Holaa.

SpookyG: Vaya, dichosos los ojos, usted estaba perdida. Ja, ja, sí, se me escapan las colombianadas 😊. A mi defensa, si Chespirito puso el «chanfle» en Japón, uno puede usar una que otra expresión, aunque de verdad trato no mezclar el vocablo normal nuestro o puede ser raro. Jajajaja, al menos no he metido involuntariamente el «parcero».

Gracias por el comentario mujer, sí, la historia está alcanzado nivel. O sea, ya hay tantas ambiciones que ni sé cómo resolverlas.

Genensitapotter: De nada por lo de pelos de punta, es con mucho cariño jajajajaja.

Me hicieron un comentario al privado hablándome de la última escena, donde ese punto de vistan tan duro de Dick se nota. La persona también usó la expresión «pelos de punta» porque sintió que transmití ese asco y, no lo llamemos desprecio, la homofobia de Dick. Yo quise reflejar eso específicamente. Alguna vez le escribí en privado a uno de ustedes que se podía dar el respeto sin que hubiese un gusto o una aceptación por el homosexualismo, que no todo son extremos; esta persona me dijo que sería un tema interesante y eso fue lo que traté de tocar en el capítulo pasado.

Dick, como individuo, no siente agrado de ningún tipo por un transexual, a quien se refiere como «cosa», «raro» un «él o ella, lo que fuese», e incluso acepta que otra persona ofenda al transexual (porque Dick en ningún momento niega el insulto de «puta loca»). Esto es el ejemplo de una persona realmente homofóbica, no un chico que le arruga la cara a los gays y ve videos de lesbianas para masturbarse, eso solo es un idiota (igual que quien gusta sexualmente de un transgénero y luego lo desprecia, como quien adquirió los servicios de la prostituta en el capítulo 26).

Y a pesar de que su repulsión es muy real, Dick no pasa por alto ni un segundo que está ante una persona; de hecho, al dudar de cómo llamarlo (él o ella), se refiere al transexual como persona, una inclinación que pareciera que se pierde al llamarlo cosa; pero Dick no es inmune al dolor humano y, teniendo todas las oportunidades para irse y desentenderse del asunto, se queda a intentar ayudar.

Tal vez su forma de hablar no fue muy cariñosa, pero no lo hizo de mala intención, puso su propio ejemplo, reconociendo que posiblemente la comparación entre ellos no fuese equiparable. Y aquí es dónde está el respeto, Dick le hubiese dicho las mismas palabras a cualquier otra persona en una situación similar, él no hizo diferencia por estar ante un transexual; no lo atacó por su estilo de vida, no le dijo que se iría al infierno, tampoco lo trató como basura, fue empático y buscó una solución que, obvio, no es muy popular o fácil de digerir, mas, si somos francos, no es un mal consejo. Los transexuales que hacen la transición de hombres a mujeres, estadísticamente, solo consiguen empleo de peluqueras y prostitutas, ellas no poseen una vida digna, salvo si se esconden tras su apariencia de hombre.

0oOo0

Mi alarma no sonó. Ese aparato no fallaba, de seguro la idea de permitirme dormir hasta tarde provenía directamente de papá. Como fuese, de mi soñolencia me sacó fue Alfred, abriendo la puerta e ingresando con una gran bandeja que contenía mi desayuno.

—Hola —dije en un quejido perezoso sentándome. No recordaba la última vez que vagueé en la cama.

—Buenos días, amo Dick —mi mayordomo mantuvo su comportamiento usual, pocas palabras, al dejar la bandeja sobre mis piernas —. Espero lo disfrute.

—Gracias —miré la bebida de chocolate, el café, los wafles con mantequilla y el tocino, por no nombrar la fruta —. ¿Podrías servirme con menos calorías?

—¿Cambiar su dieta?

—Sí. Anoche fui más veloz —respondí —. Me sentí rápido.

—Se lo plantearé a su padre.

—Gracias Alfred.

—Para eso estoy —pensé que se retiraría, pero él se pausó a mitad de su salida —. Las cámaras con micrófono, amo Dick, serán nuestro fin.

—¿Hum?

—Canal 5 —retomó su ida, cerrando la puerta con cuidado.

