Wonderbabe: Hola. La verdad es que yo pensé que no lo sospecharían. Una escena muy similar ocurre entre Dick y Jason unos capítulos atrás, yo sabía que tenía que revelarse lo de Capucha y Dick, lo de la alianza, pero yo dije «que el video de eso se filtre... nah, super cliché», por eso metí lo de la niña atropellada y, cuando fui a escribir este, sabiendo que tenía que revelarse lo que se reveló, dije: «no se lo van a imaginar porque antes no ocurrió», pero por lo visto me equivoqué. Que pena entonces que la historia fuese así de predecible.

No, ellos no se separan, pero Bárbara va a ser hostigada, lo que va a unir a Bárbara y a Bruce aún más. Sí, Bruce le va a meter una putiza a Dick impresionante (spoiler). Lo de la Mujer Maravilla se mencionará a modo de chiste. Y Billy, al principio pareciera que no, pero sí va a verse afectado por lo que hizo.

0oOo0

—¡¿Cómo te atreviste a llevarlo con putas?!

—Solo quería que se distrajera, ustedes no hacen más que pasarlo de profesores a psicólogos, por eso es que no tiene avances, ¡lo están agotando! ¡Es un niño Bruce, necesita diversión!

—¡Mujeres no son diversión para alguien de su edad! ¡¿Qué es lo que te pasa?! ¡Nos demandaron!

Incómodo, moví mi peso de pierna a pierna. Ese par empezaron a pelearse sin importarles la presencia del secretario de Naciones Unidas, sus abogados y las psicólogas que atendieron la otra vez a Billy. (El punto de visto es de Hal.)

—¡No te recibo tus quejas, Wayne! ¡De ti no! ¡Tú le pagas prostitutas a tu hijo!

Alzamos las cejas con una coordinación de miedo. ¿Qué?

—¡Tiene 16 años! No es un niño de 13 que ha sido violado.

—Por favor, se la compraste de regalo a los 15 años.

—Es un muchachito rico de ascendencia europea. Claro que le pagué una puta. ¡Eso es tradición!

—¿Discúlpeme? ¿Tradición? —lo juzgó el secretario.

Wayne frunció el ceño, como queriendo no tener cerca al hombre.

—Mi hijo es un romaní, su fecha de matrimonio se estipuló cuando él tenía 6 años —nos informó —. ¿Sabe cómo se casan los romaní tradicionalmente?

—Comprando a la esposa. ¿Qué tiene que ver con una prostituta? No es lo mismo.

(Lo que voy a decir lo saqué de internet, son costumbres viejas que ya casi no se dan, pero que sí existieron y, mínimamente, aún podemos encontrar en el mundo en diversas culturas.)

—Los gitanos forman un acuerdo económico con la familia de la novia, pero si esta familia, o la novia, no desean el matrimonio, pero el novio sí, se rapta a la chica. Dick conoce a su prometida origina, es una prima lejana de su madre; él enserio pensó en raptarla, yo lo solucioné con una puta. De nada.

—¿De nada? ¿Se está escuchando? Voy a demandarlo por negligencia.

—No, usted no va a hacer eso —la voz de Dick nos sorprendió. Tenía el rostro duro y la mirada muy seria mientras ingresaba al Salón —. Hay un motivo cultural y étnico, demande a mi padre y yo lo demandaré a usted por discriminación.

—¿Qué motivo cultural te lleva a un burdel? —criticó el secretario.

—El rito de convertirse en adulto. Una vez cumples la edad en la que eres mayor, tienes que casarte y demostrar que puedes con el trabajo; Bruce me dijo que no me casaría y que no trabajaría, fue inflexible, ¿cómo se suponía que cumpliría mi parte? Así que lo resolvimos con sexo, una forma de probar que sí era un adulto.

(Esto es una visión distorsionada de la cultura gitana, recuerden que Dick, muy lindo y todo, es un manipulador.)

—¡Pero tú no eres adulto!

—Sí para los gitanos, negármelo sería discriminación cultural.

—Muy bien —el secretario alzó las manos para detener la discusión —. Digamos que es válido, que no creo, pero digamos que sí. No es excusa para golpearte, hacerte verlo tener sexo y encargarte eliminar archivos de índole sexual —enumeró con sus dedos.

La gallardía de Dick se esfumó, de repente se hizo pequeño y miedoso.

—No hablaré sin el Capitán presente.

—¿Y dónde está Billy?

—Él pidió permiso para salir —comenté con un suspiro —. Si lo del vídeo es cierto, justo ahora está con la prostituta.

0oOo0

La llamada de Dick no fue sorpresa. Le informé a Stephani del vídeo y ella lo veía en su habitación.

—Aló.

—Billy, la conversación...

—Se filtró, lo sé.

—La ONU...

—Nos demandó, me llegó la notificación —sonreí, más confiado de lo que Dick esperaba.

—Viejo, te van a llamar —y susurró —. ¿Qué vamos a decir?

—Voy para allá... me está marcando tu papá. Adiós.

—Adiós.

Le colgué y le contesté a la video llamada del señor Wayne.

—Buenas noches, murciélago.

—¿Por qué te quitaste los rastreadores?

—¿Mmm? No lo hice... ah no, es que me puse una ropa nueva —mi confusión era real.

—Bueno. ¿Dónde estás?

—Amm —sonreí. El señor Wayne no lució ni divertido ni interesado, realmente estaba enojado —. Saliendo del cine. En seguida me aparezco en el Salón.

—Billy, ¿con quién estás?

—Con nadie.

—¿Y esa sala de estar de quién es?

—De una compañera de la escuela.

—Billy, no me tientes.

Me reí.

—Voy para allá.

Le colgué.

