Hola.
Hay algo en lo que soy buena y es en no romantizar situaciones, personas y relaciones, hoy lo van a ver. En este capítulo encontrarán momentos incómodos de leer; que sea un personaje principal no lo hace el gurú de lo correcto. La gente es así, tiene matices. Cuando describo algo malo, debo hacerlo desde un punto de vista. Yo no apruebo mucho de lo escrito aquí, pero es necesario que se den estas cosas.
Repito, no es correcto, no es ético, y está escrito de forma que nos demos cuenta. No he romantizado nada, tampoco lo que se viene.
Gracias.
0oOo0
La paz para mí no era no violencia, al contrario, significaba lucha, palizas y un entrenamiento inhumano; yo asimilaba mi paz a una caricatura para niños de tres años, cada episodio era auto conclusivo, no se daban tramas de fondo ni voces en las sombras narraban sus planes macabros.
La entrevista en mi casa, con cámaras que mostraron al mundo nuestro estilo de vida, vino y se fue. Ejecutamos ante ellos nuestro acto de niños buenos y mostramos lo mejor, ocultado el polvo bajo la alfombra; Damián les encantó, Tim se ganó cientos de corazones y hasta Alfred recibió correo de fans. Yo, por mi parte, fui el gran héroe incomprendido y vulnerado que le sonreía a la vida. Acabado aquello, nos llegó un tiempo pacífico con patrullas constantes y cero escuela, el alcalde cedió y la propaganda de nuestro lado nos colaboró para asegurar al populacho de que nos hallábamos a salvo estudiando en la mansión. Extrañaría la comida de Paolo.
Las misiones volvieron, se me acabaron las infiltraciones y empecé a entrenar a los novatos. Casi se podría decir que contaba con un horario de trabajo. Hablando de trabajo, Tim volvió a vivir con nosotros, los sentimientos paternalistas del señor Drake se deshicieron una vez Bruce le facilitó unos negocios de los que se adquirieron luego del robo; el hombre se dedicó a hacer dinero y se olvidó de su hijo, confiando en nosotros para su cuidado. Sí, el mundo estaba repleto de gente así de desesperante.
Oh, esas empresas, que revuelo el que se armó una vez papá se adueñó de TikTok. Alegando dificultades con el gobierno comunista chino, Wayne Enterprise cambió de sede la compañía y la posicionó en Estados Unidos, lo que fue muy criticado hasta que el público se enteró del super espionaje chino que se daba con la aplicación; las cosas se pusieron peliagudas una vez el gobierno estadounidense le exigió a mi padre, como a Facebook y su conglomerado, darle acceso a la CIA y al FBI a la información de los usuarios. Papá se negó, las personas se enfadaron con el gobierno y apoyaron a Wayne Enterprise.
«Sabemos que con Wayne nuestros datos no se venden al mejor postor», fue el eslogan del movimiento. Las cifras de la empresa crecieron y ahora Lucius y los CEO planeaban lanzar una contraparte a Instagram y a Google que funcionarían con unos cuantos afiches de publicidad pagada para encargarse de los gastos, bajo la premisa de que no existiría estadísticas del consumidor. Síp, papá rompería los récords de los millonarios en poco tiempo.
En lo tocante a la Liga, ya iniciaba marzo y ningún otro nombre se revelaba. Billy fue alabado como un héroe y se unió a la lista de personas que recibían obsequios a diario; la crisis económica, una recesión suave, no frenó la enviada de juguetes, cartas de agradecimiento, golosinas y demás. La Liga estaba costumbrada a recibir ese tipo de cosas, un departamento entero se dedicaba a examinar uno a uno cada chocolate en busca de metales, venenos o algo con lo que nos pudieran hacer daño. Nos acostumbramos a recibir obsequios con nombre propio, no a nuestro alter ego.
Yo, mientras tanto, iniciaba mi nueva vida visitando a la persona que causó todo esto, Larry.
—Toc, toc —me burlé desde el umbral. Larry necesitó varias cirugías, se estimaba que él saldría de su prisión domiciliaria antes de que se recuperara totalmente.
El hombre rubio, de 34 años, sonrió de medio lado al verme; su mamá lo acompañaba, era una mujer mayor que vivía de la casa y la pensión que le dejó su esposo, era una familia típica.
