—¿Más misiones?
—Sí —luego de completar mi sexta hora de entrenamiento, me acerqué a Bárbara. Ni ella ni Bruce me hablaron mucho, papá estaba furioso, jodidamente furioso, y la pelirroja no se decidía por un comportamiento agresivo o algo, lo que fuese. Justo en ese momento me sentía de pie sobre hielo, sin saber si este se rompería o no —. ¿Qué tanto revisas?
—A la gente —suspiró con los ojos idos —. Están subiendo un montón de cosas contra Bruce, contra mí...
—Eres la víctima —dije —. Nadie te ataca.
—Ese es el problema —ante mi cara confusa, me tendió el celular —. Mira.
—Uy —¿por qué esa chica daba alusión a que Bruce había dado una paliza a Bárbara?
—Están usando mi nombre para desprestigiar a Bruce y no sé cómo solucionarlo.
Tragué con una bola en el pecho.
—¿Qué quieres que haga? Es mi culpa, después de todo.
Bárbara me observó y sonrió.
—Quita esa cara de estreñimiento, no te estoy culpando —wow, que paz —. Esto fue un accidente, no deberías ser hablador de temas prohibidos, pero no lo hiciste por maldad. ¿De verdad te rompió ese palo en tu espalda?
Asentí.
—¿Le preguntamos al murciélago qué decir para mermarle a esto? —sacudí su teléfono.
—No, están ocupados con Billy... ¿qué tal le fueron a los TikTok de Bruce?
Sonreí.
—¿Te interesa?
Se encogió de hombros.
—Si sirven.
—A las mujeres les encantaría verte levantar 80 kilos en peso muerto —la motivé.
—¿Se puede mostrar el entrenamiento?
—Am —borré mi sonrisa —. No, pero... pidamos permiso.
—Toca esperar —repitió su movimiento con los hombros de forma pensativa —. ¿De qué trata la misión de hoy?
—Exploración; en realidad, son asuntos menores, simplemente van a probar el liderazgo de diversos miembros: Megan, tú, Superboy, Lagoon Boy, y así.
—¿Superboy bajo las órdenes de Lagoon? Eso no me lo pierdo.
—Nadie se lo pierde —reí.
0oOo0
—Creí que no querías verme más —murmuré a Canario ocupando mi típico asiento de consulta.
La rubia intentó fruncir el ceño, pero borró su gesto.
—Nos preocupamos por tu estado mental. ¿Cómo te sientes?
—Mejor —recogí mis pies y me acomodé a mis anchas en el asiento acolchado —. Yo sabía que mataría a Black Adam, el Mago me lo dijo desde el principio.
—¿Desde el principio del combate?
—No, desde que me otorgó mis poderes, a los siete.
—Debió haber sido duro para ti, eras un niño.
—Supongo —desvié los ojos por la habitación —. De cierta forma, creo que Black Adam conocía su destino... no, no el suyo, solo... sabía que uno de los dos iba a morir.
—¿Por qué lo dices?
—Desde el inicio habló de eso, que era la pelea definitiva. Nunca había usado esa palabra conmigo, hablaba de matarme, claro, pero... no sonaba así de serio.
—¿Te sientes culpable por haberlo matado?
—No.
Ella alzó una ceja.
—¿Por qué no?
—Vivió 5 mil años, de algo se tenía que morir.
A Canario mi broma no le hizo gracia.
—¿Evades la culpa con chistes? Es negación, Billy.
—No —la miré con los ojos entrecerrados —. Es racionalismo y practicidad. Hay cosas que están por fuera de mi control, no importa que tan fuerte sea yo. No tengo por qué sentir culpa de que Black Adam muriera, estábamos en una batalla, esa probabilidad existe y los dos la conocíamos; tampoco tengo por qué sentirme culpable de lo que te hizo Oliver.
Ella apretó los labios.
—No estamos hablando de eso.
—Deberíamos.
...
—Muy bien —cerró su libreta y cruzó las piernas —. ¿Por qué? Si eras consciente de lo que Oliver hacía, debiste contármelo.
—Yo estaba en el punto del medio: Oliver confiaba en mí, no lo traicionaría; tú eres mi amiga y mi colega, no es correcto que te oculte algo que te hiera de forma personal. Decidí no hacer nada.
—¿Por qué?
—Porque no es mi problema. Tú sabías que Oliver te engañaba, no finjas —ella retiró sus ojos de mi figura, incapaz de enfrentarme —. Oliver es un mujeriego empedernido y tú una ilusa que cree que él cambiará. Le has perdonado todo imponiéndole condiciones que ignoraran mutuamente, dejas que él te pierda el respeto; Oliver recae y lo perdonas de nuevo repitiendo el ciclo. Si a ti misma no te importa lo suficiente como para hacer algo al respecto, ¿por qué tendría que importarme a mí?
Talvez fui muy cruel, pero ella tenía que oírlo.
Canario abandonó la sala y me dejó a mi suerte.
0oOo0
—¿Lista?
No.
—Sí.
Junto a Red Robin y Nightwing atravesé los Tubos Zeta; Batman, el Equipo y los novatos nos aguardaban en la Cueva. Dick prometió que se encargaría de que la situación no fuera incómoda.
—¡Oye! ¡Sobreviviste! —la risotada de Superboy fue lo primero que escuché.
—Casi que no, viejo —indiferente de la presencia de Batman y de su ceja alzada por semejante comentario, Dick corrió hasta los chicos.
Ah no, no era imprudencia. Dick estaba haciendo ruido y acercándose a ellos para atraer las miradas y que yo pasara desapercibida. De seguro lo planeó con Superboy.
—¿Cuánto tiempo palearas mierda?
—Ay joder, ¡semanas! —Dick rio. Yo me colé entre ellos; su estrategia no funcionó muy bien, M'gann, la Mujer Maravilla y la chica rubia a su lado que no reconocí se me quedaron viendo —. A Billy casi le formatean el teléfono.
—¡¿Lo de la prostituta es cierto?!
Batman se aclaró la garganta.
—Los temas del Capitán Maravilla los soluciona la Liga. No hablarán más de ese asunto en específico. Ahora, la misión —cliqueó y la computadora holográfica mostró un mapa en... Europa. Sí, Europa —. Vamos a realizar una serie de ejercicios de liderazgo con misiones menores en las que participaran todos los miembros, inactivos y no, debido a su baja peligrosidad. Les presento a Wonder Girl —señaló a la chica rubia en ropa deportiva —. Es la sobrina de la Mujer Maravilla y entrará al grupo de los inactivos. Tiene 14 años.
