Capítulo 14
Akane
Si alguien me hubiera dicho que hoy terminaría en posición horizontal en el sillón de Ranma, lo hubiera insultado y luego mandado a volar. Pero aquí estamos y creo que estoy perdiendo la cabeza, dejándome llevar por sus besos. No se parecen en nada a los pocos besos que compartimos antes. Noto su urgencia por más, me pasa la mano por el muslo subiendo la falda en el proceso, reprimo un gemido en su boca.
Toc toc toc
Ranma levanta la cabeza con los ojos fijos en la puerta, luego me mira a mí.
Toc toc toc
—no me importa quien sea— dice Ranma entre dientes mientras me besa el cuello.
—pe-pero— miro de reojo hacia la puerta. Levantando un poco el cuerpo del sillón.
Escuchamos unas llaves en el cerrojo. Si antes sentía demasiado calor, en este preciso momento creo que estoy haciéndole compañía a los pingüinos. Empujo a Ranma con algo de fuerza, me enderezo en el asiento alisando mi vestido y tratando de peinarme.
Ranma se para con el ceño fruncido y se dirige hacia la puerta.
—¡Nito! ¡Nito! ¡Mamá me pidió que tocara antes de entrar! No entiendo por qué, supongo que ella también tiene sus excentricidades. Se olvidó de la cartera. ¿Sabes dónde está?— parlotea Hayami en la entrada mientras se retira los zapatos.
Me llevo la mano a la espalda, había sentido una molestia, ahora veo que era la cartera de la señora Nodoka. Me levanto apenada y se la alcanzo a Ranma en total silencio.
Hayami se da cuenta en ese instante de mi presencia y trastabilla con un zapato en la mano.
—A-a-akane-chan… tú y Nito, yo…¡lo siento no quise interrumpir!—grita haciendo una reverencia.
—Toma— dice Ranma lanzándole la cartera—largo enana— ordena haciendo una seña con la mano.
Hayami me mira y sonríe apenada, no soy capaz de mirarla fijamente y me sonrojo hasta las orejas.
—Yo, ya me iba, Haya-chan, verás no he podido almorzar aún— me aproximo a la puerta mirando mis pies.
—¡Akane espera!— Ranma me toma del brazo.
Hayami queda en el centro y nos mira como si fuera un partido de tenis.
—Está bien Ranma, nos vemos más tarde ¿Si?— le digo conciliadora. Ruego que no me haga esperar más, estoy al borde de morir de vergüenza en este instante.
Ranma me suelta y mira a su hermana de reojo, a lo cual Hayami reacciona tensandose.
—A-akane no tienes que irte por mí, yo solo venía por esto— levanta la cartera — estas en tú casa. Ya me voy—tan rápido como puede se pone nuevamente los zapatos.
Me apresuro a hacer lo mismo —me alegra verte, nos vemos pronto— le digo.
Ella mira a su hermano aterrorizada mientras me escabullo hacia la salida.
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—¡Akane! ¿De verdad te fuiste?— gritan Yuka y Sayuri en coro.
Hice lo que toda chica universitaria haría en mi lugar, llamé a mis amigas para reunirnos y pedir su consejo. Aquí estamos 3 mujeres jóvenes sentadas en una cafetería a media tarde.
Revuelvo el café con desgano, realmente no tenía hambre, cuando llegué a casa lo primero que hice fue calentar la comida que había preparado Ranma y prácticamente engullir. Estaba delicioso. Él tenía razón. Me sentí aún más culpable por todos los esfuerzos de Ranma por explicar las cosas.
—Eh…¿Akane?— Yuka agita una mano frente a mí.
—¿Ah? Si, ¿qué?
Las chicas menean la cabeza —¿Qué si de verdad te fuiste?
Asiento con la cabeza.
—pobre hombre— dice Yuka poniendo una mano en la mejilla.
—Pero si Akane no quería...— agrega Sayuri
—Yo sí...digo no sé, es que todo fue muy repentino— me escondo en un largo sorbo de la taza de café.
—Mira Akane, lo mejor es que lo pienses tranquilamente, no hay ningún afán, si Ranma no sabe esperar entonces no es el indicado, con Daisuke fuimos novios por cuatro años y solo hace un año que… que … bueno ustedes saben— Yuka se sonroja igual que todas.
—Yuka no le digas eso a Akane-chan, eso es porque empezaste a salir con Daisuke desde muy jóvenes, ¿no esperaras que Ranma y Akane se contengan por tanto tiempo?— reclama Sayuri
—Mira Akane-chan, tú solo tomate el tiempo que creas necesario y cuando estés lista lo sabrás.
