con este arreglo, tuvimos que negociar con el propio Billy y eso no caló, pero fue lo mejor que se concibió.

—¿Cómo llega Billy a ese depósito en Gotham?

—En su helicóptero —traté de no sonreír, la respuesta física de los presentes era hilarante, así como lo que, imaginaba, opinaría el Capitán.

—¡¿Qué?!

—Una de las condiciones de Billy era continuar sus estudios en Fawcett City, así que le puse un helicóptero y un jet, ambos auto conducidos, Superman le dio una de sus naves a toda velocidad que se programan fácilmente. Ya les dije, Billy es un testigo visual, pero de nombres conoce poco y Fawcett City es un mercado de pedófilos, lamentablemente.

—Espere, ¿se refiere a…?

—Ajá.

—¡Dios! ¡Tiene trece años!

—Él lo pidió —me encogí de hombros —. Conocimos a Billy porque él causó un accidente que dejó paralítico a un pederasta, nosotros creímos que era un asesinato fallido y dimos con el niño. Billy iba a cazarlos a las malas, arriesgándose estúpidamente.

—Y usted lo tomó bajo su capa y lo entrenó —completó uno de los presentes con ironía.

—Sí —admití con simpleza —. La información que tiene él no la tiene nadie, ¿qué esperaban que hiciéramos?

Una periodista más joven alzó la mano sin pausar su escritura en su libreta.

—¿Cuántos pedófilos ha atrapado Billy?

—Quince.

—¿Cuántos atrapa la policía al año?

—¿En el mundo, Estados Unidos o Gotham?

—… Gotham, pero que no haya intervenido usted.

—Tres el año pasado y ya están libres por falta de testigos.

—¿Y nuestro país?

—Doscientos, casi cincuenta continúan en prisión.

(Está bien, sí, me acabo de inventar la cifra, pero es que no conseguí nada en Internet. Igualmente, yo sé que los que atrapan son muy pocos y pronto quedan en libertad en muchos casos, así que me permito, si no les importa, una licencia creativa en esta parte.)

—Mierda —susurró Lois.

—¿O sea que la Liga lo usó para dar con los niños en el depósito?

—No —mentí —. Billy lo hizo por su cuenta; la Liga estuvo muy pendiente de estos raptos a menores y Billy, él tiene acceso a muchas zonas del Salón, lo leyó en la sala de cómputo y decidió hacer algo con la información en el momento que dimos por sentado que se hallaba durmiendo.

—¿Esto ha ocurrido antes?

—Nunca.

—¿Billy fue reprendido?

—Él actuó a nuestras espaldas, se puso en riesgo y violó nuestra norma de no tomar el helicóptero sin supervisión, le retiraremos un mes los videojuegos y tendrá dos semanas sin horas libres en la sala de cómputo. A opinión personal, luego del regaño, le daré un helado —me encogí de hombros —. Lo que hizo fue muy valiente.

—¿Cómo así? ¿Lo felicitarán o lo castigarán?

Vi con escepticismo a la mujer que preguntó.

—El mundo no es blanco y negro, señora. Muchas veces los niños cometen errores por intentar hacer algo bueno, este fue el caso. Billy necesita saber que actuar por su cuenta no es correcto y que él no tiene por qué exponerse de tal forma en un lugar tan peligroso, pero lo que hizo no deja de ser increíble, valiente y de haberle salvado la vida a una centena de niños y niñas. Sí, con mucha felicidad le daré ese helado mañana.

—¿Y quién fue el idiota que dejó la sección abierta? —se rió uno de ellos, tratando de cambiar el tema. La mujer de la pregunta de crianza se encogió en sí misma y cerró el pico.

Sonreí.

—Superman.

Hubo una risita, algunos continuaban enfocados en su labor.

—¿Y qué sucedió después?

—Nada, lo que describió el secuestrador; yo usé los rastreadores presentes en la ropa de Billy para encontrarlo al recibir la notificación de que no estaba. Lo encontré en una jaula, lo saqué.

—¿En qué pensaba ese niño? —preguntó Lois. Ella no podía intervenir, pero le leyó la mente a los demás y lo expuso.

—En que él es la única persona del mundo que la Liga de la Justicia encontraría en dos clics. Billy se dejó atrapar y se relajó.

