Fawcett City, mi hermosa, y caótica, ciudad. La sobrevolé atento a cualquier irregularidad, pero el atardecer del sábado se mostraba tranquilo; bebí de esa calma aguardando al héroe que me fuese a seguir. Me acababa de meter en problemas reales con la Liga, el señor Wayne iba a estar terriblemente decepcionado.
De forma racional, yo entendía que lo que hice estuvo mal, pero... no fui capaz de aguantarme las ganas. No era raro que los pedófilos me diesen alcohol, ellos solo se interesaban en neutralizarme y callarme; no obstante, aprendí a base de experiencia que aquel método era estupendo para mutear el cerebro y los sueños fuertes. A largo plazo no era una técnica sana o ética, mas funcionaba en mis peores momentos.
—Billy —Superman, ¿cómo no? El puto boy scout moralista —. ¿Qué pasó allá arriba?
—Nada —mascullé viendo a mis pies. No pasamos desapercibidos; las cámaras de los celulares eran buenas, podrían obtener información de nuestra plática si permanecíamos tan bajo. Me elevé más, sintiendo que la paranoia del señor Wayne se me contagiaba.
—Di la verdad, hijo. ¿Tomaste ginebra? —pidió siguiéndome.
No me gustaba que él me llamase hijo.
—Un sorbo.
—La botella está por la mitad.
Crucé mis brazos defensivamente.
—La he tenido conmigo un tiempo, nunca me he emborrachado.
—Eso no lo hace correcto, Billy.
—No me llames así, estamos en público —ordené.
—Lo lamento —me miró con seriedad —. Pediré que te saquen de la Liga de la Justicia.
Descolgué la mandíbula, luego apreté los dientes.
—¡¿Por qué?! ¿No se puede cometer un error? —al bajar los brazos con fuerza, sentí la oleada de aire que causaría en Fawcett debido a mi super fuerza.
—Eres un niñito al que se le ha malcriado mucho —contestó —. Batman te acostumbró a no ponerte un freno y ahora te has descarriado.
—¡¿Malcriado?! ¡Trabajo tanto como ustedes! ¡Más qué tú! —grité —. Te he remplazado en cuatro reuniones de lo que va del año. ¡A mí no me llames malcriado!
Superman pareció replantear su argumento.
—¿No preferirías pasar más tiempo con tus amigos? —no respondí. ¿Amigos? ¿Otra vez ese argumento de mi edad? —. Hijo, quizá la presión de ser miembro de la Liga...
—¡Qué presión ni que nada! Yo he sido un alcohólico desde pequeño, la Liga no tiene que ver en eso. Ten testículos y di la verdad, tú no me quisiste en la Liga tras enterarte de mi edad.
—¡Nadie te quería aquí! —exclamó. Dolió y él pareció no notarlo —. Eres una responsabilidad en misiones, una carga constante.
Maldito granjero de mierda.
—¡¿Tú me estás llamando carga?! ¡Tengo la fuerza para matarte!
—Tu nivel de madurez...
—No te atrevas a hablar de madurez, tú rechazaste a Conner.
Fue su turno de explotar
—¡Eso es un tema distinto!
—¡No lo es! No puedes venir a hablar de madurez cuando a tu hijo no le diste ni la hora.
—¡No es igual Billy! ¡Él es como una violación!
—Y ese es un tema del que yo desconozco, obvio —dije con sarcasmo —. Acéptalo, idiota: ¡tú no eres un faro de moral! Finge que sí todo lo que quieras ante las cámaras, pero no lo eres. Eres tan débil como nosotros, tú también tienes malos días.
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—¿Qué pasó? —susurré impactado.
Desde los teléfonos lo transmitían, ¿era una pelea?
—Creí que Superman hablaría con él —comentó el Hombre Halcón —. ¿Por qué discuten?
—Billy estaba enojado, pero... él no es así —dijo Canario.
—Superman no es bueno con las situaciones de este tipo —agregó Flecha Verde.
