La Esencia del Amor
Capítulo VIII
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- No tengo ganas de ir a la universidad. – declaró Akane luego de apagar el despertador y notar que Ranma también había despertado. La joven ya había perdido más de diez minutos haciendo círculos en el pecho y abdomen de Ranma.
- No sé porque me dices esto a mi. – Ranma se reacomodo para que ambos quedaran recostados de lado viéndose de frente. – No soy la mejor persona para ayudar a que te levantes.
- Puedo quedarme. – dijo echándole los brazos al cuello.
- No, si te quedas puede que ya no te suelte durante todo el día.
- Eso… me… agradaría… - dijo con un lindo sonrojo en el rostro, acercándose más a él para besarlo.
El beso no duró demasiado, Ranma aun tenía la consciencia suficiente para apartarla, era una tentación muy grande.
- Pero, creo que debes ir, últimos días, ¿cierto? – Ranma no es que quisiera apartarse de ella pero también quería tiempo a solas para apaciguar algunas de las ideas que no lo dejaban en paz. – Solo llega temprano a casa.
- ¿Sabes? Creo que luego de la universidad iré a la clínica de Tofú, ¿No te importa que llegue un poco más tarde verdad? – la cara de Ranma se endureció en el acto.
- Si, si me importa. – declaró enojado.
- Por favor, ya habíamos hablado, entre Tofú y yo no hay nada, y no puedo abandonar mi entrenamiento, estoy en medio de algo importante.
- Desde ayer me estás diciendo que quieres quedarte conmigo ¿y ahora resulta que quieres ir con Tofu? – Se alejó de ella, levantándose de la cama.
- Una cosa no se interpone a la otra, aun sigue en pie mi propuesta de quedarme y luego puedo ir con Tofu. – Akane comenzaba a perder la paciencia.
- No quiero que vayas. – le advirtió
- No es como que vaya a pedirte permiso. – contratacó
- ¡¿Por qué rayos tienes que ir a verlo?!
- Te lo acabo de decir, debo ir a entrenar.
- Aquí tienes un dojo a tu disposición, y ya que hace meses que no lo usas para entrenar podrías aprovechar la ocasión. – Sarcástico mencionó. Akane se quedó callada durante algunos segundos, con una expresión furiosa en el rostro.
- ¿Y para qué? – dijo levantándose de la cama también – ¿Para que puedas restregarme lo mala que soy en combate?, ¿o para presumirme los logros de tus dos estudiantes estrellas?, gracias pero no gracias. – Salió del cuarto con la respiración agitada.
- ¡¿De que rayos hablas?! – la tomó del brazo deteniéndola.
- No te hagas el tonto. – se sostuvo el pecho y Ranma supo que debía parar aquello. – Ambos sabemos que te encanta remarcar lo inferior que soy a ti, a Ukyo, a Shampoo, ¡A todos! no soportas la idea de que me supere, tuve que salir de MI DOJO para poder mejorar aunque fuese de manera diferente porque tú lo acaparaste todo para lo que tú consideras digno de las artes marciales, y ni de chiste yo me encuentro en tu lista de merecedores.
- Eso no es cierto Akane. – dijo anonadado por sus palabras.
- ¡Por supuesto que si! Me consideras tan débil que entrenas a cientos de personas, entre ellas, dos de tus prometidas y yo… - ella se dio un momento para tomar el aire que cada vez perdía más rápido. – soy tan poca cosa para ti, que a pesar… de… - ella tomó otra bocanada de aire intentando apaciguar el dolor del pecho, Ranma intentó ayudarla al ver que le costaba estar de pie pero ella se apartó de manera brusca. – rogarte millones de veces, jamás quisiste ayudarme con mi entrenamiento, pero te… - comenzó a llorar de rabia. – pareció perfecto convertirte en el entrenador de ellas.
- Sabes que ellas pagan y tu padre y Nabiki lo autorizaron. – explicó intentando acercarse a ella que ya estaba en el suelo.
- ¡Claro porque tú siempre obedeces órdenes! – sarcástica le dio un nuevo manotazo para que se alejara.
- Era una forma de tenerlas controladas, ¿No me digas que no has notado que sus ataques hacia ti son mínimos? En su momento te lo expliqué. ¡Maldición Akane! – Reclamó al ser rechazado de nuevo para ayudarla.
- Yo busqué… mi propio camino… Eres un egoísta… todos pueden progresar menos yo, quieres que me quede siendo un estorbo toda la vida.
- ¡No es así Akane! ¡Yo solo quiero cuidarte!
- ¡No quiero que me cuides! ¡Quiero que me respetes! – le gritó en medio de la rabia, con los ojos inyectados en determinación.
- Yo te respeto.
- Mentira… - dijo en un hilo de voz. – Si lo hicieras no estaríamos teniendo esta conversación, si lo hicieras me asignarían más clases que solo las de niños pequeños, si lo hicieras te habrías dado cuenta desde hace mucho que Tofú… - tomo una gran inspiración antes de gritarle. - ¡Es la única razón por la que sigo siendo una artista marcial!
- Akane… - ahora, arrodillado junto a ella, la abrazó desesperado no solo por calmarla, sino por que le creyera, y la joven, que ya no tenía fuerzas para resistirse, dejó de moverse. – Perdóname… perdóname, yo… yo no sabía que te sentías así. El problema no eres tú, soy yo. – Akane se sorprendió al escucharlo y comenzó a tranquilizarse. – No puedo pensar en golpearte ¿de acuerdo?, desde el día en que te conocí mi misión en esta vida ha sido cuidarte y no puedo hacer nada que vaya contra eso. Y las clases de los niños, sé que te he molestado con eso, pero en realidad es la única clase que no puedo dar, se necesita demasiada paciencia y estrategia para hacer que los enanos aprendan, es muchísimo más fácil trabajar con adolecentes y adultos.
Akane no dijo nada, no estaba segura si creer en sus palabras, pero al menos su respiración se controló y dejó de sentir la presión en el pecho.
- ¿En serio? – Akane se apartó un poco para verlo a los ojos, y cuando él asistió con la cabeza, ella pidió. – Entonces demuéstramelo.
- Bien… no interferiré para que vayas… con Tofu… - fijo con pesadez.
- Por supuesto que no lo harás, pero además, quiero que me entrenes, que me entrenes de verdad.
- ¿Qué? ¿Acaso no acabas de escuchar lo que acabo de decirte? ¡No puedo pensar en golpearte!
- Pues entonces piensa en alguna estrategia, ya que eres experto en inventar cosas, inventa una manera de entrenarme. – Se miraron a los ojos con desafío, ninguno si quiera parpadeaba, dando un suspiro, sabiendo que esta vez no ganaría, habló Ranma.
- De… de acuerdo… - dijo sin ganas. - ¡Pero harás lo que yo diga bajo mi criterio! – amenazó.
La sonrisa que Akane pintó en su rostro hizo que el joven de trenza supiera que era la mejor decisión que había tomado en mucho tiempo.
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Ranma se encontraba sentado en la barda del patio de la clínica de Tofu, al final, habían acordado que Akane iría sus horas de universidad y regresaría temprano para ir a la práctica con el doctor, luego, irían a casa juntos para comer.
Era cerca de medio día cuando el de ojos azules se instaló en su posición actual, esperando que apareciera Akane, no se tomó la molestia de pasar a saludar al médico, solo tomó lugar donde creyó conveniente.
- Ranma. – dijo con sorpresa Tofu al salir al jardín. – Hace tiempo que no te veía, me alegra que pases a saludar. – dijo con una sonrisa. El joven por su lado solo movió la cabeza en forma de saludo y el doctor pudo apreciar la hostilidad con la que lo observaba. – Akane ya llegó, está adentro cambiándose.
