Respuesta a los Reviews:
MidnightRider01: Hello, my friend! ¡Muchas gracias por tu Review y por tus amables palabras!... En serio, es genial que la historia te esté gustando. Que digas que es excelente a pesar de que todavía no he mostrado los platos fuertes simplemente me motiva… Sobre lo del seguimiento: pues la verdad no molesta mucho que no haya tantos seguidores. Si me gustaría que hubiera más, pero entiendo que todavía la historia no lleva mucho tiempo en línea. Como quien dice, hay que darle tiempo al tiempo… De nueva cuenta, repito, ¡muchas gracias por tu Review!
Hater Issei: Hola. Muchas gracias por tu review… Descuida, el harem no será tan forzado como en el canon. De entre todas solo Rías y Asia serán las que caerán más fácilmente (pues fueron junto a Akeno e Irina de las pocas cuyas razones para estar enamoradas sí tuvieron sentido). Yo quiero explorar las distintas facetas de cada una, y explorar un poco más en sus personalidades. No quiero simplemente que vean a Issei y digan: «Ah, pero que guapo. ¡Creo que me enamore a primera vista!». Trataré de darles lógica, y permitirle a cada una su tiempo para brillar (pues tampoco van a ser simples damiselas en apuros). Después de todo, varias tienen unas muy buenas personalidades y he visto una buena cantidad de fics con distintos enfoques para cada una.
LitteStarMyu: ¡Hola! ¡Es un gusto verte también por aquí!... Me da un poco de risa tu reacción. En parte entiendo que todo es muy confuso, pero la idea de todo es causar intriga y que la gente piense: «¿Pero qué narices pasó aquí?» y deseen continuar leyendo para averiguarlo. Es lo opuesto del típico prologo donde se profetiza el surgimiento del héroe… Me alegra que te guste la parte de los pecados y Gabriel. Trabaje mucho con los diálogos de todos (sobre todo los de Gula. Se me hacía muy difícil poner insultos de parte de un pecado basado en comer). ¡Espero que todo lo demás también te agrade!
Disclaimer: sola la trama es mía
Arco 01: Genesis del Dragon Heroico
02: EL Pasado de Issei (P1)
– Ara, ara. ¿Ya están listas las galletas, Hyodou-kun? – preguntó Akeno, sonriendo, ella y Issei estando en lo que parecía ser una cocina.
– Hai, Himejima-sempai. – fue la contestación de Issei, quien luego le dijo a Akeno: –. Supongo entonces que si hace esa pregunta es porque el té ya está listo, ¿cierto?
La elegante sonrisa de Akeno se amplió.
– Fufufu. Que inteligente, Hyodou-kun.
Y mientras decía esas palabras, Akeno agarró una bandeja con una tetera llena del té caliente que acababa de preparar. Ella de seguidamente ofreció la mencionada bandeja a Issei, quien colocó unas galletas en ella, galletas las cuales él había estado preparando mientras Akeno preparaba su te.
– Ara. Sorprendente, Hyodou-kun. Lucen y huelen extremadamente deliciosas – comentó Akeno al ver las galletas, el asombro estando presente en su rostro.
Issei hizo una expresión de ligera vergüenza ante el halago.
– No diga eso, Himejima-sempai – dijo él –. En mi opinión, su te huele mucho más sabroso.
Akeno dio una sonrisa divertida –. Me alagas, Hyodou-kun... Para que digas esa clase de cosas a pesar de que este té es inodoro…
La vergüenza de Issei se incrementó ante ese comentario.
– M-Mejor vamos a repartir esto – dijo con un rubor en sus mejillas al notar su metida de pata.
Akeno soltó unos «Ufufufu» ante eso, para luego entregarle a Issei otra bandeja con una taza de té, la cual él llenó con galletas de la misma manera que lo había hecho con la anterior.
Y momentos después, el té y las galletas ya habiendo sido repartidos…
– Increíble, Hyodou-kun. Estas son las mejores galletas que he comido en mi vida – exclamó Rías con una galleta en la mano, sus mejillas poseyendo un leve tono carmín, producto de la satisfacción.
