Hola.
SpookyG: Respecto a tus comentarios, la verdad es que no entendí ni en error ni en corrección ajajajaja.
En general:
Se nos acabó esto, señores. Este capítulo y el otro y hasta luego, ajjaja. No enserio, me temo que sí, ya se acabó, pero el final es abierto. Sé que hay muchísimas cosas por acomodar, un montón de asuntos que quedan sin resolver, pero esa es la idea, que todos esos líos queden así. Lo entenderán cuando lean el final; de todas formas, sepan que la historia tendrá una secuela, pero pues se demora un poco, porque le voy a dar más o menos un año para yo también avanzar con mis historias de Harry Potter y una de Bleach que tengo reservada (si les gusta el romance, esa se convertirá en su historia favorita). Además, quiero que la secuela sea mil veces mejor que esto, mucho más profesional, más realista aún, con menos errores e ideas alocadas desarrolladas a rapidez.
Ahora sí, el penúltimo capítulo:
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Bajé las escaleras de la casa con un trauma que sería duradero. Mi compañero me esperaba en la entrada trasera del hogar de los Gordon, lugar que vigilábamos.
—¿Me perdí la llegada del señor Wayne?
Imposible, se habría armado un alboroto descomunal afuera.
Mi compañero, Mark, me vio con extrañeza.
—Claro que no, él no está aquí.
Asentí con pasmo.
—Está arriba metiéndole mano a la hija del comisionado.
Mark alzó las cejas.
—¿Cómo entró?
—No tengo la menor idea.
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El Cumpleañero... los fugados eran el puto Cumpleañero y el Pingüino.
—Cambiaremos la formación —no me sorprendió la declaración de Bruce. Aunque aún era de día, nos estábamos preparando para salir. Pingüino, el Muñeco, Catwoman, Polilla, ninguno de ellos causaba la misma urgencia que el Cumpleañero. Los otros eran ladrones y estafadores que herían a quienes se topaban en su camino, pero ellos trataban de alejarse de los testigos, por lo que su margen de víctimas era escaso; el Cumpleañero, Birthday Boy, buscaba activamente niñas menores de 15 años para violarlas y matarlas —. Robin, Red Robin y Batgirl se mantendrán atrás.
—¿Por qué? —su orden no caló en Bárbara.
Bruce la miró, ya vestido, sin la capucha, con sus manos sobre el computador central de la Baticueva.
—El Cumpleañero es un violador de menores, un morboso que no se contiene, que mide más de dos metros, pesa más 150 kilos y posee entrenamiento en artes marciales. No lo quiero cerca de ninguno de ustedes tres.
Eran argumentos perfectamente entendibles y a pesar de que Bárbara lucía con ganas de discutirlos, no lo hizo. Al principio ella solía debatir violentamente con Bruce porque él la mandaba para atrás y no le daba un acceso completo a las misiones, como ocurría conmigo; Bárbara creía que el asunto estaba ligado a machismo, pero le hicimos entender que ella no tenía ni mi entrenamiento ni mis años de experiencia, que era una gimnasta con un curso de defensa personal y que eso no era suficiente. Desde entonces, Bárbara impresionó a Bruce con la dedicación que mostró, tanto así que ella, en 19 meses, logró casi alcanzarme en horas de entrenamiento. Tardaría varios años en lograr mi velocidad y mi destreza, pero lo iba a hacer.
—¿Qué se sabe de su paradero? —curioseó Jason.
—No mucho, pero parte del ejercito del Pingüino no tiene amo en este momento y jamás se quisieron poner bajo tu mando —explicó papá —. Podrían intentar aliarse como lo han hecho en el pasado.
—Ataca niñas, a mis hombres les encantará írsele de frente. Iré a comentarles.
—Jason, espera.
Papá le indicó con la cabeza que lo siguiera al fondo de la Baticueva, nosotros no supimos a qué, pero Jason salió de ahí con un rostro muy raro: feliz, pero... ¿enternecido? Lo que fuese, también traía un casco rojo nuevo, un fusil de asalto y una maleta repleta, tal vez con municiones.
—Los mantendré atentos a lo de Bane.
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Enojado como estaba, esquivé a la Liga, a la ONU y a Batman ocultándome en el apartamento de Stephani. Ella no tuvo problema, quería saber qué ocurriría legalmente con ella. Yo le conté lo de los 20 mil dólares y me tomó media hora tranquilizarla y convencerla de que a Oliver ese dinero le sobraba y no le afectaría en invertirlo en ella. «Podrás estudiar», fue recalcándole que tendría acceso a una educación decente que ella dejó de verse tan afectada.
Dado que Stephani preparaba lasaña, yo me senté en su sofá a ver las noticias. Otra vez era sobre mí.