—Bienvenida —saludó Kaldur.
—¡Hola! —nos saludó energéticamente. Su tía despegó los ojos de mí y le sonrió.
¿Qué le pasaba a la princesa Diana? Ya me tenía harta.
—Se conocerán mejor en la nave. La misión consiste en internarse en una universidad de Hungría. Entrarán sin ser detectados, pero sin retirarse sus trajes; adentro, harán un pequeño acto de vandalismo que, naturalmente, no será más que un desorden de pupitres y rayones en los tableros. El objetivo es que no sean descubiertos a pesar de entrar en cada aula del establecimiento. ¿Preguntas?
—¿Tenemos permiso para hacer esto? —pregunté con duda.
¿Ir y vandalizar una universidad en Hungría? La ONU nos agarraría a nalgadas.
—Sí. Pedimos un permiso especial, todas las universidades se ofrecieron voluntarias porque les sirve para probar su propio servicio de seguridad, siempre que el caos no signifique un gasto. Por lo mismo, solo consistirá en desordenar muebles y escribir tonterías en los tableros. No quiero ver vulgaridades ni marcadores permanentes, mugre o elementos rotos.
—Ok.
—¿Ellos saben que vamos? —pidió Aqualad.
—No. El objetivo es que los estudiantes y docentes se encuentren con el desorden en sus primeras horas mañana en la mañana. ¿Más preguntas?
—¿Cómo nos dividiremos?
—Eso pregúntenselo a Superboy, él es el líder.
—¿Yo? —lo tomaron desprevenido —. Ah, bueno.
—¿Preguntas?... ¿No? Muy bien. Los esperamos aquí en la mañana. Nightwing, Batgirl, quédense un momento —¿qué querría el murciélago? —. Superboy, tú y tus orejas kriptonianas pueden ir subiendo a la nave.
El clon hizo una mueca.
—Adivinaré, les pedirás que cometan un error que ponga en jaque la misión para hacerme más difícil la vida.
Batman sonrió.
—Parecido —soltando un quejido y una risita, el clon alzó las manos en señal de rendición y empezó a alejarse con los otros. Nosotros nos acercamos; la princesa Diana mandó a su sobrina con los demás. ¿Ella escucharía el asunto? ¿Era otra cosa? —. ¿Quieres dejar de mirarla? —le gruñó Batman a la amazona una vez a solas.
Uy, vi que Dick moduló.
—Lo siento, Batgirl —al menos se mostró incómoda.
No le respondí.
—Ustedes van a fingir sabotear la misión, pero fallarán porque Superboy ya está alerta —nos informó Batman tendiéndonos una USB. Dick la tomó —. Cuando ellos se hallan relajado, a Bárbara le va a bajar la menstruación.
—¿Qué? —Dick arrugó la nariz —. ¿Se puede saber eso con tanta precisión?
Quizá fuese una ilusión, pero creí ver en el movimiento de las lentillas a Bruce rodar los ojos.
—No. ¿De qué estás hablando? —exigí saber.
—Vas a tener que ir al baño, Dick te escoltará. A solas, irán a la sala de cómputo y conectarán el virus de esta USB a la red central de la universidad.
—La finalidad de la misión es conseguir información —nos informó la Mujer Maravilla —. Hay un grupo de criminales que han estado efectuando robos menores a diversos bancos y cuentas privadas; los hemos localizado en una universidad de Bélgica, pero la universidad tiene sede en Hungría y ellas se encuentran conectadas por medio de su base de datos. La Liga se encargará de la investigación.
Eso tenía mucho más sentido.
—¿Por qué el Equipo no lo puede saber?
—Ya son demasiados, no es lo mismo cuando solo eran ustedes seis. Empezaremos a guardar secretos.
Dick frunció el ceño.
0oOo0
—Entonces... —murmuró Lagoon Boy con incomodidad —. Es la primera misión con tantos miembros, ¿no?
—Sí —M´gann y Gar fueron amables, Superboy no respondió y los demás no pusieron atención, más interesados en la nave marciana.
—¿Qué? —miré a Bárbara. Wonder Girl la continuaba mirando; la niña, señalada, se sonrojó.
—Lo siento, es la primera vez que veo a una persona pelirroja —se excusó rápidamente. Parecía ser una niña muy tímida y torpe —. Es muy bonito tu cabello.
—Gracias —aún dudosa de la veracidad de la rubia, Bárbara sonrió y aceptó el cumplido.
—Hey, Nightwing —Kon me llamó tendiéndome su teléfono —. Están diciendo esto de nosotros.
Creen que venden limonada en la esquina.
—¿BKD?
—Sip. Al parecer estamos evadiendo impuestos.
—Los estamos evadiendo —me burlé ignorando a los demás —. Billy no sugirió esos cheques de 50 dólares por casualidad, Kon-El.
—Pues hay que hacerlo pasar por algo más, podrían cerrarnos.
—No lo van a hacer, para algo están Luthor y Bruce —me encogí de hombros.
A los chicos mi comentario no les caló, especialmente a los mayores. La rivalidad con Luthor jamás acabaría y algunos de ellos veían raro la relación de Kon con su padre.
—Si hablo con Luthor, ¿harías lo mismo con Batman?
Contorsioné el rostro.
—Justo en este momento no le quisiera pedir un favor a papá.
Kon sonrió con sevicia.
—¿Muy enojado por tu chistecito?
—Jum —miré a Bárbara con diversión —. ¿Tú qué dices, principal afectada?
La pelirroja se burló de mí.
—Milagro de Dios que no lo haya asesinado.
Reí.
—Am, Bárbara —tomó la palabra M´gann —. Lo de Batman y tú... ¿es cierto?
Los presentes no perdieron un solo detalle de la respuesta de Bárb. Mi amiga, para mi asombro, permaneció implacable y sólida.
—Sí, es cierto. Me acuesto con Batman.
Uff. ¡Qué ovarios tan grandes!
—Artemis se va a ir de para atrás —comentó Kon —. Ella quería saber... ¿podemos preguntarte?
—¡Conner! —lo regañó M'gann.
—Vamos, todos tenemos curiosidad —se defendió.
—¿Qué quieres saber? —ofreció Batgirl.
—¿Quién sedujo a quién?
Sonreí.
—Yo conozco esa historia a medias, también quiero escuchar la versión completa.
