Más robos de químicos, esto empezaba a tornarse preocupante. Era veneno Kobra, pero los usuales movimientos pandilleros no se presentaron con los hurtos. Esperaba que Jason me otorgara mayor luz al respecto.
—Damián, espera —no imaginé que, en lo que parqueaba el auto, mi hijo se tiraría de este y entraría corriendo a la mansión. Solté el auto, no pasaría nada por dejarlo mal acomodado dentro de los terrenos de mi hogar, y corrí tras el niño. Lo alcancé en dos zancadas, ellos eran rápidos, pero sus piernas eran la mitad de las mías.
—Oye —protestó Dick al verse brutalmente empujado por Damián en su huida escaleras arriba —. ¿Está llorando? —pidió Dick, de pie en el primer escalón de la escalera.
—¿He de suponer, maestro Bruce —inició Alfred apareciendo de la nada —, que mis sospechas fueron correctas?
—Eso me temo amigo —suspiré —. ¿Dónde está…? —no dije el nombre, la doctora podría estar por ahí.
—Se fue, algo sobre un alboroto. Volverá más tarde.
Ojalá se tratase de una pista para dar con la organización, o persona, que robaba los componentes químicos del veneno Kobra. Sonó un portazo arriba.
—Voy a acomodar el auto. Verifica que Damián esté bien.
—Sí murciélago.
0oOo0
Hablar con Rebecca fue relajante, ella me aseguró que yo no había hecho nada malo, que no fue mi culpa el comportamiento de papá; no obstante, yo era consciente de que ella debía notificar a Bruce de lo que le dije. Pude haberle pedido que guardara para nosotros la charla, pero yo confiaba en Bruce y en sus decisiones.
Decidimos bajar porque nos atrajo un duro portazo. Nos topamos a Dick en el pasillo.
—¿Qué fue eso?
—Damián —fue su explicación. Dick se paró frente a la puerta de Dami y no la abrió sino hasta que nosotros ya nos hallábamos fuera del rango visual y auditivo.
Alfred, en la cocina, nos recibió con el anuncio de que el almuerzo ya finalizaba.
—¿Qué sucedió con Damián? ¿Si es la carne?
—Eso me temo, amo Tim. Por favor, prepare la mesa.
El almuerzo solíamos recibirlo en el comedor de madera redondo de la cocina, donde los miembros de la familia cabíamos perfectamente, incluyendo a Alfred; a Rebecca tocaba hacerle espacio entre Damián y yo y traerle una silla de la barra de la cocina.
—Nunca había visto a ese niño tan triste —anunció Dick al ingresar a la cocina, justo cuando Alfred empezaba a servir la crema. Era usual almorzar con alguna crema repleta de calorías.
—¿Qué te dijo? —lo interrogó papá, que ya se sentó con nosotros mientras yo acomodé los platos y vasos.
—Me arrojó su peluche de delfín y me ordenó que me largara de sus dominios.
Bufé. Rebecca frunció el ceño, entre Alfred y yo la actualizamos de lo sucedido. Ella me ayudó a traer cubiertos.
—¿Qué decidirán?
—Nosotros no —contestó papá —. La decisión es de Damián.
—Comprendo… señor Wayne, Tim y yo hablamos hoy respecto a un suceso con el señor Drake —se me encogió el estómago. Hubiese preferido echarles tierra a mis problemas y no mencionarlos. Papá me miró analíticamente.
—¿Qué sucedió con Jack?
—¿Quieres contarle tú, Tim? —negué con la cabeza encorvando los hombros —. Ayer, Tim fue a la casa de su padre biológico, se quedó a dormir allá; el señor Drake insistió fechas anteriores que quería pasar más tiempo con él, le ordenaba que cenasen juntos y que se quedara en la casa a dormir, así que él acudió.
—Sí, fui consciente. ¿Qué pasó? —Alfred puso su plato de crema humeante frente a él.
—El señor Drake se sorprendió negativamente de la presencia de Tim —Dick entrecerró los ojos. ¿Realmente era tan importante? —. Él estaba con una mujer, la doctora de terapias, y, básicamente, corrió a Tim de la casa.
