—Hey Conner —no me molestó que Mal me tomase del brazo así —. Ven conmigo.
—¿Qué se traen ustedes entre manos? —comentó Marvin —. Ya va a empezar la primera hora.
Lo ignoramos y fuimos a un rincón vacío del pasillo.
—¿Qué pasó con tu amigo ayer? Vi las noticias, él no estaba en la lucha con el Pingüino.
—No tengo idea —admití —. No contesta ni ve los mensajes.
Mal se lamió los labios.
—¿Crees que su papá…?
—Mira, es mejor no meternos en eso.
—¿Qué pasa si… alguien como Batman lástima a su hijo?
—Nada —empleé algo de esa crueldad propia del murciélago y del Capitán —. Sé que los golpea, la última vez lo sacó de la habitación con su cinturón —susurré. A Mal se le abrieron los ojos —. Y Dick no va a hablar, no puede hacerlo.
—¿Por qué?
—Porque lo mandarán con los servicios sociales e irá a dar a un hogar inseguro de donde sus múltiples enemigos podrán sacarlo y matarlo. Además, perderá el derecho a su herencia. ¿Sabes cuantos millones tiene a su nombre?
—Conner —frunció el ceño —. ¿Acaso eso lo vale?
—¿Tienes idea de lo que cuesta ser superhéroe? ¿Los trajes? ¿El entrenamiento, la alimentación? Dick no va a renunciar jamás, es lo que ama y por ello hará lo que sea.
—Oye, sabes qué, ya no me traigas el poster de Superman, no lo quiero.
0oOo0
Aunque muchas personas me consideraban un héroe, aún sin conocer mi identidad, hubo grandes críticas dirigidas a la Liga y a mí porque en plena aparición de la crisis yo obtuve un segundo teléfono, una Ipad y un par de agendas pasta dura. Era un poco raro que me sintiese culpable por simplemente recibir de mis amigos estos obsequios, así que nunca pedí lo que realmente quería: plumones de alcohol profesionales. Eran costosísimos, no me atrevía a comprarlos de un tirón con el dinero que me depositaban por el 7% de las comisiones de la venta de artículos de Capitán Maravilla, así que elaboré una pequeña lista para organizar mi compra.
Era simple, colores primarios y una libreta con hojas indicadas para los marcadores, luego, en un mes, cinco tonos, después un par más y ya.
—¡Batson!
Levanté mis ojos de mi libreta, la sombra del profesor me caía encima.
—¿Sí?
—¿Qué fue lo último que dicté?
—Am…
—Dame eso —tuve que tenderle mi libreta, él la examinó —. ¿Qué clase de incoherencia es esta? —señaló a lo que yo escribí, un galimatías de los que Batman y Nightwing me enseñaron describiendo lo que quería adquirir.
—Nada.
—Voy a aprovechar que tus tutores vienen hoy y les voy a mostrar la forma en la que gastas las clases de historia americana.
—Estadounidense.
—¿Qué?
—América es un continente, no un país. Usted da la historia de Estados Unidos, no de América.
Uno de mis compañeros se rió, el profe frunció el ceño.
—Sé lo que es un continente, niño. No seas igualado y copia.
Hice una mueca de desprecio.
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«Lo lamento, no podré reunirme contigo hoy, Blue Beetle. Reprogramemos para el domingo, si te parece bien.»
Nightwing ha sido muy puntual hasta la fecha, Jaime Reyes.
—Sí, también me parece inusual —le respondí al escarabajo sin precaución. Mi esquizofrenia se hizo conocida en la escuela a la par de que mi familia se mudaba a un barrio de blancos. En mi escuela abundaban los emigrantes, los negros, los latinos y la pobreza; el tema de una vida cómoda no importó, me intranquilizaba más la respuesta que generaría la enfermedad mental, mas hubo una curiosa aceptación por parte del estudiantado. Al parecer, muchos en sus familias tenían enfermos y personas neuróticas.
—¡Oye! —el grito de Ty me asustó. Yo brincaba y me alteraba con facilidad, era algo en lo que Nightwing trabaja —. ¿Libre hoy? ¿O nuevamente ayudarás a tu mamá en la cocina?
—Hoy sí —le sonreí. Mis tres semanas con el Equipo fueron de mucha carga laborar, me hacían leer libros, ejercitarme, memorizar historias de la Liga y elaborar ensayos. A mis padres les encantaba que no todo fuesen peleas.
