Salió solitooo :3


Cámaras, acción… ¡Amor verdadero!

5


¡Casado y con mujer!

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Los preparativos para la boda empezaron a llegar una vez que Sakura les hizo firmar los papeles. Lo hicieron en su despacho, juntos. Les preguntó siete veces si estaban seguros de lo que iban a hacer y les dio una gran charla de lo que significaba ser un matrimonio.

—Estamos seguros —afirmó él—. Lo hemos hablado y sí.

Claro que entendía que Sakura continuaba enfadada con él lo suficiente como para pincharle algo más. Así que le hizo la pregunta que importaba realmente. Naruto no podía enfadarse por ello, era algo que esperaba ya.

—Dado que estáis unidos a través de una empresa de citas estoy en la obligación de hacer esta pregunta —comenzó frunciendo el ceño mientras miraba a Hinata—. Dado que perteneces a la carpeta roja, eres la que debes de aceptar sí o no. Así que no tienes que sentirte presionada por nada. ¿De acuerdo?

Hinata asintió, demasiado confusa y dulce como para pensar de qué iba el asunto en sí. Naruto cambió de postura pese a que no se sentía incómodo. Como si alejándose de ella le diera el espacio que necesitaba para responder con sinceridad.

—Dada la profesión de Naruto, tengo que hacer la pregunta, ya que muchas otras parejas afirmaron ser capaces de llevar a cabo su matrimonio pese a ese trabajo y al final, no fue así. Eres consciente de que es un actor porno, así que debo de hacerlo. Si fuera policía, bombero o cualquier otra profesión de riesgo debería de hacerlo, así que no os lo toméis como algo personal, por favor.

Naruto negó y aunque Hinata le imitó no evitó mirarle y sonreírle, como si necesitara palmaditas de ánimo por algo que ya estaba acostumbrado.

—¿Aceptas el precio del trabajo de Naruto? —preguntó finalmente Sakura.

—¿El precio? —cuestionó Hinata mirándole a él y luego a ella.

Sakura asintió y Naruto acomodó su posición para estar más de cara a ella. La tomó de la mano izquierda y acarició sus dedos lentamente.

—Trabajaré muchas horas. Habrá veces en las que no vuelva a casa a cenar, comer o incluso a dormir. Tampoco tendré ganas de sexo algunas veces —explicó. Hinata se ruborizó ante sus últimas palabras—. Será complicado.

—Está bien —aceptó ella devolviendo un apretón en sus manos—. Ya conoces nuestros términos.

—¿Vuestros términos? —se interesó Sakura.

Ambos negaron a la par.

—No tiene importancia, tranquila —descartó Naruto moviendo una mano para enfatizar—. ¿Entonces? ¿Podemos casarnos?

Sakura miró los papeles y suspiró.

—Podéis.

Y después, todo comenzó.

Sakura y Ino se enfocaron en preparar la decoración a gusto de Hinata. Su vestido, las invitaciones y todas esas cosas que a él le parecían imposible de organizar. Hinata solía preguntarle cosas pero él nunca solía acertar y decidió dejarle todo a ella.

—Ya que nos casamos por tu libertad y eres artista: ¿Por qué no empiezas a abrir tus alas? —le preguntó una de esas conversaciones.

Hinata lo tomó de buena gana.

Cuando empezaron a llegar las cosas de Hinata a su casa fue cuando conoció a Neji Hyûga. Era un hombre grande, y aunque iba trajeado llevaba el cabello largo, como si fuera una señal de rebeldía. Le estrechó la mano avisándole de que si trataba mal a Hinata le mataría y dándole el pésame por entrar a esa condenada familia.

Hinata sólo le había hablado de su padre y de su condición como heredera. Le prometió contarle todo más adelante y él no consideró oportuno presionarla para saber más. Al fin y al cabo, él se había metido solo en todo aquel embrollo.

Por eso, prometió ante Neji cumplir lo que le pedía. Porque cuanto más miraba a Hinata más sentía que esa era la última oportunidad de su vida. Y no quería desperdiciarla echándose atrás. Algo que tampoco deseaba hacer.