Miré el reloj, 8 a.m., el noticiero era historia, ¿luego qué venía? ¿Farándula? Hurgué en mi mesa de noche hasta hallar el control remoto que servía para el cable. Se tardó unos segundos, puesto que jamás veía televisión. El canal 5, acerté, mostraba farándula, de esas que duraban toda la mañana y hablaban de las novedades en el canal, las telenovelas, los famosos y demás cosas que rara vez me interesaban.

Mi foto estaba en la pantalla.

—¿... del mundo?

—Sí, él desciende de una familia de gimnastas —¿familia de gimnastas? Nosotros éramos acróbatas de circo, bajo tecnicismos era distinto, los artistas de circo hacíamos más cosas, y más peligrosas, que un gimnasta deportivo —. Sus padres y él eran capaces de realizar un salto mortal cuádruple, tras la muerte de ellos, Dick es la única persona viva capaz de tal hazaña.

—He oído de sus facultades físicas, supera a Wayne por mucho.

—En acrobacias, sí. No sabría decirte en lucha, Wayne es soberbio y Dick es joven aún.

¿Por qué estaban hablando de mí, a todas estas?

—Algo que me da mucha curiosidad es que fue muy respetuoso.

—¿Te parece respetuoso decirle que niegue quién es?

Ah, el travesti. Me grabaron anoche con una cámara de seguridad, a eso se refería Alfred. Él tenía razón, las cámaras eran un problema, pero... siempre hubo cámaras y no me atraparon nunca. Era mi error, me relajé pensando que no existía nada más de qué cuidarse luego de que mi nombre fuese revelado.

—Pero no fue grosero —me defendieron. No conocía a esas personas, una era rubia, la otra calva y la mujer tenía el cabello naranja —. Dick tiene esa particularidad, él es franco y eso me parece muy apreciable.

—¿No te parece que su forma de expresar su franqueza es violenta? —a la señorita yo no le agradaba —. ¿No lo vieron en la oficina de Drake? Se reía mientras su padre hacía orinarse encima a un hombre en silla de ruedas.

—¡Qué abusó de su hijo! El mismo Drake lo confesó.

—No es motivo para entrar de tal forma a una oficina, pasando por sobre todos. Wayne ha normalizado la violencia para sus hijos, ¡Dick se reía!

—A ver, no se carcajeaba malignamente o algo así, solo sonrió a la cámara.

—Seamos sinceros —intervino el hombre rubio —. Batman se pasa a veces con los criminales, tenemos la mayor alta taza de psicólogos laburando en prisión por culpa de él.

—¿Y de rehabilitaciones? También la más alta. El 73% de presos que salen a libertad o libertad condicional no recaen —añadió el calvo.

—Pero eso es porque Wayne los aterra —agregó muy molesta la mujer.

—No, ¡es porque Wayne les da trabajo! Wayne Enterprise contrata en su gran mayoría a personas que provienen de prisión, así no tengan títulos. Les dan trabajos humildes, cierto, limpieza o acomodadores en los galpones, pero es un trabajo digno y bien remunerado, además de que les permiten planes de financiamiento para acceder a universidades nocturnas económicas y les dan capacitaciones para que puedan optar por puestos de oficina.

—Eso es cierto.

—Wayne es aterrado, tienes razón —le dijo el calvo a la rubia —. Créeme, ni fumado ofendería a ese tipo o a sus hijos o la niña Gordon, pero él no es un matón, a Wayne de verdad le interesa esta ciudad. ¿Sus métodos son poco ortodoxos? Sí. ¿Dan resultado? Sí. Y Dick es muy similar a su padre, apuesto lo que sea a que la mujer transexual fue a casa a llorar, pero, ¿lo que dijo era mentira? No. Y las cosas hay que afrontarlas como son.

—El mundo está cambiando, las personas LGBTIQ+ ahora tienen cargos donde son visibles, la vida no es tan dura como él se lo dijo.

—¿En qué fantasía vive esta mujer? —murmuré. Apagué la tv y me enfoqué en mi desayuno. ¿Cómo solucionar este asunto?

