—Qué extraño —miré mi teléfono con confusión.

—¿Qué pasa, Drake?

—Me dio la impresión de que parpadeó —lo revisé, pero mis notificaciones no cambiaron.

—El hambre te hace alucinar —se burló Damián de mí —. Es increíble que padre no haya venido con nosotros al volver a casa.

—Estaba cansado.

—Sí, de llevar a un desconocido a un lujoso restaurante, cuando a nosotros, su hijo y el mocoso por el que se tomó la molestia de hacer el papeleo de adopción, nos abandona con un listado de deberes interminables.

—No pongas esa cara, Dami. Bruce nos ama, ha recibido tiros por nosotros dos.

Damián bufó.

—Él recibe tiros por cualquiera, eso no prueba nada.

No le hablé más para no buscarle la lengua, especialmente porque yo compartía, en parte, su pensamiento. Odié que mi padre me relegara de nuevo al cajón de juguetes viejos, y ahora Bruce me ignoraba también.

—¿Quieres conocer la Cueva?

—… ¿hay merienda?

—Obvio.

—Vamos Drake.

0oOo0

¿Qué podría ser lo peor de contarle los sucesos del robo?

Vamos Batson, sé hombre y escúpelo, me dije. El señor Wayne me permitió quedarme en su casa a leer el libro que me regaló ya que el rey Orión le dejó un mensaje por texto quejándose de que yo estaba leyendo pornografía y que él quería comentarlo con el resto de la Liga.

El señor Wayne me complacía en necesidades y en antojos, la prueba de ello era el libro, me consentía como a un hijo, de ejemplo la caja de 24 marcadores Copy que adquirió para mí esa mañana, luego de que le rogué que no me fuese a comprar la caja de 120 colores + tonos color piel de esa jodida y costosa firma.

¿Yo iba a mentirle a ese hombre, quién me cuidó, me defendió y me aseguró una vida digna?

Quizá pierdas esta vida si hablas, Batson, mi furioso yo mental señaló.

Agité mi pierna tomando una decisión.

—Tengo la integridad suficiente para saber qué hacer.

Fui quien le dijo a Nightwing que no debía ser moralista. La decisión que tomé no la elegí por moral, fue por lealtad.

0oOo0

En diferentes rincones del mundo hubo una sacudida en las señales de televisión. No fue algo absoluto, el villano frente a la computadora no era el dios cibernético que él creía ser, pero se lució, lo que sea de cada quién.

2, 3, 5, 9, 12 archivos confidenciales de la Liga empezaron a llegar a algunos celulares y computadoras; no ocurrió a la velocidad de la luz, después de todo, la Corte de los Búhos estaba quebrada, pero Dick y Tim cometieron el error de subestimar el orgullo mezclado con la locura. El villano frente a la computadora no era nadie importante, un tipo raro y ya, mas en un parpadeo él se vio superado por un ente desconocido que arrebató los ingresos de sus patrones y puso su vida en riesgo. Más que desear estar paz y salvo con sus jefes, él quería conservar su orgullo.

A tiempo para el almuerzo como siempre, Clark Kent pudo escapar del Planeta y mandar un mensaje por el medio más informal que poseían.

«Un infiltrado en los sistemas de la Liga. Archivos descubiertos. No conocemos el alcance de este enemigo, no usen tubos zeta, no usen comunicadores oficiales.»

Nuevamente, Batman pecó de precavido y preparó un enlace de comunicación aislado de la Atalaya, La Cueva, El Salón de la Justicia, La Baticueva y Wayne Enterprise. De no ser por su crónica paranoia, el caos pudo haber sido mil veces peor. Una lastima que Alfred, concentrado eficazmente en la preparación del almuerzo, silenciara su teléfono. De la que se pudieron haber librado.

0oOo0

—¡Maldita sea! ¡Contesta! —a la mierda se fue mi identidad secreta. ¿A quién coño le importaba el nombre de Flash si nuestros archivos iban a ser descubiertos?

