¡Volvemos con estos bombones!
Cámaras, acción… ¡Amor verdadero!
2
¡Ni una!
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Durante la primera cita tambaleó los dedos por encima de la mesa. Jugó con sus dedos con el tenedor. Movió la copa de vino como si fuera todo un experto. Notaba las miradas en su espalda de los otros comensales. Carraspeó, cambió de postura y, finalmente, ella cuando ella llegó supo que no era la indicada.
Se había presentado a sí misma como Mabui. Era una mujer atractiva, de piel morena y cabellos blancos. Una rectitud favorecedora y con unos encantos maravillosos. Aunque no fuera eso lo que él buscaba, no podía negar que no sería el agrado de cualquier hombre.
Además, era inteligente.
El único defecto es que no conseguía hacerla reír. No terminaba de encajar. No se sorprendía.
—Mi jefe siempre está haciendo alguna tontería, así que ya estoy curada de espanto. Lo siento.
Naruto se había llevado las manos a la cabeza, completamente defraudado. No había esperado que a la primera de cambio todo funcionara correctamente, pero tampoco que fuera tan desastroso.
Lo único que le consolaba es que a Sasuke no estaba yéndole mucho mejor. Su primera cita había sido con una compañera de trabajo, quien casualmente también era su prima lejana, y a la que Sasuke más bien odiaba. Habían trabajado juntos muchas veces, así que la idea de tener algo más serio con ella no le atrajo demasiado y, el chico, quien se había negado a tener relaciones con mujeres con el mismo trabajo, no dudó en quejarse.
Naruto todavía recordaba la cara de pavor que habían puesto Ino y Sakura al enterarse. Por suerte, la verdad salió a la luz. Karin había falsificado su identidad y a las chicas se le había colado en la carpeta de pretendientas.
Nada que no se pudiera solucionar, pero Sasuke ya se quedó con la duda. Naruto, sin embargo, no tenía ningún tipo de problema. No se creía un hombre celoso, al menos no en demasía.
Le había costado mucho llegar a donde estaba. Conocía lo que era el hambre o carecer de familia feliz. Y tampoco había tenido mujeres como para sopesar la loca idea de sufrir ataques de celos, por supuesto.
Simplemente, si se fijaba en sus compañeras de trabajo, era eso: trabajo. La gran diferencia era que tenían sexo.
Quizás en eso estuviera colmado pero tampoco satisfecho y esa, posiblemente, fuera la parte que Sasuke buscaba a su modo. Aunque no podía imaginarse cómo serían sus cenas con otras mujeres, con el paso del tiempo se percató de que ambos terminaban más veces en el sofá rojo de la sala de espera de lo que habían esperado.
—¿Cuántas van? —cuestionaba pensativo.
Sasuke siempre sacaba las cuentas más deprisa.
—Dieciseis veces.
La que también estaba desesperada era Sakura. Siempre que los veía llegar su rostro se contraía en una mueca de decepción y frustración conjunta. Ino solía darle palmadas de calma, pero hasta ella empezaba a impacientarse.
—No puedo creerme que seáis tan difíciles —protestaba Sakura mirándolos descaradamente—. ¡Deberíais de entrar fácilmente por el ojo! Al menos una segunda cita. ¡No es tanto! Sois apuestos, tenéis tema de conversación. Porque lo tenéis. ¿No?
Su mirada pasaba de Naruto a Sasuke, quien desviaba la atención. Sakura, solía sacar las quejas enviadas por las chicas y se las leía muy claramente para indicarles qué hacían mal. Porque por supuesto, no toda era culpa de ellas. El perfil estaba bien, el problema era encajar después.
—Socializar con otras mujeres fuera de vuestro area de trabajo debe de ser difícil —sopesó Ino—. No es como si fuerais los primeros hombres a los que cuesta encontrar una pareja. No todo es tan sencillo ni parece un cuento de hadas. No te vas a sentar en la mesa con una mujer a la que no conoces y pensar que la quieres para toda la vida. La vida real no es como en las películas.
—¿Eres conscientes de que son actores porno, Ino? —inquirió sarcástica Sakura—. En sus películas casi siempre es un aquí te pillo aquí te mato.
—No, que va —negó Naruto sacudiendo una mano—. Muchas tienen trama y mucho más guión del que creeis.
Ambas enarcaron una ceja y Naruto, por extraño que pareciera, sintió que se le enrojecían las orejas.
—Vale, no siempre —reconoció rascándose la nuca—. Yo no sé el problema que tiene él —señaló a Sasuke antes de continuar—, pero el mío es que simplemente no congeniamos. O no tienen sentido del humor, o me cuentan sus problemas, o quieren que sea papá de la noche a la mañana, otras ya cuando se enteran mi trabajo, piensan que no se me va a levantar en la vida.
—¿Y es verdad? —curioseó Ino antes de recibir un codazo por parte de su compañera.
—¡Es mentira! —reprochó.