—No es la gran cosa, yo inicié todo, Batman me frenó, le dije algo y ya —se encogió de hombros.
—¡¿Y ya?! —jadeó M'gann —. ¿Con qué convenciste al murciélago?
—¿Qué le echaste en la comida? —me mofé.
—Nada, le di le donde le duele, es todo.
—Espera, espera, espera —la frené —. ¿En esa historia tú le das dos vueltas a papá y lo envuelves en el dedo índice?
—Es una forma de verlo.
—¿Podemos grabarte y subirlo a internet?
—¿Quieres más problemas con Batman? —advirtió Superboy.
—No, no. Llamémosle y preguntemos —los encaré desde mi asiento —. El mundo está comentando este asunto, sería genial que Bárbara hablara y todos vieran que mi papá no la viola.
Entre ellos se miraron.
—¿Y él daría ese permiso? ¿En la nave?
—Llámalo tú —le dije a la pelirroja —. Jamás te dice que no.
—Ese eres tú —e igual realizó la llamada. Su explicación fue al grano y papá no demoró en dar el visto bueno con la condición de no enfocar la ruta de vuelo, sino el interior de la nave. Lo grabamos desde mi teléfono, fue Blue Bettle quien nos ayudó sosteniendo el aparato; los demás se amontonaron a un lado de la nave a comerse las uñas, deseosos del chisme fresco.
—No vayas a decir nada, Jaime —le recordé al niño.
—Sí —para avisarnos que empezó a grabar el niño hizo una seña con su mano.
—Ok —sonreí dudoso. Bárbara no lucía arrepentida de haber aceptado, pero su fachada dura a veces era eso, una fachada —. A modo de redención por haber causado este maremoto, conseguí un permiso para...
—Yo conseguí el permiso —indignada, Bárbara me cortó.
—Fue mi idea —alegué —. Lo que sea —miré de nuevo a la cámara —. Se supone que estamos en una misión, esta es la nave de la Señorita Marciana —apunté a las paredes rojas —, no deberíamos grabar aquí, pero nos autorizaron. El caso es que como todos están hablando de esto y muchos tienen la errónea suposición de que papá ha obligado a Bárbara de alguna forma a... —dudé.
—Tener sexo.
—¿Lo digo así? —abrí los ojos.
Era una adolescente femenina frente a una cámara, ¿aceptaba tan fácil el sexo? Sin duda, Bárbara no tenía historial de matoneo escolar.
—Es lo que es. Prosigue.
—Ok, es ruda —me burlé de mi amiga sonriéndole a la cámara —. Muy bien. Bárbara nos iba a contar la historia de cómo su relación con Bruce empezó y me pareció que sería adecuado que todos se enteraran y frenaran sus miedos respecto al tema. Batgirl.
—Sí. Les estaba diciendo que yo inicié todo. Ese tipo está muy bueno y yo lo veo cada día sin camisa, ¿qué más querían que hiciera? —dijo con jocosidad —. De hecho, hay una historia de fondo, yo... ah, le tenía miedo a una posible violación en las calles y no me parece que sea una forma linda de perder la virginidad. Resumiendo, se lo pedí al murciélago y él dijo que no.
—¿Qué? —la interrumpí —. ¿No dijo que sí?
—No, para nada, ¿no oíste lo que te conté? Aceptó después de que yo lo provocara.
—¿Cómo?
Sonaba divertidísima esa parte de la anécdota.
—Él me explicó que el sexo arruinaría la amistad así que... —se rio —. Le dije: «¿tan mal polvo eres?»
M´gann no se aguantó el jadeo, Kon se carcajeó muy fuerte. Yo quedé en shock.
—¡¿Tú le dijiste eso a Batman?! —exclamé aterrado.
—Ajá —sonrió.
—¿Insultándolo conseguiste lo que querías? —no entendí.
—Claro. Es un hombre, puede ser un mendigo o el rey del mundo, pero Batman no deja de ser un hombre, así que le di donde le duele, en el ego.
—¿Y qué respondió? —no me lo creía.
—Nada, se fue indignado y furioso, no me habló en toda la noche.
—¿Y en qué momento...?
—Tras la patrulla.
—¿En su habitación?
—En el ático.
—Uy —solté. ¡Ese puto ático!
—¿Qué es el ático? —preguntó Kaldur.
—Eso, un ático, pero fue modificado para... ¡joder Bárbara!
—¿Cómo iba a saberlo?
—Chicos, arribamos en 10 minutos.
—Para la grabación.
—No, aguanta —Bárbara frunció el ceño —. Es más que evidente que yo no he sido forzada a nada, borren esos vídeos que hicieron de mí en el que se muestra que sufro de violencia y machismo, porque no es así. Ahora sí, párala.
—Lo publicaré en mi Instagram —le avisé yendo a por el celular.
0oOo0
Cada día las cosas se ponían más locas en ese trabajo. Lo que inicialmente eran ensayos y una lección semanal de lucha se convirtió en colaboraciones personales con Nightwing, algunas pagas, pues eran por fuera de la ley y de las normas de Batman. Ahora me encontraba en mi primera misión oficial, lo que me emocionaba a pesar de ser solo un entrenamiento.
Estoy hecho para cosas más importantes, Jaime Reyes. Pedirnos estas estupideces es una falta de respeto.
—Oh vamos, cállate —con mi buen humor, no tuve cuidado y respondí a la ligera —. Será divertido.
¿No le parecía que era interesante? Nos colamos dentro de una universidad de otro país, era... aventurero.
—Dile a tu alucinación que cierre el pico y se concentre —me riño Lagoon Boy.
—Cierra el pico tú —espetó Superboy.
Quizá por llevarme bien con él y Nightwing, ellos saltaban a mi defensa de inmediato. Lagoon Boy lo consideraba favoritismo y se enojaba más.
—¡¿Qué haces?! —el grito de M´gann fue contestado con muchos «shh», hasta que todos vieron lo que hacía Bárbara.
—¿Qué? —sonrió divertida con la mano en la alarma contra incendios.
—No, Batgirl —se quejó Superboy acercándosele a la pelirroja —. No me arruinen esto.
—Solo seguimos órdenes —rio Nightwing.
—Bah —le tomó la mano. Ella era bajita, más cercana a mi tamaño que al de Superboy —. Para allá.
—¿Soy un perro? —se burló.
—No, pero no te quiero cerca de las alarmas. Bueno, cumplan sus sueños: hagan desastres en una escuela.