Lo bueno, muchos se fueron a almorzar, lo malo, quedaron testigos. Al menos se trataba de policías y forenses experimentados; mis compañeros permanecieron en silencio escuchándome pelear contra el teléfono, confirmando al máximo que mi tapadera era realmente una cortina de humo.

—Murciélago, coge el puto teléfono —gruñí sin ser contestado.

—¡Marca más Allen!

Arya me señaló la pantalla del televisor. Ay no, Bruce.

Hola hijo. ¿Hambriento?

Y Billy. Un mal presentimiento me caló hasta los huesos.

0oOo0

Suspiré, tomé aire y giré en silencio el pomo de la puerta. El señor Wayne me dijo que estaría en su oficina y allí lo encontré, leyendo a la luz de la ventana la copia que compró del Principito.

—Hola hijo. ¿Hambriento?

—No, señor Wayne.

Avancé. Mi libro y mi celular los dejé en el mueble donde me senté a leer. Era… tan dulce, él construyó una habitación en su casa para mí.

—¿Sucede algo, Billy? Te noto achispado —soltó su tomo depositándolo en la parte trasera del gran sillón en el que se acomodó.

No hablé en un principio, caminé hasta él lentamente, confiando en que, lo que fuera que pasara, sería lo correcto. El murciélago me recibió con una sonrisa confusa y no puso lio cuando me senté en sus piernas, al contrario, me acunó como a un gran bebé y sostuvo mi cara con cariño.

—Tengo que contarle algo —hablé lentamente girando mi rostro con intriga. Oh, quien lo diría —. Yo una vez estuve así con alguien —revelé.

—¿Es el tema del que quieres hablar?

—No, pero…

—¿Malos recuerdos acaban de volver? —me sugirió suavemente.

—Ajá —lo medité unos segundos, una idea tonta bailando en mi cabeza —. Deme un beso.

Él se echó para atrás.

—¿Qué?

—No quise asustarlo, lo siento. Para quitarme el miedo a la oscuridad, me encerré en un armario oscuro por 24 horas.

—Cosa que no es sana, Billy. Los temores no se eliminan con una exposición brusca al factor que genera miedo.

—Pero ya no sufro de ataques de pánico cuando apagan la luz —rebatí.

El señor Wayne asintió.

—Cierto, mas no lo recomiendo. ¿Acaso alguien en una posición así te besó a las malas?

—Fue un hombre grande, como usted. Deme un beso, quiero ver si me puedo quitar este trauma, luego le contaré mi secreto.

—No, Billy…

—Oh, vamos. Usted confía en mí para muchas cosas, ¿por qué no esto? Usted sabe que yo ni siquiera soy realmente un niño.

—La magia a la que te expusiste de pequeño te generó cambios, no voy a negarlo, pero cronológicamente…

—¡Qué basura! ¡Mido más usted! —alegué con fuerza —. ¿Necesita ver acaso mi otra forma para convencerse?

0oOo0

—No, no, no, no, Bruce no lo vayas a besar —grité sujetándome el cabello. Un grupito se formaba alrededor del televisor de la sala de espera para pilotos, las pruebas que iban a iniciar se cancelaron unos minutos antes, así que el chisme prosperó.

—No creo lo bese, Jordan. El niño está traumado, es entendible, pero Wayne… oye, ¿por qué lo llamas por su nombre? ¿Lo conoces?

—Yo… —Billy me interrumpió.

¡Qué basura! ¡Mido más que usted! ¿Necesita ver acaso mi otra forma para convencerse?

—No, no, no. ¡Bésalo, maldita sea, pero no dejes que se transforme!

—¿Y este tío qué? —se quejaron de mí en voz baja.

Saqué mi teléfono. Barry no debía hacer ese viaje, él tenía esposa y un hogar, yo en cambio tenía menos que perder. Entré al chat de la Liga; de mi bolsillo extraje mi anillo verde.

—Voy hasta la mansión Wayne, continúen tratando de hacer contacto —envié en una nota de voz.