El teléfono suena en mi bolso haciéndome sobresaltar. Mis amigas se miran entre ellas y me apretujan para poder ver.
Miro la pantalla y ambas me gritan al tiempo demasiado cerca al oído.
—¡Es él!
—¡Contéstale!
—¡No! Mejor déjalo que suene un rato.
—¡Pero si no están peleados!
—¡No importa, es mejor que espere un poco!
Me escurro como puedo de aquel tira y afloje y me paseo por la calle con el teléfono contestando en el último minuto.
Hola.
—Hola.
—¿Estás bien?
—Si, yo...disculpame por salir corriendo.
Escucho que Ranma murmura unas cuantas cosas que no entiendo.
—yo no quería, es decir mi intención no era.
—¡Mañana hay un festival!— digo de forma efusiva.
—¿Eh?
— Mañana hay un matsuri, te parece bien si vamos y hablamos.
—Yo… eh… si, ¿paso a las 3 por tí?
—si, está bien.
Cuelgo el teléfono y respiro para tratar de calmar los nervios. ¿Desde cuándo me volví una cobarde?
Regreso a la cafetería, donde mis amigas aún no terminan de discutir, es más, creo que ni se han dado cuenta de mi ausencia.
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Agradezco que mi hermana Nabiki esté por fuera de la ciudad hoy, ella detectaría a lo lejos una mentira. Ya soy mayor, por Dios, si gano dinero, no solo en los torneos sino también próximamente por publicidad, no le debo ninguna explicación a nadie… Sin embargo, no dudo en decirle a mi padre que saldré con unas amigas.
Guardado al fondo del armario pero muy bien empacado está el kimono que me regaló papá cuando me gradué del instituto. De color verde pino en la parte inferior y con una mezcla de color crema en la superior. Los bordados siempre me han parecido lo más lindo de toda la pieza, hortensias azules y blancas mezcladas con otras flores más pequeñas amarillas hacen que sea muy llamativo.
"Tú madre quería regalarte un kimono cuando te graduaras, espero que esté a la altura de lo que ella elegiría si siguiera con nosotros". Me dijo mi padre entre lágrimas el día que me lo entregó, no había encontrado la ocasión para usarlo.
Me termino de vestir y sonriendo cuelgo a Shen Long en mi cuello.
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Me escabullo lo más sigilosa posible hasta la puerta, ruego al cielo que mi padre se haya quedado dormido viendo televisión, como suele pasar. Abro el pesado portón, solo lo suficiente para poder pasar y se escucha el chirrido de la bisagra, me prometo que mañana a primera hora le voy a poner algo de aceite, pongo un pie en la calle, vigilando que nadie me haya escuchado.
—Akane… — escucho afuera. Abro los ojos creyéndome descubierta. Asomo la cabeza. Ranma está de pie frente a la puerta con la mano estirada hacia el aldabón.
Miro a Ranma y me pongo un dedo en los labios.
—Pero…
—Shhhh— lo tomo del brazo y lo obligo a caminar lejos de la puerta.
—Ohe, Akane… ¿Llegué muy tarde?— dice Ranma confundido.
—¿Qué?, No, digo, hola… es solo que no quiero despertar a papá de su siesta—Miento mientras me aliso una arruga invisible en el kimono.
Solo ahora me detengo a verlo, no lleva un yukata, pero va muy elegante con un pantalón negro y una camisa del mismo color con bordados azules que resaltan aún más sus ojos. El también me mira de arriba a abajo y se sonroja.
—te ves bo-bo… te ves bien— dice en voz baja.
—tú también...Ranma.
—¿Vamos?— dice dando un paso y tomando mi mano mientras mira al frente.
Sonrío feliz y me pongo a su lado.
Caminamos por las calles sin prisa, siento que mi mano en la suya es todo lo que necesito en este momento.
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Llegamos al festival y aún hay poca gente, algunos puestos están apenas instalándose.
Hay uno de manzanas que se ven deliciosas. Ranma adivina mis pensamientos y se apresura a comprar dos.
Continuamos recorriendo el lugar. Hay un juego de tiro al blanco. Ranma sonríe seguro de sí mismo, me pasa su manzana a medio comer y se aproxima al vendedor.
Apunta con el arco y parece muy concentrado, los blancos se mueven de lugar para hacerlo más difícil, hay que derribar tres para ganar. Ranma se toma unos segundos para apuntar y da en el blanco de inmediato, me mira y levanta las cejas.