—No olvidemos que Billy Batson, el Capitán Maravilla, ha repetido en reiteradas ocasiones detestar profundamente los servicios sociales a causa de sus terribles experiencias en el sistema. Al respecto, esto nos comunicó las Naciones Unidas.
Apareció una carta con algo de texto subrayado. Una voz masculina leyó el contenido.
—El joven Batson ha dicho que cooperará con los esfuerzos de otorgarle un hogar sustituto, pero su comportamiento agresivo es un claro indicador de que el menor no se halla cómodo con la situación. La Liga de la Justicia nos ha explicado que Batson, como miembro de esta organización, busca lo mejor para ella y ha cedido a la petición de los servicios sociales, mas su actitud desafiante y maleducada pone trabas en el proceso.
Volvió a hablar la periodista castaña.
—Al preguntar a las Naciones Unidas si con este ambiente estresante Batson podría significar un riesgo, la respuesta fue un rotundo no. Recordemos que este mismo niño fue quien derrotó en minutos a Superman y del cual varios miembros de la Liga de la Justicia han admitido tener miedo de enfrentar y de no ser capaces de hacerle frente.
Y apareció una nueva carta.
—Billy Batson es un niño muy bien formado en valores y con un criterio de pensamiento responsable. Batson no representa un riesgo para la población civil, no obstante, que esté tan estresado lo hace propenso a ataques de ira. Desconocemos si por un cambio brusco en su estado de ánimo él pueda volver a perder el control de sus poderes.
En resumen, me burlé, no soy un peligro, pero cámbiense de acera.
—¿Jugo de mora o de limón?
—El que quieras —respondí. Las noticias continuaban, hubo un estruendo en Starling City y el señor Queen salió a luchar con su traje. Era su primera aparición desde que se descubrió su nombre.
—Encontré una universidad local que da la carrera de pedagogía, aún hay inscripciones.
—Genial. Postúlate.
—Sí. Será bueno que haga algo, estos días han sido muy aburridos.
Volteé a verla.
— ¿Por qué no sales por ahí?
—Bueno, muchas de mis amigas se dedican a lo que yo y ellas saben que soy de las que más asistía a los eventos del señor Queen...
Claro, la identificarían.
—Sí, yo también me mantendría alejado.
El noticiero atrajo mi atención. Era Gotham.
—Se fugaron hoy en la tarde dos presos de alta seguridad conocidos como «El Cumpleañero», un violador de menores; y «El Pingüino», un ex capo criminal. Parece ser que a Gotham se le acabaron sus breves días de paz.
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—¡No entiendo!
Me sorprendió que M´gann estuviera tan enojada y prácticamente haciendo un berrinche en la cocina mientras yo entraba.
—¿Qué pasó?
No debí haber preguntado, lo que le pasara a ella no era mi problema, pero me dio curiosidad.
—A Bárbara le retiraron la protesta de su casa —me notificó Kaldur.
Creí que, si esperaba, la comprensión vendría a mí, pero no lo hizo.
—No entiendo. ¿Qué tiene de malo? ¿No están felices por ella?
Kaldur se aclaró la garganta con incomodidad. M´gann habló.
—Cuando me ocurrió a mí, la Liga dijo que espantar con policías y abogados a los manifestantes era una medida dura y de poco agrado. Acepté porque era lo mejor para nosotros, tuve que retirarme de la escuela y recibir acoso por días, ¡¿y a ella se los quitan en menos de nada?!
Oh, oh. Yo, de hecho, me enteré por boca de Nightwing lo que ocurrió, los dos cacharreamos parte de la tarde en el laboratorio y él me contó el chisme.
—Tal vez hubo una diferencia en sus situaciones, pez ángel —aportó Lagoon.
—¡No! Eran escándalos de dos miembros adultos del Equipo.
—Si hay diferencias —intervine —. Ella se acuesta con Batman.
—Eso no significa nada, Conner —Kaldur frunció el ceño.
—Significa todo, viejo —miré a M´gann —. Tú hablaste con la Liga y ellos actuaron bajo lo recomendado, no le preguntaste a nadie más, Bárbara sí lo hizo. Te apuesto que fue directamente con el murciélago.
—¡Yo fui directamente con Batman!
—Y él contigo no tenía ningún motivo para llevarle la contra a la Liga. El murciélago sabe que eres fuerte a pesar del miedo.
—¿Y Bárbara no es fuerte? —criticó Lagoon Boy.
—Lo es, pero tiene miedo —dije en tono de dah —. Batman se acuesta con ella, Dick lo dijo: él tiene sentimientos por Batgirl. Y es un hombre, hay mil motivos para que quiera proteger a Bárbara, incluyendo el propio ego. Batman no está viendo a un miembro del Equipo asustado, está viendo a la chica que le gusta ser acosada por un montón de gente. Es genética conductual: él hará lo que sea para protegerla.
