Hola.
SpookyG:
Ah no, que chimba. ¡Le da pereza a la niña! Jajajaja, y uno que vive por los comentarios. A ver le explico:
Han caído: la Batifamilia, el Equipo, Hal Jordan (el secreto no se guardó, hay una parte donde a él lo rodean camarógrafos frente a su trabajo), Canario Negro y... creo que nadie más, no recuerdo. Ah, Billy, claro. Prontos a caer, Oliver Queen, pero eso ya no cupo en este capítulo, así que tocó en el siguiente. Lo del Pov, si quieren, puedo agregar al inicio de quién se trata, aunque generalmente yo dejo pistas. Ahí donde usted menciona el pov era de Barry. Una pregunta, ¿por qué los sótanos del infierno?
De una vez aviso, esta historia va a tener unos 50 capítulos, o sea que ya empezó a cerrarse. Alerta spoiler: ¡se viene una pelea!
0oOo0
—Unirse a tu amigo en una empresa suena arriesgado, hijo.
Luthor no perdió tiempo en recordarme lo obvio sirviendo café para los dos desde una tetera de plata finísima. Dormir en su penthouse de Metrópolis se convertía, de un tiempo para acá, en una costumbre bienvenida y aceptada por mí.
—Su nombre está por el suelo —con tenedor y cuchillo tomé algo de huevos revueltos y lo puse en mi boca.
—Lo descubriremos en breve, Kon-El. No te apresures a realizar conjeturas.
En breve quien apareció fue Merci cargada de una pila de periódicos y revistas. Si bien yo era de preferir el método tecnológico, no era mi casa; además, con papel nos ahorrábamos el verificar fuentes y procedencias. Planeta fue firme, era un escándalo que lucía muy verídico, pero sin pruebas no pasaba de especulaciones maliciosas que debían ser comprobadas. Gotham News empleó una encuesta hecha a las prisas que mostraban una aceptación parcial de los habitantes de la ciudad, que tildaron a Dick de irresponsable, pero no de terrorista. New York Times lucía impactada por la poca negativa que obtuvo el nombre de Dick dentro de las fronteras de Gotham y Blüdhaven. Las revistas no eran distintas.
—Paso uno, hijo, periódicos reales, no blogueros —me explicó Luthor alcanzando el control de la televisión de la cocina, donde tomábamos el desayuno —. Paso dos, CNN.
«Se trató hasta el hastío, pero ningún juez quiso firmar una orden de allanamiento para las posesiones de Richard Grayson, ni en Gotham ni en otra ciudad.»
«Carmen, francamente, nadie quiere que Wayne lo tenga como un enemigo. Yo, en lo personal, viví por años en Gotham, allá todos se tapan con la misma cobija, no se sorprendan si los mismos funcionarios son quienes ponen trabas para un proceso legal.»
«¡Porque Wayne los compra!»
«Para nada, es lo más increíble de esto: el mundo entero puede querer fusilarlo, mas a Batman su ciudad lo defiende. Wayne pudo haber fingido ser un idiota, pero no lo es en absoluto. Él supo usar la falta de control del Guasón para propulsar su propio nombre. Aunque duras y estrictas, las reglas de Batman tranquilizan a la población, ellos no van a perder el estado quo que han conseguido.»
«¿Y Naciones Unidas?»
«Ellos intervienen si esto afecta a la Liga, pero al no ser más que un rumor sin pruebas, ellos no pueden sino recomendar un proceso judicial.»
—La ONU jamás ha servido para la gran cosa —añadió Luthor —. Basta con ver que ordenaron que Batson volviese a una escuela pública.
—La gente no piensa a veces, ciertamente Billy requiere interacción social, pero no es algo a lo que pueda aspirar siendo reconocido como un miembro de la Liga de la Justicia. Nosotros los mayores apenas soportamos el acoso escolar.
—Pronto finalizará —me consoló Luthor bajándole volumen al televisor para proceder a untar de mantequilla una tostada. En la televisión avisaron que el sujeto que acusó a Dick de conspirar con Capucha Roja estaba desaparecido —. Espero que no pase nada si faltas el primer periodo.
—Yo también —le sonreí y él me devolvió el gesto.
—Aunque la ley no acose a tu amigo, lo cierto es que tuviste razón: internacionalmente su nombre está por el suelo.
0oOo0
—¡¿Te volviste loco?! —lo bueno era que estaba en la ducha y nadie más me oiría regañar a Jason.
—Teníamos que saber, toca a las malas Dick —masculló sin dejar de masticar... lo que fuese. La pantallita en mi ducha fungía perfectamente como teléfono, así yo recibía llamadas incluso masturbándome bajo el rocío del agua —. Está bien amarradito a una silla con un pañuelo untado en jabón y gasolina cubriéndole el rostro, por la forma en que llora hablará en cuestión de segundos.
—Felicitaciones —murmuré apretando la base de mi pene —. ¿Te vio el rostro? ¿Sabe que eres tú?
—No, pero por la índole de las preguntas dudo que no lo adivine. Habrá que matarlo.
Solté mis testículos.
—Deja de matar gente, Jason.
—Hay ocasiones en las que toca, hermanito —lo sentí sonreír, su tono empleado era amable y cariñoso —. No te alarmes, sé que tú y papá jamás se untarían con sangre, para eso estoy yo... ¿te la estás jalando?