—creído—le digo empujándolo.
—que puedo decir soy el mejor— dice encogiéndose de hombros.
Se apresura a apuntar nuevamente y como era de esperarse logra el segundo punto.
El vendedor refunfuña y mueve algo detrás del mostrador, los blancos ahora pasan a una velocidad mucho mayor.
—¡Ey! Eso es trampa— me quejo.
— Señorita, el último tiro es el más difícil, ¿no confía en su novio?— responde frotándose las manos.
—Yo…
Ranma me hace un gesto con la mano restándole importancia —mira y aprende.
Él toma de nuevo la posición, su mirada intenta enfocarse, tuerce la boca, ya no se ve tan confiado. Lanza y la flecha cae detrás de las dianas.
—¡Demonios! — Ranma mira enfurecido al vendedor quien se aleja un paso
—¡Dame otra!— exige poniendo unas monedas sobre la mesa.
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—Ranma te vas a acabar el dinero — digo cansada. Ya he terminado mi manzana y la suya se echó a perder.
—Yo sé lo que hago— dice concentrado.
¡Tonto! Me deslizo a su lado, igual, se encuentra tan molesto que no se da cuenta. Tomo el arco que me pasa el vendedor y las tres flechas.
Uno, dos, tres, aciertos. Ranma voltea en cámara lenta y con la boca entreabierta.
El vendedor parpadea incrédulo y se acerca a revisar.
—Pu-puntos— dice desanimado —¿Cuál premio desea?
—¿Cómo es que hiciste eso?— pregunta sorprendido Ranma.
Le muestro la lengua —"yi si li qui hagui"— digo burlándome.
—Hmpt— se cruza de brazos y voltea la cara.
Me río de su actitud infantil y busco entre la caja de premios. Un conejo tuerto, un oso descosido. Le lanzo una mirada al vendedor quien se hace el desentendido.
—¡Quiero este! — digo emocionada.
Ranma está de espaldas a mí. Le pongo enfrente un llavero en forma de dragón rojo.
—¿Eh?— pregunta perdiendo su malhumor.
—Tomalo es para tí.
Ranma se queda en silencio.
—Si no lo quieres me lo quedo— digo intentando quitar las manos, pero él se apresura y lo toma.
Saca las llaves del bolsillo y las acomoda.
— Gracias— sonríe mostrándome el resultado.
—se suponía que yo iba a ganar algo para tí.
—Bu-bueno, me puedes dar algo a cambio— tartamudeo mirando el piso.
Ranma sonríe y se aproxima —¿Algo como est…
—Afeminado… señorita Tendo— dice una voz detrás de mí.
Giramos al tiempo.
—¡Pato! — responde Ranma como saludo — Shampoo. ¿Qué hacen aquí?
—Lo mismo que tú y tú prometida, ¡Genio!— se burla Mousse— Disfrutar del festival.
Miro a Ranma y de inmediato él me aprieta la mano, comprendo y me limito a sonreír.
—Vamos wèihūnfū, quiero comer algodón de azúcar— dice Shampoo melosa acercándose a Mousse.
—Claro que sí wèihūnqī— Mousse con cara de bobo la toma de la mano y se marchan.
—Les enviaremos las invitaciones de la boda pronto, Adiós Akane y Ranma— grita Mousse a lo lejos.
De nuevo solos nos miramos confundidos.
—Eso fue raro— digo caminando del lado contrario a donde se fueron.
—Ellos son raros— asegura Ranma encogiéndose de hombros—Ahora… ¿Dónde estábamos? — pregunta tomándome de la cintura.
—Ranma— me quejo empujándolo suavemente con mis manos sobre su pecho. —no juegues— lo regaño, o al menos eso trato.
Me ignora completamente y me abraza dándome besos en el cuello y luego uno más en la boca.
—¿Con esto es suficiente pago?
—¿Ah? ¿Eh?— trato de aterrizar después de quedar con la mente en blanco.
—¿Que si con eso pago por el dragón?
—¡Ranma! No cambies el tema.
Él se burla y da un paso atrás con las manos arriba.
—ya sabes que desconozco el idioma. ¿Qué fue lo que dijeron esos dos?— le digo seria.
Ranma se queda mirando al cielo — Shampoo le dijo prometido a Mousse y él prometida a ella, eso fue todo—responde.
—Umm, ya veo, pero ¿Por qué dijo que yo era tú prometida?
Ranma se encoge de hombros — supongo que el pato está enamorado y se le traban los cables— dice haciendo un gesto de "está loco".