—Pero si es el fastidio con boca.
—Oh, no me des cuerda —ingresé, yo cargaba una caja en las manos —. Buenas tardes, mi señora.
—Buenas tardes hijo. Disculpa los modales de este desadaptado.
Larry rodó los ojos.
—No se preocupe, mis hermanos son mil veces peores. ¿Cómo va la pierna? —bajo las sábanas no se alcanzaba a apreciar mucho, pero me informaron los doctores que él había desarrollado una infección en el hueso. Se lo trituraste con ese golpe, fue lo que me dijo uno de los médicos.
—Ahí, dicen que me la van a cortar.
Parpadeé.
—Creí que era una infección menor.
—Sí, pero requiere de demasiados tratamientos. El abogado dijo que un juez va a firmar para reducir mi condena por buen comportamiento, con la crisis están buscando reducir costos.
Me intranquilizó esa noticia, conocía los ingresos de Larry, su mamá y sus administradoras de salud, no existía forma de que pagaran los tratamientos.
—Tengo amigos en la corte, hablaré con ellos.
—Gracias —musitó —. ¿Qué traes en las manos?
—En Internet dice que te gustan los videojuegos y leer —puse la caja en el borde del colchón y Larry, ayudado por su mamá, examinó por encima la caja. Eran novelas de diversos tipos y una consola portátil —. Es para que te distraigas en lo que sanas, después necesito que empieces a entrenar como si no hubiera un mañana. Quiero mi revancha.
—¡¿Revancha?! ¡Mira lo que le hiciste a mi pierna!
—¡Larry!
Los dos la ignoramos.
—Viejo, eso fue un golpe de desesperación, no cuenta —me encogí de hombros —. Te ganaré de forma legal.
—Olvídalo niño maravilla, yo patearé tu trasero.
Nos reímos mutuamente. Ah, nada como un contrincante amistoso de lucha. Me quedé con ellos quince minutos y salí, mis guardaespaldas vigilaban el pasillo y todas las entradas posibles del hospital. Conociendo a la gente, ya se aglomeraban en la puerta de entrada.
—Bajarán primero por el ascensor, yo saldré separado de ustedes —les informé a los guardaespaldas —. Nos vemos en la cafetería de la esquina.
Miré mi reloj, las 2:43 pm. A las tres finalizaban las escuelas su jornada, yo tenía una junta a las 3:30 pm con mis… asociados.
0oOo0
Las fracciones eran aburridas; la maestra hablaba y hablaba, se convertía en un ruido de fondo para mi cerebro. En mi cuaderno cuadriculado yo terminaba un dibujo del prototipo de una botella gaseosa, casi me quitan mi agenda la última vez que me distraje en una clase, por lo que me previne y usé el cuaderno de matemáticas.
—… Billy —alcé lo ojos, la maestra Samer me llamaba. Mis compañeros rieron ante mi obvia ausencia mental.
—¿Me puede repetir la pregunta, por favor?
Ella no lució impresionada.
—¿Cuál es el resultado de un signo negativo con otro negativo?
¿Ah?
—Em… ¿negativo?
Más risas.
—¡Billy! Dos signos iguales dan positivo.
—Pero usted dijo que eran ambos negativos —me defendí —. ¿Cómo dos negativos pueden dar positivo?
—Todo el mundo lo sabe.
—¿Y a mí qué? ¿Qué me importa si hasta en Júpiter lo saben? Para mí no tiene sentido.
—Porque no estudias —me acusó.
—¿Y usted por qué no me hace el favor y me lo explica? —respondí de mala gana.
—¡Ya lo expliqué la clase pasada!
—No —dije determinadamente —. Usted transcribió un montón de cosas al tablero, nos dijo que copiáramos, se fue a atender una llamada y volvió con una hoja de ejercicios. No nos explicó una mierda.
—Uhhh —fue el ruidito que emitió al conjunto mi salón.
—¡Billy Batson! ¿Qué es ese lenguaje? Considérate en detención hasta que uno de tus tutores no venga y hable con el director.
—Pero a mí no me recogen.
—Les llamaremos.