—¿Qué pruebas hay? —mientras más veterano, más agudo.

—El historial del rastreador.

—¿Lo tiene a la mano?

—Lo tiene la Liga, les pediré que lo publiquen.

0oOo0

Si la vida fuese como en las películas, mi ropa no estaría completamente manchada en polvo.

Engañar a una mujer para que me dejase entrar a su edificio de apartamentos de lujo, bajo la creencia de que yo era uno de sus vecinos cuya tarjeta de acceso dejó olvidada, fue relativamente fácil después de que critiqué a las personas manifestándose en las calles de Metrópolis debido a la escasez de alimentos. Hackear los servidores de seguridad desde el ascensor tampoco fue problema, todo inició una vez en el octavo piso, inferior al apartamento de la tía de Elena.

No podía ser visto, era lo absolutamente prohibido. Los ductos de ventilación no eran mi lugar favorito; meterse en la estrecha pared y deslizarse no era tal cual se mostraba en internet, cualquier mal movimiento generaría un sonido que alertaría de mi presencia, además, la estrechez del lugar siempre daba cabida a la claustrofobia. Sin contar nada de lo nombrado, el polvo era el distintivo de los ductos de ventilación, mi ropa de civil, una chamarra morada y una cachucha que ocultarían mi identidad, se untó hasta el trasero, literalmente, del polvillo acumulado.

—¿Lo que ustedes ofrecen, señor Wayne, es comprar las empresas en quiebra sin adquirir la deuda?

Era la entrevista a Bruce, una repetición, ya era demasiado tarde.

—Exactamente. Puede sonar bastante egoísta, e incluso parecer como un acto puramente ambicioso, pero de esta manera se protegerán los ingresos de las millones de familias afectadas.

En posición, me susurré mentalmente. Me hallaba frente a la habitación de la tía de Helena, Soraya. Mi registro la describía como una viuda rica sin nexos con los negocios delictivos de su cuñado, el padre de Helena. No obstante, la mujer rubia y cincuentona no se hallaba en el dormitorio.

Gates proseguía en la pantalla.

—Una vez la justicia halla esclarecido lo sucedido con las firmas y empresarios afectados, las empresas serán devueltas en el estado que se encontraron a sus legítimos dueños. No es nuestra intención apropiaros de las riquezas de otros hombres y mujeres, simplemente, como lo esclareció el señor Wayne, cuidar del ciudadano común, el principal afectado de este robo.

—¿Qué información poseen sobre lo ocurrido?

Gates, los ricachones y los periodistas miraron a papá. El encuentro se realizaba en el interior de Wayne Enterprise, en la misma sala en la que se ejecutó la interrumpida entrevista a nombre de Billy.

—Nada aún. La familia Moody parece ser la representante de los empresarios afectados; con la muerte de Duan Moody, el peso ha recaído sobre su hermana mayor, Elizabeth Moody, quien no ha podido dar a la ley una respuesta.

—¿Ella tiene el poder para decidir lo que sucederá?

—En vista de la magnitud global del robo, no. Actualmente el estado interpela una tutela contra ella y sus colegas; una vez sea aprobada, la ley podrá intervenir.

—¿Y qué hay de usted?

Bruce no cambió su rostro frío y sin emociones ante la maliciosa pregunta.

—Eso no viene al caso, apeguémonos a lo acordado.

Se acabó la televisión, Soraya ingresó en el cuarto envuelta en una toalla blanca. Hermosa, buena descripción para la mujer. En mi trabajo vi cientos de mujeres desnudas, no es que fuese la gran cosa, como diría Damián «pechos caídos y un mar de estrías», pero contrario a mi hermanito, yo sí apreciaba la belleza de lo mundano.

Una erección en el campo era una orden de ejecución cantada, consideraba Bruce. No pude evitarlo antes y esa noche tampoco. Y sin saber que yo andaba de voyeur, ¿a quién le afectaba? Soraya jamás se enteraría, nadie lo sabría, no quedarían evidencias. Mi trabajo era impecable.

Diez minutos tardó la doña en vestirse, luego salió. Se hacía tarde, yo ingresé a las diez, luego de realizar algunas apariciones públicas en Blüdhaven para despistar, Kon con mi traje se encargaría del resto en los callejones, alejado de las cámaras. Necesitaba esperar que se fueran a dormir para abordar a Elena; mientras más de noche, más silencio y más oportunidades de ser oído. En el piso me movería libremente y sin ruido.