Claro que tenía un plan, pero tendría que verificar antes. Que la Liga y la ONU trabajasen en conjunto significaba que nosotros podíamos acceder a sus archivos sin problema. Bingo, el caso de la borrachera continuaba sin aclararse y las cámaras... alguien ocultó cámaras en las habitaciones, los baños y el patio, se grabaron a las chicas desnudándose, a Enrique jalándose el pene y al heredero de Japón con un problema de diarrea, llegando todo esto a la internet. La sala, la cocina y los demás lugares de la casa no contaron con estas cámaras, sin duda quien las puso solo pensó en el chisme indecoroso y en la pornografía infantil.

Sí, ya contaba con un argumento de defensa sólido.

—Billy —la voz asustada de Stephani me molestó. Ella no tenía por qué atemorizarse.

—¿Qué pasa?

—¿La Liga sabe que estás conmigo?

—No —le sonreí —. Dejé el rastreador en el Salón, no me ubicarán.

No, no lo harían. La única forma de encender los rastreadores escondidos dentro de mi cuerpo era si yo no contestaba y sí lo hice.

—Ah... el señor Queen... ¿ellos me demandarán?

—Claro que no —traté de lucir confiado, leí que si uno fingía la mente se lo creía —. Esto no te supondrá ningún perjuicio. Yo asumiré todo, tú puedes estar tranquila. Debo irme ahora —me levanté del asiento —. Gracias de nuevo, estamos hablando.

—Sí... y Billy, suerte.

—Gracias.

0oOo0

—Podemos mantenerte a salvo —insistía la psicóloga tratando de obtener una declaración de Dick. El hijo de Batman se sentó lejos de nosotros y se dedicó a mirar su celular con nerviosismo.

—Ya le dije que no voy a hablar hasta que no aparezca el Capi. Aléjese de mí.

Mi padre me golpeó en varias ocasiones; el cinturón era parte de la crianza, pero a los niños de hoy en día, la dichosa Generación de Cristal, no se les podía tocar. Completa basura, si me preguntaban; no obstante, sí era raro que Bruce le pidiese a Dick eliminar videos dónde él aparecía intimando con mujeres. ¿Por qué no hacerlo por su cuenta?

—Hal —me llamó Flash en voz baja —. ¿Y si le decimos a Canario que nosotros nos encargamos? No sé cómo reaccione al ver a Billy y ya tenemos suficiente con dos miembros de la Liga demandados por crímenes contra menores.

—Billy no forzó a Oliver a acostarse con prostitutas, no metan al niño en eso —declaró el Hombre Halcón, cercano a nosotros.

¿Y qué era eso de Billy invitando al cine a una mujer? Yo recordaba que a esa edad me empezó a picar la curiosidad por las féminas, pero nunca hubiese tenido el valor de llevar a cabo una fantasía o un antojo con una chica mayor.

Bueno, la respuesta a mi pregunta venía cruzando la puerta trasera del Salón.

—Hola, ya llegué —mocoso altanero. Despeinado, sonriente y con la boca enrojecida, era obvio a mis ojos que sí estuvo con esa mujer. Anticipándose a nosotros, Dick cruzó al trote el espacio entre los dos y empezó a susurrarle con fuerza. Billy asintió con calma, palmeando los brazos del muchacho y comentándole algo.

—¿Dónde estabas, Billy? —exigió saber Superman.

—Fui al cine —avanzó con un muy ansioso Dick detrás siguiéndole los pasos —. ¿De qué se trata esto? ¿Hallaron a la persona que vertió el alcohol en la cena?

—No Capitán —se adelantó el secretario —. Nuestra presencia es debido a que acabamos de interponer dos demandas por negligencia y abuso físico y sexual a miembros de la Liga de la Justicia en base a las declaraciones filtradas que hicieron usted y el señor Grayson en el patio de la casa vacacional del señor presidente.

—Ya —chasqueó la lengua —. ¿Declaraciones? Yo no recuerdo haber hablado —negó con la cabeza haciendo un gesto de confusión. ¿En qué pensaba ese niño?

—El vídeo es...

—Vi el vídeo —lo interrumpió —. Un vídeo tomado en secreto con cámaras ocultas o de grado militar, supongo yo, dado que Dick y yo no las vimos al sentarnos en el patio; añadámosle al contenido de ese vídeo que nosotros estábamos ebrios en contra de nuestra voluntad, pues intoxicaron la comida de la cena a la que usted en persona nos invitó, señor secretario.

El hombre tartamudeó tornándose blanco cual papel, tuvieron que hablar los abogados.

—Ciertamente, es un suceso que requiere más investigación señor Batson, pero sus palabras incriminatorias contra el señor Oliver Queen fueron contundentes.

—¿Contundentes? —frunció el ceño, aún en control —. ¿Qué tan fiable es la charla de dos menores de edad ebrios? La propia ONU vio mi medida de alcoholemia en la mañana, horas después de que me intoxicaran, y el alcohol en mi sangre continuaba disparado por las nubes, igual que con Dick. Tuvimos resaca y vomito, es obvio que nos pusimos a decir tonterías sin sentido —rió entre dientes. Todos lo mirábamos incrédulos, él les cerró la boca a los abogados —. ¿Yo saliendo con una prostituta al cine? ¡Qué ridiculez! ¡Tengo 13! Y suficientes traumas para hacer rico a cualquier psicólogo.

—Señor Batson, nosotros...

—¿Ustedes siquiera han avanzado en la investigación de lo que ocurrió? —pidió interrumpiendo al secretario.

—No, Capitán, pero...