—Grandioso, hay que ir a patinar, estoy oxidándome.
—Seguro —le sonreí y desactivé el teléfono, olvidando el asunto de Nightwing.
0oOo0
—Grandioso, tenían que contestar la llamada ustedes dos —murmuré consciente de que ellos me oían perfectamente desde mi asiento a las afueras de la dirección.
La Mujer Maravilla, la señorita Diana para mí, frunció el ceño, el Rey Orión, Aquaman, esbozó una sonrisa de medio lado.
—Imagínate —se burló. Ambos iban de civil, la señorita Diana sin sus gafas, se necesitaba de saber que eran ellos para atinarles a sus identidades —. ¿Algo qué decir en tu defensa?
Le enseñé los dientes y me levanté colgándome la mochila en el hombro. La señorita Diana frunció el ceño a mi tableta.
—¿En un centro educativo se permite tales elementos de trabajo y distracción?
—Tengo entendido que sí, siempre que no se interfiera con las clases —habló por mí el rey Orión. No es que la princesa y yo nos lleváramos terriblemente mal, pero ella detestaba recordarse que yo continuaba en la Liga.
—No es como que importe, pero ¿me podrían defender ahí dentro? —señalé la puerta del director. La secretaria, oh sorpresa, no estaba en su puesto —. Quieren destrozarme.
—¿Algún motivo en específico?
—Dicen que fui grosero, es una estupidez.
Aquaman alzó una ceja.
—Nos lo explicarás a todos adentro.
—Ja, me encanta su positivismo, rey Orión. Le apuesto una malteada de vainilla a que no me van a dejar ni decir dos palabras —y antes de dejarlo responder, giré el pomo y empujé la puerta.
La dirección de la escuela no tenía un acceso directo, primero se pasaba a una sala abarrotada de mesas y papeleo con algunos docentes, administrativos, la coordinadora y el subdirector; las mesas formaban, desde la puerta de entrada a la puerta del director, una C cuadrada. Los presentes, atendiendo teléfonos, giraron las cabezas y robaron miradas de curiosidad a los dos superhéroes en lo que nosotros avanzamos.
Varios de mis profesores se agolpaban en las sillitas junto a la puerta del director Robins. No parecía que alguno fuese a abrir, así que toqué a la puerta.
—¡Batson! —me riñó el profe Samuels, el de historia estadounidense —. Se requiere de un permiso para tocar a la puerta del director.
Acaso es de oro, me mofé mentalmente.
—¿Qué no vamos a reunirnos con él?
—Así, pero primero se debemos tener permiso. Buenas tardes, profesor Samuels, de historia americana.
—Estadounidense —susurré bajito.
—Buenas tardes —dijeron a coro. La princesa continuó —. ¿Debemos esperar?
—No, por supuesto que no —y ridículamente, el profesor Samuels tocó a la puerta igual que yo —. Director, los tutores de Batson.
—Sigan.
—¿Exactamente cuál es la diferencia? —señalé entre él y yo —. ¿Por qué tengo que pedir permiso para tocar una puerta? No es como que haya entrado sin llamar.
—¿Vas a empezar con tu altanería, Batson?
Los dos superhéroes intercambiaron una mirada de confusión. Sin el más mínimo pudor, los miré.
—¿No les dije que era una estupidez?
—¡Billy Batson!
—Batson, ¿buscas una suspensión?
Rondando los ojos, abrí la puerta y entré.
—Buenas tardes director —dije muy alegremente, el grupito entró detrás de mí. El director Robins lucía más calmado de lo que creí que se vería en un inicio —. Le presento a dos de mis tutores, la princesa Diana de Temiscira y el rey Orión, de Atlantis.
—Es un placer —se estrecharon las manos, ellos ocuparon las sillas disponibles, los docentes y yo permanecimos de pie —. Entendemos que ustedes son personas al extremo ocupadas, por eso, aunque la citación fue hecha por dos docentes, varios han pedido expresar sus inconformidades respecto a Billy.
—Por supuesto, señor director —dijo la señorita Diana muy prolijamente —. Los tutores directos de Billy son el Detective Marciano y Tornado Rojo, no obstante, toda la Liga se mantiene al tanto de las calificaciones de Billy. Sabemos que tiene dificultades en matemáticas, física y un poco en geometría, pero él mantiene un promedio sobre 3.9.