—Bueno, bueno, no desesperemos —terció Sakura sacando otra carpeta. Esa vez, una roja—. Iremos a algo más especial.
Habían pasado por tres carpetas ya. Una azul, rosa y otra verde. Ninguna había resultado.
—Sakura, esa es… —advirtió Ino.
Sakura la ignoró y abrió la carpeta, pasando distintos perfiles.
—¿Qué ocurre? —cuestionó Sasuke mirando a una y otra.
Ino respondió.
—Las carpetas que por ahora hemos ido utilizando son carpetas de personajes famosas. Ustedes señalaron en vuestra entrevista y el test que respondieron ciertos parámetros. Dado que las chicas de alta clase o puesto financiero no ha funcionado, tenemos estos casos.
—Chicas sencillas pero con grandes cualidades —aseguró Sakura para terminar la explicación de Ino—. Quizás os parezca que es una tontería. A menos que busquéis sólo las que tengan el bolsillo lleno.
—No, para nada —negó—. El dinero no es problema. ¿Verdad, Sasuke?
El nombrado gruñó una afirmación.
Sakura suspiró.
—En realidad, en estos casos, ellas os escogen a vosotros. Buscaremos algunas adecuadas y moveremos ficha. Pero, lo diferente en esta carpeta, es que la cosa se celebra como una especie de Goukon.
—Demasiada gente presente —protestó Sasuke.
Sakura esbozó una sonrisa.
—He dicho parece. Y vuestro caso, es especial para esto. Ya que ambos os conocéis, dudo que os importe ir juntos. ¿O si?
—¡Claro que no! —respondió antes de que Sasuke abriera la boca. Parecía el reloj de pamplona, por dios. No podía permitirle destruir su sueño.
Sasuke le miró.
—Ya te veo bastante el trasero, así que me niego a trios fuera de las cámaras —advirtió.
La habitación quedó en silencio. Ambas mujeres les estudiaron durante un rato antes de intercambiar una mirada. Sasuke, impasible, simplemente cambió de postura.
—Ey, que mi culo es hermoso —recalcó.
Las mujeres no pudieron contener más tiempo la risa.
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—¿Y? ¿Cómo os está yendo? —cuestionó Shikamaru mientras aceptaba su cerveza.
Habían quedado en un pub privado para entregarles el guión de la nueva película y, por supuesto, no podía evitar sentirse intrigado por si tenían la misma buena experiencia que él.
—Nada de nada —respondió Naruto apartando el guión a un lado—. No hemos conseguido comernos ni un rosco. Sigo sin entender cómo es que lo lograste tú a la primera.
Shikamaru tragó la cerveza ingerida antes de responder.
—Me dijo: nos casamos. Y fue todo.
Naruto le miró con la boca abierta.
—¿Tan fácil? Ni química ni mierdas de esas.
—¿Quién dice que no tenemos química? —Inquirió el Nara—. Ella manda y yo obedezco. A cambio, tengo todo el sexo que quiero y seguro, un hogar y alguien que me quiera, comida caliente y dormir acompañado. No me quejo.
—¿La amas al menos?
Shikamaru suspiró.
—Eso no es algo que tenga que decirte a ti, Naruto.
Naruto se resbaló por el sofá a una postura más cómoda. Shikamaru había desviado la mirada, como si buscara a alguien entre los bailarines. Pero claramente, era un modo de disipar la verdad.
Algo que a él estaba fallando. Se había enamorado de esa mujer a la que siempre apodaba problemática a su modo. ¿Por qué él no podía?
Sólo le quedaba la esperanza de que en ese último esfuerzo, en esa extraña reunión, consiguiera algo con alguna chica. Aunque con Sasuke por medio, debía de reconocer, que quizás estaría algo difícil.
En sí, ambos encajaban por la loca idea de que vendía mucho el tema de dos hombres diferentes y que Shikamaru fuera el autor de muchos de los guiones para los que trabajan, si no… No quería ni pensarlo.
—¿Qué hay de ti, Sasuke?
El nombrado apartó la mirada del guión que leía. No era de los que dejaba el trabajo atrasado.
—Nada.
Shikamaru se pasó una mano por los cabellos.
—¡Por Dios! Si Sasuke Uchiha, el playboy de las pelis pornográficas no lo consigue. ¿Qué será de los pobres mundanos simples?
—¡Cállate! —protestó Naruto tirándole la servilleta—. ¡Esta vez lo conseguiré! ¡Y una mucho mejor que Sasuke!
Shikamaru soltó una risita.
—Tómatelo con calma, Naruto. El amor no es algo que se consiga si lo buscas a la desesperada. Quizás encuentres a la mujer equivocada sin quererlo. Porque imagino que todas te han rechazado a ti.
—Menos dos —protestó apretando los labios.
Shikamaru ladeó la cabeza. Sasuke bostezó. Los dos se quedaron mirándole, cuestionando cómo alguien como él podía no tener éxito.