—Oye, ya estaba con esto cuando me llamaste —me excusé débilmente. Era una sensación agradable el desliz de mi mano sobre mi excitación.
—¡Qué vida! Yo aquí trabajando y tú masturbándote —se rió, pero, de golpe, se detuvo.
—¿Capucha?
—¿Crees qué...? Olvídalo, mataría tu pobre erección. Te cuento aquí. Ven apenas termines.
—Ok —justo en ese momento mi cabeza no razonaba, estaba cerca, jodidamente cerca.
0oOo0
No, Dick me habría degollado por arruinarle su paja al contarle lo que planeaba hacer. Yo estaba a solas con el imbécil de lengua larga en un sitio especial para torturas, baldío y lejano; mis subordinados no andaban por ahí, ninguno tenía por qué aparecerse, pues les ordené que se fueran.
Quedábamos el tipo, Darwin, y yo en esa gran sala de tenue luz y botellas vacías. ¿Qué mejor momento para comprobar mis sospechas?
Retiré el pañuelo envenenado con gasolina y detergente del rostro del tipo. Hermoso no era, los ojos ya los tenía rojos, la boca agrietada y la nariz mocosa, una reacción en contra del olor penetrante. No era posible que él pudiese identificar con quien trataba, no en ese estado y sin lámparas encendidas, la mañana lluviosa no le colaboró.
—Tengo dinero —ofreció con pánico.
—Ahórratelo —dije sacando, sonoramente, mi arma. Darwin, sujeto con plástico a una silla metálica, se estremeció. Acaricié su rostro moreno con la boca de mi arma, obligándolo a mirarme.
—Ca-capucha Roja.
—¿Creías que hablarías mal de mí y de Nightwing y saldrías vivo? No mi amigo, lo que hiciste fue escribir tu sentencia de muerte —bajé el arma por su mejilla; era emocionante tenerlo así a mi merced —. Tienes tres opciones: colaborar, obedecer y morir de dos tiros en la cabeza, sin sufrimiento; colaborar y no obedecer, morirás a puñaladas, lo que es muy doloroso, pero rápido; no colaborar y no obedecer, las ratas comerán por días tu carne quemada mientras agonizas.
—¡Colaboro! ¡Colaboro!
—¿Quién te dijo lo que sucedió dentro de la mansión Wayne? Por cierto, Wayne no es campesino, respeta el título de esa vivienda, no es una casa.
—Yo... tengo un conocido en servicios sociales.
—¿Rebecca Miller?
—No.
—¿Quién? Recuerda lo que pasa si no colaboras —para dar realismo, saqué de mi bolsillo mi puñal favorito.
—¡No, no! ¡Fue su novio! Él sospechaba que ella lo engañaba, pero pasaba todo el día en la casa... en la mansión de Wayne. El cabrón la golpeó hace dos días, la hizo confesar lo que pasaba y me lo contó.
—Eso explica conocer lo de Dick follándosela, ¿y el resto?
—Ella también, él la obligó a contar cada detalle, entre nosotros unimos las partes.
Habría que buscar a Rebecca y asegurarse de que continuase con vida.
—Muy bien, espero que hallas dicho la verdad.
—¡Déjeme ir, por favor!
—Tú ya probaste tener una lengua demasiado larga —y le vamos a dar un mejor uso.
—Me callaré.
—Nah. Ahora, falta la parte de la obediencia —sin consideración, golpeé su cráneo con la culata de la pistola, así lo atontaría. Guardé el puñal y me solté el cinturón —. Vas a hacer que me sienta muy bien o desearás que sean las ratas quienes acaben contigo.
—¿Qué? —mi pene tan cerca de su boca lo sorprendió —. Yo no...
Solté el seguro del arma y jalé la corredera, listo para disparar. El sonido del metal lo calló. Imbécil, de querer que sufriera no usaría pistola, pero él no lo intuyó, en su mente pequeña y estúpida no le quedaba de otra que chupármela.
0oOo0
Quienes por su valerosa conducta se convirtieron en príncipes...
—¡Billy!
Por poco caigo de mi asiento del susto. La maestra de francés me miró ceñuda desde la mitad del pasillito formado por los asientos en el aula. Mis compañeros rieron al pillarme infraganti.
—¿Sí?
—¿Qué mandé a leer, Billy?
—El texto de los pasados simples —respondí.
—Que obviamente no es lo que lees —dijo con ironía colocando sus manos en su cadera —. ¿Por qué no nos ilustras en voz alta con un fragmento del libro que tanto te cautivó?
Me sonrojé humillado.
Suspirando, saqué de debajo del libro de francés mi tomo de El Príncipe, de Maquiavelo.
—Quienes por su...
—No, no —agitó su dedo —. En francés.
Se volvieron a reír. Mi nuevo guardaespaldas, en la entrada del salón, me dedicó una sonrisa apenada.
—Ceux qui par leur digne conduite sont devenus princes, comme ces hommes, acquièrent difficilement la principauté, mais peuvent facilement la garder. (Quienes por su valiosa conducta se convirtieron en príncipes, como aquellos hombres, adquieren el principado con dificultades, pero pueden conservarlo con facilidad.)
Miré a la profesora, ella tenía el interrogante escrito en sus facciones.
—Sigue.
