—Y eso fue lo que pasó.

Casi a las nueve de la noche terminé mi relato. Yo no lloré en demasía en la tarde, guardé mis lágrimas para esa charla. En mi habitación en la Atalaya, le entregué con vergüenza el sintético robado al señor Wayne.

—¿Por qué?

—Por proteger a la Liga.

—La Liga está…

—Estaba hundiéndose antes del desfalco —exclamé —. Lo de Luthor no era suficiente distracción, a usted querían meterlo preso, a sus hijos les estaban realizando exámenes médicos en busca de pistas para quitárselos. Sentimos el agua hasta el cuello y actuamos.

—¿Quién más intervino?

—Luthor sabe del robo, Conner le pidió permiso para usar una de sus cuentas secretas en Suiza. Tim no habló con nosotros al proponer yo la alternativa del sintético.

—Hasta ahora han salido bien librados. ¿Por qué me lo cuentas?

Observé su figura cruzada de brazos en la silla de mi escritorio, lucía impasible.

—Le debo lealtad a usted —me enfoqué en mis pies aguardando su respuesta, pero no llegó —. ¿Me va a correr de la Liga? —alcé los ojos.

—No —dijo de inmediato —. Jamás, hijo mío.

—¿Por qué me llama así? No es que me moleste, pero no soy su hijo, por más que mi apellido insista.

Resopló.

—Porque te considero mi hijo. Así como Dick, Jason, Tim, Conner y Damián, tú me generas orgullo; te veo y pienso en el gran hombre en el que te convertirás.

Sonreí suavemente.

—¿Afecté en algo esa imagen suya con lo que hicimos?

—No. Eres mi niño hermoso aquí y en el fin del mundo.

—¿Puedo darle un abrazo?

Corrí hasta a él tras su asentimiento. Volví a sentarme en una de sus piernas, acunado y mecido; se sintió bien, no más recuerdos feos.

—Lo que me preocupa fue el gran impacto que tuvieron, mucho poder, a pesar de estar en muy buenas manos. A la próxima, tienen que pensar más y estar 150% seguros antes de ejecutar cualquier plan.

—Nos dimos cuenta, nos estamos esforzando, haciendo juntas y trabajando a corto, mediano y largo plazo.

—Hagamos algo tú y yo, amor. Sigan como van y notifícame de sus decisiones.

—¿Seré un espía?

—… sí. Y, por favor, jamás añadan a Damián.

—¿Por qué?

—No confío en él. ¿Lo harás?

—Seguro, señor Wayne.

0oOo0

Me dolió profundamente lo que dije de Damián, pero era la verdad. Analicé mis palabras subiendo por las escaleras de la Baticueva en dirección de la mansión. Damián era inteligente, preciso, habilidoso, guapo… mil cualidades, pero poseía defectos importantes a tener en cuenta: odio, instinto asesino cultivado por su familia materna, era obsesivo y posesivo, demasiado celoso para ser considerado sano.

Nunca creí que mi riguroso modelo de pensar sobre Damián pudiera estar equivocado, hasta que lo vi con Tim colados en la alcoba de Billy.

La habitación contaba con una decoración simple, una cama de una sola pieza, muchos juguetes, un columpio, una biblioteca y un muy buen televisor. Oí a mis hijos platicar sin notar mi presencia, no existía persona en el universo que escuchase mis pasos si yo no lo permitía.

—Todo el día estuvo con él —musitó Damián hecho un cascarrabias.

—No es más que un niñito con pasado triste, ¿qué tiene que nosotros no?

—Ojos de cachorro… quiero matarlo —gruñó.

—Se dejó un libro. Rompámoslo.

—No, padre se enterará.

—Bruce sigue con él… tenemos que entrenar más e impresionar a papá.

—¿Crees que él nos cambie por Batson?

—Nosotros no somos pilas de controles, Damián.

—No, pero ha cambiado a los Robin. Dick, Jason, tú y luego yo. ¿Batson es nuestro remplazo?

—Es mayor que nosotros dos, muy viejo para ser Robin.