(Para el caso, las calificaciones son de 1 a 5.)
—Sí, Billy es un niño que entrega las actividades de forma puntual, no copia en los exámenes y me consta que prefiere perder una evaluación de forma honesta antes que cometer trampa. Nuestro inconveniente es con su actitud retadora.
—¿A qué se refiere usted?
—A eso justamente, señor…
—Rey Orión —intervine. Yo me paré detrás del hombre pez y puse mis manos en sus anchos hombros —. Así meramente funciona.
—¿Rey Orión?
—Sí —oh, Arthur estaba muy serio.
—Perfecto. Billy es un niño amable y educado, pero cuando se enoja y, discúlpeme princesa, tiene un lenguaje de camionero que no sé ni de dónde sacó.
—La Liga es muy consciente de el lenguaje colorido de Billy, por llamarlo así. Yo misma he tenido muchas discusiones con él y puedo asegurar que si Billy alzó la voz de alguna manera…
—Es que yo no alcé la voz —me quejé.
—¡Haz silencio! Los mayores están hablando —esa fue la profe de francés.
No contuve mi gruñido.
—¿Sientes que no alzaste la voz, Billy? —intentó el rubio volteando a verme.
—Sé que no la alcé. Este asunto, rey Orión, es porque ellos no soportan que alguien les diga que sus clases son un asco.
La princesa me señaló con su mano.
—¿Esta es la actitud retadora, señor director?
—Sí, justo eso es. Billy le dijo a la profesora de matemáticas «perra», al profesor de historia americana que no sabía dictar la materia…
—Yo no dije eso.
—¡Batson!
Miré al señor Samuels.
—¡Pero es que yo no dije eso! —eso sí fue un grito. Una característica mía era que tenía unos pulmones de miedo y una voz atronadora. ¿Querían oírme gritar? Pues ahí tenían.
—Oye, oye —me habló el rey con calma —. ¿Qué te he dicho del manejo de la ira?
—No me van a castigar por algo que no hice, Arthur —solo en mi forma de Capi yo le hablaba así al rey Orión. No me gustó ese desequilibrio.
—Ten más respeto con el rey Orión, Billy —me riñó el director —. Y no nos vuelves a alzar la voz.
—¿Y ustedes si pueden inventar cosas que yo no dije y gritarme en clase delante de los demás? Y una mierda.
—¡Basta! —la voz profunda el rey nos calló a todos —. ¿Qué le dijo Billy al profesor de historia? Usen las palabras exactas.
—No puso atención a la clase, estaba rayando un cuaderno a lo loco sin escribir ni una sola palabra —les explicó el señor Samuels.
—No, espere —me reí —. Usted dijo que yo dije que usted no sabía dictar la materia. ¿Qué palabras usé? —lo reté.
—… el tono de voz fue incorrecto.
—¿Qué palabras dijo? —interrumpió la princesa. Su mirada era fría, oh, eso se ponía bueno —. ¿Qué dijiste Billy?
—Que no se llamaba historia americana, sino estadounidense.
De nuevo mis pares compartieron una mirada de confusión.
—Pero es cierto.
El profesor no supo explicarse, el director lo asesinó con los ojos.
—¿Y por qué insultaste a la profesora de matemáticas?
—¡Porque no hace nada! El profesor Nickles era grandioso, yo no le entendía nada, pero él se esforzaba por la clase. Esta mujer viene, después del aneurisma de ese pobre tipo, nos dicta, no explica una sola palabra y luego quiere que le resolvamos toda una hoja de ejercicios.
—Tú no pones atención en clase, Billy, por eso no entiendes —se excusó ella.
—Le pedí que me explicara el tema y usted dijo que no. Le solicité que por favor aplazara mi detención un día porque ayer tenía algo urgente y no le importó.
—Ay, que urgente puedes…
—¡¿Sabe a quiénes dejé plantados ayer?! ¡A Superboy y a Nightwing! Dos putos héroes que valen su peso en oro y cuyas agendas ya están listas para el próximo mes.
Si, exageración, pero realmente MÍ agenda era la que no tenía cabida. La Liga lo sabía, Arthur y Diana eran conscientes de ello. Tres discursos que preparar, una cena, la apertura de una biblioteca, cartas, correos importantes, una charla con la ONU el jueves, etc., etc.
