Hola.

Solo como por aclarar el tema religioso del inicio, esta historia tiene hechiceros, católicos, protestantes, ateos, de todo, el detalle está en que al ser el personaje principal un chico católico, pues habrá mucha relevancia a este credo; naturalmente, en las escenas de otros personajes se tocará su escepticismo o las diferencias existentes entre protestantes y católicos.

Dado que prefiero no asumir que todos son conocedores del credo católico, aclararé dos cosas referentes a la Virgen María y a los santos: el católico ve a la Virgen como su madre, pues para nosotros es la madre de Dios, por lo que la tiene en cuenta para sus decisiones, especialmente cuando de verdad se tiene fe, igual que Dick, que pasó por dos hogares católicos (Alfred, un inglés de pura cepa y su familia gitana, que fuera de la cultura popular, tienen nexos muy cercanos con los diversos ritos cristianos). Ah, y los santos son figuras que recuerdan la correcta conducta que conduce a la vida eterna; a ustedes no tiene por qué importarles todo esto y si lo quieren ver como mitología o algo así está perfecto, pero para Dick (y para Alfred) sí es importante, son características del personaje que no se pueden borrar. Tener el contexto al día podrá aclarar dudas o extrañeces que surjan.

Ahora sí, continuamos…

0oOo0

Toqué la cabeza con mi almohada sin detener mi risa. Ay Helena, pobre Helena. Reí aún más, era tan gracioso e hilarante. Seguro que lo que hice no fue muy moral, pero fue lo mejor que se me ocurrió; no hubo daño, salvo un par de mentiritas, así que esperaba que el cura no arremetiera contra mí en el confesionario y que la Virgen no se enfadase, después de todo «tiempos desesperados, medidas desesperadas».

Cerré los ojos y me relajé, eran casi las dos de la mañana, Bruce no estaba en la casa y mis hermanos dormían a pierna suelta en la habitación de Damián; con una nota en el refrigerador, Alfred me informó que el señor Drake se quedó a pasar la noche con nosotros. Con el alboroto de la bomba me libré unos días de la escuela, quizá convenciéramos al alcalde y a papá de permitirnos estudiar en casa. Y, ojalá, pudiese dormir unas ocho horas sin preocupaciones.

Sí, que dicha.

0oOo0

Cuando Helena despertó en su cama, llamada por su tía, abrió los ojos y un dolor punzante en su cabeza la recibió. Miedo, terror, impotencia, todo se aglomeraba en ella. Lo único que la jovencita pudo hacer fue gritar, sin percatarse que continuaba vestida, que sus zonas íntimas no le dolían y que sus sábanas le cubrían hasta el cuello.

0oOo0

La escuela era un asco, nada cambiaba.

El moretón en mi ojo menguó en la noche y mis costillas dejaron de palpitar, el descanso me sentó bien. Mi mente seguía dándole vueltas a la estúpida idea de aceptar a un chico con problemas mentales en el Equipo. No era que tuviese algo en contra de las personas enfermas, pero… un esquizofrénico era lo más parecido a un loco. ¿Y si sufría de alucinaciones en las misiones? ¡Era demasiado riesgo!

(Kid Flash está siendo impertinente y maleducado, un esquizofrénico no es para nada un loco, son personas con problemas, igual que el resto.)

—¡Kid Flash! ¡Kid Flash!

Me solté un audífono, aun no entraba a la escuela y ya estaba siendo asediado. Miré a la cámara con fastidio.

—Escuchen, voy de camino a la escuela, no puedo hablar. Solo acepto entrevistas con el traje puesto.

—¿Es cierto que Dick Grayson violó a Helena Bertinelli anoche?

La velocidad con la que funcionaba mi cerebro era asombrosa, dejaba atrás, y por mucho, a las computadoras más potentes, pero esa pregunta me sacó de onda completamente.

—¿Qué? —y me apresuré a decir —. No, no, claro que no. Dios, ¿ustedes por qué inventan mierdas cada mañana?

—No es un invento, está en las noticias —me lo mostraron por medio de una tableta.

