No, no, no, no, repetí incansablemente soltando el volante. Afuera hubo más gritos y ruido.
—Sal, Dick —no era Jason, era yo quien murmuraba. Sacudí la cabeza y me solté el cinturón de seguridad.
—¿Qué vas a...?
Detuve la mano de Jason, puesta en el seguro del cinturón.
—No —ordené —. Te quedas aquí dentro con ese casco puesto, Jas, Capucha —mi hermano frunció el ceño —. Los vidrios son oscuros, quédate quieto y no te verán.
Confiando en que me haría caso, apagué el auto dejando el aire acondicionado, tomé las llaves y salí. Por hacer más, cerré el Audi y corrí hasta la niña. Entré en modo Nightwing y me olvidé de la multitud curiosa que se aproximaba.
—¡Tú fuiste quién...!
Interrumpí a la mujer histérica sacando mi teléfono. La niña tenía las piernas rotas y un brazo doblado, lloraba y gemía; era buena señal, de estar calmada la situación pudo haber sido crítica.
—911 —contestó la operadora.
—Habla Nightwing, accidente de tráfico, niña herida de gravedad, una ambulancia a la autopista 47, específicamente a... —miré alrededor. Vislumbré una buena noticia —, a dos cuadras del puente peatonal.
—Enseguida.
—Llamaré a la policía —me amenazó la mujer.
—No se preocupe, los llamo yo. Manténgase con la niña, ¿es su hija?
—Sí.
—Perfecto, háblele, no deje que se duerma y no la vaya a mover —la señora estaba furiosa, pero me hizo caso. Temblando, llamé al comisionado Gordon —. ¿Señor? —mi voz sonó tembleque. Con las ambulancias viniendo, mi mente se descompensó. Más gente llegaba, no eran tantos, una docena de curiosos, quizá más, que narraban lo sucedido desde sus puntos de vista.
—La niña estaba jugando en la acera y saltó a la vía.
—Se la llevó por delante, la mandó a volar.
—Rayaron el auto bien feo.
—¿Hijo? ¿Te encuentras bien?
—No —tartamudeé —. Comisionado, hubo un accidente, iba en la 47 y una niña apareció de repente y la...
—¿La atropellaste?
—Sí señor.
—¿En la avenida 47 o en la autopista 47?
—La autopista.
—Tranquilízate, llama a emergencias.
—Hecho.
—¿Tocaste a la niña?
—No.
—Bien, sé que tienes título de enfermería, pero no la muevas, no compliques más las cosas. Tienes las de ganar aquí, voy para allá. Llama a tu padre... hijo, ¿tú tienes licencia civil?
—... no.
—¿Estás en un asunto oficial?
—No —soné igual que un niño asustado.
—Llama a tu papá, tranquilo. Mandaré una patrulla.
Le hice caso sin chistar. Más curiosos; no podía alejarlos, justo ahora no era Nightwing, sino la parte culpable del accidente, correr a las personas se vería mal en una corte. Dios, ¡me iban a arrestar!
—Tú eres el chico de Wayne, Nightwing, ¿no? —comentó uno.
—S-sí. Aló, ¿papá?
—¿Por qué te tiembla la voz?
—Papá vente para la 47, la autopista —agregué —. Me vi implicado en un accidente.
—¿Qué tipo de accidente?
—Arrollé a una niña.
—¡¿Qué?! ¡Voy! ¿Ambulancia, policía?
—Hecho los dos —lo escuché bajar por las escaleras.
—No toques a la niña. ¿Y Capucha?
—En... —medí mis palabras para no delatarme con los demás —. Estoy solo.
—Bien, genial, mantenlo así. Cierra el coche y que no se quite el casco —oí un portazo y la voz de Alfred.
—Sí, ya, eso ya —solté —. El comisionado Gordon viene y mandó una patrulla.
—Perfecto. Cuelga, estaré ahí en 10 minutos.
—Gracias papá.
