Y nueva actu :3


Cámara, acción… ¡Amor verdadero!

4

¡Decidido!


El viernes llegó antes de lo que esperaba. Con el trabajo pausado gracias a la enfermedad de Sasuke y que siempre rondaban las escenas juntos, Naruto había tenido mucho tiempo para otras cosas. Dormir, ejercitarse, comer en su restaurante favorito de Ramen y hasta ver películas que tenía atrasadas.

Pero cuando finalmente llegó la noche que tanto esperaba, se preparó mucho más que nunca y acudió al nuevo local. Esa vez, era otro tipo de restaurante y aunque la intimidad continuaba siendo para dos, no le resultó nada incómodo.

Hinata ya la esperaba dentro y al verle, sonrió e hizo una reverencia. Esa vez, su atuendo era algo más natural pero no descuidado. Igualmente, podría haber llevado una fregona en la cabeza qué habría pensado que era hermosa.

—Siento llegar tarde —se disculpó sentándose tras que ella lo hiciera.

—No, yo llegué demasiado temprano —reconoció—. Creo que es mi segunda copa de agua —sopesó mirando con el ceño fruncido la copa frente a ella.

Naruto no pudo evitar reírse y ella le devolvió el gesto.

—La verdad, pensé que habías cancelado la cita —reconoció echándose hacia atrás para que el camarero les sirviera algo de vino—. Y luego descubrí que fue un despiste de la empresa de citas.

Por supuesto, descubrió algo más que no iba a contarle. O quizás sí, pero no en ese momento.

—No, yo di aviso de que quería repetir la misma noche, cuando volví a casa —reconoció ella abriendo la carta—. No sé qué debió de pasar.

—A saber —descartó imitándola—. ¿Qué te apetece comer? ¿Carne o pescado? ¿Ensalada?

Algunas mujeres pecaban por comer ligero en las citas. Aunque la primera cita no recordaba exactamente cuánto comió Hinata. No le había prestado demasiado atención.

—Carne —respondió ella con las mejillas enrojecidas de gozo—. Y pasta. Me encanta la pasta. Aunque mi pecado son los rollitos de canela —confesó.

Naruto la miró maravillado. Y cuando pidió sus dos platos más el postre, más todavía. Incluso comió más que él.

—Lo siento. Soy una tragona —se disculpó azorada.

Él negó, con la boca abierta como un idiota.

—Se me ha hecho muy corta la cena, sinceramente —reconoció mirando el reloj—. ¿Crees que si paseamos un poco por la zona estaremos incumpliendo algo? ¿O prefieres tomar algo en el bar del restaurante?

—Un paseo suena genial —aceptó.

Abandonaron el restaurante en silencio y se mezclaron entre los viandantes, alejándose hasta la zona del puerto. Apoyados sobre la barandilla, observaron la noche sobre las oscuras aguas. Hinata miraba todo con atención, como si pudiera ver colores que él no.

—Le conté a mi primo sobre tu trabajo —dijo repentinamente.

Él la miró con curiosidad.

—¿Y te ha dejado volver? ¿Conmigo?

Joder. Era un tipo con demasiada suerte.

—Oh, a él no le importa —negó sonriéndole—. Dijo que mientras me trataras bien todo estaría bien. He de escoger por mí misma. Aunque ambos pensamos que sería algo divertido hacia mi familia. Un caos.

Naruto guiñó los ojos, confuso.

—No sé bien cómo interpretar eso.

—Oh. ¡Un halago! —aseguró ella levantando ambos—. Verás… mi familia es algo anticuada o… complicada. Sí, creo que esa palabra iría mejor.

—Creo que me hago una idea.

Conocía ese tipo de familias. Muchas actrices habían terminado trabajando en el mundo de la pornografía también porque sus familias adineradas no apoyaban su vida. Algunas incluso lo hacían como rebeldía.

Hinata asintió.

—Me uní a la empresa de citas a través de mi primo. Me apuntó porque al fallecer mi padre decidió que sólo heredaría mi parte de la herencia si me casaba antes de los treinta y cinco.

—Así que entraste a esto para conocer un hombre y casarte.

—¡Ah, pero no un hombre cualquiera! —aseguró avergonzada—. Dios, dicho así pareciera que soy una cazafortunas. No quiero tener una cita y pensar que quiero casarme como si nada. Si no consigo encajar con el hombre, entonces, no me casaría ni nada.

Naruto se volvió hacia la calle y apoyó los codos sobre la barandilla.

—¿Por qué quieres casarte entonces? —cuestionó.

Ella miró a la oscuridad del mar.

