Olvidadizamente, creyendo en mi inocente espejismo de no asistir a clases, desactivé la alarma antes de mi charla con Superman y no recordé activarla de nuevo. Fue solo a fuerza de costumbre que abrí los ojos, pero ya eran las siete, contaba con menos de quince minutos para llegar a la escuela.
Sin bañarme, solo con desodorante, me embutí en unos jeans, una franela roja manga larga, mi nueva chaqueta de jean y mis usuales Converse (estoy hablando de los zapatos esos con la punta blanca, los clásicos que el niño usa, es que esta palabra en español significa conversar y se puede traducir mal). En la mochila embutí los cuadernos de las materias que me acordaba, mi tableta y mi cartuchera. Corriendo por el pasillo, conecté mis audífonos vía Bluetooth a mi teléfono, puse el reproductor aleatorio y tomé mi bicicleta. No era raro que usase la cicla para acercarme a la escuela, rompiendo en el trayecto muchas leyes de tránsito.
No hubo problemas en la salida, salvo que casi atropello al Átomo.
El tubo zeta me dejaba a unas cuadras, el camino a pie era de 10 minutos, pero ya el timbre iba a sonar, tenía que darle a fondo. Ignoré los gritos de los peatones que por poco golpeo al meterme en el parque; el mejor atajo era irme por los escalones interminables, una actividad fascinante y que disfrutaba enormemente. Mi pedaleo no bastó, la entrada de la escuela estaba desierta cuando llegué.
Embutí la cicla en un puesto disponible, le até la cadena y corrí cual loco hacia el interior de la escuela. La primera clase quedaba en el primer piso, girando a la derecha.
—Hola, me quedé dormido, discúlpeme —anuncié entrando agitado.
La profesora pausó su escritura, mis compañeros se rieron.
—Cuatro minutos tarde, Billy.
—Es que mi alarma no sonó —al menos no era una mentira.
—No es su culpa profe, no ve que estaba chupándosela a Batman.
Más risas. Oh, yo no me iba a quedar callado.
—Sí, y me demoré porque tocaba hacer fila. Tu mamá, que estaba primero, no lo quería soltar.
Sobra decir que Johnson se me tiró encima.
—¡No te metas con mi mamá! —me gritó tratando de sujetarme y tumbarme al suelo. Me le planté firme y lo sujeté de las manos, forcejeando para no caer.
—¡Pues no te metas conmigo, hijo de puta!
—¡Niños! ¡Sepárense!
Empujé con fuerza a Johnson lanzándolo lejos. Si él se quedaba quieto, me detendría.
—Te enseñaré a no hablarme así, Batson —escupió listo para embestirme.
—No me harás ni cosquillas.
En resumen, terminamos en la dirección.
0oOo0
—¿Hace cuánto se fue? —alegó Canario, escandalizada por lo pronto que recibimos una llamada de la escuela.
—Lo siento, trabajo —riéndome y corriendo, me escabullí del asunto. Oh, Billy estaba en tantos problemas.
0oOo0
—Talvez tú nos puedas ayudar a presentar esta noticia de emergencia, Iris.
Levanté la vista de mi ordenador sin perder mi sonrisa. Venía el tema del brote de gripa en España, ¿qué urgía más?
—¿Qué podría ser? —la mueca socarrona de mi compañero no me inspiró confianza.
—La escuela secundaria de Fawcett City reporta que hubo un enfrentamiento físico entre Billy Batson y un compañero de clases.
—Oh —me aguanté la risa —. Billy, él es muy clamado, ¿por qué fue la pelea?
—El chico llegó tarde y un muchacho se burló del asunto de Wayne mencionado sexo oral, básicamente. Y ese niño, Batson, lo que le respondió —rió mi compañero —. Le dijo que la mamá de él se demoró mucho atendiendo al murciélago y por eso le figuró llegar tarde.
—¡Ay Billy! —me reí con él apretándome el puente de la nariz.
—Ese chico es como cascarrabias —agregó el hombre del tiempo revisándose el pañuelo rosa que portaba en el saco —. No ha ni empezado la primera hora.
—Es una escuela pública, es obvio que hay cierto bullying. ¿Tú conoces a Batson, Iris?
—Am, sí —asentí sonriendo tensamente —. Es un gran chico, muy sereno, pero yo tendría cuidado con él.
La seriedad apareció en las caras del estudio.
—¿Por qué? ¿Es peligroso?
—No, no, él es un amor de persona, solo qué yo no le buscaría pelea.
