Ser el pequeñito de la sala era una situación ligeramente humillante que yo insonorizaba de mi mente. A decir verdad, romperle la cara a Superman debió haberme vuelto una bola de orgullo desmedido, pero yo no era pretensioso ni creído por naturaleza, los cinco segundos de ensalzamiento se fueron al tener que llamar a la Liga para solicitar refuerzos y tratar, en vano, de ayudar a levantar a Kal-El. Ahora estaba frente a un montón de civiles que sí se las daban de la gran cosa, con mis pequeñas piernas colgando del asiento.

No, no era un chico orgulloso, pero tendría que fingirlo para lidiar con los buitres.

—... riesgos y sobreexposición al peligro.

—No se daña mi cuerpo una vez transformado —rebatí el argumento inicial de los abogados de las Naciones Unidas —. A pesar de que Superman me coronó unos golpes terribles, yo no sufrí ningún tipo de afectación.

—Billy, ¿te puedo llamar así? —pidió dulcemente una de las psicólogas. Eran tres pediatras mujeres y dos psicólogas mujeres, eso era o porque marzo continuaba o por un intento de hacerme sentir cómodo. Idiotas. Las mujeres eran capaces de generar el mismo daño que un hombre y, sin duda, violaban.

—No. Disculpe, pero no la conozco, por favor mantengamos las distancias.

Ella parpadeó y miró a sus compañeros en busca de ayuda.

—Creo que es más que entendible que Billy no se sienta muy a gusto con desconocidos.

—Es entendible si su historia es real —argumentó con cinismo uno de los abogados.

—Todo lo que el señor Wayne reveló es cierto, salvo una cosa. Jamás cacé a los pedófilos, la Liga se enteró de mí por la situación de hace tres años, cuando se creó el mundo de los adultos y el mundo de los niños. Fui quien coordinó al Equipo y a la Liga en un ataque en conjunto hacia los causantes de la distopía.

—Así es, la peculiaridad de la edad de Billy fue fundamental en aquella situación.

—Recuerdo el evento y, si mi memoria no falla, ustedes alegaron que un usuario mágico de la Liga conectó los dos grupos. ¿Mintieron en su declaración?

—No —respondí —. Mi poder viene de la magia. El rayo es una expresión del poder del mago que me concedió mis habilidades.

—Y este mago, ¿dónde se consigue?

Resoplé y la Liga me vio mal.

—Lo siento —reí —, pero es que ese tipo vive en una dimensión diferente, ¿cómo les escribo la dirección?

—Roca de la Eternidad, gire a la izquierda en el barranco —me siguió la cuerda el señor Wayne.

Hal, el Átomo y Flecha Verde se unieron a mi risa, los otros negaron con diversión.

—¿O sea que no es posible hallarlo? —pidió el presidente estúpidamente.

(Usaremos a Bush referencia visual, no soy capaz de imaginar a Trump de presidente sin que se me suelte la risa.)

—No. Si quiere más o menos darse una idea, señor presidente, el mago es la figura rara esa que se paró a mis espaldas en la pelea contra Superman.

—¿Y cómo se llama? —solicitó el abogado que inició la charla con su libreta lista para anotar.

—... no puedo decir su nombre.

—¿Por qué?

—Decirlo es traer al Capitán, es la forma en la que accedo a mis poderes, por eso Superman me vendó la boca. El mago se llama Shazam —el rayo los hizo echarse de para atrás con gritos. Mis pies tocaron el suelo, el gran cuerpo del Capi era más acorde a la silla en la que estaba yo sentado.

—En-entendido... sí —el hombre reorganizó sus papeles en un intento de calmarse —. Indiferentemente de sus fortalezas físicas —se aclaró la garganta y engrosó la voz, ya no sonando asustado. Repitió —. Indiferente de sus fortalezas físicas, el joven Billy Batson es colocado en riesgo por la Liga de la Justicia al permitir y fomentar que él se exponga a zonas peligrosas y a enemigos potenciales.

—Enemigos que no le tocan ni un cabello —replicó el Detective Marciano —. Ustedes tienen que entender que la figura del Capitán Maravilla remplaza el cuerpo de Billy, y este no sufre de ningún daño en las misiones y enfrentamientos.

—Una prueba es que él no se vio herido en su batalla contra Superman —añadió Canario.