Esperar recostado sobre mis brazos cruzados era aburrido e incómodo; Alfred nos malcrió con sus camas y colchas importadas. Finalmente, las luces se apagaron antes de la media noche, me quedaba media hora de ver las rejillas. Esperando que el sueño de Soraya fuese pesado, abrí con lentitud la verja del ducto una vez pasó el tiempo. De nuevo con los errores en las películas, uno no se lanzaba del ducto, bajar era más complicado: arrastrar fuera medio cuerpo, retorcerse cual gusano y sacar un pie, luego el otro, para ir descolgándose sin soltar jamás el umbral del ducto con las manos. Solo al estar seguro de la caída me desprendí de la pared.

Silencio. Grandioso.

Sin pasos en la cocina, nada de murmullos o señales de vida, fui atrevido y me colé en la nevera a sacar algo de lo que hubiese. Papá detestaba esa actitud, pero al mismo tiempo nos la fomentaba.

Nervios de acero con prudencia, decía. A mi parecer, un apartamento con dos damas en una zona residencial era lo suficientemente seguro para no importar.

Con mi sándwich de champiñones, jamón y restos de la ensalada césar de la cena, me dirigí a la alcoba de Elena. Lindo lugar, cuidado, femenino. Masticando y con confianza me senté en su cama.

0oOo0

Pasadas las horas, Chico Bestia se retiró a dormir. Canario Negro le prometió a mamá que mi reunión no me tomaría más de media noche, pero esa hora ya había pasado y Batman aun no hacía acto de presencia en la Montaña de Happy Habor, como me explicó el niño verde que se llamaba la cueva.

—Batman no deja plantado a nadie, Azul, es la situación lo que lo retrasa —trato de justificar Aqualad.

—No hay problema.

Tu mentira no se la creyó, Jaime Reyes. Tu cuerpo pide alimento y descanso. Propongo retirarnos.

—Ya te dije que no se puede —mascullé lo más suave que pude. Ya en la sala, en un ambiente más cerrado que el de la entrada principal, mi plática con el escarabajo no pasó desapercibida.

—¿Disculpa? —Lagoon Boy, viendo conmigo y Wally una película, me vio con confusión.

—Lo siento, hablaba al aire.

—Haces eso mucho —señaló. Wally le dio un codazo, él leyó el informe con Kaldur.

—¿Creen que lo que va a hacer Batman con los millonarios resulte? —preguntó la marciana terminando de asear la zona de la cocina. O aquí todos se recostaban en el trabajo de la mujer verde o de verdad ella disfrutaba ese espacio.

—Mantendrán los trabajos de millones de familias y al no quebrarse las empresas el mundo saldrá de la crisis en poco tiempo. Por supuesto, quedan los miles de trabajadores sin pensión y quienes perdieron todo en los bancos, pero… es un buen plan en medio de una situación difícil.

—Batman es muy astuto, igual que Luthor —atinó Wally luego de las palabras de Aqualad —. Se pasarán años, sin decir que jamás sucederá, para que los empresarios puedan recuperar sus compañías. Quienes se apoderen ahorita de las empresas a punto de quiebra gozaran de 0 inversión y del 100% de las ganancias. Ricos haciéndose ricos —me dio la impresión de que añadió desprecio a sus palabras.

Reconocido Batman A02.

La voz femenina de la máquina teletransportadora nos atrajo. Mi vida cada vez parecía más como una película de ciencia ficción.

Batman, el señor Wayne, no llegó solo, lo hizo con docenas de cajas gigantes de madera y una maleta de viaje deportiva con el logo de la Liga de la Justicia.

—¿Señor? —era Kaldur. Él se mostraba extremadamente respetuoso.

—Cada caja se encuentra marcada, Aqualad. Son víveres y alimentos no perecederos para los hogares de los miembros de la Liga y La Cueva, tanto los miembros activos del Equipo como los más jóvenes colaboraran en el desempaque y entrega de estas mercancías —habló mientras se soltaba la corbata y la enrollaba en su mano. Era un hombre muy elegante e imponente —. ¿Dónde está Nightwing?

—No llegó.

El adulto miró con seriedad al chico rubio.