Ranma observó como el hombre se aseguraba de que el lugar estuviera preparado para hacer lo correspondiente al día y de pronto lo escuchó hablar.
- Si quieres, tú también puedes tomar la lección con nosotros Ranma, sabes que siempre eres bienvenido.
- No… - dijo algo dudoso. – No gracias, estoy bien. – La verdad es que si tenía algo de curiosidad por saber que era lo que entrenaba Akane, además de comprobar aquello de la energía que le había explicado la chica del día que lo vio tocándola, tampoco se había olvidado del enfrentamiento que ella había tenido contra Ukyo, donde la había dejado inconsciente en solo algunos segundos.
- Entonces, al menos, puedes observar más de cerca si así lo deseas, no soy tu enemigo Ranma. – dijo con una sonrisa amable. Antes de que pudiera responder Akane salió del edificio lista para el entrenamiento.
- Hoy te noto tranquila Akane, espero que estés más concentrada que la última vez.
- Lo estoy. – Dijo viendo a Ranma con una sonrisa.
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Luego de una hora aproximada de entrenamiento, donde Ranma se había visto involucrado y había aprendido un poco de la energía interna y su manejo, Akane se alejó para cambiarse de ropa nuevamente mientras Tofu recogía algunos instrumentos que habían utilizado, más que nada recipientes con cantidades de agua diferentes para la práctica de la lección.
Todo aquel tiempo, a pesar de que Tofu inevitablemente había tocado en más de una ocasión a su prometida, esta vez en palmas y espalda, Ranma había notado que sus intenciones no iban más allá de un profesor, pero la duda le carcomía tanto, que sin poder evitarlo, le preguntó.
- ¿Usted… la quiere? – Tofu volteó a verlo con calma, con una sonrisa en la cara que denotaba claridad en si mismo.
- Por supuesto que la quiero. – Los puños de Ranma se cerraron al instante y sus dientes rechinaron con furia. – Es como mi hermana. Y si te soy sincero… ella ha sido mi mejor amiga durante los últimos años, el hombro en el que he llorado mis tristezas más profundas. – sin más siguió en lo suyo.
Ranma se acercó un poco más, la sorpresa ante aquella declaración recorriéndole el cuerpo y la creciente pena por el médico, comprendiendo que él aun estaba enamorado de alguien que no le correspondía.
- ¿Nunca… nunca ha pensado en… luchar por Kasumi? – preguntó compadeciéndose de su pena. Ono terminó su labor y le habló de espaldas.
- No… yo desperdicié mucho tiempo pensando que un día lograría decirle mis sentimientos, pero ella encontró a alguien más que sin dudarlo apostó todo y ganó su cariño. Sería egoísta de mi parte incomodarla ofreciéndole mi amor.
- Pero doctor, ella tal vez…
- No… - el doctor volteó a verlo antes de declarar. – Si Kasumi es feliz… yo también. No importa que sea con alguien más Ranma… siempre y cuando ella esté bien, a mi no me importa lo demás, incluso aunque yo muera un poco cada día.
El hombre entró a paso lento al edificio, debía volver a sus labores y a pesar de sus declaraciones lo hacía con una sonrisa en el rostro, aceptando ahora el destino que le había tocado. Entonces Ranma se preguntó, ¿Si Tofu pudiera tener entre sus manos la esencia, la usaría? No, Ranma estaba seguro de que no, Por que de eso se trata el amor, no como el sentimiento egoísta que tú tratas de imponer. Sin más agitó la cabeza, no le gustaban los pensamientos que lo inundaban.
- ¿Nos vamos Ranma? – Akane había salido y aprovechando la soledad le había dado un beso en los labios.
- Si… si vamos. – dijo mirándola. Akane se sintió confundida antes de que él le tomara la mano para salir de ahí, la mirada de Ranma lucía como si tuviera una lucha interna muy grande.
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La llegada a la casa había sido silenciosa por parte del joven Saotome mientras Akane hablaba de su día, lo feliz que estaba con los resultados del entrenamiento hasta ahora y lo emocionada que estaba por recibir las clases por parte de Ranma, que habían acordado, comenzarían luego del viaje que habían empezado a planear.
Rato después se encontraban en la cocina terminando de preparar la comida, cuando Ranma miró el reloj, faltaban cinco para las 2pm. Su primer instinto fue votarlo todo y salir corriendo por la esencia, esta sería la última dosis que terminaría por enamorar definitivamente a Akane.
Tratando de mostrarse calmado, había dejado en orden los utensilios que estaba utilizando para terminar de cortar la ensalada que acompañaría los alimentos, incluso esperó a que Akane terminara de acomodar arroz en los tazones antes de decirle.
- Ahora vengo. – dijo dándole un beso en la sien, sin esperar contestación.
Al llegar a su habitación, hizo los movimientos que había hecho durante los últimos días; buscó la esencia, oprimió el gotero, destapó el frasco y acercó la pipeta a su cuello mirando el reloj de la pared, esperando los últimos segundos para hacer la labor.
- Te amo. – retumbó en el silencio de la habitación. Saotome volteó hacía la puerta dejando caer su mano derecha que era la que sostenía el goterillo y también su mano izquierda que por su lado, aun llevaba cargando el frasco con la esencia.
- ¿Qué? – preguntó con la esperanza de haber escuchado mal. Akane rió un poco ante su cara de sorpresa y repitió desde el marco de la puerta.
- Que te amo… y mucho. Solo quería decírtelo. – dijo dando un paso al frente, entrando a la habitación. – No sé porqué, cada que intentaba decirlo, algo pasaba y… es solo que… - ella suspiró dando otro paso al frente. – Estoy tan feliz Ranma. Siento que nunca habíamos estado tan bien y… no sé… - dio otro paso. – Yo… necesitaba decirlo antes de que me explotara algo aquí dentro. – habló con una sonrisa tocando el lugar donde estaba su corazón, dando un último paso que la dejó a menos de un metro de su prometido. – Te amo Ranma. – terminó por reafirmar.
En ese momento, Ranma confirmó lo que ya sabía.
"… siempre y cuando ella esté bien, a mi no me importa lo demás, incluso aunque yo muera un poco cada día." Las palabras de Tofu repitiéndose con fuerza en su cabeza.
Entonces… Ranma soltó el frasco y el gotero, ambos estrellándose contra el piso de madera, quebrándose en el instante del impacto, esparciéndose la esencia por el suelo sin remedio mientras el reloj marcaba las 14:00 en punto.
- ¿Ranma? – cuestionó ella viendo los pequeños trozos de vidrio esparcidos a sus pies mientras se alejaba para no pisarlos. Saotome, al contrario, se acercó a ella, sin importarle que pequeñas piezas se incrustaran en sus plantas descalzas y la abrazó, la abrazó con fuerza y con lo último de confianza que quedaba dentro de sí antes de que el efecto de amor en Akane comenzara a desaparecer.
- Yo también te amo, más de lo que alguna vez podrás imaginar. – declaró cuando el reloj, sin esperar más, dio como sentencia las 14:01.
Akane aspiró con fuerza contra el cuello masculino y de pronto, una sensación la estremeció. Ya no sentía nada. Esa bruma que le opacaba los sentidos que la ataba a Ranma, ya no estaba. No es que lo amara menos, simplemente, la nébula que le embotaba los sentidos hasta hacerla perder el juicio, no estaba. La descompresión de su sistema fue tan fuerte, que incluso la inundó un mareo que su prometido notó y la sostuvo cuando percibió que el cuerpo de Akane se aflojaba.
- ¿Estás bien? – preguntó con miedo, separándose un poco para verla a la cara. La muchacha asistió sin voz, recobrando su fuerza poco a poco. Al mismo tiempo Ranma la fue soltando hasta dejarla completamente libre, había notado el cambio en Akane y no quería que ella se sintiera incómoda. - ¿Ne… necesitas algo? – se atrevió a soltar cuando dejó de tocarla.
