De haber podido, no hubiera despertado al Capitán a tan altas horas de la noche. Billy lucía agotado y ojeroso, Kon, por el contrario, llegó muy activo, quejándose de la elaboración de una maqueta para la clase de emprendimiento.
—¿Cómo te fue con tu papá? —la preocupación de mi amigo se mostró latentemente.
—Bien… me voy del país —Billy parpadeó fuertemente, la sorpresa fue incapaz de espantarle el sueño. Lo sujeté de la nuca y lo guíe a la alfombra; él se dejó hacer y recostó su cabeza en mi rodilla al sentarme yo. Kon me imitó apoyando la cara en su puño cerrado —. Trate de no dormirse, Capitán. No lo demoraré.
—¿Te castigaron?
—¿Por qué tendrían que castigarlo?
Le respondí al niño tras esperar en el silencio generado por Kon.
—Ayer tomé cerveza y a papá no le gustó que yo intentase meterme a una pelea contra el Pingüino bajo las influencias del alcohol —y le negué con la cabeza a Kon para callarlo —. Hay algo más importante de qué hablar. Hemos tenido tres semanas de muy buenos avances, esas dos cuentas de Instagram sobre curiosidades y datos deportivos que administra, Capitán, son estupendas, cuela información positiva sobre nosotros con naturalidad. ¿Y el resto?
—No he podido publicar en el blog. Odio marzo —se justificó el niño/hombre —. Es el peor de los meses, marchas y discursos en cada rincón del planeta.
—Oí que tienes más carga de trabajo este año.
—Sí, la Liga ofrece eventos femeninos con relevancia de mujeres, pero exigen hombres presentes y yo soy el más acorde con la imagen que proyectan los publicistas.
Le acaricié el cabello por encima, sin introducir mis dedos en su suave cabellera azabache.
—Cuando vuelva te ayudaré.
—Tienes demasiado, Dick. Yo lo haré, decidí no ir a la universidad —Kon nos impactó con su noticia —. Tengo un laboratorio y más información metida en mi cabeza que los docentes, trabajaré en algo por mi cuenta. Me ofreceré a entrenar a los nuevos en el equipo y a realizar investigaciones.
—¿Puedes dirigir a Blue Beetle unos días? Bruce le escribió por mí, tengo que ver al niño el domingo.
—Claro. Billy, dame las cuentas del blog y subiré un par de cosas. Por mi parte, las páginas web van bien, se trata sobre todo de publicidad plagada de verdades a media que aparecen con los anuncios de los redireccionadores.
—Estadísticas —solicité.
—Crecimiento exponencial del 13,4%. Abriré el mercado añadiendo tres idiomas más.
—Grandioso, bien —chasqueé mis dedos tratando de centrarme, mi mente no se alejaba del Tíbet y de la ocasión en la que Jason llegó de su único viaje al lugar: ambos ojos negros y un brazo roto. Damián tampoco hablaba maravillas del sitio —. Estos son planes de corto alcance, pero ¿qué estamos consiguiendo con ellos?
—Publicidad positiva —dijo Kon.
—Dominio de masas —consideró el Capitán levantándose. Yo estaba más de acuerdo con él —. Tuve una ocurrencia que… ¿hay un lugar más seguro para hablar? —bajó la voz.
—No puedo salir de la mansión —le dije —. Bruce está la Baticueva, mis hermanos duermen, Alfred también. ¿Qué idea es?
—Hace cinco días, la Liga intervino en un robo interplanetario, los piratas espaciales traficaban con un sintético creado en el planeta #458 de la región norte, llamado Yugnmack. El sintético es usado como alimento para poblaciones que rebeldes; en humanos, según vio El Átomo, puede hacer dóciles a las personas, les inhibe la agresión y la rebeldía. Es un método muy directo de control de masas. Fui el encargado de su destrucción, guardé un litro en una botella en mi alcoba.
Fruncí el ceño, eso era terreno escabroso.
—¿Qué propones?