Mis compañeros ya no se reían o murmuraban, quedaron en un silencio de sepulcro.
—Les difficultés proviennent en partie des nouvelles lois et coutumes qu'ils sont obligés de mettre en œuvre pour établir leur gouvernement et leur sécurité. (Las dificultades nacen en parte de las nuevas leyes y costumbres que se ven obligados a implantar para establecer su gobierno y su seguridad.)
—Para —ordenó avanzando a mi pupitre —. ¿Por qué estás leyendo un libro sobre política escrito como en 1400?
—Se escribió en 1513 —la corregí suavemente —. Yo... me aburrí.
Ella suspiró y apretó el puente de su nariz.
—Dámelo, te lo devolveré al final de la clase —fastidiado dejé que lo tomara —. Tienes un texto ahí para leer.
—Es que es muy fácil y tonto.
—Pues... ¡Billy! —pero no me regañaba, sino que, asombrada, ojeó el tomo —. ¡Esto está en italiano!
Mis orejas se calentaron.
—Sí, fue escrito por un florentino. Es la versión original.
—¿Lo leíste en italiano y lo tradujiste al francés a primera vista?
—... ¿sí?
—¿Dónde aprendiste italiano?
—Viví en Italia unos meses a los siete —me justifiqué —. Lo siento, profesora, leeré el libro de la clase.
—No, espera —me interrumpió dubitativamente —. Billy, aunque sepas un idioma... El Príncipe es un libro de política redactado en la época del Renacimiento, ¿comprendes siquiera lo que esto dice?
—Bueno, sí. Maquiavelo está hablando de la forma en como una persona virtuosa llega al poder, usa a Moisés en los ejemplos; y añade que un pueblo tomado por una persona públicamente irreprochable no le dará dificultades a este en su camino al poder, el problema va a ser después porque... la imagen que proyecta un líder en la carrera a la cima es una, después es otra, funciona así, y a la gente no le gusta el cambio, menos si hay imposiciones nuevas. Entonces entra a jugar la frase de Napoleón: promete mucho y no cumplas nada —me callé porque ella me miraba con la boca abierta —. ¿Qué?
—Solo... solo trata de mantenerte enfocado en la clase, Billy.
—Sí señora —ella empezaba a alejarse cuando mi teléfono de la pierna izquierda decidió pitar.
—Siléncialo, Billy.
Tenso, hice un amague de levantarme del pupitre.
—Está en silencio, es una alerta de seguridad de la Liga —¿un robo? No, algo mayor. ¿Un villano? —. Ah —me relajé devolviéndome al asiento.
—¿Hay de qué preocuparse? —pidió con cierto temor.
—Ustedes no, es un asunto... da igual, no importa.
Me mantuve callado al respecto, mas luego se enterarían. Superman despertó.
0oOo0
Me sentí supremamente orgulloso de mis chicos, para cuando Dick se apareció por el edificio abandonado donde yo interrogaba a Darwin, mi gente ya había trasteado con el novio de Rebecca, Charles, rompiendo un récord de tiempo.
—Am, hola.
—No te sientas tímido —me burlé de lo precavido que actuó Dick ante la presencia de Vico y Steven, dos de mis matones —. Caballeros, les presento al hijo del hijo favorito de esta ciudad.
—Cierra la boca —gruñó mi hermano acercándoseme —. ¿Por qué me citaste con gente?
—Ellos ya se van, estaban trayendo al cómplice de Darwin —señalé al tipo de las preguntas en el Walmart, que volvía a tener el pañuelo en el rostro —. Gracias muchachos —dije amistosamente.
—Seguro —ellos tampoco iban muy cómodos con eso de pararse junto al héroe —. ¿Necesitas algo más?
—No, gracias. Los llamaré en la tarde para arrojar los cuerpos al río... no me mires así, Dick. Tiene que hacerse.
—No me siento muy a gusto viéndote dispararle a la gente. Hasta luego —claro, el tonto no olvidaba los modales de Alfred.
—Mmm, hasta luego —murmuró Vico seguido de Marcos.
No hablamos sino hasta un rato después de oír sus pasos desaparecer.
—¿Les sacaste la historia?
—Sí —a solas con dos futuros cadáveres, no vi problema en quitarme mi casco y reorganizarme el cabello —. Tu amiga Rebecca habló, pero porque la obligaron.
—¡Era una puta!
—Sí, él la obligó —señalé al gritón amarrado a una segunda silla.
—¿La golpearon? —Dick sonó furioso. Eso era algo que él le había aprendido al murciélago: cuidar como caballero a las mujeres con las que se retiraba a rincones oscuros. Dick y Bruce eran capaces de dejar inválido a alguien por defender el honor de una de sus conquistas, especialmente si era una mujer secreta, como Bárbara con Bruce.
—Repite la historia, Darwin —le quité el pañuelo del rostro. Mi semen, seco, lo tenía esparcido por el rostro.
—Él la golpeó porque sospechó que... —parpadeó al verme sin casco, la luz ya era lo suficiente para que se detallaran mi rostro —. Se dio cuenta que lo estaba engañando, así que le pegó hasta que habló.
Dick apretó los puños. Él se le fue directo al segundo tipo, Charles.
—¿Dónde está Rebecca?
—¿Qué te importa?
El puñetazo de Dick en el rostro del tipo resonó.