—¿Así que tengo que follármelo para conseguir ventajas? —espetó M´gann.
—Es injusto Superboy —Lagoon y su viejo argumento de injusticias.
—No lo es. Batman es un ser humano, tiene derecho a mostrar preferencias. M´gann te sirve el mejor trozo de carne en cada cena —señalé a Lagoon —, nosotros a veces queremos ese trozo o esas papas perfectamente crocantes, pero no las tenemos porque eres su novio. Y nadie les está peleando a ustedes por una obvia preferencia. Con Batman ocurre lo mismo, solo que... —me encogí de hombros con burla —. Él tiene dinero, influencias y poder. Bárbara sería una estúpida si lo no lo aprovechara.
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Bastantes miembros de mi pandilla me esperaban en la vieja y polvorienta cantina. Ellos se turnaban el aseo del sitio, la idea era que no fuese una nube de polvo. Eran unos 20, los líderes de diversos grupitos a mis ordenes, incluyendo a ese par de chicas sicario nuevas en la organización que se hallaban presentes.
La actitud tensa y extraña que venían mostrando me recibió. En esa habitación había traidores.
—Buenas, buenas.
—Hola jefe... wow, Capucha, que lindo casco.
Sí, Bruce se lució con ello. Un casco magnífico, de plomo y kevlar que, de alguna forma, no pesaba la gran cosa.
—Precioso, ¿no? Y mira esto —le enseñé a Vico mi nueva arma. Esperaba que Vico no estuviera en la lista de traidores, era un tipo amable y trabajador —. Fusil de asalto de fuego selectivo, capacidad para 120 balas, dispara a 500 metros. Y mira —golpeé la culata —. Personalizado.
Quien hubiera hecho el arma añadió mi nombre profesional al final de la culata.
—¡Vaya jefe! —jadeó. Steven se acercó también.
—Capucha, ¿quién fabricó todo esto? Es una maravilla.
Fruncí el ceño internamente.
—Lo siento, mis contactos son secretos.
Vico y Steven no se inmutaron, quien sí lo hizo fue Marcos.
—No sabía que poseías más fabricantes, Capucha.
Hora de blofear.
—Pues sí, bastantes. Voy un momento arriba, ¿pidieron comida?
—Tony trae unas pizzas, algunos pidieron hamburguesas.
—Genial. Ya vuelvo.
Ok, Marcos se movió a la zona de desconfianza junto a un par más que hicieron muecas. Aunque la cantina era segura, yo incluso dormía ahí, si no podía confiar en ellos lo mejor era que ocultara el regalito de papá.
Sonreí ampliamente. La sorpresa del murciélago era... no, me dejó sin palabras. Tal vez Dick tenía razón y yo aún era miembro de la familia.
Tal vez.
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Retornamos a la comisaría en las motos. Nightwing y yo patrullamos de cabo a rabo sin hallar absolutamente nada. Gotham permanecía en una inusual calma escalofriante; las personas al vernos se devolvían para sus casas. Con la amenaza del Pingüino y el Cumpleañero, la población asaltó los supermercados, las tiendas de armas y se atrincheró en sus hogares. Por primera vez casi no vi prostitutas en las calles.
Sí, era un caos silencioso.
—Nada —notificó Nightwing al ingresar en la comisaría; los policías y detectives estaban en las calles, pocos se quedaron. Los niños nos aguardaban, pendientes de cualquier llamada que se relacionara con el asunto del dúo de criminales. Batman no estaba a la vista —. ¿Han averiguado algo?
—Negativo... bueno, hay una pista —Tim dudó —. Un ducto en la prisión, Batman está en ello justo ahora. Creen que fue hecho desde afuera.
Malas noticias, un tercer criminal suelto.
—Vengan —Nightwing nos indicó que lo siguiéramos. Él nos condujo a la oficina desierta de papá, donde podríamos hablar en voz baja sin ser oídos —. ¿Hay posibilidades de que sea Bane el causante de la fuga?
—¿Bane? Su estilo es atacar directamente.
—Sí, cuando éramos Batman y yo. Hoy en día hay dos Robin, dos chicas murciélago, un Nightwing y un Batman.
—¿Un Nightwing? —se burló Damián.
Dick sonrió, pero se centró de nuevo.
—Somos 6 personas, quizá Bane quiere debilitarnos.
—Capucha dijo que ha estado aquí desde el inicio del año, que halló la forma de ingresar a la ciudad sin ser detectado —analizó Tim —. No es necesariamente Bane quien causa esto, ya ha aguardado bastante, no hay relación entre una cosa y la otra o un motivo por el cual él empiece los ataques. Busquemos algo más sólido.