Tuerzo la boca como respuesta.
—si quieres puedo preguntar— añade Ranma.
— Es lo mejor— asiento con la cabeza.
Me quedo pensando por un momento— ¡Llámalo!— ordeno en tono agudo.
—¿Ahora?
— No, no digo ahora. Solo que… no vayas al restaurante, solo llamalo— aclaro.
—¿Acaso te dan celos?
Le dedico una mirada furiosa y lo veo temblar.
—Era broma, era broma—dice con una risilla nerviosa.
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El desfile es entretenido. Pasa una carroza con gran pez de colores blanco y naranja que lanza humo por la boca. Los jóvenes que la llevan van vestidos de yukata blanco con azúl, bailan y cantan mientras mueven un abanico. Cuando la carroza se aleja, veo del otro lado a Shampoo y Mousse, parecen realmente felices y enamorados. Él la abraza por los hombros y ella recarga la cabeza en él.
Ranma mira hacia donde estoy viendo y sonríe a medias.
—¿Celoso?— le digo tratando de sonar indiferente.
Ranma sacude la cabeza —me alegro por ellos, sobretodo por el pato tonto de Mousse.
—¿De verdad?—pregunto mirándolo a los ojos.
—Parece que la celosa es otra— dice Ranma picandome la mejilla con el índice.
—¡Tonto!—intento darle con el codo mientras trato de no reír, su aliento en mí oído me produce cosquillas.
—Boba— responde sin alejarse de mí.
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Se hace de noche y cada vez más personas llegan al festival. Decidimos marcharnos a casa.
Caminamos para alargar el momento.
—me vas a decir ¿cómo es que atinaste el tiro al blanco?— dice de la nada.
— es un secreto — digo entre risas.
—Vamos Akane— me susurra con voz melosa cerca del oído, lo cual provoca que me recorra un escalofrío.
—Yo-yo era miembro del equipo de tiro con arco en la preparatoria— respondo a la carrerilla.
—¿por qué no me dijiste?
—porque no preguntaste— respondo tratando de soltarme.
—vas a tener que enseñarme… serás maestra y yo un alumno muy aplicado.
Nos hemos detenido en la puerta de mi casa, Ranma me abraza. Me dejo llevar por su juego tonto y lo beso, él me responde gustoso. Enredo mis manos en su cuello y él pasea las suyas por mi cintura y espalda.
Un carraspeo seguido de un —Ranma… Akane, buenas noches— nos hace separarnos rápidamente.
—¡Papá!— chillo avergonzada.
—Señor Soun, todo tiene una explicación. Yo-yo le iba a decir, es decir quiero su aprobación — tartamudea Ranma ante la cara seria de mi padre.
—Siganme, los estábamos esperando — dice mi padre abriendo la puerta un poco más.
Ranma y yo nos miramos. Me encojo de hombros, estoy igual de perdida que él.
Caminamos detrás de mi papá en silencio, nos conduce al comedor, allí nos espera la señora Nodoka y también un hombre de gafas y traje de entrenamiento blanco con un pañuelo en la cabeza.
—¿Mamá? …¿viejo?… ¿Qué?— Ranma frunce el ceño y aprieta los dientes.
¿Escuche bien? Este hombre es el papá de Ranma.
—Hijo malagradecido, así recibes a tú padre que no ves hace tanto tiempo— el señor se limpia una lágrima imaginaria.
Ranma rueda los ojos.
—Hijo, tenemos algo que decirles, por favor tomen asiento— interviene la señora Nodoka.
Obedecemos sentándonos frente a los invitados.
—Hija, él es el señor Saotome Genma, padre de Ranma y tengo entendido que ya conoces a la señora Nodoka — dice mi padre.
Hago una reverencia— mucho gusto, soy Tendo Akane.
—el gusto es mío señorita Tendo— dice el señor Saotome.
El silencio se instaura en el lugar. La señora Nodoka mira a los hombres junto a ella y se aclara la garganta, pero ellos continúan en silencio de brazos cruzados.
—Supongo que se los diré yo— dice Nodoka con tranquilidad— Recordarás hijo que llevaba un tiempo buscándolos. Bueno… La primera persona que encontré fue a tú papá y él me dió las indicaciones para buscarlos a ustedes. Fuí hasta China pero pensé que no era el mejor momento para presentarme. Luego conocí a Akane y me dí cuenta del pequeño problema que tenías con la señora Cologne y su bisnieta.
