¡Bien! Continuamos con la carga de actualizaciones para que la pandemia sea más leve.
Cámara, luces, acción…. ¡Amor verdadero!
3
¡Ella!
.
Se cerraba el batín justo cuando su móvil sonó. El de Sasuke unos segundos después justo al lado del suyo. Pero Sasuke todavía estaba en medio de una toma. Los gemidos de la actriz llenaban la habitación y decidió salir antes de que su móvil fastidiase la escena. Conocía el mal carácter de Sasuke cuando tenía que repetir una escena por una interrupción. Su compañera de reparto fingía dormir, satisfecha a un lado de la cama, mientras los otros dos seguían al lío.
La trama trataba sobre una doctora frustrada con su vida que recurre a su mejor amiga para aliviarse. Esta segunda tenía dos amigos con derechos que sólo quería compartir, pero al final, el protagonista de Sasuke se enamoraba de la doctora durante esa sesión de sexo. Luego vendrían más momentos de drama, sexo de consolación y demás cosas de las que no quería acordarse en ese momento.
El mensaje era claro. Las coordenadas y la cita.
Había sido escogido por una chica de aquella carpeta roja. Que Sasuke también recibiera el mensaje quería decir que también fue escogido. No sabía si irían a la mismo Goukon, pero le intrigaba cómo funcionaría aquello.
—Oi, Dobe.
Se volvió aceptó la botella de agua que le lanzó. Sasuke estaba sonrojado y sudaba. Sostenía su propia botella abierta y miraba la pantalla del móvil.
—¿Te han citado también para la Goukon?
—Sí.
Le mostró el mensaje y él hizo lo mismo. Las mismas coordenadas, la misma fecha y hora. Suspiró.
Sasuke iba a eclipsar totalmente su atención. Era capaz de ligarse a las chicas que fueran y él comerse la servilleta. Ese jodido era sexy hasta en batín y más después de tener sexo, con el cabello pegándose a su rostro, sus mejillas enrojecidas y sus labios más marcados.
Sacudió la cabeza y se concentró en el mensaje, enviando uno de respuesta como aceptación.
Se daría una ducha, iría a casa a cambiarse de ropa y se presentaría en el lugar. No podía ir mal del todo. ¿Diecisiete veces? No era capaz de cumplir un récord, ¿verdad?
—Oye, Teme —dijo cayendo en la cuenta—. ¿Cómo es que siendo como eres no das una cita bien? Ni siquiera repites.
—¿Cómo soy? —cuestionó enarcando una oscura ceja.
La puerta se abrió tras ellos y las actrices aparecieron, sonrientes, hablando entre ellas. Se detuvieron al verlos y saludaron antes a Sasuke, claramente interesadas, y después a él. ¿Cómo podía ese idiota no verlo?
Además. ¿Qué tipo de mujer buscaba?
—¿Qué tipo de mujer quieres, Sasuke? —preguntó aprovechando que compartían las duchas. ¿De qué servía bañarse cubiertos si ya se habían visto de todo? — Siempre me lo he preguntado.
Sasuke pareció rumiar un rato, frotándose la cabeza con jabón.
—Cabello largo —respondió encogiendo finalmente los hombros.
Naruto guiñó los ojos.
—Eso no responde nada. ¿Carácter? ¿Altura? ¿Inteligente?
Sasuke se metió bajo el agua y habló pero Naruto sólo escuchó el sonido de unas burbujas. Fue un fastidio porque no volvió a responder por más que le preguntó y cuando ambos se marcharon a sus respectivas casas, fue imposible sacarle algo por el móvil. Es más, Sasuke llegó a un punto en que parecía haber apagado el móvil completamente.
Ni siquiera le llegaban las llamadas.
No le prestó más atención. Sasuke era de los que se dormía y olvidaba que el mundo existía, así que sólo le quedaba esperar a encontrarse más tarde.
Sin embargo, cuando esa noche llegó a la puerta del lugar descubrió que Sasuke no estaba, cosa extraña sabiendo lo puntual que solía ser, y que continuaba sin responder las llamadas. Una chica se tropezó con su espalda cuando se guardaba el teléfono, despistada, mirando a su alrededor.
Era bastante mona, aunque ni siquiera se disculpó y entró en el restaurante. Naruto no le dio mucha importancia.
Tal y como se esperaba, los locales caros todavía conservaban un poco de vida gracias a las agencias de citas. Muchos otros restaurantes familiares, especialmente, habían ido quebrando por culpa de la escasez de natalidad y parejas.