Atrás de la estela de luz verduzca quedó un montón de preguntas y grabaciones de seguridad. Daba igual, completamente igual. Si se debía elegir entre sacrificar a toda la Liga por proteger la identidad de Billy, se sacrificaba a cada uno, iniciando conmigo.

0oOo0

—Calma, Alicia en el País de las Maravillas —se burlo de mí sujetándome con mayor fuerza.

—No entiendo la referencia. En tal caso, mejor Mario Bross.

Sonrió. Puse mi mano en su pecho.

—Así estuve ese día, confiaba en ese sujeto, yo creía que él me iba a mecer para ayudarme a dormir.

—¿Y no lo hizo? —su gesto se convirtió en pena.

—No —negué con la cabeza mirando los botones de su camisa —. Empezó a tocarme y a besarme.

—No te voy a tocar, Billy.

—No quiero que me toque —hice una mueca y una voz de asco —, solo… escuche, sé que en unos años querré invitar a una chica bonita al baile de preparatoria. Quiero saber si podré cumplir un cliché y tener al menos un fragmento de adolescencia normal —quise matarme cuando mi voz se quebró desde la palabra «fragmento».

—Shh, tranquilo.

—Es un beso, no es el fin del mundo. No tiene por qué ser diferente a la vez que me sacó del río sin pulso.

—Hijo, es jodidamente diferente —elevó la cabeza, suspiró y bajó de nuevo el cuello para verme —. ¿Con una vez te bastará?

—Depende de mi reacción —agh, al fin hablé bien, sin boberías; me limpié las lágrimas para asegurarme —. Sé que esto es incómodo, pero es la única persona en la que confío tanto. Mi otra opción es Kal-El, pero se imagina la reacción de Superman —en eso resoplé y le metí vida a mis palabras. Olvidamos instantáneamente la melancolía y seriedad que el momento requería.

El señor Wayne rió con ganas.

—Ese Boy Scout de mierda se iría de espaldas —me reí y absorbí mi nariz, el único vestigio de mi debilidad. El murciélago me sobó el cabello con ternura… un tacto agradable, ojalá no se arruinase —. Mira, lo haré —dijo lentamente —, pero después le diremos a tus psicólogos y a la Liga.

—No quiero decirle a la Liga, con algunos no soy tan cercano. ¿Podemos solo decirle a…? Flash, el rey Orión, el Capitán Átomo, hum, ¿a Superman quizá?

—Haz la lista, les diremos mañana en tu siguiente sección psicológica con Canario Negro. ¿Qué hay del Capitán Maravilla?

Supe que su tono de broma era para ganar tiempo, lo que me pareció bien.

—Oh, en definitiva, el capi. Uff, a ese se lo cuento corriendo.

Y me carcajeé como un tonto en lo que el señor Wayne juntaba valor.

—¿Quieres un toque de labios o…?

—Mésame y deme el beso que le daría un agresor sexual a un niño de seis años cuando no tiene tiempo.

—¡Maldita sea, William! —gruñó y empezó a mecerme y ver al techo de nuevo, cogiendo fuerzas.

Me dejé mimar y cerré los ojos. El beso me cayó de sorpresa, fue… realista. Yo no recordaba si ese hombre me pasó la lengua o me mordió, estaba demasiado impactado, pero, en base al conocimiento que yo poseía sobre las relaciones, el beso del señor Wayne encajaba con la situación.

Él me lamió los labios, se introdujo a mi boca, movió su lengua y me mordió, retirándose lentamente. Lo sentí temblar.

—Eso no estuvo tan mal —en serio, se sintió bien, asqueroso, pero de forma positiva. ¿Quién querría la saliva de alguien en su boca? Iuh.

—Quítate —el gruñido me sorprendió, fue grave y hostil. Me salí de ahí de un brinco, muy al estilo que él me enseñó —. ¿Qué mierda hice?

El señor Wayne realmente estaba temblando y se sujetaba las rodillas con fuerza.

—Lo siento, por favor discúlpeme.