—Porque yo estuve pensando hoy: ¿y si no hubiera sido licor? ¿Y si hubiera sido cianuro? Estábamos juntos dos posibles candidatos al trono británico, el heredero al trono japones, hijos de importantes diputados europeos, los tres hijos del presidente de los Estados Unidos, el primogénito de Batman y yo... je, creo que soy el más insignificante de esa lista, pero el único que se habría salvado de un veneno que actúa en minutos, porque puedo teletransportar mi cuerpo a una dimensión mágica dónde seguro me habrían salvado. Quizá hubiese podido llevar a Dick, pero no podría cargar con más personas, así que todos ellos habrían muerto en medio de una brigada de seguridad con más de cien hombres armados.

...

Sin obtener respuesta, el niño héroe continuó.

—Algo o alguien se coló en un lugar extremadamente vigilado, instaló cámaras secretas en el mismo sitio que debió ser requisado de arriba y a abajo días antes de permitirnos sentar en ese comedor. Ese algo o alguien entró, adulteró la comida y se fue; o la traían adulterada, lo que me parece más lógico. Quien hubiese puesto las cámaras obtuvo una visión en vivo de lo que ocurría, según me informé. Pudieron matarnos con francotiradores, pudieron transmitir en Facebook a las hijas del presidente desnudándose en sus alcobas, pudieron haber hecho mil cosas, secuestrarnos a todos, por ejemplo, ¿y ustedes se están fijando en las bobadas de dos menores ebrios? ¿Qué les pasa? —su última pregunta la dijo a modo de regaño. Un niño regañando a hombres adultos —. Se burlaron de su seguridad y de este país, ¿por qué no están enfocados en eso? ¿O es que ahora la ONU se dedica al amarillismo?

Uy.

Los abogados, la Liga, el secretario, mierda, todos nos miramos las caras. Ese mocoso nos metió una cachetada sin vacilación.

—Yo... las demandas...

—Invalidadas, señor secretario. Nos embriagaron, ginebra y ron, sin mencionar los otros licores que no reconocí.

—Tequila, vodka y coñac —le di el resultado de los análisis de las sobras de la cena.

—¡¿Enserio todo eso?! Ok, cinco tipos de licores distintos, las pruebas que ustedes nos hicieron no mienten: el alcohol estaba alto casi diez horas después, somos pequeños, esa mierda nos afectó. Dijimos estupideces, los demás niños casi revienta esa casa, es más que entendible que nada de lo que comentamos es válido en un juzgado. ¿Qué investigación van a hacer? ¿Por qué no se centran en lo que importa? Dejen de intentar complacer al público progresista y usen la cabeza.

Doble uy.

El secretario volteó a ver a los abogados.

—¿Tiene razón? ¿Es inválido?

—Secretario, sin pruebas y segundas declaraciones no llegaríamos a mucho.

Y era obvio que ni Dick ni Billy confesarían ante un juez. El secretario pensó lo mismo analizando a los dos niños.

—Está bien, retiramos las demandas, pero ustedes dos... el abuso a largo plazo no es sostenible. Van a entenderlo cuando sean mayores.

El secretario y su séquito se retiró con lentitud; las cámaras en las ventanas de afuera, que técnicamente debía estar cerrada para el público, nos grababan sin piedad. Billy volteó a ver a Dick una vez estuvimos sin extraños.

—¿Por esto estabas tan asustado? Creí que tenías testículos más grandes.

El moreno sonrió.

—En ese aspecto, nadie le gana a usted, Capitán.

—Nos vamos de aquí ya —anunció Batman con furia contenida. Dick se lamió los labios.

—Claro papá —le sonrió. Fingía para los espías en la ventana, pero tenía terror del castigo de su padre.

—Tú vienes, Billy.

El niño hizo una mueca de dolor.

—Tenemos que hablar con él —le recordé —. Aclarar lo de la prostituta.

—No hay prostituta.

—Nosotros no nos creeremos tu historia de mierda, Billy —le alzó la voz Flash.

—Oigan. Lo mejor es que ellos tres se vayan con un par de nosotros, no alteremos más a las personas —consideró Oliver —. Hagámosles pensar que las cosas van bien.

—Yo no quiero saber nada de ustedes dos —habló Canario —. Me tomaré un par de días libres y... búsquenle otra psicóloga a Billy.

Muy entendible de su parte.

—¿Podemos parar la terapia? —pidió el niño.

—¿Te largas con una prostituta y quieres parar la terapia? —lo recriminé.

—¿No? ¿O sea que no puedo volver a invitarla a salir?

Ese niño tenía que seguir borracho, no había otra explicación.

—Tú te olvidas de salir siquiera a comprar chicles —le habló Bruce mirándolo —. Ustedes dos van a estar castigados hasta el final de los tiempos.

—¿Eso se demora? —Billy preguntó cómicamente a Dick.

—Pues... ya van 21 siglos esperando —le siguió la cuerda.

—Auch. Bueno, da igual, yo hoy cumplí mi cometido—sonrió picaronamente.

A reflejo de nosotros, Dick abrió los ojos y lo vio sin creérselo.

—Bromeas, ¿no?

—Yo estoy harta —anunció Canario levantándose de la mesa que ocupaba con las otras mujeres —. No puedo ver más a estos dos.

—Tranquila, te supliremos en tus responsabilidades —le aseguró la Mujer Maravilla viéndola marcharse.

—Caminen —les indicó Batman a los mocosos —. El Equipo está en una misión, ordené que nadie les comunicara lo sucedido. Ustedes dos van a ver cómo se entera Bárbara, esperaré a que los coja a cachetadas y, después, tú y mi cinturón van a tener una charla —amenazó a Dick —. Contigo luego pensaré que hacer —le dijo a Billy —. Caminen.