—¡¿Qué?! —dijeron Dick y papá a dúo. Alfred soltó su cucharón —. ¿Qué fue lo que dijo Jack, Tim?
Me lamí los labios nerviosos. No me molesté en mentir, no se le mentía a Batman.
—Dijo que yo era una… sorpresa desagradable —me aclaré la garganta para que la voz no me temblara. Recordarlo me dolía —. Que me quedara más contigo y que me fuese a mi cuarto a jugar con la computadora.
Bruce no me habló más, porque hizo justo lo que temí que iba a hacer: levantarse como un toro furioso, olvidarse de todo y salir a encarar a mi padre; Dick también fue predecible, se fue con él. Me daba vergüenza imaginar la conversación que ocurriría, un conflicto por mi culpa.
—No te sientas mal, Tim —dijo Rebecca —. No merecías que te hablaran así.
Quise decirle que lo comprendía, yo defendía niños continuamente, pero era distinto al ser yo la víctima.
0oOo0
Me sostuve con fuerza del auxiliar en la puerta del auto, Bruce condujo como un verdadero psicótico.
(Olvidé como se llama y no la encuentro, son esas palanquitas en la parte de arriba del carro de donde la gente se sostiene.)
—El señor Drake le dio largas a Tim desde que le regalaste esas empresas para que volviera a surgir —le conté, agregando leña al fuego.
Bruce no respondió a mi provocación, pero condujo más a prisa, si eso era posible. Nosotros éramos expertos en los aparcamientos de película, donde el carro giraba en el último segundo y quedaba en el sitio perfectamente. Más que por impresionar, esas actitudes y comportamientos nosotros las explotábamos a propósito por motivos de intimidación. Papá parqueó así frente a Industrias Drake; eran 14 pisos, pero las oficinas principales quedaban en el segundo.
—Buenos… —el portero se silenció ante la cara de loco que traía papá. Yo debía admitir que me encantaba cuando Batman le sacaba la mierda a la gente aterrándolos hasta los huesos; observarlo en Bruce Wayne no fue distinto.
Saludando amablemente, pasé al portero. Papá se olvidó del decoro y tomó las escaleras ascendiendo los escalones de dos en dos, lo seguí más divertido que enojado. La oficina de Drake quedaba luego de las oficinas de otros socios, directivos, administradores y recursos humanos, añadiendo en este proceso a las secretarias por fuera, sentadas en cubículos. Aquí pasé a papá, yo conocía mi trabajo.
—¿Dónde está el señor Drake? —pedí a Rosita, la secretaria del susodicho.
—En su oficina, ¿quién lo busca?
A eso no le respondimos. Nos fuimos directo hacia la oficina del hombre en silla de ruedas; volví a pararme detrás de Bruce. La puerta del lugar se cerró con candado, pero papá solucionó aquello con un golpe seco de su hombro. Ojalá algún día yo fuese tan fuerte, por un par de años más continuaría resignado a tener que embestir con todo mi cuerpo.
—¡Bruce! ¡¿Qué forma de entrar es esa?!
Papá entró y yo me quedé afuera, manteniendo la puerta cerrada y vigilando a las mujeres y los hombres trajeados que se asomaron al oír el escándalo.
—¡¿Cómo te atreviste a hablarle así a tu hijo?! —la respuesta del señor Drake no fue audible —. ¡¿Cómo mierda no recuerdas cuando corriste a tu propio hijo de tu casa por atender una mujer?! ¡¿Qué clase de padre eres tú?! —escuché algo sobre exageraciones; mantuve un ojo atento a Rosita, quien empezó a grabar. Por molestar, sonreí y saludé con la mano a la cámara —. ¡Eso se llama abuso emocional!
—¡Es tu maldita culpa! ¡¿Para qué lo sacaste de los internados?!
—¡¿Para qué tienes un hijo si no eres capaz de cuidarlo?
—¡Yo no tengo tiempo de ver a ese niño!
Más murmullos, algo sobre «es mi hijo», un «él no te importa un rábano» y un interesante: «te voy a demandar».
—¡¿Acaso te volviste loco?!
—¡¿Quién cree que gana en un juzgado entre nosotros dos?!