—No propongo nada —negó absteniéndose a vernos —. Suena espantoso, pero… ¿y si me descubrieran? En la última reunión lo comentaron, una falta de ese calibre puede realmente destruir a la Liga de la Justicia. ¿El mundo está listo para afrontar algo así? ¿Y si se enteran qué sí estuviste en la casa de Bertinelli? Lo peor que hemos revelado le tocó a Luthor, nosotros no hemos enfrentado la gran cosa y nuestra popularidad ya se fue al suelo, ¿podemos arriesgarnos a no tener un plan de contingencia?
—Un sintético con esa cualidad no es un plan de contingencia, es un mecanismo pasivo —le debatió Kon —. Billy, tendría que ser suministrado por un largo periodo de tiempo y llegar a todos los rincones del mundo. ¿Cómo siquiera lo lograríamos?
—Coca-Cola —dijo el niño —. Los refrescos y las gaseosas van a parar a cada esquina del planeta, hasta la isla esa de los Sentinel ha probado la Coca-Cola. Hay productos que tienen ese alcance.
—¿Sugieres crear un alimento que tenga esta dimensión de venta? —interrogué.
—Sugiero que lo consideremos.
—Batman nos mata.
—No lo sé Dick, a mí me suena plausible.
¿Qué?
—¿Soy el único con integridad aquí?
—Aw —Kon hizo un puchero digno de un bebecito mimado —. El niño y su moral, ¿en serio vas a basar una decisión tan importante en lo que diría tu hipócrita religión?
—Wow, wow, frena eso —espeté —. El hipócrita soy yo, no mi religión, no te metas con mi religión.
—Oye, tú eres el chico que hace el Santo Rosario y luego organiza una orgía.
—Sí, pero es mí defecto —me golpeé el pecho con el pulgar —. ¿Y en qué tiene que ver esto la religión? Billy, sé que no lo haces con una mala intención, pero ¿cómo se les ocurre plantear una decisión que tomaría la Luz? Nosotros somos de la Liga de la Justicia.
—No, no somos de la Liga de la Justicia cuando no reunimos en secreto y a oscuras —me rebatió el Capitán —. Tú mismo lo dijiste, un grupo que opere por fuera —les dio peso a esas dos palabras —, de la ley. Que haga lo que ni la Liga ni el Equipo puede. Aquí no se debe ser moralista, Dick.
Eso se sintió como una cachetada.
—Está bien, bueno, cedo —exclamé antes de recordar que debía bajar la voz —, pero le veo mil y un defectos a ese plan. Primeramente, debilitamiento mental de un amplio espectro de población terrícola, ¿cómo enfocamos la atención a la Liga, de modo que esta «sumisión» se preste a nuestro beneficio y no en contra?
Kon parpadeó y miró a Billy, esperando una solución.
—¿Podrían crear un perro robot con piezas recicladas que sea funcional?
Su extraña pregunta me hizo retroceder.
—Er, sí, creo. ¿Quieres uno?
—No, idiota —se burló —. Tú ya no estudias prácticamente, sé que estás muy ocupado, pero tal vez puedas colaborar. Kon queda en la vagancia semi absoluta en junio —el clon sonrió —, y yo, pues no sé nada de eso, pero les puedo ayudar en algo más y liberarles tiempo. Tenemos una jodida cantidad de dinero que da miedo y que tenemos que lavar. Creen un perro robot con piezas recicladas que fascine a la gente, lo suben a las redes sociales y después salen con —y añadió una voz dulzona de comercial —. «Ay, ¿les encanta? Sí, talvez podamos crear más y, como somos ricos y son hechos con basura, podemos venderlos baratos para que todos tengan uno». Luego, en unos meses, sacan… yo qué sé, un pájaro, una computadora o una mierda así. Y en unos años, creamos alimento con el sintético.
—Y todo se vende con una marca específica —atiné con mi mente trabajando a mil. Olvidando lo sucio que era, sonaba… lógico y, mierda, plausible.
—Una marca muy simple que la gente reconozca y asocie a ustedes dos. Al consumir, las personas tendrán en la mente que comen algo hecho por Superboy y Nightwing, ahí empieza el lavado de cerebro y el control de las masas.
Coño, esa idea era la bomba.
—¿Puedo besarte la cabeza? —pidió Kon, demasiado impactado para reírse de su propia broma.