Para ese punto, Canario ya no estaba. Los niños anduvieron lo más serenamente que les fue posible, pero para nosotros, que entendimos lo que les sucedería, fue verlos marchar a su muerte. El Capitán Átomo, la Mujer Maravilla y Superman se les pegaron para mantener las apariencias de qué a ellos, en especial a Dick, Batman no los iba a matar a punta de juete.

—Lo que me pidieron —Oliver se acercó a Flash y a mí con su teléfono. Nos prometió enseñarnos las fotografías de la tal Stephani una vez Canario estuviera fuera del radar. Más de un miembro de la Liga se acercó a mirar.

—Ah, no, pero es más que entendible —admitió Flash.

—Está muy rica —dije yo. ¡Qué morena tan preciosa!

—Billy tiene buen gusto —se le escapó a Átomo.

0oOo0

Papá nos llevó a la Cueva. Los chicos menores del Equipo, Tornado, Artemis y Rocket esperaban a la llegada de los demás, ellas tal vez para hablar con Bárbara de mujer a mujer. Las chicas, todos, a la mierda, todos se le quedaron viendo a Batman como si tuviese una segunda cabeza y tres brasieres colgándole del cuello.

Me aterraba que papá no nos hablase; la computadora de la Liga decía que el arribo ocurriría en dos minutos.

—No quiero estar cuando se entere —murmuró Billy.

—De malas —gruñó papá.

El primero en desembarcar fue Superboy, ellos venían mojados y con lodo. Seguidamente, Tula y Bárbara, Megan, Lagoon Boy y Kaldur.

—¿Y esta comitiva? —se burló Bárbara —. ¿Nos ganamos el premio de las caras agrias? —nadie le contestó y resaltó el hecho de que los presentes, salvo los que llegaron con ella, la vimos de formas angustiosas: pena, miedo, horror. Bruce se mantuvo inflexible e igual, para mi ojo entrenado en su lenguaje corporal, lucía nervioso —. ¿Qué?

—Ven conmigo, Batgirl.

Bruce y su cara de circunstancia no le sirvió para tranquilizarse. Una dicha para mí fue que, al encararla, Bruce quitó esa mueca de enojo que me daba escalofríos. Los dos se retiraron aparte; Gar los miró con asombro. Bárbara abrió los ojos, la boca y retrocedió instintivamente un paso al oír la explicación de Bruce. Kon, gracias a su oído, soltó un jadeo.

Me sentí basura al ver el pánico en la pelirroja.

—¿Y si llora? —preguntó Billy con culpa.

—Amigo, no hagas que me sienta peor.

Bruce la mandó a la Baticueva, no la quería ahí bajo la vista crítica y compadecida del Equipo.

—Bárbara —la llamó en el último momento —. Cuando llegues, hazme un favor. Busca en la habitación de entrenamiento el palo de madera, el que está tallado, y llévalo a tu ya sabes dónde.

El palo. Me iban a dar con el palo.

—Ay, ay, ay —solté en voz baja. Por instinto me acaricié las nalgas.

—Claro —fue la respuesta de la pelirroja.

Claro, ¡claro! Agh, la condenada era tan capaz que se quedaba a ver la paliza que me iba a dar papá.

—Gracias niña.

—Bruce, hablemos —supliqué desesperado una vez se marchó Bárbara.

—Cállate. Denme el resultado de la misión.

Le tocó a Kaldur hablar, porque los demás no eran capaces de procesar nada. Entre Gar y Rocket les notificaron en susurros a los demás de lo ocurrido. Artemis, más considerada, se acercó a mí.

—¿El murciélago tiene una vara?

—Es una forma blanda de decirlo. Esta vez sí la rompe.

La entrega de evidencia y las felicitaciones por un trabajo bien hecho no duraron, pronto nos estuvimos marchando. Bruce nos hizo pasar primero y los chicos... ah, en otra ocasión me reiría de sus manos agitadas para indicar peligro.

Bárbara no estaba en la Baticueva, pero el palo de papá sí estaba allí sobre la silla principal.

—La señorita Bárbara se encuentra en una llamada con su padre —nos informó Alfred apareciendo de entre las sombras —. ¿Maestro Bruce? —papá, protegido por la seguridad de la casa, se descontroló. Dolorosamente me tomó del brazo y me empujó a un espacio vacío, lejos de Billy. Su mano se alzó, iba a golpearme la cara. Yo cerré los ojos —. ¡No! Maestro Bruce, él debe estar en la escuela el lunes —la interrupción de Alfred lo retuvo.

—Ya acabó la escuela.

—Pero deben ir a limpiar sus casilleros. No pueden verle moretones, maestro Bruce.

Gruñendo, papá me dio un puño en el brazo.

—¿Por qué? ¡¿Por qué?!

—Papá, no vi cámaras. ¡Yo las busqué!

—¡No me importa si estabas en el puto vacío espacial! ¡Los temas delicados no se comentan por ahí! ¿Querías compartir confidencias con Billy? Está bien, él es confiable, ¡pero no en un sitio desconocido! ¡Y tú! —se giró como un endemoniado para ver al aterrado niño —. ¿Una prostituta, Billy? ¡¿Tú en qué mierda estabas pensando?! ¡Eres un miembro de la Liga de la Justicia! ¡No puedes ir haciendo estupideces!

—¡No era una estupidez! —se defendió —. Yo... la besé y se sintió bien. ¡Eso no es una estupidez para mí!

Papá metió el freno de su cabeza.

—¿Te gustó?

—Ajá.

—¿Tuviste sexo con ella?

—¡No!

—¿Pagaste tú la salida?

—Obvio —dijo ofendido.

Papá apretó los puños y los soltó.

—Llévate esa cosa antes de que me arrepienta.

—¿Eh? —se refería al palo —. ¡¿De verdad?!