Francamente, no sonaba mal.
0oOo0
La mejor parte de la misión fue vaciar las máquinas expendedoras de comida. Y comernos el contenido, por supuesto.
—Dejémoslos sin café —sugirió Tim abriendo otra barra de chocolate.
—No voy a botar comida —se negó Nightwing.
—Podemos tomárnoslo.
—¿Tanta cantidad? No dormirías en 10 días.
—Batman no te dirá nada, la misión es responsabilidad de Superboy.
—¡Hey!
Batgirl rio hasta casi desfallecer. Fue cuando ya llevábamos media universidad vandalizada que ella se detuvo de golpe con la cara extrañada. ¿Qué? Ah, cierto, le llegó su falsa menstruación.
—¿Hay baños aquí?
—En la mitad del piso, ¿por qué? —Superboy apenas notó su comportamiento, más preocupado por hacer una pirámide con los pupitres.
La idea de Kon de dividirnos salió mal al principio, pues los nuevos no podían ir solos, así que nos separamos en dos grupos, cada uno con un puñado de novatos y miembros antiguos. Por supuesto, me pedí a Blue Beetle y Red Robin.
—Creo que... ¿M´gann tendrá en la nave toallas higiénicas?
—Oh —Kon se detuvo con nerviosismo —. La verdad es que no creo, ella no ovula como las terrestres. Ve al baño, toma el tiempo que necesites y alcánzanos.
—Claro... —dudó. Papá le enseñó a Batgirl que una mujer puede actuar desprotegida para su propio beneficio, pues los hombres se enfocarían en su bienestar para poder «lucirse y quedar bien ante la indefensa chica» —. ¿Nightwing me puede acompañar?
—Seguro, ¿Kon?
—Sí, pero si prenden esa alarma o atraen a los guardias los haré viajar en la parte exterior de la nave.
—No, no. Gracias, Superboy.
Pan comido.
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—¿Entonces? —reté a Oliver.
—¿Entonces? —me devolvió la palabra y el cinismo.
Los abogados de la Liga visitarían Cancún 10 veces con todo lo que les estábamos pagando para defendernos. Ese dinero podría usarse en mejores cosas, como comida y mantenimiento.
—¿Quieres unirte, Billy? —la oferta no me tomó desprevenido, pero sí que viniera de la boca de Aquaman.
—Seguro, rey Orín. ¿Es por la demanda de Fawcett City?
No me les uní realmente, solo di un paso al interior. Mi decisión ya había sido tomada.
—Sí.
—No la peleen —dije sorprendiéndolos —. En este momento, la Liga no necesita más problemas y yo he traído demasiados escándalos. Si conservo mi habitación en el Salón, mi membresía dentro de la Liga y mis horarios normales de modo que nada en mi trabajo se altere, y que sea solo yo quien maneje mis cuentas bancarias, aceptaré ir a un hogar de acogida.
—Billy —la Mujer Maravilla, la que debía estar más feliz, trató de razonar conmigo —. Piénsalo muy bien.
—¿Quién te entiende, princesa? Me has intentado sacar de la Liga y mandar a un orfanato desde hace tres años. Felicitaciones, se cumplieron tus sueños —dije un tono altanero y sarcástico.
—Billy... —el Hombre Halcón quiso tranquilizarme.
—Déjalo estar. ¿Y el murciélago?
—En Gotham, patrullaje.
—Ok. Estaré afuera.
—¿Dónde? —pidió la amazona.
—Por ahí volando, ¿qué te importa?
Di media vuelta y me marché oyendo sus suspiros de cansancio.
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—¿Hecho?
—Hecho. Vámonos de aquí.
—Tardamos mucho, ¿qué le diremos a Superboy?
—Que salió un chorro de sangre, que me maché la ropa interior, que me tocó cambiarme, que hice un reguero y hubo que limpiarlo...
—Ya —Dick me alzó la voz con horror para frenarme.
Hombres.
—¿Nunca lo has hecho con una chica menstruando? —pregunté saliendo del baño. Los demás ya debían estar afuera, en el edificio de al lado. Era una universidad pequeña, fácil de vandalizar una vez hackeamos las cámaras.
—La verdad es que no. ¿Y tú?
—Un par de veces, no es tan malo.
—¿Duele?
—Al contrario, ayuda con el dolor.
Llegamos a las escaleras.
—¿Cómo funciona el juego previo si estás sangrando? —curioseó.
—Pues —lo pensé recordando —. No hay sexo oral porque te untarías, excepto si es el primer o el último día, donde hay menos sangre, en los días intermedios incluso hay coágulos y no quieres eso en tu boca —Dick lució algo verde —. No seas infantil.
—Oye, hay cosas que todavía no conozco bien, tengo derecho a asquearme.
—Eres un niño.
—Pues sí, un poquito.
—¿Cuándo harás un movimiento en dirección de Catwoman? Juraba que correrías esa misma noche a su apartamento.
Él rio.
—No sé si sea capaz.
Alcé una ceja.
—Eres guapo, educado y coqueto, ¿por qué no serías capaz?
—Yo... pon atención, porque este problemita lo puedes tener tú, si es que ya no lo tienes —¿problema? —. Catwoman es una mujer recorrida y que por años fue casi fiel al murciélago, hablando sexualmente. Los hombres tratamos de poner la vara alta por quedar bien e impresionar, pero si un hombre ya la puso muy alta, pues los demás tenemos miedo a no dar la talla. Sé que Catwoman se acostaría conmigo en un parpadeo, ella me adora y es demasiado coqueta como para no ponerme atención, y yo fingiré ser muy valiente y arriesgado, pero la verdad es que, en la cama, no sabría si puedo ser capaz de hacerlo bien.
—¿Lo haces mal? ¿O eres torpe?
—No, pero sé que me equivoco y... estoy aprendiendo —hizo una mueca —. Puedo impresionar a una chica, pero con una mujer no creo que lo logre, menos una que ya estuvo con papá. ¿Supones que Superboy o yo podríamos hacerte las mismas cosas que Batman a ti?
—No —era obvio —. Él es... un adulto experimentado.
—Exacto —suspiró —. Visitar a Catwoman es ir a hacer el ridículo y prefiero ahorrarme eso.
Sonreí.