—Sí, pero es del mismo tamaño mío, además, está demasiado ligado a padre, lo ve con una adoración ciega que nosotros no. Le debe agradar más.

—… destrocemos ese libro, que le quede claro que no puede aparecerse por acá.

—Está bien.

Tendría que comprar el libro de nuevo. Me escabullí y me senté en las escaleras del segundo piso, donde ellos me verían al ir a sus habitaciones.

Mis hijos estaban celosos. Tim, el más calmado, ansiaba destrozar la posesión de un niño con el que yo pasé el día. ¿Y las clases de autocontrol qué? ¿Se evaporaron de sus cerebros? Pero, después de todo, no eran más que niños. ¿Dick y Jason se sentían así? Jason no, o lo habría dicho, él no se callaba sus sentimientos.

Si Tim demostraba conductas que yo no asociaba a él, ¿significaba que los demás las tenían? Bueno, eran humanos, así que la respuesta debía ser afirmativa. Un Damián celoso era la forma que mi hijo demostraba su necesidad de amor, eso yo lo comprendía desde hacía meses. ¿Un Tim destructivo?... falta de tiempo de calidad con sus padres, ambos; mi amigo ignoró a Tim su vida entera, yo llevaba un par de días sin entrenarlos o hablar en propiedad con él.

¿No funcionaría dejarlos por su cuenta y eliminar ese apego? No, muy jóvenes. Como con los dientes de leche, eso solito se les caería. Tim y Damián necesitaban sentirse amados, ya luego lidiaría con los problemas de atención cuando tuvieran la edad de Dick y la independencia emocional fuese necesaria.

¿Y Dick y Jason? Jason era harina de otro costal, sin contacto físico, con insultos, un comportamiento de los mil demonios… era un dolor de cabeza en el que a veces prefería no pensar, pero era mi hijo, el más amado de todos, mi versión del hijo pródigo. Dick, por su parte, era mi dulce e idóneo hijo. Equilibrado, mesurado, inteligente, obediente, pero no sumiso, según descubrí; valiente, astuto, entregado, colaborador… podrían acabarse los diccionarios y yo continuaría buscando palabras para elevar a Dick. Él era simplemente perfecto, el mejor de los Robin, un héroe independiente que me inflaba el pecho de orgullo. ¿Se sentía Dick mal o inconforme de alguna forma? Al volver él, le pondría más atención.

—¡Padre! —Damián sonó nervioso, indicador de que sí dañaron el libro.

—Hola niños —les sonreí suavemente.

—Bruce, hum, ¿qué haces aquí?

—No, pensando. ¿Y ustedes? Es tarde.

—No nos da sueño aún. ¿Mañana vamos a entrenar, padre?

—Sí, después de las 2 p.m. Niños, gracias por lo que hicieron hoy por la Liga, sin ustedes no habríamos sobrevivido esta crisis.

Tim se sonrojó, Damián se removió.

—Era nuestro deber, padre.

—Igualmente, gracias. ¿Quieren que los arrope para ir a dormir?

Tim codeó a Damián, él le devolvió el golpe. Algo me querían decir.

—¿Podemos dormir con usted, padre?

Sonreí. Ay, mis bolitas de celos.

—Claro que sí. Mi cama siempre está disponible para ustedes.

—Excepto cuando viene Gordon —murmuró Damián de mal genio.

Tragué saliva. ¿Y ahí qué?

—¿Les desagrada Bárbara?

—No papá.

—Es útil y hábil, padre.

¿Qué ofrecer para llegar a un punto medio?

—¿Les molesta que ella y yo nos relacionemos íntimamente?

Ellos se vieron.

—Me parece extraño, estudia con nosotros.

Damián no habló.

—¿Y tú, Dami?

—¿Usted se va a casar con ella?

—No.

—Ah… con quien decida revolcarse no es problema mío.

Matrimonio, ira. Damián conservaba la ilusión de que yo me casaría con su madre.

—¿Viene conmigo a la cama?

—¡Sí!

Damián solo sonrió.