—Como, ¿por dónde entra? —sugerí sin salirme del tema de Bane —. Se supone que todas las vías y caminos que conectan a Gotham con el resto del país están vigiladas. Un coloso como Bane no pasa de incógnito, menos más de dos veces.
—Capucha sospecha de su gente, dice que se le viene encima un motín —agregó Dick —. Capucha Roja no puede estar en todos los caminos las 24 horas, si un par de miembros de su organización son simpatizantes con Bane, pudieron haberle dado paso a la ciudad y no advertir. Además...
—¿Además qué?
—Han ingresado armas, pero a Capucha no le han llegado un par de envíos.
—¿No fueron solo las granadas? —pidió Damián. Él sí se enteró de la historia completa.
—No, le pregunté. Ya se le han retrasado tres envíos, uno de fusiles se lo cancelaron. Se excusaron diciendo que era que la Liga los molestaba mucho y les decomisaban productos. Averigüé hoy en la tarde, es mentira, no se han decomisado armas en este sector.
—¿Entonces qué? ¿Cualquiera pudo ayudarlos o es un plan de largo plazo que va a culminar pronto? Estamos conspirando como abuelitas, localicemos a Bane —sugirió Red Robin —. Batman no nos quiere a nosotros tres cerca del Cumpleañero, encarguémonos de la parte de Bane para ir acelerando las cosas.
—¿Ir nosotros tres contra Bane? —por error, dije en voz alta mis temores.
Dick me vio con comprensión, Damián con altanería.
—Si tienes miedo...
—Cierra el pico, Robin —gruñó Dick —. Tú no supiste lo que fue ver que a papá le rompieran la columna y que el reino de terror de Bane se extendiera por casi un año. Estuvimos indefensos, eso no puede volver a repetirse. Hagamos algo... tomen los tubos y rellenen las bodegas de C4, las tenemos por la mitad. Batgirl tú... —pausó su orden rebuscando en su cinturón; de ahí extrajo un papel doblado —. Es de tú ya sabes quién, consigámosle esto.
Leí el papel: balas, balas, balas, fusiles, pistolas, más balas, granadas, un lanzamisiles con 50 municiones, batarangs, un cinturón utilitario con una medida específica y bastones eléctricos.
—¿Estás seguro?
—Bruce me lo confirmó en su oficina —¿por qué yo era la última en enterarme de las cosas? —. Papá enfrentará a Bane primero, si algo sale mal, él luchará con nosotros.
—¡¿Qué?! —Tim jadeó —. No, no se puede saber.
—Tampoco podemos dejar que Bane destruya la ciudad, hay prioridades Red. Vayan.
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(Este punto de vista es de Rocket. Yo no tengo nada contra Rocket, no la conozco mucho como personaje, pero no me desagrada. Rocket ha sido descrita como liberal, de hecho, es la primera heroína en dar a luz siendo madre soltera. Quiero aprovechar estas características y recrear un personaje que demuestre mucho del feminismo radical que tanto absorbe a las adolescentes y adultas jóvenes. Lo que quiero hacer es una crítica social, no un rechazo al personaje de Rocket, pero necesitaba usar un personaje de la historia original y ella encaja.)
Cuando Megan acudió a mí, supe que era mi momento de frenarle los pies a Batman. Lagoon Boy lo comentó en alguna ocasión: el Equipo se estaba volviendo un grupo de favoritos y recién llegados que se dividían innaturalmente. ¿No éramos todos iguales? Entonces ¿por qué los chicos descendientes de los grandes héroes de la Liga, y sus amantes, obtenían un mejor trato?
Activé el acceso de Megan a la Atalaya y le pedí que me acompañara a mi oficina. Ese espacio «mío» me enfurecía, pues no era más grande que un armario de escobas; Billy tenía una oficina inmensa y él mocoso no hacía nada más que contestar cartas, a mí en cambio me ponían a realizar papeleo interminable sobre las misiones de la Liga, ni siquiera mis propias misiones, sino recibir todos los documentos de las demás misiones y archivarlos como una vil secretaria.
—Pasa, por favor.
Megan accedió con timidez. La luz artificial y el espacio reducido lo combatía con plantas junto a mi computadora. Se me indicó que no podría colocar afiches o decoraciones que demostrasen una preferencia política y, al parecer, el feminismo afro entraba en esa categoría.
—Gracias Raquel. ¿Sí se puede entablar una queja formal?
—Claro, déjamelo a mí.
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—Pero ¡¿qué?!
—¿Sucede algo, Billy?