- No... – confundida dio media vuelta, Ranma la siguió hasta el marco de entrada viéndola caminar con lentitud por el pasillo hasta entrar y encerrarse en su habitación. Sin más que hacer, se dejó caer al suelo ante el sentimiento más grande que había tenido en toda su vida, desamor.
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Habían pasado tres días desde aquel "final" se hubiese dado en la habitación del joven de ojos azules, la familia había vuelto puntual y los encontraron sin hablarse, pero como eso no era novedad, no dijeron nada.
Mientras que Ranma se encontraba desolado con el rechazo de la joven Tendo, Akane no terminaba de descifrar que era lo que había pasado en aquellos cuatro días, donde incluso, había estado a punto de tener intimidad con él. En algunos momentos, una punzada repentina se presentaba en su cuerpo y le exigía correr y aferrarse a él como si no existiera mañana pero, esta, desaparecía igual de rápido que como llegaba.
Aquella tarde, mientras Akane estaba sentada en la mesa del comedor de Frederic, mientras estudiaba para un examen final, no lograba concentrarse como le pasaba desde el momento en que había dejado tras de ella a Ranma en la habitación. Desde entonces no se habían hablado más que para lo necesario, un hecho que sin explicación aparente no podía ser reparado.
- ¿Me estás oyendo? – el joven frente a ella preguntó.
- Si, si, perdón… - se disculpó intentando releer el párrafo en el que había estado metida durante la última media hora.
- Si, claro… Querida, ¿Qué pasa contigo? Has estado muy distraída últimamente. – afirmó levantándose de la silla, yendo a la cocina y regresando con una taza de café nueva en la mano, su adicción al café importado hacía que su departamento siempre tuviera ese aroma.
- Nada… - suspiró, no sabía como explicar la situación que la embargaba. – nada… - repitió sin ganas.
- Bien, cuando estés lista para contarme seré todo oídos. Por lo pronto, y espero que no te importe, me voy a retirar, sabes que puedes quedarte todo lo que quieras.
- ¿A dónde vas? – Akane lo miró con suspicacia.
- Tengo una cita.
- No me digas que por fin Hirai se animó a invitarte.
- Pues si. Ya era hora, había comenzado a pensar que estaba más interesado en ti que en mi. Con eso de que a cada rato te rondaba. – dijo dejando la taza, que ya iba por la mitad, en la mesa frente a Akane.
- Sabes que solo trataba de sacarme información de ti. – riendo, recargó su cabeza contra la mesa. Ya no tenía ganas de estudiar. Cerró los ojos durante algún tiempo, Frederic había puesto su música favorita a volumen alto y prefería distraerse con ella que pensar en sus asuntos, al menos por un rato. No entendía la lirica pues estaba en francés, pero le ayudaba a relajarse.
No supo cuanto tiempo permaneció así, sin embargo el momento acabó cuando la estancia se llenó de un fuerte olor a perfume que incluso opacó el aroma de café.
- ¡Fredi! ¡Te he dicho millones de veces que no te pongas tanto perfume! ¡Esa cosa marea! No sé como puedes aguantarla. – Akane hizo aspavientos con la mano de manera inservible.
- Eso dices porque soy yo, no fuera un chico que te interesara por que estarías olisqueándolo sin cesar, lo he visto pasar en todas las chicas.
- ¡No es cierto! – reclamó cuando el chico oprimió de nuevo el aspersor, poniéndose otra dosis.
- Uy, lo olvidaba, la jovencita no está interesada en nadie, a menos claro, que ese "nadie" lleve trenza y tenga ojos azules, además claro de un atlético cuerpo de guerrero que…
- Ya basta… - dijo algo molesta, ni aunque Frederic fuera gay iba a permitir que hablara así de Ranma. – Yo no hablaba de estar interesada de otros chicos, me refería a que Ranma – lo mencionó sin poder evitarlo. – No necesita ninguna clase de loción, él por sí mismo… - sus palabras se apagaron.
- ¿Por si mismo qué? – cuestionó impaciente
- Tengo que irme. – recogió rápido sus cosas. – Te veo luego. – Akane salió casi corriendo del departamento.
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Abrió casi con miedo la puerta de cristal de la cual colgaba un letrero en hindú. Al entrar al negocio una campanilla sonó y el vendedor apareció con una sonrisa en el rostro.
- ¡Bienvenida! – la recibió con gusto, luego al identificar quien era, amplió su sonrisa y dijo. – Akane, ¿No es cierto? Que gusto verla por aquí. ¿Y el chico Ranma? ¿Viene sola?
- Si… emm… en realidad quería… - buscó una escusa en su mente, tal vez sus conjeturas eran erradas. – Quería ver su tienda. – terminó por decir.
- ¡Que bien! ¡Que bien! – entonces se acercó a ella y la tomó del brazo, arrastrándola hacia el lado derecho. – Aquí tenemos de todo, vasijas. – dijo señalando los objetos.
- No gracias, yo… - la llevó a otro estante.
- Indumentos para la mesa. – le extendió un plato de cerámica de color verde.
- Es bonito, pero… - ante la duda y el rechazo por tomar el plato, el hombre lo dejó en su lugar y la movió a otro lugar.
- Ropa de excelente calidad.
- No, no… - dijo intentando ser cortés. – en realidad… estoy buscando… bueno… es que Ranma me dijo… de lo otro… - probó suerte, lo cual funcionó.
- ¡Ah! Claro, claro. – movió su dedo índice en comprensión con un gesto perspicaz en la cara. – Por aquí por favor. – la guio hacia una pared cubierta por un tapiz colgante y moviéndolo, abrió una puerta tras él. – Adelante por favor. – le cedió el paso.
Akane miró hacia arriba notando el gran tragaluz que formaba figuras curiosas por su forma de vitral. Luego, su vista se paseó por la habitación, los estantes con sustancias de colores le parecieron así como interesantes tétricas.
- ¿Y bien? ¿Qué necesitas chica? – preguntó con entusiasmo el hombre. Tras pensarlo un momento, Akane habló.
- La verdad no sé si pueda ayudarme, es complicado.
- ¡Claro que puedo! – dijo con una sonrisa, seguro de si mismo. - ¡La química lo puede todo!
- ¿Química? – confusa preguntó acercándose a la mesa central.
- ¡Por supuesto! Aunque claro, tiene un poco de mis habilidades personales. – presumió. – Dígame cual es el problema y le daré una solución.
- Verá… - sin poderse contener más soltó. – lo que Ranma usó… yo quisiera… - dejó al aire esperando una respuesta, el vendedor por un momento la miró conflictuado.
- Pero chica… él ya está enamorado de ti, tú no necesitas eso.
Akane se sintió mareada, acababa de confirmar sus sospechas. Ranma había utilizado algo en ella. ¿Una posición de enamoramiento? ¿Y por qué el hombre decía que Ranma ya estaba enamorado? ¿Acaso él le habría mentido para que el vendedor le diera esa… "lo que sea"? Comenzó a tener unas enormes ganas de llorar ante la decepción tan grande, Ranma y ella podían llegar a detestarse hasta límites insospechados, pero… ¿Hechizarse? ¿Tanto la odiaba? Habían pasado juntos por cosas inimaginables, embrujos, conjuros, magia, todo siempre venía de otras personas queriéndolos obligar a hacer algo, y se habían cubierto las espaldas entre ellos dos siempre, sin importar que, y ahora descubría esto. De cualquiera pudo haber esperado algo como eso, de cualquiera, MENOS DE ÉL.
Trató de recomponerse, necesitaba saber los detalles.