0oOo0

Aeronáutica Ferris me recibió con un conglomerado de periodistas. En la Tierra, yo era un héroe sin tanto renombre, el tipo de sujeto que aparece en las situaciones importantes y se desaparece; Hal Jordan tampoco era la gran cosa, pero yo no dejaba de ser uno de los pilotos más talentosos del país y un miembro fundador de la Liga de la Justicia. Yo no era exactamente la presa más jugosa, mas bastaba para pasar el hambre.

—¿Alguna declaración sobre los hechos de ayer?

—¿Qué se siente volar?

—¿Apoya la carrera política de sus hermanos?

—No —respondí a eso —. Como miembro de la Liga de la Justicia, permanezco neutral ante las decisiones políticas.

Las preguntas continuaron llegando, las ignoré y caminé. Adentro, me recibieron de forma normal, sin lambonerías y estupideces; un conserje pasaba cemento en la rotura de la pared que hice al colisionar accidentalmente mi hombro en la esquina del muro.

—Lamento el trabajo extra, Frankie.

—No hay problema señor Jordan —me sonrió nervioso.

Hoy se hacían las pruebas interrumpidas ayer por el fallo en la revisión de los motores; fui al vestuario a colocarme el atuendo oficial gris de aviador, mis compañeros ya estaban por ahí.

—Buenas —saludé en voz baja, tan huraño como siempre.

—Hola.

—Buenos días.

Salvo miradas analíticas robadas, no hubo reacción. Fue ya en la pista que alguien se atrevió a mencionar el elefante en la habitación.

—Jordan, ¿te sientes capacitado para pilotear? —preguntó mi jefe, Carol.

—Claro, ¿por qué no? —dije con intriga.

Ellos se vieron las caras.

—Jordan, ayer rompiste concreto con tu hombro. ¿Estás bien? —eso lo dijo uno de mis compañeros.

—Ah, eso —rodé los ojos —. No se preocupen, tengo el pellejo acostumbrado a los golpes.

—No, Jordan, no te puedo dejar montar si no te encuentras en óptimas condiciones —mi jefe puso el asunto sobre la mesa.

—Yo estoy bien. Esa lucecita verde que me rodea con el traje puesto absorbe casi todo. Para haberme lastimado el hombro tendría que haber chocado contra… no sé, una pared de Belle Reve, un cometa o Superman.

—¿Seguro?

—Sí jefe.

—Ok, solo no te mates.

0oOo0

Di un bostezo sonoro rascándome la panza. Mi alcoba en La Atalaya poseía un aire acondicionado que yo encendía al irme a dormir, por la noche el aparato enfriaba mi cuarto de una forma tal que provocaba de todo, menos ganas de levantarse. Siendo fin de semana, sin clases, me fui en pijamas y medias a la cafetería en post de mi desayuno.

La inmensa cafetería poseía los típicos personajes de la mañana: Flash, Superman, Canario Negro, el Detective Marciano y Aquaman, quienes se ahorraban unos centavos alimentándose con la comida de la Liga, especialmente Supes y el señor Allen.

—¡Billy! —el tono extrañadísimo de Superman me atrajo hasta la mesa que él compartía con el Detective y el rey Orión.

—Buenos días —musité adormilado sentándome con ellos —. Por favor, díganme que queda café.

—Am, sí… ¿por qué estás en pijama?

—Es lo que uso para dormir —me burlé levantando el trasero y yendo a por una taza de delicioso café con leche.

—Ah, obvio no —rió el kriptoniano.

—Oigan, ¿cuándo inicio la educación en casa? ¿Podemos darme un par de días de descanso?

Ellos se miraron.

—¿Cuál educación en casa? Mañana tienes escuela.

—Yo no voy a ir a la escuela —dije en tono de «dah», irguiéndome en la silla.

Canario abrió y cerró la boca varias veces como un pez.

—Pero dijiste que estabas bien.

—Sí —hablé lentamente, no comprendiendo su estupidez —, pero no para ir a la escuela.

—Nosotros creímos que… ¡Billy! ¡Hicimos una notificación oficial diciendo que irías!