—Nada, discúlpame —me levanté del comedor de Stephani. ¿Por qué mierda Rocket dio acceso a M´gann a la Atalaya? Ella no podía hacer eso si no nos encontrábamos bajo ataque.
Revisé la información de los tubos zeta. A los novatos no se les enseñaba las configuraciones completas, era seguridad, lo que significaba que...
—¡Maldita sea! —gruñendo, mandé una alerta total a la Liga —. Cierren los tubos zeta. ¡Ya!
Me quedé a esperar la respuesta, ignorando las preguntas temerosas de Stephani. Dos personas alcanzaron a usar los tubos antes de que estos fueran cerrados por Icon. Bueno, eran los Robin, ahí todo bien.
—¿Billy?
—Lo siento, está delicioso, pero debo irme.
Tendría que correr por varias calles, de preferencia más de veinte, para no transformarme tan cerca del apartamento de Stephani. Oh, Rocket iba a oírme.
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—Pero... —le di un golpecito al tubo zeta de ese callejón. Los niños pasaron sin problema, ¿por qué tenía que descomponerse en ese momento? —. Nightwing —lo llamé por el comunicador. Él tardó en responderme.
—Ve a la oficina de tu padre. El Pingüino hizo su aparición... no está aquí el Cumpleañero —escuché la pelea —. Algo ocurrió en la Liga, Batman te quiere en la comisaría pendiente, creemos que el Cumpleañero vendrá para acá con el ejército del Pingüino que falta. Capucha tenía razón, hay una pandilla fuertemente armada, pero no es de Bane, sino del Pingüino.
No entiendo, musité mentalmente.
—Voy.
Le di la vuelta a mi moto y me devolví para la comisaría.
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—No me gustaría que sea una queja directamente contra Batman —pidió mi amiga con recelo —. Ni contra Batgirl, solo en general.
—No tengas miedo, él fue quien cometió el error. No tiene por qué darle un trato diferente a Batgirl —contesté rellenando el formato de queja. Sin vacilación, y con mucho gusto, puse el nombre de Batman.
Sin duda, viendo al murciélago contra la espada y la pared, Bárbara recapacitaría y se daría de cuenta que él solo la usaba como muñeca sexual. Los hombres eran así, especialmente los hombres blancos y ricos que se creían intocables. Que el comportamiento privilegiado de Batman se estuviera replicando más que claramente en su hijo mayor no me tranquilizaba; Dick era un aventajado machista que daba mejores posiciones a los que le caían bien, como sucedía con Blue Bettle, según Lagoon Boy.
Alcancé a terminar la queja antes de que tocaran a mi puerta.
—Siga.
Nadie tocaba jamás mi puerta, excepto para asignarme más trabajo.
—Permiso —Billy, sudado, Canario y Aquaman entraron. Sí, el niño engreído lideró la caminata —. Buenas noches. Señorita Marciana, ¿por qué estás aquí?
Fruncí el ceño. ¡Qué manera tan atrevida de dirigirse a una mujer!
—Em, bueno, yo...
—Yo la traje, Capitán Maravilla. Ella quiere poner una queja contra un miembro de la Liga.
—¡No! Yo... —obviamente se asustó ante la presencia de ellos.
—¿Una queja? Perfecto, háganlo —se burló el niño —, ¡pero aquí no!
—Ella no tiene permiso para estar aquí —dijo Canario —. Y tú no tienes autorización para traer extraños.
—Canario —jadeé, incrédula de que ella se pusiera contra nosotros —. Es Megan.
—Eso no importa, hija —intervino Aquaman —. No se debió hacer. Tú no estás capacitada para teletransportar a más personas, no se te enseñó a hacerlo.
—¡Claro que sí!
—¡No! —Billy me alzó la voz —. Se te enseñó un falso comando que se le da a los novatos para verificar si son o no de confianza. Tu chistecito, Rocket, nos hizo cerrar todas las vías de tubos zeta porque el sistema lo tomó como un fallo en la seguridad y nosotros debemos proceder con los protocolos.
—Yo no sabía eso... —pero fruncí el ceño, negándome a caer sin pelear —. ¿Por qué no me lo dijeron? ¡Ustedes no confían en mí! Desde que llegué me pusieron a trabajar como un animal en este agujero, no hago más que ver pilas de papeles en lo que no tengo asuntos pendientes.
—Porque no tienes la antigüedad —me explicó con mesura Canario.
—¿Antigüedad? —señalé a Billy —. Este niño tiene una oficina cuatro veces más grande y labores más importantes que yo.
—¿Disculpa? ¿Te estás comparando conmigo? —se apuntó con sorna —. ¿Y crees que tú eres la que ganas?
—Capitán...