- No… no es para mi… es para una amiga.
- ¡Ah! Ya comprendo. – el señor comenzó a moverse por todos lados reuniendo los ingredientes necesarios, luego, en su mesa de trabajo, empezó con la preparación.
- Y… ¿Me puede explicar como funciona? Es que Ranma me comentó algo, pero no comprendí bien.
- Bueno… - dijo mientras mezclaba. – El amor es una combinación química perfecta entre dos personas, las personas tenemos algo llamado feromonas que son en gran parte responsables de la atracción hacia otra persona, esto está ligado de manera inherente al olor corporal. – Akane asistió y él continuó. – Así que este es un potenciador de esencia corporal, "La esencia del amor", los resultados son garantizados.
- ¿Cuánto dura el efecto?
- Pues, eso depende de la función que le quieras dar. Si lo que tu amiga quiere es una noche, el efecto durará solo 24 horas en cada uso. Pero si lo que quiere es enamorarlo de verdad y hace los pasos debidamente, el efecto es permanente. – dejó de mezclar y tapó el frasco. - ¿Sabes como debe prepararlo y usarlo?
- No. – negó mientras recibía el liquido celeste y lo observaba de cerca.
El brillo hipnótico de la sustancia atrapó su atención haciendo imposible despegar sus ojos de él mientras escuchaba la explicación de uso.
- ¿Entendiste? Ella debe hacer todo exactamente como te lo acabo de explicar o la esencia no funcionará.
- Si… si entendí… yo le explico.
- Me parece excelente. – dijo conduciéndola fuera de la habitación, llevándola hacia la caja registradora. – Entonces le cobro 2 millones 500 por favor.
- ¿Q… qué? – casi olvidó todo ante la cifra tan alta.
- Son 2 millones 500Y, por favor. – repitió sonriente.
- Ahh… - pasmada y por inercia sujetó su bolso.
- No me diga que es igual de tacaña que ese chico novio suyo… se quejó del precio todo el tiempo.
- No, no… - rio nerviosa. – Es qué, Ranma… Ranma no me dijo la cantidad y… yo no traje suficiente efectivo. – se excusó.
- Tenemos pago con tarjeta. – sin quitar la sonrisa sacó una terminal bancaria de debajo del mostrador.
- ¡Qué bien! – abrió su bolso con lentitud. - ¡Súper! – dijo con una mueca de desconformidad mal disimulada mientras sacaba su cartera. Le extendió al vendedor su tarjeta de débito, y cuando el plástico abandonó sus dedos supo que ya no podría echarse atrás, ¡Adiós parte significativa de sus ahorros!
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Ranma se encontraba sentado en mitad del dojo, el desánimo no lo dejaba ni siquiera con el duro entrenamiento por más que se esforzara.
Durante los últimos días las ganas por acercarse a ella le hacían sentir hormigueo en todo el cuerpo, las manos le quemaban por tocarla y la boca le punzaba por besarla, ¿Así iba a ser siempre? Probablemente si, a veces se auto consolaba pensando que al menos había tenido la oportunidad de acercarse a ella como nunca hubiera pasado y al final haber hecho lo correcto le daba una extraña satisfacción, seguramente a eso se refería Tofu con ser feliz si ella lo era, aunque claro, también había comprobado que su alma moría lentamente cada que se la cruzaba en la casa y ella se notaba incómoda, posiblemente tratando de olvidar todo lo compartido con él.
Encontrando los ánimos para levantarse, por fin se puso de pie, agradecía internamente no tener que dar clases por la temporada decembrina, actualmente no sabría que hacer con todos sus estudiantes llevando a cuestas su situación actual. De pronto, el sonido de la puerta abriéndose lo alertó pero ni siquiera se tomó la molestia de voltear, pues, esperaba la voz de su madre o Kasumi anunciando la cena.
- Ranma. – Inmediatamente el joven se dio la vuelta, casi con susto comprobó que se trataba de Akane, peor aun, cuando ella le arrojó algo y al atraparlo por inercia observó el frasquillo con el liquido celeste transparente que bien conocía.
- A… Aka… Akane… - tartamudeó ahora viéndola con miedo.
- No, ni siquiera te esfuerces en explicarme algo. – ella se esforzó por no llorar frente a él, pensó que sería fácil enfrentarlo con la cantidad de furia que tenía pero inevitablemente la decepción era más grande. - ¿Cuántas veces luchamos juntos contra cosas como hechizos, pociones, conjuros y demás estupidez con las que querían controlarnos?
- Akane yo…
- No… - lo interrumpió. - ¿Qué querías? ¿Humillarme? ¿Burlarte de mi?
- No, claro que no yo…
- Sabes que… - a pesar de su rostro estoico de su ojo derecho cayó la primera lágrima. – No importa, ya no… - ella lanzó una risa al aire antes de continuar. - ¡Que estúpida! Incluso tuve la ingenuidad de preguntarte si me estabas ocultando algo, si habías hecho algo conmigo. – una segunda lágrima cayó de su ojo izquierdo. – Y me dijiste que no, no una, ni dos veces, fueron varias.
- Yo… escucha Akane… yo.
- No. – ella negó, a pesar de ni siquiera estar levantando la voz, su tono era tan determinante que lo intimidaba. – Te pedí que no fueras a traicionarme… - su voz se quebró. Ranma se acercó a ella, pero la joven levantó las manos indicándole que ni se le ocurriera tocarla. – Se acabó. – dijo dándose la vuelta.
- ¿Se… se acabó? – el pánico se apoderó de él, si en ese momento Akane le hubiera pedido que se arrodillara y le suplicara perdón lo habría hecho con tal de no perderla.
- Permanecí años en este compromiso por muchas razones que seguramente a estas alturas ya descubriste. – habló con una sonrisa irónica, llena de tristeza. – Creo que debí de haber tomado esta decisión desde hace mucho, pero nunca tuve la fuerza para hacerlo.
- ¿De qué… estás hablando…
- En la cena anunciaré el término del compromiso a la familia. – la muchacha se dio la vuelta y Ranma vio como le temblaban los hombros y oyó como comenzaba a llorar . – Estoy consiente que el dojo te necesita mucho más que a mi… así que no te voy a echar de la casa, solo no vuelvas a acercarte a mi.
- Espera Akane… - la tomó del hombro antes de que saliera. – Yo no quería burlarme ni tampoco humillarte yo solo…
- ¡Te dije que ya no me importa! – le gritó por fin, encarándolo con el rostro lloroso - ¡No me importa nada! ¡Por mi puedes morirte con tal de que me dejes en paz! – lloró más fuerte. Ranma se quedó pasmado, las palabras clavándose en su alma peor que un puñal. Akane entonces se fue del lugar.
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Había pasado un mes, un largo y difícil mes. Akane se había enfrascado en lo último de sus estudios, ya estaba a nada de graduarse y lo peor es que le había dicho a la familia que terminando, se iría con Frederic a su país natal, Francia, a hacer una especialidad en enseñanza.
Ranma por su lado, no lo calentaba ni el sol, sabía que se merecía cada desprecio de Akane por acercarse a ella, cada desplante cada que intentaba hablarle y cada grosería que salía de su boca, y aun así seguía intentando con todas sus ganas, sobre todo después de enterarse que se iría al extranjero, pero nada parecía funcionar.
Aquel día de invierno Ranma entró a su cuarto sin ánimos de nada después de la cena, el ambiente había sido muy extraño, además del distanciamiento de los ex prometidos, la presencia de Kashiwagi Masahiro, dueño de algunos restaurantes locales, había hecho la cena algo incómoda, pues había ido a pedir oficialmente la mano de Kasumi y nadie esperaba aquello.