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Neji dejó caer la carpeta frente a ella. Hinata suspiró, reconociendo de qué se trataba. Dejó a un lado el portátil que había mantenido sobre sus piernas y la tomó con mano trémula.
—¿Por qué? —preguntó—. Pensé que lo harías tú.
—Yo también —reconoció Neji escondiendo sus manos en los bolsillos—. Pero la privacidad de la agencia me lo impide.
Apretando los labios, cambió de postura. Neji no se movió.
—¿Ocurre algo? —cuestionó—. ¿Un consejo?
Neji dudó durante un momento.
—Sólo, escoge a tu gusto —dijo finalmente—. Suficiente con que te obligan a ciertas cosas. Haz esto como mejor te guste. El hombre, quiero decir. El que te guste.
Hinata asintió. Sintió sus mejillas cubrirse de un rubor familiar y carraspeó.
—Te dejo sola.
Se lo agradeció con una sonrisa y esperó a que la puerta se cerrase. EL corazón le iba a mil por hora dentro del pecho. Tomó aire varias veces, regulando su respiración.
La carpeta casi resbaló de sus muslos, aferrándola a tientas, se abrió. Había muchas más ofertas de la que esperaba. Algunos, eran hombres normales, ejecutivos pasados de edad que buscaban formar una familia. Otros, jóvenes con claros intereses en los que no coincidía para nada.
Necesitaba que alguno lograra sorprenderla y cada vez se iba quedando con menos páginas. Cuanto más avanzaba, más le costaba tragar y el corazón le pesaba en el pecho.
—Lo echaré a las suertes —decidió, demasiado agotada como para pensar correctamente o simplemente, concentrarse en algo así.
Entendía que Neji quisiera que se tomara su tiempo, que buscara al hombre adecuado para pasar el resto de su vida juntos. Pero tampoco una primera cita implicaba que se quedaran para siempre juntos. Igual vendrían otros, al fin y al cabo, no había ninguna cláusula que le asegurase un flechazo en la primera cita. ¿O sí lo hubo? No lo recordaba.
Cerró la carpeta y la dejó caer en el aire sobre la colcha. Las hojas se doblaron, formando un centro. Metió el dedo entre estas para marcarlo como el elegido y lo volvió.
Leyó la información y su boca se abrió sin poder creérselo.
¿Acaso el destino tenía un sentido del humor retorcido?
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Sakura cerró el archivador con la cadera mientras se colocaba el bolígrafo en la oreja para tomar la taza de café humeante que había dejado sobre la mesa. Le esperaban unas largas horas más de trabajo que estaba dispuesta a terminar. Ahí fuera habían personas esperando enamorarse y estaba dispuesta a conseguirlo.
—¿Sigues enfrascada con esos dos chicos?
Apartó la mirada de la tableta para clavarla en Sai. El chico estaba apoyado contra la puerta y cruzado de brazos. Bajo uno de ellos iba una enorme carpeta de fotografías.
—Sí —confesó suspirando—. Nunca pensé que sería tan sencillo, pero tampoco tan difícil, aunque no imposible.
Sai enarcó una oscura ceja.
—Ino me ha contado que estáis ya recurriendo a la carpeta roja.
—Sí —reconoció—. Creo que será mejor para ellos. Hay chicas muy buenas entre esas hojas. Y buscan el amor, no sus bolsillos.
Sai hizo una mueca curiosa.
—Bueno, hay de todo. Al fin y al cabo, recuerda a esa actriz porno que falsificó su currículum.
Sakura se enfureció de sólo recordarlo. La vergüenza que habían pasado, las disculpas y que encima fuera un hombre tan frío como Sasuke Uchiha no había funcionado a sentirse mucho mejor.
—No se lo recuerdes o romperá el escritorio, querido.
Ino les sonrió desde la otra sala, saliendo ya con su abrigo y bolso colgando del brazo. Le dio un beso en la mejilla a Sai y luego se volvió hacia ella.
—¿Estás segura de querer quedarte aquí? Podemos llevarte en un momento.
—No, quiero solucionar esto —descartó—. Dormiré en la sala de descanso un rato y me quedaré.
—Siempre tan obsesionada con el trabajo —bromeó Ino.
—Quizás seas tú la que necesites una pareja, Sakura —indicó Sai ganándose un codazo por parte de su novia—. Auch.
—Mejor vámonos ya, bocazas —gruñó Ino haciéndole un gesto de despedida.
Sakura simplemente los vio salir. Dejó la tableta sobre la mesa y se pasó los dedos por los cabellos.
Sí, quizás necesitara una cita ella. A lo mejor debía de buscarse algo para ella en vez de a otros.
Un mensaje llegó al buzón de correos del ordenador. Con un suspiro cansado y pasándose la mano por la nuca, lo abrió. Esperó a que cargara tomando un buen trago de café que casi expulsa de la misma sorpresa.
—No puede ser. ¡No puede ser!
Continuará…
¡Gracias por leer!