Ranma me mira yo clavo la mirada entre mis manos, solo espero que la señora Nodoka no le explique que lloré desconsoladada diciéndole que su hijo era un tonto insensible y que yo estaba terriblemente enamorada de él.
—Bueno tuve una extensa conversación con mi querido esposo y encontré algo que no me esperaba, pero que sirvió para salvarte de aquel inconveniente— continua Nodoka.
—No entiendo nada mamá— Ranma la mira serio.
—Hijo, es de mala educación interrumpir— regaña Nodoka, Ranma resopla pero permanece en silencio y ella continua — Genma me comentó que tenía un muy buen amigo con el qué solía entrenar. Ese amigo resultó ser el señor Soun.
Mi padre y Genma asienten.
—Bueno… Fruto de esa gran amistad ellos prometieron que entrenarían a sus hijos y los comprometerían en matrimonio para perpetuar el estilo libre. Al ser una promesa previa de matrimonio prevalece ante la que mi esposo hizo entre tú y Shampoo. Además tuve que hablar seriamente, cómo te diste cuenta, con la señorita Shampoo, ella admitió amar al jóven Mousse, con quien, ejmm, fue muy cercana. Así fue como pude resolver todo, para bien de todos.
—Espera, espera, espera— dice Ranma alterado apretándose de la nariz— me estás diciendo que el irresponsable de mi papá, no solo me alejó de tí, me dejó abandonado con la señora Cologne, me comprometió con Shampoo, me dejó una deuda que por poco no termino de pagar, si no que también me comprometió con Akane— Ranma se frota la sien.
—Hijo, eso no es tan malo, veo que te llevas muy bien con la señorita Tendo— dice el señor Genma ajustándose los anteojos.
— Así es mi buen amigo— se sonríe mi papá — Hace un momento ví que se llevaban muy bien,mi hija hasta se puso un kimono que guardaba para una ocasión especial.
¡Ay mi papá!, ¡qué no ve que me avergüenza! Me encojo en mi lugar rogando a Kami que esto termine pronto.
—¡Que yo esté enamorado de Akane no tiene nada que ver!— grita Ranma fuera de sí, callando las risillas de mi papá y su amigo.
¿Escuche bien?¿ Dijo enamorado?
Ranma se pone de pie furioso, creo no se ha dado cuenta de lo que dice.
—No voy a soportar que manejen mi vida nunca más. ¡Suficiente tuve con ser esclavo por 10 años de Cologne! ¡Me largo!
Ranma se marcha a grandes pasos ante la mirada atónita de todos.
Me levanto de la mesa, dedicándole una mirada desaprobatoria a mi padre y sigo a Ranma.
—Mira Tendo, ya se apoyan como un matrimonio— dicta serio el señor Genma.
—Así es Saotome, pronto seremos familia— responde mi papá
—Espero que pronto me den unos lindos nietos— añade la señora Nodoka.
Están todos locos, de verdad se pasan. Camino lo más rápido que puedo con este apretado kimono.
Como era de esperarse Ranma ya no está, seguro se fue corriendo. Tendré que tomar el tren.
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Las luces del apartamento de Ranma están apagadas, toco la puerta y espero nerviosa.
Escucho unos pasos acercarse, la puerta se abre de golpe.
Ranma trae la cara contraída, pero al verme se nota sorprendido.
—Akane...
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Sentados en la barra que hace de comedor en el pequeño apartamento esperamos que él té se enfríe un poco. Miro el tablero colgado en la nevera.
"Nito me quedaré con Akari-chan, nos vemos mañana".
No se si me alegra que estemos solos para hablar o me pone más nerviosa.
—Tanto te desagrada que sea tú prometida— digo medio en broma.
—¿Qué? No yo… no es eso.
— Es broma… imagino que fue muy duro vivir con la señora Cologne.
Ranma no dice nada y se esconde en el vaso de té.
—mañana hablaré con mi padre, le diré que ni loca me quiero comprometer con un bruto, insensible, pervertido, tonto..
—¡Ey! No me ayudes tanto— se queja Ranma — tal vez le cuente a mamá que eres una marimacho insufrible con fuerza de gorila.
Me rio y logro que él también lo haga.
Se levanta y da la vuelta a la barra quedando frente a mí.
— déjalos que hagan lo que quieran— dice convencido.
—¿Y si me duermen con algún extraño polvo y me ponen un kimono nupcial?
—¿Ah?
— O si mi papá y señor Genma te golpean en la cabeza y te ponen un traje para obligarte a casarte.