Fueron los peores 4 minutos en solitario de mi vida; me quedé ahí quieto, viendo a la niña y respondiendo a las preguntas de forma mecánica. Tuve que recordarles a dos personas que grabarme para la internet era ilegal por ser menor de edad, a una de ellas no le importó. En general, los ciudadanos se mostraron en más calma que yo, incluso la madre de la niña dejó la furia al verme llamar a las entidades médicas y de la ley. Muchos en Gotham se fugaban tras chocar, la gente se hallaba alerta ante estos casos.
Primero llegó la policía, pero no era Gordon, sino una patrulla que pasaba y vio la conmoción.
—Sí que la armaste, ¿ah chico? —se burló el oficial una vez se enteró de lo que pasaba, su compañero trató de alejar a la multitud de la niña.
—Fue un accidente, ella apareció de la nada.
—Y es una autopista con un puente peatonal a dos cuadras —señaló con humor —. A menos que hayas superado los 100, es más probable que tú puedas demandar a la familia de la niña por arruinar la pintura de tu auto.
Negué con la cabeza.
—No, claro que no.
El siguiente en aparecer fue papá. Su llegada sí alejó a algunas personas; en Gotham se sobrevivía, no se vivía, ver a Batman era motivo de irse, porque, aunque lo admiraban, le temían. Papá primero miró a la niña, luego al Audi. Capucha hizo el trabajo, permaneció quietecito, si no lo buscaban, no le verían.
—Dick —me alcanzó el murciélago —. Oficial.
—Señor —lo saludó con respeto.
—¿Qué pasó? —me preguntó con serenidad. Sobó mi brazo para tranquilizarme.
—Apareció de la nada —era agotador dar la misma explicación.
—No te alarmes, hay cámaras. ¿A cuánto ibas?
—85.
—Perfecto. Saldremos bien de este asunto, hijo.
Llegó Gordon con Bullock y unos motorizados atrás, de la ambulancia no había señales. La persona que grababa se retiró, mas no pausó, solo se alejó lo suficiente para no ser alcanzada por los policías.
—Despejen el área.
—¡Ya oyeron al comisionado!
Uno a uno, lentamente, los civiles se alejaron. Uno de los policías se mantuvo con la madre, quien, astutamente, nos vio alerta. ¿Un puñado de policías, pocos testigos y un niño rico? Olía a arreglo bajo la mesa a leguas.
—Revisaremos las cámaras, pero mientras tanto hay que hacer el informe —el comisionado nos explicó lo que ya sabíamos —. Licencia y papeles del vehículo.
Miré a papá.
—¿La licencia de Nightwing vale? —preguntó él por mí.
—Solo si es un asunto oficial. Escucha, todos sabemos que hoy cumplió 16, es imposible que tenga su licencia tan pronto —bajó la voz, lo oímos nosotros y los policías, quienes nos rodearon en forma de U, protegiéndonos de la cámara y de los nuevos curiosos —. Esto tiene que ser muy real, va a estar encima de nosotros la prensa.
—Acerca de eso —papá también bajó la voz y le añadió taparse la boca, fingiendo un picor en la mejilla —. Le di media copa de vino en la cena, si le haces la prueba de alcoholemia me jodes al niño —bajó la mano.
—Lo resolveremos, pero justifiquen la licencia de Nightwing. Hijo —me miró —, trae los papeles del auto.
—Sí —intercambié una mirada con papá, él asintió —. ¿Seguro?
—Es una excusa perfecta.
Bullock, el comisionado y el oficial, quienes oyeron su orden, lo miraron con curiosidad. Papá apretó la mandíbula y yo lo imité. Iba a ser difícil de explicar al público. Vi de reojo a la cámara, ya eran dos. Mierda.
Caminé hasta el auto sin ganas. Salir de un lío para meterme en otro, muy buena descripción de mi vida. Quité el seguro del auto, abrí la puerta del piloto y entré cerrando.
—¿Qué dijo Bruce?
—Que salgas —susurré tomando la bolsita con los documentos del auto de la guantera.
—¿Qué? —soltó —. Me apresarán. Dick, hay testigos.
—No tengo licencia Jason —expliqué —. Podemos usar la de Nightwing, pero hay que justificarla. Creo que fingiremos que te tenía bajo custodia. Haz un lío, grita, saca tu pistola y amenaza a alguien para que puedas irte.