—¡¿Dónde está?!
—...
Muy a su estilo, me burlé comparando a Dick con Batman. Apretándole la ingle con ira, Charles cantó a lo soprano.
—¡En su trabajo! ¡Suéltame!... agh, esa mierda duele.
Dick sacudió con una mueca su mano.
—Batman tiene razón, tengo que aprender a torturar gente —comentó.
—¿Quieres que lo haga yo? —ofrecí.
Con mofa, me señaló a Charles.
—Por favor, gran maestro del interrogatorio.
Me reí.
—Alumnito querido, lo primero es irse a los extremos del cuerpo —pisé el dedo gordo del pie de Charles —. Parece algo infantil, pero da resultado.
—Ja, ja, ja cállate y hazlos hablar.
Lo hice. Le introduje a Charles mi navaja debajo de la uña de su índice y, antes de lograr arrancársela, él desvarió sin pena ni gloria.
—Le metí una putiza, le di sin cansancio, la perra me contó todo y con Darwin le pusimos lógica.
—¿Alguien más sabe?
—No, nadie. Yo no imaginé que él iba a encarar a Grayson.
—¿Dick?
Mi hermano miraba con sospecha el rostro aterrorizado de Darwin.
—¿Qué tiene en las mejillas?
—Semen —sonreí ante su cara de asco.
—¡Jason! —procedió a jadear, asombrado de su desliz. Los dos futuros cadáveres me miraron, les enseñé mis dientes —. Lo siento.
—Relájate, ellos ya tienen una bala con su nombre.
—¿Jason? ¿Jason Todd? Pero tú estás muerto, el Guasón te mató.
—Lo hizo, es una larga historia familiar.
Darwin vio entre nosotros con horror.
—Les diremos a todos, son unos criminales.
—Por esa actitud tan parlanchina es que tienes los minutos contados —le recordé.
0oOo0
Sinceramente, no quería ver una ejecución doble.
—¿Puedo irme?
—No seas niña, solo mira a otro lado.
Jason, en lugar de disparar, se me acercó sonriendo. De verdad, prefería que hubiese mantenido las distancias. ¿A mi hermano se la chupó un hombre? Agh, que asco.
—¿Te pusiste un condón siquiera?
—Hay que arriesgarse en esta vida.
—Jason —me quejé. Mi hermanito, sin ser indiferente de mis sentimientos, me sonrió con culpa y me abrió los brazos. Negando con la cabeza, le di un abrazo a medias que luego completé. Pues sí, era sucio y asqueroso, pero era mi hermano.
—Par de maricas.
—Ignóralo —me susurró Jason al oído; yo llegaba apenas a su cuello, él era altísimo —. Este es el muchacho más viril y recto que van a encontrar, señores —les anunció soltándome un lado. Me gustaban los abrazos, podía quedarme ahí un buen rato sin que Jason me empujara lejos porque... bueno, a los niños heridos en la infancia les agradaban las muestras de cariño. Era una sensación cálida en el pecho que nos afloraba una actitud infantil muy propia de nuestros traumas —. Ven —me giró para que, sin dejar de abrazarlo, me diese la vuelta —. No es necesario que observes esto, hermanito. Sé cuánto te asusta ver morir gente.
Me apretó con un solo brazo alrededor de mis hombros conforme jaló el gatillo, fueron cuatro tiros, el inicial me tensionó. Los sicarios experimentados no daban al pecho, a menos que quisieran hacer sufrir o dejar sobrevivientes. En un asesinato directo, sin miedos, eran dos tiros en la frente, uno en el centro y otro a un costado; no en el rostro, sino en la frente, un poco más arriba del vulgar dicho «entre ceja y ceja».
(Vi una entrevista de alias Popeye, el sicario personal de Pablo Escobar; ahí él explica sobre la forma adecuada para disparar en el sicariato, así que me baso en lo que él dice. Si ese tipo no sabe matar gente, nadie sabe.)
—¿Ya?
—Ya pequeño.
Era gracioso, porque yo era el mayor, quien debía cuidarlo a él, pero muchas veces Jason fue quien me protegió de los chicos maliciosos en la escuela, de los enojos de Bruce y de lo más crudo de la calle. Con mis hermanos menores yo era ese pilar inamovible en el que se apoyarían siempre, y si bien Jason me usaba de soporte para los asuntos personales, para lo violento y cruel él era el cimiento al que yo me aferraba.
0oOo0
La cafetería fue un hervidero natural de chismes y comentarios. Como la novedad del lugar, recibí miradas de los cuatro puntos cardinales; caminar por los pasillos sin mis audífonos era una experiencia que no planeaba conocer íntimamente. En la cafetería tampoco me los retiré, así, con la música no tan alta, pero no tan baja, me acomodé en una mesa vacía al fondo con uno de los escoltas.
—¿Alguien se va a sentar con nosotros, señor Batson?
—Nadie.
Extraje de mi mochila recipientes de plástico cerrados al vacío. Yo empacaba tres de esos, uno con arroz y verduras, en el otro alguna carne a la plancha y en el tercero una sopa de fideos. Mi alimentación era muy completa, yo esperaba que eso fuese más que suficiente para aumentar mi estatura; al menos, ya no estaba en mis huesos, el ejercicio con el señor Queen y el señor Wayne me ayudó demasiado.