—¿Y eso? Ah, bueno, viviendo en las calles cualquiera aprende a pelear sucio.
—Sí —asentí dudosa —. Más que eso, yo sé que a él personalmente lo han entrenado en lucha y defensa personal Batman, Nightwing, Aquaman, Flash, Linterna Verde, el Detective Marciano y Superboy —mientras más héroes nombré, aumentaba el susto y shock de mis compañeros de trabajo y mi sonrisa nerviosa —. Yo no incitaría un conflicto físico con Billy.
—Eso explica el resultado de la pelea —agregó el instigador del asunto, el hombre con el que compartía la mesa y las cámaras —. La escuela acaba de notificar que a Johnson le rompieron la nariz, Billy salió ileso. Algún miembro de la Liga tiene que acudir a la escuela.
Asentí.
—En otras noticias…
0oOo0
Batman, milagro divino, no dormía al efectuar la llamada; con el hombre me dirigí a la escuela en mi nave.
—¿Se encontrará Billy emocionalmente estable?
—Te apuesto, marciano, que va a estar gritando palabrotas.
Sonreí, una imagen muy apropiada para Billy.
—¿Dónde aparcamos?
—Usemos el estacionamiento. Y no ocultes tu identidad, ¿para qué? —sonrió malignamente —. Démosles un susto de puta muerte.
¿De quién será que copia semejante vocabulario?, me burlé mentalmente.
—Tú sabrás, amigo mío —requerimos de cuatro plazas de estacionamiento para depositar la nave; al tocar tierra, ella desactivó el camuflaje. Al salir noté que muchos alumnos nos observaban desde las ventanas —. ¿Es legal dejarla aquí?
—No hay una ley en contra —se mofó —. Ponla en estado inactivo… muévela un poco a la izquierda o quedará mal parqueada.
—Odiaría ganarme una multa —dije muy seriamente, en estado inactivo mi nave sostenía el tamaño de un auto promedio —. ¿Asumo mi forma de J'ohn J'onzz?
—Nah, saben que venimos nosotros. Los niños te amarán.
—Una buena noticia.
Batman me guió al interior de la escuela, la cual fue para mí un importante aprendizaje visual; el sitio lucía con deficiencias considerables en luz e infraestructura, por no decir de plano que se hallaba mal cuidada.
—He considerado la educación en casa para Billy.
—Ayer, según te conté, él se mostró enojado y furioso, de plano agresivo con nosotros.
—No se debió tomar esa decisión sin la explicita aprobación de Billy.
—Lo comprendo, pero como los demás, asumí que él no se negaría. La estabilidad mental de Billy me aterra a mí mismo.
—A todos, amigo. Es el más rudo y fuerte de nosotros, es igual que una gelatina: que tiemble la tierra a sus anchas, él no se desarmará.
—A veces me parece preocupante.
0oOo0
—Es práctico. Aquí es —ingresé a la habitación previa de la oficina del director.
—Uy, pero miren, Drácula bajo la luz del sol —se burló de mí Billy, sentado al fondo junto a un niño cuya madre le sostenía la cabeza alta para frenar el sangrado nasal.
—¡Batson! —lo gritó un docente.
—No se preocupe, profesora.
Ella me miró ansiosamente, el marciano se llevaba la mayor atención.
—Soy la coordinadora Charlot, mucho gusto.
—Un placer —le pasé por enfrente sin saludarla de mano, encarando al sonriente Billy —. ¿Muy contento con lo que hiciste?
—Un poco —admitió sin vergüenza —. Le tengo una buena noticia.
—¿Qué? ¿Qué rompiste tu primera nariz?
La madre del herido nos vio con enojo.
—Es como la décima, pero da igual. Hice la doble patada con giro.
Jadeé, emocionado.
—No me estés vacilando, Billy —lo amenacé por si acaso.
—¡Qué va! —sonrió ampliamente —. Fue lo más de genial, con la primera le di a la nariz y con la segunda a la cabeza, lo tumbé y quedó hecho mier…
—¡Billy! —lo riñó John —. Modera tu lengua. ¿Le estás alcahueteando esto? —me interrogó.
—Para nada, pero esa patada es difícil —argumenté sabiendo que era un motivo ridículo.
El director eligió ese momento para abrir la puerta de su despacho.
—¿Qué…? Oh, buenos días, los tutores de… —ahí se pasmó viendo la piel verde de John.
—Somos los tutores de Billy, venimos a atender el asunto del golpe.
—Am, sí, disculpen. Creí que vendrían las dos personas de la última vez.