—¡Yo no soy quien le pone un traje antibalas cada mañana!
—¡No, porque ni para saber lo que usa Tim sirves!
¡Y más murmullos!
Me corrí de la puerta al sentir los pasos furiosos de papá; no le hice a él ni un solo comentario, no me iba a arriesgar a estar bajo el espectro de su ira.
—Vámonos.
—Sí señor —alegremente, me despedí agitando la mano. Usamos el ascensor —. ¿Lo vas a demandar?
—Si no me da la custodia completa de Tim en una semana, sí.
Uy, palabras mayores.
—Yo quiero demandar a alguien. ¿Puedo?
Papá parpadeó con confusión mirándome. El ascensor se abrió. Salimos con más calma, pero a paso rápido.
—¿A quién?
—Unos acosadores, no han hecho más que grabar videos de Kon en la escuela.
—Pregúntale a él primero y luego llamamos a los abogados.
—Sí papá.
0oOo0
Me limpié el rostro y me eché agua en el baño, pero eso no hizo nada contra mis ojos rojos. Igual bajé a almorzar, pues el hambre no le contribuiría en nada a mis mareos.
—Amo Damián, buenas tardes.
No le respondí a Pennyworth ni a la señorita Miller. Me senté donde vi mi plato servido; contrario a mi familia, mi almuerzo consistía en una crema de zanahorias, bueno, en eso no se diferenciaba al del resto, espaguetis vegetarianos con queso y vegetales, un aguacate hecho puré en compañía de las papas fritas especiales de Pennyworth. Las raciones no eran pequeñas, era, literal, un kilo de comida. Drake, el otro Robin, tenía lo mismo con carne molida y pollo desmenuzado en sus espaguetis y salsa picante en sus papas. A Dick y a papá les encimaron a cada uno una pizza mediana, ellos comían kilo y medio, papá a veces más.
Cuchareé mi crema tratando de no lucir terriblemente deprimido; fue fácil conseguirlo al lado de Drake.
—¿Qué tienes? —pregunté.
—Bruce se enteró de lo de mi padre.
—¿Y?
—Creo que fue a matarlo. Dick lo acompañó.
—Él no lo va a matar, Tim —mencionó la señorita Miller, quien, con algo de miedo, miró a Pennyworth —. ¿Verdad?
Alfred miró a Drake.
—Los seres humanos poseemos cuerpos fuertes, su padre sobrevivirá.
Resoplé ante la cara de pánico que puso la psicóloga. Terminé mi crema e inicié los espaguetis, los otros iban por el postre, pastel de queso. Entre el malestar de Tim, el deber de la señorita Miller de atenderlo y los platos sucios de Pennyworth, quedé solo en la mesa. Los platos de padre y de Grayson se hallaban tapados, pero yo sabía perfectamente que había ahí: carne.
Comí animales toda mi vida, sabían rico, bien sazonados eran manjares, sin embargo, ¿me comería yo un animalito? Ellos nacían en una granja, vivían un par de años a lo mucho y hacían una fila para ser desollados o golpeados con un martillo en la cabeza. No eran diferentes a Ace o la Bati-vaca, ¿me comería a uno de mis amigos? Por otra parte, ¿dejaría que el sentimentalismo me arruinara la vida?
Yo ya no iba a ser Batman, padre lo decretó. De alguna forma, sin saber cómo, me jodí la única meta en la vida que ambicioné; yo no comprendía de qué manera Drake me superó, lo entendía de Grayson, pero no de Drake. Y mientras yo tuviese tiempo y entrenamiento, podría encontrar en que Drake era mejor que yo y ganarle, pero necesitaría ser capaz de cargar el manto de Batman, lo que me devolvía a la carne.
¿Los animales y mi nuevo estilo de vida o mi futuro? Aún si yo no fuese de adulto Batman, lo que me dolía inmensamente, era el heredero de Ra's Al Ghul. Mareado como un idiota no comandaría a esos asesinos.
Con la mente en blanco, estiré las manos e intercambié el plato de espaguetis de Dick con el mío. Tomé también la pizza. Me gustaba la pizza, pero mi hermano mayor…
Parpadeé.