—Cállate —me espetó sin variar su tono de voz. Intenté hablarle, pero él no pausó su respuesta, así que me tocó silenciarme —. Eres una recién llegada cuya experiencia de campo por fuera de la Liga es corta, tuviste una gran misión en solitario y nada más, no eres experta en combate, no te especializas en una ciencia y careces de tacto para sostener una conversación diplomática. En términos simples, eres una inútil a la que se le permite estar aquí; tú no nos honras con tu presencia, no te necesitamos y podemos prescindir de ti cuando queramos. Tienes una oficina decente, un trabajo promedio y mucho más simple que el mío, si es que continuamos comparándonos. Completo más misiones que tú, tengo mayor agrado público que tú, mi experiencia es mayor que la tuya y nuestros márgenes de poderes ni se comparan. ¿Quieres que siga?
Apreté los dientes.
—No.
—Hay un lineamiento específico para hacer las cosas —prosiguió Billy —. Megan no tiene nada que hacer en la Atalaya.
—Su queja...
—Se pudo resolver en la Cueva, lugar al que se dirigirá en tres horas.
—¿Tres horas? —preguntó mi amiga.
—Sí, es el tiempo que estaremos atrapados aquí gracias a sus ocurrencias.
Me sentí tan humillada que pude haber gritado a Billy, salvo que me daba miedo. El niño era terriblemente poderoso.
—Bueno, mientras tanto, ¿de qué trataba el asunto de la queja? Podemos resolverlo —propuso Canario.
—Yo... —Megan quiso retroceder, ella seguía intimidada por sus presencias.
No era fácil ir directo contra Batman, pero ese hombre debía entender que no podía hacer con nosotras a su antojo.
—Megan quiere presentar una queja ante la orden que dio Batman hoy —tomé la queja formal y escrita y se la tendí a Canario. Billy retrocedió un paso y permitió que los mayores se hicieran cargo.
—¿Hay una copia?
O no. Por supuesto, Billy y Batman eran uña y mugre. El niño héroe no permitiría que algo le pasara a su querido mentor y era obvio que él pasaría por encima de lo que fuese para proteger al murciélago.
—Léela —se la entregó Canario.
Billy lució indignado conforme la examinaba.
—¿Parcialidad? Cuando buscas justicia en los diccionarios encuentras la imagen de Batman, literalmente —sí, ese diccionario para niños con la foto del murciélago fue muy sonado un par de años atrás.
—Pues esta vez erró —dije con crueldad —. Le está dando ventajas a Bárbara que no le dio a Megan, sobra decir el por qué.
—Espero que las pruebas que tengan sean sólidas —nos advirtió Aquaman.
—Yo le pedí a Batman que alejara de mí a los manifestantes...
—La Liga decidió que no, Megan —habló Canario con dulzura —. Las personas tienen derecho a manifestarse siempre que no te dañen.
—¡Me dañaron! Nadie me respeta, todo el mundo tiene asco de mí y no pude graduarme con mis compañeros o ir a la universidad.
—¿Qué tiene que ver Batgirl con eso?
—A ella, Capitán, sí le quitaron los manifestantes —notifiqué.
Canario frunció el ceño.
—No he revisado internet, no estaba informada.
—Ni yo.
Aquaman no respondió.
—¿Señor?
Me negaba a llamarlo rey.
—Yo leí algo al respecto, fueron abogados de la Liga y policías locales.
—¿La orden vino de Batman? —pidió la rubia.
—Sí.
Sonreí. Lo atrapamos.
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La comisaría continuaba vacía; los policías sabían que no era buena idea meterse con la hija del jefe y nadie hizo un solo comentario respecto al tabú que revolaba por el aire. Dick y Batman peleaban, los Robin estaban al otro lado del planeta varados, yo tendría que entretenerme en la oficina de papá. No alcancé ni a tocar la baranda de la escalera cuando las alarmas se encendieron.
—Ha sido raptada una niña de tres años por el Cumpleañero. Repito, ha sido raptada una niña de tres años por el Cumpleañero.
Le gané a Bullock en la carrera por la radio.
—¿Dónde están?
—No sabemos, la madre puso el denuncio, identificó al Cumpleañero por su máscara de saco de papas —alguien tuvo que colaborarles en la fuga, no había duda, o si no, él no tendría su máscara —. El Cumpleañero fue visto con decenas de hombres armados.
—¿Hombres del Pingüino?
—Sí.
No, no, no. Batman fue con Nightwing a por el Pingüino creyendo que ambos criminales estarían juntos. ¿Por qué el gigante tomaría parte del ejército y se aislaría?
—¿Dónde secuestraron a la...?
Los criminales de Gotham eran unos teatreros baratos. El Cumpleañero posteó en Instagram una foto de la niña raptada, regodeándose. No, no era teatro. La división no era por azar, ellos nos dividían a nosotros. Dick tenía razón, esa fuga estaba muy rara.