¿Qué mierda?
—¡Están en Washington o Dios sabrá dónde! —me quejé.
—Por favor, la mitad vuelan y el resto tiene aviones, vendrá alguno —descartó otra posibilidad con su mano. ¡Qué mujer tan fastidiosa!
—¿Usted cree que van a venir en menos de quince minutos? —me burlé —. Tienen trabajos, identidades y oficios, no van a dejar nada tirado por atenderme.
—El director tiene agendados dos números de teléfono por alumno.
—Sí, el marciano y Tornado Rojo, pero no llegan al país hasta pasadas las siete de la noche.
Me miraron. La profesora lució confusa.
—¿Cómo sabes eso?
—¿Qué importa? Oiga, cítelos para mañana, hoy no van aparecerse por acá.
Ella lo consideró meneando la cabeza.
—Supongo que tienes razón. Entonces a detención hoy y mañana la junta con tus tutores.
—¿Detención? —ay no, hoy era a reunión —. Yo, am, tengo algo que hacer hoy, es una cita que no puedo aplazar.
—¿Es con un médico?
—No.
—Entonces la aplazaras.
—¡Pero…!
—¡No quiero oír más al respecto, Billy Batson! —alzó la voz —. Y si no has terminado de adelantarte para el final de la clase, tu detención se alargará por una semana.
Me aguanté la rabia solo hasta que ella se dio la vuelta.
—Perra —musité bajo. Tener trece años no les restaba importancia a mis responsabilidades, tenía algo que hacer, era importante para mí. Detestaba ser un niño en ese agujero.
—¡Te oí!
—De malas.
0oOo0
—Esto es increíble —me quejé recostado en el sofá —. Hablamos del jodido Campeón de la Tierra.
—Desventajas de la escuela —murmuró Dick. Él me hacía añicos en Fornite e igual soltó su control, que cayó al suelo alfombrado, sin importarle sacrificar a su personaje —. El Capitán es el de las buenas ideas, hay que esperar. ¿Tienes comida?
Fruncí el ceño.
—¿Tienes hambre? Acabamos de comer.
—No, es la gastritis, me está ardiendo —se levantó de un brinco. Yo abandoné mi juego y lo seguí con los ojos. Estábamos en el ático, que fue diseñado pensando más en un soltero mujeriego que en un adolescente —. Increíble es que Luthor te llene esta nevera hasta el techo de cerveza y licor.
—Lo increíble es que te la estés tomando —alcé una ceja. Eso no era propio de Dick, no, ni un poco.
Mi amigo se encogió de hombros y continuó bebiendo de su lata.
—Cancelé mi patrulla, a Azul lo veo mañana, completé mi entrenamiento, Billy ya no llegó sino hasta las cinco… ¿y si le pedimos que venga en la noche?
Entrecerré los ojos.
—¿Por qué? —la sonrisa divertida de Dick solo significaba problemas.
—Traigamos una chica —se recostó en el mesón de la cocina.
—¿Otra vez quieres verme haciéndolo con Kiara?
—Es mejor que no hacer nada.
—¿Qué tienes hoy? Cuenta.
—No, solo qué… agh, no sé. Hay tan pocos problemas que quiero disfrutar el tiempo libre que tengo antes de que se nos venga el típico Armagedón encima.
—¿Podemos conseguir a una que no sea Kiara? Estoy aburrido ya de ella.
—¿Piensas en alguien que mantenga la boca cerrada una vez se lo halla hecho con los vástagos de Superman y Batman?
—¿Qué hay de Zatanna? Saliste con ella —señalé.
Dick negó bebiendo.
—No, carajo, no. Zatanna es… mejor dicho, Zatanna no es una chica de tríos.
—Jamás hemos hecho un trío, señor quisquilloso.
—Da igual, hay un extraño viendo. Zatanna es una chica guapa y decente, ella lo sabe…
—Oh, lo que vas a decir es tan machista —me mofé sonriendo.
—No es machismo, es la realidad. Las mujeres no son respetadas por la sociedad de buenas a primera, una que tenga un puesto como miembro de la Liga de la Justicia jamás aceptaría un trío, una orgía o similares porque es exponerse demasiado.