Sí, mi hermano mayor, Dick, porque él era mi hermano mayor, gustaba de agregar jamón, pepperoni y pollo a sus pizzas. Y olía bien, desgraciadamente bien.
Y el sabor, ¡joder!
Como en una misión, olvidé que realizaba algo asqueroso, comerme un cadáver, y continué con lo que debía. Terminé los espaguetis de Dick, los míos, su pizza, mi ración de aguacate con papas y el jamón serrano en el plato de padre.
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—¡Damián!
Mi hermanito se interrumpió, cómicamente, con un trozo de pizza colgándole de la boca.
—¡Dami! —jadeó papá. No era para menos, un montón de platos sucios lo rodeaban. ¿Se acabó él solo toda esa comida?
—Padre, ya no tiene por qué preocuparse, me comí la carne.
Los dos avanzamos sorprendidos; vaya decisión tan repentina la de Damián.
—¡Era mi almuerzo! —grité al darme cuenta —. ¿Dónde está Alfred?
—Dijo que iría a dormir la siesta.
—Dami —habló dulcemente papá tras asesinarme con los ojos por mi reclamo —. ¿Te comiste tu almuerzo, el de Dick, con la pizza y mi jamón?
—Sí señor.
Papá respiró con fuerza.
—¡Damián! La doctora lo dijo, de a poquito porque tu cuerpo no está acostumbrado a la carne. Cariño, te vas a enfermar.
—¿Usted cree, padre? —parpadeó mirando los platos —. Pero no es para tanto, podré ser Robin… y Batman —añadió bajito.
Suspiré sentándome, me comería mi crema por el momento. Se venía una charla incómoda.
—Damián, tú no serás Batman, lo hemos hablado antes.
—¡¿Por qué?! —gritó furioso —. ¡Soy mejor peleador que Drake!
—No me alces así la voz —le advirtió papá antes de sentarse junto a él —. Damián, Batman no es solo pelear, eso es lo de menos, se requiere de más características que tú no posees.
—¿Qué características? Puedo conseguirlas.
Suspiré y negué con la cabeza. ¿Cuándo se le saldría esa obsesión?
—No Damián. Cada uno de ustedes tiene personalidades distintas y habilidades únicas, Tim encaja más, pero eso no significa que tú no seas digno.
—¿Entonces? —exigió saber.
—Damián, Batman es un legado, cierto, pero no tienes por qué vivir a mi sombra. Tim rellenará unos zapatos muy grandes, mas tú, tú mi niño, tienes la capacidad de ser tu propia leyenda viviente.
—¿Cree eso, padre? —susurró ilusionado. Oh, le brillaron los ojitos, que lindo era Damián si le quitábamos su instinto asesino y el afilador de su espada.
—Por supuesto.
—Dami, tú eres el hijo de Batman y el nieto del líder de la Liga de los Asesinos, un hombre apodado El Demonio —le refresqué la memoria —. Solo con tu nacimiento ya se podrían escribir libros.
—Yo no quiero ser reconocido exclusivamente como el hijo o el nieto de alguien —se quejó contra mí.
—Pues eso es lo que intentas al enfrascarte en ser Batman —planteó papá —. Crece como Robin y, como tu hermano Dick, vuélvete tu propia persona.
—Sí —dijo tras un largo meditar. Sonrió —. Me iré por el camino de Dick.
¿Me llamó por mi nombre? Alfred agregó alucinógenos en mi pizza, sin duda.
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«Dinero o cárcel. Elige lo que quieres que les pida a los abogados.»
—Dick se volvió loco —exclamé levantándome. El almuerzo en la cafetería iba por la mitad, mis amigos charlaban sobre sus sueños universitarios y como ya sus familias les preparaban maletas y les obsequiaban uno o dos años de mensualidades pagas en los apartamentos donde vivirían.
—¿Qué? —curioseó Mal. Mi amigo afroamericano dejó de usar las camisas de Superman tras lo sucedido con Dick.
—¡Oigan idiotas! —me levanté y grité a toda la cafetería —. Si, ustedes cuatro que me viven grabando a cada rato. Nightwing en serio los va a demandar, borren ese canal de YouTube.