Sonreí suavemente en pleno desayuno. Pues claro, me regañé por no acatar antes a la respuesta. Al finalizar la comida, cargando la bandeja y sus platos, bajé a prisa, buscando a papá.

—¡Bruce! —no estaba ni en la cocina, donde descargué los objetos, ni en la sala, su oficina o la biblioteca; en esta encontré a los niños realizando sus deberes.

—Padre duerme en este momento. No has hecho ni un solo ejercicio o ensayo —me recordó Damián.

—Ahora no.

Subí escaleras arriba corriendo, disfrutando aquella velocidad superior de la que le comenté a Alfred. Mi precipitación se frenó en el pasillo de las habitaciones, despertar a Bruce de forma brusca no era algo que terminase bien. Con suavidad ingresé a su alcoba. Papá dormía tan profundamente en su cama que me dolió despertarlo.

—Ugm —fue el gruñido que soltó cuando lo llamé sacudiéndole el hombro desnudo. Papá usualmente dormía sin ropa, mas mantenía bajo su almohada un par de interiores por si uno de nosotros, de noche, entrabamos a su cama en busca de compañía.

—Hola papá —dado que salí de mi alcoba sin zapatos, me acosté en el lado libre de la cama, donde bien cabrían unas 3 personas. Era un mueble gigante.

—Dick, te amo, pero lárgate de aquí.

Reí.

—Quiero pedirte permiso para salir de la mansión, quiero cortarme el cabello.

Mi frase le hizo abrir los ojos

—Sí, está largo. ¿Dormiste?

—Ajá... gracias. ¿Por qué el descanso?

—Quise darle reposo a tu cuerpo.

—Ah. Papá, ¿te parece mala idea aceptar una entrevista televisada?

El sueño se esfumó de la cara de Bruce. Su sorpresa le ocasionó alzar las cejas un segundo.

—¿Para mejorar tu imagen pública?

—Sí.

Bruce lo consideró unos segundos, girando el cuerpo boca arriba, subiendo su sábana para no enseñar más de la cuenta. El amplio pecho de papá era una maraña de cicatrices y moretones.

—Cariño, esto es igual que la medicina para el resfriado. No sirve de nada si vuelves a jugar en la lluvia.

—¿Qué debo hacer? Dijiste que fuera yo mismo.

—No me refiero a fingir, sino a tener más cuidado, a hablar con astucia, sin revelar. Ya has hecho esto antes, siendo Dick Grayson.

—Creí que no tendría que actuar más.

—Lo siento, amor, pero tendremos que mantener portadas eternamente. Usa más los tubos zeta, menos los autos; y si vas a salir en público, ten más precaución y disfraces a la mano.

—Sí papá.

0oOo0

Consulté la noche anterior a los registros de la Liga, miré por el microscopio docenas de veces. Sí, no existía error, el sedante purpura causaba una reacción distinta en las plantas de la Tierra: las sedaba a tal punto que ellas no reaccionaban más allá de su ciclo vital.

Necesitaría experimentar en maíz, cactus y otros tipos de vegetación, mas si no me equivocaba, descubrí una forma de tener plantas sin miedo a la manipulación de Hiedra Venenosa.

Wow.

0oOo0

Disfraces... extraje de entre los cajones de mi closet una caja negra y brillante donde guardaba mi maquillaje. Me hice un experto cubriendo ojeras y moretones, tendría que continuar saliendo de casa con productos cosméticos en el rostro, recordándome así que debía mantener el pico cerrado.

Una alerta me distrajo de mis pensamientos. Al leerla devolví la caja a su puesto y me fui a la Baticueva corriendo: un helicóptero acababa de mandar un mensaje de auxilio.

Embutirme en mi traje fue lo más tardado, ya había avisado que me dirigía al lugar; tendría que añadirle al maquillaje el permanente uso de la capa primaria del traje, fuese o no de civil. Con los tubos zeta estuve en un instante colgando de la torre Wayne, el edificio más alto de Gotham. Sí, el helicóptero iba así de bajo que representaba un riesgo para los edificios.

—Nightwing, ¿refuerzos?