Helena Bertinelli acusa a Richard Grayson, alias Nightwing, de haberla violado en la madrugada del lunes 19 de febrero del presente año.

—¿Qué tienes que decir al respecto como el mejor amigo de un violador?

—¿Violador? No, no —grité agitado. Era mentira, cierto Dick no apareció ayer, pero ¿violar a Helena? —. Escuchen, Dick es… súper religioso —tropecé con mis palabras —, es, bueno no es un fanático, pero… siempre carga con su estampita del Niño Jesús, ¿cómo se les ocurre que va a violar a alguien?

—Es la acusación —dijeron hasta con felicidad. Claro, los cabrones con tal de vender aceptaban de cierto lo que fuese.

El timbre de la escuela me afanó, las clases y el examen de física aguardaban.

—Debo entrar, pero esto —señalé a la tableta —, es una puta mentira. Es una mierda que se inventaron, Dick jamás haría una cosa como esas.

Y me alejé.

Dios, Dick, dime que no lo hiciste.

0oOo0

—¿Violación? —dije con extrañeza la palabra, fingiendo que jamás la había dicho. Mal, junto a mí, lució incómodo. La escuela me recibió con toneladas de odio, M´gann no se molestó en venir, ya todo el mundo sabía que la junta de padre firmó para que la expulsaran de la escuela y del equipo de porristas.

—¿Algo que desee comentar?

Parpadeé.

—Dick, Nightwing, él estuvo toda la noche en Blüdhaven, imposible que haya estado en Metrópolis anoche.

—¿Toda la noche solo?

—Sí, no lo pude acompañar. No es como que importe, él es muy fuerte y conoce esa ciudad a la perfección. Seguro que si miran el historial de capturados por Nightwing de anoche tendrán una prueba de que él no fue a Metrópolis.

—¿Y tú estuviste en Metrópolis?

—Yo vivo en Happy Harbor, en un edificio que Lex Luthor, mi padre biológico, me obsequió.

—¿Qué se siente no tener una madre?

Levanté la mano para silenciar las preguntas.

—Sin comentarios, disculpen —con la cabeza le indiqué a Mal que me siguiera. Dick me explicó lo que iba a hacer, pero en ningún momento habló de violar a Helena. Si el idiota lo hizo, estaba perdido.

0oOo0

Desperté duramente zarandeado por un enfadado Damián.

—¿Qué? —gruñí dándome la vuelta.

—Haz un en vivo y aclara lo que pasó. Padre va a latigarte si una sola palabra de esto es verdad.

—¿Es lo de Bertinelli?

La tonta se clavó a sí misma el puñal; no era tan inteligente y astuta como asumí. O simplemente era una joven con derecho a asustarse.

—… ¿lo hiciste?

—No digas semejante tontería —gemí alcanzando con pereza mi celular. Las 10:30 de la mañana, Damián lucía con tanto sueño que era obvio que se acababa de despertar. Oh, yo amaba a Alfred, el mundo podía caerse y él nos dejaba seguir durmiendo —. ¿Por qué no me traes chocolate caliente y una bandeja de fiambre?

—¿Por qué amas la tortura animal?

—No empieces, Dami —rogué entrando a Instagram. Me odiaban —. Buenos días —saludé una vez la cámara frontal inició a grabar. Mi hermanito se escabulló, esperaba que a hacerme el favor de traerme el desayuno —. Ok, disculpen mi cara de sueño, me acaban de despertar, algo de Helena, no sé. ¿Por qué no son lindos y me explican qué pasó? —con pereza me dejé caer en la cama —. Esto de ser superhéroe es bastante agotador… ¡¿qué?! —fingí un perfecto susto; oh, Bruce iba a estar orgulloso de mí cuando me viera —. No es cierto, joder, claro que no —exclamé —. ¿Quién inventó esta historia? ¿Helena? ¿Pero qué le pasa? Yo no he violado a nadie.

La lluvia de mensajes lucía incrédula. Por honor a la verdad, agregaría que una gran parte de la audiencia alegó estar de mi lado.