— Akane...¿qué todo eso no pasaba en un manga?— pregunta confundido— Le diré a Hayami que ya no te preste más de sus revistas.
—Ranma— digo como una queja.
—Mira, olvidemos lo del compromiso. Si no has cambiado de opinión aún somos novios ¿No?— Ranma se sonroja y se ve bastante guapo.
— Umm— digo pensativa— no lo sé… ¿Qué fue lo qué dijiste? Que era una ¿marimacho insufrible y no se que más?.
— Yo no recuerdo nada de eso— dice acercándose a mí.
—Mmmm...Ranma— intento hablar entre besos.
—¿Qué ...pasa? — dice sin parar lo que está haciendo.
—mmm… tramposo.
Ranma se detiene para respirar apoyando su frente en la mía.
—te amo— sus ojos brillan sobre los míos, haciendo que mi corazón se acelere aún más.
—te amo— respondo sonriente.
—¿Quieres que te enseñe el apartamento? Por algún motivo no hemos podido pasar de la sala— dice Ranma rascándose la nuca.
Me estremezco pensando en lo que casi pasó hace apenas algunas horas.
Asiento en respuesta. Él parece emocionado por esto.
—Bueno ya conoces la sala-comedor-cocina. En lo personal me gustaría tener una cocina enorme— dice abriendo los brazos.
—puedes cocinar cuánto quieras en mi casa.
—¿Admites que cocino delicioso?
—Mmmm...— me pongo un dedo en la boca—tal vez…— Él no puede esconder la cara de decepción, me río para que comprenda que no es cierto — está bien, lo admito, cocinas delicioso.
Ranma no puede esconder su gran sonrisa.
Regresamos a la entrada y subimos dos escalones que dan hacia dos puertas laterales y una en el fondo.
—Este es el cuarto de Nita— dice tocando la puerta— será mejor no abrir, no quiero avergonzarme del desorden de mi hermana— Ranma posa la mano en la puerta corrediza del lado contrario y abre — este es mi cuarto— da un paso adentro.
Con tan solo un futón, un televisor y una mesa de noche parece que esta habitación necesita un toque femenino.
Me quedo plantada en la entrada como una tonta y decido mirar el suelo.
—oye… Akane… yo...con respecto a lo de hace rato...—Ranma parece adivinar en lo que estoy pensando, siento el calor en mi cara—No era mi intención al traerte aquí, de verdad, disculpame—hace una breve reverencia.—¿Quieres que te lleve a casa?
—Eh… la verdad es que no quisiera ver a mi padre hoy, tampoco tengo ánimo de enfrentarme a Nabiki cuando se de cuenta de nuestro compromiso… Ranma… no lo tomes a mal, pero…¿puedo quedarme aquí?
Él parpadea procesando la información.
—¿Aquí?... Bueno sí, claro que sí… yo… ¿Quieres quitarte el kimono?
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—me queda un poco grande… pero gracias— digo ajustándome el pantalón de pijama que me acaba de prestar Ranma.
Él, sentado en el sillón, se frota una mejilla, me mira y gruñe como toda respuesta.
—¡Ya te dije que lo siento!— chillo avergonzada— si me hubieras dicho desde un principio.
— ¡Y cómo quieres si ni me dejaste hablar!...solo me golpeaste, ¡Tonta!.
—¡Bueno pues que descanses, idiota!
— ¡Tú también, boba!
Me retiro a la habitación y Ranma se queda en el sillón. Ya se que exageré un poco, pero yo pensé que Ranma quería…
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—pues a mi me parece que tomaron muy bien el compromiso mamá.
—si…¡qué varonil es mi hijo!... Vamos a hacer el desayuno hija, seguro están cansados y tienen hambre.
Escucho los pasos alejarse y susurro aún sin abrir los ojos — Ranma…¿ estás despierto?
—si.
—¿Qué vamos a hacer?
—¿Desayunar? Tengo mucha hambre— se queja Ranma.
—¡Ranma! Todo esto es tú culpa— reclamo.
—¿Mi culpa? Te recuerdo que fuiste tú la que me despertó en medio de la noche asustada porque había tenido una pesadilla.
—Se supone que te quedarías solo un momento hasta que me quedara dormida de nuevo.
—eso intenté, pero tú me envolviste como pulpo y luego me quedé dormido.
Ranma afila la mirada y me doy cuenta de la posición de mis brazos y piernas sobre Ranma.
—Ehh...yo…
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Entre confusiones, el acoso de nuestras familias y entrenamiento, mucho entrenamiento, ya han pasado tres meses.