—Bruce habla a veces sobre el sexo como una asignatura de la escuela —él arrugó el rostro con diversión —. Lo sé, suena tonto, pero... me ocurre lo mismo que a ti, a veces me siento una inútil, pero él me explica las cosas y yo empiezo a tener experiencia. Tal vez nunca lo sorprenda, sin embargo, ya no siento tantas veces que esté jugando a «Simón dice».
—¿Y él te habla al respecto?
—Dijo que jamás se reiría de mí —sonreí con dulzura y Dick me imitó.
—Sí, papá es así.
—¿Y Catwoman?
—A veces pienso en ella como mi madre, aunque la quiero desnudar, por lo que es raro, muy similar a la relación tuya con papá.
—¿Y ella se reiría de ti?
—... no lo creo.
—Entonces inténtalo —lo animé.
Dick se lo pensó y me respondió fuera del edificio.
—Lo haré.
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Terminamos al amanecer húngaro, lo que para nosotros era, en hora de New York, ligeramente pasada la medianoche. Aunque no veíamos la nave, su compuerta se abrió para nosotros, permitiéndonos dar un vistazo a su interior rojo.
—Muy buena misión chicos —nos felicitó Superboy palmando mi espalda y la de Nightwing. Sus palabras de motivación se perdieron en el segundo que el moreno exclamó un gritito y se apartó de la mano del kriptoniano —. ¿Nightwing? ¿Estás bien?
—Sí, es que me caí anoche.
Una historia muy falsa, el escarabajo y yo lo notamos.
—¿Fue tu papá? ¿Por lo de la conversación con el Capitán? —el tono que usó Superboy fue calmado.
—Claro que no —sonrió tensamente —. Papá es duro, pero no me pega de tal forma. Mis hermanos me asustaron esta mañana mientras despertaba y me caí de la cama.
Miente.
—¿No dijiste que fue anoche? —interrogó Aqualad.
—Sí... yo, me equivoqué —apartó el cabello de su frente —. En fin, genial misión, es la primera vez que nos dejan hacer desastres.
Y aunque intentó hacernos reír y avanzó a la nave con mucha seguridad, nadie se tragó su historia. Batman le había pegado y muy duro.
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Amaneció y yo no toqué la almohada. Suficiente con uno de mis locos ataques de pánico, no iba a hacer pasar a la Liga, y a la población de la Tierra, por semejante susto de nuevo, menos por... no, iba a decir que era una estupidez, pero para mí no lo era.
Un hogar adoptivo. Niños, tutores, un perro o un gato, quizá peces, horarios y cenas familiares con oraciones a dioses en los que yo no creía ni confiaba; dormir en cama ajena con un cuchillo bajo la almohada por si al señor de la casa se le ocurría pasar a darme las buenas noches de forma personalizada.
Yo no quería repetir esa experiencia, realmente me aterraba, pero no podía armar un espectáculo de luces cada vez que algo se saliera de mi control. Era lo mejor para la Liga.
Son tres años, Batson, después pedirás la emancipación y asunto arreglado.
Ni muerto pasaba un día de más en el agujero de mierda al que los servicios sociales me iba enviar.
«Te encontré la dirección.»
Número desconocido, sin foto.
«¿Quién vive?», respondí.
«Soy Víctor, Billy. Te mando la dirección y la foto de la fachada del hogar de mi exjefa. Por favor, aléjate de mí.»
El rostro me cambió. La señora Taylor.
«Dalo por hecho, siempre que te comportes.»
La respuesta fue la dirección de la mujer. Si era una trampa, le cortaría las bolas a Víctor, pero mientras tanto...
Me levanté de la banca del parque donde pasé la noche y me encaminé, sobándome los brazos para espantarme el frío, a un supermercado o a lo que fuese que estuviera abierto para comprar desayuno. No importaba si mostraban en televisión que «dormí» en la calle, yo estaba de mal humor y no pensaba bien; sí, aunque cederíamos ante los servicios sociales, yo no se los pondría fácil a esos hijos de puta ni a los cabrones a cuya casa me asignarían.
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Lo peor de mi desastroso fin de semana fue que acabó. Por más caótico que hubiese sido, no se podían comparar las miradas de mis compañeros con las de la gente que me aguardaba a las afuera de mi casa. Recurrí a los audífonos y a los escoltas; ellos fueron especialmente rudos con las personas. Eso me gustó, me sentí cuidada.
Sacar las cosas de la escuela no fue propiamente difícil, pero los niños tuvieron que atraer a la coordinadora con la excusa barata que no recordaban el dónde estaban sus casilleros para que Dick extrajese la pila de drogas decomisadas que acumulaba en la parte superior de su casillero.
Los audífonos no hacían magia, lamentablemente.
—¡Eres el peor ejemplo que existe para las niñas!
—¡Depravada!
—¡No tengas miedo! ¡Demándalo!
—¡Eres la jodida reina de esta ciudad! —bueno, alguien me apoyaba. Curiosamente, era un hombre.
—¡Clasista!
—¡No le pongas cuidado a estas envidiosas! —el mismo muchacho. Lo volteé a ver, era barbudo y estaba recibiendo toneladas de odio. No sonreí ni mostré expresión, continué caminando, faltaba poco.
—¡Deja de promocionar cuerpos irreales!
Uf, se cerró la puerta. Uno de los escoltas entró conmigo.
—¿Se encuentra usted bien?
No.
—Sí —le sonreí —. Gracias por la ayuda, Ricardo.
El hombre me asintió.
—Su padre le dejó el desayuno servido.
—Gracias.
A solas, obvié la comida y subí las escaleras colapsando. ¿Por qué me odiaban? ¿Yo que hice? Una mejor pregunta, ¿por qué yo? Unos meses atrás yo era una perfecta desconocida. ¿Quién se interesaba tanto en la vida de una extraña?
Me recosté en mi cama, necesitaba dormir, pero no logré hacerlo. Me gustaban las ventanas abiertas y las cortinas corridas, pero ya no se podía porque tomaban fotos del interior de mi cuarto con drones. Incluso un acto tan íntimo, privado y natural como soltar una flatulencia no lo podía hacer porque ya no contaba con la ventilación natural de una ventana abierta.
Mi poco adormecimiento se marchó con el sonido de una llamada entrando.
—Hola papá.
Suena alegre, no lo preocupes, me dije.
—Hola Bárbara. Los escoltas me avisaron que llegaste, te dejé el desayuno servido.
—¡Sí! ¡Gracias! —tampoco como si hubieras metido un pase de heroína —. No he comido, me recosté un rato.