—Mi primo tuvo que sacarme de la casa de mis padres cuando era pequeña. Cuidó de mí todo este tiempo, con un sueldo escaso. Pagó mis estudios de arte y aunque yo intenté trabajar, mi padre se encargaba de impedírmelo. Cuando murió fue que conseguí mi trabajo como crítica de arte y lo poco que ganaba con las ventas de mis obras, que poco se venden.

—Entonces, quieres el dinero para independizarte de él.

—Y pagarle todo lo que hizo por mí durante todo este tiempo —asintió—. Y también, saber qué se siente ser libre, vivir realmente mi sueño y olvidarme de ese tiempo.

Naruto entrecerró los ojos.

—Pero tu padre quería que siguieras bajo el yugo de un hombre al casarte —sopesó.

Asintió lentamente y se aferró a la barandilla para inclinarse hacia atrás, estirando su cuerpo.

—Por eso quiero elegir bien. Mi idea era salir y ver si podía encontrar el amor de algún modo, pero… no hay nadie y tampoco es fácil para mí —reconoció sonrojándose.

Naruto se señaló.

—¿Y qué hay de mí?

Ella sonrió y antes de que lo pensase, contestó.

—¡Me encantas!

Ambos se quedaron en silencio, mirándose durante unos segundos. Sus bocas se fueron abriendo lentamente.

—¡No, quiero decir…! —exclamó y por levantar las manos, empezó a caerse hacia atrás.

Naruto fue rápido y antes de que su cuerpo diera contra el suelo, logró aferrarla. Se quedaron un momento así, con él sosteniéndola entre sus brazos y ella aferrada a su ropa, sonrojándose.

—Me… refería a que eres una persona agradable y de conversación y que… me alegro de la suerte que tuve y…

—Casémonos.

Hinata se quedó boquiabierta. Naruto se sintió como un idiota nada más decirlo. La ayudó a ponerse en pie y se llevó las manos a la cabeza.

—Quiero decir… te ayudaré con esto y si el modo es casándonos pues…

Ella le aferró de la camiseta, deteniéndole.

—Sí, por favor.

.

.

Ino y Sakura abrieron muchísimo la boca cuando vieron el mensaje en el ordenador. Los dos, para ser más exactos. Se miraron boquiabiertas.

—¿No es acaso el récord de nuestra empresa? — cuestionó Ino.

—Juraría que sí —confirmó Sakura—. Pero, ¿has visto quién es? ¡Fue rechazado dieciséis veces! ¿En dos citas? Me suena raro esto, Ino.

Ino tuvo que darle la razón. Sakura echó mano a su bolso.

—Iré a hablar con él.

—Asegúrate esta vez de hablar con la boca y no con el co….

Sakura le tiró un lapicero para acallarla, avergonzada. Salió de la oficina con el corazón a mil por hora. Y también con cierta rabia.

Sasuke no había vuelto ni a llamarla y menos, a pedir más citas. Se preguntó si su fiebre habría empeorado, pero cuando llamó al set para preguntar como su representante, le dijeron que guardaba cama.

Condujo hasta el departamento de Naruto y esperó a que él le abriera, con cara de sueño y en calzoncillos.

—Dame una razón que no me haga creer que anoche metiste la pata y la has dejado embarazada y por eso la prisa —aseveró.

Naruto guiñó los ojos, dormido.

—¿A quién? —Tardó en comprender—. ¡Ah, Hinata!

Sakura asintió y se cruzó de brazos, esperando.

—No, nada de eso. Cenamos, paseamos y la llevé a casa después de pedirle que se casara conmigo. Nada más. No hemos incumplido ninguna regla del contrato. ¿Verdad?

—No, pero… —dudó—. ¿Estás seguro de que ella es la elegida? La que quieres para toda tu vida. Piensa que vas a verla todos los días que te despiertes durante mucho más tiempo del que ves al resto de las personas.

Naruto pareció sopesarlo.

—He dado mi palabra, ttebayo —dijo finalmente—, y siempre la cumpliré. Es mi camino de…

—¡Vale, vale! —interrumpió—. ¡Os enviaré un dichoso presupuesto! Y un contrato. Al cuerno. Luego no quiero divorcios repentinos.

Se marchó ante un alelado Naruto, que no comprendía el porqué de su enfado. Y es que él no tenía realmente la culpa. O sí, si lo pensaba. ¡Fue su culpa que estuviera frustrada desde entonces! Estaba bien si Sasuke Uchiha no quería llamarla. ¡El problema es que no llegó ni al orgasmo!

Volvió de nuevo a subir las escaleras y llamó una vez más. Cuando le abrió, le golpeó la cabeza.