—¿Cómo que no llegó? Hoy tenían reunión y la presentación de tres miembros nuevos.

—Ni él ni Superboy respondieron al comunicador, pero me mandaron un mensaje por chat de que les surgió un inconveniente. Ellos estaban con…

—Lo sé. Bueno, inicien con esto y mañana tómense el día para descansar. ¿Chico Bestia?

—En la cama.

—Él les ayudará por la mañana. Ven, Blue Beetle.

Sí, aquello era un cuartel: órdenes indiscutibles y un jefe frío. Yo no quería estar ahí, estaba cansado y nervioso; ¿aún me podría retractar?

—Buenas noches señor… Batman —lo saludé alineándome con él para ir a la cocina.

—Señor Wayne está bien, ya no importa realmente —suspiró —. ¿Cómo te recibieron?

—Bien.

El hombre no cuestionó mi respuesta vacía y se mantuvo en silencio. Él depositó la maleta en el mesón de la cocina y la ignoró sacando de su bolsillo un celular que se volvió una pantalla holográfica.

Impresionante, pensé.

Que primitiva es vuestra tecnología, Jaime Reyes. Quise patear al escarabajo. Tal vez no debiera estar viendo la ventana de la computadora de Batman, pero era inevitable, ese holograma de un mapa de los Estados Unidos era la locura.

—Maldita sea, Dick —musitó el hombre. Lo miré parpadeando y volví a fijarme en el mapa; dos puntos parpadeaban en diferentes ciudades, una sobre Metrópolis y otra en Blüdhaven.

—¿Señor?

—Nada hijo —respondió apagando el holograma. Cuando me miró, trató de mostrarse más suave —. ¿Qué decidiste? ¿Le dirás a los demás del escarabajo o permanecerá oculto?

—Pues… ¿usted qué haría?

El señor Wayne entrecerró los ojos.

—Ser subestimado siempre es la mejor opción, Jaime.

Entonces sería el loco del grupo, bien.

—Mantendré el secreto, señor.

—Magnífico. Esta maleta es tuya —procedió a abrirla, dentro vi dos frascos grandes, documentos y algo de ropa; él tomó las carpetas —. Esta es su VISA americana, oficialmente tú y tu familia son ciudadanos de los Estados Unidos de América.

—¿En serio? —jadeé.

El señor Wayne me sonrió.

—Por supuesto, Jaime, fue lo acordado —y continuó sacando más documentos de las carpetas —. Diles a tus padres que no se preocupen por sus trabajos, y que tu mamá no busque más, dentro de dos días debe presentarse en la siguiente dirección, laburará como pediatra.

Hasta ese momento, mi madre, una doctora titulada, las hacía de enfermera por falta de oportunidades.

—Gracias señor Wayne.

Sus rasgos se mostraron más abiertos y amables.

—De nada, hijo. Lo demás es direcciones donde pueden buscar una casa para alquilar y pagar por cuotas, hay de ambas opciones, yo las recomiendo más que apartamentos; el resto son sus nuevos seguros médicos. Estos frascos —me los señaló —, son vitaminas, el tuyo es el verde, el azul el de tu hermana. Sé que padece asma, el seguro se encargará de todo, tu madre puede llevarla mañana, tienen orden de atenderlas de inmediato. ¿Qué falta? Ah sí, ten.

Me tendió un alijo de tarjetas.

—¿Y esto? —la primera de todas decía Walmart.

—A la Liga de la Justicia le llegan mensualmente toneladas de tarjetas de regalo, bonos y descuentos en diferentes tiendas, centros comerciales y parques de atracciones, todas se dividen en partes iguales y se les entregan a los miembros de la Liga y del Equipo. Los doscientos dólares de la mesada, ¿los quieres en efectivo?

Dinero, comida, juguetes, salud, trabajo, una casa… nunca iba a poder decirles que no quería estar ahí.

0oOo0

Me desperté asfixiada, me ardían los pulmones. ¡Oh no! Alguien estaba ahí conmigo y me tapaba la boca y la nariz.

—Shh.

Me quedé muy quieta tratando de entender cómo se colaron en mi alcoba.

—Buenas noches, Helena —Dick, era el puto Dick —. ¿Qué creías que estabas haciendo al acusarme así con la prensa? ¿Creando una caza arbitraria contra mi familia?