¿Qué fue lo que hice al hablar? ¡Idiota, idiota! Papá me cogió a palmadas la espalda, lo que sería ridículo, salvo que sus manos eran pesadas y firmes. Protegí mi rostro, pero el resto de mi cuerpo, en especial mi torso, pagó el precio de mi lengua suelta.

Cogió el palo, claro que cogió el puto palo y me lo descargó en las costillas. Dos, cuatro, seis... pausé mi cuenta. Piernas, espalda, costillas, nalgas: zonas fuertes y curtidas por el entrenamiento; papá tampoco era un animal, no me tocó la cabeza o las extremidades delicadas que eran las manos y que yo con fervor oculté sosteniéndolas en mi vientre.

—Pare señor Wayne —le pidió Billy cuando yo ya estaba en el suelo.

—Tú sube —se detuvo —. Alfred, llévatelo.

—Venga conmigo, señor Batson. Hicimos algunas mejoras en su alcoba, espero que las disfrute.

—¿Dick?

—Hazle caso, vete.

—Bueno.

A solas con Bruce sí podía llorar. El dolor... era horrible, pero mi llanto era por Bárbara, la humillación que la hice pasar, la ira de papá era justificada. Jodí a Bárbara y jodí a mi familia... de nuevo.

Tres azotes después de que se fueron, el palo se rompió y los golpes finalizaron.

—Lo siento, Bruce.

—Lo sentirás de verdad si veo a Bárbara llorar por esto.

—¿No crees que te estás pasando un poco, papá? —la voz de Jason nos sorprendió. Él estaba al fondo, detrás de la computadora principal.

—Jasón, buenas noches.

—Buenas. Vaya, rompiste esa cosa al fin.

Mi hermano se introdujo en el espacio nuestro y se paró delante de mí, yo estaba tirado en el suelo, de rodillas, apoyándome en mis manos.

—¿Qué necesitas?

—Imaginé que harías esto. Entiendo tu frustración, pero esto no es culpa de Dick. Él revisó, cumplió, fue un accidente.

—No me importa que lo hayan grabado, eso me da igual, sé que no fue su culpa y que no estaba bajo su control. Me enfurece que haya hablado en un lugar desconocido de algo tan privado. Pudo haberle contado a Billy de ti, haberle relatado como el Guasón te mató, que existe el pozo de Lázaro, que a Tim lo torturaron. Pudimos habernos jodido de verdad, la sacamos barata... no, Bárbara sufrirá el resto de su vida por culpa de este error. Eso es lo que estoy castigando.

—No volveré a hablar —aseguré.

—Más te vale. Dick, te amo, eres mi hijo, pero esto no te lo voy a perdonar pronto.

Eso sí dolió. Afortunadamente, Jasón se quedó a mi lado.

0oOo0

—Siento haberte asustado.

Mi prioridad era la pelirroja, pero tenía solucionar el lío de Billy.

—¿Y Dick? —habló sentado en el columpio de su cuarto.

—Abajo con... uno de sus hermanos.

—Los niños están con su perro en el jardín —entrecerró los ojos —. ¿Es Jasón?

—¿Cuánto sabes?

—Lo suficiente. Manejas esta ciudad a tu antojo, murciélago.

—Sí, se puede decir. ¿Puedo pasar?

—Es su casa.

—Es tu alcoba —contraataqué y entré —. Dime que fue lo que hiciste.

Billy suspiró.

—Lo que le conté a Dick. Salí con Stephani hoy, tuve cuidado, pero ella no me vendió.

—¿Ya no te asustan las mujeres?

—No lo sé, ella no lo hace y me basta eso. Besa bien, es cariñosa... tuve una erección.

Esa era una noticia maravillosa. Interés sexual, placer, una respuesta física a un estímulo. Años de terapia no lograron lo que una salida con esa mujer consiguió.

—¿Quieres seguir viéndola?

—¡¿Puedo?! —se animó.

La sexualización de Billy no me agradaba, tal vez le estaba dando demasiada libertad, pero yo quería verlo feliz, sonriente, sano.

La cultura de la pedofilia se enfocaba en las niñas, obviando a los varones cuando el abuso ocurría por parte de una mujer. Entre la manada de pervertidos que dañaban a los pequeños, habitaban las primas, las amigas de los padres, las niñas mayores maldadosas que aprovechaban descuidos para incitar a los niños por pura diversión; los padres no tomaban cartas en el asunto, pues sus hijos se convertían en hombrecitos y eso era socialmente un orgullo, indiferentes de la procedencia de las actitudes maduras de sus hijos.

El problema con Billy surgía con el hecho de que él ya era un hombre, lo obligaron a crecer, y no era solo en referencia al sexo. Dick se excusó con el secretario hablando de adultez y, ciertamente, él era muy maduro y responsable, pero en el fondo no era más que un adolescente con las hormonas alborotadas: él dependía de mí. Billy no, él me apreciaba muchísimo, pero yo era prescindible. Él se sobrepuso a la pérdida de su tío y se adaptó por su cuenta, callado, en silencio; consiguió comida, techo y estabilidad, se defendió y cuidó de su libertad. Billy no necesitaba adultos, él era independiente. Lastimaba entender que Billy jamás recuperaría su infancia, pero llorar sobre la leche derramada era de perdedores, tocaba continuar.

—Sí, ¿te sientes a salvo con ella?

La mente de Billy era lo que más me preocupaba, su cuerpo estaba a salvo. Literal, nada en el planeta lo heriría si él no lo permitía.

—Sí, aunque me da algo de pena con ella. Stephani es muy dulce y gentil, pero no quisiera agobiarla.

—No tiene por qué ser tu novia —sonreí —. Es tu amiga, quiérela como tal, no más allá si no estás seguro.

—Entendido, señor Wayne. ¿Usted la va a investigar?