– Yo… yo no sé qué tienen de impresionante – exclamó Issei mientras apartaba la mirada ante las palabras de Rías, avergonzado –. Comparado con el té de Himejima-sempai, las galletas no son nada.
– Fufufu. Me alagas, Hyodou-kun – dijo Akeno con una sonrisa –; pero sinceramente, Bouchou tiene razón. Estas galletas son increíbles… Si es no mucha molestia, ¿puedes decirme la receta?
Un carraspeó interrumpió cualquier posible contestación de Issei.
– Ejem. Recuerden la razón de porque estamos aquí – entonó una voz fría.
– Oh, vamos, Kaichou. No seas así – contestó Akeno, todavía sonriendo –. Por supuesto que recuerdo porque estamos aquí, pero de todas maneras quiero mejorar mi repertorio aprendiendo a preparar estas delicias – su sonrisa se tornó en una traviesa luego de decir eso–. Además, ¿no le parece que actuar tan seria luego de haberse comido tres galletas es un poco falso? UFufufu. Con la excepción de Koneko-chan, todos los demás solo hemos comido una galleta.
– ¡! – Sona apartó la mirada, avergonzada. Aunque ella trataba de ocultarlo, la verdad es que ella también había encontrado muy deliciosas aquellas galletas. El que tuviera una debilidad secreta por las cosas dulces había hecho que incluso perdiera el control y agarrara más galletas que los demás.
– «¿Hmn?» – de repente, mientras Sona miraba hacia otro lado, Issei sintió una extraña sensación en el fondo de su nuca.
Él de inmediato se volteó, en búsqueda de la fuente de aquella sensación. Al hacerlo, dio con un joven de pelo castaño ámbar, quien lo miraba con mucha intensidad, una expresión que Issei encontró extraña estando presente en su rostro.
– ¿Sucede algo, Genshirou-san? – le cuestionó.
Ante su pregunta, Genshirou Saji negó con la cabeza, una sonrisa que a leguas se notaba que era falsa estando presente en su rostro.
– No es nada, Hyodoo-san.
Pero por dentro era otra historia:
– «¡Maldición! ¡Estas galletas son ridículamente deliciosas! – pensaba mientras masticaba la galleta, su mirada fija con envida sobre la reacción de Sona –. Parece ser que a Kaichou también le gusta bastante… ¡Ku! ¡Si hubiera sabido que a Kaichou le gustaban los chicos con dotes domésticos hubiera aceptado las clases de cocina de mi mama! ¡Por no hacerlo ahora soy incapaz de siquiera calentar agua!» – se lamentó.
– No te preocupes, Saji-kun –dijo una chica algo pequeña de largo pelo color blanco, sonriéndole - Si lo que quieres es aprender a cocinar, entonces yo puedo enseñarte.
– Momo-chan – susurro Saji con asombro, antes de que su cara se iluminara con agradecimiento –. ¡M-Muchas gracias! ¡Te prometo que seré atento con todo lo que me digas y que me esforzaré mucho!
Hanakai Momo le sonrió suavemente… pero por dentro ella estaba dando saltos de la emoción.
– «¡Bien! – pensó ella –. ¡Saji-kun aceptó! ¡Ahora podremos pasar mucho tiempo juntos! ¡Con todo ese tiempo, él empezara a darse cuenta de todas las cualidades que tengo y empezará a olvidarse de Kaichou!... Y cuando eso pase yo… – por un momento, un sonrojo apareció en el rostro de Momio –. Si. Es un plan perfecto. ¡Nada puede fallar!»
Pero lamentablemente para Momo, el universo no le iba a poner el camino tan fácil.
– Vaya, esa suena como una oferta increíble. ¿Puedo unirme yo también a las clases, Saji-kun?
– Yo también, Saji-kun…. Quiero aprender a hacer toda clase de postres y platillos.