—Imbécil —murmuró Bullock revisando su teléfono —. Hasta yo podría dar con la dirección.
Dejé que él hiciera la búsqueda; las personas ayudaron, tantos hombres armados necesitaban de un camión para transportarse, no pasaron desapercibidos. No, para nada se escondieron: era una trampa, colocaron la información del edificio donde se encontraban en bandeja de plata. Y yo estaba sola.
El Cumpleañero es un violador de menores, un morboso que no se contiene, que mide más de dos metros, pesa más 150 kilos y posee entrenamiento en artes marciales. No lo quiero cerca de ninguno de ustedes tres.
—Batgirl, son como 50 hombres. Trae a los niños y al resto de refuerzos ocultos que tenga ustedes —sugirió Bullock.
—No hay nadie, solo estoy yo.
Y no quería ir. Un violador, 50 hombres armados... pero una niña de 5 años...
—¡Batgirl! ¡Ni se te ocurra! ¡Batgirl! ¡Bárbara!
No oí los gritos fuera de la comisaría.
Iba a mi muerte.
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—¿Por qué se caería la red? Gracias.
—No lo sé. Gracias.
El vendedor de armas, conocido de hace años de Bruce, puso las manos en sus caderas. La malteada que nos preparó estaba deliciosa; él nos atendía en su casa, una cabaña alejada en medio de Estados Unidos con un sótano de en sueño repleto de tantas armas como se pudiera imaginar.
—¿Debo esperar a que su padre venga por ustedes? ¿O se irán con la ruta escolar? —se burló.
—Nos vamos en tres horas, es lo que le tarda a la nave llegar —mentí usando la información que me proporcionó Nightwing.
—Como sea. Hay una televisión, vean lo que quieran y no rompan nada.
—Sí señor —coreamos.
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—¿Será que intervenimos?
—¿Intervenir en qué? —las duchas en el bar/hotel de mala muerte no eran comparables a las de la mansión Wayne, pero me refrescaron.
—Hola Capucha. Secuestraron a una niña de 5 años —Vico me apuntó a la televisión.
—¿Quién?
Con lo de las traiciones me olvidé por completo del Cumpleañero.
—El Cumpleañero y su ejército. La van a violar entre todos —Marcos dijo lo obvio.
Me apoyé en el hombro de Vico para observar la pantalla.
—¿Y Batman?
—Ocupado con el Pingüino. Con él está su amigo, jefe.
—¿Y los Robin?
—No han sido vistos.
—¿Batgirl?
—Ni idea.
¿Qué les pasó?
No pude hablar, en el noticiero arrojaron nueva información. Un gentío grababa, pero nadie se atrevía a entrar o cruzar la calle que daba al edificio gris.
—Nos acaban de notificar que Bárbara Gordon, Batgirl, se dirige sola al lugar de los hechos.
—¡¿Sola?! —la periodista a su lado gritó —. ¡¿Y Batman?!
—El Pingüino está a punto de arrojar petróleo al mar, no pueden simplemente irse —el primer periodista justificó lo que ocurría.
¿Bárbara sola?
—¿Quieren intervenir? —pregunté. Afirmar de inmediato que había que intervenir no me traería más puntos.
—¿Usted la conoce? —preguntó Vico.
—No realmente.
—Ah... son 50 hombres armados, si iniciamos un tiroteo la niña raptada morirá de todas formas.
Una realidad inminente. Me quedé a ver aquello sin dejar de sentirme culpable por no acompañar a Bárbara a pelear por esa niña.
—Ella es muy bajita —comentó Marcos al hacerse la aparición de Batgirl.
Como toda una heroína, ella se tiró de la moto sin siquiera apagarla, dejó el casco atrás y corrió al edificio deshabitado de tres plantas donde estaban los hombres lanzando explosivos a las puertas. Nadie notó lo que yo sabía, porque estuve en esa posición: le temblaba hasta el alma.
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—¡¿Cómo la van a dejar ir sola?! —mi grito se oyó en toda la sala común.
—Es una chica fuerte, Rocket.
—Es un simple humana, Capitán.
—No la subestimes —me respondió —. Batman no le deja ponerse esos trajes a cualquiera. Saldrá viva de ahí.
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Cerré los ojos por instinto al oír los tiros. Bárbara desató una balacera increíble dentro de ese edificio al que ni una sola alma se acercaba, al contrario, consideraban alejarse más, solo siendo retenidos por la importancia de la noticia.
—Van a matar a esa muchacha —murmuró asustada la presentadora.
—Peor, la van a violar. ¡¿Dónde está Batman?!