—De naturaleza.

Billy rió.

—¿Está enojado conmigo también?

—Sí. Te diré lo mismo que a Dick: no es el hecho de que la conversación se filtrara, sino que la conversación hubiera existido. La tecnología avanza, si nos quedamos con los viejos formatos de comportamiento estamos acabados. No olvides esta regla, si no se puede decir en una entrevista, no lo dirás en ningún sitio.

—Sí señor.

Ahora, libre, a encarar a Bárbara. El error fue de mi hijo, me correspondía a mí hacerme cargo. Encontré a mi amante en mi baño, dándose una ducha.

—¿Puedo?

—Sí.

La misión ocurrió en un pantano, eran dos duchas por norma, fría y caliente.

—¿Qué dijo tu padre?

—Que ignorase lo que se dijese de mí, que estaba orgulloso de lo que yo estaba logrando y que te recordara que si me herías o me dejabas mal ante los demás él te lo haría pagar.

Ese era el otro tema, se me acabó el sexo casual con otras mujeres. Para mí, las relaciones íntimas eran cuestión de trabajo, el sexo por diversión lo cubrí con diferentes mujeres, recientemente descubriendo que Bárbara cumplía esa función con perfecta eficacia. Era fácil: los dos lo deseábamos, congeniábamos y éramos curiosos con nuestros cuerpos. Incluso, siendo objetivo, más allá de mis sentimientos por Bárbara, ella era la mejor opción, pues no me traicionaría, estaba de mi bando y no era una psicópata.

—No te haré quedar mal, lo prometo. Hubiese preferido que pasaras por señorita unos años más, pero si esa opción no es viable, haré que el mundo te vea como una dama.

—¿Por qué te importa tanto? —cerró el grifo y tomó algo de mi jabón en gel.

—Porque te aprecio, eres una amiga. Te quiero, a veces pienso en ti como una hija —suspiré viéndola acariciarse, digo, enjabonarse —. Esto es complicado y perverso, Bárbara.

—¿Cuándo las cosas son diferentes? —sonrió muy consciente de que yo no retiraba los ojos de su cuerpo.

La primera vez que la vi bañarse, ella se ruborizó completamente, en la segunda ocasión me invitó a que entrara a la ducha con ella.

—Quédate a dormir. En la tarde hablé con la Federación Nacional de Deporte, ellos harán el papeleo y los incluirán a Dick y a ti en el grupo que irá a las olimpiadas. Les contraté un profesor que les coordine las rutinas, Dick quiere modificar y ejecutar el cuádruple salto mortal para asegurarse el oro.

—¿Mañana patrullaremos?

—Sí. Sin el gato, los ratones se alborotan.

La hice reír. Al verla cerrar el grifo, fui por mi toalla y se la tendí.

—¿Me prestas una camisa?

—¿Y si te duermes así?

Negó con risa.

—Los niños tienden a meterse en tu cama de madrugada —me recordó. Bajita como era, Bárbara me llegaba a la mitad del antebrazo, Dick y ella estuvieron emparejados en altura, mas él la superó por unos centímetros (en algún lado leí que Bárbara medía 1,57 cm, así que yo dije wow, que diferencia de tamaño, pero consulto de nuevo y resulta que me equivoqué, mide 1,70 cm, así que tal vez la diferencia no es tan drástica, Bruce mide 1,88, pero igual ella es delgada y menuda. Quizá mi error fue porque la suelen pintar como una niña y en esta historia ya tiene los 18 años. Lo que sea, ya la escribí como pequeña, así que para parámetros de esta historia Bárbara mide 1,60 cm, Dick 1,65 cm y Bruce sus 1,88) —. Vi en internet un... ¿podemos probar?

—¿Y me pides camisa? Qué cruel eres —me burlé yendo a mi habitación. Entre el baño y mi alcoba quedaba el closet; allí tomé una ancha camiseta blanca de algodón. Bárbara se deslizó en esta —. ¿De qué trata? —dije tomándola en brazos y cargándola como a una bebé. Bárbara se sujetó a mi cuello y me besó.

—El misionero, pero con unos cambios.

—¿El truco de la almohada bajo la espalda?

—Ese ya me lo enseñaste —le brillaron los ojos —. Esa almohada hace una diferencia brutal.

—Te lo dije —reí quedándome de pie frente a mi cama. El peso de Bárbara no me molestaba, podía cargarla así un buen rato —. ¿Qué cambia?

—En lugar de abrir las piernas, mantenerlas cerradas.

Entrecerré los ojos.

—No es por echarme halagos, pero ese método está más pensado para penes pequeños. La estreches que genera el no separar los muslos potencia la sensación y la estimulación de las paredes internas del clítoris, pero podría resultarte doloroso.

—¿Probamos? Tengo curiosidad.

Si Dick me hubiese sonreído así, obviamente en una situación distinta, lo habría considerado manipulación sin intención, una inocentada de las suyas. No lograba concebir a Bárbara manipulándome, por eso era que le funcionaban tanto los ojitos de cachorro.

Incliné mi cabeza y besé la comisura de sus labios.

—Lo que quieras.

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Jason se sentó en el suelo, cargó con mi peso y me recostó entre sus brazos, acomodándome en medio de sus piernas. Mi hermano no me habló, se limitó a sobarme los brazos y oírme llorar.

—Bruce va a seguir furioso por semanas.

—Dick, vámonos de esta ciudad.

—No, ¿qué cosas dices?

—Hermano, esto no es normal. ¿Por qué nos tiene que pegar tan duro? ¿No puede él asegurar su propio trasero? ¿Tenemos que verlo coger?

—Jason, ¿eres un traidor? —me forcé para verlo. Me agradaba mirar su piel suave y no ese casco rojizo.