—Tú jamás dijiste que era con ellos —la profe lució molesta, afectada y alterada —. De haberlo sabido…
—¡¿Por qué tenía que decirlo?! ¿Por qué para ustedes mi tiempo, el tiempo de sus estudiantes, no es valioso? Pude haber tenido una cita con una chica programa una semana atrás, unas boletas de cine ya compradas o incluso una cita con un pedófilo y un Batman listo para esposarlo. ¿Por qué solo la última sería tomada en cuenta? Es mi tiempo, es mi vida.
—Vamos hijo, mesura —el rey tomó una de mis manos con la suya —. Señores, hasta este momento yo únicamente he visto faltas de respeto de parte de ustedes a Billy. ¿Qué queja tienen? Porque sí, se pasó al insultar a una profesora, pero si ustedes lo están gritando como él dice, me da mucha pena, pero él no tiene por qué aguantar un trato de semejante calibre.
—¿Y la constante distracción en clase? No copia casi nada —habló la profesora de francés.
—¿Qué materia dicta usted, señorita? —pidió Diana con educación.
—Francés, princesa Diana.
Los dos superhéroes me miraron con incredulidad. Les sonreí.
—¿Cómo qué te va mal en francés? ¡Tú hablas francés! —me dio risa que el rey alargara con desesperación su frase.
—¿Qué culpa tengo? Es aburrido estudiar los verbos.
—Un momento, ¿cómo que sabe francés?
—Billy habla unos ocho idiomas —aclaró la princesa Diana.
—Diez —corregí felizmente.
—Otra cosa es que siempre anda con sus libros —dijo otro profe —. Lo vi leyendo un tratado comunista, mecánica, una novela para adultos que tuve que decomisar y, no sé, un montón de cosas que nada tienen que ver con las asignaturas.
El libro de Marx fue por un discurso, el resto eran tareas de Batman y el libro medio porno…
—Bueno, la Liga lo alienta a la lectura diversa. Un libro maduro no sé si nosotros…
—Fue la psicóloga —les dije —. Canario dijo que necesitaba asociar las relaciones sexuales a un acto placentero y no doloroso. Creí que leyendo sexo lo entendería.
—Oh.
Ellos se callaron, el tema de mis violaciones les cerraba el pico a los adultos.
—Bueno, sé que podemos llegar a un arreglo que nos convenga a todos —intentó el director.
Genial, negociaciones. Mínimo terminaba con detenciones y una disculpa escrita. Qué asco.
0oOo0
La espalda de Rebecca marchándose me trajo un impulso. ¿Y si me bajaba de las barras asimétricas y corría hasta mi psicóloga y pedía protección? Era una decisión cobarde, pero no se me ocurría otra.
A papá le bastó un vistazo para que se le cambiara el rostro.
Cuando vuelva quiero ver que sigas corriendo en el gimnasio, fue lo único que me dijo en la Baticueva. Damián, Bárbara y Tim se burlaron de mí, conscientes de que tomé licor, pero las risas se les acabaron cuando papá entró al gimnasio, me ordenó detenerme, arrodillarme al estilo asiático en el suelo y quedarme quieto. No fue un cinturón, fue un palo. Diez golpes, los tuve que contar. Alfred no intervino, mas habló con papá después, ¿qué le dijo?, no supe, pero Bruce me mandó a la cama con la premisa de que en los siguientes días no tendría clases.
Había olvidado lo rudo que podía ser el murciélago, normalmente eso le tocaba a Damián o a Jason, yo era el hijo bueno al que no se le castigaba.
—Adiós Richard.
—Adiós Rebecca.
Papá me quitó las pesas usuales usadas en mi entrenamiento y puso en la pantalla de la sala de entrenamiento la lista de rutinas que debía realizar. Comida hubo, Alfred me coló en el almuerzo leche de chocolate, café y veinte tiras de tocino; energizantes naturales más grasa, así no me desmayaría. Por la tarde tocaba lucha con los hologramas y con él. Mis hermanos le dijeron a Rebecca que esa brutalidad era normal, que los golpes de fortalecimiento para los mayores eran de ese modo y que yo estaba ingresando en un entrenamiento especial. Le mentimos muchas veces antes, ella no sospechó y se fue con los niños a ayudarles con sus tareas.