Me miró y negó, abriendo sus brazos. Con una confianza que me aterró, acudí a él.

—No, no hijo no, no es tu culpa. Dios, algún día espero encontrar al degenerado que te hizo esto y personalmente cortarle las bolas.

Fui a decir que lo hiciera delante de mí, pero un estruendo durísimo sacudió la mansión. En un instante, un rayo verde nos empujó, yo salí rodando al suelo, el señor Wayne sacó de inmediato ese cinturón suyo.

—¡Lo siento, lo siento! —el grito de Linterna nos tranquilizó.

—¡Hal! ¿Qué coño haces tumbando las puertas de mi casa?

Oh, esa puerta iba a necesitar cambio.

—Tuve que meterle a fondo —gritó agitando —. Violaron la seguridad de la Liga y han estado publicando cosas,

¿Qué? ¿Las protecciones de la Liga? Oh no.

—Hal —el señor Wayne habló pausadamente señalando a un rincón con su dedo —. Dime que esa cámara de seguridad no…

El linterna asintió. Jadee con fuerza, el beso…

—Yo casi me transformo —recordé con horror.

Y casi digo que fuimos nosotros los que robamos el dinero.

—Yo destrocé mi identidad y un muro de mi lugar de trabajo. Por la transformación fue que me vine, pero el resto de cosas… Joder, Billy lo siento, seguí todo con una señal de radio, eso era extremadamente privado.

—¿Tiene micrófono? —ah, ahí venía un ataque de pánico. Grandioso, ¿por qué mi vida era una bola de mierda?

—Destruye esa cámara, Linterna.

El rayo verde la fundió dañando los circuitos. Eso no solucionaba nada.

0oOo0

Posiblemente, el hombre gordo frente a las pantallas gritase de ira por la reacción que tuvo el mundo.

#Waynenoesunpedófilo (Wayne no es un pedófilo), era el hashtag más empleado en las diversas redes sociales, miles de figuras públicas salieron a afirmar, palabras más palabras menos, que ellos habrían hecho exactamente lo mismo, ayudar a un niño a superar un trauma, por más poco ortodoxo que fuese el método. Otro fallo terrible que cometió el gordito tecnológico fue agregar subtítulos en los cinco idiomas más hablados del mundo: todos entendieron el contexto de lo sucedido, no hubo forma de que el video se prestase a confusiones.

Y las declaraciones de programas que se encontraban en vivo cuando el video corría, en especial noticieros, fueron del siguiente tipo:

—Eso no fue ni perversión, ni pedofilia. Carajo, ni se puede considerar homosexualismo.

—Le acaban de arruinar la vida a un niño que ya ha tenido bastante del mundo.

—Voy a meterle una demanda a la persona que emitió ese en vivo desde una cámara de seguridad. Es ilegal, carente de ética y viola la privacidad. Lo que acaba de ocurrir debió haber sido el mejor momento de ese niño, por lo menos de esta semana. Se ve horrible, pero él acaba de descubrir que sí puede tener una vida normal y se lo echaron a perder.

—Por favor, ¿enserio hay gente protestando? Los enfermeros y doctores guapos se casan con niñas con enfermedades terminales para dares alegría en sus últimos momentos, ¿se está quejando alguien acaso? Wayne en ningún momento quiso hacerlo por iniciativa propia, el niño lo tuvo que convencer con un argumento desgarrador, pero cierto.

—Wayne tiene razón, esto no es culpa del niño, es del hijo de puta que le arruinó la vida.

—Él solo deseaba una novia y una vida normal, ahora no va ni querer ir a la escuela.

Lamentablemente, no todos los periodistas se quedaron en ese tema. Aquí un fragmento de conversación entre varios comentaristas de noticias económicas.

—¿Qué eran esas referencias a Alicia y Mario Bross?

—¿Qué tienen en común una novela de hace unos cien años y un videojuego?

—Los personajes crecen, consumen algo que les da un cuerpo más grande. Billy dijo ser más alto que el señor Wayne.