—No.

—Entonces cierra la boca. Bruce es un buen padre. Mira el desastre que somos aún con toda la disciplina de papá: dos terroristas, tú un asesino narcotraficante y yo un desjuiciado promiscuo. ¿Qué habría sido de nosotros sin él?

—Dick, te rompió ese palo en la espalda. ¡Y tú no eres tan malo!

—¡¿Y no me lo gané?! —grité —. Jason, le jodí la vida a Bárbara. ¿Crees que estoy llorando por el dolor? ¡Van a acosar a Bárbara! ¡No la van a dejar nunca en paz!

Él desvió los ojos.

—El mundo es cruel con las mujeres... pero no eres tan malo, yo me lo merezco, tú no.

—Jey, yo fui quien vertió el licor en la cena —susurré para asombro de mi hermano —. Bruce no lo sabe, pero sí conoce mucho del resto.

—¿Qué es el resto?

—Yo causé el desfalco a la Orden de los Búhos y la caída económica, usé una cuenta de Luthor y las influencias de Superboy para que no nos pillaran, introduje heroína y coca en el casillero de un niño de séptimo para que la policía lo arrestara solo porque él estaba molestando a Tim, usé a Blue Bettle para causar los sismos que estremecieron a Miami y así distraer a las cocineras que perderán su empleo por mi culpa, introduje a la Tierra una droga intergaláctica que debilita la mente de las personas, drogué, amenacé, asusté y manoseé a Helena Bertinelli para que ella entrara en pánico y quedara como una loca, además la drogué en nuestro periodo de novios, el día que se acostó conmigo llevaba cuatro horas consumiendo sedantes. Me emborraché, organicé tríos y una orgía, espié mujeres desnudas... mierda, pobre del cura que me confiese.

Jason se quedó con la boca abierta.

—Tú... coño, tú... ¿nuestra vida por qué es tan rara? —protestó besándome la cabeza y apretándome contra sí; no me juzgó... amaba a Jason —. ¿No nos merecemos una familia normal, una niñez? ¿No ser unos putos dementes? A veces lo pienso y solo veo sangre y balas en mi futuro.

—Jason, ¿cuántos huérfanos en tus condiciones vivían en Gotham?

—Millares.

—¿Cuántos hay hoy?

—... no tantos. No me lo digas, lo sé, lo que hacemos genera cambio, somos el verdugo de la sociedad, la obligamos a caminar por el sendero recto.

—Sí. Y para ello, nosotros tenemos que torcernos. Un anciano con una visión sesgada, un loco, dos niños con chalecos antibalas y entrenamiento militar, dos adolescentes traumatizados y una adolescente que a partir de hoy será conocida como un símbolo de escándalo sexual.

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—Ahí no... mhu —solté un ruido raro contorsionando el rostro. Su lengua hábil me confundía, me llenaba de nervios, mas me enloquecía.

—¿Cuándo te acostumbrarás? El sexo anal es delicioso —murmuró separándose de mi segundo agujero.

—Me gusta, pero me da miedito sentir tu lengua ahí —admití sonrojada.

—¿Miedo a que salga algo? —se burló. Me sentí estúpida y él lo notó —. Lo siento, muñeca —se me acercó a la cara —. Dame un besito, comprueba que no sabe a feo.

Me dio asco, pero lo besé. El olor era... olor a vagina, el sabor tampoco se le distanciaba. Bruce besaba dulce, fuerte o furioso; en ese momento, por unos segundos, violó mi boca con su lengua. Al separarnos, tragué una espesa cantidad de saliva que originalmente perteneció a su boca.

—¿Te limpiaste como te enseñé? —asentí —. Entonces no pasará nada. No tengas miedo.

—¿Y si cometo un error?

Él sonrió.

—Nos reiremos y lo terminaremos en la tina —sus palabras me confortaron. Solía ser difícil tener sexo con alguien experimentado, no me gustaría dejar una mala impresión, una novatada humillante —. ¿Qué tanto piensas? Te suelo ver incómoda. ¿Algo te molesta?

—No.

—Bárbara —me advirtió.

—¿No soy aburrida?

Bruce frunció el ceño.

—Para nada, ¿por qué lo piensas?

—Es que... comparada con...

—Alto ahí —su rostro perdió emociones, era su forma de decir que estaba molesto —. Eres Bárbara Gordón, Batgirl. Una genio absoluta, una informática de terror que puede con el virus que le pongan delante y una gran luchadora y una gimnasta de otro nivel que se colgará varias medallas de oro en estas olimpiadas.

Arrugué la boca.

—Ninguna de esas habilidades sirve en la cama. Hay noches en las que siento que solo te sigo el paso, sin aportar nada.

—Aportas tu flexibilidad —se burló —. Es completamente entendible que te sientas sobrepasada, ¿es eso lo que sientes? ¿Qué no añades a nuestra... relación?

—Sí.

—Nadie nace aprendido, Bárbara. Lo de las clases que te mencioné ayer no era broma. Quiero que tengas más confianza, ya me tienes hechizado, pero no por tu decisión, sino porque no dejo de verte.

—¿Y si me equivoco? Le tengo miedo al ridículo.

—No me reiría de ti jamás —me aseguró —. Siempre nos equivocamos, somos humanos. Lo que necesitas es confianza, es todo. Y para eso debes practicar —me carcajeé, lo dijo con mucha malicia —. ¿Cómo era? ¿Rodillas juntas?

—Sí.

Se levantó un poco de mí, juntó mis piernas y las pegó a mi torso. Yo gocé de dos orgasmos en su boca, esa lubricación bastaba.

—Dime si duele.

—Ajá.