Ningún golpe tocó mi cara, eso lo rescataba, pero yo sí caí decenas de veces. Estaba agotado, genuinamente agotado, mas Bruce continuó atacando, por lo que tuve que seguir. Alfred nos interrumpió a las cuatro de la tarde.
—Hidrátelo o lo matará.
—… quince minutos.
Lo que a mí me dolía no eran los golpes; bueno, sí, obvio, pero… la frialdad de mi padre, eso sí me dolía en lo más profundo. Bruce no fue tan canalla de hacer lo que creí que iba a hacer: ignorarme. No, él se quedó conmigo hasta las seis viéndome nadar en la piscina techada para luego ordenarme gimnasia. Bruce Wayne no era una persona que pudiese tener una tarde libre, él sacó ese espacio específicamente para atenderme a mí, eso sí me lastimó, yo estaba siendo una carga, un problema.
O tal vez Bruce supo lastimarme de una mejor forma. Sí, quizá, porque el desprecio de que me dijese «da tantas vueltas» y que se marchase y no volviese no pudo haberme herido tanto como la sensación que tenía en ese momento. Yo era una decepción a la que aún le invertía tiempo valioso.
—Lo siento —se lo dije mil veces, él no respondió.
Sin Rebecca podía llorar. Ella se iba a las ocho, luego de eso una alarma cambiaría mi orden, debía volver a correr. Lo hice llorando. Papá ya no estaba, pero iba a volver, debíamos fingir normalidad ante la psicóloga.
Traté de limpiarme lo mejor que pude el rostro y de no hipar. Papá volvió, se sentó en una banca y se quedó ahí casi sin parpadear.
Cometí un error… no, tomé una mala decisión, eso pasó. Una mala decisión trae horribles consecuencias, eso decía mi padre biológico, John Grayson. Cada paso debía ser medido, considerado, analizado y luego, si se veía muy bonito y divertido, no dado. ¿Qué me pasó a mí? Pues nada, fui un idiota, creí que estaba todo bien, olvidé que yo no controlo mi vida, que no tengo días libres. Olvidé por completo que el mundo casi se sume en una de las peores crisis existentes por una decisión mía, imprudente y mal pensada.
—Camina —la palabra, de labios de papá, significaba una cosa: mi castigo iba a pausarse o a terminarse, por lo cual él me mandaba a bajar el ritmo y que mi corazón se estabilizara antes de detenerme por completo.
—Bruce, lo siento.
—… —se requirió de media hora, en la que creí que se olvidó de mí, aunque estaba ahí sentado, para que la bella palabra saliera de su boca —. Para.
Sin gracia me desplomé en el suelo. El cuerpo se me entumeció, los músculos me ardieron al pausar el uso, los próximos días serían un asco.
—Lo siento papá.
Seguí sin ser merecedor de una respuesta. Bruce se me acercó, se sentó junto a mí a mirar el vació. Me senté decentemente, creyendo que eso funcionaría, pero no fue así. Incluso agité una pierna, lo Bruce detestaba; él me dio un golpe con el dorso de su mano. Me quedé quieto.
—Solo fueron dos o tres latas de cerveza rubia —intenté excusarme —. La rubia es ligera, poco alcohol.
Me callé al negar Bruce con la cabeza. El asunto no era la cerveza entonces.
—¿Fue por la orgía?
—¡¿La qué?! —él me miró impactado. Ups —. Repite lo que dijiste.
—Es que… si no es por la cerveza, ¿por qué es?
—No, no, no, no me cambies el tema. ¿Cuál orgía? —lució muy serio, no mortalmente, sino intrigado.
—Es que Kon y yo… no te enojes conmigo papá —rogué.
Al fin, ¡al fin!, papá se compadeció de mí. Él me sujetó el rostro y me sobó una mejilla obviando el sudor.
—Estoy enojado contigo por venir muy contento a participar de una misión tras haber bebido, pudiste perder el control de la moto, pasarte de fuerza o tropezar y romperte el cuello.
—Ah —no estaba enojado por que cometiera un error, sino porque me pude poner en riesgo. Me quite un peso de encima al llorar nuevamente.
—Shh —me consoló con suavidad dándome un pequeño abrazo —. Ya, ya. Vamos, tranquilo, pero cuéntame de qué orgía estás hablando.
Me sonrojé profundamente.