Se acercó al recepcionista y presentó el móvil.
El hombre hizo una reverencia y lo guio entre las mesas hasta una parte reservada, cerrando la puerta tras él. Se sentó para descalzarse y escuchó un gritito de sorpresa y al volverse, la misma chica que se chocó con él estaba ahí.
—¡Lo siento mucho! —exclamó pegando su frente al suelo—. Estaba tan nerviosa que no pude disculparme antes.
Naruto levantó las manos, pidiendo calma.
—No te preocupes, sólo ha sido un tropiezo. No es el fin del mundo.
Tras descalzarse y que ella recuperara su posición, se sentó justo en frente. El silencio reinó. La puerta volvió a abrirse al cabo de un rato y una camarera se arrodilló para entregarles las cartas, tomar nota de sus bebidas y se marchó.
Naruto frunció el ceño mirando el reloj.
—¿No es extraño que no venga nadie más? —cuestionó.
La muchacha miró hacia los asientos vacíos.
—Sí —dijo extrañada—. Aunque en el mensaje no especificaba cuántos seríamos o que alguno cancelara.
—Quizás no porque no son nuestras citas —supuso. Ella enrojeció adorablemente. Se rascó la nuca y extendió su mano hacia ella—. Naruto Uzumaki —se presentó.
Ella parpadeó un instante, mirando su mano. Cuando estaba por retirarla incómodo, ella la aceptó.
—Hinata Hyûga.
Sonrió al escucharla.
—Bien, entonces. Por favor, acepta cenar conmigo, aunque estemos a solas.
Hizo una leve reverencia que ella devolvió, asintiendo. Enseguida se ofreció a servirle su bebida y tras cortas frases educadas, la comida llegó.
Y el silencio también se quedó con ellos.
Tomó su tiempo en observarla.
Por sus gestos dejaba ver que era una chica de rama alta o al menos, educada a ese estilo. La forma de sentarse, de comer, limpiarse y cubrirse la boca mientras comía era perfecta. Su aspecto también mostraba que había ido muy en serio en buscar una pareja para siempre y no un rollo de una noche. Su aspecto era pulcro, con un vestido rosado nada atrevido y si no se hubiera echado hacia atrás para recibir un plato de comida, no habría notado que poseía un buen busto.
Y su cabello era largo. Se lo había recogido en un moño casual para comer y algunos mechones adornaba su rostro, pero exponía mucha nívea piel adorable. Había estado con muchas mujeres debido a su trabajo, pero estaba seguro de que ninguno tenía esa calidad.
Su rostro era marcado y muy guapa. Unos preciosos ojos perla y con poco maquillaje.
Sí, físicamente era su tipo de mujer. Con su educación era perfecta. El problema es que no sabía hasta qué punto quería llegar o si sería capaz de aguantar algunas de sus bromas chorras.
—Este pez globo parece un león —soltó, probando.
Ella miró el pez y luego a él. Tuvo que cubrirse la boca antes de que la comida se le escapase al reír. Si hubiera estado Sasuke ahí le habría dado un codazo y mirado como si fuera un idiota. Pero ella se había reído. ¡Reído! Por dios, era la primera de todas ellas que lo hacía. ¡La primera!
Cuando pudo hablar, se encontró con su boca continuaba extendida en una sonrisa.
—La verdad es que siempre lo pensé. No sé por qué no le pusieron algo parecido.
—¿Pez gobloleón?
De nuevo, su risa inundó el lugar. Parecía algo más cómoda incluso y bromear les ayudó mucho. Al final, Naruto estaba más impaciente.
—¿Por qué no me hablas de ti, Hinata? —propuso.
Ella dudó por un instante, terminando de beber.
—Tengo treinta años —explicó apesadumbrada.
—¿Y? —cuestionó—. Yo estoy por la misma quinta.
—Bueno, sé que los hombres suelen querer las mujeres más jóvenes —explicó—. Pero en tu ficha no ponía ninguna edad especial.
—Pero eso no quiere decir que quiera menores —aseguró—. Treinta me parece perfecto. Además, y no es por halagar, no los aparentas. Me creía que eras algo más joven.
Enrojeció y eso le pareció adorable.
—¿A qué te dedicas? —se interesó.