—Para eso se encuentran las doctoras aquí presentes, para corroborar las lecciones del joven Batson. Em, ¿joven Batson? Si pudiera ser tan gentil de...

—¿Um? Ah, claro. Shazam —me crucé de brazos, manía mía —. Quiero que el señor Wayne esté presente en mi examen médico, en el cual me niego a quitarme algo más que mi camiseta.

—Lo siento, el examen físico es completo.

—Eso no va a ocurrir —le aseguré a la doctora —. No me gusta que me toquen los extraños.

—Tenemos los registros médicos y psicológicos de Billy, ¿no podemos entregar eso? —negoció Flash —. A él no le gusta que lo toquen, creo que hemos sido más que claros y repetitivos en ello.

—No, deben seguirse todos los conductos regulares. Además, el joven Batson será puesto bajo el cuidado de una casa de acogida que...

—¡De eso nada! —declaré sentándome con la espalda recta.

—Calma chico —me susurró el señor Wayne.

—Esta es mi casa, ¡no me iré de aquí!

0oOo0

Puse mi mano sobre la de él y entrelacé nuestros dedos.

—Prioridades, señores. El bienestar emocional de Billy pesa más, recuerden que es un niño de 13 años. Permítanos demostrar que Billy se halla a salvo y cuidado, sin ningún tipo de riesgo para su cuerpo humano, con horarios que le otorgan ocho horas de sueño, una alimentación ejemplar, educación en casa y un ambiente propicio para su desarrollo.

—¿Ocho horas de sueño? Sin ofender, pero eso es ridículo, señor Wayne.

—Haga la investigación —ofrecí —. Salvo emergencias muy puntuales, el Capitán Maravilla no ha sido visto después de las diez de la noche, exceptuando festivos y vacaciones. Tampoco se le ve en horario escolar, repito, con excepciones de verdadera emergencia. Billy no realiza patrullas de más de cuatro horas, aquí dentro él tiene responsabilidades de las que se encarga los martes por la tarde, dos horas, y los sábados tres horas.

—Desde que nos enteramos de su verdadera edad adaptamos todo a consecuencia —me continuó Canario. Billy me apretó los dedos sonriéndome con confianza —. Su horario incluye muchos juegos y lúdicas, quincenalmente lee un libro distinto, realiza ejercicio y practica diferentes actividades.

—¿Y cómo comprobamos semejante maravilla? —se mofó uno de las doctoras.

—Los registros, tanto públicos como nuestros. Podemos empezar por ahí y dejar para más tarde el examen físico. Realmente no ocultamos nada, Billy está en perfecto estado, de hecho, nos preocupa más Superman.

—¿Cómo está él?

—No hay parte médico aún.

Y fue decirlo para que el computador general pitara. Tornado Rojo se levantó a atender, nosotros permanecimos en silencio, expectantes a que fuese una notificación del hospital de la Liga.

—Una emergencia en Paris, Francia. Un incendio en una iglesia.

—¿Qué tan grande? Permiso —me excusé levantándome y soltando a Billy. Maldita sea, Tornado, habla completo —. ¡Es la catedral de Notre Dame! Equipo de respuesta inmediata 1, acuden ustedes.

Billy y Flash se levantaron. Una pediatra se abrió los ojos.

—No, no, no, él no puede ir —nos anunció un abogado.

—¿Es qué no escucha? Se está quemando un patrimonio universal —le gruñó Billy.

—Lo lamento, señores —intervino Canario —, pero Paris está muy lejos y ellos son los miembros más rápidos. Es una emergencia.

—Salen —ordené al dúo.

Flash corrió, Billy igual, pero a su paso de niño. Lo último que vimos de ellos fue el relámpago y el ondear de la capa del Capitán.

(Lo de Notre Dame es como por agregar una ubicación y un evento real, por favor obvien la diferencia horaria entre París y Washington, supongamos que ambos se encuentran de noche, solo que en Francia es un poco más temprano (el incendio empezó a las 6 p.m.).)

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Oh sorpresa, montar una fábrica de robots creados con basura requería de una inversión titánica. Sin mencionar las máquinas fundidoras, las que hicieran el ensamble, los empaques para entregar al perro robot y los moldes para el cuerpo, necesitábamos conseguir la basura adecuada.

Tratando de ser muy ecológico, consideré genial recogerla del mar y de las costas, especialmente la micro basura que se ocultaba entre la arena, pero solo éramos tres personas, gastaríamos horas y horas escarbando. Vi máquinas que hacían el trabajo, pero eran pequeñas; ¿recogían? Sí, mas nosotros no teníamos un día entero.