– Oh, Reya-chan, Ruruku-chan – exclamó Saji en respuesta, un poco sorprendido ante sus peticiones –. Bueno, por mí no hay problema; pero la que va a dar las clases es Momo-chan, así que a quien tienen que preguntarle es a ella.
– Ya veo – una chica de pelo castaño enrollado en la punta, Kusaka Reya, habló, para que luego su mirada se centrara sobre Momo –. ¿Qué dices entonces, Momo? ¿Aceptas que yo y Ruruku también recibamos tus clases?
– Si, Momo – respaldó, Nimura Ruruku: una chica de pelo castaño, ojos verdes, y cuya cara y cuerpo eran algo infantiles –. ¿Aceptas que nos unamos a tus clases?
Las palabras de ambas parecían estar llenas tan solo de deseos de aprender; sin embargo, Momo era capaz de ver sus verdaderas intenciones:
«Ni creas que te lo dejaremos tan fácil», «Mientras estemos aquí, Saji-kun no caerá tan fácilmente en tus garras»; eso era lo que las miradas de Reya y Ruruku trasmitían.
Sabiendo eso, Momo debería rechazar las ofertas de ambas… Sin embargo…
– «Eso me haría quedar mal ante Saji-kun» – pensó ella con frustración, para luego dirigirse con una sonrisa falsa hacia Reya y Ruruku –. Claro que no tengo problemas, chicas. Ustedes pueden unirse con mucho gusto a las clases.
Pero su mirada no trasmitía cosas tan amables. Por el contrario, más bien decía: «Esta me la van a pagar con creces. No sabe lo que soy capaz de hacer por Saji-kun»
Pero ni Reya ni Ruruku se dejaron intimidar.
– Adelante – decía la mirada de Reya –. Da tu mejor esfuerzo. Así será más divertido verte llorar cuando seas derrotada.
– Ni creas que das miedo – expresaba por su parte Ruruku –. Por Saji-kun yo también soy capaz de todo. Incluso soy capaz de aliarme temporalmente con Reya para derrotarte.
[Interesante – comentó una cierta voz en el interior de Issei al ver esa escena a lo lejos –. A pesar de que tan solo lleva un fragmento de Vitra, parece ser que una parte de la suerte de los dragones acompaña a ese chico]
– «¿Hmn? ¿A qué te refieres, Draig?» – le inquirió Issei a su compañero, sin entender sus palabras.
[Ni aunque te lo explicara lo entenderías – contestó Draig, para luego suspirar –. En serio. A veces pienso que tu sensei cometió un error al enseñarte lejos de otros niños. No creo que haya otra persona en este mundo que esté tan emocionalmente retrasada como tú]
(Desconocido para ambos, a lo lejos, una chica de pelo rubio y traje de monja estornudó… causando que se tropezara y que derramara por accidente una bandeja con té caliente en la cabeza de un tipo peliblanco con traje de sacerdote)
A pesar de que había varias cosas que no entendía, Issei no pudo evitar molestarse por las palabras de Draig. Él le iba a responder a su compañero de cuerpo, pero entonces sintió como alguien le jalaba una manga de la camisa.
– «¿Hmn?» – pensó él, para luego dirigir su mirada hacia un lado.
Al hacerlo, él vio a una chica muy linda.
Ella era peliblanca, su pelo teniendo un corte pequeño en el cual unos mechones de su cabello de alguna manera daban de vez en cuando las impresión de ser las orejas de un gato. Sus ojos eran de un color similar al ámbar, y aunque eran aparentemente inexpresivos, una cierta aura de ternura era desprendida de ellos. Como su cuerpo era extrañamente pequeño, casi como el de una niña de primaria, y además su inexpresivo rostro tenía un leve sonrojo en las mejillas, su ternura se incrementaba cientos de veces.
– ¿Hay más galletas, sempai? – preguntó ella mientras lo jalaba de la manga.
Issei sonrió.