—¿Y qué hay de Kiara? ¿Es una puta?
—No hay mujeres putas, Kon —insistió dejando la cerveza en la barra —. Solo chicas que no tiene mucho que perder. No se escribe de escándalos sexuales de mujeres importantes porque ellas cuidan su imagen, así funciona. Si eres mujer, eres rectada de puertas para afuera, aunque de puertas para adentro te dejes coger hasta de caballos. Zatanna es ese tipo de chicas, Kiara no, Kiara es una muchachita con una adolescencia alocada de la que se arrepentirá en unos años, cuando tenga que alejarse de su círculo social de esta edad para poder tener una nueva vida donde será vista con respeto, claro hasta que alguien se entere de que es lo más parecido a una actriz porno.
—Jamás la hemos grabado —me desvié por ahí, con pereza de analizar su discurso.
La sonrisa de Dick aumentó.
—¿Tienes cámara?
Me reí fuertemente.
Lo de la cámara era entendible, pero ¿Mal? De quién fue la idea de llamarlo, ni idea, lo único que capté es que él entró con Kiara y tres cajas de pizza.
—¿Y eso qué? —le pregunté al verlo.
—Tú pones el lugar, yo la comida, ¿no? —ofreció con inocencia.
—Oye, es cierto —miré a Dick, él saludaba de beso en la mejilla a Kiara —. ¿Y tú qué pones?
—Fue mi idea, no me jodas. Nos vemos arriba.
Y se la llevó en el ascensor más cercano, el descarado.
—Espera —Mal se me acercó (por si hay errores en la traducción, hablo de Mal, el amigo afroamericano de Superboy en la escuela. Es que en español Mal significa malo, así que puede que se traduzca en automático como Bad o la forma de decir mal en sus idiomas) —. Cuando dijiste que recogiera a Kiara y viniera a tu edificio… creí que era una fiesta.
—Es una fiesta —me aguanté las ganas de reír.
Mal parpadeó varias veces; casi pude ver el bombillo encendiéndose sobre su cabeza.
—¡¿Qué le van a hacer a esa chica?!
Estallé, no aguante más. Rodeando su nuca con mi brazo, tomé las pizzas y nos dirigí al ascensor.
—Lo que le vamos a hacer.
A Mal no le causó la misma gracia que a mí.
—Amigo, yo tengo novia.
—Relájate —llamé al ascensor —. Te dará un par de cariñitos inofensivos y la mirarás bailarte como Dick.
Mal se lo debatió dentro del ascensor.
—No lo sé… ¡doce pisos! Wow.
—Y un ático, es a donde vamos. ¿Qué me dices? —lo miré moviendo las cejas sugestivamente.
El afroamericano rió.
—¿Ver y no tocar?
—O tocar un poquito —él rió más. Las puertas metálicas se abrieron, mi ático estaba desierto —. ¡¿A dónde se llevó Dick a esa chica?!
0oOo0
Desperté con un fuerte dolor de cabeza y una pulsación en mi vagina. ¿Qué…? Oh, sí, la habitación de Bruce. No era raro que él hiciera eso, despertar e irse y dejarme allí, sin cubrirme y con las piernas abiertas. De nuevo, Bruce pagaba, en este caso la medicina y yo tenía solo 18 años, no existía motivo por el qué tener sexo con alguien aparte de él, así que estaba sobreentendido que los condones sobraban conmigo.
Al sentarme sentí su semen deslizarse fuera de mí; en ocasiones Bruce era así, rudo y frenético, como un animal. No necesitaba ver para saber que me dejó las marcas de sus manos en mi cadera. Lastimaba, pero era agradable.
—Estas despierta —no hubo ruido ni pasos, era su forma de ser. Miré a Bruce, venía de ducharse y andaba desnudo. Él no me estaba mirando a mí, sino a mi cuerpo.
Realmente estaba cansada, pero Bruce ya estaba más que listo y masajeaba su erección para prepararse. Si le decía algo, él quizá lo tomase como una mala señal, un motivo para detenerse y yo no quería que él lo hiciera. Sí, estaba agotada, pero yo carecía de tiempo, oportunidades o privacidad para buscar un novio. En su momento, a los diecisiete, tuve necesidades, era humana, y no encontré a nadie disponible que no hiciese preguntas sobre mi estilo de vida o mi cuerpo golpeado; Bruce estuvo ahí, él y su dinero, perderlos no era una opción, ya no. Era Batgirl, ¿quién saldría conmigo? Con buenas intenciones, me refería.