Alerta.

Ingresé a la notificación de la Liga por chismoso, porque daba igual que fuese, los miembros del Equipo no participábamos de aquellas misiones.

Me golpeó en el estómago ver una iglesia quemándose, especialmente Notre Dame, un icono de la historia y de la cultura. Al menos Flash y el Capitán podrían encargarse... un momento, ¿lo dejaron ir? Wow, papá sí era descarado. Semejante investigación por parte de Naciones Unidas y ellos sacando a Billy, ja, la Liga a veces estaba loca. Sí, eso yo no me lo perdía por nada. Puse las noticias francesas y me relajé a reírme de la conmoción humana.

—... continúan tratando de apagar el fuego. La Liga de la Justicia, en representación de Flash y el Capitán Maravilla, ha tomado el control de la emergencia. El Capitán acaba de ayudar a evacuar a los únicos tres heridos, un bombero y dos policías que, heroicamente, se internaron en un intento de alcanzar la parte superior de la catedral, de dónde se cree inició el fuego.

Las cámaras enfocaron a Flash corriendo alrededor de la base de la iglesia, en el interior, succionando el oxígeno que alimentaba el fuego. El Capitán, por su lado, iba y venía sacando las pinturas y los objetos más valiosos. Un miedito muy católico me recorrió: las manos de un laico no debían tocar los sacramentos, que Billy, bienintencionadamente, podría tratar de sacar.

—Contesta, contesta —murmuré llamando al Capitán con el comunicador. En la pantalla lo vi tocar el comunicador mientras dejaba en manos de policías La Corona, una de las reliquias más importantes de la catedral. Al ser la mayoría estatuas, se requeriría apagar el fuego para tenerlas completamente a salvo.

—Aquí el Capitán Maravilla.

—Capitán, es Nightwing. No puedes tocar el sagrario.

—¿Qué es eso?

—Es el frasquito donde guardan las hostias, la cosita redonda blanca. Tú no puedes tocar eso, solo puede hacerlo un cura.

—... Dick, esto es una emergencia, no hay tiempo para credos.

—Lo sé, lo sé, pero, ¿me podrías hacer el favor?

Billy suspiró.

—Está bien, averiguaré si hay algún sacerdote aquí.

—Gracias amigo.

En la pantalla vi que él se dirigía a los presentes. Las cámaras no perdieron tiempo en acercarse. Con un perfecto francés, Billy expuso mi punto.

—Me dijeron que hay algunos objetos que es mejor que solo los toque un cura, el sagrario o algo así.

—El cuerpo de Cristo, Capitán —le aclaró uno de los policías.

—Am, sí. Sé que no es lo adecuado, pero preferiría no faltar el respeto a esta religión. ¿Puede entrar un sacerdote a sacar el sagrario?

—Lo conseguiremos.

—Perfecto —un potente chasquido lo hizo mirar atrás, el fuego alcanzó la aguja de la catedral —. Ay no.

Se marchó a toda velocidad, volando alrededor de la aguja en un intento de succionar el oxígeno igual que Flash. Esa técnica funcionaría mínimamente, por eso Flash iba demorado, la succión generada por sus velocidades podría afectar la antigua infraestructura; el Capitán lo sabía y disminuyó lo más que pudo el fuego sin causar daños antes de ir a por una manguera de bombero, alcanzando una altura que para los civiles sería imposible de lograr.

—Actualmente desconocemos lo que causó el inicio del incendio, también si el Capitán Maravilla permanece a salvo tan cerca del fuego, considerando que es un niño.

Cómicamente, el Capitán los vio con indignación, lo que se notó a pesar de lo alejado que se hallaba. No obstante, con un profesionalismo ejemplar, el Capitán continuó con su trabajo, untándose de hollín. Tardó, pero el fuego se extinguió; mientras tanto, para mi absoluta paz, Flash escoltó a un cura de mediana edad al interior de la catedral; el dúo salió con el sagrario envuelto en un pañuelo blanco. Luego de eso, descuidé el asunto de la catedral: se publicó el parte médico.

«Superman se halla estable, pero inconsciente. Sufrió daño interno debido a los golpes y a la electricidad; él permanecerá en observación los próximos siete días.»