Te creemos Dick.

Eres grande viejo, no permitas que te echen a perder.

Es una falsa denuncia.

Eres un misógino.

Violador, monstruo.

Espero que te pudras en el infierno.

—No le deseen el infierno a nadie, ese lugar no es bonito —me tapé la boca para ahogar un bostezo. Uff, que bien dormí —. Regálenme un segundo me levanto y prendo la computadora —y mientras hablaba me quité la colcha de encima. Cambié la cámara para enfocar mi cuarto un tanto desecho, no mucho —. Hay una forma muy fácil para saber dónde estuve anoche, sé que Helena vive en algún lugar de Metrópolis y yo vivo en Gotham, son cuatro horas en tren, unas siete en automóvil y un poco menos en moto, ¿ok? —me levanté y caminé con ellos yendo a mi pequeña oficina —. Por favor, ignoren el desorden. Yo ayer estuve en Blüdhaven como hasta las dos de la mañana, aprovechando que no tengo escuela por un tiempo. Tal vez por seguridad inicie la educación en casa, creo que es mejor para la ciudad.

—Grayson —la voz gruñona de Damián me hizo sonreír. Giré la cámara para que todos vieran a Damián con su charola y a Tim cargando una jarra metálica y tres pocillos pequeños.

—Saluden a la horda con antorchas.

—¡Hola!

—Hmp. Tu desayuno.

—Gracias niños. Muy bien, esto cargó —enfoqué de nuevo mi pantalla y ocupé mi silla. Los Robin dejaron en un espacio despejado de mi escritorio esa deliciosa bandeja con jamones, quesos y frutas y la jarra de chocolate, iniciando a servirse ellos mismos —. Primero Google —entré, era mi computadora de la escuela, nada comprometedor se mostraba —. Luego Departamento de Policía de Blüdhaven —lo escribí con una mano, la opción de búsqueda me salió de primera —. Esto es algo disponible a todo público, pueden hacerlo en sus casas. En el inicio le dan a la opción «Héroe local», sale mi nombre de superhéroe, Nightwing, y abajo, en orden cronológico, las capturas o actividades que realicé enumeradas por sus fechas. Elegiremos la noche del lunes… gualá —enfoqué esto. Mi plan salía a la perfección —. Aquí esta. Niños, una voz inocente que lea, porque yo, por lo visto, no sirvo.

—Mmm —Tim se recostó en mi hombro —. Iniciaste a las nueve de la noche interrumpiendo un robo a un local de comida rápida y la última actualización te sitúa en el barrio Norbist a la 1:46 a.m golpeando a una pandilla.

—Gracias Red. Genial, ahora consultemos la noticia de mi supuesta violación —eso no tardó mucho, yo era hábil escribiendo con una sola mano, aunque mis teclados holográficos solían ser más pequeños y compactos para no forzar demasiado mis articulaciones —. Pues, esto dice que Helena alcanzó a ver la hora de mi supuesto ataque cuando, según ella, intentó tumbar su reloj para generar ruido, era la 1:30 de la mañana. ¿Dónde estaba yo a esa hora? Lee Tim, por favor.

Mi hermanito, sentado en el suelo disfrutando del espectáculo, se quejó y se acercó a mirar de nuevo con su pocillo en la mano.

—1:20 horas, Norbist, intento de asalto. 1:24 horas, Norbist, intento de violación. 1:28 horas, Norbist, robo a mano a armada. 1:34 horas, Norbist, robo a tienda. 1:37 horas, persecución oficial que finaliza 9 minutos después en: 1:46 horas, Norbist, detención a pandilla con uso de fuerza. Sin disparos, sin muertos, 4 heridos.

—Gracias Tim —volví a enfocar la cámara a mi rostro —. Es físicamente imposible que yo hubiese estado en Metrópolis a la hora que Helena indica. Gracias por arruinarme la mañana, adiós.

—Espera —me interrumpió Damián desde el suelo. Lo miré, él chequeaba su teléfono —. Ya le hicieron el examen en la fiscalía.