Y cuando la vio, cargando con una de sus cajas, vestida con un peto y el cabello recogido en una coleta alta, supo que era imposible retroceder.

Sus cosas comenzaron a ocupar su hogar pese a que ella no estaba. Cepillo de dientes, cosméticos, enseres de ducha y su armario, lleno de ropa nueva que pertenecía a ella. Era gracioso volver a casa y ver esas cosas ahí. Le palpitaba el corazón como si estuviera naciendo de nuevo.

Y a medida que veía más y más cosas, la quería a ella allí. Que se encontraran al volver de trabajar o de comprar, compartir tardes de películas o simplemente que alguien le hablase en medio de su oscuridad.

—¿Realmente vas a hacerlo?

Sasuke se había recuperado y aunque llevaba algo mohín desde que anunciara su compromiso con Hinata e interrumpiera su momento con Sakura, no se negó a estar ahí con él. Pese a que Shikamaru era su padrino, Sasuke era algo que no podía faltar en su vida. Sí, estaba cansado de verle desnudo y de compartir cama en las actuaciones, pero crearon un lazo irrompible que ahí continuaba.

A veces, podía hasta ser su conciencia.

—Sí —le dijo levantando la cabeza y estirando el cuello para que pudiera atar mejor su corbata—. Voy a casarme con ella.

—Y hace bien —intervino Shikamaru, cerca de ellos y sosteniendo los gemelos entre sus dedos—. Da miedo al principio, pero luego… es cómodo. Acogedor. De alguna forma —dijo encogiendo los hombros—. Os apuntasteis a la agencia para casaros, al fin y al cabo. Que Naruto lo haga antes que tú, Sasuke, reconozco que es una sorpresa.

Sasuke simplemente se encogió de hombros y apretó de más la corbata contra su cuello. Le dio palmadas en las manos como protesta y aflojó el agarre con una mueca burlona.

—Simplemente no ha sucedido —descartó echándose hacia atrás para que Shikamaru pasara a colocar los gemelos.

—No vas a perdonarme nunca. ¿Verdad? —preguntó extendiendo los brazos.

Sasuke se encogió de hombros y aunque Shikamaru claramente parecía interesado no preguntó. Ya conocía los silencios como respuesta del Uchiha y aprendió a no hacer preguntas innecesarias. Naruto, sin embargo, era todo lo contrario.

—Venga, hoy podrías aprovecharte y hacer las paces con Sakura —propuso—. Una boda siempre encanta a las mujeres, así que seguro que está más receptible.

Sin embargo, Naruto se equivocaba.

Cuando Sakura entró para indicarle que era su momento de colocarse en el altar, estaba a punto de tener un ataque de nervios y ni siquiera se fijó en Sasuke o Shikamaru más de lo necesario.

—Sí, mega fácil —gruñó Sasuke saliendo antes que él.

Shikamaru lo retuvo del codo.

—Espera. ¿Sasuke está liado con la gerente de la empresa?

Naruto se señaló.

—¡Yo también me sorprendí! Los pillé en el despacho. Me extrañaba que Sasuke tuviera tantos problemas con las citas. Sospecho que es porque ya vio lo que quería y las demás mujeres no le atraían. Pero tal y como los pillé, con su resfriado, no parecen haber vuelto a hablar.

—Tsk, problemático.

—Lo es —reconoció—. Pero Sasuke es complicado como él solo.

—Bueno, ahora lo importante es casarte —descartó Shikamaru—. ¿O quieres echarte atrás?

—¡No! —negó deteniéndose antes de pasar sus manos por el pelo engominado—. Quiero casarme con Hinata. No puedo explicarlo, sé que parece de locos, pero quiero hacerlo. Ella me necesita y yo la necesito a ella.

Shikamaru se detuvo para observarle.

—Si me vas a preguntar por el amor…

—No lo haré —negó Shikamaru rápidamente—. Simplemente, me sorprende que sientes la cabeza por algo así.