0oOo0

Pudo haber sido mil veces peor, la catedral alcanzó a no sufrir daños irreversibles. Para cuando el fuego estuvo completamente controlado, ya eran las once de la noche en Washington; sorpresivamente, los abogados continuaban reunidos con varios miembros de la Liga, añadiéndoles a estos nuestros propios abogados.

—Situación controlada —anunció Flash —. ¿Soy requerido aquí?

—No, Flash. Puedes irte, gracias.

—A ustedes. Hasta luego —me sonrió —. Suerte Billy.

—Gracias —mascullé encaminándome al grupo. Las pediatras se dispusieron a atenderme.

—¿Te heriste de alguna forma?

—¿Respiraste el humo?

—Necesitaremos un nebulizador.

—Cálmense —me quejé —. Miren este cuerpo repleto de hollín y escombros, ahora miren esto. Shazam... libre de manchas, como por arte de magia —abrí mis brazos fingiendo ser un mago barato, luego, borré mi falsa sonrisa y bajé mis extremidades —. Tengo hambre, ¿quedó cena?

—Sí, en la cocina —me señaló el Capitán Átomo.

Me balanceé en mis pies, dudando si acudir o centrarme en lo más importante.

—¿Iré a un hogar de acogida, murciélago?

—Estamos en eso, Billy. Tienes que presentar un examen físico y uno psicológico.

Los miré detenidamente, la Liga me esquivó.

—Maldita sea, me voy a tener que desnudar, ¿verdad?

Ellos asintieron apesadumbrados. Una de las doctoras sonrió con dulzura.

—Estarás con nosotras, serán dos minutos a lo mucho.

—Agh —descarté su consideración con mi brazo —. Misma mierda. Me iré a la cama después de la cena —les di la espalda sin despedirme.

—Les dije que no estaría feliz —comentó Aquaman.

Tomé el transbordador a la Atalaya furioso. No me tope a nadie en mi camino a la cocina, donde devoré una tonelada de puré de papas, espaguetis y pollo frito.

¿Cuándo dejaría yo de tener que quitarme la ropa ante adultos solo porque sí?

0oOo0

La alarma de mi teléfono me cachó despierto, pasé la noche revisando el caso con los abogados. Tres noticias circulaban en el internet: la paliza de Superman a manos de un niño, el cómo era posible que la Liga permitiese a un niño de ocho años entrar en sus filas y lo inconcebible que era que, después de semejante escándalo, apareciese un documento firmado por Jack Drake cediéndome la potestad de su hijo.

Demandas y demandas, fue un festín de abogados; sin embargo, la ONU fue firme: solo ellos podían demandar, ya que eran el ente regulador. Billy iba a ser despertado a las siete de la mañana, una hora más tarde de lo usual, y a las ocho sería conducido a una sala médica en el D.C. para sus dos exámenes, los cuales no pudimos retrasar ni alegando que era domingo.

Mentí diciéndoles a los abogados que tenía una maleta con ropa allí en el Salón; tomé el transbordador a casa para ducharme y cambiarme. Necesitaría maquillaje para las ojeras y gotas en los ojos, nada inusual allí. Preferí ser quien despertase a Billy, el niño debía estar furioso y sintiéndose traicionado, lo que más me molestaba. Antes de irme revisé a mis hijos, Dami dormía profundamente, Tim se acompañaba de Ace, Dick estaba entrenando.

—El amo Dick pidió menos calorías en sus alimentos —me contó Alfred en la cocina, ambos veíamos a mi hijo mayor desde la pantalla en la pared.

—Que no sea mucho, quiero que aumente su masa muscular.

—Espere a que su crecimiento termine, maestro Bruce.

—No será tanto —rebatí sus preocupaciones —. Una talla.

—Como mejor crea, maestro —cedió.

En la Atalaya me saludaron con cierta apatía, ninguno lucía contento con lo que ocurriría en esa mañana. Ingresé al cuarto de Billy, este me recibió con sus audífonos puestos, acostado y despierto.

—Hola amigo —saludé alegremente cerrando la puerta. La luz no la encendí —. ¿Despertaste solo?

—No dormí —admitió retirándose los audífonos.

Eso no era bueno.

—¿Insomnio?

—Sí... Canario canceló mi discurso del martes.

—Es por la suspensión.

—Ya, pero ¿no sería mejor que yo fuese? Mostrar que la Liga confía en mí.