—¿Y?

—Lo hicieron público, termina tu reality show.

—Muy gracioso, Dami —gruñí y giré la cámara. Con un suspiro, ingresé a la página oficial de la fiscalía de Metrópolis —. De nuevo, esto lo pueden hacer en sus… mierda.

—¿Qué? —curioseó Tim, él no era consciente del acto.

—Yo no sabía que Helena consumía drogas. Aquí lo dice —acomodé el teléfono para que mi audiencia lo viera de cerca —. Sin acceso carnal forzado, sin señales de lucha, sin rastros de semen, látex u otro elemento que indique un abuso sexual; no obstante, en su sangre encontraron una muy pequeña cantidad de heroína rebajada con otros químicos… esta mezcla, uy que mala es.

—¿Cuánto permanece en el cuerpo?

—12 horas o menos, tuvo que inyectarse anoche… —y puse mi mejor tono de niño bueno —. Yo, supongo que estos años han sido difíciles para Helena, lo de su madre, el encarcelamiento de su papá, descubrir que mi relación con ella se vio influenciada por la investigación… vaya, como lo siento —roté la cámara para ser visto, mi discurso previamente ensayado en los ductos la noche anterior relucía —. La heroína causa alucinaciones, a veces muy terroríficas, es involuntario y con esta mala mezcla y todo lo que debió pensar en nuestra relación este fin de semana, quizá eso causó… a ver, no quiero acusar a Helena de drogadicta, ¿sí?, pero hay heroína rebajada con Rohypnol y Dios sabrá que otra cosa, más una fuente de estrés: ella tuvo una alucinación vívida. Yo… no sé si sea correcto llamarla o ir a visitarla, pero quisiera que Elena sepa que, por lo viejos tiempos, puede contar con mi ayuda.

—¿No las vas a demandar por difamación? —me increpó Damián, el insensible.

—¿Estás demente? —lo vi con cólera —. Dami, tuvo una alucinación, bueno, es mi conjetura, prefiero pensar eso a que ella hizo esto adrede para hacerme quedar mal.

—Piense mal y acertará —citó Tim, de vuelta al suelo.

—Ja, ja —me mofé de su comentario —. La peor opción debe ser la última. Una alucinación es… fea, creo, pero inofensiva. Quizá solo fue eso. Saben qué, no la voy a llamar, quizá mi presencia la dañe más, pero trataré de estar al tanto de su mejoría. Por favor, traten de tranquilizarse, esto no fue más que una confusión, Helena tiene derecho a sufrir de estrés y, pues su idea de distraerse de los problemas no fue la mejor, yo me buscaría otro jíbaro, pero ella solo es un ser humano, se puede equivocar —le sonreí a los varios millones conectados a mi directo —. Me voy a desconectar, gracias por estar al tanto. Y a las personas que me mostraron apoyo sin pruebas, muchas gracias por su confianza. A quienes no, gracias por apoyar a la víctima, eso siempre es una gran ayuda. Adiós.

Una vez apagada la cámara, salí de la aplicación y descarté Instagram de mi cola, de esa forma me aseguré de dejar inactiva la app. Solo entonces, me reí a pierna suelta. Mis hermanitos, muy confusos, intercambiaron una mirada tomando su chocolate caliente.

—¿Qué es tan divertido? ¿Una drogadicta?

—A mi juicio, Dick encuentra esto muy hilarante —frené mi carcajada en seco, era papá. Él era demasiado bueno para no alertarnos de su presencia, Damián se ahogó con su chocolate —. Más te vale que esta señorita no caiga en una adicción por tu culpa.

—Sí señor —respondí de inmediato.

—¿Su culpa? —quisieron saber lo menores.

—Que se los explique su hermano, yo me voy a la cama, no quiero que me interrumpan —eso con Bruce significaba que estaría con una mujer.

—¿Estás enojado? —le pedí antes de que se retirase de mi dormitorio.

—Sí —respondió sin dignarme con su mirar —, pero orgulloso. No vuelvas a hacerlo sin consultarme.