Observé el monitor en silencio. Superman era un hombre... falso. Era un gran tipo, sí, pero no era ese hombre idóneo y amable que mostraban en internet. Él... él era humano, un hombre con defectos, especialmente su hábito perfeccionista crítico, con el que tan duro nos corregía a los novatos. Y Billy, él era distinto.
A ojos de fans, ambos eran igual de amables y gentiles, pero Superman, en su mente, era perfecto, de una forma no narcisista, que lo único que conseguía era ubicar la vara de moralidad en un puesto inalcanzable. El capitán era un niño, no, un hombre herido que conocía de cerca la fragilidad y la impotencia. Ahí radicaba la diferencia entre ese par: Superman creía que todos podíamos mejorar y pensaba que ocurriría con un chasquido de dedos, que no hacerlo era falta de voluntad; Billy comprendía lo difícil que era dar cada paso y lo extenuante que era la lucha contra uno mismo.
—¿Creen que se golpeen? —pregunté.
—No lo creo, Hombre Elástico. El Capitán respeta inmensamente a Superman.
Y Aquaman tuvo razón, no obstante, sí se golpearon. No se consideró la posibilidad de que fuese Superman quien atacase a Billy.
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Le dije que no me tocara. ¿Quién se creía para poner su mano en mi hombro?
—Vamos hijo, hablémoslo en la base —aunque soltó mi hombro, fue para sujetar mi codo. Le espanté el brazo con mi mano. El golpe retumbó —. No seas igualado Billy.
—No me toques —dije sílaba por sílaba —. No voy a ir a ningún lado contigo. Si tanto deseas que me sancionen, pide una reunión.
—¿Por qué eres tan terco? —gruñó —. No hay que llegar a una sanción, podemos resolverlo sin tanto alboroto. Ven conmigo y hablemos en privado.
Y me dio un empujoncito en la espalda.
¿Hablar en privado? ¿Tocarme? ¿Desairar mis argumentos de forma despectiva? El Capitán no podría sentir miedo, pero Billy sí, indiferentemente de la noción de que Superman no era un...
Vamos hijo, no hay necesidad de llamar a la matrona.
No llores, no duele tanto.
Eres un niño llorón.
Me alejé de Superman, traté de hacerlo, pero él insistió en sujetarme. Lo empujé tan fuerte que retrocedió.
—Vuelve a tocarme y te romperé la cara, Clark —le advertí.
—¡No uses mi nombre civil!
—¿Y tú si puedes usar el mío? El respeto es una calle de dos vías —le recordé manteniendo la calma —. Tócame otra vez y seré yo quien pida una sanción para ti.
—No seas infantil, nunca te haría daño —alegó y se acercó más a mí, invadiendo mi espacio vital —. Hay que llevarte a desintoxicación.
—Estoy bien —claro, él suponía que me iba a morir por oler una botella de ginebra —. No todos crecemos bebiendo leche de vaca, Kal-El. A algunos nos alimentan con whisky y cigarrillos.
—¡Solo cállate y obedece, niño! —y me sujetó la muñeca. Hasta ahí llegó mi decencia.
Fue un movimiento para alejarlo, de negarlo el señor Kent pediría el VAR. No, enserio, fue un golpe suave para nosotros dos, no tuvo por qué respondérmelo con un gancho al brazo. Lo bloqueé a tiempo, la sorpresa no anuló los reflejos que adquirí con el entrenamiento de Batman.
—Pisas terreno peligroso.
—Tú lo has pisado desde hace años —se alejó; lo vi, se preparaba para embestirme —. Acabemos con esto, Billy. Te quitaré la transformación y te llevaré a la Atalaya para que te saquen de la Liga.
—¿Puedo al menos saber el motivo? Porque tanta determinación prejuiciosa no puede ser solo por un shot de ginebra.
—No se debió ceder ante ti desde un principio. La Liga tiene normas.
—Di la verdad —lo reté sonriendo —. Tú y la Mujer Maravilla estáis confabulados contra mí desde hace un tiempo.
Joder, un dron. Capturamos la atención de la prensa.
—Eres un niño, tienes que acogerte a la ley e ir con servicios sociales. Supera tus miedos de una buena vez.
Cabrón.