—¡¿Por qué no me preguntaron?! —me espantaron el sueño —. Estoy bien para estar entre ustedes nada más, ¿tienen idea de cómo es la escuela? Carajo, son peores que los pedófilos, son fieras absolutas, yo no iré a ese lugar.

—Billy, espera —intentó el rey Orión —. ¿Haces esto para evitar asistir a clases?

Viejo, eso me lastimó.

—¿Ustedes son tan insensibles? ¿De verdad? No me lo puedo creer —su muy obvia culpa no me tranquilizó —. Ah, claro, y como la Liga dijo que sí… ¡Maldita sea, ¿ustedes por qué no hablan?! ¡Tengo que ir a la puta escuela!

—Si no es tu deseo…

—Ay, sí, si no es tu deseo —imité con una voz chillona a Canario, lo que la conmocionó —. ¿Usted se escucha? Es una declaración oficial, no podemos echarnos de para atrás sin quedar como unas huevas. Agg…

Pisoteé para salir. Realmente estaba furioso, ¿cómo se les fue a ocurrir? La escuela era una puta jungla, ¿qué iba a decir a las risas y los comentarios subidos de tono? Oh, el lunes habría golpes y si me daban la oportunidad sí que rompería yo un par de narices.

0oOo0

—¿Qué estamos haciendo aquí?

No me atreví a llamarlo Conner a la cara.

—Espionaje, camuflaje y recolección de información —reveló sin problemas. Estar en una cafetería debería haberlo frenado en su sinceridad, mas las personas a mi espalda no actuaron diferentes.

Habló lo bastante bajo para que no lo oyeran, Jaime Reyes.

—Entiendo, ¿contra quién?

—Nadie en específico. Buenas tardes —su rostro neutro se convirtió en una dulce sonrisa dedicada a la camarera que apareció para atendernos.

—Buenas tardes, mi nombre es Andrea, ¿qué les puedo servir el día de hoy?

Ella no reconoció a Superboy, aunque habría sido difícil hacerlo, él usaba una camisa de cuadros verde sobre una franela blanca y unos jeans claros, más esas gafas grandes.

—¿Me podrías traer la carta?

—Por supuesto.

—Gracias —y al desaparecer ella del rango de mi visión, Superboy desarmó su sonrisa —. ¿Qué acabo de hacer?

Am…

Camuflaje, Jaime Reyes.

—¿Camuflaje?

—Muy bien, Azul. ¿Por qué crees que no me reconoció?

—No usas tu ropa usual, ¿tiene qué ver?

—Tiene todo que ver. Uso ropa negra, en la escuela igual, nadie nunca me ha visto sino es con negro, rojo y pantalones oscuros. Hoy tengo justo lo opuesto; ¿sabías que el verde es el color complementario del rojo? Visualmente chocan, son opuestos, por así decir. Los anteojos ayudan bastante.

—Comprendo —no mucho.

—Aquí se encuentra la carta —Andrea nos la tendió con una cordial amabilidad.

—Muchas gracias. ¿Bebida caliente o fría, Jaime?

¿Usó mi nombre?

—Fría.

—¿Te parece bien dos mocas granizados?

—Sí.

—Por favor dos mocas granizados medianos con crema batida.

—En seguida.

—Ok, Azul. Tienes que empezar a usar fachadas. ¿Por qué te llamé Jaime? Azul pasa por un apodo.

—… no lo sé.

Múltiples personalidades, Jaime Reyes.

—Tú eres el de las múltiples personalidades —me quejé, creyéndome insultado. Superboy alzó las cejas.

—Tienes que controlar esa voz, amigo.

—Lo siento… no es una voz, yo no tengo esquizofrenia.

Él entrecerró los ojos.

—Tu archivo dice que sí.

—Batman y yo inventamos eso para esconder al escarabajo.

—¿Cuál escarabajo?

—Mi armadura es un ser pensante, una inteligencia artificial desarrollada por el anterior Blue Bettle. El escarabajo habla a menudo, da consejos útiles, pero suele tener mal carácter.

—Eso es otro nivel —apoyó su lengua en un diente de forma pensativa —. Te servirá. Cada uno de nosotros tiene entr personalidades —continuó.