—Eso fue al hablar de la magia, ¿no? Bueno, una vez separaron las realidades, creo que la magia no tiene muchos límites. Él dijo que el niño fue tocado con magia muy joven, pero que cronológicamente… y ahí se quedó.

—Linterna verde lo admitió, voló hasta ahí no por el beso, sino por una transformación. Y Billy, asustado, tampoco habló del beso, él dijo que casi se transforma.

—¿Creen que puede asumir un cuerpo… adulto?

—Esperen, eso fue lo que intentó decir Wayne. Cronológicamente es un niño, pero de alguna forma logra adquirir una figura adulta.

—¿Un miembro de la Liga?

—No, no creo que la Liga… además, él vive en Fawcett City, ellos solo tienen al Capitán Maravilla.

—Bueno, ese tipo es muy infantil.

—No, es imposible, Billy dijo que hablaría con él también.

—Bueno, ¿y qué archivos revelaron?

(Aclaración sobre el nombre gordito tecnológico [me encantó ese apodo]. Sé que siempre hay personas delicadas por ahí, yo en general trato de ser muy respetuosa y aclarar, por ejemplo, el porqué de las cosas cuando un personaje es misógino o homofóbico, pero en este caso, yo misma soy una persona con unos 20 kilos extra, así que hablaré sin tapujos.

Para los que se enojen, si los hay, por el apodo que le puse al villano, considerándolo gordofóbico, creador de un cliché o grosero, coman mucha mierda. Estar sentado todo el día en una computadora hace eso, así que de malas.)

0oOo0

Mis dedos se deslizaban por el teclado a una velocidad que en otro momento me habría fascinado; a mi lado, Damián hacía lo mismo, ambos defendiendo los sistemas de la Liga y del resto de lugares y empresas asociadas. Entendiendo quien era el niñito con el que papá se paseaba, mis celos disminuyeron un tanto.

—Dieron con la dirección del tipo —oí que dijo Tula.

—No fuimos nosotros —revelé lo innecesario.

El mundo se tomó el asunto de forma personal, desconocidos de todas partes estaban rastreando la transmisión que llegaba a sus computadores; alguno dio con el chiste y la dirección del hacker se reprodujo por la red.

—Pongan las noticias, este tipo sigue intentando entrar; hay que verificar que todo esto es cierto y no una información falsa —ordenó Damián —. ¿Quién te llama en este momento? —me gritó al empezar a sonar el teléfono que Dick me entregó en la mañana con la recomendación de mantenerlo cargado, no hurgar en él y no asustarme cuando la voz de un supuesto difundo me dijese «aló».

—¿Qué? —dije apoyando el aparato entre mi oído y mi hombro.

—Hola remplazo.

Jason Todd.

—Llamen a los de Actividad Paranormal —me reí sin pausar mi trabajo —. ¿De verdad tú continuas vivo?

—No tengo tiempo niño. Verifiqué la dirección, es de un viejo que se murió hace 40 años, pero recientemente pusieron cámaras de seguridad, voy a ir con unos matones y voy a hacer lo que sé que ustedes no se atreven. Dile a papá que recogeré lo que robaron y, sobre todo, dile a ese niño, Billy Batson, que quien le hizo esto va a morir deseando jamás haber transmitido ese video.

—Okidoki —dije antes de colgar.

—Oh, viejo, van a quemar esa casa —la voz del atlante no me distrajo, pero alcancé a mirar de reojo ya que, unos segundos después, los ataques cibernéticos mermaron.

Ah, obvio que mermaron, unas 20 personas llegaron a la casa del sujeto con piedras, ladrillos, armas y un par de antorchas. ¿Enserio, antorchas?

—¡¿Eso es una guadaña?!

—Es Gotham —les dije —, me sorprende que no traigan lanza… oh, wow.

—¿Quién carajos almacena un lanzallamas en su casa?

—Es Gotham —se burló Damián. Él frenó su tecleadera, yo me encarga de la protección virtual de la mansión y Wayne Enterprise, él del resto —. Tiene que ser la casa, el tipo se detuvo.