Oh... guao. El trozo de carne caliente tardó en abrirse paso, estaba muy apretado, pero se sintió hasta lo más hondo.

—¿Bárbara? ¿Dolor?

—Sí.

—¿Quieres que pare o te abra las piernas?

—No —resoplé —. Embiste... mierda, debimos haberlo hecho en el ático —me mordí un dedo para no gemir en voz alta.

—¿O sea que no duele?

—Sí duele, pero me gusta.

—Dios, niña —jadeó empezando a moverse sin pausa, no muy rápido —. Mierda, que rico está esto.

—Bruce —le sujeté los hombros para que frenase —. ¿Y si me asfixias un poco? No voy a lograrlo sin gritar.

—Te amo, maldita sea.

Reí hasta donde pude. Genial, se sentía genial.

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Revisé mi correo oyéndolos servirse de la ensalada con pollo que M´gann preparó. Nos quedamos los mayores en la cueva, a Azul realmente no le importaba el asunto y Red Robin se fue poco después de su papá, configurando el lugar en el que aparecería para no toparse con «la paliza de Dick».

—No sé ni qué es peor, que Batman le haya tirado onda a Bárbara o que ella le aceptara las insinuaciones.

—Arti, ¿quién dice que fue Batman el que la cortejó? —me burlé. Completamos el millón de pedidos de los perros aspiradoras, grupos de ecologistas consideraron que nuestra causa era noble y crearon actividades para mandarnos basura extraída del mar, las visitas a las costas de Gotham que nosotros programamos ya contaban con cientos de participantes suscritos.

—Dick dijo que tú sabías —argumentó M´gann trayéndome mi plato de comida.

—Lo de la relación de ellos sí, pero no de sus inicios exactos —me excusé —. Gracias —tomé la cena que flotó hasta mí.

—Yo no dejo de pensar en lo que dijo Batman —Kaldur frunció el ceño.

—¿Qué? ¿Llamarla niña después de que sabemos que se la coge? —ofreció con crueldad Rocket.

—No —el lució horrorizado —. Bueno, sí, es raro, pero me refiero al palo. Es que no sabía que Batman les pegaba.

—Justo ahora, el señor Wayne tiene que tener severas ganas de matar a Dick —a la rubia le quedaba fácil burlarse, su papá tampoco era de mano blanda.

—Yo estuve cuando le pegó a Dick por lo de la bomba —reí —. Esos golpes sonaban durísimos.

Artemis se unió a mis risas.

—¿Y si la está obligando a tener sexo? —el comentario de Rocket me molestó y no fui el único.

—Es Batman —fue el argumento de Kaldur.

—Bárbara está grandecita, sabe lo que hace —dije yo.

—Es moreno y apuesto, el ídolo sexual de este siglo —la arquera aportó la visión femenina al asunto —. Si a mí Batman me guiña un ojo y me señala una cama con la cabeza, yo le camino a dónde sea.

—Ja, le voy a decir a Wally —sonreí con humor.

—Él también le camina —se burló. Rocket la vio sin impresionarse —. Ay, por favor, es Batman, ¿quién no se acostaría con Batman de tener la oportunidad?

—Soy heterosexual —dije —, pero si Batman se me insinuase... mierda, que diga cuándo y dónde.

La mayoría se rio, M´gann, mirándome con fastidio, le pidió a Gar que fuera a su habitación. El niño verde se retiró soltando quejidos.

—Cuida esos comentarios, Gar solo tiene 13.

—El Capi solo tiene 13 y tuvo una cita con una prostituta —ese temita era de risa. Jamás se lo dejaríamos pasar a Billy.

Riéndose con Artemis, Kaldur negó.

—Eso a mí sí ya me parece demasiado —e igual reía entre dientes.

—La cita da igual, lo que me sorprende es que la convenciera —añadió Arti antes de fruncirle el ceño a la chica de piel oscura —. Quita ya esa cara, ¡a Bárbara no la amarraron a una cama para cogérsela! Y si lo hicieron, estaba que no cabía de la felicidad, como cualquier mujer normal.

—¿Ustedes de quién creen que el Capitán Maravilla y Nightwing aprendieron a manipular? Bárbara es una adolescente, Batman un hombre, él puede envolverla en su dedo con dos palabras.

—Oye, ¿qué pasó con tu discurso feminista de «mi cuerpo, mi decisión»? —pregunté con maldad —. Bárbara decide con qué hombre meterse, eligió a Batman, punto, ya, no hay mucho que pensar.

—Bárbara se está jodiendo la vida —alegó Rocket —. ¿Qué pasará cuando Batman se aburra y vaya detrás de otra? Él es un mujeriego sin remedio.

—Ellos no está comprometidos, es sexo, Dick lo dijo.

—Es abuso, él la manipula.

—Bueno, ¿y tú que pruebas tienes? —peleó Artemis.

—Es un hombre, ¿qué más pruebas necesitas?

Alcé una ceja.

—Yo me acosté con M´gann miles de veces —Lagoon Boy detuvo su masticar para verme con odio —. Yo llegué primero, supéralo niño verde —miré a Rocket —. ¿La manipulé? ¿La abusé? No, porque así no funciona. Le dije que abriera las piernas y lo hizo, hay consentimiento.

—Oye, no seas tan bruto —se quejó M´gann.

—Tal vez tú no, pero la mayoría de los hombres sí son abusadores —Rocket y yo ignoramos a mi ex.

—Oye —Artemis se hartó.

—Sácame de ese grupito —pidió Kaldur.

—Yo jamás haría una cosa así —se introdujo Lagoon.

No pude agregar mi parte, mi teléfono sonó. Era TikTok, me notificaba de un vídeo. Alcancé a ver el nombre del usuario: B. Wayne.

—¡Batman hizo un TikTok!