—¡Idiota! —acusó—. ¡Por tu culpa mi preciado orgasmo con Sasuke…! ¡Idiota!

Y se largó echando pestes.

.

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Sasuke despertó cuando comenzaron a intentar tirarle la puerta abajo. Reconocía la voz y las carcajadas que prometían que su dolor de cabeza aumentara. Y fue casi como una patada en las bolas directamente cuando le abrió y nada más mirarle, se echó a reír.

Estuvo tentado a estornudarle encima. Muy tentado.

—Largo —gruñó lo más sombrío que fue capaz antes de que un leve momento de tos le atacase.

—No puedo… no puedo… dejar de reír —aseguró entrando sin permiso dentro—. Dios, a qué huele.

Fue directo a la ventana para abrirla y dejar entrar la luz. Sasuke lo maldijo y se tiró en la cama, maldiciéndole.

—¿Es que tú nunca limpias? —cuestionó mirando los botes de medicina y los platos y vasos sobre la mesilla—. Mira que eres manco que siendo un actor eres incapaz de… de…

De nuevo otra sarta de carcajadas.

Sasuke levantó el dedo del medio como respuesta. No comprendía de qué demonios estaba hablándole.

—Oye, ahora en serio —dijo sentándose en la única silla que no tenía ropa por encima—. Es cierto que estás jodidamente enfermo.

Le miró sarcástico.

—No me jodas.

Tosió de nuevo, dándole la espalda.

—Eso no es excusa para que no seas capaz ni de provocar un orgasmo a una mujer.

De nuevo, carcajadas. Sasuke abrió mucho los ojos y se volvió, demasiado deprisa para su constipado. Mareado, dio de bruces contra la almohada.

—¿De qué cojones hablas? —exigió.

Naruto cerró la boca de sopetón.

—¡Habla! —le ordenó.

—Pues de Sakura —soltó—. Ha venido a verme y me ha pegado con el bolso porque está frustrada ya que no conseguiste darle un orgasmo. ¡Tú!

Volvió a hincharse a reír. Sasuke apretó los dientes, se quitó el calcetín y se lo tiró. Con tan buena puntería que se lo metió en la boca. Naruto casi vomitó de asco.

—¿¡Y de quién mierdas es la culpa!? —acusó—. Interrumpiste justo cuando empezamos, Dobe.

—¡A verme dicho que te gustaba Sakura! —protestó entre las arcadas—. Yo si te cuento las cosas importantes. Como que voy a casarme.

Sasuke se detuvo de quitarse el otro calcetín para tirárselo.

—¿Qué?

—Que yo también te cuento cosas —protestó inocente.

—No, lo otro —gruñó. ¿Cómo podía ser tan menso a veces?

—Ah, que voy a casarme. ¡Me caso, Sasuke! —exclamó sonriente—. Y la chica es genial. Se llama Hinata. Tenemos la misma edad. ¡Es pintora! ¡Guapísima además! Y come mucho. ¡Se ríe de mis chistes! Y no le importa mi trabajo. Además…

—Frena —ordenó levantando una mano—. ¿Cuántas citas has tenido mientras estaba enfermo?

—Dos —respondió tan campante.

Sasuke se frotó el ceño.

—¿Es una broma?

—Claro que no —negó—. Le pediré a Shikamaru que sea mi padrino. Espero no te importe. Pero fue gracias a él que encontramos esto y mira cómo ha resultado.

Naruto tuvo el morro hasta de levantarse, darle palmaditas en el hombro y alentarlo a que espabilarse antes de que se le pasara el arroz. ¡El muy…!

Eso no podía ser. No podía estar perdiendo con él.

¿¡Y cómo diablos que Sakura estaba frustrada!? ¡Él estaba frustrado!

.

.

Hinata sonrió y afirmó cuando su primo repitió la misma pregunta dos veces. No había cambiado de postura mientras le había escuchado su proposición.

—No necesitas hacerlo tan rápido —le dijo al ver que no cambiaba de idea.

—No, estoy segura de querer hacerlo —aseguró—. Naruto es un buen hombre.

—Puede que ahora sea un buen hombre y luego cambie —puntualizó Neji preocupado—. Que se convierta en un aterrador marido y sea demasiado tarde.

Por un instante sintió un escalofrío. Sabía que la preocupación de su primo era porque la quería.

—No pasará —aseguró.

Naruto no le daba esa impresión. Podría equivocarse, pero esa noche, incluso con la oscuridad, sus ojos le parecieron más azules, más limpios y sinceros que los de nadie.

Continuará…