Aún con un ojo sobre los computadores, mantuvimos una vigilancia sobre los sucesos en la escena. Más y más personas llegaban, un par tocó la puerta amablemente, otros lanzaron las piedras y los ladrillos, algunos con bates se dedicaron a destruir el exterior. Un tipo gordo y medio calvo se asomó por una ventana del segundo piso gritando vulgaridades.

—Viejo, ¿qué marca de lanzallamas es? —jadeé sorprendido —. Quiero uno así para navidad.

Obvié que los mayores me vieran como a un loco.

El gordito se quedaría sin cejas, pero se salvó. Más y más personas, en verdad iban a acabar la casa.

—Debería ir la Liga, él tiene información que nos pueden robar —sugirió Aqualad.

—Superman dijo que sin tubos zeta y Flash está en su trabajo. A Batman le toca hacerlo personalmente.

No hubo necesidad, en una gran camioneta blindada, y con siete matones inmensos como elefantes, armado hasta los dientes, llegó Capucha Roja.

No me jodan, Jason Todd es Capucha Roja… con razón Batman siempre ordena dejar de perseguirlo.

No me enfoqué en lo más escandaloso, Capucha no me lo permitió. Literal, cual Moisés, el gentío le abrió paso a él y a sus «empleados». De una patada, Capucha irrumpió en el lugar. No hubo un saqueo masivo o una horda medio zombi entrando, los matones se agolparon ahí. Las cámaras registraron sonidos de golpes y de vidrio, hubo un tiro y luego silencio, para pasar a más golpes. Capucha sacó de la casa al gordito de hacía rato, el pobre ya venía con moretones y la nariz partida.

—¡Te enseñaré a no meterte con los niños! —se escuchó el grito de Capucha.

Los presentes lo celebraron con víctores; no pasé por alto que dos matones entraron a la casa.

—Va a robarnos —me susurró Damián.

—No, él nos lo va a devolver.

—¿Has estado viendo telenovelas?

—No seas imbécil, él fue quien llamó, Dick me dio su contacto antes de irse.

—¿Qué? ¿Tenemos una alianza con ese tipo? ¿Y por qué a ti te lo dio?

—Shh, en casa.

—Bueno, pero no me shh a mí.

Sonreí involuntariamente.

Capucha cumplió su palabra. Golpe tras golpe, patadas, puños, una paliza absoluta que finalizó con un tiro a quemarropa en la frente. Por detrás de la casa, los dos matones, ayudados por otro par, aprovecharon la distracción del populacho y se llevaron las computadoras y tecnología del difunto gordito. Revisé la computadora, sí, no más ataque.

—Avísenle a la Liga, volvemos a estar seguros.

0oOo0

Le dimos su espacio a Billy y no lo molestamos. La Liga se reunió a las cinco de la tarde, contando con la participación de Barry, que nos admitió que parte de su oficina era consciente de su secreto, a pesar de que jugaban al él-no-fue, y por eso su teniente le dio permiso de salir una hora antes.

—¿Y Billy? —nos preguntaron a Hal y a mí la vernos.

—En su habitación —conté caminando a mi silla.

—¿Su habitación? No lo oí llegar.

—No, le construí un dormitorio en la mansión —solté un suspiro —. Hablé con él a la 1 pm, me pidió que lo dejara a solas.

—¿Qué tan mal está? —solicitó Canario.

Me encogí de hombros.

—Intentó tener un ataque de pánico, pero ya lo conocen, soltó un gruñido, se regañó y se tronó el cuello. Dijo que estaría bien y se encerró. Cuando yo lo vi me pareció lloroso, pero…

—Billy debería exteriorizar más sus emociones —recomendó la Mujer Maravilla.

—¿Por qué lo besaste? —preguntó el Hombre Elástico.

Me sorprendió hallar más de un par de ojos con reprobación.

—¡¿Ustedes no lo habrían hecho?! —desviaron la vista, los hipócritas —. ¿Tengo alguna demanda?