– Si, por supuesto que hay más galletas, Toujou-san – dijo, para luego agarrar unas galletas y dárselas.
Toujou Koneko agarró las galletas con un inesperado entusiasmo. Ella entonces luego procedió a comer con elegancia y rapidez, igual que un tierno gato que consumía su platillo favorito.
– Hmn. Delicioso – susurró ella, su rostro ruborizado por el gusto cerniéndose sobre Issei con felicidad –. Muchas gracias, sempai
Issei le sonrió –. No tienes nada que agradecer, Toujou-san.
Koneko le dio un asentimiento, y, con una agilidad gatuna, ella se volvió a su asiento mientras consumía las galletas con una notable felicidad.
– Vaya, Hyodou-san; eres inesperadamente bueno con los niños – exclamó un chico muy guapo de pelo rubio –. Creo que es la primera vez que veo actuar a Koneko tan amigablemente con alguien que no es del club.
Todavía sonriendo, Issei se encogió de hombros.
– En realidad, Kiba-san, esta no es la primera vez que Toujou-san y yo nos vemos. Siempre se me acerca en la hora del almuerzo para que yo le de comida.
Kiba Yuuto hizo una expresión de sorpresa.
– ¿Es así? Yo no sabía eso.
– No eres el único, Yuuto – se incluyó Rías a sí misma en la conversación, la sorpresa presente en su tono –. Ni siquiera yo sabía que Koneko hacia esa clase de cosas – su mirada se posó sobre Koneko, quien consumía sus galletas mientras ignoraba todo el mundo, para luego llenarse de suavidad –. Yo… estoy de feliz de que, aunque sea un poco, ella esté empezando a salir de su caparazón – susurró.
Por otro lado, Akeno decidió que ese era el momento justo para dar su aporte a la conversación.
– Ara, ara. Inteligente, bueno con los niños y muy bueno en la cocina. ¿Hay algo que no sepas hacer, Hyodou-kun?
Issei se ruborizó –. No es para tanto. Himejima-sempai.
– Ara, ara. Dices eso, pero, Hyodou-kun, todas esas son cualidades que cualquier chica desea en un chico – le explicó ella sonriendo traviesamente –. Es más o menos lo que uno llama: «las cualidades del marido perfecto»
El rubor de Issei se incrementó, pero, en lugar de avergonzarse como Akeno quería, el sonrió de la misma forma traviesa en la que ella sonreía.
– Ara, Himejima-sempai, lo mismo podría decirse de usted, quien es elegante, hermosa y muy buena en la cocina. Usted es exactamente lo que uno llama: «la esposa perfecta»
– ¡! – una expresión de sorpresa apareció en el rostro de Akeno ante el inesperado halago. Ella exclamó un: «Ufufu. Que halagador, Hyodou-kun» e hizo como si las palabras de Issei no la hubieran afectado; pero para aquellos como Rias, quien la conocía desde que era niña, y Sona, quien era muy observadora, era obvio que ella se encontraba avergonzada ante el halago, un muy pequeño tono carmín en sus mejillas revelando este hecho.
– «Uh. No solo Koneko, sino que también Akeno… – pensó Sona con malestar –. Yo… no creo poder contra ese tipo de competencia. Ya sea en el grado de las curvas o en el nivel de ternura, yo no puedo igualar a ninguna de ellas en esos aspectos…. Haa. Maou-sama, ¡¿por qué no pude heredar algo de la belleza de Onee-sama?! ¡En serio, ¿por qué tengo que ser tan desabrida?!»– se lamentó ella.
Pero entonces, mientras pensaba eso, la escena de hace un rato volvió a su mente: la escena en la que Issei, quien supuestamente era un simple estudiante común y corriente, había hecho uso de lo que aparentemente era Magia de Oscuridad para salvarla a ella, Rías y las respectivas noblezas de ambas de un ataque que pudo haberles dejado consecuencia severas o hasta haberlas matado.