Y Bruce no era malo o cruel, solo exigente. Le diría que no y él pararía, era un hombre correcto. ¿Y yo? ¿Era una chica correcta? La respuesta era muy simple: me daba miedo contárselo a mi padre, así que no era correcto lo que hacía. Ni modo, su sombra ya estaba sobre mí. Me acostaría con un hombre del doble de mi edad una vez más.
—¿Qué piensas? —me pidió jalando mis piernas para quedar mi pelvis al borde del colchón.
—En que estoy cansada —en lo que yo hablé, él acarició mi vagina.
—¿Sí? —un dedo revolvió el resto de semen regado. Supe en qué pensaba, «aquí hay suficiente humedad para ser viable» —. Patrullamos cuatro días seguidos, Dick canceló y yo les cancelé a los niños, la ciudad va bien, podrás dormir esta noche.
Genial, pero estaba cansada en este momento. Igual me sostuve a sus brazos y abrí más las piernas para que él entrara. Bruce me sonrió sin pausar el movimiento de su cadera.
—Ventajas de que seas una gimnasta —susurró. Le permití empujarme las piernas hasta que mis rodillas quedaron mi cabeza. Oh, eso se sentía profundo. Con delicadeza Bruce me acarició la mandíbula —. ¿En qué posición no te habré puesto ya, preciosa?
No hubo respuesta y no importó. Bruce se apoyó en el colchón y me taladró, no existía una mejor descripción. El placer estaba, sí, pero atenuado con un dolor suave y persistente; esa zona se quejaba por exceso de uso. De mi boca salieron quejidos y jadeos, lo normal, él escupió palabrotas y maldiciones desordenadas, también normal. No tuve orgasmo, pero él sí.
No quedaba mucho por mencionar, Bruce me dio un beso en la frente, me susurró lo hermosa que era y se levantó y volvió al baño, del cual saldría vestido en un rato. Yo volví a quedarme dormida.
0oOo0
Multiusos me decían mis hermanos, practico me llamaba yo. Le mandé el mensaje a Billy de aplazar la reunión hasta las 9 de la noche mientras Kiara me realizaba una felación.
—Oye, me estoy esforzando aquí —se quejó. No le respondí, le sostuve la cabeza y se la acerqué a mi pene, indicándole que siguiera. Estábamos en el piso 4, una especie de biblioteca gigante. De seguro Kon nos oía, mas no vino, tal vez por modestia de Mal y Kiara; ellos no estaban acostumbrados a ello.
No le dije todo a Kon en nuestro momento con la cerveza. Kiara sufría de problemas de afecto, un padre ausente y un hermano que la tocaba a escondidas con curiosidad, eso creaba una alta dependencia emocional y una asociación del sexo con el cariño. Mala mezcla para una mujer, muy buena para un hombre aprovechado.
Bah, seguro Kon sumaba dos más dos.
Una vez las estrellitas desaparecieron de mi visión, me quité el condón. Kiara, de pie mirándome, me habló.
—No estoy con nadie más, puedes confiar en mí.
Era verdad, me aseguré al verificar su casa. Su hermano ya se había mudado.
—Lo siento nena, es mi naturaleza.
Guardé el condón en una bolsa plástica dentro de mi bolsillo con meticulosidad. Bruce me dio una charla de sexo seguro después de descubrir a Superboy; no sobre condones, sino como guardarlos y deshacerse de ellos para evitar que alguien tuviese acceso a nuestro material genético. La sangre kriptoniana de Kon lo libraba de las enfermedades de transmisión sexual y sus celulas resultaron ser imposibles de reproducir, igual que una mula, así que él era libre de ataduras al coger.
—¿Por eso no me besas?
—En parte. Subamos.
Kon y Mal nos esperaban con media pizza menos de las que llegaron; ellos bebían refresco, yo quería otra cerveza, me gustaba su sabor, en el circo me la daba a beber en mis días de descanso, se podría decir que era un hábito.