—Espera, ¿una demanda de verdad? —pidió Marvin con sorpresa —. ¿Él puede hacer eso?
—Hoy cumplió 16, puede hacer lo que quiera menos votar y beber —y me dirigí a los otros —. Yo no les he dicho quiénes son, ni aquí los he mencionado, pero el ejército de abogados de la Liga y de Wayne Enterprise sí que revelará sus nombres. Borren esa mierda o consigan un buen abogado.
Los cuatro, unos frikis raros, palidecieron.
0oOo0
—Oye, me arruinaste la diversión —me quejé infantilmente —. Era mi primera demanda —le envié la nota de voz a Kon viendo a Jason terminar de vestirse.
Para la ocasión, papá no nos pidió un traje formal, pero sí que no nos presentáramos en ropa de dormir o de estar en casa, por lo que Jason, quien no poseía nada más que pintas de pandillero, tuvo que colarse en mi closet a elegir.
—¿Luzco bien? —peguntó.
—Sabes, hasta aquí llegó el cliché de los gays —comenté con humor. No era que se viese mal, pero era básico con una camisa blanca y pantalones de vestir.
—Francamente, de nosotros dos, el que parece gay eres tú.
—No es mi culpa ser guapo —me defendí —. ¿Le contarás a Bruce?
—No hasta no estar seguro. ¿Y si soy bisexual?
Me encogí de hombros.
—Cada día sale un nuevo termino, es una pérdida de tiempo —determiné con crueldad —. La mitad de esos maricas solo tienen problemas de atención.
—Oye, ahora sí fuiste malo —se rió.
—Bah. Te avisaré cuando Rebecca se halla ido.
—Claro.
(Dick fue grosero a propósito.)
0oOo0
—Vaya, Azul —dije emocionado. ¡Azul con Superman! —. Hermana, ¿Cuándo podemos tener los miembros inactivos una misión en solitario con Superman?
M´gann, sentada junto a su nuevo novio, mil veces mejor que Superboy, arrugó la frente.
—Jamás he tenido una misión privada con Superman, Gar.
—¿Eh? —miré de nuevo a la pantalla. Sí, era Azul, el nuevo Blue Beetle, mis ojos no me engañaban.
—Ese chico no ha sido más que un raro —protestó Lagoon Boy —. ¿Qué hizo para ganar este honor, Aqualad?
—Lo desconozco.
Kaldur tampoco se mostró muy contento. Él era miembro fundador del Equipo, ¿por qué un recién llegado obtenía un pase directo con los superhéroes importantes y nosotros, más antiguos, no?
—¿Tendrá que ver que Conner lo esté entrenando? —consideré.
—Superboy ha obtenido misiones con Batman debido a la influencia de Nightwing, quizá es lo mismo —añadió mi hermana.
—Eso es injusto —señaló Lagoon —. ¡Es tráfico de influencias! Azul no ha hecho nada por merecer un lugar junto a…
—¡Silencio! —nos riñó Aqualad —. La Liga no es una organización que se deje llevar por favoritismos. Azul obtuvo por mérito o por necesidad la misión con Superman, no hay otro motivo, y aún si lo hay, no es nuestro problema.
—¿Motivo?
—Recuerden que él no tiene un mentor o tutor; el anterior Blue Beetle fue miembro de la Liga, ellos pueden querer entrenarlo como un favor a su difunto compañero.
Mantuve la boca cerrada para no recalcar que eso sí era favoritismo.
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Cenar en familia era un suceso inusual, nuestro horario no lo permitía, los villanos tampoco, pero daba la apariencia de que Gotham celebraba mi cumpleaños manteniéndose en calma. Con un amplio menú de mis comidas favoritas en la mesa, comimos hasta que nos supo a bueno, deleitándonos con las habilidades culinarias de Alfred, a quien convencí de sentarse con nosotros.
Fue fácil olvidarse de las maquinaciones, de mi plan de «conquistar el mundo», cuyo título, estaba seguro, mataría Billy de la risa; de las relaciones algo tensas con Jason, del señor Drake y… del resto de mierda que embarraba nuestras vidas. Sin embargo, fue después de la cena, en la cocina, que recibí un nuevo regalo de Bruce, uno que concordaba demasiado con el entrenamiento de los monjes y con la pregunta de Jason: ¿regalo o castigo?