—Comprendo. Duerme tranquila, ya escuchamos del desastre que hicieron en Hungría y de los robos que detuviste aquí en Gotham de madrugada.
—¿Te han dicho algo en la estación?
—No. Han hecho un par de comentarios, pero están más preocupados que burlescos. Ignora las críticas, Bárb; tus acciones son las que hablan. Eres una muchachita muy fuerte, inteligente y hábil.
—Gracias papá. Adiós.
—Adiós cariño.
Inmediatamente después, recordándome que Bruce vigilaba todos nuestros teléfonos, me entró una llamada de él.
—Hola murciélago.
—Hola nena. Vi el agobio con el que entraste. No podemos retirarlos de buenas a primeras porque es vía pública —se excusó.
—No te preocupes.
Con Bruce no se me daba bien fingir, él no se creía ninguna historia.
—¿Te sientes mal?
—No —pero mi voz se quebró —. Yo... estoy cansada, es todo.
—Nena, ya estás dentro de tu casa y los guardaespaldas creen que duermes. Ve a la mansión.
—¿Tú estarás?
—No, estoy con un asunto de la Liga, pero ve y recuéstate en mi cama. Quiero hablar contigo al volver.
Sonaba tentador, pero...
—Mi padre llega al mediodía, me buscará y no quiero que se dé cuenta que no estoy. Hablamos en la tarde.
—Como tú quieras, bonita.
Al colgar, metí el teléfono bajo mi almohada y me desplomé en ella. Costó, pero al final me dormí.
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—Pero... ¿por qué es evasión de impuestos?
—Porque reducimos gastos al máximo; según como una empresa ofrezca empleo y requiera de infraestructura se le va a pedir que dé al gobierno. Nosotros usamos la dirección de mi casa, compramos un par de máquinas y no tenemos empleados, a ojos del mundo parece falso.
—¿No podemos mostrar la fábrica?
—Supongo que sí. ¿Y si de una vez mostramos las plantas?
Sonreí.
—Es increíble, plantas a las que Hiedra Venenosa no influencia. Es genial.
—Sí, pero no podemos decir de qué forma la modificamos. ¿Cómo se vende algo sin ingredientes, patentes y demás?
—Regalándolo —arrugué la frente —. No es bueno para los negocios.
—Dinero es lo que nos sobra, Dick —consideró Kon.
Con nuestro cansancio, en especial el mío, decidimos tener esa charla en la alcoba de Kon, un sitio genial, frío y oscuro, con solo una cama super cómoda.
—No es eterno, además tenemos que hacer las cosas bien o no podremos justificar... ¿y si no vendemos plantas sino comida?
—Ya habíamos hablado de la comida, pero dijiste que mejor primero plantas para dar a conocer el invento.
—Sí, pero ¿cómo se venden diciendo que Hiedra no las va a controlar sin decir el cómo lo logramos? Plantas comunes y corrientes no van a atraer tanto.
Kon hizo un sonidito. No podía asegurar que mueca hacía porque no lo veía en la oscuridad absoluta, yo necesitaba un poco más de luz saliendo de debajo de alguna puerta para obtener una imagen medianamente clara.
—¿Y si hablamos con los Linterna Verde?
—¿Te gusta la comida de las prisiones espaciales? —bromeé.
—No imbécil —rio —. Digámosles que... que analizamos la estructura del sintético, lo que se guarda en archivos, no que tengamos una muestra y que consideramos que existe la posibilidad de hacer plantas que no asesinen gente.
—Olvídalo, diciendo que funcione, ellos controlarían las dosis y harían pruebas a la población para asegurarse que no los droguemos.
—Y según tú, ¿cómo conseguiremos sintético después?
—Robándolo —la respuesta era simple —. Tienes amigos mercenarios interestelares.
—¿Te refieres a Lobo?
La mascota de Superboy se movió entre nosotros al creer que lo llamaban; Kon le acarició la cabeza, sentí el movimiento, y el animal se volvió a echar a dormir.
—Sí. Que él lo robe y nos diga qué quiere a cambio.
—Tal vez consiga que nos haga el primer robo gratis, pero no más allá.
—¿Qué nos pedirá?
—Ni idea... mientras tanto, ¿qué hacemos?
—¿La empresa tiene Instagram?
—Sí.
—Grabemos un vídeo y subámoslo, expliquemos que nunca fue nuestra intención evadir impuestos y mostremos el funcionamiento de la fábrica. Expliquemos que no estamos cobrando gran cosa porque queremos usar al máximo el dinero. ¿Se lo tragarán?
—Sí, ¿por qué no habrían de hacerlo? Somos ricos, Luthor me provee de todo y tú vives con tu padre que paga cada cosa. El más inestable es Billy y es el único de nosotros tres que sí tiene una fuente de ingresos constante.
—¿Oíste lo de Billy?
—Sí. Pobre chico, de nuevo a servicios sociales.
—Él dijo que lo permitieran para quitarle el peso a la Liga. Muy generoso de su parte.
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—¿No venía con usted?
—No, señor secretario —miré la mesa en la que nos ubicamos. El comedor del Salón lo usábamos de vez en cuando, fingiendo que sí comíamos ahí. En realidad, ese tipo de cosas las falseábamos para no tener que ir a la trampa de turistas muy seguido.
—¿Continua en la calle?
—Tal vez.
—¿No le parece irresponsable? —la perra de cabello moreno era la nueva trabajadora social de Billy.
—El niño está muy enojado, hay que darle espacio.
—¿No dijo usted que él accedió a ir a una casa de acogida? —preguntó el secretario de Naciones Unidas.
Ya estaba harto de ver a ese tipo.
—Sí, pero el niño no lo hace por gusto —no fui yo, fue Billy.
—Algo tarde, ¿no?
—Lo siento, señor Wayne. Hubo un incendio en Fawcett City.
—Ah. ¿Te bañaste?
—Nop.
—¿Desayunaste?
—Un burrito. ¿Puedo servirme el almuerzo?
—Claro cariño —lo observamos recoger una charola, ir a la barra de comida y servirse una porción pasada de generosa de puré, ensalada y tarta; de esta cogió dos trozos.
La mujer sacó de su bolso una libreta, un bolígrafo y un paquete de hojas impresas. El secretario acomodó sus anteojos y se ajustó la corbata. La impresión que dejó Billy tras casi matar a Superman no se superaba; muchos le tenían un miedo terrible al niño.