—Lo haré yo solo —contesté a Tim lanzando un batarang al helicóptero. Mis cuerdas eran suficientes para alcanzar la máquina y succionarme en su dirección a una velocidad tal que no quedé colgando sobre los otros edificios, sino que casi se podía decir que volaba.

Dado que logré darle a la pared del helicóptero, no pasé por el lío de tener que treparme desde abajo, sino que me fui directo a la puerta de acceso. El piloto, reconociéndome, abrió la entrada del copiloto.

—Oí que tenía problemas —me reí.

—Ayúdame. Fallo en motores.

—Tranquilo, ¿tiene piloto automático?

—¡No funciona! —negó vehementemente. Cielos, el pobre estaba aterrado —. ¡Todo se averió!

—Dame —tomé el volante cuadriculado —. Toma un paracaídas y salta, yo llevaré esto.

—Solo hay un paracaídas chico —me avisó —. Brinquemos juntos.

—Olvídalo, si lo soltamos aquí mataremos gente —mierda, esa cosa enserio estaba dura —. ¡Largo!

Oh sí, a mí sí me subió la máquina más arriba de la torre Wayne.

—Ten cuidado niño —dijo el hombre antes de irse a por la gran mochila en la que se empacaba el paracaídas.

Fue después de su brinco que el pánico tocó a mi cabeza.

—Maldita... —en vez de decir una palabrota, me fui por otro camino —. ¡Señor! —supliqué. Orar en el trabajo era usual, pero se tenía que saber hacer: no era quedarse ahí prendido y darle rienda suelta a la ansiedad y a la duda, no, se requería de fe firme. Una letanía, santiguarse mentalmente y sangre fría.

Elevé más el helicóptero y traté de irme a la costa; las luces de alerta no me daban buena espina.

—Nightwing —me habló papá por el comunicador, aguardando reporte.

—Solo sube —me di cuenta tarde; ese piloto no sabía una mierda —. Está duro, pero gira, lo demás no sirve. El motor no va a sostener un aterrizaje o un vuelo estático.

—Elévate mil metros, ya están evacuando. Ponle C4 y salta.

Maldita sea, el paracaídas.

—Sí Batman.

Señor, señor, repetí subiendo lo máximo. Los ruiditos y luces no mejoraban ni un ápice. ¿Qué le pasó a este trasto?

Cumplida la indicación del murciélago, abrí la puerta del piloto y lancé al interior cuatro paquetes de C4. No hubo tiempo para la duda, me arrojé al vacío.

Vi la ciudad por el aire, era muchísima la altura; aun así, contaba con segundos antes de entrar en la zona de los edificios altos, donde ya valdría yo mierda. La explosión no me colaboró, de seguro el helicóptero quedó hecho nada, pero el margen de las ondas me alcanzó a sacudir.

Virgen poderosa y fiel, ruega por mí. Y con eso me desconecté por completo. Velocidad, tenía que disminuir mi velocidad. Sin capa y abriendo los brazos no lograría mucho; no, tenía que hacerlo con cuerdas, aplicando la física. Aumentando los tamaños, aquello no era distinto a los movimientos de Gatubela, quien se estabilizaba con su látigo envolviendo este en astas de bandera y balanceándose de forma circular, como en el circo. Saqué uno de mis batarangs con cuerdas y lo lancé al edificio de Wayne Enterprise; el padre de Bruce era de colocar banderas nacionales y aunque Bruce las quitó, las astas continuaban ahí.

27 pisos, el máximo de mis cuerdas, no competían contra los 110 niveles del edificio de papá. Dejé que la cuerda se soltara al máximo moviendo mis piernas como en un columpio, buscando crear una órbita que me empujase de nuevo hacia arriba. En ese momento, al iniciar una nueva caída, la velocidad mermaba.

—¡¿Te lanzaste sin paracaídas?!

No pude responder al regaño, mi plan acababa de funcionar, me fui hacia la cima de la construcción de nuevo. ¿Cuánto pudo haber descendido la velocidad? Inicialmente, en la caída, seguro eran unos 200 o 250 kilómetros por hora. Giré dos veces allí antes de sentir una velocidad menor, pero aún de riesgo, me mataría de golpear una pared o la lluvia de escombros del helicóptero. Repetí el chistecito a lo hombre araña en diferentes edificios, el hecho de propulsarme hacia el aire, hacer una voltereta y volver a mecerme con una cuerda disminuía la velocidad de caída a límites aceptables. ¿Y dónde aterrizaba?