Mis amigas no dejan de hacerme preguntas incómodas y a veces pienso que tiene más paciencia Ranma conmigo que ellas. Les repito hasta el cansancio que no estoy lista o cualquier otra excusa, pero vaya que son insistentes.
Hace unos días viajamos a Estados Unidos, el señor Uchida concertó una pelea con un artista marcial que venía en ascenso, Ryukumon y digo venía en ascenso porque Ranma lo hizo papilla. Bueno no tanto así, pero si tuvieron una buena batalla en donde Ranma salió vencedor.
Lo que nos lleva a la celebración de esta noche. Por una vez en mucho tiempo estamos solos ya que mi sobrino o sobrina, está por nacer, o al menos eso viene diciendo el Dr Tofú hace una semana. Por supuesto todos se quedaron para acompañar a Kasumi, incluso la señora Nodoka quien es la única que tiene experiencia con niños. Prácticamente me ordenaron que acompañara a Ranma ya que "era mi deber como prometida". En fin.
Me miro en el espejo una última vez. Agradezco a Nabiki por haberme puesto este vestido en la maleta, no es como los que ella suele usar, es más mi estilo, de color granate, de falda amplia hasta la rodilla y ceñido a la cintura, el escote es cuadrado y trae unas mangas cortas ajustadas. ¡Me encanta!
Después de la pelea el señor Uchida tuvo que salir corriendo y tomar un vuelo de regreso a Japón por no sé qué asunto. Así que solo seremos Ranma y yo.
—Akane— llaman a la puerta.
Todavía siento esas cosquillas en el estómago que me hacen sonreír como una tonta cada que veo a Ranma, me pregunto si esa sensación nunca desaparecerá.
Me apresuro a abrir. Ranma se ve muy guapo en traje, aunque no trae corbata, supongo que ese es su estilo, más relajado.
Él me mira de arriba a abajo y me recorre un escalofrío.
—¿Ranma?
Él sacude la cabeza y parpadea. — Estás muy linda— dice sonrojado.
—Gracias… voy por mi …
No puedo terminar la frase porque Ranma me toma por la cintura acercándome. En un rápido movimiento con el pie cierra la puerta detrás de él.
Me río nerviosa y paso las manos de arriba a abajo por la solapa de su traje.
—Tenemos una reserva— susurro.
Ranma no me contesta y empieza a besarme. Cierro los ojos y le correspondo. Por kami, este hombre besa demasiado bien. Me cuelgo de su cuello y le permito hacer el beso más profundo. Respiramos agitados entre caricias.
Ranma me aparta un poco y me mira serio.
—Tú quieres que… es decir, puedo…
Me lanzo sobre el callandolo con un beso. Es tan torpe con las palabras. En un arrebato de valentía empiezo a sacarle el saco, él comprende y me ayuda con mi cometido.
Tan pronto como nos deshacemos de esa prenda parece que todo lo demás empieza a estorbar. Ranma pasea las manos por mi espalda buscando ansioso. Gruñe entre besos. Lo tomo de la mano y lo guío hacia un lado donde está el cierre de mi vestido. Lo baja de un solo tirón pero no puede quitarme el vestido al tener los brazos arriba, entretenida con sus botones.
Termino con su camisa y no puedo reprimir un gesto de disgusto al ver que aún tiene una camisilla pegada al cuerpo que permite adivinar muy bien lo que hay debajo, pero no es suficiente para mí. Ranma no demora en sacarla por encima de la cabeza.
Me doy el permiso de recorrer sus fuertes músculos, Ranma me mira con una sonrisa arrogante.
Ruedo las mangas de mi vestido y lo dejo caer al piso.
¿Ahora quién tiene cara de bobo? Es mi turno de poner una sonrisa arrogante, aunque tiemblo de pensar lo que está por suceder.
Volvemos a los besos y las caricias. Ranma enreda los dedos en mi espalda y en un instante está fuera mi brassier, intento cubrirme pero estamos tan cerca que es imposible.
Su cuerpo me cubre y me da el calor que he perdido. Con una técnica de velocidad impresionante hace volar la correa y seguido sus pantalones.
Sin perder tiempo me conduce hacia la cama. Su boca abandona mis labios y se pierde en mi pecho. Contra mi voluntad dejo salir vergonzosos sonidos de placer. Arqueo la espalda y doblo las rodillas.
Ranma se queja y no esa clase de quejido. Levanto la cabeza y lo veo ponerse la mano en el costado.
—¡Estás herido!