– «Concentrate, Sona – se dijo ella negando con la cabeza, su expresión tornándose en una llena de frialdad –. No dejes que los sentimientos te abrumen. Él… él no es lo que tú pensabas. Tu deber ahora es actuar como le corresponde alguien de tu rango; pequeñas trivialidades como lo son las emociones deben ser ignoradas… Sí. Por el bien del clan Sitri y de tu sueño, tú no puedes dejar que el estándar baje»
Al pensar eso, los ojos de Sona parecieron perder toda emoción, solo una fría resolución estando presente en ellos.
– Lamento tener que interrumpir esta linda escena, pero creo que tú y tu nobleza se están olvidando la razón del por qué estamos aquí – entonó ella con frialdad y rigidez, sus palabras cargadas de la fuerza de las olas del mas frio de los mares –. Por si no lo recuerdas, Hyodou-kun aquí presente ha hecho gala de habilidades sobrenaturales, lo cual, contrario a lo que pensábamos, indica que él es un mago. Y por ende, eso quiere decir que él, estando consciente de los sobrenatural y el estatus, no siguió los protocolos básicos e ignoró el hecho de que debe rendirnos cuentas a nosotras, las encargadas de este territorio.
– So…
– Disculpe, Gremory-sempai, pero por favor permítame la palabra – exclamó Issei, interrumpiendo a Rías, sus ojos centrados sobre Sona. Dado que Rías no habló, él se dirigió hacia Sona –. En parte tienes razón, Souna-sempai. Escondí el hecho de que soy un mago y decidí unirme a esta escuela sin informale nada a ninguna de ustedes. Sin embargo, no creo que debas condenarme simplemente por querer experimentar un poco la vida de un joven común y corriente… Después de todo, ¿acaso no fue eso lo que tú y Rías-sempai hicieron, Souna-sempai?... ¿O debería decir Sona-sempai…?
– ¡!
Sona trató de ocultar lo que aquellas palabras habían causado en ella, pero un pequeño retazo de sus emociones salió a relucir por un breve segundo en el cual, afortunadamente para ella, tan solo las más cercanas a su persona notaron su sentir.
Era cierto, pensó. Eso era lo mismo que ella y Rías habían hecho. De hecho, comparado con Rías, ella era la que menos podía hablar acerca de «ocultar su verdadera identidad», pues ella incluso se había cambiado el nombre, haciéndose llamar a sí misma «Shitori Souna» a pesar de que su verdadero nombre era Sona Sitri.
– «Pero, aun así…» – se dijo ella mientras apretaba los labios y se obligaba a contener sus emociones.
Sus ojos recuperaron un brillo desafiante.
– A pesar de lo que dices, Hyodou-kun, debes entender que lo que tú has hecho es diferente a lo que nosotras hicimos – continuó ella en tono desafiante, su argumento inflexible pese a que sus emociones no lo eran –. Rías y yo tan solo ocultamos que somos demonios para que el mundo sobrenatural siga oculto. Tú, por otro lado, has infringido varios protocolos; igual que un inmigrante que se adentra otro país por vías ilegales, tú entraste a nuestro territorio sin reportarte, sabedor de las consecuencias de ese hecho. Dime sinceramente, ¿qué evita que piense que eres un mago renegado de la facción de Mephisto-sama y que eres cómplice de los ángeles caídos?
Issei frunció el ceño.
– «No da su brazo a torcer – pensó –. Ella sigue con terquedad tratándome como alguien sospechoso que puede ser su enemigo… Por su actuar, pareciera que el hecho de que no había sucedido ningún incidente durante todo el tiempo que estuve en este sitio como un chico normal no valiera nada»
[Debes entenderla, compañero – le dijo Draig –. Ella, quien es una de las encargadas de este lugar, carga con la enorme responsabilidad que es la vida de los humanos que viven en este territorio. Además de que también tiene que responsabilizarse por sus propios siervos y por el hecho de que unos ángeles caídos están en su territorio en lo que parece ser una declaración de guerra… Todo eso hace que tu situación se vea mucho más grave de lo que es ante sus ojos. Al fin y al cabo, dado que no conoce tus orígenes, nada le indica a ella si tus intenciones son o no benignas]
Issei dio un suspiro.