—No eres más que un idiota, que bueno conocerte finalmente. Decidámoslo con el ganador —me alisté con las manos al frente para recibirlo —. Da el primer golpe —sí, porque no iba a someterme al escrutinio público iniciando el combate.
Nuestros comunicadores pitaron. Contesté, era el señor Wayne.
—Ustedes se llegan a pelear y los voy a suspender a los dos.
—Él me atacó desde un inicio —alegué.
—Bruce, le hablé por las buenas —exclamó. No supe si usaba su comunicador o solo le gritaba al mío y escuchaba lo dicho por nuestro «superior» —. No tienes idea de lo que hizo.
—Beber ginebra —por su tono, supe que rodó los ojos —. Horrible, sí boy scout, pero no es para que vayas a acosarlo. Dale un respiro al niño.
—¡¿Darle un respiro?! Según tú, ¿él puede seguir haciendo lo que se le da la gana? La mitad de nuestras reuniones son para crear escenarios donde lo ocultemos si se enteran de la verdad, ahora él viene y lo empeora. Acéptenlo, el mérito y sus poderes ya no son motivo para tenerlo dentro de la Liga.
¿Acaso el tipo no veía o escuchaba el motorcito del dron?
—¡Pero eso no lo decides tú! ¡Se puso en votación y se aceptó! Deja de tratarlo como a un niño cuando casi cada semana lo tienes de remplazo.
—Eres un puto hipócrita —le dije al kriptoniano —. Siempre es si te conviene, si te sirve. Hace tres meses fui al primero que llamaste con el asunto del volcán, pero como ahora soy demasiado riesgo me descartas.
—Agg, ni para qué discuto contigo Bruce, siempre estás de su lado. Le quitaré su transformación e iré a la base.
—¡Tú lo expones y yo te mato!
—¿Ves otra solución? Le dije que fuéramos y no se le dio la gana. De llevarlo, así como está, me la pasaré el viaje esquivado rayos.
—Déjelo ser, señor Wayne —pedí —. ¿No ve que él es un descerebrado? Viene a gritarme que soy un niño caprichoso y malcriado, pero exige que me comporte como un adulto responsable.
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Por supuesto, Clark era Clark.
—¿Cuál es su problema? —curioseó Dick, recostándose en una de las sillas de reuniones. Preciso el momento que eligieron para pelearse, en una reunión de Wayne Enterprise —. Entiendo que lo de la ginebra es malo, hay que hacer una reprimenda formal, pero todos conocemos su situación. La bebida no es... sorprendente.
—Pasa, hijo —hablé oyéndolos discutir; ni necesitaba el comunicador, se escuchaba desde el televisor —, que existen personas que creen que todo debe marchar de maravillas. Superman ha demostrado ser un pésimo padre y un terrible mentor, cree que todos son más débiles que él y no quiere lidiar con los miembros que puedan ser una carga. Mañana, ante una emergencia, querrá usar al Capitán y luego archivarlo en la vitrina de vidrio.
—... ¿y si los dejamos pelear? El Capitán tiene la fuerza para frenarle el paso, quizá así aprenda a agachar la cabeza.
—Es una pelea demasiado pareja, existe el riesgo de la pérdida de la transformación —miré de reojo a Lucius y a los otros CEO, atentos a la plática, pero esperando empezar nuestro asunto.
—El mayor temor es que se genere un miedo a lo delicado y frágil que puede ser el Capitán, pero venciendo a Superman...
Chasqueé los dedos.
—Si lo humilla y lo deja como un papanatas le tendrán miedo.
—Exacto.
Tomé el comunicador y cambié la órbita, ahora hablando solo con Billy.
—Provócalo y que te ataque.
—¿Qué? —su confusión fue palpable.
—Tienes mi permiso para defenderte. Véncelo, niño, pero que sea de la peor forma posible.
—¡Te oí Bruce!
Miré la imagen, el Capitán tenía una sonrisa divertida, Superman lucía indignado.
—Ok, señor Wayne.
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—Ya oíste al jefe —me reí.
—Nos arrepentiremos por esto los tres.