Ranma se preguntó que clase de idiota era ese tal Kashiwagi, aunque Kasumi parecía contenta, había algo en ella que no encajaba del todo con él, y todos deducían que se debía a que no estaba del todo enamorada. Sin embargo, ¿Qué haría yo en su lugar? Claro… si ya lo estuve, estuve comprometido con Akane por seis años, y aunque algún tiempo tuve mis dudas sobre sus sentimientos, luego comprendí que ella no me amaba y aun así seguí con el compromiso. Al final, la diferencia entre él y yo, es que ese hombre es lo suficientemente inteligente para hacerse el ignorante de lo que siente Kasumi mientras ella quiera continuar y por supuesto tratarla bien, no como el idiota de mi, que no conforme con tratarla como un patán, voy y le pongo una poción encima. Ranma se golpeó la cabeza, esperaba que el dolor le aliviara el pesar pero como siempre pasaba, no funcionó.
- Oye Ranma… - Genma entró corriendo al cuarto y cerró tras de si. – Ayer hice una pequeña travesura, así que voy a llevara tu madre a pasear para que se le pase el coraje. – dijo metiendo la cabeza al armario, buscando algo mejor que ponerse. Tras unos segundos sacó uno de los pantalones de Ranma y lo sobrepuso en su cuerpo. – ¿Crees que esto me quede?
- Deja mis cosas viejo. – dijo casi sin ganas, volteándose en el futón para no verlo, no tenía ganas de lidiar con él.
Genma, minutos después habló.
- Ranma, ¿Me veo bien? – al final había encontrado unos viejos pantalones de mezclilla que a pesar de los años de desuso aun servían. – Ranma… - lo movió pensando que estaba dormido.
- Si, si, muy bien. – ni siquiera lo miró.
- ¡Genial! – oyó como movía los cajones del mueble con espejo. – Hoy el encanto Saotome debe funcionar a la perfección. ¿Qué es esto? – preguntó más para si mismo que para Ranma. – ¿Será perfume? – hizo una pausa. – No huele a nada.
El menor de los Saotome se dio la vuelta dispuesto a gritarle que se callara cuando vio lo que llevaba su papá en las manos.
- ¡No! – gritó poniéndose de pie de inmediato y arrebatándole el pequeño frasco.
- ¿Qué pasa contigo Ranma? – el hombre del turbante se puso a la defensiva dispuesto a pelear por el frasquillo por el puro gusto de combatir por algo, sin embargo, Nodoka entró al cuarto frustrando cualquier cosa.
- ¿Nos vamos querido? – habló con expresión de enojo, a saber que era lo que Genma quería hacer que olvidara.
- ¡Claro querida! ¡Pero que bonita luces hoy cariño!
- ¡Oh! ¡Cállate Genma! – aunque seguía con el ceño fruncido, un tenue sonrojo le pintó a penas la punta de la nariz.
Ranma se quedó solo, con la esencia que había guardado hace un mes en la cómoda. A ciencia cierta, no tenía idea de porque lo había hecho, muchas veces había tenido la intención de quebrarla, pero no lo había hecho, tal vez, en algún punto, la había guardado como recordatorio de lo idiota que era, como auto castigo por lo que le había hecho a Akane.
Sin embargo, ahora que estaba en sus manos, una idea cruzó su cabeza, ya nada podía empeorar las cosas, y si eso le ayudaba a recuperar a Akane, lo iba a hacer.
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- Familia, yo quisiera decirles algo importante. – Todos le prestaron atención a la chica de cabello azul cuando se levantó durante la comida de domingo. – Sé que les había dicho que me iría aproximadamente a mediados de Abril a Francia, pero Frederic, tiene asuntos urgentes y programó su salida dos días después de la graduación. Así que… he decidido… irme la misma fecha que él.
- Hija, no me hagas esto. – Lloró Soun. – A penas me estoy haciendo a la idea de que te irás y ahora adelantas el viaje, eso es en menos de una semana. Estoy seguro que tu amigo comprenderá si te vas después, como habías planeado o mejor aún, ¿Qué tal en junio? Dicen que siempre es mejor viajar en verano. – inventó suplicando.
- Lo siento papá.
Sin ninguna explicación, Ranma se levantó y se retiró del comedor.
Tiempo después, luego de escuchar las peroratas de la familia, Akane subió sin ganas a su habitación. Tampoco tenía ganas de irse, pero ya no aguantaba la situación con Ranma.
- Hola. – Akane brincó al cerrar la puerta cuando entró a su cuarto.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – habló con molestia.
- Vine a darte un regalo.
- ¿Ah si? ¿Un regalo de despedida? – se burló. – Que atento, pero no me gustan los regalos de despedida, especialmente si vienen de personas… - lo barrió con la mirada. – como tú. Así que hazme el favor de irte. – abrió la puerta y le señaló la salida.
Ranma se levantó y cerró la puerta de un empujón y Akane bufó.
- No te preocupes, este te va a encantar, te va a dar la oportunidad de hacerme mierda si te da la gana. – Akane lo miró con confusión y ofuscamiento ante su vocabulario tan "fluido"
- ¿De qué… - Ranma le tomó la mano y en la palma le puso algo que al tacto era frio.
- Supongo que sabrás como usarlo.
Akane vio su mano, en ella el frasco de esencia, de ahora un color negruzco.
- ¿Qué pretendes Ranma? ¿Engatusarme de nuevo? – meneó el frasco como si le diera asco.
- No, en realidad te estoy dando la venganza que seguro deseas. Podrás hacer conmigo lo que te plazca, yo ni siquiera me voy a resistir.
Akane se quedó congelada, viendo intercaladamente a Ranma, quien sonreía y a la esencia en su mano. Comprendiendo por fin a lo que se refería.
- No… - dijo incrédula.
- Si, lo único que tienes que hacer es ponértela.
- ¿Qué… qué estás diciendo? – sin creerle aún se alejó de él aún con la botellita en la mano.
- Hazlo Akane. Yo ya no tengo nada que perder. – le explicó, sin más caretas habló con valor por primera vez. – Yo nunca mentí, pude haber sido el idiota más grande al usar la esencia contigo, pero nunca te mentí. Siempre fui yo, cada beso, cada abrazo, cada maldita palabra que te dije fue cierta.
- No… - anonadada por la circunstancia y sus palabras negó. – Yo no quiero hacerlo.
- Yo si, he intentado disculparme y tú no has querido ni siquiera escucharme. Así que, ahí la tienes. – le señaló el frasco en sus manos. – Esa es mi disculpa. Incluso si quieres terminar el proceso y luego patearme el trasero para sacarme de tu vida, lo voy a aceptar.
- ¡E… estás loco! ¡No voy a hacerlo! ¡Ni siquiera voy a prepararla! – casi con miedo la dejó rápidamente sobre su escritorio.
- No tienes que hacerlo. – Se acercó y tomando la esencia la volvió a poner en sus manos. – Ya está lista para usarse.
- ¿Qué? ¿Có… cómo? No… no es cierto, el señor Brahma me dijo como hacerlo y yo tendría que poner mi esencia en esto y no lo he hecho y… - Ranma interrumpió sus escusas.
- Yo lo hice. Ayer después de que regresaras de tu trote matutino, es impresionante lo dedicada que eres, a pesar del frio corres con fuerza hasta que sientes la misma intensidad que cuando lo haces en verano. Tu ropa estaba empapada en sudor. – explicó
- ¡Eso es asqueroso! – lo reprendió
- A mi no me da asco en realidad. Lo demás fue más fácil. – se encogió de hombros. – Póntela.
- No. – intentó hacerse para atrás pero chocó con el escritorio.
- Hazlo Akane.
- No, no voy a hacerlo. – le advirtió cuando el comenzó a acercarse.