Naruto se rascó la nuca, avergonzado. Aunque para Shikamaru no era un halago, él lo sintió así.

—¡Naruto! —gritó Sakura desde el otro lado del pasillo—. No me obligues a ir por ti.

—Dios nos libre —bromeó poniendo los ojos en blanco antes de salir.

Salió de la habitación y pasó los pasillos que lo llevarían al altar. Sus amigos y conocidos estaban posicionados a un lado. En el otro, familiares de Hinata que no reconocía. Sólo Neji, quien mantenía a su lado a una mujer que resaltaba sobre los demás gracias a dos moños sobre su cabeza. Inclinó la cabeza dándole la bienvenida.

Cuando la música comenzó las miradas se desviaron en dirección a la entrada. Neji abandonó su puesto para recibirla y se la llevó al altar mucho más lento de lo que le habría gustado. Hinata estaba preciosa. No podría describir correctamente el vestido porque no podía apartar la mirada de su rostro. Preciosa.

El cura los casó más despacio de lo que él deseaba. Cuando la besó en la mejilla, ella sonrió y aunque todo el mundo en la sala tardó en aplaudir, ellos supieron que estaba bien. No necesitaban las prisas. Necesitaban que ella fuera libre.

Fue en el banquete cuando la familia de Hinata se acercó a él y, finalmente, fue presentado correctamente. Neji los escudó y se lo agradeció profundamente. Reconocía la tensión y la inconformidad hacia Hinata.

—Estarás contenta ahora —dijo una de las mujeres, demasiado altiva, demasiado creída para su gusto—. Ya puedes cobrar la fortuna de la familia y hacer con ella lo que te plazca. ¿A Cambio de casarte con un desconocido del que ni siquiera sabemos de qué trabaja?

—Oh, yo sé de qué trabaja —dijo uno de los hombres más atrás. Sujetaba una jarra de cerveza y tenías las mejillas y la nariz enrojecida—. Creo que mi prima ha elegido con cierta convinción.

Hinata enrojeció y le dio un apretón en la mano como disculpa.

—Las películas siempre mienten —continuó el hombre avanzando más hacia ellos. Le pasó un brazo por los hombros y lo señaló sin soltar la jarra, que salpicó de cerveza a la otra mujer, quien exclamó furiosa y lo aseveró pese a que lo ignoró—. Dime. ¿Realmente tiene tu hombre ese monstruo entre las piernas?

Hinata ahogó una exclamación avergonzada y Naruto se lo quitó de encima con un movimiento de sus brazos.

—¿De qué estás hablando, grosero? —preguntó la mujer quitándole la cerveza—. Deja de avergonzar a la familia.

—Oh, venga ya. Os estoy diciendo que mi prima se ha casado con un actor.

—Un actor porno —corrigió levantando el mentón.

El panorama fue divertido. Ver cómo sus rostros se contraían de la sorpresa y asombro en distintas formas fue interesante. Sus ojos abriéndose, sus mejillas sonrojándose o palideciendo. Cuando miró a Hinata notó que se lamió los labios, como si estuviera satisfecha. Hasta Neji parecía esbozar una sonrisa leve marca de diversión.

Hinata hizo una reverencia.

—Enviaré a mi abogado pronto, gracias, tía Huina.

Luego tiró de él hasta que se quedaron a solas. Respiraba agitada, con las mejillas rojas y los ojos brillantes. Se aferró a sus brazos.

—Lo siento, siento haberte hecho pasar por eso.

—¿Hacerme pasar por qué? —preguntó—. Es mi día a día cuando la gente sabe que soy actor porno. Ya esperaba que algo así sucediera. Lo importante es que ahora puedes plantarles cara, demostrar quién eres y ser libre. ¿No?

—Sí —asintió, alivio en su voz—. Por primera vez en mi vida, soy libre de las ataduras de mi padre y de mi familia y ahora…

—¡Hermanita!