—¡Bruce va a sacrificarme por ti!
—¡No digas estupideces! —lo reñí golpeando el volante. Todo se iba a joder por un puto accidente —. Primero que todo, ese tipo te ama, no va a dejar que te toquen un pelo, no lo hizo antes cuando de verdad tuvo oportunidades que no lo implicarían, no lo hará ahora. Segundo, tú jamás puedes caer, ¿no lo recuerdas, señor zombi? Él no dejará que te arresten, pero por favor, no mates a nadie.
Jason masculló algo inentendible.
—Ok, niño maravilla, pero te hago responsable de lo que pase.
Asentí y salí. Jasón abrió la puerta del copiloto.
0oOo0
—Cabrones —murmuró Bullock. No pude responder, me quedé de piedra al ver a Capucha Roja saliendo del Audi estropeado. Ahora sí la gente se alejó corriendo, solo quedó la madre de la niña, la susodicha, Wayne y nosotros los hombres con placas. Oh no, las personas que grababan continuaban ahí, lejos, pero presentes.
—Nightwing lo capturó y lo íbamos a interrogar. Asunto oficial, la licencia vale.
Miré a los dos muchachos que se nos acercaban, eran unos 4 metros. ¿Capturarlo? Capucha Roja no hacía más que ver a Dick y a Wayne, aguardando una señal.
—Y me creí la historia —dije con sarcasmo —. ¡Ni siquiera está esposado! —me pellizqué la palma de la mano. Baja la voz.
—Colabórenos comisionado —me pidió él.
—Te dije que tenemos que ser realistas, ¡qué vamos a tener a la prensa encima! —exclamé —. No me puedes salir con esto —los señalé histérico. A la mierda la grabación, eso era demasiado. La ciudad entera buscaba a ese tipo, ¿y ellos lo llevaban en el auto?
—Oye, soy yo o mentir sobre la licencia, elige —me gritó Capucha. Dick, increíblemente, le metió un codazo. Ambos caminaron hacia nosotros con frescura, como si fueran grandes amigos, discutiendo entre ellos, señalando a la zona de los testigos, gritándose sin palabras, solo gesticulaciones. Dick me tendió los documentos del auto.
Yo conocía la voz de Capucha, pero no daba de dónde.
—Ustedes son la mata de la conchudez —recriminó Bullock a los dos superhéroes.
Capucha Roja observó a nuestros alrededores, a la niña con las piernas rotas. Vagamente, él puso la mano en su pistola, pero no la sacó de la funda. Sostuve con una mano los papeles, en la otra mi arma.
—Hay que enfocarse en ella, así que diré la verdad para que se la diga a los periodistas —habló él. Sí, esa voz la escuché antes, pero sonaba... muy gruesa, distinta —. Están moviendo químicos peligrosos, unos mafiosos se reúnen esta noche y yo planeo colaborar a apresarlos. No pienso permitir una nueva guerra de carteles en Gotham City.
—¿Qué químicos?
—Los suficientes para fabricar veneno Kobra, que es una versión mejorada del suero de Bane —nos informó Batman —, pero la reunión de hoy, se estima, es una venta de narcóticos de Metrópolis, heroína experimental... más o menos.
¿Drogas experimentales? Peor, ¿Bane? Ese tipo era problemático, casi tanto como el Guasón; y su historial de victorias era incluso más prominente.
—¿Por qué no me he enterado de nada de esto?
—Yo traje la información hoy —me explicó Capucha —. Mantengo un trato específico con Nightwing, no con usted, no con el murciélago. Y justo ahora, voy tarde al encuentro.
—¿Cómo sabemos que es un dato real y no una distracción? —cuestionó Bullock. Los demás oficiales cerraron la boca, permitiendo que nosotros gobernáramos la discusión.
—Lo leerá en la prensa mañana —dijo Capucha —. Pienso matar a todos los que se reúnan hoy.
Sorprendido de la declaración, Dick dio un brinquito, viéndolo con horror.
—Espera, ¿qué? ¿No era solo ir a tomar fotos?
—Por favor, Dick. ¿Hace cuánto nos conocemos?