—Pues, Kon tiene una amiga de la escuela que es discreta y bastante…
—¿Se quita la ropa fácil?
—Sí —le sonreí con timidez, algunas lágrimas se me seguían escapando de los ojos —. Normalmente la invitamos a venir solo para nosotros dos, nos la turnamos.
—¿Y ayer que pasó?
—Bueno, invitamos a Mal, el compañero afroamericano de Kon.
—Ja, pobre chica —se burló. Carajo, ¿por qué hacía eso? Yo estaba tan rojo como una remolacha —. ¿Qué le hicieron a esa muchacha?
—Yo lo distraje y me la llevé aparte… ¡no te rías!
—Lo siento, es que no pudiste salir tan parecido a mí si te hubiese engendrado.
Le saqué la lengua.
—En fin, subimos y jugamos a los retos con una lata de cerveza japonesa. Fuimos subiendo intensidad hasta que ese par agarraron a esa chica.
—¿Tú no?
—Tuve sexo con ella, pero me gusta más ver —Bruce alzó una ceja —. Y nos hizo sexo oral a los tres y… usé condón.
—Es que te mato si no usas condón. ¿La besaste?
—No.
—Excelente cariño. No me cuentes más, empiezo a asustarme —se burló. Le sonreí, ya me había calmado —. Eres un gran niño, eres responsable, educado, haces todo perfecto. Sé qué si algo pasase, me suplirías tan bien que nadie notaría el cambio —el pecho se me llenó de un calor agradable —. Completaste cuatro días de duro entrenamiento, patrullaje y una alta tasa, por no decir impecable, de arrestos y misiones. ¿Querías un día libre? Lo tenías, pero un día libre es eso, libre. No puedes beber y esperar meterte en una cosa de estas.
—No beberé más.
—El problema no es el licor. Yo no puedo beber, soy imprescindible, tú aún no tienes la soga tan ajustada, disfruta. El día que me lo pidas libre no te llamaré, si alguien lo hace y bebiste, o duermes, o incluso solo quieres descansar, sé egoísta cinco segundos y di que no. El descanso, la entretención sana, son necesarios para nuestro cerebro.
—¿O sea que puedo beber y tener sexo con chicas?
—Sí, con moderación y condones, claro. No vas a ir de borracho o de alcohólico.
—Claro que no —me apresuré a decir —. Tengo control.
—Lo sé, no me fallaras. Ya perdiste tu día de descanso, aunque no creo que quieras hacer mucho en unos días
—Agh —me quejé. El dolor iba a ser atroz.
—Bueno, da igual, porque te vas de la mansión.
Eso me cayó como un balde de agua fría.
—¿Me echaste? —pedí en un hilito de voz.
—Claro que no, eres mi hermoso niño. Cumplirás dieciséis en semana y media, te daré mi regalo de cumpleaños adelantado. Irás al Tíbet estos días, llegarás el 19 de marzo, un día antes de tu fiesta, y entrenarás con unos monjes. Creces, debes mejorar.
—Pero papá… yo aquí tengo varias cosas pendientes.
—Y un equipo de trabajo. Alista todo esta noche, te vas en vuelo, dormirás en el avión. Te daremos las coordenadas y dependerá de ti llegar antes del anochecer, una vez bajado del avión, al templo. Si no lo logras, ellos te recibirán con la misma vara que usé yo anoche. Tú cena está tapada en la cocina. Adiós Dick.
Se levantó, planeaba dejarme ahí.
—Adiós Bruce.
Sentí que mi voz se perdía.
0oOo0
Hola, aclaraciones.
Puede parecer que la historia ha perdido el rumbo al no mostrar nada «importante», pero en realidad ella está entrando a la segunda fase, estos capítulos tan independientes de los sucesos al inicio son las bases de lo que viene. No puedo explicar más o será spoiler. Ofrezcan ideas, las tomo a consideración.
Los miembros de la Liga continuarán cayendo. Les adelanto: Flash, Superman, Linterna Verde (los dos) y el Capitán Maravilla son de los próximos, quizá Flecha Verde. Pendientes a los pequeños detalles, desde allí se entreteje la trama que sigue.
Gracias por leer.
PD: Billy se vuelve tan importante como Dick, Jaime también va a tener protagonismo, lo de Jason explotará por las nubes sin que se descubra su identidad (creo), y lo de Bárbara con Bruce se da a conocer (tercera fase).