—Hey, Batson.
Agh, hasta ahí llegó mi plácido almuerzo.
—¿Qué quieres, Johnson? —me bajé los audífonos —. Oh, tu nariz se recuperó.
El idiota se sonrojó y apretó los dientes. El chico de color a su lado me veía con inquietud. Su apellido era Suarez, pero no recordaba el nombre porque no iba en mi clase.
—Vengo por mi revancha.
—Viejo, piénsalo —le pidió Suarez —. Acabó con Superman.
Pero Johnson no pensaba en nada, estaba enceguecido por su dignidad de «matoncito» aplastada por el raro de la clase.
—Un uno a uno, me parece bien —alcé mis manos —. Sin magia y sin ayudas. Solos dos mocosos peleando.
Johnson sonrió salvajemente. Yo lo miré con confianza, ese pobre idiota no entendía en que lío se metía conmigo.
—¿Cuándo y dónde?
—¿Qué tal la hora libre después del almuerzo?
—Muy bien. Voy a matarte, Batson.
—¿Por qué no existirán amenazas más imaginativas? —me burlé. Corriéndose la voz de la pelea, Johnson y Suarez se marcharon.
—¿Le parece correcto?
Sonreí al escolta.
—Es bastante irresponsable, pero es una escuela. No se preocupe, señor, puede defenderme ante un adolescente.
El escolta se encogió de hombros. El almuerzo lo pasé algo inquieto, Superman hizo una declaración privada donde me pedía disculpas por el altercado. Era extraño que alguien como él me rindiese cuentas, no por ser Superman, sino por lo... elevado que a veces se sentía Kal-El a mis ojos.
Decidimos efectuar el combate en un salón vacío del cuarto piso, donde generalmente se guardaban pupitres viejos. No fue tanta gente como yo esperaba, principalmente alumnos de mi curso que ya amontonaba los pupitres a los costados para otorgar un pequeño ring. Me arrepentí del asunto cuando fue más que evidente que lo estaban grabando.
—¿Es en vivo? —de serlo, tendría que hablar.
—¿Crees que mi presupuesto me permite datos móviles?
—Ok, mejor —me hice al fondo, Johnson se preparaba quitándose su chaqueta dramáticamente. No podía evitar sonreírle con picardía, de verdad lo disfrutaba: me estaban tratando con normalidad.
—Sin tus poderes locos, Batson.
—Obvio. ¿Sin armas?
—¡Pues claro que sin armas! —el grito aterrado acabó con su gallardía. Yo me reí —. ¿Qué te tiene tan feliz? —curioseó Johnson retornando a su gesto agresivo.
—Nada, pensaba en lo mal que se va a ver esto ante Naciones Unidas. Un miembro de la Liga de la Justicia peleando contra un escolar —si Johnson buscaba intimidarme al quitarse la chaqueta, yo hice lo propio sacando la navaja que cargaba constantemente escondida en mi manga. El rostro de todos se contrajo, eran muchachitos, su reacción ante el arma fue entendible. Los calmé al clavar la punta del cuchillo en la mesa del pupitre junto a mí —. Debería darme vergüenza.
Relajado al ver que no usaría mi puñal, Johnson avanzó un paso. La cosa se ponía buena.
—Mucho bla-bla-bla —se quejó una chica de la clase, la que usaba frenos y sostenía el teléfono con flash.
«Dudar es el inicio del fin», «El primer golpe es el victorioso». Esas dos frases eran del señor Wayne. No que Johnson no fuese bueno, pero yo estaba acostumbrado a enfrentar a diario a oponentes más altos; una experiencia así, incluso en mi minúsculo cuerpo, otorgaba mucha ventaja.
Me le fui de frente. Cuatro pasos y un puño a su cara que no bloqueó. Johnson me agarró de la chaqueta y trató de tumbarme; se acercó demasiado a mí y le di un rodillazo a donde pude, tal vez su abdomen. No pude celebrarlo, el cabrón me empezó a tirar golpes a lo loco. Su estilo... bah, ¡qué estilo ni qué nada! Batman iba a matarme si ese idiota sin formación me ganaba.
Como el Capitán, yo me medía inmensamente porque el resto del mundo no podía equiparar mi fuerza, pero Johnson... él era de mi edad, más alto y más grande. Le di una patada tan fuerte que Johnson se fue de para atrás; estando él recuperándose del golpe, realicé un brinco con un giro, coronándole en la cara una muy bonita patada. Fin del juego.
—No te levantes.
Pero no me hizo caso, se me vino gritando como un toro bravo. No, eso yo no lo podía permitir. Me agaché y lo embestí por el abdomen, era un movimiento que no se me dificultaba. De nuevo en el piso, tomé su mano y la giré dolorosamente.
—¡Agh! ¡Me vas a romper el brazo!
—¡Ríndete!
—... me rindo.
Riendo, me levanté. Tuve que saltar en mis pies, la adrenalina la tenía alta.
—Joder, extrañaba golpear a alguien —sonreí a la cámara de la chica con frenillos —. ¿Sigues grabando?
—Sip.
—¿Va para YouTube?
—Oh sí.
—¡No usé magia ni al Capitán! ¡No fui irresponsable! No me vayas a cortar eso, por favor —pedí a la niña carcajeándome —. No quiero que me demanden.