Alcé una ceja.
—Ya casi son las once —decretó Wayne viendo su reloj de pulsera —. Necesitamos saber de esos químicos, ¿pueden irse?
Suspiré.
—Está bien.
—Genial, conduzco yo —Capucha le arrebató las llaves a Dick, corriendo al Audi.
—¡Oye! ¡No es nuestro!
—Nightwing —lo llamó su papá —. Contrólalo, pero si no puedes y en serio va a matar, sal de ahí. Si es caso, olvídate del auto.
—Sí señor. Permiso, comisionado, oficiales —y se marchó a paso rápido hasta el auto ya encendido.
Los vimos irse en silencio; las sirenas de la ambulancia se oyeron.
Al pasar junto a nosotros, me enfoqué en la figura difusa de Dick. Me sentí terriblemente mal por lo que estaba haciendo al permitirle a la familia Wayne continuar dirigiendo a Gotham. ¿Alianzas con Capucha Roja? No eran rumores, sino una realidad. ¿Una amistad vieja entre Capucha y Dick? Ese niño contaba con recién cumplidos 16 años, era un infante, y lo dejamos... yo lo dejé marcharse con un criminal adulto de gatillo flojo que, sin vergüenza de ningún tipo, admitió dirigirse a cometer un asesinato masivo.
16 años...
0oOo0
Ingresé a la oficina con una sonrisa de oreja a oreja. El confeti de la noche anterior aún se veía por el piso, los encargados de la limpieza iban a tener trabajo con ello, pero les dimos pastel para que no se enojaran con nosotros por armar una fiesta en las oficinas. Mi jefe, el forense Weasel, se retiraba, cumplió sus años de servicio y, por mucho amor que le tuviese al trabajo, se dedicaría en adelante a cuidar de sus nietos.
—¿Por qué tan feliz? —me cuestionó Aria en la oficina.
—Nada —me encogí de hombros —. Contento por Weasel.
—Hum —frunció el ceño viéndome.
—¿Qué? —me recorrí con los ojos: pantalones planchados, camisa limpia y zapatos lustrados.
—Tienes sangre en tus uñas.
—Ah —a mi edad, ya no me sonrojaba —. Le rompí la nariz a alguien esta mañana —mentí.
Aria rodó los ojos.
—Pero no eres Flash, para nada —dijo con cinismo.
—Flash usa guantes —sonreí. No iba a contarles que Iris tenía la regla y que yo era amoroso con ella cada día del mes, era la privacidad de mi esposa.
—¿Oíste lo de Grayson?
—Sí, escuché de la niña. Sobrevivió —puse mi maletín en mi escritorio, no había casos nuevos, podría dedicarme a leer.
—¿Es cierto lo que dijeron de Capucha Roja? ¿Qué es aliado de Grayson?
Apreté los labios. El comisionado de policía de Gotham tuvo que revelar más de la cuenta para justificar la presencia del criminal con Dick. Los videos y el lector de labios no colaboró, nos enteramos de cada palabra que se dijo en esa conversación.
—Lo que te diga yo es mentira —respondí —. Esa familia es una red de secretos.
—¿Podrías explicarme algo, por favor?
—Seguro —su tono suave y dudoso me encendió las alertas mentales.
—Lo han estado comentando en los noticieros, revistas, periódicos, todos se hacen la misma pregunta. ¿Por qué Gotham es distinta al resto del mundo?
—Bueno, la respuesta a eso es su historia desde la época colonial —hice una mueca.
—No me refiero al salvajismo de Gotham, sino a Wayne. Allen, responde a calzón quitado, te juro que no estoy grabando —alzó las manos en señal de inocencia —. Anoche hubo una masacre y ese niño Grayson se vio inmiscuido, su padre lo motivó a ello. Desde que se descubrió su identidad no han salido más que escándalos, la ONU, Europa, cualquiera con lógica, critica la manera en que Wayne cría sus hijos. ¿Por qué Gotham no se inmuta? ¿Por qué a la población común no le importa que esos niños sean explotados por Wayne y, discúlpame, por la Liga?