Sonreí.

—Si, murciélago.

0oOo0

—Eso se llama malicia, sí señor —adjudicó papá en el almuerzo, hablando más con el televisor que con nosotros. Nuevamente, falté a la escuela, pero yo jamás lo hacía, por lo que dos días no afectaría —. El señor Wayne no ha sido más que generoso con nosotros y con todo el mundo, sus hijos son increíbles, es incoherente pensar que uno de ellos sea un violador.

Las visas, las ciudadanías, el trabajo, la inmensa caja con comida que me entregó Aqualad y la medicina de mi hermanita, depositada en el centro de nuestro mísero comedor, no eran el principal factor de la idolatría de papá, pero sí le colaboraba. Temiendo desilusionarlo, me callé delante de él, solo dirigiéndome a mamá en lo que Milagro dormía y papá ya se hubiese marchado.

—Mami —la llamé en lo que ella lavaba los platos.

—¿Qué sucede, cariño?

—Ayer, ¿te dije que el señor Wayne me atendió a medianoche?

—Sí, era de esperar, está realmente ocupado y fue muy gentil de su parte realizar tu inducción personalmente —colocó los platos en un estante de rejillas para que el agua goteara y se secaran —. ¿Qué más ocurrió?

—Él encendió el rastreador de Nightwing delante de mí, estábamos solos —añadí a las carreras y pasé saliva —. Mamá, había dos puntos parpadeando, uno en Blüdhaven y otro en Metrópolis.

Mamá permaneció en silencio un instante.

—Nadie puede estar en dos lugares al mismo tiempo, Jaime.

—Superboy, que es muy amigo de Nightwing, tampoco se presentó anoche y nadie supo de su paradero.

Mi progenitora se lamió los labios.

—Hijo, una violación es un acceso violento al cuerpo de una mujer, deja marcas que tardan días en irse; la muchacha esa acudió al médico a primera hora, es imposible que en el examen no le hayan descubierto pruebas. Confia en mí, no hubo violación.

Hay formas de que la penetración no se note, Jaime Reyes. Tu madre miente.

Cállate. Preferí confiar en mamá.

—¿Y qué hacía en Metrópolis?

Mami suspiró, devanándose el seso para responder.

—Jaime, te acabas de rodear de personas con muchos secretos, trata de no preguntar y de no hurgar donde no te han llamado. Ellos son muy amables, pero tienen mucho poder. Haz lo que te digan, trata de hacer el mayor bien que puedas y de aprender a manejar tu armadura, ¿estamos?

—Estamos.

0oOo0

No era el momento indicado para preguntar, pero no pude evitarlo.

—Dick, ¿él lo hizo?

Bruce no detuvo su lengua alrededor de mi ombligo. Era delicioso, me estremecía y me mojaba cada vez más. Papá no puso inconvenientes en que yo viniese a la mansión Wayne para entrenar, por lo que contaba con el cuerpo de Batman unas horas a mi disposición.

—Fue y la asustó, luego la dopó y Helena creyó que en realidad la agredió. Date la vuelta.

Me resistí a burlarme de su tono exigente y me giré bocabajo; Bruce no era tímido o indeciso, él sabía lo que le gustaba y no esperaba protestas. Yo nunca me le resistí, algunas chicas eran reacias a tener sexo anal o asumir ciertas posiciones para mantener el «respeto», pero a mis ojos, una vez metida en la cama, ¿qué más importaba, salvo los orgasmos?

Tomé una almohada y la usé para apoyar mi cabeza, Bruce me elevó el trasero de modo que mi culo quedaba en lo más alto. Por convertirme en su amante, Bruce me dio acceso a costosos tratamientos de belleza, como la depilación laser y el blanqueamiento en la zona íntima, lo que a él le gustaba. Y dueño de una colección decente de juguetes sexuales, que en ese momento se depositaban en la cama, Bruce también daba por sentado que obtendría cero resistencias en aquello.

—¿Frío o calor?

