La Esencia del Amor
Capítulo III
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Historia hecha sin fines de lucro.
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Akane estaba bastante confundida, y porque no decirlo asustada, considerando que había sufrido un ataque de "no se qué" cuando estaba frente a Ranma y no lo entendía.
Se miró al espejo tratando de descifrar ese sentimiento extraño, nunca le había pasado y mira que era innegable que el idiota ese tenía un encanto bastante elevado, pero en esta ocasión había sido como si… como si Ranma… ¿Resplandeciera? No es como si en verdad viera un brillo, él era el que desprendía una aura que la incitaba a acercarse, a olerlo, era demasiado extraño, ni siquiera le había podido reclamar lo de Frederic.
- Oye Akane – el joven de ojos azules tocó la puerta de la habitación por tercera vez. La chica como en las veces anteriores, casi por inercia, corrió hasta la puerta y pegó su oído en ella, incluso su voz le sonaba mas profunda y le hacía sentir un vibrato interno que tampoco sabía explicar.
Sin poder evitarlo, aspiró fuertemente esperando captar algo de él, y tal vez se estaba volviendo loca, por que aún con la gruesa madera, percibía algo como un perfume en el aire, rodeándola, dándole una sensación de flotar.
- Akane – la llamó de nuevo y ella casi entró en pánico. Agitó la cabeza con fuerza y trató de respirar con normalidad antes de contestar
- ¿Q… qué? – dijo nerviosa, recargando la espalda contra la madera.
- Oye, ¿Puedes abrir la puerta? Quiero hablar contigo. – sonaba seguro de si mismo mientras a ella le temblaban las rodillas de solo pensar en él.
- ¿De… de… qué?
- Quiero… - pareció pensarlo antes de decir – quiero hablar de lo que pasó con tu amigo.
- Ahh… pues creo que deberías disculparte con Frederic, no conmigo.
- Abre Akane, seré breve – prometió.
Akane masculló algo antes de decidir abrir la puerta, que por cierto tampoco estaba segura de lo que estaba a punto de hacer.
Quitó el seguro de la puerta, corrió a sentarse a la cama y habló tratando de no tartamudear.
- Adelante – dijo mirando al techo para no mirarlo a él.
De solo verla, Ranma sonrió con burla, aún no podía creer que esa esencia en verdad funcionara. Adrede se sentó en la cama antes de decir.
- Bien… yo solo quiero decirte que acepto que lo que hice estuvo mal – por supuesto que no hablaba en serio y a leguas se notaba que estaba mintiendo pero Akane a penas escuchaba lo que estaba diciendo, a ella le parecía más interesante esa fragancia que se movía por la atmosfera, haciéndola presa de un magnetismo extraño que la hacía casi necesitar acercarse a él.
Ranma seguía hablando, realmente las palabras habían dejado de tener sentido hace bastante, justo ahora estaba relatando un combate que había tenido con Ryoga y Akane ni siquiera se había dado cuenta, de pronto, la cama se movió y notó como ella se había movido casi un cuerpo completo y estaba a su lado.
- ¿Todo bien Akane? – preguntó desentendido, ansioso por ver que pasaba.
- Si, continúa. – sin poder evitarlo, de nuevo se movió y sus brazos se tocaron.
Akane aspiró profundo, sintiendo querer más de lo que sea que sentía con la cercanía de Ranma y el joven, sin dejar de hablar, ya de puras tonterías, movió su mano, poniéndola sobre la de ella a ver que pasaba, al instante, Akane acomodó su palma y entrelazó sus dedos, como si eso fuera lo más natural del mundo, y es que extrañamente el contacto con la piel del muchacho le había brindado una paz que no sabía explicar.
Ranma la miró sorprendido, por un momento había pensado que ella iba a rehuir el contacto pero no había sido así. Akane por su lado, miró sus palmas entrelazadas sin entender porque había hecho eso, y peor aún, porque no quería apartarse.
- ¿Qué me estabas diciendo?
- Que… que yo… estaba disculpándome.
- Eso… - ella jugó con sus dedos, como si estuviera comprendiendo que efectivamente se sentía mejor cuando estaba en contacto directo con él, suspiró y habló por fin – eso deberías decírselo a Frederic.
- Aja… - fue lo único que respondió cuando ella le sonrió de esa manera que le gustaba.
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Ambos prometidos llevaban un buen rato viendo tele, una actividad que podía parecer insulsamente cotidiana, sin chiste, pero era algo que hace mucho tiempo no había pasado, más aún, nunca habían estado tomados de la mano sin una situación extrema de por medio y menos tanto tiempo.
Al encender la televisión había aparecido la telenovela de moda, y Akane había pedido con una sonrisa ver el capítulo nuevo, Ranma había accedido casi por inercia.
La joven de pelo azul veía la televisión entretenida, sin embargo, cada tanto inhalaba con fuerza, suspirando al exhalar el aire y jugando con los dedos de su prometido; este, por su lado, se encontraba entretenido, pero no en el aparato eléctrico, sino en la chica a su lado.
¿Cuándo había sido la última vez que Akane había estado tan dócil?, más específicamente, ¿Cuando había sido la última vez que ella había estado tan cerca de él? ¿Dos años? No, eran exactamente dos años y cuatro meses, lo sabía perfectamente; por aquel tiempo, aunque ya estaban mal, había conseguido que lo acompañara a comprar un encargo de su mamá, lo cual solo era un pretexto; aquel día de últimos de verano habían terminado en un puesto andante de helado riendo como hace mucho no lo hacían y cuando la lluvia había comenzado, habían corrido de la mano para no mojarse, luego, bajo el techado de un negocio habían seguido hablando jugando con las manos, incluso Ranma, en un juego "de pelea" la había abrazado y ella había respondido. Todo había acabado cuando una chica empapada había llegado a refugiarse y al ver al muchacho Saotome lo había saludado con efusión, comenzando a hablar de una reciente cita. Ahí todo había terminado.