Nuestra oficina compartida no poseía cámaras internas, era demasiado gasto para el estado. En un parpadeo normal tanteé el cuerpo de Aria, su celular y su bolso en busca de micrófonos; alcancé incluso a ver debajo de mesas y sillas. Libre de espionaje.
—Lo siento —dije ante su sobresalto, a ojos humanos yo no me había movido.
—¿Qué...? —se tocó, sintiendo el rastro de mis manos por su cuerpo.
—Verificaba lo del micrófono, lamento haber tocado el espacio entre tus pechos, es dónde generalmente las mujeres los ocultan. Y a tu pregunta, Gotham era un caos, una zona de guerra constante, la peor ciudad del mundo por décadas; Wayne trajo una paz brutal, repleta de miedo, pero ellos ya saben lo que es el miedo y refieren temerle a alguien con reglas que a pandilleros desalmados. Gotham no va a permitir que su vida anterior vuelva, así Batman se alíe con Capucha Roja o a los niños los expongan a peligros insanos. Es egoísta, pero es la única forma en la que el orden ha funcionado.
—Comprendo —murmuró más recompuesta, igual abrazándose a sí misma. La asusté —. ¿Y la Liga?
—Batman es... es el motivo de que exista la Liga. Así como con Gotham, él trajo el orden. Sus métodos son brutales, es duro y disciplinado, no tolera los errores, pero es el mejor líder que se pueda pedir.
0oOo0
—Estás jodido —murmuró Conner a Dick bajando en su ascensor al laboratorio. Nuestra reunión empezaría pronto, cada uno tenía su misión: Dick traía los diseños básicos del perro, Conner debía adelantarnos lo que descubrió del sintético, yo los actualizaría en referente a las relaciones públicas.
—¿La Liga se vio afectada, Billy?
—No.
—¿Wayne Enterprise?
—Descendieron en el reporte de la mañana un 0,023%, se mantuvo estable a las nueve, a la una arrojó una subida de 0,012% —yo continuaba sin ser del todo consciente de qué tan grandes o pequeñas eran esas cifras.
—Lo usual de una empresa, movimientos ligeros —reveló Dick —. Sé que papá no está siendo bien tratado, pero no hay demandas. La Liga está bien, el murciélago y la empresa también, así que no me importa.
—La figura de Batman es muy sólida —comentó Conner. El ascensor abrió —. Otro millonario habría perdido toneladas de cifras por un chiste parecido. ¿Por qué el señor Wayne no?
—Tiene que ver con las acciones de la empresa —nos contó. Los tres nos sentamos en las sillas altas del laboratorio, la botella con el sintético y una computadora estaban ahí en la mesa —. Wayne Enterprise es muy antigua, en esa época el tatarabuelo de Bruce no necesitó de ayudas económicas externas a las suyas, pues contaba con una riqueza inmensa que trajo casi completa al Nuevo Mundo. Ellos iniciaron con bienes raíces y agricultura, se apoderó de media Gotham, terrenos que aún siguen en la familia. Pasaron las generaciones, la empresa fue creciendo y abriéndose a diferentes mercados, pero debido a la correcta administración del tatarabuelo y sus descendientes, la familia Wayne jamás necesitó deudas o inyecciones de dinero por parte de accionistas o bancos, como sí lo han requerido otros empresarios.
—¿La empresa es enteramente de Batman?
—Sí, por ello no depende tanto del humor de la gente. Wayne Enterprise tiene conexiones con millones de empresas pequeñas y medianas que no pueden darse el lujo de acabar sus contratos con papá solo porque no se encuentran conformes con su manera de criar a sus hijos. Al capitalismo lo mueve el dinero, no las emociones.
—¿Y las redes sociales? ¿Esto afecta las aplicaciones nuevas?
—No, los progres pelean, claro, pero... escuchen, hay cosas más importantes de qué hablar —solicitó con hastío.
—Como de lo clasista que sueles ser tú —se burló Conner recostándose en la mesa —. El sintético se diluye en agua sin perder sus propiedades, altera las plantas, pero no las daña, las cambia.
—¿De qué forma? Ya tenemos a una loca con las plantas, no necesitamos más.