- Por favor. – le pidió con seriedad. – hazlo y estaré a tus pies. Aunque si quisieras, ahora mismo no es muy diferente. – sonrió con socarronería.
- ¡Linda Akane! – la ventana se abrió sin aviso revelando a un bultillo con máscara. - ¡Te traje un regalito preciosa Akane! – el maestro, que se notaba acababa de regresar de casería de prendas le extendió un conjunto rosa con encajes a la chica.
Ranma se interpuso y comenzaron a pelear de aquí para allá destruyendo la habitación en el proceso.
- ¡Basta! – ordenó, pero ninguno se detuvo. - ¡Paren de una vez!
- ¡Déjame Ranma! ¡¿Qué no ves que Akane quiere que te detengas para modelarme?!
- ¡Viejo enfermo! – De pronto el anciano lanzó una bomba de humo, todo se nubló y cuando menos lo esperó Akane ya lo tenía encima. Al defenderse, Akane golpeó con todas sus fuerzas, olvidándose de que el frasco seguía en su mano, quebrándose este dentro de su puño cerrado.
La joven gimió de dolor.
- Maldición… - masculló, por lo menos el maestro se había alejado de ella.
- ¿Estas bien Akane? – lloriqueó el señor sincero al ver que la sangre escurría de la mano combinada con un liquido que no distinguía.
- ¡Todo esto es culpa de ambos! ¡Los quiero fuera de mi habitación ahora!
- A… Akane… - la llamó. El humo dispersándose le dio a la chica la visión de Ranma con una rodilla al suelo. Lo vio levantarse y tambalearse, respirando con fuerza el aire que llegaba a su nariz, llevándolo con intensidad hasta sus pulmones. – Akane. – repitió y ella supo que algo no era normal, su tono era tan ronco que parecía que se quedaría sin voz.
Él levantó la mirada y Akane se espantó, sus pupilas estaban tan dilatadas que su ojo parecía de color negro completamente.
- Ranma… - lo llamó casi con miedo cuando recordó que la esencia en cualquier caso no debía exceder las cinco gotas y ahora la mayor parte de la sustancia había hecho contacto con su mano y el resto le había caído, sobre la media, haciendo contacto con su pierna derecha.
El gruñido que lanzó al aire Ranma fue tan atemorizante que Happosai se puso frente a Akane para protegerla pensando que quería hacerle daño.
- ¡Akane! – gritó cuando el maestro lo mandó a volar hacia afuera por la ventana. La familia entonces apareció y observaba como Ranma en el patio gritaba enloquecido el nombre de la menor Tendo.
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Ranma abrió los ojos, le dolía horrores el cuerpo. Al mirarse se dio cuenta que llevaba ropas de su padre que le quedaban flojas. No tenía idea de que pasaba y al mirar por la ventana notó que a penas estaba amaneciendo.
Se sentó sobre el futón y se dio cuenta que Genma estaba recargado contra una pared dormido abrazado a una espada de kendo. Sin hacer ruido para no despertarlo, intentó abrir la puerta y nada… no abría, algo la trababa por fuera. Fue hasta la ventana y notó que tenía unos clavos que aseguraban el marco para que no se abriera, sin mucho esfuerzo, los venció y salió de ahí.
Entró nuevamente a la casa por una ventana del pasillo, fue cuando observó que frente a su puerta estaba el maestro haciendo guardia, también estaba dormido y en sus piernas tenía una bomba sin encender. Caminó por el pasillo y vio a Soun en la puerta de Akane, el hombre también tenía una espada de kendo en las manos, igualmente dormido.
Extrañado a mas no poder, regresó a la ventana por la que había entrado y volvió a salir, yendo directamente a la habitación de Akane, sentía una necesidad bastante fuerte de estar con ella.
La ventana estaba trabada, pero Ranma conocía un buen truco para quitar el seguro por fuera, sin más se quitó la banda que anudaba su trenza y deslizó la mitad por el filo de la misma. Mientras hacía sus movimientos para abrirla, intentó buscar en su cabeza alguna pista de lo que había sucedido, entonces lo recordó o al menos lo último de sus memorias.
Akane diciéndole que no usaría la esencia, el viejo degenerado peleando en la habitación, el humo esparciéndose por todos lados y entonces un delicioso aroma inundando sus sentidos.
La ventana se abrió y por fin pudo ver a Akane. Estaba dormida en su cama, pero no estaba recostada, estaba sentada con las piernas encogidas recargada en la cabecera. Con cuidado la tomó en brazos, seguía oliendo divino. Utilizó uno de sus pies para abrir con destreza las cobijas y la recostó, la chica comenzó a despertar y cuando lo vio metiéndose junto a ella en la cama, se asustó.
- Ra… Ranma… - intentó alejarse de él, pero el muchacho le tomó la muñeca y la jaló para que se recostara a su lado. No tenía ninguna otra intención, solo lo hacía feliz tenerla junto a él y por alguna razón que no alcanzaba a comprender le parecía lo más sencillo del mundo hacer lo necesario para que ella estuviera cerca.
- Oye Akane. - habló cuando ya la tenía entre sus brazos. – ¿Usaste la esencia? Me siento extraño. – dijo casi como si nada.
- Si, pero fue sin querer. ¿Ya estás bien? – dijo alejándose lo más que él le permitió para poder verlo a la cara.
- Me siento bien. – le dijo intentando besarla. Ella alejó el rostro. – Lo siento. – dijo algo incómodo pero no la soltó.
- ¿Estás seguro? – ella se notaba muy preocupada.
- Si, ¿Me dejas besarte? – Ni siquiera el propio Ranma entendía como era que su lengua no tenía filtro, supuso que de alguna forma era efecto de la esencia.
- ¿Recuerdas lo que pasó? – Akane siguió interrogándolo.
- No… - lo pensó un poco pero sus manos sobre la cintura de Akane lo desconcentraban.
- Ranma, trata de recordar. – lo tomó por la cara para que le pusiera atención. – piensa Ranma, piensa. – lo alentó.
- No lo se Akane, lo único en lo que puedo pensar es en que tus manos son suaves, en que tu cintura tiene una forma estupenda y que quiero besarte, y si no me has mandado a volar supongo que ya me perdonaste. – Entonces intentó besarla de nuevo, ella le golpeó la frente. - ¡Akane! – reclamó mientras ella se deshacía con fuerza de su agarre y se alejaba de la cama.
- Quédate ahí. – ordenó y a él no le quedó de otra aunque sentía que la ansiedad le subía por la garganta. Sin más se quedó sentado.
- Akane… - intentó quejarse pero ella comenzó a explicar.
- Cuando se quebró el frasco, parecías un poseído, no reconocías nada, era como si me estuvieras buscando pero al mismo tiempo como si me confundieras con cualquiera. Ranma… hicieron de ti un títere, en especial Happosai y tío Genma, además de pronto apareció Shampoo y venía con Mousse, también hicieron lo suyo, y cuando apareció Ukyo, y, - Akane trataba de explicar y parecía frustrada. - y Ryoga, hace meses que no lo veía y se le ocurrió aparecer ese día. – terminó con molestia. – Y luego los Kuno, ¡¿En serio?! ¿No se suponía que estaban en el extranjero? – bufó enojada.
- Akane… eso fue… - intentó decir, curioso cuando notó que ella hablaba como si fuese un día lejano.
- Hace cinco días.
- ¿Cinco… cinco días? – ella asistió, luego continuó.
- Fui con el vendedor y dijo que la esencia que usaste estaba caducada, además la combinación con mi sangre y cantidad usada… bueno el resultado fue… él te comparó con un toro drogado y en… en celo…- habló un poco apenada de repetir aquello. - dijo que no había nada que hacer, que se te debía pasar solo. – la joven se quedó callada sin saber si decir lo siguiente. – Dios… si quieres saber más de ese día puedes ver la cintas que grabó Nabiki… y que ya vendió…
- Solo por curiosidad… ¿Fue muy malo?