—¿Para qué me necesitaban? —preguntó él directamente.
Se tiró al asiento, puso de mala gana la charola y se llenó de inmediato la boca. Una actitud bastante... acorde a su edad y su humor.
—Queremos que conozcas a la señorita Gómez, tu nueva trabajadora social.
—Hola. ¿Y?
Los dos no supieron responder al inicio. Billy maleducado era difícil de concebir porque él generalmente se mostraba muy dulce.
—Pues... queremos que la conozcas, sé que has tenido malas experiencias y preferimos que te sientas cómodo con ella antes de proseguir con el proceso.
—¿Se refiere a lo de sacarme del Salón?
—Ubicarte en un hogar de acogida —le corrigió con amabilidad la mujer —. Un sitio donde puedas ser cuidado por una familia.
Billy alzó una ceja con asco y se metió una cucharada de puré de garbanzo en la boca.
—Tal vez quieras comer más despacio —sugirió el secretario —. Te ahogarás.
—Con algo de suerte me muero —dijo humorísticamente.
—Billy —le advertí con un tono firme.
El niño tragó y asintió.
—Es solo una broma, ¿no Billy? —no obtuvo respuesta —. No es necesario alzarle la voz, señor Wayne. Por favor, no intervenga, nosotros hablaremos con él.
—Ajá —a mí tampoco me importaba la opinión de esa gente y sería muy divertido ver como Billy se les salía de las manos.
—¿Hay más puré?
Literal, el mocoso cavó un hueco en la masa amarilla.
—Cariño, ya hay mucha comida en tu plato —dijo la señorita Gómez.
—No sea metiche, ¿acaso me estoy comiendo a su mamá?
—¡Billy! —el secretario le alzó la voz —. ¿Qué es este comportamiento?
—Es lo que hay, si no le gusta búsquese a otro niño.
Ambos me miraron, pero con una mano les indiqué que no me entrometería, tal como ellos acaban de pedir.
—Nuestra intención no es dañarte, Billy. ¿Lo comprendes?
—Conozco el discurso.
—Billy...
—¿Para qué me hicieron venir? —me miró con el ceño fruncido —. Esto es inútil. Su charla bonita no va a dar resultado por el simple motivo de que yo no quiero oír su basura —con molestia, empujó la charola. Sí, estaba enojado, de otra forma no haría eso con la comida —. Digan a dónde debo ir y en qué cama debo dormir. Mis condiciones son básicas: que nadie me toque, continuar en la Liga y que mi dinero solo lo maneje yo.
—Entiendo tu punto y tus peticiones serán respetadas, pero esto no es una negociación de rehenes, Billy. Queremos que cooperes con nosotros para un fin común, no es una imposición.
Billy bufó y se levantó del asiento.
—La verdad —al hablar yo, el niño se detuvo con una pierna apoyada en la silla —, salió mejor de lo que esperaba. Creí que golpearías al secretario.
Chocando su puño con su palma abierta, Billy dijo de forma burlesca:
—Aún se puede solucionar.
El hombre palideció.
—Ni se te ocurra, mocoso —me burlé yo de él.
Billy me sonrió.
—¿No puedo ir a vivir contigo, murciélago?
—No hijo, un hogar normal.
—Un puto agujero —gruñó.
—Billy —pero por más que la señorita y el secretario lo llamaron, él no acudió y se marchó.
—Ustedes no saben lidiar con niños que no son bien portados —dije.
—No insultamos a los niños. No tuvo por qué tratarlo así —me regañó el secretario.
—¿Qué? ¿Llamarlo mocoso? Él no es de cristal. A Billy no le importa una mierda la psicología que ustedes traten de enseñarle, díganle que hacer y él lo hará para que bajo el papel quede que ustedes ganaron.
—¿A ustedes no les importa el bienestar mental del niño?
—Claro que nos importa, pero... saben qué, no voy a discutir —me levanté tomando la charola olvidada —. En el momento que se firme el traslado de Billy, él pasa a ser su problema. Lo que haga sin transformación, lo que rompa, a quien insulte, todo eso se convierte en su responsabilidad, no nuestra. Billy es un niño muy dulce y amable, pero no lo enojen o tendrán a un diablito entre manos. Permiso.
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Papá me despertó para el almuerzo, él lo había comprado imaginando que yo me dormiría. No hablamos de la gran cosa, pero le saqué lo que le estaban comentando en su trabajo. Mi declaración, replicada en cuanta red social existiera, fue tomada por gran parte de la sociedad a modo de chiste y burla, pero de buena forma, considerándome más una especie de mujer fatal que una víctima.
—Las mujeres de la estación te mandan a decir que fuiste muy inteligente —papá rodó los ojos —. Sigue sin gustarme del todo, pero me agrada que hayas tenido el control tú.
Yo me habría animado de no ser porque en mi TikTok y mi Instagram solo me llegaban mensajes de odio. Filas de mensajes dedicados a criticarme, vídeos y memes hechos en mi contra. Fue abrumador y me volvió a tumbar a la cama; yo debía salir a entrenar, pero me daba un ataque de ansiedad el imaginarme ir a enfrentar a la multitud frente a mi casa. La policía no los pudo espantar, la Liga técnicamente no permitía que se me grabase de civil, pero esa amenaza de las demandas servía únicamente al ir con los Robin por ser menores, a solas el público me acribillaba.
—Ojalá a veces me equivocara.
Bruce me hizo brincar fuera de la cama.
—¿Cómo entraste a mi casa?
Sonrió enigmáticamente recostado en el umbral.
—Hay túneles debajo de la ciudad, tengo los planos. Puedo entrar a cualquier sitio.
—Ah —me tendí de nuevo en la cama y acomodé la almohada —. ¿Qué quieres?
—Verte. Quita esa cara de deprimida.
—Es mi cara, si no te gusta no la mires —él resopló —. ¿Te acuestas conmigo?
—Claro.
No se lo iba a decir en voz alta, pero quería un abrazo.
Bruce dejó su chaqueta y su corbata en el asiento de mi escritorio, se retiró los zapatos y se metió en la cama rodeando mi cuerpo, de modo que me abrazó por la espalda. Bruce siempre fue cariñoso, pero se hizo más notable luego de que empezamos a tener sexo; ya no me sorprendía que me abrazara y me besara la mejilla como en ese momento.
—¿Tienes tiempo libre?
—Justo ahora sí, bonita —depositó su mano en mi vientre. Era una mano inmensa —. ¿Te sientes mal por lo que está pasando?