—Sí —se encogió de hombros —, pero si me tocas, gritaré tan fuerte que el señor Wayne vendrá y te dará con un bate de kriptonita.
Resoplé; Kon obedeció a rajatabla, Billy sonrió de una forma extraña después, inquieto, pero halagado.
Pobre chico.
—¿Y bien, niñito católico?
—No me llames así —murmuré —. Mierda, Billy, ¿Cómo lo hiciste? ¡Me suena bien!... no, espera, hay una falencia.
—¿Cuál?
—Funcionando con un logo que cree asociación inconsciente, las personas no van a pensar en la Liga, van a pensar en nosotros dos.
—Ah, sí, es cierto —concordó Kon.
Billy se nos quedó mirando de una forma que fácilmente se pudo haber dicho que nos aparecieron cuernos y estrellitas doradas en las mejillas.
—¿Qué?
—¿Ustedes son imbéciles? —nos recriminó —. Conner siempre se va a ver igual, tú eres del tipo de sujetos que envejecen con gracia, date diez años y cabrás en el traje de Batman, no se notará la diferencia. Y yo tengo trece, el resto de la Liga unos 40 años, para cuando ellos se retiren yo estaré en mis 30 —y suspiró molesto —. Nosotros tres somos la puta de Liga de la Justicia del mañana.
Ese niño era un genio visionario.
—¿Puedo besarte la frente? —me uní al juego.
Billy hizo un ruidito molesto, un puchero y se cruzó de brazos extendiéndome la cabeza. Deposité en él dos besos rápidos.
—Tú eres el puto amo, niño —lo señaló Kon —. ¿Todos a favor de semejante brillantes temeraria? Yo sí.
—Pues obvio —dijo él.
—… si mi padre se entera, ustedes recibirán los correazos primero.
—Hecho.
—Seguro.
Suspiré.
—Le entro.
0oOo0
Podía asegurar, si temor a equivocarme, que Dick no notó su constante mordisqueo de labios y el ligero movimiento en la pierna. Al contrario de mí, él era un chico que mantenía sus emociones bajo control, temeroso de que las cámaras y los espectadores entrevieran algo de la verdad de su vida; rodeado de personas que lo «conocían», él se descuidó y permitió un desliz pequeño e insignificante. Conner no reconoció los síntomas de ansiedad o quizás lo asumió a lo tensionante del tema tratado.
¿Me equivocaba? Talvez, pero yo estaba demasiado entrenado para captar esos cambios sutiles, no en vano pasé años, y pasaría años, en terapia.
Con una muy legítima flojera, me dejé caer en la alfombra.
—Dick, ¿te molesta si me quedo aquí?
Ellos se vieron con cierto temor. Mis traumas eran de conocimiento público.
—Si tú quieres —el gitano me sonrió. Conner se despidió murmurando algo sobre continuar en su maqueta —. ¿Mucho sueño?
—Estoy rendido y tu cama es lo máximo.
Nos levantamos del piso y dimos un par de pasos en dirección al lecho; yo no mentía, ese colchón era fabuloso.
—Déjame sacar mi manta y…
—Sabes, necesito superar mi miedo a dormir acompañado.
—Oh —parpadeó viendo entre mí y la cama —. Si tú quieres —repitió —. No necesitas forzarte.
—No lo hago, recuerda que el Campeón de la Tierra está a una palabra de distancia —sonreí juguetonamente.
Dick negó.
—El Campeón de la Tierra lo tengo en frente.
Me ruboricé.
Con las luces apagadas, un cuerpo junto a mí y una segunda respiración acompañando la mía, casi, casi, tengo un ataque de pánico.
—¿Necesitas hablar con alguien? —susurré.
—¿Eh?
—Estás ansioso.
En la oscuridad, apenas pude ver sus ojos abiertos.
—No quiero irme. Se acerca mi cumpleaños y Bruce me enviará al Tíbet.
—¿Eso es malo?
—No es turismo, debo ir a un templo a entrenar y no volveré sino hasta el 19… tengo miedo, es ridículo.
—¿Por qué es ridículo? ¿Y por qué tendrías miedo?