—Ya tienes 16 años, te conviertes en un hombre.
—No me vas a dar la charla, ¿o sí? —curioseé con humor.
Papá me sonrió sin dejar de batir su vino. En las cenas, él tomaba copa y media de vino, nosotros leche, Coca-Cola o agua.
—No es como que la necesites, Dick. Hoy el tema es un poco más importante. Ya eres un héroe hecho y derecho, con una ciudad a tu cargo y un renombre que le compite al de muchos héroes adultos con décadas de trayectoria. Es la hora de dar el siguiente paso: te unirás a mí en los interrogatorios.
Me lamí los labios.
—Ya lo hago, igual que en la tarde en las oficinas del señor Drake.
—Pero eso lo hacen todos ustedes, vigilan mientras yo saco verdades. Ahora tú aprenderás qué puntos del cuerpo apretar para hacer hablar a una persona, qué hacer con una mujer criminal, de qué forma intimidar a los experimentados y a los novatos y, sobre todo, cómo no pasarse de la raya.
—Entiendo —murmuré. Bueno, no era que nunca hubiese asustado a alguien desde la cima de un edificio, pero de ahí a de verdad caer casi en la tortura, como papá… sí, verlo y oírlo era divertido, pero Bruce tenía razón: era difícil contenerse. Miré a papá esperar con calma una respuesta con más aplomo —. No te defraudará, murciélago.
Me sonrió finalizando su vino blanco.
—Sé que no lo harás —me encantaba que me demostrara esa confianza ciega, me quedaba de tarea no fallarle —. Por eso, he mandado a hacer un traje de Batman a tu medida que permanecerá guardado en la Baticueva. Es solo para una emergencia donde yo no pueda acudir.
—Claro, papá.
Anonadado, lo vi servirse media copa más. No le dije nada, era un día de descanso, aunque él había dicho que… oh, me lo estaba tendiendo.
—Ten. A tu edad, viviendo con tu gente, como padre tendría que tener una dote lista para asegurarte un buen matrimonio con una muchacha virtuosa, esa es la forma en que tu familia te reconocería como hombre, yo tengo la mía. Confió en ti, Dick, como hijo y como igual.
Acepté la copa de vino con una felicidad que no me sabía explicar. Era orgullo de mí, y me gustó.
(Aclaración: vivo en un barrio donde yace un asentamiento gitano. Crecí con ellos, mi mamá es amiga de una mujer gitana, la señora tuvo una niña y un varón; la muchacha tiene hoy en día como unos 20 años; voy a citar su ejemplo.
Teniendo ella 17 años, el papá le estaba buscando marido, ella conoció a un gitano de su edad por internet y se comprometieron como al mes sin haberse visto en persona. Sí, es un matrimonio arreglado con un desconocido; sí, hay un intercambio fuerte de dinero (compraron una casa con la dote, imagínense); sí, hubo una posibilidad de que ella terminase casada con un hombre mayor de haber sido elección del papá, aunque creo que él le buscaba a un joven, pero el asunto no deja de ser un trato comercial, por lo que ahí valía más el dinero; y no, ella no es infeliz, es la que está más contenta de todos con su matrimonio (en stand by desde la pandemia, porque le toca mudarse de ciudad), debido a que fue criada viendo el matrimonio como un paso hacia la adultez, no como una carga o una imposición. ¿Recuerdan al hermano de ella? Bueno, es un jovencito ya y desde muy niño su padre ha estado ahorrando para poder pagar una esposa para él.
No es mi intención ofender a nadie, casi no he tocado el tema gitano de Dick por desconocimiento, pero esto sobre el matrimonio sí lo conozco, al menos como se realiza aquí. Para nosotros suena espantoso, pero es una realidad para muchas personas y (sin desmeritar en nada el sufrimiento de las niñas que son vendidas contra su voluntad) ellos viven con alegría su vida, les agrada y moldan sus sueños en base a sus posibilidades.