—Aquaman y la Mujer Maravilla se encuentran ocupados en este momento. ¿Podemos proseguir?
—Por supuesto, sí. Sigan por favor. Los menores nos esperan aquí.
—¿Por qué? —protestó Billy.
—Has caso Billy —le recomendó con buen humor el detective.
El niño hizo una mueca y se relajó en su silla; antes de entrar le guiñé un ojo, alegrándolo.
0oOo0
—Viejo, ¿enserio es el Detective Marciano?
—Yap.
—Cool.
0oOo0
En la entrada, en los corredores, en el salón, a donde voltease recibía la misma pregunta.
—¿Qué es el asunto de la transformación?
El mundo no se tomó a bien que yo evadiese adrede y sin ninguna prudencia la pregunta más repetida del en vivo, tanto así que fue el tema central de la clase del profesor Carr, quien permitió las noticias donde se emitían videos tomados caseramente de pantallas de celular, mostrando los comentarios en medio del en vivo. Lo que sucedió fue que nadie preguntó por la opinión de Batman, eso lo inventé yo, en ese punto, y anteriormente, lo único que se visualizaba era el asunto de la transformación.
—¿Qué opinan al respecto? —pidió el profesor apagando el televisor. Aunque nos apoyase, él era al extremo profesional.
—Que la Liga no debería ocultar secretos —dijo Marvin robándome una mirada de disculpa. Le asentí sin ofenderme.
—Pero afecta a un menor —agregó una alumna —. ¿Batson no ha sufrido ya bastante? Conner, por qué no nos cuentas tú.
Me miraron expectantes, incluido el profe. Odiaba justificarme, el descanso del baño de preguntas que obtenía bajo mi identidad secreta había desaparecido.
—Sin comentarios.
El profe frunció el ceño.
—¡Esto no es una rueda de prensa!
—No puedes salir y esperar que estemos felices.
—Es que vuestra felicidad no me importa —tampoco a la Liga, pero me guardé mi afirmación —. Legal y éticamente, pesa más la privacidad de Billy que el amarillismo.
—Ese es un muy buen argumento —agregó el profesor —. ¿Qué derecho tenemos de enterarnos de la vida de Billy Batson? Si tiene poderes o no, ¿nos afecta como personas?
—¡Claro que sí! —la chica que se apresuró a afirmar no pudo agregar una explicación a su frase de inmediato —. Bueno, es nuestra seguridad. Tenemos derecho a saber que estudiamos con un kriptoniano, por ejemplo.
—Eso es racista —alegó Mal.
—No es racismo, es que son figuras públicas —consideró alguien más.
—La Liga no son estrellas de Hollywood —alegó la pelirroja de la clase —. Conner tiene razón, buscar saber todo de ellos es amarillismo.
—Tenemos derecho a saber que la Liga oculta a un niño.
—De agresores sexuales —la interrumpí —. Desde que lo de Bill se supo, ese niño ha estado muy estresado. El derecho de saber se convierte en un abuso para él y lo pone en riesgo.
—Buen aporte. ¿Dónde está la línea entre mis derechos y sus derechos? —colocó sobre la mesa el profesor.
…
—¿Nadie? ¿Qué tal el asunto de M´gann? A mi parecer clasifica en el mismo nivel que el de Batson, fue su vida privada la que se reveló.
—¡Ella es una vieja! —era la misma chica, una rubia.
—En cronología terrestre, pero en Marte ella apenas aún es una adolescente, incluso sigue siendo menor de edad para su gente, porque aquí transcurrieron tres años y en Marte han sido unos meses.
—Pero ha vivido medio siglo, Conner. Eso es raro.
—Sí, medio siglo, mas mentalmente es como nosotros, igual que su cuerpo: ella no está arrugada, no tiene canas o señales de edad, es una joven marciana de 17 años.
—Pues es que yo no quiero estudiar con alguien que no demuestra su edad —gritó la rubia.
—Entonces me tendré que ir yo —exclamé —. El 21 de marzo cumplo 3 años, ¿me vas a mandar a jardín de infancia?
Mal resopló. La chica no tuvo argumentos.
0oOo0
La visión independiente de mis entrenamientos solía formar una imagen de no orden. Fue una sorpresa para cada uno de mis hijos y aliados, incluyendo a Damián, que yo fomentase y le diese su espacio a los ejercicios de figuras, que consistían en movimientos establecidos donde se repetían patadas, defensas, golpes y giros, algunos lentos y otros rápidos.