—Jason y Damián han ido al Tíbet, retornaban heridos y con huesos rotos. Los entrenamientos son excesivos, maltratan demasiados, ellos intentan matar a sus alumnos. Y es ridículo porque Bruce tiene la misma filosofía, he entrenado con él casi seis años, no debería darme miedo.
—Tienes derecho a tener miedo —le dije lo que Canario me repitió hasta el cansancio —. El señor Wayne es tu papá, no es normal que te asustes con él, pero sí con extraños.
—¿Crees que Bruce nos lastima?
—Sí, pero si nos los lastiman a ustedes, herirán a millones más. No es justo, pero la vida es injusta y cruel.
—A veces me parece que Bruce es muy permisivo, me deja beber y tener sexo. Pidió que me preparan mi postre favorito la tarde que descubrió que quería acostarme con la psicóloga que me impuso el estado. Yo no debería hacer esas cosas, ¿verdad?
…
—¿Conoces el término «herida de injusticia»?
—Sí, es una de las cinco heridas de la infancia. Es cuando un niño crece sintiendo que no recibió suficiente amor de sus padres.
Yo sufrí esas cinco heridas, pero era tema de otro costal.
—La herida de injusticia no es solo en termino negativos, sino positivos, lo que ocurre al darle de más a un niño.
—¿Dar de más es injusto?
—La justicia es equitativa, da lo justo y necesario, cualquiera de los dos extremos es dañino. La Liga y tu padre nos exponen a nosotros dos a una vida injusta, sin descanso, sin amistades…
—Sin paz —añadió.
—Sí, sin paz —qué gran elección de palabra —. Pero, a cambio, nos dan materialismo, facilidades, dinero y una economía solventada, lo que por sí mismo representa uno de estos extremos.
—¿Cuál es el punto?
—Ellos nos compensan, buscan un equilibrio entre lo bueno y lo malo. No está bien, es injusto, pero de las opciones disponibles, es la más ventajosa.
Él se tomó un minuto en analizarlo.
—Tienes razón, no lo había mirado así. Gracias amigo —y por un gesto amable, extendió su mano para acariciarme el cabello. Me encogí de inmediato —. Ay, lo siento.
—No es tu culpa —genial, ahora empezaría a llorar como magdalena —. Es que así suelen empezar… lo siento Dick —ya no pude controlar las lágrimas y se notó en mi voz —. Creí que podría hacerlo.
—No te fuerces.
Lo ignoré y me bajé de la cama; él muy sabiamente me dio el lado sin pared para no yo sentirme arrinconado.
—¿Te importa si camino por la casa y luego me voy?
—Lo que necesite, Capitán.
—Gracias —apresuradamente, sin colocarme los zapatos, me dirigí a la puerta de salida.
—No lo olvides Billy —me habló irguiéndose sobre sus codos —. Eres el Campeón de la Tierra, nuestro más grande héroe.
—Gracias viejo.
Salí de la habitación con torpeza. A oscuras, temeroso de chocar con algo, anduve agarrado a la pared; yo conocía la mansión, pero de noche y superado por mis sentimientos, no hubo forma de ubicarme. Se me venía un ataque de pánico, lo identifiqué al sentir el pavor correrme por las venas. Miedo, miedo puro. Me recosté en el muro tratando de respirar y me deslicé silenciosamente en el suelo.
No supe cuánto pasó, yo ya había empapado mi ropa en sudor, pero de repente encendieron la luz, era el señor Wayne. Varias veces tuve ataques de pánico, odiaba el ser ayudado, mas no si era Batman.
—Hola amigo —saludó sin preguntar el qué hacía allí o el paradero de mi calzado —. ¿Ataque de pánico?
—S-sí.
—¿Puedo caminar hasta ti? —asentí. Al estar a un metro, se acuclilló —. ¿Quieres sujetar mi mano?
Se la agarré con fuerza, no esperando ni que él me la tendiera.
—Lo siento.
—No tiene nada por qué disculparte. ¿Quieres un abrazo?
—Sí —balbuceé.
Su gran pecho y sus brazos fuertes me hicieron sentir a salvo.
—¿Quieres que te lleve a una habitación o te quedas conmigo?