—Soy pintora —respondió emocionada—. Me encanta la pintura desde que era pequeña. Así también puedo estar mucho en casa. Aunque ahora trabajo más como crítica de arte. No da para mucho, pero puedo mantenerme. Aunque vivo con mi primo mayor.
—Acabo de imaginarte de una forma muy interesante —confesó sin poder cerrar la boca. Ella parpadeó, inocente.
Aunque en su mente no era una escena muy inocente exactamente. Más bien, la pintura quedaba un poco aparte de sus ideas.
Sacudió la cabeza para sacarse los pensamientos.
—Yo trabajo de… Soy… —suspiró. Nunca le había costado tanto.
—Lo sé.
La miró perplejo.
—¿Lo sabes? —exclamó—. Quiero decir… sé que es lo que todo el mundo ve hoy en día, pero…
—¡Ah, no, no, no! —negó enrojeciendo—. Tu ficha. Tu ficha. Lo ponía. A qué te dedicabas.
—Comprendo… —farfulló rascándose la nuca—. Perdona, pensaba que tú… ¡Qué no estaría mal, ojo! —añadió nervioso—. Todos necesitamos alivios y esas cosas…
—No, yo… —balbuceó. Agachó su rostro, roja como un tomate—. No he estado nunca con un hombre ni visto esas cosas.
Naruto no pudo evitar abrir la boca tanto le dolió la mandíbula.
Había encontrado un tesoro. Algo único.
Algunas de las chicas con las que tuvo la entrevista garantizaban no ser vírgenes y poder seguirle el aguante en cuanto a sexo, como si él fuera una máquina interminable de erecciones. Una mujer que no se interesara en él por eso era maravilloso. Aunque todavía no lo sabía.
—¿Fue por eso que me escogiste? —cuestionó sin tapujos.
Ella dio un respingo, negando. Metió un mechón tras su oreja, nerviosa.
—Fue la suerte.
—¿La suerte? —inquirió.
Le contó cómo había lanzado la carpeta al aire y esta se abrió justo por su ficha. No sabía si realmente era un tío con demasiada suerte o una casualidad espeluznante.
—Creo que el destino tiene un sentido del humor retorcido —dijo suspirando.
Hinata agrandó los ojos, sorprendida.
—¡Justamente eso mismo pensé en su momento! —exclamó—. No me mal entiendas. Creo que es un buen trabajo como cualquier otro, pero yo… yo… —se mordisqueó el labio antes de continuar—, no sé nada de estas cosas y seguramente estás buscando una mujer más experimentada. Comprenderé si te niegas a otra cita. Al fin y al cabo, esto no es como llegar y encajar a la primera. ¿No?
—Dieciséis veces falle —reconoció inclinando la cabeza. Ella abrió la boca en una perfecta o—. Esta es la primera vez que quiero repetir.
—Espere. ¿Usted querrá repetir conmigo?
Naruto asintió, sincero. De todas con las que había cenado era la primera con la que se sentía bien, atraído. ¡Y por todos los santos! ¡Se había reído con él! Y no estaba preocupada por su trabajo más que no poder seguirle el ritmo, cosa que no necesitaba. Quizás en próximas citas, si ella quería, podría explicarle un poco el tema de las mentiras que se dicen de los actores porno.
—¿No quieres? Ah, puedes negarte, tranquila. No quiero que suene a que te estoy presionando —aclaró nervioso.
—No, yo… me gustaría volver a tener una cena con usted, sí —confirmó con ojos brillantes y mejillas enrojecidas—. ¿Podría?
Naruto casi saltó del asiento para gritar. Asintió repetidas veces, emocionado.
Por supuesto, eso pasaría a través de la agencia y ellos les dirían el día y la hora. Todo bajo las condiciones que Hinata expusiera al ser la demandante del encuentro. No quitaba, claro estaba, que se sintiera igualmente emocionado.
Habían congeniado, o al menos tenía esa idea.
Sin embargo, tres días después la llamada continuaba sin llegar. Ni un mensaje. Quizás debía de haber pedido su móvil a Hinata.
Y otro detalle más es que Sasuke tampoco apareció en el trabajo y continuaba sin responder sus llamadas. Pero cuando fue a su piso en busca de respuestas no había nadie. La loca idea de que lo secuestraran pasó por su mente por un momento y llamó a Shikamaru.
—Se ha pedido una semana de descanso porque no se encontraba bien. Tiene un resfriado, así que el director le dijo que lo pausaremos para que no contagie a otras actrices.
—¿Y por qué no contesta en su casa? —gruñó.