(Busquen en TikTok a shinmincheol, es un grupo de alumnos de una escuela coreana (creo) de Taekwondo, me estoy refiriendo a los movimientos en grupo que muestran, así se pueden hacer una idea de lo que son figuras).
La repetición no permitía oxidar el cuerpo y el movimiento en cruz que se realizaba, atendiendo a los cuatro puntos cardinales, enfocaba la mente en varios oponentes a la vez. Una figura iba desde un minuto hasta casi 20 minutos (según mi propio maestro de Hapkido), las más largas solo las conocía Dick, pero si yo les escribía en el tablero de actividades los números de las figuras, Tim, Damián y Bárbara podían entender lo que harían. Antes de dirigirme a la escuela de Billy les escribí 15 figuras con un x2, lo suficiente para ocuparlos hasta el almuerzo.
Odié irme de la mansión y desatender a mis hijos, especialmente porque estaba yendo a donde Billy, el motivo de celos de esos dos. Al menos los problemas se acabaron por una semana.
—¡Genial! Vacaciones —alzó los brazos en señal de victoria.
—Es una suspensión Billy —le repitió el director con exasperación.
—No importa —se encogió de hombros —. Señor Wayne, ¿cree que podamos aplicar la educación en casa?
El condenado mocoso se iba a salir con la suya.
—Lo plantearé en la junta de esta semana. Vamos Billy.
—Yey —se levantó animadamente. El marciano sonrió y negó, también exasperado.
—Hasta luego —se despidió él. Murmuré algo parecido y avancé con Billy.
—¿Muy feliz, mocoso?
—Sip —empujó la puerta sin despedirse de las personas en el interior de la sala —. Pata doble con giro —me recordó sonriendo.
—Felicitaciones. ¿Por qué no vienes a mi casa y te unes al entrenamiento?
—Pensaba en ir a, ya sabe —miró alrededor; salvo el marciano que nos alcanzaba, no había almas por el pasillo —, a patrullar.
—No, no. Mantendrás el mismo horario o las personas sospecharán.
—Ah sí.
—Toma esta semana para entrenar y relajarte, ya la otra te pondré un tutor.
—Correcto. Gracias señor Wayne.
—De nada Billy.
0oOo0
Fue preocupante lo fácil que descendieron esa mañana los números de la Liga. Inicialmente, la mala impresión la dejé yo, pero cuando la encargada de las relaciones públicas no dio declaraciones sobre el asunto de Billy y Zatanna, la única que cogieron desprevenida, se negó a dar comentarios, la popularidad de la Liga descendió, sin verse mejorías tras el Twitter de Canario Negro.
«Aunque no es nuestro deseo afectar la confianza del mundo para con la LJ, nos negamos a otorgar una declaración al respecto del significado de "transformación" empleado en el contexto de Billy Batson.»
0oOo0
—Esto tiene que ser una puta broma —me dio igual que mi padre me frunciese el ceño —. ¿Qué hace este engendro en la Baticueva?
Batson, condenado apellido, me ladeó la cabeza, intrigado con mi malhumor. De reojo vi a Tim fruncir el ceño con un rictus en la boca, Gordon permaneció confusa y neutral. Los tres sudábamos, íbamos en la figura número 12 de la lista, que de hecho era la figura 17.
—Muy bien, basta de este comportamiento, Damián y Tim —nos ordenó padre —. ¿Qué les pasa a ustedes dos?
—Es un extraño —gruñí —. ¿Quién se cree que es para meterse hasta aquí?
—Yo lo traje. Creí que sería adecuado que ustedes se disculparan personalmente con él.
—¿Disculparse? ¿De qué? —pidió el asqueroso gusano.
—Oh de nada en especial, solo de romper en mil pedazos tu libro.
… quedé frío.
—¿Le dijiste? —acusé a Drake en susurro.
—¿Estás loco? —me devolvió en el mismo tono —. ¿Qué le dijiste tú?
—Ninguno me dijo —aclaró padre.
—¿Por qué me odian? —le preguntó él a padre.
—Por alguna extraña razón, se les metió en la cabeza que los voy a remplazar contigo —me ruboricé al sentirme descubierto. Apreté los dientes tratando de retirar semejante emoción de mi rostro.
—¿Enserio? ¿Yo un Robin? Cool.
—¡No vas a ser un Robin! —le grité.
—Damián Wayne, vuelve a alzar así la voz y te pondré sobre mi rodilla —me advirtió padre.