—Con usted.
Bruce Wayne era un buen hombre cargado con mil defectos. Yo nunca supe por qué, yo mismo era un héroe, tenía a mi alcance a Superman, mas solo durmiendo con el señor Wayne me sentía completamente a salvo.
0oOo0
Despedir a Dick no fue difícil, no comprendí la actitud de Tim y Damián. Lo verían pronto, en menos de dos semanas. Por las mañanas, posterior a su entrenamiento básico y el desayuno, cada uno de mis hijos se trasladaba a la biblioteca de la mansión y leían el material que un docente de grado universitario les preparaba, para posteriormente, en sus computadoras, realizar los respectivos ensayos. No me preocupaba la parte matemática, ya eso yo se los enseñaba; Damián era básicamente un economista en miniatura y Tim era un monstruo en física.
Tras despedirme de Alfred, bajé a la Baticueva, me actualicé en los asuntos del mundo, contesté algunas cartas de urgencia y sostuve una breve reunión virtual con Flash. A las nueve, ascendí a la superficie y me dirigí a mi habitación; era raro ver ese lugar con las luces tenues que adquirí para Dick al adoptarlo, pero Billy las requería. Antes de irme dejé una nota en la mesita de noche, mas el niño continuaba dormido en el centro de la cama, dónde lo acuné por horas.
Billy era otro que deseaba sacar de la escuela, él servía más afuera y activo, pero la Liga me prohibía semejante movimiento. No obstante, por hoy, Billy no asistiría a ese lugar que solo le traía conflicto.
—Hijo, buenos días —saludé sentándome en el borde de la cama y apretándole un dedo del pie.
Con años de traumas e inseguridad, Billy no requería mucho más para despertar.
—¿Hum? ¿Señor Wayne?
—Aquí hijo.
—Buenos días —murmuró estirándose. Billy durmió sin su chaqueta, pude ver sus brazos marcados por el relámpago. Ese tipo de heridas curaban y quedaban como una simple maraña de cicatrices, pero con el constante golpe de los rayos, las líneas no perdían su color purpura; la magia protegía el rostro de Billy para cuidar de su identidad ante los mortales, así como lo defendía del dolor de la electricidad. No importaba si era en un tomacorriente o bajo un relámpago natural, él no se afectaría con la electricidad ni se resentiría por el golpe, más allá de las cicatrices de su cuerpo.
—Hoy faltarás a clases. Conozco un restaurante francés increíble aquí en Gotham, ¿quieres ir?
Billy me sonrió.
—Usted es genial, señor Wayne, como un tío irresponsable y buena onda.
Reí.
—En el camino me puedes contar sobre eso de la detención y tu atraso en las clases.
Lo oí gemir; cómicamente, Billy se cubrió el rostro con una almohada,
—Son las clases más aburridas de la historia, más que las discusiones de Supes con Flash sobre si hay que agregar la salsa encima de las papas o mantenerla a un costado.
Bufé y apreté su dedo de nuevo.
—Vamos hijo. Lávate la cara y cepilla tus dientes, hay un cepillo con su empaque sobre el lavamanos, úsalo.
Billy se retiró la almohada y me miró con el ceño fruncido.
—¿Puedo ir así vestido?
—Claro, no hay problema, aunque… ¿me permites comprarte un par de chaquetas?
—Seguro, malcríeme todo lo que quiera, señor Wayne.
Sería la primera ocasión desde esa fatídica noche de miércoles que yo saldría en público con un fin de meramente entretención. Para demostrar que no tenía el más mínimo pudor en andar con un niño que debiera estar en la escuela, me puse un jean, unas zapatillas de correr, una camiseta sin logo negra y una chaqueta azul oscuro de tela; con su atuendo típico, pantalón de mezclilla, Converse y una sudadera manga larga roja, nosotros dos desentonaríamos en el lugar al que planeaba dirigirme, mas eso no importa. Yo era Bruce Wayne, el lugar que me negase el acceso se iba a la ruina por voto popular.
—¿Lamborghini, Jaguar, Audi, Mercedes, Volvo? —ofrecí en el estacionamiento.
—¿Cuál alcanzo a conducir?