¿Eh?

—¿Para qué?

—Para mezclarnos. Superboy es el tipo con la S en el pecho y las botas, Conner Kent es el mismo, pero sin las botas y en ocasiones sin la S; la relación visual se hace, me reconocen y se dan por bien sentados. Aquí enfrente tienes a Kon-El, ¿lo relacionarías con los otro dos? —negué —. Eso es por varias razones, la principal es la paleta de colores. Superboy: negro y rojo. Conner Kent: negro y rojo. Kon-El: verde y blanco, choca visualmente; añade unas gafas y soy una persona nueva.

—¿Yo deberé hacer eso?

—Claro. ¡Vaya, gracias!

Tarde me di cuenta de que hablaba con la camarera.

—Espero que lo disfruten.

—Sí, gracias.

—Gracias —le dije. Aproveché que él dio un sorbo para continuar con la palabra —. ¿Tres personalidades?

—Um-hum. Blue Bettle, el escarabajo y… espera —seguí su mirada, él se enfocaba en el televisor a bajo volumen. Los kriptonianos escuchaban lo que fuese, mas yo no alcanzaba a oír…

Puedo hacer que lo oigas.

—¿En serio? —jadeé bajando la voz.

Pondré en tus oídos… está hecho, Jaime Reyes.

De debajo de mi sudadera sentí la armadura fría moverse; Superboy notó la tecnología y me hizo una seña de que me subiera la capucha de la sudadera. Básicamente, el escarabajo me otorgó unos auriculares de cable que surgían desde mi espalda.

—… la Liga de la Justicia no se ha pronunciado respecto al muy obvio robo de información.

—Wayne estará en ello, he de suponer —eran tres comentaristas en una sala colorida y amplia.

—Pues hasta la fecha no se ha comentado ni se ha sabido de nada. A Superman se le preguntó, pero dijo que desconocía la situación, que Batman les aseguró que él conseguiría las computadoras.

—Y este Capucha Roja, ¿qué se sabe de él?

Contestó la señora del programa.

—Es un asesino, un capo del crimen que mató a casi la totalidad de los jefes de la mafia y se hizo con el poder.

—¿Por qué Wayne no lo ha apresado?

—Pues es raro —siguió la dama —, sé que han existido persecuciones, pero no hay resultados. Muchos opinan que las reglas de Capucha Roja le agradan a Batman.

—¿Reglas?

—Sí, el sujeto limpió las calles. Ahora se controla todo ingreso y salida de narcóticos, al solo existir una organización se acabaron las guerras en las calles, descendieron las cifras de muertos por la violencia pandillera y, lo más notorio, fue que Capucha Roja prohibió la venta de sustancias a inmediaciones de los colegios, escuelas y universidades.

—Bueno, no suena tan mal.

—Y es mil veces preferible a como la ciudad se encontraba antes. Lo que la gente dice es que, dado que no pudo eliminar de raíz el crimen, Batman aprovecha la aparición de un sujeto con reglas y lo deja ser. Yo no me atrevo a decir que Wayne negocie o haga alianzas con criminales, pero es la opinión popular.

—Azul —me llamó Superboy —. ¿En qué estábamos?

—Las tres personalidades.

—Ah sí.

0oOo0

1263 palabras, un discurso breve y simple, mostrando apoyo al discurso propio de la princesa Diana; el texto era originalmente mío, pero con modificaciones que lo pulían, para eso estaban los civiles de relaciones públicas, y ellos nos los entregaban para corregir lo que no nos pareciera adecuado y empaparnos con lo que diríamos, previniendo errores ante los espectadores.

No que el breve documento estuviera mal, simplemente yo no lo diría de buenas a primera. Era una presentación para el día de la mujer, las mujeres se encargaban de ello, nosotros los hombres asistíamos por si alguien deseaba saber nuestra opinión, lo que no solía ocurrir y, aunque si se diese, debíamos asistir como perritos con cabeza que rebota, repetir lo escrito y esquivar las preguntas más afiladas sobre el feminismo.