—Ok Batson.
0oOo0
Billy la había sacado del estadio, Bruce no sabía si matarlo o volverlo a besar; y no era para menos, su rival era como 30 centímetros más alto y unas cuatro tallas más grande. Por lo menos, Naciones Unidas no intervino, las personas encontraron más preocupante que Billy cargase semejante cuchillo en la escuela, pero relaciones públicas se encargó de recordarles que la vida de Billy se hallaba en peligro desde que se supo que era miembro de la Liga.
Como fuese, el Capitán no era el niño del que debía preocuparme en ese momento.
—Buenas noches, Jaime —saludé ajustando la banda de mi mochila. Papá la había usado, él las ampliaba porque si no, no cabía.
—Buenas noches... Nightwing.
No fue raro que dudase, era la primera vez que me le paraba enfrente sin mi traje de héroe.
—Hoy vamos a realizar un pequeño experimento —la gente de Capucha ya había tirado los dos cadáveres al río, aparecerían por la mañana y yo necesitaba cuartadas y testigos para lo que hiciera en la noche, por eso no le cancelé a Jaime —. En ocasiones, tenemos que movernos de forma encubierta y engañar a civiles. Es cierto que trabajamos a favor de la ley, pero los policías no son exactamente nuestros amigos e incluso a veces toca transgredir un tantico las reglas.
—Me encanta el ejemplo que le das a Azul —criticó Aqualad con ironía. Él y los tres atlantes del Equipo nos miraban desde la zona de entrenamiento, donde practicaban combate.
—Ni que le estuviera explicando como esconder un muerto —le sonreí al niño, que compartió el gesto con inquietud —. Hay momentos incluso en los que vemos cosas incómodas o raras. Si estás en un ducto de ventilación en la alcoba de una dama aguardando a que todos duerman para robar una información, ¿qué cosas se te ocurren que puedas ver?
—Am, ¿a la mujer yendo a dormir?
—Muy bien. ¿Qué hace una mujer antes de dormir?
—... ¿ponerse el pijama?
Sonreí con ternura. Era un niño lindo.
—Más o menos. Entre las cosas que pueden ocurrir tenemos: verla desnuda, que ella sea de leer en la noche, que su pareja llegue a la habitación y sostengan relaciones sexuales o puede que ella se masturbe.
—Oye, tiene trece.
—Hay que aprender, Kaldur. Vienes conmigo a Gotham Jaime, nos infiltraremos en el apartamento de una dama y aprenderemos qué tipo de cosas incómodas nos toca ver. Además, comprobaremos que tan bueno eres para mantenerte en silencio dentro de un espacio reducido —no esperé contestación, caminé a la computadora del transbordador para preparar la ruta.
—¿Gotham? —pidió Lagoon Boy con un tono alterado —. ¿Él puede entrar a Gotham?
—Son los terrenos del murciélago, puede ir con alguien de la familia.
—¿Y si Batman se entera?
—Soy su hijo, lo resolveré —volteé a ver, Jaime estaba ahí, expectante y nervioso —. Pasa primero.
—Sí señor.
Luego de que se marchó, le sonreí a Kaldur.
—No verá a nadie desnudo, calma.
—Tú tiendes a ser muy amoral, Dick. Jaime no es Billy, no es tú y no es uno de tus hermanos.
Alcé una ceja y borré mi sonrisa.
El chico estaba esperándome dentro de esa vieja cabina de teléfono. Chocamos y él intentó echarse de para atrás, pero le puse la mano en el hombro para detenerlo.
—Lección 1, la cercanía es inevitable. Quítate la armadura y la sudadera. Te voy a presentar a tu próximo nuevo mejor amigo: máscaras de silicona —me retiré la mochila viendo al niño perder su armadura, muy evidentemente discutiendo contra el escarabajo. Sí, papá me contó de la verdad tras la esquizofrenia de Jaime.
Sostuve mi mochila apretándola entre mis piernas. La abrí y extraje dos máscaras de silicona. Más al fondo había dos guantes de piel.
—Wow —jadeó asombrado —. Se ve muy real.
—Es la idea. Póntela —se la extendí —. Encima colócate la sudadera.
—¿Por qué la suya es morena? —preguntó fijándose en mi máscara.
—Porque ahora soy Juan, tu padre, y tú eres mi pequeño Jaime —pero pronuncié en inglés su nombre, no diciendo Jaime, sino «yeimei».
—Ok —aceptó con menos duda de la que esperé. Le daría de nuevo las gracias a Kon por entrenarlo mientras no estuve.
Con las máscaras cubriendo nuestros rostros, cuellos y parte del pecho, pareciendo sumamente real tras acomodar la ropa, me coloqué mis guantes, así ocultaría mi piel caucásica. En un lugar más importante, hubiese agregado lentes de contacto.
—De esta forma, sin ser reconocidos, ¿podemos entrar por la puerta grande al sitio al que vamos?
—... ¿sí?
—No. Que no se den cuenta de quienes somos es vital, pero hacer las cosas por la vía correcta no suele ser fácil. Nuestra meta es un edificio de apartamentos clase media, en el tercer piso. Iremos por atrás, usando las escaleras de emergencias. Ah, lo olvidaba, un consejo: cuando uses esto para irrumpir, ponte una máscara que imite piel blanca —alcé los hombros ante su boca abierta —. Lo siento chico, el mundo es racista. Es más probable que te disparen si tienes piel de color.