Igual que con un avión, requeriría de una pista despejada. Y no podría correr, no, me rompería las piernas, pues ellas no lograrían equipararse de buenas a primera a la velocidad que ahora poseía. Ciertamente, esta vez sí sobreviviría y eso me calmó.

Gracias. Me encargo desde aquí, ilumíname para no hacer un desastre. Me reí de mi propia broma. Dios, la adrenalina la tenía por las nubes.

Usé diez edificios más y menos cuerda una vez sentí que la presión del tirón no me desprendería los hombros. Localicé una calle libre, era la acera del parque del este. Carajo, se acercaba el fin. Me balanceé por última vez.

A la una, a las dos, a las tres, brinqué al tocar el suelo con los pies, de esta forma alcancé unos dos o tres metros, caí sobre mis manos y seguí brincando, haciendo una hilera de volteretas que bien me valdrían el oro en unas olimpiadas. A cada giro era menor la altura y movimientos más simples, apreté los dientes, aseguré mi lengua para no morderla por si erraba y me detuve de pie, con las manos arriba.

Nah, no me quedé en pie, era ya pedir demasiado, tropecé y caí de bruces, pero no rompí uno solo de mis huesos. Asombrado, pero no incrédulo, me toqué las costillas y el abdomen. Sano y salvo.

Estallé en risas.

—¡Estás loco, Dick! —gritó papá por el comunicador. Seguí riendo e intenté pararme, curiosos se aproximarían, pero no fui capaz de sostenerme erguido, estaba demasiado mareado y volví a caer —. Acuéstate. El auto va para allá.

—Genial —murmuré —. Wow, todo da vueltas —demasiadas vueltas, oh no —. Agh —grandioso, vomitar en público. ¡Qué forma de mejorar mi imagen! —. Yo lo limpio, yo lo limpio —dije a nadie, recostándome en el suelo —. Una vez pueda pararme.

(Quiero aclarar que perdí física y matemáticas en cada periodo escolar del bachillerato, traté de usar lógica y Wikipedia, pero no tengo la más remota idea de si lo planteado funciona. No lo intenten en sus casas.)

0oOo0

—¿Con qué alimentan a ese niño? —preguntó retóricamente Aria al televisor. Dick era simplemente alucinante.

—Ey —lo llamé —. Viene.

Nuestro nuevo jefe no llegó ayer, nos dijeron que aparecería a las nueve de la mañana. Comiéndose las uñas, Noah consultó al hombre en Facebook; disimuladamente yo hice lo propio en la página interna de la Liga. Sí, el sujeto de corbata púrpura y traje negro que venía por la puerta de la planta era nuestro nuevo jefe, el doctor Thomson.

En lugar de pararnos como cachorros asustados en la entrada de la morgue, nos acomodamos alrededor del cadáver ocupando carpetas, fingiendo trabajar.

—Buenos días.

—Oh, hola —di un saltito ficticio —. ¿El doctor Thomson?

—Así es —no lucía amable ni educado. Su apretón de mano trató de ser intimidante, mas eso no era la gran cosa para mí —. ¿Noah, Smith, Allen?

—Sí señor —coreamos.

—Corríjanme, ¿Noah es el apellido de...?

—Mío —Noah alzó la mano —. Sí, es mi apellido. Curioso, ¿no?

—Hmp, el forense. ¿Quién es el que se especializa en patrones de sangre?

—Yo —Aria hizo mala cara —. Smith.

—Lo que nos deja a Allen —me vio de arriba a abajo. ¿Ese tipo qué? —. Soy Daniel Thompson, médico especializado en la necropapiloscopía. Soy exigente, no me gustan los trabajos a medias y detesto la pérdida de tiempo valioso. De ustedes tres, Allen es el de mayor antigüedad, así que me entenderé directamente con usted, pero le advierto que soy rápido en las conversaciones y nadie se mantiene a mi ritmo.