Leí el discurso dos veces antes de aprobarlo; para ratificar mi decisión, firmé con una floritura la parte de debajo de la hoja, le mandaría una copia por fax a los de relaciones públicas y el asunto quedaría resuelto. Aprendí a firmar a los ocho años con la Liga; antes, al dar autógrafos, apenado solo escribía el nombre «Capitán Maravilla». Batman me enseñó que eran cuatro firmas: la oficial de Billy Batson en papeles legales, una firma diferente para mi yo pequeño que sirviese para despistar, la firma del Capitán, de nuevo, solo en papeles oficiales, y una pequeña firma rápida para fans.

Terminado el asunto, me recosté en la silla de mi oficina en el Salón de la Justicia y saqué mi celular; publicaría dos imágenes más en las cuentas antes de continuar con el trabajo, me quedaba leer unas 10 cartas, las cuales me correspondía responder hoy domingo.

Sin conocimiento sobre tecnología, biología celular y sus parentescos, me limitaría a darle el sintético a Conner y acompañarlo moralmente en su investigación. ¿Por qué el señor Wayne querría un espía? Yo hubiese apostado mi amada tableta a que él iba a desmantelarnos, darnos una sección de gritos, incluso un par de bofetones y luego todo quedaría bajo la mesa. ¿Qué esperaba encontrar el señor Wayne en nuestro trabajo?

La mente brillante de Salomón, en el par de horas que patrullé Fawcett City en la mañana, consideró la probabilidad de que el mismo Wayne viese las ventajas que traía a la seguridad y a la Liga el lavado mental colectivo. Según ese cerebro brillante, lo que nosotros planeábamos era antiético y más que preocuparnos por el mundo, debíamos asegurarnos de que el poder no nos corrompiera.

Poder… al final del día todo se traducía a poder. Conner y Dick poseía poder porque tenían dinero, el señor Wayne y Luthor igual; ambos cometían hechos terribles y a ninguno se le tocaba un pelo. ¿Y yo? Quizá tenía más poder que esos cuatro, porque tres de ellos me atesoraban profundamente. Pasaron los años y mi vida no cambió, antes obtenía beneficios de los pedófilos, ahora de los héroes. Nunca mi poder o mi dinero, siempre el afecto emocional de personas cercanas.

Curioso.

A las cuatro de la tarde me aparecí en el edificio de Conner por medio de la teletransportación; en mi mochila oculté la botella con el sintético color purpura. Al clon lo encontré fundido en la alfombra del ático y con la cara enterrada en el pelaje de lobo. Decidí despertarlo después, el animal abrió los ojos, olisqueó y se relajó. Caminé hasta la cocina, revisando las estanterías: comida enlatada de alta calidad, en la nevera encontré jamones de verdad, no embutidos, sino la carne del cerdo finamente troceada; quesos de diferentes colores y texturas, pizza congelada, gaseosas y cervezas. La nevera de un universitario soltero, en finas palabras.

Tomé una Pepsi y una pizza ya abierta, en la Liga nadie era quisquilloso con la comida, otras personas no toleraban que tocasen sus cosas o sus alimentos, pero con nosotros no, compartíamos muchas cosas y las que no, se delimitaban con rotuladores y las respetábamos.

—El sonido más estresante es morder en corteza dura —gruñó Superboy desde el sofá.

—¿Quieres?

—Termínatela. ¿Qué haces aquí, Billy?

—Traer el sintético. Señorito Estadísticas, ¿qué tan jodida quedó la Liga tras el beso?

—De alguna manera, Batman se las ingenió para caer de pie, las personas quieren saber lo que opinas, muchos no quieren que vayas a la escuela.

Un bombillo se iluminó por sobre mi cabeza. ¿Y si…?

—¿Yo puedo hacer un directo como los que hace Nightwing?

Conner frunció el ceño al sentar en el sofá.

—Supongo, aclararías muchas dudas. ¿Quieres hacerlo ya?

—Ocultemos el sintético antes.

Nos tomó unos minutos bajar al laboratorio 6-B, guardar el sintético en un almacén, e ir en el ascensor al cuarto piso, donde quedaba la impresionante biblioteca.