—Bruce, ¿quién es este niño? —preguntó Gordon. Claro, ¿cómo no se me ocurrió? Los hombres hablaban con sus amantes, para enterarme de lo que fuese solo necesitaba aliarme con Batgirl.
Batson, el cabrón, sonrió.
—¿Puedo mostrarles?
Padre lo pensó unos segundos.
—Esperemos que así se les quite la idea de que los remplazarás. Ja, como si tú requirieres de mí para ser un héroe.
¿Eh?
Luego de reír entre dientes, el niño murmuró algo que no oí. Ese rayo que apareció de la nada fue asombroso, pero aún más fue ver, en el lugar del enclenque, a un miembro de la Liga de la Justicia.
—Mierda —se le escapó a Drake —. ¡Eres el Capitán Maravilla!
—¡¿El Capitán Maravilla es un niño?!
—Así es Bárbara. Creo que queda más que entendido que esto tiene máximo de confidencialidad.
—Sí padre —susurré mecánicamente. El Capitán solo sonreía con su rostro bonachón —. Lamento haber roto su libro… señor.
—Igual yo, señor.
—No se preocupen, leeré otro.
—Oh no, ellos te lo comprarán con su dinero. ¿En qué parte del entrenamiento van?
—Figura 12.
—Muy bien, paren aquí y realicen ustedes dos lo que ya estaba planificado. Tim, calienta con el Capitán y enséñale la figura 3, él conoce la 0, la 1 y la 2. Después combate.
—Claro B.
—Sí, Batman —y volvió a murmurar esa palabra, lo que fuese, y tras el rayo se encogió.
—¡Por eso se llamó Mario Bross! —jadeé haciendo la relación.
—Sí, soy lo mismo, pero rayos en vez de hongos.
El Capitán, me reservaría algo de respeto para el mocoso que, según mis cálculos, se coló por derecho propio en la Liga de la Justicia a los ocho años de edad, se retiró la chaqueta antes de unirse a Drake. El rayo no era inofensivo; aunque él no parecía emitir dolor, su cuerpo estaba tatuado por la electricidad.
Padre me llegó por detrás, los otros ya en sus puestos.
—Lo siento, yo… —él negó con la cabeza y se inclinó para quedar a mi altura.
—Eres mi hijo y te amo, nada cambia eso. Nadie te remplazará para mí nunca. Ahora a entrenar.
Sonriendo estúpidamente, lo hice. Traté de quitar la sonrisa, pero el calor esa sensación bonita no me lo permitió. Nunca me habían dicho que me amaban y escucharlo fue tan vergonzoso como… ¿dulce? ¿Amoroso? No lo supe, pero me gustaba.
0oOo0
Ver entrenar a la Batifamilia era increíble. Ellos simplemente eran otro nivel: Robin desfiguraba a cada holograma con el que se enfrentaba, Red Robin me hizo añicos en lucha, yo que, pues no era tan bueno, pero que creía que aguantaría más; Batgirl, por su parte, me dejó con la boca abierta.
Ella empujaba peso como un jugador de fútbol americano, también llantas que a un tractor no le cabrían. Era asombroso de ver, especialmente porque ella no era metahumana o de una raza especial, no, era una simple mujer de 18 años que entrenaba cada día.
—¿Cómo lo hace? —le pregunté a Red Robin —. Me refiero a su cuerpo, no se ve tan musculosa.
—Los músculos marcados están sobrevalorados. ¿Alguna vez ha visto el estómago de Nightwing?
—No.
—Él tiene un abdomen liso, ni un solo «cuadrito» o «chocolatina», como les dicen, pero ese estómago es duro como piedra y representa la sección muscular que él más usa.
—¿El estómago? —lo vi con curiosidad —. ¿Por qué? Jamás lo había pensado, ¿no son más importantes las piernas?
—Sí, Capitán, las piernas son importantes, pero el abdomen es vital. Permítame le enseño —lo seguí sin corregirle ese respeto al hablarme de usted. De niño yo me esforzaba por complacerlos y ser sus amigos, pero entendí que así jamás me respetarían; ya era suficientemente malo ser el menor de todos y el menos experimentado respecto a mi cuerpo humano, no lo haría yo peor restándome respeto. Red Robin me condujo a unas barras —. Son barras asimétricas, ¿las conoce?
—Las he visto, hacen piruetas en estas cosas.
—Así es, es en lo que Nightwing se desempeña, él es un gimnasta profesional, considerado de los mejores del mundo. El elevarse requiere de fuerza en los brazos, pero es su abdomen y su espalda quienes sostienen todo y le permiten alzar las piernas y mantener el cuerpo quieto en el aire.