¿Era un chiste? Qué malas palabras para dedicárselas a un velocista. Sonreí de medio lado, incapaz de no soltar una ironía.

—Trataré de mantenerle el paso.

0oOo0

Fue gracioso ver a Dick recoger su propio vomito con una bolsa; Bruce solo rodaba los ojos y lo esperaba. El niñito maravilla se ganaría un montón de amor con ese acto humilde.

—¿Cómo fue que no se mató? —murmuró uno de mis matones.

—Física —le respondí —. Al balancearse fue reduciendo la velocidad de la caída, poco a poco, hasta llegar a un punto controlable por él.

Alias Vico, el matón, asintió contento con mi respuesta. Él, un puñado de mis subordinados y yo, estábamos en nuestra «base», una vieja cantina a las afueras, bebiendo y esperando la llegada de los distribuidores con la paga de la semana. Los sábados eran día de dinero, tomaba yo mi tajada y distribuía el resto, lo cual sería entregado por los presentes a sus compinches.

—Oe, Capucha, ¿puedo preguntar algo?

Supe de que se trataría. La noche que me descubrieron con Dick los pillé formando una revuelta, indignados de mis nexos con la Batifamilia. Maté al principal instigador de un tiro en el pecho, quise que le doliese desangrarse; con esa llegada sorpresa de mi parte se acabó el asunto.

—Claro.

—... ¿Por qué estás aliado con Nightwing?

Entre ellos tuvieron diferentes reacciones de miedo y temor, la más graciosa fue la de Steven, quien se corrió de su puesto. Él, precisamente, se hallaba entre Marcos y yo, de haber disparado Steven hubiese quedado en la mira.

—¿Ustedes de verdad creen que se podría sobrevivir sin un trato con Batman y su gente? —se vieron las caras —. Uno a uno, con los meses y años, todos los jefes de la mafia cayeron. Se salvó Falcone porque se retiró, pero nosotros no tenemos ni el tesoro ni la edad de ese anciano.

—Pudimos haber puesto resistencia.

—¿Y ellos no la pusieron? Cuando yo aparecí, ustedes estaban orinándose encima, los otros sujetos que intentaron hacer las cosas a su manera fueron atrapados y encanados. Les tomará unos 20 años salir, y eso a algunos, otros ni el beneficio del buen comportamiento obtuvieron. No, muchachos, no nos desgastemos nadando contra la corriente.

—¿Y cómo sabemos que Nightwing no nos traicionará? Mejor dicho, Batman, porque ese mocoso obedece a su padre.

—Sí, es cierto. Un trato con Nightwing es un trato con Batman, vienen en un paquete, aunque solo el niño nos abre terreno en Blüdhaven —miré las botellas de licor en la mesa donde apoyaba los pies. Quería tomar y lo hice, no en valde modifiqué mi casco. El whisky barato me quemó la garganta —. Bruce Wayne es un hombre honesto y de palabra, no es un traidor.

—¿Y si los traicionamos nosotros? —preguntó Vico.

—¿Para lograr qué? ¿No les gusta su vida actual? Mírenos —abrí los brazos sonriendo —. A plena luz del día, tranquilos, la policía no nos persigue, nadie nos jode. Tenemos nuestros negocios y aun podemos salir por ahí con la familia.

Un par asintieron con resignación.

—¿Usted tiene familia, señor?

—Sí —rió Vico —. Jefe, jamás nos habla de usted.

—¿Qué quieren saber? —me encogí de hombros —. ¿Familia? Tengo cinco exesposas —me carcajeé.

—No, en serio —se burlaron —. Yo a usted no le pongo más de 30 años.

Marcos frunció el ceño.

—A decir verdad, señor, yo sí sé que usted es muy joven —lo vimos con curiosidad. Él tragó, nervioso —. Podría jurar que pegó un estirón recientemente.

Mis lacayos hicieron silencio, todos de acuerdo, pero con miedo a admitirlo.

—Sí, soy joven —asentí —. ¿Algún problema con eso?

—No señor.

—Para nada, Capucha.