—Confiamos en ti, pero no podemos permitir que dos miembros peleen y no se les administre una sanción. Tu punto es válido, aclararemos que no irás por la sanción, no por otro motivo, y se leerá el discurso que tú ya habías preparado. ¿Mejor?

Medio sonrió.

—Supongo.

—Encenderé la luz... lo bueno es que no eres de tener ojeras.

—No como usted —enseñó los dientes —. Si quiere de una vez échese rubor.

Fruncí el ceño.

—¿Se nota?

—No, pero me lo imaginé —se sentó en la cama y dejó atrás sus objetos —. Acompáñeme al baño, necesito terapia.

—¿A qué te...? ¡No hay manera, Billy Batson!

—Bueno, pero si tengo un ataque de pánico frente a esas doctoras, diré que fue por su culpa.

Era vil manipulación, mas la ignoré y lo seguí al baño. No fue fácil ni para él ni para mí, pero me sentí mejor por aceptar su petición; el Detective Marciano tenía razón, Billy actuaba tan confiado que olvidábamos lo profundo que era su trauma.

—Te han sentado bien las vitaminas —dije sentado en el inodoro —. Muéstrame tu espalda.

El niño entrecerró los ojos.

—No se lo tome tan enserio —de todas formas, me obedeció. Ya sus huesos no se veían, sus piernas no eran dos palos y su trasero se redondeó con músculo y grasa —. ¿Ellas van a tocarme?

—Palparan tus órganos y quizás quieran considerar tus cicatrices, no deberían necesitar algo más.

—Toque mi espalda.

Lo hice. Billy tensionó sus hombros y su columna, la cual traqueó. Pasé mis manos ásperas por su espalda hasta la mitad, subí masajeando la piel, llegué a los hombros y continué por los brazos, sujetando sus manos al acabar.

—¿Y?

—No voy a aguantar.

Mierda, estaba llorando.

—Necesitas hacerlo. Es tu supervivencia, cariño —lo giré. No me gustaba ver ese temor en su cara —. Eres el Campeón de la Tierra.

—¿Entonces por qué tengo miedo?

—Porque eres un niño muy bueno que no ha permitido que su corazón se endurezca. Sé fuerte, Billy.

0oOo0

Casi se podría decir que iba a mi funeral y la Liga me organizó una calle de honor para ello. Salir del Salón fue simple, requirió montarse en un automóvil blindado con vidrios opacos; conmigo venía el señor Wayne, Flash y Canario Negro, ella y el moreno de civiles. Mi silencio incomodó a los pasajeros del auto, esquivé todos los intentos de Dinah de hablarme y los del señor Wayne de sujetar mi mano. Era incorrecto sentirme traicionado, pero la Liga fue mi soporte al irme a París, imaginé que ellos serían capaces de proteger mis intereses. Por lo visto, tendría que fiarme más de mí mismo.

Parqueamos frente a un edificio gubernamental que debía estar cerrado para cualquiera que no se involucrase directamente con mi caso.

—Esperen un momento —nos indicó Flash bajando primero. Él rodeó el auto y se dirigió a las personas en la puerta de entrada, reconocí a las pediatras y a uno de los abogados.

—¿Qué están discutiendo? —lo que fuese, Flash señalaba nuestra posición indiferente de los periodistas, alegando contra la doctora. Ser considerado un héroe de la Liga invalidaba mi derecho como menor a no ser grabado o fotografiado.

—Te enseñé a leer los labios.

Me sonrojé.

—Es más difícil en esta forma —dije por excusa.

—Practica y resígnate a verlo en las grabaciones... ya.

El señor Allen nos abrió la puerta y, junto a los otros tres héroes, me rodeó bloqueando los flashes y las preguntas. En el interior, las psicólogas y pediatras sonrieron ampliamente; su comportamiento cálido no me impresionó, así siempre eran los miembros de los servicios sociales al estar en público, en privado mostraban sus verdaderos colores.

—Buenos días —saludé secamente; tampoco era un grosero.

—Hasta aquí —les indicaron los abogados a los tres adultos que me acompañaban —. El joven Batson pasa a estar bajo nuestro cuidado.

El señor Wayne me lo advirtió: te aislarán de nosotros, para poder acompañarte tendrás que pedirlo tú. Y aunque él me miró expectante a mi petición, cerré la boca y caminé con las doctoras por el pasillo.