¡Claro!, como no lo había visto un golpe bastante feo lo recorre por encima de la cadera en el costado derecho.
—No es nada— repone regresando a su tarea.
—No...ah...espera...Ranma— intento detenerlo
Él levanta solo un poco la cabeza —Akane… Crees que una cosa tan tonta como esa me va a hacer perder de lo mejor que me ha podido pasar en la vida.
Lo beso en la frente y sonrío, es un terco, tendré cuidado.
En los siguientes minutos Ranma se encarga de hacerme olvidar cualquier preocupación, sus manos recorren mis piernas y me acarician haciéndome sentir cada vez más preparada para él.
Despacio y medido Ranma retira lo único que me cubre, torpemente reacciono haciendo lo mismo.
Respiro profundo tratando de disipar la ansiedad.
Ranma me besa despacio. Quién diría que este torpe, puede ser delicado y algo romántico.
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Despierto en mitad de la noche por ese molesto ruido. Me descubro desnuda. Retiro el pesado brazo de Ranma de mi cintura.
Me froto los ojos resistiendo el sueño hasta que veo el nombre en la pantalla.
—¡¿Papá?!— me levanto despacio y camino hasta la ventana, mientras me paso una pijama de seda por la cabeza.
—ya nació, Akane, ¡soy abuelo!, ¡soy el abuelo Soun!
—¿Cómo está Kasumi?¿Cómo está el bebé?
—las dos están bien hija.
—¿Las ..dos? Es decir que es…
—una hermosa y saludable niña.
Mi padre rompe a llorar, como siempre y por más que intento preguntar un poco más, no oigo más que sollozos, así que cuelgo la llamada. Me paso una mano por el rostro, espero no volverme igual de sentimental a él.
—¿Está todo bien?— pregunta Ranma en un bostezo.
Se acerca a mi medio dormido y vistiendo únicamente un boxer. Me abraza por detrás dándome calor con su cuerpo. Paso mis manos por sus fuertes brazos y recuesto la cabeza en su pecho.
—Si, sí está todo bien… ya nació mi sobrina— digo feliz.
Ranma se endereza y me hace girar.
—¡Akane! ¡debemos regresar! ¿Kasumi? …La bebé… estamos lejos.
Ranma se aleja de forma brusca y comienza a buscar su ropa, poniéndose todo a la carrera.
—¿Ranma?
Él me mira de arriba a abajo y arruga la cara, me cubro con las manos el escote. — ¡vístete Akane!— me ordena.
Parpadeó confundida, aún sin moverme de mi lugar.
—¡Tomaremos el primer vuelo de regreso a Tokio. Voy a llamar al señor Uchida!— Ranma mira a todas partes buscando, supongo, su teléfono.
Lo localiza del otro lado de la habitación y dando dos saltos llega por él.
—Eh…espera…Ranma.
No me escucha y empieza a marcar rápido.
—oye, oye, oye.¡Cálmate!— Grito mientras me acerco y tomo el teléfono bajandolo con ambas manos.
Ranma me mira confundido —¿Qué haces Akane? Tenemos que irnos.
— Todo está bien en casa. Kasumi debe estar con su esposo en el hospital, está bien si descansamos hoy y viajamos, como estaba planeado para mañana en la noche— digo alejando el teléfono de su mano.
Ranma se endereza y mira al techo en un gesto que lo hace ver aún cómo un inocente adolescente. — ¿Segura? ¿No quieres ir ya?
— Puedo esperar a qué amanezca— le digo mientras miro hacia la ventana.
Ranma se rasca la cabeza y sonríe. Yo también sonrío y no por su arranque de preocupación, si no por él, por poder estar a su lado, porque en su torpe forma de ser me doy cuenta que me ama. Puede que no sea el mejor con las palabras, pero sí con su forma de protegerme y también de alentarme a ser mejor, por su pasión por las artes marciales. Lo amo y finalmente estoy segura de no temerle al amor.
—¿Akane?...
—Umm— respondo aún sumida en mis pensamientos.
—Te amo— me dice acercándose a mis labios.
Miro la sinceridad de sus palabras en sus ojos azules. Lo abrazo y él hace lo mismo.
—Yo también te amo Ranma.
Fin
No me queda más que agradecer a todas las personas que siguieron esta historia, las que dejaron comentarios y los lectores fantasma.
Quería un capítulo tierno para darle fin, lo mío no es el lemon y lo siento si esperaban un poco más de picante. Puede que luego me anime un poquito jajaja.
Gracias, gracias, gracias.
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