—Muy gracioso, Dick.
—Le daba un tour —comenté yendo a la cocina, ahí continuaba mi cerveza, pero ya no servía, estaba destapada y sin vigilancia. La eché a la basura, tiré ahí mi condón, esa basura era segura, y tomé otra de la nevera. Mal lucía nervioso, Kiara estaba en su elemento sentada en una pierna de Kon. Los observé desde allí tomando; me agradaba ver mujeres, me excitaba. El porno era algo que no disfrutaba, demasiado falso, me agradaba la interacción real.
Aunque estaba a sus anchas, Kiara y Mal se entorpecieron al hablar el uno con el otro, muy conocedores del qué sucedería.
—Dick, ¿quieres jugar a la botella?
—Tres tipos y solo una chica, que asco —hice una mueca —. Mejor verdad o reto, pero sin verdades.
Kon se carcajeó; Mal se mordisqueó el labio, la gente se incomodaba cuando mostraba un poco de mi verdadero comportamiento, me figuró acostumbrarme.
—Trae cervezas entonces.
—¿Podemos beber?—se sorprendió el afroamericano.
—Claro, aquí es seguro.
—Ok.
Dejé un six-pack en la mesa del centro, me senté frente a ellos en el suelo, acabé mi lata y la puse en la mesa.
—Gírala, Kiara, por favor.
—Claro.
No vi como se movió, me llegó la respuesta del capitán.
«Está bien, pero si vuelvo a ver una chica desnuda los mataré.»
«No se preocupe, Capitán.»
—Dick.
Oh, me tocaba a mí. Estiré mi mano y tomé otra lata de cerveza.
—¿Qué quieres que haga, Kiara?
—Mmm, camina de manos.
Fácil. Le di la vuelta a la mesa de esa forma y me senté a los pies de Kon. Giré la lata, le cayó a Mal. Él me miró con ansiedad, nervioso de mí y de lo que saliera de mi boca.
—¿Qué tal… darle de beber cerveza a Kiara?
—Seguro… ¡esto es cerveza japonesa! ¿La podemos gastar así?
Kon se encogió de hombros.
—Luthor paga, disfrutemos.
—Bueno —relajándose, Mal vertió destapó una y le ayudó a beber dos sorbos a Kiara.
Mal giró y le cayó a Kon. El chico ya entendía para donde íbamos.
—Dale un beso francés a Kiara.
—¿Me van a usar para todo? —rió ella.
—¿Ves más mujeres? —pregunté retóricamente. Kon me fulminó con los ojos.
—Que grosero.
Le resté importancia viéndolo besarla. Mal y yo intercambiamos una mirada divertida al notar que no se separaban.
—¿Agregase pegante a esa cerveza, Mal?
Él solo se rió.
En la siguiente ronda hicimos que Mal la sentase en su cadera y, de pie, girasen lo más fuerte que pudiera; le cayó a Kiara y el moreno la hizo beber más cerveza, para el desquite Kiara pidió una competencia de beber que ganó Kon, aunque solo me señaló a mí la lata.
—Sosténgala y que se termine la cerveza —quedaba solo esa.
Kon no puso reparos y directamente sentó a Kiara sobre su entrepierna, le sostuvo los brazos agarrándole los pechos. Mal entró en confianza y le vació la lata en la garganta de la chica. Yo le di un último sorbo a la mía y se la alargué a Kon para que Kiara se bebiera el contenido de esta.
—Dijeron una sola —ella protestó.
—Ya habías tomado, era trampa —alegué.
Me dio la impresión de que Mal consideró seguir el juego con los refrescos frutales, pero Kon y Kiara tenían otras ideas.
—Ya me puedes soltar —le dijo ella. Todos nos burlamos del kriptoniano, él no le soltaba le busto.
—¿Te incomoda acaso?
Ella soltó una risita y lo besó. Puse la lata del juego en dirección a Mal.
—Te reto, Mal —con eso atraje al dúo.
—¿A qué?
—Dale un beso a Kiara.