Y se me vino de frente.
—Dudo que yo lo haga —murmuré reteniéndolo sus puños con mis manos —. Si pierdo, no será por poco. Y si gano, joder.
Lo empujé y le coroné un golpe en la cara, genial. Él se defendió, pero, para su mal, lo mantuve a raya. A diferencia de mí, él no entrenaba; Superman se confiaba de su fuerza y de sus puños destruye planetas, yo me esforcé por aprender lucha, incluso le metí las patadas al asunto, a lo que él se distanció con una cara de limón.
El intercambio de puños no se hizo esperar. Atacando con furia y sevicia, Superman me tomó la delantera. Cada golpe se acompañaba de un estruendo que debía de estarse oyendo en Fawcett City. Oh no, dañamos el dron al chocar contra él.
—A las afueras —solicité. Superman vio la ciudad que nos observaba.
—Bueno.
Y aproveché su descuido y le clavé un puñetazo en la mandíbula riendo.
—En la dirección que rebote tu cabeza.
Me vio con enojo.
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Me reí fuertemente.
—Esto va a estar tan bueno —comenté indiferente de que la reunión de papá acababa de empezar. La pantalla continuaba trasmitiendo las noticias, pero solo las veía yo, con audífonos bluetooth para no interrumpir a los CEO.
—Le apuesto diez dólares al Capi. Continua, Lucius.
—Sí, señor Wayne.
Los periodistas no se demoraron en aparecer, pero las imágenes continuaban siendo borrosas. Con furgonetas y drones, los noticieros siguieron a los dos héroes.
—Desconocemos los motivos de la discusión que propinó la batalla entre dos de los más fuertes héroes de la Liga de la Justicia. En Washington, nuestro corresponsal con más información.
—Gracias, Mónica —apareció un tipo con el fondo del Salón de la Justicia —. Acabamos de hablar con Canario Negro, actual representante y líder de la Liga de la Justicia por voto unánime. A sus palabras, el inconveniente fue un asunto de trago.
Y pusieron la grabación de lo dicho por Canario.
—Se descubrió en las habitaciones del Capitán Maravilla una botella de ginebra, lo que es prohibido en las instalaciones de la Liga. Si bien el Capitán se hallaba en un horario libre de responsabilidades, no es ético beber en el Salón. Superman fue a confrontarlo, pero la plática abrió viejas rencillas entre ellos y deparó en una pelea física.
—Esta es la declaración de la Liga. Canario Negro se negó a explicar el significado de los fragmentos de la charla que obtuvimos, que tocó un extraño tema, servicios sociales; además de mencionar problemas internos en la Liga respecto a la permanencia del Capitán Maravilla, quien acusó a Superman de hipócrita y de confabularse con la Mujer Maravilla contra él.
La imagen se cortó; disculpándose con su compañero, pusieron la transmisión de la pelea, donde Superman estaba tratando de pulverizar a Billy.
Sí, esos golpes no lo dañaban, pero... era raro ver a Superman así.
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Me alejé. ¿Ese tipo estaba liberando tensiones conmigo? ¿Se estresó en la semana y me usó de saco de boxeo?
Se acabó la decencia, murmuré mentalmente.
Me tomó dos intentos, pero lo sujeté desde la espalda con una llave.
—Shazam —el grito de Superman al recibir en pleno pecho el rayo no me menguó —. Shazam.
Lo solté y le metí un golpe con mi antebrazo en su hombro. Entre el daño de la electricidad y mi fuerza, lo tumbé al suelo terroso de las afueras de la ciudad. Donde cayó, Superman hizo un cráter. Me detuve, aguardando a que él se irguiese. Era Superman, sí, pero él era vulnerable a la magia y dado que toda mi fuerza provenía de ella, pude dañarlo realmente, lo que no era mi intención.
—Maldito mocoso —lo oí escupir con ira. Subió la vista, yo le sonreí —. Te enseñaré a respetar a tus mayores.