Apartó la mirada de él y sus manos para atrapar en sus brazos a la joven que había visto anteriormente, inquieta, intentando por todos los medios que Huina, la tía de antes, la dejara acercarse a Hinata. Finalmente parecía poder hacerlo y Hinata no dudó en recibirla.

—Sé que ahora mismo quieres estar con tu marido, pero hermanita, me moría de ganas por poder acercarme a ti. La tía Huina es un incordio en toda regla. Siempre con sus normas, con sus no seas como tal o equis.

—Lo sé, lo sé —confirmó Hinata abrazándola y besándole la mejilla—. Pero ahora yo puedo ser tu tutora y podrás hacer lo que quieras ser sin más.

Le dio un último beso y la colocó de forma que él pudiera verla mejor.

—Te presento a mi hermana pequeña, Hanabi. Hanabi, él es mi marido: Naruto Uzumaki.

Inclinó la cabeza como salutación y ella sonrió.

—Sí, ya he escuchado a primo y su descripción sobre él.

Hinata pareció horrorizada. Hanabi, sin embargo, se encogió de hombros.

—Las jovencitas de mi instituto solo para chicas están muy despiertas ya y una se entera de las cosas sin querer o queriendo —explicó guiñándole un ojo.

—¡Pero bueno…! —exclamó Hinata sorprendida—. Yo también fui a un colegio solo para chicas y no era así.

—Eras demasiado tímida para esas cosas, hermana —corrigió Hanabi.

—La educación sexual no es mala —reconoció Naruto aplanando la real forma en que Hanabi conocía el cuerpo masculino—. Si se da correctamente. Aunque sea mi trabajo, las películas porno no son un ejemplo. ¿De acuerdo?

—¿No? —preguntó la muchacha interesada.

—No, te lo digo por experiencia —aseguró—. El sexo con tu pareja, con amor, es mil veces mejor. Las actrices muchas veces se ven obligadas a fingir y…

—¡Vale, suficiente! —interrumpió Hinata completamente ruborizada—. Ya habláis de esto otro día. Hoy no.

Le dio palmaditas en los hombros a Hanabi para incitarla a reunirse con el resto de invitados y una vez a solas, le miró.

—Creo que ya sé quién le dará charlas de sexualidad a nuestros hijos —bromeó. Ella agrandó los ojos, sorprendida—. ¿No querrás hijos? —dudó.

—Sí, sí —reconoció ella—. Aunque no es algo que pensara en… bueno… Es…

—Pronto —terminó por ella rascándose la nuca a continuación—. Si, lo entiendo.

Hinata le sonrió amablemente, extendiendo sus manos hasta ponerlas en las solapas de su chaqueta, con ternura.

—Vamos a paso. ¿Vale? Conocernos ha sido maravilloso. Casarnos una locura. Y ahora, tenemos una nueva vida en camino. Y me gustaría tener mi vida bajo control antes de nada —explicó—. Y todavía somos jóvenes en sí.

—Sí, claro —reconoció asiéndole una muñeca—. Tampoco es como que vayamos a tener sexo a lo loco.

—Claro que no —tartamudeó ella.

Dios, ni siquiera se habían besado correctamente. Ni en el altar lo había hecho y ya pensaba en tener hijos con ella. Para lo que, claramente, iban a necesitar mucho contacto. No es como si fuera a pegarle un moco y dejarla embarazada.

No, había cosas que hacer y sabía de sobras cuales. Sin embargo, tal y como le explicó a Hanabi, conllevaba su tiempo y también, sentimientos. No solo deseo. O al menos, eso quería darle a Hinata. Al fin y al cabo, era lo que estuvo buscando.

—Será mejor que volvamos con los demás. Tenemos unas horas de fiesta por celebrar.

Él sonrió y la tomó de la mano.

—No llevamos ni una hora casados y ya me estás gobernando.

Ella se echó a reír.

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Era una mujer casada y lo suficientemente rica como para permitirse su futuro y poder pagarle a su primo todo lo que había hecho por ella. Sin embargo, tras terminar su enlace y su celebración sopesó la idea de que iba a entrar en un mundo nuevo repentinamente y sin anestesia.