—¿Estás seguro de qué vas a hablar? —negué con la cabeza, repentinamente nervioso —. ¿Quieres que inicie y lea las preguntas como con Dick?

—Sí, genial.

Jugué con Lobo en lo que él activaba su teléfono. Me hice hábil en entrevistas, pero nunca lo había hecho como Billy, ¿sería capaz de crear la imagen de chico rudo, pero ligeramente asustado, que me librase de ir a la escuela y al tiempo no dañase a al Liga? Solo tocaba decir que me arrepentía, que al principio creí que no era la gran cosa y que ahora me lo planteaba de nuevo.

—Hola, ¿qué tal? —sonrió tensamente Conner a la cámara frontal —. Yo no soy muy bueno para ser el enfocado, lo siento. Pasaba por aquí para saludar y contarles de parte de Dick que él va a estar unos días sin teléfono. Verán, él cumple años el 20 de marzo y su padre le dio por obsequio un entrenamiento intensivo en un lugar secreto.

—Pensé que él había pedido ir —interrumpí. Conner me enfocó lentamente, principalmente se vio mi cara, pero Lobo, emocionado por las caricias, no dejaba de moverse.

—Sí, fue de parte y parte. Dick dijo que estaba pidiendo más entrenamiento, quiere ser más veloz y más ágil, por lo que su padre le consiguió esta semana y media de entrenamiento en el exterior… ¿quieres hablar con ellos, Billy?

—¿Yo? —me hice el tonto. Lo hicimos parecer ergonómico, natural, y no forzado con mi carota desde el inicio —. ¿De qué? ¿Del beso?

—Pues principalmente, supongo. No todos los niños del mundo viven con la Liga de la Justicia.

Reí.

—Ellos son amables y educados. ¿Qué cuento?

—Mmm —pensé —. ¿Qué tal la primera semana con la Liga?

—Ah, pues estuvo genial. Am, fue un proceso el adaptarse, principalmente ellos; de cierta manera me… eclipsaron al principio, todos buscaban en Internet actividades para ocuparme, un plan de alimentación, tuvieron que sentarse a borrar las películas no acordes a mi edad del archivo del televisor.

—¿Te llevas bien con ellos?

—Sí, con cada uno. Aquaman me enseñó a nadar y Flecha Verde a usar su arco —tuve que par, porque Lobo me lamió la cara —. Quieto amigo —me carcajeé —. El hombre Halcón a tejer y bordar.

—¡¿Él borda?!

—Mucho, así se desestresa.

—¿Con quién te llevas mejor?

—Batman, creo… Capitán Maravilla —pero lo dije riéndome, por lo que no se me entendió.

—¿Quién? —se burló. Esos oídos kriptonianos sí que entendieron.

—Con el Capitán Maravilla —traté de sonar serio, mas no pude. Era demasiado gracioso.

—Ah sí, he escuchado que sois como uña y mugre —bromeó —. La gente quiere saber del beso, ¿te molestaría contarnos?

—No… no lo sé, es que a nadie le ha gustado mi reacción.

—¿A qué te refieres? —frunció el ceño de forma real.

—Pues, todos esperaban que me echara a llorar o algo así y yo estaba tipo: «oigan, ¿y el almuerzo?» —Conner resopló sin dejar de apuntarme —. Canario me dice que el dolor es normal, que la vergüenza y la pena son sentimientos que debo aceptar, pero es que… ag, no sé, me parece tonto querer sentirse mal.

—Yo entendería que es más un asunto de aceptación.

—Pero yo acepté lo que sucedió. Mira, mi vida ha sido una mierda hasta el día de hoy, yo no tengo buenos recuerdos de mi infancia, casi ni de mis padres, a lo mucho sé cómo se llamaban. Talvez si a una persona… normal le hubiese ocurrido lo de las cámaras, se echa a morir, pero a estas alturas, ¿yo por qué me tendría que poner así? No es como que sea mi primer video viral.

—¿No?