—Que miedo —me burlé. Antes de permitirle subir, me le fui directo con un puño listo. El astuto hombre me sorprendió con su visión de calor; no pasé por alto que Superman arrancó un largo trozo de tela de su capa y la envolvió en su mano. ¿Lo herí? No, habría visto la sangre. Salvo el cabello desorganizado y un par de manchas negras donde le cayeron los rayos, no hubo muestras de heridas.
—No eres el único que le ha aprendido a Batman a tener cartas ocultas.
¿Qué?
Pero escapar de la visión de calor no era fácil porque, al provenir de unos ojos, esta te seguía, literalmente, con la mirada. De alguna forma, terminé en el suelo tratando de salir de ahí y de bloquear con mis manos lo peor de los dos rayos hirviendo.
Entre esto y el brillo rojo penetrante, me tomó completamente desprevenido la cosa negra que detecté muy tarde. Lo que fuese, me golpeó de lleno en el rostro y me bañó en corriente eléctrica, deshaciendo mi transformación.
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—¡No! —mi grito desgarrador alteró la reunión. Papá, atendiendo ambos eventos, miró fijamente la pantalla —. Perdió. Estamos jodidos.
—El Capitán Maravilla es... ¡es el niño Batson! —exclamó aterrada la periodista. Enfocaron los sucesos, oímos la conversación.
—Cabrón, ¡tenías un...! —Billy fue callado por Superman, que con su super velocidad envolvió el trozo roto de su capa en la boca del niño.
Se acabó, Billy perdió.
—Ya niño, gané —anunció alzándose en el aire un metro.
Pero el morenito, aguerrido como siempre, se arrancó el trozo de capa con unos ojos de loco que a mí me hubiesen espantado.
—¡¿Tú crees que necesito del Capitán?! —gritó a todo pulmón —. ¡Ese es el menor de tus problemas! ¡Yo también tengo cartas ocultas!
—Pero, ¿qué mierda? —susurré.
Billy... ¿cómo hizo eso?
—¿Desde cuándo puede acceder a las fuerzas en la Roca de la Eternidad? —preguntó papá. No hubo respuesta.
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La cara de horror de Superman no tenía precio. Las cicatrices de relámpago de mis brazos iluminaron cual árbol de navidad, destrozando mi saco y parte de mi camiseta. Abrí los brazos muy amplios; ya lo había ensayado antes, a los once, en el momento que el mago me concedió más poder una vez hablé con él.
Vivo de nuevo en la calle, estoy desprotegido y no puedo abusar del poder del Capitán para defenderme.
Te daré defensores entonces, Billy Batson.
De dentro de mi vientre, con un portal, salió el señor Tawky Tawny, un tigre de bengala hermoso y dotado con suficiente fuerza para rivalizar con Superman.
(Aclaraciones al final.)
—Pero, ¿qué...?
Kal-El no alcanzó a hablar, el señor Tawky Tawny se le lanzó directo a la cara con sus colmillos exhibiéndose.
—¡¿Te agrada?! —grité para que me oyera, aunque era innecesario —. Y viene en paquete con otros.
Uno a uno, surgieron las cinco figuras esclavas del Capitán Maravilla. Con mis mismos poderes, pero sin mi problemita de transformación, obedientes a mis ordenes, esa era mi máxima defensa... por ahora, claro.
Superman trató de protegerse lanzando al tigre lejos, pero este, antes de salir volando, logró lo impensable, lo inigualable: hizo sangrar a Superman. Y mis amigos lo agarraron a puñetazos; Superman lo intentó tomando del cabello a una de las figuras femeninas y estampándola contra uno de los chicos, pero no le sirvió de mucho, le ganaban en números.
Fue, en pocas palabras, una paliza donde Superman era empujado entre ellos sin delicadeza. Yo no iba a largar eso, daría el golpe final con mi ataque favorito.
Les silbé a las cinco figuras y al tigre como si fuesen perros. Volví a abrir los brazos y las cicatrices alumbraron, eran de diferentes colores, recordando a un relámpago. Me vi al espejo de la Roca de la Eternidad en su momento, así que supe lo que pasaba: mi rostro adquirió las cicatrices y el brillo; y la figura, de unos tres metros, del hechicero Shazam se paró detrás de mí. Era un juego de luces atemorizante que convocaba una tormenta eléctrica que yo manejaba a mi antojo.