0oOo0

Un sábado por la tarde en la Atalaya era bastante inusual para los ojos de un espectador. Un grupito se solía formar en la sala de esparcimiento a tomar refrescos, relajarse y comentar; Linterna Verde, John Stewart, y Superman traía catálogos que todos miraban, generalmente comprando una o dos cosas. Si bien ser parte de la Liga era lo máximo, las dificultades económicas no menguaban y algunos miembros echaban mano de ese tipo de negocios para sobrevivir.

Salvo Tornado Rojo y el Doctor Destino, la mayoría no faltaban a las reuniones informales, donde se hablaba de todo un poco.

—¿Qué haces ahí parado, Halcón? —me llamó a los gritos Queen.

—¿Dónde está Billy?

—¿Ah? En su habitación, creo.

Asentí y me dirigí a ala con los dormitorios. Billy era... Billy. Ese niño jamás revelaría un problema, salvo a Batman; los demás parecían olvidar el alto nivel de privacidad que mantenía el chico y se descuidaban a su alrededor, dejándose encantar con su actitud despreocupada. Un niño no manipulaba, pero Billy no era un niño, era demasiado astuto y cuidadoso.

Toqué a la puerta del chico con respeto.

—Sigue —gritó desde el interior.

Luces encendidas, la computadora en un juego online pausado y una sonrisa inmensa. A simple vista, todo correcto.

—Hola niño.

—¿Qué tal, Halcón?

—¿Trajiste algo de la despensa?

—No —me le quedé viendo directo a los ojos. La sonrisa se fue —. ¿Por qué usas ese truco psicológico conmigo?

—Porque tú usas otros con nosotros. Dámela.

El niño frunció el ceño y con un rostro agrio, muy lejos de la dulzura que mostraba, sacó de debajo de la mesa, muy bien oculta, una botella que iba por la mitad.

—Solo fue un sorbo, ¿cuál es el jodido problema?

—Tienes trece años, no puedes beber ginebra.

—Ha sido un mal día, ¿qué quieres que haga?

Entendía el sentimiento del niño, su vida era terrible, pero no era excusa.

—Cada mes te entregan unos frascos con medicina, tómala en lugar de esto.

—Ambas opciones joden mis riñones y mi hígado —hizo una mueca —. No me voy a drogar años enteros.

—Entonces no finjas ser valiente y hacer suponer a todos que afrontas esto a pecho, porque no es verdad —lo señalé con ira —. He leído los informes, no has avanzado en tus terapias desde hace seis meses.

—¡No puedes leer mis análisis!

—¡Claro que sí! —no me asustó que se levantase —. ¿Qué pasa si te ven bebiendo? ¿Sabes lo que le harán a la Liga?

—Nadie lo va a ver.

—Así como nadie debió ver el beso entre tú y Wayne, pero sucedió. No somos inmunes niño, y actualmente tú eres nuestro principal talón de Aquiles. ¿Quieres empeorarlo?

—¡Pues si es tanto problema me voy!

—¿Dónde? ¿A la calle? —me burlé —. Esa amenaza no tiene valor y tú lo sabes.

—¿De qué estás hablando?

—No eres el niño de hace cinco años, ya no serías capaz de sobrevivir por tu cuenta. O tal vez sí, Dios, eres tan terco que te largarías solo para demostrar que me equivoco —admití con frustración —. Mira, tu vida es un asco, lo entiendo, pero esta no es la solución —agité el licor.

—¿Crees que no lo sé? —gritó. Él tenía una gran garganta, Superman y el resto nos iban a oír —. ¿Qué quieres que haga? ¡Es la única forma de dormir libre de pesadillas que conozco!

—¡Búscate otra!

—¿Qué está pasando? —genial, Supes y los otros tocaban la puerta —. Oye, ¿por qué está llorando...? ¡¿Eso es ginebra?! —obvio, rayos X.

Billy no planeaba quedarse a discutirlo. El rayo de su transformación me encegueció lo suficiente para darle tiempo de irse. La sorpresa retuvo a los demás.

—¿Qué pasó? —los que no poseían gran velocidad llegaban corriendo por el pasillo.

—Lo atrapé bebiendo de nuevo —les mostré la botella.

Alguien murmuró una palabrota.

—Voy por él —nos avisó Superman yéndose a una velocidad en la que, tal vez, atraparía al Capitán.