- Digamos que hiciste cosas que no harías bajo ningún concepto.
- ¿Por ejemplo? – preguntó curioso.
- Me pediste matrimonio.
- Digamos que eso no me parece tan raro. – la incitó a hablar más, desde hace tiempo, de haber tenido valor, lo habría hecho.
- Gritando sobre el techo de Furinkan…
- Si estaba como drogado… - dijo meneando la cabeza como si fuera comprensible.
- Desnudo.
- ¡¿QUÉ!? – gritó y Akane le tapó la boca
- ¡Cállate! – pidió sin elevar la voz. – Vas a despertar a papá… y a todos…
- ¿Cómo… cómo que desnudo? ¿Por qué carajos estaba desnudo?
- No sé, todo el tiempo te quitabas la ropa y lo seguiste haciendo durante estos días… por eso traes esa ropa, tú… digamos que no tienes muchas prendas ahora.
- ¿Alguna otra cosa que deba saber?
- Golpeaste a tus prometidas luego de besarlas y darte cuenta que realmente no era yo… o tal vez, no sé… me confundías con alguien más y las golpeabas por defecto… ¿algo así?
- Supongo que lo merecían… - dijo casi sin arrepentimiento. - ¿Qué pasó luego?
- El segundo día estuviste menos fúrico, definitivamente reconocías quien era yo y eso en cierto sentido, fue más problemático.
- ¿Te hice algo malo? – preguntó con miedo.
- Me besaste a la fuerza varias veces, pero papá, tío Genma, Happosai y el doctor Tofu estuvieron cuidándome. Tofu fue el que te mantuvo realmente controlado, te noqueó con puntos de presión, pero el señor Brahma, dijo que no lo recomendaba, que le parecía mejor que estuvieras consciente quemando por ti mismo la esencia, así que Tofú estuvo sacándote la energía suficiente para tenerte controlado entre los cuatro.
- ¿Estás segura de que no te lastimé de ninguna manera?
- No. – ella sonrió ante su preocupación. – El tercer día no fue muy diferente. Y el cuarto caíste rendido por ti mismo, pero de pronto despertabas como loco con intenciones de encontrarme. Tuvieron que hacer guardias mientras dormías. Y ayer fue parecido pero te levantaste solo dos veces.
- No te hice daño, ¿Verdad?
- No
- Me alegra escuchar eso. – le tomó las manos. – Y lo más importante, ¿Me perdonaste? ¿Akane? – insistió cuando ella bajó la cabeza. - Por favor… - su tono triste cambió a determinación. – Dime… ¿Qué quieres que haga para que me perdones? Soy capaz de hacer lo que quieras… o al menos dime que lo… pensarás. – pidió esperando que al menos ella le diera una esperanza.
- Aún siento un nudo en el estómago de saber que fuiste capaz de hacerme eso Ranma… eres la persona en quien más confío y si tu me fallas… ¿Qué puedo esperar del resto del mundo?
El corazón de Ranma bombeó con fuerza, ella había dicho "confío" no "confiaba", definitivamente era bueno.
- ¿Por qué lo hiciste? – preguntó por fin queriendo escuchar la explicación que no lo había dejado decir hace más de un mes.
- Estaba celoso… - dijo acariciando sus manos. – Habías dejado muy claro que te daba asco… y de alguna manera se me cerró el mundo… Necesitaba que me amaras…
- Ranma… - iba a objetar algo, pero él continuó.
- Aún lo necesito, quiero que me ames tanto como yo te amo a ti. Aunque claro, eso puede que sea demasiado… pero al menos me des la oportunidad de enamorarte a partir de ahora, prometo tratar de controlar mi impulso de idiotez. – dijo encogiendo los hombros. Sin saber que más decir, ella se quedó callada pensando y durante los minutos que duró el silencio, Ranma no hizo afán de presionarla. Quería que se sintiera libre de responder.
- Yo no… no… mentí tampoco… del tiempo que pasamos juntos… nunca dije ni una sola mentira. – Le confirmó mientras sus ojos se humedecían. – Tal vez… no te hubiese rogado para ciertas cosas. – le aclaró con una media sonrisa – pero por lo demás… yo si te amo Ranma, y no puedo creer que nos hayas metido en esto para nada.
- Lo siento. – el por fin sonrió feliz y descansando su alma abatida se inclinó a besarla, esta vez ella no se negó y dejó que lo hiciera. De alguna forma le transmitía su sinceridad, su disculpa, sus promesas futuras, todo lo que él tenía para ofrecerle estaba en ese beso.
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- Yo… - Ranma titubeó, no tenía ganas de disculparse. – Yo… lo… - tragó saliva, sabía que si no se disculpaba Akane no se movería de ahí y él no aguantaba las ganas de irse a un lugar privado.
La gente pasaba sin prestarles atención, sin embargo los empleados del aeropuerto, que los habían visto desde su llegada, los miraban curiosos pues ya llevaban parados ahí más de quince minutos.
- Apresúrate. – Akane le dio una palmadita a en la espalda, la condenada mujer tenía una sonrisa de burla en el rostro.
- Si, si… - bufó antes de soltar rápidamente. – Siento haberte golpeado el otro día Frederic.
- ¿Tanto te costaba querido? – le dijo el francés dándose la vuelta guiando sus pasos fuera de la sala de espera. Akane rio yendo tras él mientras Ranma volvía a bufar y cargaba con las maletas.
- ¿Y Hirai para cuando llega? - Preguntó Akane cuando ya salían al área de estacionamiento del aeropuerto.
- Ese es otro que me debe disculpas. Me mintió diciendo que vendría conmigo desde el principio, pero ha ido retrasando la fecha por asuntos personales, a estas alturas ya no me hago ilusiones. – Dijo abriendo la cajuela del coche para que subieran las maletas.
- Vamos… yo creo que si llegará.
- Bien, tal vez mi grado de esperanza subió un poco, si tú viniste, tal vez él también, y mira que ya te daba por perdida, aunque claro solo vas a estar tres meses en lugar de venir a vivir conmigo y vienes acompañada, ¡Adiós noches de solteros!
- ¿Qué noches de solteros Akane? – celoso preguntó su esposo.
- Fredi… - amonestó ella sin quitar la sonrisa cuando subían al auto.
- ¿Qué no tienes sentido del humor Saotome? No es como si alguna vez hubiera convencido a esta santurrona para que viviera la vida nocturna fuera de los maratones de películas en mi casa.
La plática se extendió hasta que pararon en un edificio blanco ubicado en un bulevar tranquilo para las concurridas calles de Marsella.
- Solo les voy a dar tres días para que inicien su luna de miel, el martes paso para irnos a visitar París. – les advirtió cuando bajaron las maletas y les dio las llaves de uno de los departamentos. Akane luego le explicó que la familia de Frederic se dedicaba a los bienes inmuebles y que su regalo de bodas para ellos sería el hospedaje completo de los lugares en los que estuvieran en Francia.
Entraron en el departamento con el número 70 del último piso, Akane inmediatamente corrió al balcón que daba hacia el puerto y admiró las vistas. Ranma por su lado, solo la observó arrojando las maletas a cualquier sitio, más fascinado por las vistas que obtenía de Akane que de la ciudad, normal para un hombre joven y sano, que había tenido que esperar un mes más luego de la declaración en la alcoba de ella sin ningún acercamiento subido de tono, además de 24 horas de vuelo con escalas incluidas y otra hora más desde su llegada a la ciudad, su prioridad en ese momento era más bien tomarla y consumar los deseos que Akane había avivado aquellos días cuando la esencia estaba actuando en ella.