—Yo he visto a nivel celular las flores de Hiedra, es diferente, no sabría explicarlo.
—¿La comparativa es posible? —pedí.
—Sí, traeré una muestra de las de Hiedra mañana. ¿Qué nos cuenta usted, Capitán?
—Comentarios encontrados en los artículos, demasiados pedagogos repitiendo lo de un abuso en tu educación, alegan que crecerás como una persona violenta y sin escrúpulos; otros dicen que es mejor sacrificar unos pocos por muchos, algunos opinan que, siempre que funcione, deberían dejar ser a tu familia.
—¿Redes sociales?
—Me creé una cuenta de acceso a la versión de Instagram de Wayne Enterprise, me agrada. Avisé en mis cuentas que manejaría usuarios en ambas aplicaciones y la respuesta ha sido favorable, igual queda esperar el lanzamiento.
—Yo no he visto esa aplicación. ¿Cómo es? —curioseó el clon.
—Linda, simple. Al registrarse dan dos opciones, pagar $2,99 o aceptar publicidad. El señor Wayne me dejó ver el prototipo; solo preguntan el estado de residencia para que los anuncios sean útiles. Igual hay unas preguntas referentes a gustos, pero es opcional. Al entrar, hay una ventanita de publicidad que se quita fácil, no dura los cinco segundos que generalmente tarda. Es igual que Instagram, solo que, cada 20 imágenes, aparece un anuncio —me encogí de hombros —. Me gustó.
—Suena a que no es muy molesto. ¿A tus seguidores les agrada?
—Sí, usé de referencia videos de la web para mostrarles. También agrada que el icono y la presentación se pueden personalizar. Le gastaron tiempo.
—Claro, Bruce ordenó específicamente esa app, tenían que lucirse. Yo les traigo una propuesta y una pregunta. ¿Han leído El Príncipe?
—¿Maquiavelo? Claro.
—Nunca lo terminé —admití —, pero entiendo el concepto.
—Maquiavelo habla de las cualidades del príncipe, de las formas de adueñarse de territorios, mantener el poder y de cómo la imagen debe ser una cualidad que se debe cultivar, luciendo honesto y devoto a los demás.
—Amigo —lo interrumpió Conner con risa —. ¿Vienes a darnos una charla sobre cómo conservar una buena imagen ante la prensa? ¿Tú?
Resoplé; Dick sonrió ampliamente.
—Lo sé, soy un asco, pero... —se interrumpió riendo. Nos tomó un minuto lograr coger el hilo de nuevo —. Podemos mantenernos puliditos, la gente es voluble, un par de misiones más y los tendré comiendo de la palma de mi mano.
—No te creo ni media palabra. ¿Cuál es tu propuesta?
—No seas amargado, Kon. Necesitamos al malo de la película.
Fruncí el ceño.
—No entiendo.
—Es simple, Capitán, un enemigo. Para vender, hay que crear una necesidad.
—El perro combate la contaminación —dije.
—Exacto, pero hay que aumentar su rango de trabajo. Miren —y con su teléfono nos iluminó usando su pantalla holográfica. Nos mostró un perro robot muy a lo Jimmy Neutrón —. Una mascota, ajá, sí, pero ¿qué más? ¿Y si con su lengua barre?
—¿Una aspiradora?
—¡Claro! Un lindo cachorro que limpia los charcos y elimina la mugre, facilitando el trabajo en casa y lo expulsa todo a modo de excremento —y cambió la imagen, apareció un pug —. Este perro es genéticamente incorrecto, sufre mucho y se la pasa enfermo, pero es adorable. Creemos esta cosa y añadámosle la función de aseo, volarán de las tiendas.
—¿Y qué sucede con el malo de la película?
—Ah, sí —hizo un gesto inquieto —. Nosotros fundamos este grupo para movernos por fuera de la ley, pero incluso nosotros tenemos nuestro límites morales y personales; me gustaría contar con una persona más... peligrosa.
—¿Alguien así en este grupo? No lo sé, Dick.
—Es un conocido mío, Kon, uno de mis hermanos.