—Dos, una de un grupo religioso y otra de un colectivo sin ánimos de lucro que busca la protección de los niños. Ambas están siendo removidas en este momento —Superman consultó su pantalla holográfica —. Los subtítulos y el contexto de la transmisión nos colaboraron, la mayoría está a tu favor, contados con una mano los que están en contra, pero muchos quieren saber la opinión de Billy.

—¿Qué? Él no va a hablar con nadie.

—Oye, princesa, tengo voz propia —el tono indignado y juguetón de Billy nos sorprendió. En la entrada de la sala de juntas, comiéndose un sándwich más grande que su cara, estaba Billy muy sonriente —. ¿Qué? —pidió masticando.

—¡Billy! ¿En qué momento llegaste? —tartamudeó Flash.

Nadie quería hacer la pregunta de, «¿estás bien?».

—Hace un rato —contestó sin dejar de masticar y caminando hacia su puesto —. No almorcé, su mayordomo me hizo esto, señor Wayne, él es muy amable.

—Creí que querías estar solo.

—Sí —se encogió de hombros con naturalidad —, pero ya se me pasó. Vi la notificación, recibí esto y me vine. ¿Hay mostaza? A usted se le acabó en su casa, señor Wayne.

—¡¿Quieres dejar de hablar de comida?! —le grité exasperado. Billy me sonrió, muy a sabiendas del efecto que causaba —. ¿Por qué estás tan tranquilo?

—Billy —Canario habló con más amabilidad, asesinándome con los ojos —, tienes derecho a sentirte triste, molesto y avergonzado por lo que pasó.

—Ya lo sé, siempre dices lo mismo —dijo fastidiado —. ¿Para qué quiero sentirme triste, molesto o avergonzado? Revolverme en lodo no va a ayudar a nadie, menos a mí —y tuvo que continuar, porque nosotros estábamos con las mandíbulas sueltas —. Miren, lo peor que puede pasar es que a ustedes y/o al murciélago los demanden, fuera de ello, pues que importa.

—¿No te incomoda que te hayan visto pedirle un beso a un adulto?

—¿Incomodarme? Diré esto de una forma que no volveré a repetir: me incomodé el día que ustedes, cabrones, decidieron decirle al mundo mi vida sin consultarme o pedirme permiso. Ya que está demostrado que soy emocionalmente más capaz que ustedes de mi cuidar mi integridad psicológica, cierren el pico y dejen de pensar que soy una maldita estatua de hielo. Soy Billy Batson, yo lo he sobrevivido todo, no me voy a echar a llorar por un puto video.

Quedamos en silencio mortal, encogidos como niños regañados y apenas haciendo el suficiente ruido para respirar.

—Yo… —Flash tropezó con sus palabras —, ya te traigo la mostaza.

—¡Gracias! —y como si nada, su gesto de oscuridad e ira cambió por una sonrisa alegre. En un segundo, Billy pudo agregarle la mostaza a su sándwich y seguir comiendo —. Para que quede en el registro, Canario Negro, superé mi miedo a los besos.

—Ja —ella resopló sonriendo pasmada.

Siguiéndole la cuerda, le alcé una ceja.

—¿Beso bien?

—¡Bruce! —oh, que caras de odio de esa panda de idiotas. Billy, por su parte, sonrió atrevidamente.

Amaba a ese niño.

—Realmente no sé, porque no tuve ataque de pánico, no sentí presión ni ansiedad o sus sinónimos, nada, así que por mí el beso fue fantástico. Por otro lado, ¿por qué les gusta compartir saliva? ¡Qué asco!

Lo dijo tan infantilmente que no pudimos evitar reírnos, incluso el Doctor Destino se cruzó de brazos y rodó los ojos.

—¿Qué era lo que me ibas a decir hoy?

Su alegría se fue al abismo y una seriedad inusual lo envolvió, no fui el único en notarlo. ¿A qué venían los misterios de Billy?

—En privado —mordió su sándwich.