Al salir de la cabina, lo tomé de la mano. Caminamos varias cuadras, él examinaba a sus alrededores con delicadeza, tratando de no mover el cuello. Jaime era un buen chico, sería útil en el futuro cuando controlase mejor sus habilidades únicas.
Nos introduje por el callejón que facilitaba el acceso a la entrada de emergencias del edificio de Rebecca, quien, según mis estimaciones, arribaría en su apartamento en media hora, pasadas las ocho.
—La puerta solo abre por dentro. ¿Cómo hacemos?
—Ah, pues, ¿empujarla?
—¿Y forzarla? Dejaríamos pruebas. Yo necesito herramientas, tú no. Aprovéchalo y pídele a tu armadura que abra la chapa.
—... sé que puedes hacerlo, no seas pretencioso —regañó al escarabajo en lo que de su mano se formaba un guante robótico. Uno de sus dedos se convirtió en una llave maestra —. Dime que hacer... correcto, ya la introduje... ok.
Le tomó dos intentos.
—Muy bien, tienes talento —lo felicité dándole paso. A nuestras espaldas nadie nos veía. Entramos.
Dentro.
—¿Ahora?
—Usar el ascensor, piso 3. ¿Esa ropa es nueva?
—Sí.
—Te la remplazaré, no puedes volver a usarla —dije en voz baja, ya nos estábamos colando dentro de un pasillo principal.
—¿Por qué?
—El vestuario para estas situaciones no puede usarse en otro escenario. Y no lo guardes con tu otra ropa, debe estar aparte, fuera de tu casa. Hay una habitación que te pertenece en la cueva, alza la ropa de incógnito ahí.
0oOo0
Nightwing poseía la llave del apartamento 308. Tuve miedo, pensé que tendríamos que meternos por un ducto de ventilación, pero no fue así.
—No enciendes las luces, no te quitas la máscara, siempre puede haber cámaras.
—¿Las hay?
—No, hice el trabajo de inteligencia. La dueña aparecerá dentro de poco —se retiró su máscara indicándome que yo no lo hiciera. Recibí su mochila y la máscara de silicona —. Nos quedaremos en silencio a esperar, tú dentro del armario y yo en el pasillo.
—¿Tiene que vernos?
—Solo a mí —un deje de inquietud pasó por su rostro —. Cuando trabajas con un miembro de la Liga o del Equipo, te enteras de cosas que no pueden ser comentadas o publicadas. Guardarás mis secretos esta noche, Blue Beetle.
—Sí señor.
Me sonrió de lado y me alborotó el cabello.
—Has demostrado ser bueno. Si mantienes la boca cerrada y continuas con tus excelentes rendimientos, convenceré a Batman de dejarte entrar al Equipo a los 14.
Escúchalo, Jaime Reyes. No lo necesitamos, pero no subestimes su poder en este planeta.
—Sí Nightwing. Gracias.
—De nada niño. Entra al armario, siéntate y controla la respiración. Por cierto, me harás un informe, a mano, de lo que veas y oigas.
—Pero usted acaba de decir que...
—Lo sé, el informe es para mí, quiero ver cómo te va con la retención de información.
Grabaré todo, Jaime Reyes.
—Está bien —mis palabras se acompañaron del sonido precipitado de la lluvia.
—Ha llovido desde la mañana —comentó amablemente Nightwing —. Al armario.
0oOo0
Afiné mi oído, porque la teatralidad se perdía si Rebecca me tomaba desprevenido a mí. Wally me envió el video con un emoji de ceja alzada. La imagen era la de Capucha Roja. ¿Ahora qué?
Lo que inicialmente era una noticia en vivo sobre una grieta en una avenida, se convirtió en una toma de alto riesgo, al ser divisado Capucha comprando pan; hecho conocido en Gotham, Capucha Roja no era tímido al hacer sus compras.
—¿Señor? —el llamado de la reportera sonó como el lloriqueo de un gato. Desde el estudio la incitaban, sin consideración, a acercársele.
—Oh, wow, estoy en televisión, mamá va a estar tan orgullosa —se les mofó Jason antes de ser atendido por una pálida dependiente —. 5 dólares en panes, del salado y del dulce. Y un pan de jamón del grande, gracias.
—¿Señor Capucha Roja? —oh Dios, denle un trofeo a esa pobre mujer. ¡Qué pánico tan visible! Ella estaba a un paso de desmayarse —. Katherine Adams para canal 5... queremos hacerle unas preguntas.
—Pues pregunta, Katherine. Te juro que no muerdo —usó un tono jocoso —. A menos claro que me aceptes una cita, muñeca.
Rodé los ojos. Bisexual sin duda alguna.
—Am, pues. ¿Cuál es su relación con Richard Grayson?
—¿Con Nightwing? Gracias niña —recibió su pedido de pan entregando el pago. El resto de clientela se había, o arrinconado, o marchado.
—Sí. Se ha especulado...
—Que él ordenase el uso de un carrobomba —completó metiendo entre sus dedos las orejas de las bolsas plásticas —. Es mentira, yo soy el autor intelectual.
—¿O sea qué Grayson no tiene un contacto directo con usted?
—Eso también es mentira.