—Sí... Kon-El notó el golpe de Dick, le tocó a espalda y Nightwing...
—Me lo contó. Superboy y los demás no dirán nada.
—Eso espero. Bruce, sé que dijiste que no, pero ¿de verdad no hay forma de correr a las personas del frente de mi casa?
—¿Quieres que se vayan?
—Sí —giré el cuello para mirarlo. Él no perdió oportunidad y besó la comisura de mi boca.
—Haré una llamada —las poderosas llamadas. Yo crecí inclinándome a los pensamiento izquierdistas, feministas y veganos, pensaba que esos burgueses que efectuaban llamadas de medio minuto y que con ello conseguían movilizar a medio planeta era unos abusivos inescrupulosos, hasta que uno de ellos me enseñó a conducir una moto y me explicó la mejor forma de conseguir huellas dactilares —. Dales unos minutos, están de camino.
No le pregunté más, me contenté con el resultado.
—Gracias Bruce.
—Lo que necesites —me apretó con su mano y me rodó para quedar frente a frente —. ¿Por qué estás tan preocupada? Has tenido buena acogida.
—No es lo que he visto en internet —tomé mi teléfono y entré a las evidencias que tomé —. Mira —al dárselo me acomodé mejor sobre su hombro y pecho. Rodeada de su carne dura y caliente, con su brazo sobre mí, me sentía a salvo. ¿Qué me pasaría de malo si era Bruce Wayne el que me acunaba con tanto esmero?
«Ahora dilo sin mentiras», pusieron a una foto de mi declaración en la nave marciana.
«Es una vagabunda.»
«¡MANTENIDA!».
—¿Le tomaste capture a todas estas publicaciones? —asentí —. Muñeca, ¿cómo no te vas a sentir triste? —se burló saliéndose de mi galería y entrando a TikTok —. Esta es la plataforma que más se mueve ahora, a la gente le encanta el concepto de brevedad. Pon tu nombre en el buscador.
Lo hice sintiendo su mano, la que originalmente estaba debajo de él, acariciarme la espalda baja; Bruce no perdía oportunidad de tocarme las nalgas.
Hice clic en el primer vídeo.
«Es un hombre, puede ser un mendigo o el rey del mundo, pero Batman no deja de ser un hombre, así que le di donde le duele, en el ego.» Era mi frase, luego apareció un muchacho tatuado. «Es que cuando una mujer es inteligente, hasta Batman cae».
«Es un hombre, puede ser un mendigo o el rey del mundo, pero Batman no deja de ser un hombre, así que le di donde le duele, en el ego.» Y se le unía: «Pongan atención que esta chica sí sabe».
La siguiente colocaba una foto mía, pero no parte del vídeo.
«Ustedes no saben lo que yo daría hoy día para que mi primera experiencia sexual fuese con un hombre y no con uno de mis compañeros de la escuela. La de traumas e idas al psicólogo que esta muchachita se va a ahorrar. Les aseguro que ella sí sabe lo que es un orgasmo.»
Me sonrojé.
—Síguela —dijo Bruce con tono jocoso —. Lo admito, hay un par de videos de feministas radicales que reniegan de ti, pero el resto te tienen alabada como a una reina.
—Un chico me dijo eso —recordé —. Que era la reina de la ciudad.
—Es lo que eres, preciosa.
Esta vez lo besé yo a él. Bruce sujetó mi trasero con sus dos manos y me movió ligeramente sobre su cuerpo, quedando mi vagina por sobre su pierna. Amaba eso porque mientras él me tocaba y me besaba yo apretaba su pierna pensando exclusivamente en el tacto de su muslo sobre mi zona íntima. Me mojaba muchísimo y él lo sabía, lo hacía a propósito. Bruce disfrutaba provocándome al tocarme con sus dedos por sobre la ropa, salvo si yo envolvía así mis piernas en la suya, pues jugaba con la ilusión de algo muy grande junto a mi pelvis, lo que no estaba demasiado alejado de la realidad.
—Señorita Gord... uy, perdón —me quedé de piedra al oír al escolta. El descarado de Bruce no soltó mi trasero —. Señor Wayne, buenas tardes —sonó inquieto, el tipo de voz que se usaba al esquivar con los ojos una escena.
—Buenas tardes. ¿Llegó la policía?
No pude mirar al hombre. Avergonzada al extremo, enterré mi rostro enrojecido en el hombro de Bruce.
—Sí señor. Con dos abogados.
—Bien. Cierra la puerta y no subas más.
—Sí señor. Permiso, señorita Gordon.
Un ruidito salió de mi boca. Después de que la puerta se cerró, estallé en risas. Bruce me sonrió y me nalgueó.
—Ve y observa por la ventana, bonita. Tu tormento personal se marcha.
No me sorprendí, ese era el alcance de una llamada del burgués Bruce Wayne. Igual me asomé corriendo ligeramente la cortina. Sí, la gente y sus putas cámaras se alejaban.
—Gracias Bruce —él se sentó en la cama con ese brillo especial en los ojos; estaba excitado.
—Ven.
Fue natural que Bruce me guiara con suavidad a arrodillarme delante suyo. Él mismo abrió la bragueta, yo lo besé mientras su pene salía de sus calzoncillos. Me esforcé, le debía un favor grande; yo no sabía si todos los hombres hacían el mismo ruido o si esos bufidos y gemidos estrangulados era solo cosa de Bruce, pero me gustaba oírlo. Le estaba dando placer al hombre que tanto estimaba, el que era un mentor, un padre, un amigo, un amante. Un hombre muy importante en mi vida. No era un novio ni una pareja, pero... era una relación simple y divertida que nos daba lo que ambos queríamos sin las responsabilidades de una unión más estricta.
Los teléfonos de ambos sonaron. Yo tenía el modo vibración puesto, así que era una notificación de la Baticueva.
—No pares —me pidió en un suspiro revisando él su celular —. Maldita sea... no, sigue reina —tomó mi cabeza y me empujó más profundo. Aquello tendría que practicarlo más, me ahogaba muy fácilmente —. Una fuga en la prisión, dos... agh, tú termina, ya casi.
Una fuga... nah, ahorita. Succioné y traté de tragar lo más que podía sin ponerme a toser. Por costumbre, Bruce me subió a la cabeza de su pene justo antes de venirse, él lo hacía así para que yo no me atragantara.
El semen de Bruce sabía rico.