– «Yo lo sé, pero… simplemente es tan molesto. Pareciera que el que le halla salvado la vida ni siquiera le importa»
[No te quejes. Sabías que esto pasaría de una u otra forma. Ahora tan solo tienes un camino a seguir… Sabes de lo que hablo, ¿no?] – preguntó Draig de manera retórica, sabedor de que Issei era consciente del significado de sus palabras.
Issei dio otro suspiro – «Si, ya sé»
Y tras pensar eso, él regresó su mirada hacia Sona, la rápida conversación con Draig llegando a su fin.
– Muy bien, Sona-sempai. Entiendo tu angustia… – le dijo –. Déjeme hacerle una pregunta, ¿si le digo como fue que aprendí a utilizar la magia, sus dudas serán mermadas?
Sona contuvo una expresión de sorpresa. Ella no esperaba para nada una oferta como esa.
– «¡Concentrate! –se ordenó, obligándose a salir de su estado de sorpresa –. No es tiempo para sorprenderte. Tienes que aprovechar esta oportunidad»
En el exterior, su mirada se afilió al pensar en ello.
– No puedo asegurate nada, Hyodou-kun – contestó ella –. Sin embargo, dependiendo de lo que me cuentes, puede ser que te dé el beneficio de la duda.
Issei sonrió –. Bien. Entonces…
Él dio una mirada alrededor de la habitación, viendo si todos estaban atentos a lo que iba a decir. Al hacer eso, se topó con una escena algo extraña…
– Uhhhh – gimoteaba Rías, encontrándose en posición fetal en una esquina –. A pesar de que también soy una de las encargadas de este sitio, me excluyeron por completo de la conversación – se lamentó
– Ara, ara. No es para tanto, Bouchou – exclamaba Akeno a su lado, consolándola.
– Sí, Bouchou. Solo tiene que trabajar duro para que la tomen en cuenta a partir de ahora – apoyó Kiba, también al lado de Rías.
– Esfuércese, Bouchou – fue el gran discurso de Koneko, quien, a pesar de estar al lado de Rías, seguía bastante concentrada en comerse sus galletas. Issei pensó distraídamente que a lo mejor no debió haberle dado tantas galletas.
– Tal vez tengan razón – exclamó Rías, levantando la mirada de entre sus piernas –. Solo tengo que trabajar más duro para que me tome más en cuenta… ¡Sí! ¡Eso es lo que haré! ¡No permitiré que me vuelva a dejar de lado! ¡Lo juro por mi camino como un rey!-Datebbane
– Ufufufu, Bouchou. Dejaste escapar un poco de tu lado otaku.
– ¡Si! ¡Ya no es tiempo de lamentarse! – continuó Rías, ignorando por completo el comentario burlón de Akeno –. ¡Me entrenare a misma, superare mis barreras mentales, y retaré a Sona a un juego de ajedrez!... ¡Aunque tenga que jugar un millón de juegos, yo la venceré!
Con llamas de determinación en sus ojos, Rías se levantó de su posición fetal.
– Me alegro que se haya recuperado, Bouchou… – comentó Akeno al ver eso, para luego sonreír travesíamente –. Sobre todo porque gracias a que llevas falda se te estaba viendo todo.
– ¡!
Desesperadamente, Rías echo una mirada a sus otros siervos, en búsqueda de una señal que le dijera que Akeno estaba mintiendo. Lo que encontró fue a un Kiba que desviaba la mirada, ruborizado, y a una Koneko que ignoraba todo, todavía concentrada en sus aparentemente infinitas galletas.
– Tú… ¡¿por qué no me lo dijiste antes, Akeno?! – exigió saber Rías, su cara tornándose del mismo color que su cabello.
Akeno continuó sonriendo.