—Te fabricaré uno aerodinámico —prometí desviando el tema de su estatura. La Liga y los médicos aguardábamos a que Billy tuviese un estirón pronto, los nutrientes que bebía debían ayudar a reparar en algo su descuidada nutrición infantil.
Tomamos un jaguar de dos puertas color azul eléctrico y arrancamos.
0oOo0
—¿Quién era ese? —le pregunté a Tim sin despegar la nariz de la ventana.
—Ni idea, pero se quedó con él anoche —mi «hermano» se encontraba igual que yo.
—¿En su habitación?
—Sí.
Fruncí el ceño, irremediablemente celoso.
0oOo0
—Oí que te decomisaron un libro —me comentó el señor Wayne en el trayecto. Algo que amaba de él, era su actitud despreocupada para ciertos aspectos; oh, él era el hombre más rígido sobre la faz de la tierra, pero no ponía problema si uno ponía los pies en sus asientos de cuero, ya que, según él, «mi comodidad era más importante que la tonta tapicería» —. Pídeme lo que quieras.
—Sí, de… am…
—Debes recordar los autores de los libros. Es Megan Maxwell, una lectura un poco… caliente para ti. ¿Por qué lo elegiste?
—Quería ver como es el sexo fuera de los moteles mugrosos —dije directamente.
—Es una buena elección, entonces. Te lo compraré en tapa dura, pero debemos hacer que parezca que lo compro para mí, no podrás llevarlo a la escuela.
—No hay problema, señor Wayne —le sonreí. Me encantaba sentirme mimado y querido, lo que obtenía siempre de él.
—También me enteré que has estado dibujando mucho en clase, te la pasas en ello.
—Em, sí —ya de por sí era malo que sacase notas regulares y mis maestros se quejasen, él no debía descubrir lo del sintético ni lo demás y yo me la pasé dibujando botellas de gaseosa, algo sin explicación lógica —. Me gusta el dibujo y las clases son aburridas, así que…
—Dos más dos —me guiñó un ojo —. Fui un pésimo estudiante después de la muerte de mis padres. Las fracciones pierden valor una vez chocas con el mundo real, la escuela es donde protegen a los niños de la vida, no te tomes a mal que no encajes.
—Me gustaría irme, pero sé que ella volverá.
El señor Wayne sonrió tristemente.
—No necesitas vivir rodeado del fantasma de tu proxeneta, Billy —cierto, pero no me atrevía a dar ese paso, por lo que me le quedé mirando con una ceja alzada hasta haber hecho sentir incómoda a una persona normal —. Touché, Capitán Maravilla.
—Touché, Batman.
Aparcamos frente a un hotel lujoso riéndonos de las caras de estúpidos que ponían todos.
—Espero que tengas hambre, Billy. Toma amigo —le lanzó las llaves al botones que se aproximaba a cumplir su trabajo —. Cuídalo como a tu hijo —le pidió alejándose y dándome la mano.
—¡Por supuesto, señor Wayne!
Fue al dar un vistazo atrás que entendí como nos identificaron tan rápido. En las placas, en lugar de una placa serial de auto, se leía «Wayne».
Cool.
El problema con los pedófilos era que no se quedaban en los moteles de mala muerte, sino que se extendían a los mejores lugares de la sociedad. A un restaurante con ellos jamás fui, pero sí entré a cientos de hoteles, los mejores hoteles del mundo, usando sus puertas de atrás. Conocía Italia, a su mafia en especial, España, Marruecos, islas privadas aquí y allá, también mansiones señoriales que, para su mal, no eran ni la sombra de lo que era la mansión Wayne.
Lo buena era que yo mantenía mi mente en positivo, podía crear mejores recuerdos y dejarme admirar por las tiendas de lujo que exhibían en sus vitrinas sus productos.
—Desde aquí nos dirigiremos a una librería muy buena en la 4ta.
Tomamos un ascensor súper veloz que contaba con su propio ayudante; de esos también conocía, uno de ellos me sostuvo mientras su jefe me violaba. Ah, la vida pasada.