Si cometí un error al interpretar la cultura gitana, me disculpo. Repito, estoy citando las costumbres de la comunidad gitana con la que prácticamente me críe, porque sí, soy amiga de ese par de muchachos romaní.)
—Gracias Bruce —di un sorbo al vino blanco. Sabía… rico —. Creí que sería dulce.
—Las uvas fueron cultivadas cerca del mar, es salado. Su sabor perdura más que el de otros vinos. Otro día te daré a probar el dulce, te agradará.
Sí tú lo dices. Me bebí la copa y salí de la cocina con él; papá puso su mano en mi hombro, guiándome a donde mis hermanos, que se mostraban entre ellos las cicatrices.
—Francamente, amos, deberían tener más cuidado.
—Bruce —Jason se bajó la camisa al vernos —. Podrías prestarme un auto, necesito llegar a una reunión a las once en Narrows.
—¿Un club de lectura? —me burlé.
—Hay unos tipos intentando traer heroína desde Metrópolis, se van a reunir en un callejón a recibir la mercancía. La mezcla que traen ellos la conocí en un viaje, dos de los ocho químicos robados encajan con algunas de las drogas experimentales de Metrópolis, podría ser una pista.
—Intenta, no hay que pasar por alto ninguna posibilidad. Gracias Jason, pero la última vez que te presté un auto me devolviste únicamente la puerta del piloto —lo miró pesadamente. Nosotros nos reímos.
—¡Fue un accidente! —se quejó.
—Dick te llevará —determinó el murciélago.
Y de ese modo terminamos los dos dentro del Audi negro, el cual poseía placas normales, no el apellido Wayne, así no resaltaríamos terriblemente.
—Se nos viene una pelea con el culto Kobra —dije lo inevitable.
—No me preocupa realmente, ustedes son muchos. Bane es gigante y su fuerza una locura, pero no creo que pueda con ustedes.
—Y siempre podemos llamarte, ¿correcto?
Sí, le temía a Bane. No era solo la fuerza bruta, sino su inteligencia y habilidad; con tantos seguidores medianamente entrenados, él podría distraernos y dejar a Bruce a solas con él. Recordaba perfectamente cuando a los diez años el sujeto le rompió la espalda a papá, yo creía que Bruce era el hombre más fuerte del mundo, joder, aún lo creía, por eso quedé tan traumatizado tras mi primera pelea con Bane.
—Claro —frunció el ceño. Jason se había puesto su ropa normal, el casco lo apoyaba en sus piernas —. ¿Acudiría como Jason o como Capucha?
—¿Cuál sería peor?
Nos reímos.
—Acelera —me incentivó Jason. Vi la velocidad, 76 km/h. Le hundí a acelerador alcanzado 85 km/h —. Más —lo ignoré sonriendo. Jason intentó tocarme la cara, pero el casco se le deslizó de las piernas —. Tonto —insultó al objeto rojo recogiéndolo y colocándoselo; ahí sí me molesto con su dedo bajo mi mandíbula —. Métele a fondo.
—Olvídalo —traté de morder su dedo, pero mi hermano me lo quitó a tiempo.
—Es una autopista, puedes ir tan a rápido como quieras.
—Máximo 100 km/h, pero me siento bien a esta velocidad.
—Vamos, no seas aburrido.
—No —repetí rodando los ojos —. Hay una estación de policía en estas calles, no me voy a meter en problemas.
—Por favor —bufó —. Ya los imagino. Te detienen, ven a quien le frenaron el camino y se echan a temblar, para finalmente decir: siga con su camino, señorito Wayne—se rió con fuerza.
Fui a responderle, pero un movimiento en la vía me abstuvo. Una niña apareció de sorpresa en medio de la carretera, ella estaba tan cerca que solo pude meter el pie en el freno de golpe, casi estampándonos contra los vidrios. El propio Jason jaló la palanca del freno manual, pero fue muy tarde. No vi el choque, por instinto cerré los ojos, pero escuché y sentí el golpe en el auto.
Me tomó unos segundos reaccionar una vez el auto se detuvo, afuera escuché los gritos de una mujer; Jason y su casco aterrador me vieron con pánico. Atropellé a la niña.