—Frío —susurré expectante. Pronto una gel helada me bañó la vagina, chocando contra mi humedad caliente. Para el ano, Bruce usó uno de sus usuales adormecedores líquidos y un tapón anal con un patrón ovalado que se repetía cinco veces, lo sentía cuando entraba —. ¿Por qué no me amarras hoy? —pedí gimiendo.

Bruce detuvo sus movimientos unos segundos.

—Te gusta —señaló con placer.

—Sí —jadeé con ganas. Le moví mi trasero removiendo el tapón —. Amárrame las manos.

—¿Cómo se dice?

—Por favor.

Más que contento, rebuscó en su cajón, donde yo sabía que almacenaba cuerda y telas. Hoy empleó la cuerda y no se dio por satisfecho con elaborar unas esposas, sino que me sujetó desde los codos uniendo mis extremidades. Gentilmente, estiró un poco la cuerda para asegurar que no me maltrataba. Feliz con el resultado, el moreno tomó el tapón, lo sacó lentamente y lo volvió a hundir, arrancándome un gemido profundo. Y repitió el movimiento, cada vez con más fuerza y menos piedad.

—Dime que quieres.

—Cógeme —mendigué.

—¿Cómo se dice?

—Cógeme, maldita sea.

Él rió y me nalgueó. Su embestida brutal me transportó a otro mundo.

0oOo0

La escuela conmigo fue gentil, unos cuantos chicos religiosos me atacaron visualmente, pero, a menos que uno desarrollase visión de calor, no eran un problema; francamente, esa gente era una plaga sin la más mínima lógica, salvo Dick, aunque él era raro de por sí.

Escuché sus pasos y el latido de su corazón en lo que orinaba en el cambio de hora. El baño estaba vacío, pero era el de hombres, ¿cómo imaginar que ella entraría?

—Hola Conner.

Kiara lucía impecable en su mini traje de animadora; su cabello moreno se vio alterado con dos mechones rubios en los laterales, lo que estaba de moda en la ciudad. Su fama de fácil continuó creciendo al correrse el rumor de que se acostó conmigo, lo bueno fue que ocurrió antes de revelarse mi identidad.

—Si te ven aquí los maestros, nos mandarán a detención.

—Está a punto de sonar la campana de cambio de hora —señaló —. Quería darte las gracias por la botella de agua.

—Oye, tras esa noche, yo soy quien debe agradecerte —dije sin dejar de orinar.

Kiara se mordió el labio, algo indecisa.

—Esa advertencia que me diste el lunes…

—Es muy real —subí el cierre de mi pantalón, me abotoné y jalé la cadena del urinario. Olfateé el aire al avanzar al lavamanos, una ventaja kriptoniana. No necesité haber enterrado mi cara en su vagina por horas para reconocer el aroma característico de la excitación —. Mis dos padres genéticos tienen una manada de enemigos que crece y crece, yo he hecho mis propios némesis, salir conmigo es muy peligroso.

—Lo es si se enteran —comentó alegremente —. Disfruté estar contigo, quisiera repetirlo.

Me lo pensé. Era arriesgado, pero no conocía a otra chica tan fácil.

—Tiene que ser en un lugar secreto, no puedes contarle a nadie. 0 fotos, 0 tweets, ¿lo entiendes?

—Sí —dijo muy rápido. ¿Qué tanto era que perdiéramos la clase de sociales? Pero si los dos faltábamos al mismo tiempo se prestaría para risas y chismes que yo no necesitaba.

—Te recogeré en la estación de tren hoy por la tarde.

—¡Genial!

Sonreí vertiendo agua en mis manos. Antes de que Kiara se fuera, la llamé.

—Kiara, tengo un amigo que se interesó por ti —fui al grano, pero tratando de no ofenderla —. ¿Puedo invitarlo hoy? Ustedes podrían ir a charlar a alguna habitación en lo que yo juego con el Xbox y luego tú y yo podríamos…

—¿Quién es tu amigo?

—Dick Grayson.

Ella sonrió; inconscientemente se apretó las piernas. Grabaría su número en marcación rápida, definitivamente.