Decidió dejar a Sasuke y se acercó al edificio de la agencia. Si no le llamaban, quizás tuvieran respuestas y podrían ponerle en otro lugar. Aunque era una verdadera lástima. Hinata le había gustado.
—¿Naruto? —Ino cargaba un montón de fotografías cuando entró—. No se supone que tenías cita.
—No, sólo vine a ver a Sakura. No he recibido mensaje ni nada y estaba preocupado.
—Oh, pues entra. Que yo sepa ahora está libre. Iré a darle todo esto a Sai —indicó antes de alejarse.
Naruto no le prestó mucha atención y puso rumbo al despacho. Las cortinas estaban echadas, algo normal dado su trabajo, pero la puerta estaba ligeramente abierta. Se detuvo antes de golpear.
Podía reconocer esos sonidos en cualquier lugar. Era su trabajo, al fin y al cabo.
Sakura no estaba sola y por la forma en que gemía no estaba justamente teniendo una reunión de trabajo.
Aunque fueron otros gemidos familiares los que llamaron su atención. No podía creérselo, así que, al cuerno todo. Empujó la puerta tras llamar y fue hasta de risa verles.
Sasuke y Sakura estaban justo como pensaba que estarían y sus caras remarcaban la culpabilidad y sorpresa de lo que hacían.
Con una maldición, ambos comenzaron a separarse y vestirse, mientras les dio la espalda para darles algo de intimidad. Aunque ya conocía a la perfección el cuerpo de Sasuke, joder.
—Naruto… —habló Sakura carraspeando—. No sabía que ibas a volver. Creía que tu última cita fue… bien y… Ah, mierda. Perdona, se traspapeló todo, así que por eso no se ha enviado un mensaje. Ahora te lo mandaré. Será este viernes si te va bien.
Miró de reojo para ver si estaban presentables. Sasuke se cerraba el cinturón y Sakura abrochaba el último botón con una mano mientras con la otra revisaba el ordenador con gestos rápidos en el ratón.
—Sí, si ella quiere, querría volver a quedar con Hinata —confirmó. Clavó la mirada en Sasuke en busca de una respuesta, pero éste se encogió de hombros y le dio la espalda—. Por favor.
—Claro, claro —aceptó nerviosa.
Tenía las mejillas enrojecidas, el cabello húmedo y marcas en su cuello. Los labios hinchados y la falda continuaba arrugada. Hasta se había olvidado un zapato junto a la mesa.
Volvió a mirar a Sasuke, que gruñó.
—Vale, debería de haberte llegado.
Su móvil vibró dentro de sus pantalones como respuesta. Lo sacó para revisar y era correcto.
—Sí, ya lo tengo.
Sakura carraspeó una vez más y le sonrió.
—Me alegra que finalmente funcione.
—Sí —asintió mirándoles—. Aunque ya veo por qué a Sasuke le van tan mal las citas, sí.
—¡No es…! —ambos exclamaron a la vez, mirándose y luego desviando las miradas, sonrojados y no sólo por el sexo.
—Ya, ya —picó.
Sasuke gruñó una vez más y tiró de él hacia fuera, cerrando. Naruto estuvo callado hasta que salieron al salón.
—¿De qué coña va esto? —exclamó soltándose—. ¡Te estás tirando a la encargada de encontrarte una pareja para siempre! ¡Ni siquiera tiene el cabello largo!
Sasuke bufó metiéndose las manos en los bolsillos.
—Además, estás enfermo. ¿O eso es una mentira?
—No lo es —aseguró—. Ayer me sentía fatal. Erré al llamarte y la llamé a ella…
—Ya. Y una cosa llevó a otra. Directamente a su falda, claro.
Se encogió de hombros para restarle importancia. Naruto ni siquiera sabía por qué estaba mosqueado. ¿Quizás por ser excluido en algo tan importante? Vale, lo reconocía, era un condenado chismoso.
—¿Esto no va contra las normas o algo así? —preguntó mirándole de reojo.
—No, que sepa —respondió bostezando y estornudando después—. Mierda. El sexo ayuda a los resfriados. Estaba mejor.
—Claro, mejor contagiar a una chica de fuera que a una actriz —ironizó.
Sasuke le miró y si las miradas matasen, estaría muerto y enterrado.
—Haz lo que quieras —se rindió—. Allá tú. Que ayer no vinieras fue hasta una suerte, porque encontré una chica maravillosa.