—Va a ser rápido, Billy —intentó una de las médicas poniendo su mano en mi hombro. Se la sacudí con brusquedad.

Atrás, Canario y Flash suspiraron con cansancio. Los miré, fue doloroso y vergonzoso ver lo abatido que se veía el señor Wayne, no quise lastimarlo con mi silencio. Infantilmente, me devolví hasta los héroes corriendo.

—¡Billy!

—¡Joven Batson!

Ignoré a las ratas de los servicios sociales y al abogado. Rodeé con mis brazos la cintura del señor Wayne, lo único que alcanzaba de su inmenso cuerpo.

—No quiero hacer esto.

—Lo siento chico, es la ley.

—Pero estoy bien, nunca he salido herido en misiones. Usted siempre me cuida.

—Pero hay que demostrarlo, cariño. ¿Quieres que entre contigo?

—... no, igual no va a poder hacer mucho —lo solté.

Con una muy evidente molestia, gruñendo en voz baja y casi pateando el suelo, me devolví por el pasillo. Oí a Flash decir «se los advertí».

La sala médica en el segundo piso no me sorprendió, era una típica habitación creada para niños con animalitos en las paredes, un metro que se acompañaba por el cuello de una jirafa sonriente y que llegaba hasta el 150 cm, altura en la que ya nadie se podía considerar niño, pero que yo no superaba.

—Iniciaremos con unas preguntas, Billy.

—Llámeme por mi apellido, no la conozco.

Compartieron una mirada de desesperación. Otra de ellas, la rubia, tomó la palabra.

—Podemos presentarnos formalmente, no somos tus enemigos.

—No me tutee, mantengamos distancias —ocupé una silla plástica. Crucé mis piernas en la silla —. No me interesa saber sus nombres, porque espero nunca más volver a verlas. Empecemos.

Ellas se unieron a los suspiros cansados. Yo podía ser muy necio y estresante; claro, no era una actitud correcta, pero era la única que se me antojaba.

—Párese en la báscula.

Me midieron y me pesaron, tomaron mi temperatura, me preguntaron por alergias, golpes recientes, mis hábitos alimenticios y de sueño, procedieron a medir mi tensión y sacarme una muestra de sangre, con estos dos últimos procedimientos tuve que quitarme mi chaqueta, llamando su atención con mis cicatrices.

—¿Desde cuándo has tenido estas marcas?

—Desde los siete, al ser elegido para convertirme en el Capitán Maravilla.

—¿Quién te eligió? ¿El mago del que nos contaste?

—Sí señora.

—¿Duelen?

—No. La electricidad no me daña. Puedo meter mi mano en un balde con agua y corriente, no pasará nada, salvo que, si me quedo mucho tiempo, me transformo.

—¿Hiciste el experimento?

—Sí.

—¿Alguien te ayudó?

—No —obvio, creían que era cosa de la Liga —. Fue al mes de tener mis poderes.

—¿No pensaste que sería peligroso?

—Supongo que sí —me encogí de hombros —, pero... yo tenía ya un par de años viviendo en la calle y prostituyéndome. Mi vida no era algo que apreciaba.

Anotaron en sus libreticas.

—Quítate la ropa y túmbate en la camilla.

Practicar ese momento con el señor Wayne fue positivo, me condicionó mentalmente, no que fuese fácil, mas logré mi cometido de no llorar o mostrarme espantado. Con una frialdad y una calma que me enorgullecían, retiré mi camisa, mis pantalones, mis zapatos, medias y mi ropa interior.

—Puedes conservar los interiores si quieres —me ofrecieron.

—Ya me los quité —murmuré de mal genio. Me acosté en el mueble frío y me relajé viéndolas tocarme el abdomen y escuchar mi corazón. Algún día estudiaría enfermería para entender cómo funcionaba eso de saber la estabilidad de un órgano con solo presionar sobre este.

—Tienes muchas cicatrices.

—Me han golpeado mucho.

—¿Quiénes?

—Los tipos que me criaron, menos mi tío Dudley.

Ah, mi querido tío. Lo extrañaba a veces.

—¿Estás quemaduras...?

—Cigarrillos. El resto son de navajas y dientes, la de mi tobillo fue la mordida de un perro. La cosa esa rara en mi miembro fue el patético intento de un pedófilo caníbal de arrancarme el pene de un mordisco.