Y ahí empezó. Kon le soltó los senos, pero no se la quitó de encima, Mal la besuqueó con ganas e inició el manoseo. Por voluntad propia, Kiara se movió sobre Kon, excitándolo más. Oh, a esa chica le gustaba recibir. Me moví otra vez al otro lado de la mesa y los vi de frente.
Hicimos de todo con esa chica: triple felación, lo que estuvo bien, me la cogí yo, luego Kon y Mal, quien usó los condones que le regalé. En algún punto, por hacerla beber más cerveza, le regué por accidente media lata encima; fue un legítimo accidente, Mal tropezó y me empujó. Entre esos tres hicieron el famoso sándwich, yo me senté a reírme y beber. Ahí se acabó la faena.
«Alerta Pingüino. 10 minutos.»
No.
—Maldita sea —grité asustándolos. Lo bueno era que yo no me desvestía para no dejar ver mi cuerpo maltratado, así que estuve decente de inmediato. Pues, decente era mucho decir, ya estaba prendido.
—¿Misión? —pidió Kon.
—No, el Pingüino se escapó y Batman me quiere en diez minutos en Gotham. Carajo, ¡estoy borracho!
—Toma agua —me indicó Mal. Ellos se detuvieron y Kon se salió del culo de Kiara —. ¿Cómo llegarás tan rápido a Gotham? Son horas de viaje.
—No se hacen preguntas, Mal —murmuró Kon, yo corrí a por el agua. Hidratación, vomito, más hidratación y una comida grasosa, ese era el orden para salir de esas emergencias —. Amigo, no puedes dejar que tu papá lo descubra o la paliza será monumental.
—¿Batman les pega a sus hijos? —ignoramos la horrorizada pregunta de Kiara.
Me bebí media botella de agua de un sorbo, así fue fácil empezar a vomitar en el lavaplatos.
—Agh, ¡Dick!
Me reí de la colera de Kon.
—Lo siento —tomé más agua —. Que se vayan antes de las nueve, viene tú ya sabes quién —traté de limpiar un poco con el agua de la llave, pero les iba a dejar un reguero.
—Ajá. ¿Qué hora es?
—Las… coño, las ocho y media. Ustedes tienen que irse o él se va a enfadar.
—¿Quién se va a enfadar? ¡¿Batman?!
—No, quién viene. No le gustan estas cosas —explicó Kon —. Tienen que irse, lo siento.
Corrí de nuevo a la sala y me embutí en la boca dos mordiscos de la pizza fría.
—¿Y qué hago con esto? —Mal señaló su erección cubierta por un condón, Kiara reposaba en el sofá, la dureza de Kon se perdió al nombrar a Billy.
—Llévatela a un motel —recomendé yendo a prisa al ascensor.
—No tengo dinero.
Kon le tiró sus pantalones.
—Es Kiara —le grité entrando al ascensor. Espiché el botón del primer piso —. Un estacionamiento valdió bastará.
—¡Dick!
0oOo0
Hablé después de cerrarse las puertas del ascensor.
—Tu amigo es una porquería.
—Sí, a veces se pone así. Lo siento Mal, deben irse.
0oOo0
Funcionó, la idea funcionó.
—Allen, eres un tramposo —se rió el detective Miller.
En la pantalla se veía en vivo la figura borrosa de Flash junto a Kid Flash deteniendo un robo. No se quedaron a conversar, Jay y mi sobrino harían varias paradas antes de finalizar el breve patrullaje de jueves, ya lo continuaría yo al finalizar esa investigación de emergencia. Listo, Barry Allen y Flash en la misma hora, mismo día y lugares diferentes, con testigos y cámaras de seguridad.
—¿Yo? ¿Por qué? ¿Acaso creyeron que yo era Flash? —pero mi tono no podía ser más falso. No quedaban muchos en el departamento, solo nosotros por un asesinato doble, los cuerpos ya venían.
Mis compañeros se rieron, yo me limité a sonreír y a cambiar de canal. En Gotham una lucha se desarrollaba, ya eran pasadas las nueve; el Pingüino se escapó del asilo de Arkham, la primera fuga del nuevo asilo. La pelea fue buena, demorada, aunque hubo una irregularidad.
Curioso, Kid dijo que hoy no había entrenamiento en la cueva. Jum, ¿dónde estará Dick?