Alerta roja, Billy Batson, me dije. El señor Wayne fue directo, sin Damián.
—¿En quién piensas? —pregunté.
Dick no dijo nada por unos segundos.
—Voy a revelarles el mayor secreto en la faz de la tierra, júrenme que no hablarán.
—Amigo, con todo lo que hemos...
—Júrenlo —repitió.
—Eh, lo juro —incluso levanté mi mano.
—Lo juro. Desembucha.
—Mi hermano Jason está vivo.
Dejé caer la mandíbula; Conner y yo nos miramos con pasmo.
—¿Qué? —dijimos a la par —. ¿No lo mató el Guasón?
—Lo hizo... es largo de contar, pero Jason vive.
—¿Dónde está?
—En Gotham, él es Capucha Roja.
—Para, para, para, para —dije velozmente, analizando semejante bomba —. ¿Él es aliado vuestro? —Dick asintió —. ¿Batman controla la mafia de Gotham? —susurré asombrado.
—Indirectamente, sí.
—Dios...
—Pero él tiene, catorce, ¿no?
—Sí.
—No ha terminado su desarrollo —murmuró Kon, quien, ante nuestras caras raras, agregó —. Sé identificar la edad de una persona viendo su cuerpo. Yo sabía que él era joven, sin finalizar su desarrollo, pero creí que sería mayor.
—Cadmus te enseñó bien, Kon-El —apuntó Dick con respeto —. Jason es alto, ya me superó. Maquiavelo habla sobre el empleo de mercenarios a modo...
—Wow —lo frené —. ¿Vamos a matar a alguien?
—¡No! No, no es para eso —exclamó —. No, no, no, es diferente. Un mercenario es, en este caso Jason, alguien que se cuele en sitios y que sabotee cosas en momentos donde nosotros seamos vistos. La idea es usarlo para ayudarnos con una buena imagen y... miren, aún no tengo esto tan claro, pero quiero contar con Jason.
...
—¿Confías en él?
—Con mi vida, Capitán.
—Ok... ¿Conner?
—... ¿qué dice Salomón?
Rodé los ojos e inflé mis cachetes pensando. Salomón y su sabiduría no se hallaban disponibles sin decir mi palabra especial, le figuraba a Billy Batson analizar.
—¿Qué tan cuerdo es?
—... decente, pero lo puedo controlar.
—¿Cómo lo controlaste anoche para evitar ese reguero de sangre? —Conner alzó una ceja.
—¡¿Se enteraron de todo?!
—Sip, así como que desobedeciste y no te marchaste de la escena.
—Tenía miedo, esa balacera fue de película —se defendió —. Jason es... difícil, pero no es malo realmente.
—Dick, confío en ti, pero si él no puede trabajar bajo unas ordenes y un mandato, mejor no.
—Yo... hablaré con él, capitán.
0oOo0
Hablaré con él, sí, como no, me burlé en mi mente deslizándome por las sucias esquinas de Blüdhaven.
Jason, en esos momentos, debía de seguir sobando su trasero por culpa de Bruce, conmigo no querría hablar hasta que no se le pasase el berrinche de niñito que armaba cada vez que papá lo colocaba en su sitio. Yo, mientras, aprovecharía y vigilaría a mi ciudad, tan descuidada debido a mis ocupaciones.
Tiros, asaltos, violaciones... oh, dulces calles de Blüdhaven. Pelear con matones era fácil, solo golpes, esquivar y vencerlos; yo no era de esperar las gracias o tomarme fotos, igual en Blüdhaven y Gotham nadie era tan amable. Y si lo eran, fijo eran locos dementes con sótanos a prueba de gritos.
No, gracias.
Hablando de gritos, una pelea se daba a una manzana de distancia; desde mi posición privilegiada en los techos mugrientos alcancé el suceso, eran dos hombres. Bueno, no, un hombre y un travesti.
Por supuesto, acúsenme de homofóbico, háganle, pero, ¿cuál de los héroes salvaba a los travestis y a las prostitutas? Ninguno, ellos no se metían en líos amorosos o de dinero. Montón de hipócritas, dejaban que golpearan a las mujeres y a los raros esos por evitarse un conflicto más complejo que el simple «tengo derecho a robar». Separé sin hablar a ese par, estampando mi puño en la mandíbula del agresor. El tipo cayó directo al suelo.