En lo que hablábamos escuchábamos el rebote de la llanta de Batgirl; un nuevo sonido se unió, el choque de espadas: el señor Wayne entró al círculo a entrenar con su hijo. No pude verlos lo suficiente, Tim me ayudó a subirme a una de esas barras y me explicó un movimiento básico que no pude realizar. Iba a necesitar más fuerza, ejercicio y mejor alimentación si quería siquiera soñar con mantenerles el ritmo.
0oOo0
Mi nueva casa era bonita, la gente era amable con los «hijos de la doctora» y no nos discriminaron por nuestra raza. La desventaja del nuevo trabajo de mamá era que al llegar de la escuela ella no estaba, pero mami nos alzaba en la nevera un bocadillo para mi hermana y yo, nos bastaba aguardar a que ella llegase a preparar la cena. Papá, en un mejor trabajo de mecánico, contrató un chófer que recogía niños de las escuelas primarias y los dejaba en sus hogares, así mi hermana no necesitaba que la recogieran.
Aguardé esa noche a que Milagro corriera a ver la televisión y que papá se fundiera en la cama, era de dormir temprano, para hablar con mamá.
—Mami —me le acerqué en la nueva cocina, que ella limpiaba con mucho amor cada noche; la casa grande y amplia, muy acorde al sueño americano que empezábamos a vivir, y a ella le encantaba.
—¿Qué, cielo?
—¿Podrías llevarme mañana a comprar ropa? Oí que en Walmart es barata, podemos usar un par de tarjetas.
Mamá detuvo su fregada.
—¿Sí? Sabes Jaime, todo esto es gracias a ti, te mereces ropa bonita. Mañana iremos antes de la cena y te compraremos unas cuantas mudas; y no tiene por qué ser barato, algo a la moda te caería bien.
—No —me apresuré a decir —. Preferiría algo sencillo, que no resalte.
0oOo0
¿Qué no resalte? Que extraño comentario de mi hijo de trece.
—¿Es por la Liga y el Equipo? ¿Te dijeron algo de tu ropa?
—Pues… —me generó desconfianza su retención de palabras —. No propiamente, solo que Superboy me recomendó que me apegara a una paleta de colores.
—¿Paleta de colores? —dije lentamente.
Ok, ¿Jaime siquiera sabía lo que eso significaba?
—Sí, am, conseguir prendas azules y grises, de las que más uso. Dice que, si un día me descubren o tengo una misión secreta o semejante, emplear ropa distinta me ayudará a que no me reconozcan, ya que siempre me ven con lo mismo.
Muy inteligente método, pero no me gustaba. Jaime era un adolescente, ya le bastaban las preocupaciones típicas de esa edad, no supe que pensar de añadirle más leña al fuego.
—¿Y a ti te parece bien?
—Supongo que no importa, igual siempre uso sudaderas y franelas… ah, cierto, no es tan mala idea.
No hablaba conmigo, sino con su alucinación.
—¿Qué dice?
—Me recomendó unas gafas falsas, Superboy las usó la otra vez y se mezcló en la cafetería como si nada.
Bueno, ellos eran los que sabían de eso.
—Te las conseguiré. ¿A qué cafetería fueron?
—No recuerdo el nombre, era bonita.
—Pregúntale a Superboy, podríamos ir el fin de semana.
—Am, mami, es que no fue aquí en El Paso —le alcé una ceja ordenándole que desembuchara —, ni en Texas —hizo una mueca —. Fuimos a Metrópolis.
Solté mi trapo y me olvidé del mesón.
—¿Metrópolis? ¿El domingo? Te fuiste solo dos horas, ¿cómo hicieron el viaje, en un agujero negro?
Mi hijo se mordió el labio.
—No sé si tenga permitido decírtelo, pero la Liga tiene una forma de viajar. Literal es en segundos y nos trasladan a cualquier sitio del planeta. Es… como ciencia ficción.
Suspiré. ¿En qué se había metido mi hijo? Jaime solo tenía 13 años, no era su culpa tener ese bicho tecnológico pegado a su espalda o sufrir esquizofrenia. ¿Por qué se tenía que exponer? Francamente, muy amable el señor Wayne, pero sus hijos eran muy raros y repletos de escándalos, no quería que Jaime fuera como ellos.
—¿Es seguro?
—Sí, todos lo usan.
—Entonces está bien. Mañana iremos, ve a descansar.
—Sí mamá.