Estaba sentada junto a su marido en el coche que la llevaría a una casita de madera a las afueras, con vistas a un lago y un clima frío que le prometían mantas cálidas, chimenea y comida caliente. Aunque esa noche quería quitarse los zapatos y echarse a dormir todo el cansancio acumulado.

Jamás se habría imaginado que una boda costara tanto y agotara tanto a la vez. Pero cada vez que recordaba la cara de sus estirados familiares ante la noticia de que se casaba, que iba a heredera y hacerse cargo de su hermana, era fantástico. Además, para rematar, el trabajo de su nuevo marido. Consiguió justo el efecto que deseaba.

No podía estar más que agradecida de esa locura decidida a la luz de la luna junto a un río.

Naruto conducía mientras silbaba. Se había quitado la chaqueta del traje, la corbata y el cabello había perdido la fijación de la gomina horas atrás. Mantenía algo abierta la camisa y podía notar que no solo su rostro era moreno. En la mano del volante podía ver el anillo que la unía a ella reluciente. En su propia mano también tenía uno.

—¿Estás cansada? —le preguntó sin apartar la mirada de la carretera—. Hemos estado de arriba para abajo. Ni comer ni beber apenas.

—Estoy bien —aseguró sonriéndole—. Aunque tengo muchas ganas de ponerme más cómoda.

Él le dedicó una leve mirada y su boca se torció en una mueca que le costaba comprender. Era como si estuviera frente a un trozo de tarta que sabía que iba a comerse pero sin demostrarlo. Y ella era el trozo tarta.

De alguna forma eso la ruborizaba y asustaba a la par. Hacía poco que se conocían, se habían casado a lo loco para darle libertad y finalmente la tenía. Naruto debería de esperar algún tipo de recompensa. Sin embargo, dudaba que fuera el sexo.

Él le había hablado sin tapujos de su trabajo. Incluso la invitó a ver una de sus películas pero ella no se sintió capaz. No por el hecho de pensar que su marido estuviera con otra mujer sino porque se moría de vergüenza de ver algo que hasta ese momento consideró innecesario y que mataba las relaciones.

Era algo irónico el casarse con un actor porno. Justamente.

Ya lo había hecho. No había marcha atrás.

—Siento que no podamos ir a de viaje a un país diferente o algo así —continuó él—. Cuando tenga vacaciones, iremos, si quieres.

—No te preocupes. Sé que por tu trabajo no puedes viajar como te gustaría. Aunque me parece sorprendente. Pensé que siendo actores viajarías más.

Naruto encogió los hombros.

—En realidad es bastante complicado salir fuera —explicó mientras se adentraba en un camino de tierra—. Salir fuera de Japón es llegar a un mundo muy duro. La belleza asiática suele estar ya ocupada o no es bien valorada. Además, de los insultos famosos que siguen existiendo y el racismo relacionado con ello.

Hinata se acomodó para poder mirarle más directamente.

—¿A qué te refieres?

Naruto se detuvo frente a la casita que sería su refugio. La miró y levantó los dedos para hacer un gesto significativo.

—Siguen creyendo que tenemos el pene pequeño.

—¡Oh, Dios! —exclamó abrumada, cubriéndose el rostro. Naruto se echó a reír y ella le dio una palmada en el hombro con enfado—. ¡No te rías! Estas cosas me dan mucha vergüenza. Ya has visto que mi hermana está mucho más aventurada en este tema que yo.

Naruto atrapó su mano, llevándosela hasta los labios para besarle los nudillos.

—¿Y crees que eso me molesta? —le preguntó—. Hinata, yo quería… —dudó—. Yo quería alguien a mi lado. No necesito a alguien experto en algo. Yo soy muy torpe, así que no soy quien para juzgar las torpezas de otras personas. Y… yo sólo quiero que llegues a quererme algún día. Sólo eso.

Abrió la boca con sorpresa, parpadeando.

—¿Eso es lo que quieres?