Un relámpago en la espalda, con eso bastó. Superman cayó en el suelo generando otro cráter. Dos de los chicos con el atuendo del Capitán me lo trajeron y, dramáticamente, lo arrodillaron delante de mí. Una de las chicas lo tomó del cabello de su frente y lo obligó a mirarme.
—Suyo enteramente, Campeón de la Tierra.
—Billy, no me mates —suplicó Superman. Su frente sangraba, su boca igual, los moretones tomarían unos días en irse, las cicatrices de los dientes del tigre quizá fuesen permanentes, pero, sobre todo, en él quedaría la marca del pavor que le generé.
Gané. Con un desaire de mi brazo deshice todo: los héroes, los relámpagos, la figura del mago e incluso al señor Tawky Tawny.
Alcancé apenas a sujetar a Superman para que su cara no tocase el suelo.
—Tranquilo —dije —. Era ganarte, no matarte.
(Aclaraciones: no me agrada la familia Shazam, punto. Me parece lo más ridículo de la historia por un motivo que es muy claro de los comics: el mago Shazam aguardó MILENIOS para conseguir a una persona pura y buena (y digna), solo hallándola en Billy; no fue como en la película que estaba desesperado, no, él lo escogió muy cuidadosamente. Y, de golpe, por algún giro argumental sin fundamentos, al viejo ese le parece genial darle poderes a unos mocosos que Billy lleva conociendo unos días. ¿Dónde quedó el tanto esperar por el ser humano adecuado? ¿Y qué pasó con la culpa de haber elegido mal en el pasado y terminar creando a Black Adam? La familia Marvel es ilógica e idiota, diseñada para la mercadotecnia, pero es una opinión personal.
Para esta historia, ellos no existen, pero, como transformaciones con poderes similares a los de Billy, se darán a modo de defensa del niño cuando este no pueda acceder a sus poderes po motivo. El señor Tawky Tawny también es de la historia original, pero es más un tigre humanado que otra cosa. En la mini película animada de Billy y Superman se le da un poco más de relevancia y eso me agradó. De nuevo, en el fic, es una defensa de Billy, un protector. Logró dañar a Superman porque él tiene fuerza superior, como Lobo, salvo que al provenir su fuerza de la magia, sí puede dañar a los kriptonianos)
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Superman no pudo pararse solo y requirió una ambulancia, esa era una imagen que no se borraría jamás. La ONU se volvió loca, el internet casi explota por los aires y la Liga, uff, la Liga mantuvo una distancia de dos metros con Billy.
—Quiero mis diez dólares —le dije a mi hijo mayor saliendo de la mansión Wayne por el transbordador de su closet, quien rio y continuó leyendo en su computadora. Gracias al ojo del público sobre nosotros, quedamos de reunirnos en nuestra sala de juntas del Salón de la Justicia. Nos debíamos preparar para una demanda legal interpuesta por Naciones Unidas. Ahí sí no había forma de comprar a la gente con historias graciosas y bien fabricadas, tocaba responder ante tribunales.
Los abogados nos recibieron dentro del Salón de la Justicia, Billy estaba con ellos hablado con Canario.
—Señores, damas —saludé primero a los abogados y pasé a asentir a los miembros de la Liga.
—Esa raro estar aquí con esta forma —me comentó Billy en voz baja tras acercarse. Más que el estado de las demandas, aguardábamos a los resultados de los médicos que, en ese momento, cuidaban de Clark ahí mismo, en el Salón.
—Lo sé —era incómodo presentarme como Batman sin la capucha —, pero no tenemos remedio —le sonreí para que se tranquilizara —. Gran pelea, desconocía de esas ayudas extras.
—Me las dio el mago para proteger mi forma humana.
—Dile a ese mago que puede proteger una galaxia con esas fuerzas —añadió Hal; todos oían nuestra plática —. Casi matas a Superman.
Billy se encogió de hombros.
—Yo le avisé varias veces.