Mierda Jason, ¿en qué bando estás?
—¿Grayson mintió?
—No es como que le quedase opción, ¿o sí? Iban a crucificarlo públicamente —dijo con saña avanzando a su moto, donde uno de los matones aguardaba cuidándole la espalda —. Voy a hablar yo. Si no respetan a su héroe, vamos a ver si el miedo hace que me respeten a mí —miró directamente a la cámara, el micrófono azul de la periodista era lo que rompía con su aura de chico malo —. Dick Grayson y yo somos viejos amigos, lo conozco desde que él era un niño. Dick me protegió y me tendió la mano en mis peores momentos, tengo una profunda lealtad por él. Yo supe de su boca lo que sucedía, pero fue mi decisión colocar un susto que lo mantuviese en su casa. Por favor, no duden que ese carrobomba tenía explosivos reales, yo estaba preparado para volar media ciudad.
—¿Por qué? —susurró ella sin olvidar usar su micrófono para que su petición no se perdiese.
—¡Porque un hombre no olvida quién le llenó el estómago! ¡Yendo contra todo, incluso contra Batman!
—¿Grayson aprueba sus acciones?
—Ja, le faltó fue pegarme. Estaba furioso porque ama esta puta ciudad de mierda que solo le da dolores de cabeza. Mucho gusto Katherine, considere lo de la cita, muy buenas piernas —la periodista se sonrojó profundamente. Retirándose, Capucha se giró y encaró a la cámara de nuevo —. Recordé algo. Hay dos sacos de carne río abajo con tiros en la frente. Vuelvo a decirlo: fue mi decisión y yo apreté el gatillo. No metan a Nightwing en esto, pero considérenlo a la próxima que quieran agredirlo, porque voy a estar ahí para protegerlo. Adiós.
Ok, Jason lo resolvió muy a su estilo violento. El gato estaba fuera de la bolsa respecto a... llegó. Desactivé el teléfono y lo guardé en mi bolsillo. Las penumbras reinaron en el lapso que le tomó a Rebecca entrar, cerrar, pasando todos los cerrojos de su puerta; y encender la luz. La bolsa con víveres se le resbaló de las manos con el susto de verme ahí de pie.
—¡Dick! —avancé en silencio —. ¿Qué haces aquí? ¿Me estabas esperando?
—¿Por qué no me contaste de tu novio? —exigí ayudándole a recoger. Nada se rompió.
—¿Charles? ¿Te dijeron que lo demandé? Quizá puedas ayudarme con la orden de alejamiento.
—No la vas a necesitar —tomé sus cosas y las llevé al comedor. El apartamento era pequeño —. Debiste habérmelo contado, nos habríamos ahorrado que te golpeara.
—¿Quién te dijo?
No me gustó verla así, tan tímida y plagada de un lenguaje corporal inseguro y depresivo.
—Capucha Roja —reconocí. La tapadera que Jason expuso era inteligente, me le uniría —. El tipo que me interrogó ayer era un amigo de tu novio, los dos están muertos.
—¡¿Qué?! ¡¿Charles?!
—Sí. Lo siento, llegué tarde. Para cuando me avisaron, Capucha ya los había asesinado.
—Yo...
No fue agradable sentarse a oírla llorar, pobre Jaime ahí aburrido.
0oOo0
—Gracias —me susurró al oírme andar de colado en su habitación.
—Solo dije la verdad —le resté valor quitándome la ropa quedando en calzoncillos.
Sin vacilar me metí en su cama, Dick me hizo espacio. Su cuerpo tibio me ayudó con mi frío, la lluvia estaba terrible
—Te amo Jason.
—¿No te doy asco? —me volteé a verlo —. Me la chupó un tipo.
Negó con la cabeza. Me le quedé viendo, nuestros ojos adaptados a la oscuridad nos permitían ver nuestros rasgos. Dick sonrió.
—Un tantico.
—Ja.
En señal de paz besó mi mejilla y con su mano acarició mi rostro. Quizá así se sintió Darwin en la mañana, siendo tocado por la boca de la pistola. No, no fue así en absoluto, pésima comparación; movimientos parecidos, emociones distintas. Lo de Darwin fue calentura, Dick era mi hermano querido.
—Vuelve a vivir en la casa, te extraño.
—No puedo, Dick. Si me alejo demasiado, se me alborotan los chicos —sonreí cambiando de tema —. Te quedaste chaparro.
Me sacó la lengua.
—Es raro, me proteges tú a mí.
—Sigo durmiendo recostado en tu hombro —señalé haciendo hincapié en sus potentes músculos que me servían de almohada —. ¿Lo notas igual que yo?
—Nos faltó afecto de niños, cuando un adulto con un pasado carente de cariño se halla tan cómodo con alguien, se comporta como un bebito. Es la psique dañada haciendo acto de presencia.
—Tu familia fue amorosa.
Pasé mis manos por su torso, apegándome a él. Sí, la sensación era demasiado dulce para no querer beber de ella.
—No se deja de ser niño a los nueve, Jey —empleó mi viejo apodo —. Pasé de dormir con mis padres a hacerlo en esta inmensa y solitaria cama.
—¿Bruce...?
—No nos conocíamos, el afecto apareció a mis once años. Ya el daño estaba hecho.
...
—La vida es un asco.
—Sí.