Y esperaba volver a encontrarla. No, deseaba volver a verla.
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Hinata sonrió al ver el mensaje en su móvil. No entendía por qué exactamente, pero lo hizo.
La reunión no fue tan mala como pensaba y aunque estuvo a punto de marcharse, no se arrepentía de acudir. Naruto parecía un buen chico y no del tipo que tuviera tapujos con nada. Quizás fuera por su trabajo, pero le gustaba ese detalle.
Sólo esperaba que no continuase con la idea de que le había escogido por su trabajo. De tan sólo pensarlo enrojecía.
Cuando envió la aceptación por correo a la empresa de citas y el número de ficha esperaba no recibir una contestación tan deprisa, tomarse su tiempo en comprender qué había hecho. Pero le llegó en nada el mensaje de respuesta.
Y ahora tenía otra programada para el viernes con él.
Se recostó en la cama y miró hacia el cuadro que había dejado para secar. No pudo contenerse y dibujarle fue imperioso. Ahora tenía un rubio en un marco que le devolvía la mirada y una sonrisa como esas que había puesto durante toda la noche.
Incluso hizo algo que jamás pensó.
Buscó su ficha por internet. Descubrió desde cuando llevaba trabajando, que no le había mentido en su edad y que seguía activo. Se preguntó cuándo era que los actores porno se retiraban. Más bien, se hizo un sinfín de preguntas que le sacaron muchos colores.
Dios, si lo recordaba había confesado hasta ser virgen.
—Hinata.
La voz de Neji la hizo dar un brinco y un grito. Neji se asomó, preocupado. No prestó mucha atención al cuadro, pues era normal que ella dibujara a cualquier persona que viera caminar por la calle o algo que le llamase la atención.
—¿Cómo fue anoche? ¿Quieres probar con otro?
—No —negó—. El viernes volveré. Creo que este chico está bien. Aunque…
Dudó.
—¿Qué ocurre?
—He de escogerlo por mí para mí y no por la familia. ¿Verdad?
Neji asintió concienzudo.
—¿Por qué lo dices?
—Porque es actor porno.
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Sakura quería morirse de vergüenza mientras Ino la regañaba. Había acudido al escuchar el jaleo de Naruto mientras se marchaban y claramente, no había podido esconder lo que les había pillado haciendo.
Ino era tremenda en cuestión de trabajo. Ni siquiera permitía que Sai la tocara de forma incorrecta mientras trabajaba, tomándoselo muy en serio. Así que claramente el sermón iba para largo.
Aunque cuando dejó eso y se sentó a su lado, como si de una niña interesada en un juguete se tratara, Sakura no estaba preparada.
—¿Y bien? ¿Qué tal es un actor porno?
Puso los ojos en blanco.
—¿Es en serio?
—Claro que lo es.
Sakura bufó. No estaba dispuesta a dar detalles, pero sonrió con una mueca de superioridad que irritó a Ino. Volvió a regañarla y se marchó.
Sakura se estiró sobre el escritorio.
Sasuke la había llamado por error el día anterior. No pudo evitar preocuparse por él y como conocía la dirección fue a verle. Lo que menos necesitaba era un cliente enfermo que pudiera contagiar a una clienta o ir con mal aspecto.
Era un resfriado común, desde luego, con nariz roja y ojos brillantes.
Se ofreció para cuidarle y sin saber cómo, una cosa llevó a la otra y terminaron besándose.
Sasuke se presentó en su oficina para firmar los papeles del motivo de enfermedad por el que dejó tirada a su cita de esa noche. Y al parecer, lo que empezó como un beso en su casa a causas de la medicina, terminó yéndosele de las manos y cuando se dio cuenta estaba de espaldas en el escritorio y con él entre sus piernas.
Y sí, era muy bueno. También muy grande.
Pero Ino seguramente tendría ideas estúpidas al pensar que iba a ser igual que en una película porno. Aunque tampoco pudo llegar al orgasmo y debía de reconocer que eso la estaba frustrando más que el haber estado tanto tiempo sin sexo y pareja como pensaba unas noches atrás.
Cuando su móvil sonó y leyó el mensaje, no pudo evitar sonreír.
Continuará…
El Narutin que nunca se entera de nada y es un chismoso descubrió no sólo a la chica que podría ser perfecta para él, sino que Sakura y Sasuke estaban ahí al mogollón (no, si curarle del resfriado le va a curar xD).