Traté de emitir un sonido; estiré mi mano a mi mesita de noche buscando tirar mi reloj, lo que fuese que generase ruido y despertara a mi tía. Dick me detuvo y apretó su mano sobre mi boca.

—Ni se te ocurra, no más de tus chistecitos —aún en las sombras, vi la forma en que se inclinó hacia mí; bajo su pierna mi brazo no pudo moverse. Tenía miedo —. Estás a mi merced, Helena —se burló de mi nombre.

Podía hacerme lo que fuese siempre que me mantuviese silenciada con su mano. Dick no era un buen tipo, era manipulador y un descarado morboso. ¿Y si me violaba? ¿Quién se lo impediría?

—Nah, no me creo tus lágrimas de cocodrilo, Helena —solté un sonido de quejido cuando sus manos se apretaron dolorosamente en mis mejillas —. Igual, para que no existan problemas, no te haré daño ni te voy a tocar más allá de lo necesario para callarte. Solo vine a recordarte uno de tus debates en la escuela, algo sobre el feminismo.

¿Qué?

—Sí, haz memoria, fue la única vez que pudiste liderar un debate con tanto público. Yo estuve ahí, te di ánimos.

Lo recordaba, fue sobre el papel de la mujer en la sociedad. ¿Qué con eso?

—Eres una chica muy aguda —se interrumpió comiendo. ¿Comiendo? ¡¿Nos estaba robando comida?! ¿No le bastaba acaso con su intimidación? —. Muy acertadamente señalaste que la reputación de un hombre es firme y sólida por el hecho de ser hombre, especialmente si él es blanco; además, agregaste que una mujer, por el hecho de ser mujer, tenía una reputación endeble que se debilitaba si ella era hermosa.

Terminó de comer generando una pausa innecesaria. ¿Qué me quería decir exactamente? ¿Por qué se andaba con tapujos? No supe por qué, pero Dick empezó a hurgar en su pantalón; la luz filtrada de mi cortina gruesa no me permitía ver lo suficiente, mas oí que a algo le retiraban una tapa, era plástico. ¿Qué estaba haciendo ese mocoso de circo?

—Vuelve a meterte conmigo, a opinar sobre mí o a atacar de alguna forma a mi familia y a mis amigos y yo te haré añicos. Espero que no hayas olvidado las burlas y el acoso constante en la escuela. ¿No? Bien, porque eso no será nada al lado de lo que yo te haré, a donde vayas, a donde voltees, todos te señalarán de nuevo. Serás una perra, una marginada y una loca.

Vi lo que tenía en su mano libre, era una jeringa. Traté de luchar, pero con su codo él me oprimió el pecho. Era demasiado fuerte.

—Vuelve a meterte conmigo, Helena, y preferirás haber muerto como tu madre infiel y depravada —sentí la aguja tocar mi cuello. Mi estómago se sacudió, un sudor frío me cubrió. ¿Qué iba a hacerme Dick? —. Y una cosa, ella no abogó por ti ante Batman, le dabas igual —se inclinó y me sopló en el oído —. Ella planeaba marcharse con sus joyas y el dinero muy lejos, te iba a abandonar —con su lengua acarició mi pómulo —. Yo le pedí al murciélago que te dejase en libertad porque quería volver a cogerte. Nunca nadie te protegió y nunca nadie lo hará, no existe persona en la faz de la tierra que te aprecie en lo más mínimo.

Me eché a temblar y a llorar. Dick era un malparido.

—Shh, no te pongas así —se inclinó sobre mi rostro. Me ardió el orgullo, él sonreía gracias a mi pánico —. Para asegurarme de que no hables ni repitas una sola palabra, te daré una pequeña droga sedante que se suele usar en violaciones y no deja rastro. Sé que nuestra conversación la recordarás, así que te lo diré de una vez: tú y yo vamos a tener sexo y lo voy a grabar, haré ese video público si te veo hablando de mí otra vez. Tu mente no guardará nada de lo que sucederá, pero no te preocupes, para que tengas confianza en mi declaración me aseguraré de que te duela.

¡No! ¡No!

Lo último que sentí fue la aguja hundiéndose en mi cuello, su mano soltando mi boca, mis fuerzas escasas y mi terror alterarse al sentir una mano apretándome un pecho.