—No. Los pedófilos tienen su propio YouTube, créeme, a mí me grabaron decenas de veces y esos videos alcanzaba topes de 57 millones, 28 millones, era algo asombroso, pues, asombroso queriendo decir jodidamente repulsivo, claro. Y este video es solo un beso, ojalá y los otros fueran así de decentes.

—¿No te afecta en lo más mínimo?

—Eso es lo que le parece raro a la Liga; Canario dice que suprimo mis emociones.

—Y algunos aquí también —reveló —. ¿Qué opinas?

—No es que no afecte, solo que… —analicé con mis manos en el aire, buscando darme a entender —. Yo no puedo dejar que una situación me colapse. El poder está en la mente, esto es lo que hay que cuidar, sino no sobrevives.

—¿A qué te refieres?

—Conner, ¿me creerías si te digo que una violación al otro día no duele?

Él guardó silencio un instante.

—No.

—Pues no duele, te lo juro que no duele. («Les juro que en 24 horas eso ya no duele», fragmento extraído de una charla dictada por una sobreviviente de abuso físico y sexual.) La primera vez sí te digo que es traumática, uno queda en shock, pero vuelve a pasar, y de nuevo, de nuevo y de nuevo. El cuerpo se adapta, ustedes mismos en su trabajo de héroes se acostumbran a recibir palizas brutales que dejarían a cualquiera convaleciente, pero ustedes están al otro día ejercitándose como si nada.

—Bueno, uno se acostumbra al dolor y a manejarlo. A mí villanos con fuerza bruta me han dado golpes que matarían a un humano… el cuero se hace duro —resumió.

—Así es, los huesos se fragmentan en cada golpe que reciben, al sanar se vuelven más toscos y duros, luego la carne se insensibiliza. El cuerpo está diseñado para sobrevivir; es lo que estoy tratando de decir, por el cuerpo no se preocupen, en 48 o 72 este hijo de puta está como la seda —señalé mi torso —, lo que importa es la mente. Si yo me hubiese creído todo lo que los pedófilos me decían, yo no estaría aquí, yo me habría suicidado. Lo mismo ocurre con el video, quedan varios videos míos, de los que recuerdo, sueltos por ahí, la Liga no los ha encontrado. Si me corto las venas por un beso, ¿cómo voy a enfrentar el mudo si un video de esos se replica igual que el de ayer?

Y ahí, hablando tanta mierda, decidí que sí iría a la escuela. ¿Qué ejemplo era yo para los niños que sufrían bullying si me acobardaba?

—Tú estás listo para lo peor.

—Claro. No es que pase mis días pensando en esos escenarios, Dios, esa gente que sobre piensa las cosas viven súper estresadas, pero no voy a deprimirme por un obstáculo, solo lo empujaré y seguiré. ¿Qué más quieren saber?

—¿Qué pasó después con Batman?

—Ja —me reí entre dientes —. Yo creo que ustedes pensando que yo iba a necesitar terapia, ¡la de la terapia es él! —Conner rió sin pena —. Ay, pobrecito, él es lo más de buena gente.

—No, eso sí, porque ese favorcito no te lo hace cualquiera.

—No, sí… no, y ese tipo es lo máximo. Es muy humano —sobé la cabeza de Lobo, él se adormilaba sobre mí —. A veces pareciera que es frío y amargado, bueno, amargado es, no vamos a inventar que…

—Sí, te entiendo, es un mandón en misiones.

—Exigente como nadie, en eso estamos claros, pero es al que uno acude con un problema.

—Al principio el murciélago fue un soporte para mí, salir del laboratorio donde me tenían cautivo fue horrible. Yo no entendía el mundo, a la gente, y él estaba ahí hablando, aconsejando, es un gran tipo.

Hablamos un poco más, sobre Lobo, Conner contó versiones maquilladas y sin emplear nombres de misiones, yo les hablé de los poderes del marciano y… ya, más o menos fue eso, mas no pasé por alto la pregunta que faltó en ese interrogatorio.

—¿Nadie habló de la transformación? —pedí al estar en el laboratorio, el en vivo ya finalizado.

—Sí, las suprimí.

—Te van a caer encima.

—Mejor que a usted, Capitán.