—Sí —reconoció echando el sillón hacia atrás y estirándose—. Hinata… cuando trabajas en esto del porno la gente se hace una idea equivocada. O creen que eres un Playboy o te aborrecen porque trabajas con algo sexual y pese a la fama que tiene, sigue existiendo cierto tabú. Así que es bastante difícil conseguir una novia. Mi mejor amigo consiguió casarse y aunque nunca lo dirá, es feliz con ello. Sentí todo el peso de la soledad encima.

Abrió la puerta pero sin salir, mirándola.

—Te dije que tuve varios intentos antes de ti. Y me alegro de haber errado. Porque entonces, llegaste tú.

Hinata se mordió el labio inferior. Sentía el corazón pesado, como si estuviera cargándose de mucha ternura. Alargó una mano para acariciarle el cuello y se quitó el cinturón con la otra para llegar hasta su mejilla, besándole.

—Eres increible, Naruto —le dijo. Luego se volvió, abriendo la puerta y saliendo antes de que él dijera algo más.

Miró la casita de madera y suspiró. Un momento después, él abrió la puerta y ambos se adentraron, cerrando tras ella para dar cara al futuro que les esperaba.

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Sakura se echó los cabellos hacia atrás mientras él le ofrecía una botella de agua. Ella parpadeó y la aceptó, tomándola sedienta. El sudor perlaba su piel y la punta de sus cabellos estaban humedecidas. Algunas gotas resbalaban por su hombro y por un instante, sintió la locura y el deseo de lamerla. No se contuvo y ella le dio una palmada en la cabeza.

—Vale, frena, o terminarás matándome —demandó agitando una mano para refrescarse—. Eso de que los actores porno son inagotables va a ser cierto, diablos.

Él desvió la mirada, pensativo. Al menos, durante toda su vida como actor, nunca necesitó una viagra para ayudarse.

La estudió con la mirada mientras ella hacía lo mismo por la habitación. Seguramente, buscando su ropa interior y el vestido que había llevado hasta que se lo había arrancado.

—Naruto interrumpió esa vez —le recordó. Ella hizo un mohín de frustración.

—¿Y ahora tenías que arreglarlo?

Se lamió los labios sin responder. No lo necesitó pues ella lo entendió. Sí. Tenía que tomarse la revancha. Especialmente, porque sabía lo frustrante que era no poder llegar al orgasmo y, aunque sonaba a samaritano, no quería que ella continuara sin disfrutarlo. No con él.

Sakura suspiró y se echó los cabellos hacia atrás.

—Mira, no necesitabas hacerlo. Es cierto que llevaba sin sexo… Dios, no quiero ni recordarlo. Sin embargo, no es como que tengas que hacerlo por hacerlo. Y tienes que buscar una cita o seguiré saqueándote el dinero.

—Tengo de sobra —descartó apartando la ropa enredada entre sus piernas.

Ella suspiró, asiéndolo del brazo.

—No se trata de dinero. Se trata de que no estás apuntado a una agencia para obtener sexo gratis. —Sakura se golpeó la frente—. Mierda, eso ha sonado estúpido.

—Me pagan por sexo —recalcó—. Millón por película. A veces más.

—He visto tus cuentas, gracias —bufó—. A lo que me refiero es que te mereces tener un amor real. Casarte, un hogar, vivir con una mujer para siempre. A eso.

—Entonces, cásate conmigo —respondió encogiéndose de hombros y buscando sus calzoncillos. Había terminado de ponérselos cuando la miró. Estaba con la boca y los ojos muy abiertos—. No es broma.

Joder. Si Naruto había podido casarse a él no podía complicársele. ¿O sí?

Sakura se levantó para ir vistiéndose lentamente, sin responderle. Se recogió los cabellos en una coleta diminuta y luego le miró.

—Te espero mañana en mi despacho —le dijo antes de marcharse—. Prepararé el contrato matrimonial.

Continuará…

Esto no ha terminado… ahora llegarán cosas… ¿divertidas? O eso espero, al fin y al cabo, este fic es de humor xD.