Las asusté. El examen fue llano desde ese punto, contesté sí o no, me vestí y el asunto terminó. Al salir me sentí como en los días de evaluaciones, cuando tocaba matemáticas y sociales el mismo día; estudiaba y me preparaba tanto para matemáticas que al culminar los ejercicios recordaba que no tenía la más mínima idea de los mapas y ríos.

¿Qué iba a decir ante las psicólogas?

—¿Puedo ir al baño? —pedí al quinteto de doctoras, que aguardaban su cambio de papeles.

—Claro. Queda al final del pasillo. ¿Lo acompañamos?

—No.

Encerrado, saqué mi celular y mis mini audífonos blancos. Escribí mi nombre en el buscador, de tercera opción en los videos apareció la conversación que Flash sostuvo antes de que yo bajara del auto; me pareció poco allá en el coche, pero fueron más de cuatro minutos. Las cámaras lograron obtener el dialogo. No me agradó el título del video: Billy Batson, fuerte advertencia de Flash.

—Buenos días—inició Flash.

—Buenos días. ¿Y Billy?

—En el auto. Quiero que midan bien sus palabras, porque viene muy enojado.

—¿El niño? Entendemos que esté asustado, pero...

—No. Escúcheme muy bien —le espetó a la doctora. Con su máscara, el enojo se le pronunciaba —. Hablamos de un niño que ha sido denigrado desde que tiene uso de razón, lo han humillado y lo han violado. Justo ahora, él viene en camino a que le repitan la misma experiencia.

—¡Nosotros jamás...!

—¡Lo sé! ¡Maldita sea! ¡Somos adultos, lo sabemos! Y él lo sabe, pero no se siente a salvo. Está jodidamente furioso porque la Liga permita que le hagan esto. Midan lo que van a decirle, mantengan las distancias y no lo toquen más de lo necesario. No se busquen que él se sienta intimidado o agredido.

—¿Insinúa que es peligroso? —preguntó el abogado.

Flash abrió la boca con sorpresa.

—¡Pues claro qué es peligroso! ¡Superman aún no despierta! ¡¿Qué le dice eso?!

—¿Billy es agresivo?

—Billy es un amor, pero es un niño que en este momento está aterrado y a un paso de un ataque de pánico. Él puede matarnos a todos, no lo olviden.

—¿Es inestable?

—¡¿Es qué no entienden?! ¡Tiene miedo! —y sacudió su cabeza en un intento de bajarle al tono —. Billy es uno de los que llamamos Super Niños, desde el Robin pequeñito hasta él, son mocosos que por azares del destino o entrenamiento han adquirido habilidades casi sobrehumanas o metahumanas. Son niños con diferentes tipos de carácter, en general infantes muy alegres y nobles, pero que no dejan de ser peligrosos. Un mal movimiento, una rabieta o un ataque de ira pueden provocar un accidente terrible.

—¡Ellos son un alto riesgo en las escuelas! —exclamó la doctora.

—No, no lo son. ¿Sabe por qué? Porque se sienten seguros, protegidos. Entienden sus fuerzas y se contienen por respeto a la vida humana y animal, pero, no importa si es un Super Niño, uno normal o un adulto, incluso un bebé, el estrés y el miedo generan reacciones violentas. Billy ya está asustadísimo, y como cualquier infante lo está disfrazando con ira. Mídanse, pocas palabras, no le digan que no dolerá o que será rápido, porque para él no lo va a ser. A Billy le han hecho exámenes de todo tipo desde los diez años, está harto de esto, conoce todas las estrategias. No lo traten como a un bebé ni como a un niño perdido, porque es un mocoso extremadamente inteligente y no gusta ser subestimado.

—Este es el problema de la Liga —acusó la psicóloga —. Tratan a niños y adolescentes como adultos.

—Nadie lo trata como un adulto, la mayor parte del tiempo él está jugando, pero entiendan que no es un niño normal. Con su historia, no se puede ser normal. Es un pequeño herido por el mundo con la fuerza para volar en mil pedazos este planeta. Voy a traerlo y ustedes no van a decir una estupidez que le reviva sus años de abuso, porque si es así, el niño va a explotar, va a aparecer ese puto tigre y les juro que no hay forma de contener a ninguno de los dos.

El resto del video era Flash corriendo con su super velocidad al auto y yo bajando. Los camarógrafos se las ingeniaron para enfocar mi rostro, lucía tan apático y furioso con mis puños apretados que me asusté.