Wow, el olor al abrirse el ascensor en el último piso fue de otro mundo, ¡qué delicia! Sin embargo, noté de inmediato que los presentes iban de traje e incluso los meseros lucían más acordes al sitio que yo.
Hubo un par de jadeo aquí y allá, el señor Wayne me guio a una mesa en… ¡joder! El techo y las paredes eran de cristal, se veía perfectamente el cielo nublado y las calles de Gotham.
—¿Es seguro estar aquí?
—Los vidrios son antibalas e irrompibles, esto es Gotham Billy.
—Buenos días señor Wayne. Mi nombre es Carolina, será un placer para mí atenderlo a usted y a su invitado el día de hoy.
—Buenos días. La carta niña.
Ignoré el tono frío y serio en el que habló, era Batman, era más cómodo verlo actuar normal que jugando al playboy.
—En seguida señor Wayne… ah, él no puede hacer eso.
Me detuve, trataba de ver el vació donde, seguro, seguro, curiosos nos enfocaban con sus cámaras; fuera de la gente, la visión me encantaba. Lo que hacía yo era doblar las piernas en el asiento, un sofá beige para dos muy suavecito.
—¿Él no puede hacer qué?
La pobre Carolina tragó y se repensó eso de contrariar a Bruce Wayne.
—Nada, señor Wayne. Discúlpeme, en seguida les traigo las cartas.
Mi superior me señaló con su mano que no me acomodase.
—Supongo que quieren mantener limpios los asientos —los defendí sin bajar mis piernas.
—La forma en que tú te sientas mejor es la adecuada, Billy. ¿Quieres que pida por ti?
Pues, hablar francés no hacía de mí un experto en gastronomía.
—Sí, seguro. Gracias murciélago… ups —me tapé la boca y miré a mi alrededor con discreción. Para los hombres y mujeres trajeados yo era una especie de anomalía y el señor Wayne un codiciado premio.
—Da igual —desestimó mi temor con su mano. Carolina apareció con dos menús. Me entretuve mirando a abajo, tocando el mantel de lino y examinando la figura del señor Wayne en lo que él pedía chocolate con nata montada, croissants de mantequilla y de pistacho, pan francés, tartines, muffins y mermelada de frutos amarillos —. ¿De qué te ríes?
Efectivamente, yo reía apoyado en mi puño, mi codo en la mesa en una total falta de decoro.
—De la ironía. La última vez que desayuné algo así me encontraba en Italia. Me habían secuestrado y terminé por allá haciendo turismo —él sonrió de medio lado.
—¿Te estoy dando el mismo desayuno que un pedófilo? Oh, Dios.
—Para nada —sonreí salvajemente —. Les robé la tarjeta de crédito, saqué todo el dinero que pude, compré un boleto de tren para Hungría y me quedé en la cafetería a verlos irse en el tren, jurando encontrarme. Salí de ahí y me gasté todo el dinero de esos tipos en comida costosa, ropa decente y entradas a museos. Escuché el Ángelus del Papa antes de que me encontrarán.
El señor Wayne asintió con aprobación.
—Muy buena forma de esconderse. ¿Qué pasó cuándo te capturaron?
—Ah, lo de siempre —me encogí de hombros —. Palizas —me mordí el pulgar y añadí oscuramente y en voz baja —. Nunca me han golpeado tanto como ese domingo.
—¿Cómo te regresaste?
—Con nuestro amigo en común.
—Ah ya… ¿por qué no le pediste que te sacara de ahí antes?
—Me daba curiosidad el Papa. Resultó que solo era un viejo vestido de blanco.
Guardamos silencio al llegar nuestro desayuno. Amé la fuente de nata montada, agregarla al chocolate fue divertido. Un gran desayuno, ojalá pudiera contarle la verdad al señor Wayne y quitarme la sensación de traición que me recorría cada vez que él me sonreía.
0oOo0
El tecleo frenético se enlazaba con la respiración superficial del gordo en la silla. Era apuesto, pero la mueca de desprecio lo dañaba todo. Iluminado únicamente con la luz de las pantallas de su computadora, la sonrisa maligna que exclamó causaría escalofríos a muchos.
—Te tengo, Wayne. Una rata voladora es una presa natural del búho.