—¿Por qué no empezamos sin el parte médico? —sugirió un abogado —. Hay una demanda de las Naciones Unidas, una investigación internacional al respecto de quién o qué es Billy Joseph Batson, sin contar las demandas de negligencia, donde se comenta el consumo de licor por parte de un menor.
—¿Podemos negar lo de la ginebra? —curioseé acudiendo a mi asiento. Ocupamos nuestros puestos usuales, en las esquinas se hicieron los abogados con unas sillas que les trajeron. La silla de Superman permaneció vacía —. Decir que fue una excusa rápida que se nos ocurrió.
—En ningún momento el señor Superman y el señorito Batson mencionaron a la ginebra o a otra bebida, sus conversaciones no se prestaban para entenderse de tal forma. Es viable, pero debemos hallar la causa de la discusión.
—Mi edad —sugirió Billy apoyando los codos en la mesa —. Fue el tema central de la problemática. Justificando esta excusa, que me parece muy lógica para enseñar al público, se enlazan las demás cosas: lo de los servicios sociales, la actitud malcriada que alegó Superman, incluso la mención a la Mujer Maravilla.
Los abogados parpadearon antes de responderle, muy interesados en sostener una conversación política con un niñito.
—¿Y cómo inicia la discusión según usted, señor Batson?
El menor golpeteó la mesa con los dedos.
—Le falté el respeto a Superman en el entrenamiento de la tarde, me fui enojado a Fawcett City para ver el paisaje, es algo que suelo hacer y que se puede corroborar —ideó uniendo los puntos en su mente —. Él me siguió y en un inicio, aunque enojados, la conversación no fue violenta.
—¿Qué generó la agresión? ¿Un insulto?
—No, Superman me tocaba el brazo, me quería llevar a... traer, perdón —se mostró ligeramente inquieto al casi deslizarse en el tema de la Atalaya —. Me quería traer aquí y él, de forma inocente y sin malicia, me tocó el brazo, la muñeca y el hombro. Él y yo somos cercanos, bueno, diremos que lo somos, y antes no me había molestado su tacto amistoso, pero tuve un golpe de malos recuerdos y su insistencia a obligarme a hacer algo que no quería me enfadó, ahí inicia la pelea. ¿Suena lógico?
—Para mí sí —colaboré.
Algunos asintieron.
—¿Señores? —preguntó Aquaman.
—¿Estos enfados ocurren a menudo?
—Son un caso aislado —respondió —. Ocurrió hoy porque... ayuda —solicitó tras no idear algo.
—Porque debido a la presión del público, Superman y la Mujer Maravilla han insistido por semanas que se te remueva de la Liga —inventé —. Superman quiso aprovechar un comportamiento inadecuado para darte una suspensión y así disminuir el margen de posibilidades de que fueras descubierto. El asunto en realidad era injusto y dado que tú sabías que no se trataba de un mal comportamiento de tu parte, sino de un tema distinto, te enojaste.
—Y fue Kal-El quien inició el enfrentamiento físico. ¿Cómo se justifica?
Canario frunció el ceño.
—Atacó a un adolescente de 13 años, eso no se ve bien.
—No me vendas así —chasqueó la lengua con molestia el menor —. Superman jamás me habría atacado con esta forma, lo hizo porque confía en mis fuerzas para defenderme. De hecho, él lo mencionó, iba a traerme aquí a las malas, pero no podía hacerlo siendo yo el Capitán, porque lo habría golpeado con los rayos.
—Digamos que Superman pensaba que sería más fácil traerte con la boca vendada —Hal se encogió de hombros —. Continúa viéndose mal.
Niños buenos, recordé. Aquel era un discurso que ya había preparado, pero pensado para mis hijos. Con Billy encajaba.
—Solucionaré esto, hay...
—Disculpe, señor Wayne —me interrumpió uno de los abogados contestando su teléfono —. Sí... aquí... ¡¿ya?!... Ok.
—¿Sucede algo?
—Tres pediatras, dos psicólogos y una manada de abogados de Naciones Unidas están afuera del salón, tocando la puerta junto al señor presidente.
Mierda.