—¿Alguien puede enfocar a Batman?... ay no —la perspectiva del murciélago tampoco era buena: el Pingüino contaba con unos 15 o 20 hombres tan armados como con los que se estaba enfrentando Batgirl. Dick bregaba con algunos en lo que Batman trataba de detener al Pingüino.
¿Por qué un derrame de petróleo en un área de preservación? Era cruel, pero no ganaban... era una distracción. La única solución viable era que, ambos, Cumpleañero y Pingüino, fungían como distractores. Gracias a mi casco, los chicos no notaron que los examiné de reojo. No, no podría ir a ayudar a Bárbara si tenía al enemigo dentro de mi «hogar».
No era seguro afirmar que Bane tenía algo que ver, pero los diferentes escenarios no tenían sentido sin una red que los uniera y el coloso hombre era una perfecta explicación. Vi de niño lo que Bane le hizo a Batman, una herida de la cual papá jamás se pudo vengar, pero sí dejó lo suficientemente malherido a Bane para que el tipo no se volviera a aparecer por acá... hasta el día de hoy.
—¡Ese hombre se enloqueció! —la exclamación de la mujer me llamó la atención.
Batman empezó a pelear con sadismo, las piernas y brazos rotos fueron más que visibles.
—¿Qué le pasó? —susurró Vico.
—Ya le avisaron de lo de Batgirl —teoricé.
La televisión me dio la razón.
—Acaban de contarles por radio a él y al comisionado, el padre de la chica, de lo que sucedió.
—¡Qué cambio! —jadeó uno en la televisión.
—Wayne se contiene la mayor parte del tiempo, supongo que ya no lo hace. Uno de los suyos está en peligro.
Con la mitad de la pantalla en la batalla de Batgirl y la otra en Batman, casi se sentía como si fuera una telenovela. El Pingüino puso resistencia, pero no fue rival para Dick, quien le tiró a matar. Literalmente.
—¡Qué fuerte! —jadeó Marcos.
Dick, de un puñetazo, y en tierra, hizo que el Pingüino atravesara una pared de ladrillos.
—Ja —aproveché para burlarme —. Y ustedes dizque yéndoseles de frente. Agradezcan que no los mataron.
No pasé por alto la mueca que Vico hizo de: «¿Lo viste? Te lo dije», a Marcos. Así que Vico estaba informado. Quizá yo fui el último en enterarme. Bola de ratas.
En el edificio, una ventana se rompió, a los segundos un tipo fue lanzado por ahí. Se alcanzó a ver el ondear de la capa de Batgirl, pero no mucho más. 1 de 50, ¿cuántos quedaban conscientes?
Si Bárbara era violada, yo me olvidaría de todo, empacaría tanto dinero como pudiera y me escaparía a Holanda. No, enserio, haría eso. Yo no iba a enfrentar la ira de Batman cuando él supiese que yo pude hacer algo y no lo hice.
Es más...
—Vico —lo llamé sin despegar los ojos de la televisión —. Tráeme mi maleta. Ustedes empaquen.
—¿Vamos a algún lado?
—Sí. Puede que huyamos en medio de la noche, prepárense.
Ellos se alarmaron.
—¿Por qué?
—¿Quién nos persigue?
Apunté al televisor.
—Yo pude ayudarla, tengo mi propio ejército. Batgirl es la amante de Batman, si a ella la violan el murciélago vendrá por mi cabeza.
—Él no mata —me recordó Marcos.
¿Ellos se aferraban a que Batman no mataba para torcerse? Ingenuos.
—Ojalá nos fuera a matar, ¿tienes idea de lo que es que te rompan cada hueso del cuerpo? Porque Batman hace eso, uno por uno hasta que la persona hable. Sin una confesión que realizar, él no se detendrá. Quedaremos parapléjicos. Vico, mi maleta está sobre mi cama, no la abras.
—Sí Capucha.
Los matones en el bar se quedaron calladitos, aterrados de mi declaración. Vico corrió a hacer el mandado.
Batman y Nightwing montaron el Batimóvil. El comisionado, en su coche patrulla, se les fue detrás rompiendo cada ley de tránsito existente.
0oOo0
Cuanto silencio, fue lo que pensó Tim, Damián, Jason, la Liga... cada persona que estuviera viendo la trasmisión de las cámaras a las afueras del edificio sufrió de vello erizado.
Se acabaron las balas, los gritos, los golpes y los cristales rotos. La ansiedad en el aire era espesa. Un helicóptero seguía la carrera de Batman, pero él no llegaría a tiempo para ver lo que se ganaría el aplauso del mundo entero.
Bárbara salió por la puerta por donde entró, sin capa, sin máscara, con una herida sangrando en su pierna y con el rostro reventado en moretones, pero con la infanta raptada en sus brazos.