- Akane… - la llamó, pero ella seguía hablando de lo azul del agua frente a ella.
- Es precioso. Ranma hay que ir a dar una vuelta, aun es temprano así que tal vez alcancemos a tomar el almuerzo en algún sitio bonito.
- No Akane. – dijo sentándose en el sillón. La chica al verlo pensó que estaba cansado del vuelo, luego de cerrar las cortinas del balcón se acercó a él.
- ¿Estás muy cansado amor? – Ranma le extendió la mano y ella la tomó. En el instante la jaló, acomodándola de manera alevosa sentada sobre él. – Ranma… - se quejó.
- Podemos ir mañana a donde tu quieras. – Dijo acariciándole la cintura, aunque no duró mucho, pues casi enseguida comenzó a acariciar la cadera femenina. – Hoy vamos a hacer otras cosas más interesantes que no has querido adelantarme a pesar de que te he casi rogado por ello. – sus manos bajaron aun más sobre los jeans de su esposa, y aunque los colores se le subieron un poco a Akane al rostro, tampoco iba a detener a su esposo de explorar el lugar donde la espalda perdía su nombre.
- Aun pienso que te lo tenías merecido. – ella suspiró sin remedio cuando él metió su cara a su cuello y comenzó a besarlo con afán.
- Pensé que… me habías perdonado… aquella noche en tu habitación... – le recordó entre cada beso, ahora apretando con sus manos lo que cientos de veces había visto solo contonearse a la distancia. – Y eso… no es perdonar Akane… eso es venganza… - sus besos comenzó a bajarlos mientras que coordinaba una de sus manos para ir abriendo la chamarra y el suéter de ella, entonces Akane descubrió que su esposo tenía la habilidad de besar y abrir los botones de su blusa al mismo tiempo, ambas cosas con la boca que no se quedaba quieta.
- Si no te hubiera perdonado, no me hubiera casado contigo tan pronto, ¿Tengo que recordarte que yo prefería casarme hasta el otoño siguiente y que en mis planes no estaba traerte a Francia? – preguntó notando que el aire frio ya le rozaba la piel, el astuto Ranma ya la había dejado en sostén.
- Que egoísta eres Akane. Este devoto tuyo lo único que quería era cumplir esos deseos que me llegaste a rogar, Hasta querías ducharte conmigo, ¿Recuerdas?
- Lo que yo recuerdo es que tu dijiste que no habías mentido y ahora me doy cuenta que era mentira cuando me decías que querías respetar… me. – Definitivamente su esposo no la estaba "respetando" en ese momento. Antes de que los besos que estaban por encima de la única tela que lo separaba de su busto fueran más atrevidos, lo tomó por la cara y lo besó de manera tierna. Ranma automáticamente se tranquilizó.
- Lo siento. – se disculpó cuando se separaron sabiendo que para ser la primera vez se estaba comportando como si trajera ella la esencia sobre la piel. Akane negó con la cabeza dándole a entender que no estaba molesta y lo abrazó con fuerza.
- ¿Quieres que te diga un secreto? – preguntó ella con un tono casi mimado.
- Dime lo que tu quieras amor. – Ranma nunca dejaría que lo oyeran diciendo esas palabras así de cursis pero estando a solas no se reprimía de decirlas.
- Siempre, desde que te conocí… me ha encantado como hueles.
- ¿En verdad? – con sorpresa se separó de ella, intentando captar si le estaba mintiendo o no.
- Si, incluso… - ella bajó un poco la mirada avergonzada. – cuando… terminas de entrenar y… no sé, hueles muy bien.
- La combinación química perfecta entre dos personas, ¿No?
- ¿A ti te gusta como huelo? – preguntó con una sonrisa
- Odio que uses perfume, a ese grado me encantas. Tú, mi querida esposa, eres para mi, la esencia del amor.
Ranma cargó con ella, el dormitorio esperaba por ellos, definitivamente serían tres días muy productivos.
FIN
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Aclaraciones.
Partiendo del punto en el que Ranma dijo que la esencia le había costado seis meses de salario, investigué en google y es más o menos el precio que el vendedor le da a Akane.
N/A
Todos ¡Seis!
Ya sé, estoy atrasada, pero este es para el 25, a mi favor diré que es un capítulo muy largo y no lo dividí, eso me da puntos extra ¿No?
Y bueno, gracias a todos por el apoyo en especial a:
· Chechy14
· Psicggg (x2)
· Koreia
· Benani0125
· Nancyricoleon
· Arianne Luna
· Juany Nodoka (x2)
· Felicius
· Elisa LJ, amiga este capítulo es especialmente para ti, tal vez no sea mucho pero espero te ayude un poquito a olvidar el mal trago de tu navidad. Un abrazo.
· Vane
· Romina Landa (x2)
· Pao Vedder
· Guest
· Lelek An3li
· Akai27
· Alicia
· Luz
A todos de nuevo gracias, mis mejores deseos para todos, Feliz Navidad… (atrasada xD) Los quiero un montón.
De este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.
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EXTRA.
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El doctor suspiró con cansancio al ver salir a su último paciente del día del consultorio. Tras hacer unas anotaciones para el expediente, se levantó dispuesto a cerrar la clínica. Al salir, se sorprendió de encontrar a una persona en la sala de espera.
La joven, lucía un rostro angustiado y luchaba contra su propia timidez.
- Kasumi… - la nombró, el hombre la vio ponerse de pie casi con susto. - ¿Qué haces aquí? ¿Ocurre algo malo? – el doctor se esforzó para no tartamudear, a pesar del tiempo en que Kasumi había estado alejada de él, el sentimiento de nerviosismo permanecía, ahora sin abrumarlo dado que ya la había dado por perdida.
- No… no… lo que pasa… - ella suspiró tomando fuerza. – Iré al grano. – declaró. – Ayer hablé con Akane, dice que lo están pasando muy bien en Francia.
- Ah, que bien, me…. – ella lo interrumpió.
- Hablamos por un rato, y después de muchos temas salió a colación algo que me dijo que no le dijera porque seguro se enojaría con ella, pero yo necesito preguntarle.
- Dime entonces. – la incitó al verla callada.
- ¿Está enamorado de mi? – Tofu se puso blanco, la joven no paró en aquello. - ¿Es cierto que si yo te pidiera salir conmigo lo harías? O si yo… si yo te dijera que rompí mi compromiso… ¿Me harías tu esposa por fin?
- Debo cerrar la clínica. – respondió después de algunos minutos en silencio.
- Ya lo hice por usted doctor. – Kasumi lo miró aun esperanzada.
- Ven Kasumi, vamos arriba, a mi casa, quiero mostrarte donde quiero que vivamos. – le dijo extendiéndole la mano, sonriendo como un tonto. – Y deja de hablarme de usted, ahora que eres mi prometida puedes hablarme de tú, o como tu quieras.
- ¿"Cariño" te gusta? – preguntó cuando ya subían las escaleras hacia la planta donde vivía el médico.
- Me encanta. – dijo abriendo la puerta y dejándola pasar. – Esta es la estancia, la puerta de la izquierda es el…
- Cariño… no te ofendas, pero he esperado muchos años y… solo vayamos directo al dormitorio, ¿Si? – habló con esa característica sonrisa inocente como si estuviera pidiendo una golosina. Tofu echó humo por las orejas, pero sin esperar más le cedió el paso indicándole hacia donde ir.
- Eres única Kasumi, realmente única. – dijo el hombre. En su mente, su último pensamiento coherente fue. Gracias Akane, muchas gracias. Antes de cerrar la puerta de la habitación.
FIN
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Es que no podía dejar a esta pareja separada, en especial por el lindo y buen Tofu.