- ¿Ranma? ¿Me estás escuchando? – preguntó la joven, Ranma sacudió la cabeza afirmativo, un poco nervioso al notar que la joven le hablaba de cerca. – Te preguntaba si quieres ver otra cosa, creo que no le estás prestando atención a la – inspiración rápida – televisión. – completó.
- No, no, es decir, lo que tu quieras está bien. – por inercia acarició su mano y Akane sonrió.
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La noche se presentó puntual y Ranma luego de la cena anunció que iría a ducharse, Akane al quedarse sola, comenzó a sentir un poco de ansiedad, incluso pensó en ir al baño y preguntarle a Ranma si no le hacía falta una toalla o algo parecido con tal de estar cerca de él.
Este último pensamiento le hizo analizar la situación, había actuado toda la tarde como si Ranma y ella estuviesen en buenos términos, más que eso en realidad… Eso la asustó y cuando oyó que la puerta del baño se abría, los pasos del de trenza por el pasillo y como entraba a su habitación, sin esperar más, corrió a su alcoba y se encerró en ella con seguro al igual que la ventana, no por Ranma, sino más bien por su propia actitud.
Ranma era un patán que tenía aventuras con cada chica que se le cruzaba, no le daba su lugar como artista marcial y era un grosero mal educado que no la respetaba, entonces, no entendía, como era que se había pasado toda la tarde coqueteando con ese idiota. Suspirando se metió a la cama sin siquiera cambiar su ropa, y cuando Ranma fue a tocar su puerta le dijo que estaba cansada y que dormiría temprano evitando todo impulso de correr hasta la puerta.
Afuera, Ranma, se dio la vuelta frunciendo el ceño.
- ¿Ahora resulta que se va a hacer la engreída? – soltó para sí cuando ya estaba en su propio cuarto , luego, poniendo una sonrisa de burla, volvió a hablar en voz alta – Vamos a ver si mañana sigues igual de pesada con la segunda dosis. – Con ese pensamiento se durmió.
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Akane al otro día se alistó más temprano de lo normal pensando en rehuir del menor de los Saotome, sin embargo no pudo evitar ir a su habitación a echar un vistazo para comprobar que ese extraño sentimiento de la tarde anterior seguía ahí. Sin más, huyó de ahí con rumbo a la universidad.
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Esa tarde, ya casi eran las 13:00 y Ranma estaba inseguro del efecto de la esencia, aunque él se la pusiera a las 14:00, ¿Qué pasaría si Akane no aparecía? Lo cual parecía probable dado que Ranma se había levantado a la hora habitual en la que ella se iba y ya no estaba en la casa.
Tomó el gotero y lo guardó en su camisa, se abrigó para el clima que cada día era más frío, se puso como ocasión especial un reloj de pulsera y salió hacia la universidad de Akane.
Al llegar al campus correspondiente, Ranma lucía desesperado, faltaban cinco a las 14:00 y no encontraba a su prometida, de pronto la vió caminando a lo lejos con un tipo que no conocía. La sangre en sus venas se calentó de inmediato cuando vio como el chico le acomodaba el cabello tras la oreja.
Con sigilo los siguió revisando constantemente el reloj de muñeca, y justo a las 14:00 se dejó caer con cuidado las tres gotas señaladas, guardó rápido el frasco y se dejó caer frente a Akane.
El muchacho que la acompañaba se asustó al verlo caer de la copa de un árbol, luego frunció el ceño en extremo, demostrando con eso que sabía quien era él. Por su lado, Akane, se había quedado como en un transe donde lo único que hacía era hiperventilar.
- Saotome, ¿Y tu qué haces aquí? – dijo con enfado el chico castaño
- ¿Y tú eres… - dijo con burla, sobre todo por que la expresión que mostraba Akane a cada segundo se transformaba.
- Soy Hirai – dijo como si fuese lo más obvio del mundo.
- Claro, igual no me importa – contestó acercándose a su prometida. – Akane, ¿nos vamos?
La chica de cabello azul cerró la distancia que los separaba, puso lentamente sus manos en el pecho masculino, como si Ranma fuera el suelo y estuviera buscando estabilidad, lentamente, subió sus palmas acariciando hasta sus hombros y casi extasiada lo besó.
Ranma estaba sorprendido pero no iba a desperdiciar la oportunidad, al contrario, la tomó de la cintura ciñéndola a él. La sensación iba más allá de lo que alguna vez soñó. Sus labios eran suaves y tibios, su cuerpo parecía hecho para estar pegado al suyo, su aroma lo envolvía y lo hacía flotar, toda ella era lo más perfecto que podía imaginar.
Al separarse, ella habló.
- Es que.. – dijo casi en un tono lastimero – no sé… yo… no sé que me pasa…
- Tranquila, está bien. – le acarició los brazos
- De… de veras… lo siento… yo solo… te extrañé tanto – terminó de decir más confundida que nada.
- No importa, yo también te extrañé – aprovechando la ocasión la besó de nuevo antes de cargarla, y saltando salieron directo al dojo. Hay que mencionar, que Ranma tenía una sonrisa sincera y enorme en el rostro cuando todo aquello pasó.
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12 de Diciembre. Creo que a partir de aquí va a aumentar la apuesta sobre esos dos.
Gracias a todos por su apoyo en especial a:
- Vane
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Espero no se me haya pasado nadie porque de verdad no saben como aprecio sus comentarios.
De este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.