—Ahh —el grito del sujeto tras de mí, que usaba un vestido demasiado corto para una noche tan fría, no me distrajo de la labor.
—¿Le pagó el servicio?
—N-no.
Tomé al hombre de la camisa y lo elevé contra la pared. En sus ojos vi miedo.
—¿Y ya usó sus servicios?
—S-sí.
—¡Es una puta loca!
—Pero hizo el trabajo y merece su paga. ¿Cuánto es? —le pregunté al hombre del vestido.
—7 dólares.
Me abstuve a hacer comentarios. Joder, hasta Billy cobró más en su tiempo.
—Páguele o tomará su desayuno con ayuda de una enfermera.
Y el tipo me dio el dinero antes de marcharse corriendo y maldiciendo, naturalmente.
—Tome —le tendí los billetes arrugados, pero la... persona, sí, persona, no los recibió, estaba demasiado ocupada tratando de no tener un ataque de pánico. Me suavicé, pude haber metido el dinero en sus manos e irme, pero yo era débil con las personas asustadas. El miedo era humano, algo con lo que yo lidiaba cada día, lograba empatizar con él... o ella, lo que fuese —. Ya se fue, no le hará más daño.
—G-gracias —dijo entre dientes. Tomó el dinero, yo era libre de irme.
...
—¿Noche difícil?
Medio sonrió.
—Vida difícil —parpadeó y me miró de arriba a abajo —. Tú eres Nightwing.
—Sí.
—Hum... gracias por la ayuda.
Continuaba temblado, era el frío.
—Le recomiendo ropa más abrigada o cobrar un extra para el café.
—Ja, apenas consigo trabajos a este precio —soltó esas risitas que se usaban para ocultar el dolor.
—Hay más empleos.
—Nadie contrata un transexual.
—Cierto... use ropa normal y guarde sus vestidos para fiestas —sugerí con amabilidad.
Ella, él, eso, lo que sea, me vio con furia.
—¿Por qué? ¡¿Por qué debo ocultar quien soy para agradarle a los burgueses privilegiados como usted?!
Me encogí de hombros.
—Primero, soy un gitano, yo sé todo sobre la discriminación que arroja este país. Talvez no sea equiparable a su situación, pero yo fingí por años ser un tonto debilucho para mantener mi secreto a salvo; no es bonito usar máscaras en plena luz del día y tener que aparentar que el tipo al que todos llaman «el del disfraz» no es mi verdadero ser, pero lo hice.
—Ya no —me recordó con malicia.
—No por decisión propia.
—Yo no quiero hacerlo —expresó —. Me gustaría vivir en un mundo donde soy aceptada.
—Lamento decirle que ese mundo no existe. No me mire así, es la verdad, no estoy siendo cruel, sino realista. ¿Cree que fue fácil para mí? Soy, literal, el mejor gimnasta del mundo y tenía que aparentar no ser capaz de caminar y mascar chicle al mismo tiempo.
—¿Por qué?
—Por mi seguridad. Y por eso le recomiendo fingir sentirse como un hombre por su propia seguridad. El mundo no es dulce y gentil, es una bola de mierda donde toca sobrevivir gustes o no.
—¿Dónde quedan el orgullo y el amor propio? ¿Y el...?
—Hay prioridades —lo corté —. Comer dignamente, vivir dignamente, que la familia esté segura, esas son las prioridades. Ponerse el vestido con lentejuelas y ser aplaudido en la calle como un valiente o ser reconocido como el héroe adolescente con mayor trascendencia histórica es una puta ilusión de mierda. En todas partes hay enemigos, nunca existirá la paz perfecta —lo señalé —. Solo queda sobrevivir. Usted puede sonreírse al espejo y salir a que le den golpes, lo escupan y lo traten como a una perra o puede odiar su apariencia y cada uno de sus jodidos movimientos, pero contar con una cena caliente y una sabana gruesa en una casa sin goteras. Elija.
Ahí sí me marché.