—Iré —me prometió —. Y luego los tres podríamos… jugar videojuegos.

—Ok.

La vi marcharse terminando de lavarme las manos. Esperé dos minutos antes de salir; afuera me aguardaba un guardaespaldas con una ceja alzada. Reímos de forma unísona.

0oOo0

—Tienes que creerme.

—Te creo, Helena —mi tía me sujetó el rostro con dulzura —. Pero no hay pruebas de nada, ¿cómo quieres que los demandemos?

—Él estuvo aquí, sé lo que digo. ¿Por qué me duelen los pómulos, sino porque él me apretó media cara para asfixiarme?

—Lo sé, bebé, lo sé —me dejé abrazar por mi tía, ella fue mi soporte todos estos meses. En la entrada del edificio se rieron de nosotras, pero ella continuó apretándome la mano y encarando a todos por mí.

¿Qué más podía recordar de anoche que sirviera? La jeringa no aparecía, las cámaras no arrojaban pruebas…

—Tía, él estaba comiendo algo —sí, masticó varias veces —. ¿Falta comida?

—Salimos sin desayunar, así que... —ella me sostuvo hasta que llegamos a la cocina, me recostó en la mesa con cuidado, muy pendiente de mí, y fue a revisar las alacenas —. Falta pan —susurró; al fin me creía al 100% —. Espera, cariño, ¿tú te terminaste la ensalada? —preguntó con la cabeza metida en la nevera.

—No, ¿falta?

—Sí y… ¡tuvo el descaro de comerse todos mis champiñones!

—Te lo dije, ¡estuvo aquí!

Ella me miró con desesperación sujetando el frasco vacío.

—¿Por dónde entró? Solo está la puerta y el balcón, pero son nueve pisos —y tras considerarlo, me preguntó —: ¿Cómo entraba Batman al edificio de tu padre?

—No lo sé… Batman se marchaba por los ductos de ventilación.

Necesitamos una silla y un cuchillo que improvisamos de palanca para revisar los tres ductos: una de las rejillas quedaba en el baño, mas esta estaba intacta y mugrosa, la segunda daba a la sala, pero la encontramos en las mismas condiciones, el tercero…

—¡Yo me cambié después de la ducha! —chilló mi tía al percatarse que las marcas de limpieza del polvo indicaban que un cuerpo estuvo por ahí —. ¿A qué horas entró?

—No lo sé —lloré sentada en la cama de mi tía. Estaba enojada, indignada y asqueada, mi ira burbujeaba. Iba a matar a Dick Grayson —. Esta es la prueba, denunciémoslo.

—Claro que no —su resolución me sorprendió —. Cariño, hablamos del hijo de Bruce Wayne, no de un acosador de poca monta. Él no te violó, solo hizo que parecieras una loca para que todos te vean como el pastorcillo que gritó «lobo».

—Dijo que si me volvía a meter con él y su familia yo sería una marginada… una perra, fue lo que dijo.

—Y lo logró —ella me vio con seriedad —. Se acabó Helena, no más justicia para tu madre ni para ti.

—¡Pero tía…!

—¡Dick Grayson puede destruirnos! No dejaré que te humillen de nuevo, cariño. Haremos borrón y cuenta nueva, arreglaré un par de cosas y cuando la marea baje nos iremos del país.

Mi orgullo no aceptaba semejante resolución, pero no me quedaba opción, ya solo me queda mi tía.

0oOo0

Está bien, tía.

Sonreí lanzándome de nuevo al aire y sujetándome perfectamente de los aros. Nunca estaba de más dejar micrófonos ocultos en los lugares en los que estuve, eran incontables los casos que cerramos de esa manera. Me alcé estirando mis brazos, los niños abajo elaboraban diversas volteretas ante la mirada de Rebecca y el señor Drake; Barbara se lucía golpeando sin piedad los enemigos holográficos.

Con la rendición de Helena, la eliminación de la señora Wilson y el final de la Orden de los Búhos, al fin podía respirar la paz que tanto anhelaba.

Paz… por ahora.