– Parecías demasiada deprimida como para molestarte diciendo esa clase de cosas – le dijo.
Rías lo miro, su avergonzado rostro volviéndose más rojo debido a la ira.
– ¡Ake…!
– Ejem. Rías, ya hemos terminado de hablar. Solo estamos esperando por ti – comentó Sona, su rostro frio, pero sus ojos llenos de vergüenza ajena.
Fue en ese momento que Rías cayo en cuenta de la escena que estaba armando.
– Yo… Sí, entiendo – dijo ella, su rostro volviéndose tan rojo que haría falta inventar un nombre para la tonalidad que tenía –. Yo me sentare, así que… Continúen.
Seguidamente, ella se dirigió hacia su asiento, acción que fue copiada por sus siervos.
Issei no pudo evitar notar que de ellos, Akeno sonreía mientras soltaba unos «Ufufufu», luciendo igual de divertida que una hermana mayor que le jugaba una broma a su tan querida hermana menor.
[Concentrate, compañero – le dijo Draig, sacándolo de sus pensamientos –. La chica Sitri está esperando para que le cuentes tu historia… o por lo menos la versión sin detalles de fondo acerca de mí y tus poderes]
Issei asintió de manera mental. Dirigió su mirada a sus alrededores, y notó como todos lo estaban mirando con atención. Sonrió, un poco nervioso ante eso, y dijo:
– Bien. Pues todo comenzó hace 7 años cuando….
– La situación es demasiado preocupante, Isane-san – dijo un hombre de edad avanzada a una mujer de pelo castaño y ojos jade –. Esta es la segunda vez en la semana que su hijo se mete en una pelea para defender a un compañero. Entiendo que lo hace por buenos sentimientos, pero esas no son maneras de comportarse. Si no fuera porque tiene muy buenas notas, ya lo habría suspendido.
– Creame que comprendo lo que dice, Moriwaki-san – contestó la mujer peli-castaña de nombre Isane –. Pero por favor sea compresivo. Sé que mi hijo ha estado portándose inadecuadamente, pero eso solo ha sido recientemente. No puede dar ninguna queja acerca de mi hijo antes de las dos últimas semanas.
El llamado Moriwaki negó con la cabeza.
– Tiene razón en eso, Isane-san. Pero lo que importa es el ahora, no el ayer. Si no le dice a Issei-kun…
– ¡Espera! – interrumpió una chica de pelo castaño rojizo y ojos jade –. ¿Quiere decir que lo estaban regañando a usted, Hyodou-san?
Issei hizo una expresión avergonzada ante la pregunta –. No entiendo que tiene eso de sorprenderte, Tomoe-san.
– Pues todo, Hyodou-san – le respondió la chica, quien respondía al nombre de Tomoe Meguri –. Usted es tan bien portado, inteligente y servicial, exactamente la clase de persona que uno pensaría que jamás se metería en problemas.
Todavía avergonzado, Issei le sonrió a Meguri –. Muchas gracias por el halago, Tomoe-san. Pero la verdad yo no soy un ser perfecto que nunca comete errores… De hecho, admitiré con cierta vergüenza que cuando era más joven hice muchísimas cosas de las que ahora me arrepiento.
– Oh, todos entendemos esos malestares, Issei-san – dijo Tsubaki por su parte, una sonrisa compresiva posándose en su rostro –. Creame que muchos de nosotros hemos obrado de formas muy vergonzosas en el pasado… En realidad, pienso que usted es muy valiente por contarnos acerca de sus errores. Por lo menos yo nunca sería capaz de hacer algo como eso.
Para sorpresa de Issei, varios asintieron, concordando con ese pensamiento.
– «Yo nunca podría contarle a nadie que hace tiempo me uní a una pandilla y me deje crecer el cabello hasta la cintura» – era lo que pasaba por la mente de Saji.
– «Me moriría de la vergüenza si alguien se entera que cuando era niña me encantaba imitar a Onee-sama disfrazándome de Magicarl Girl mientras decía que me llamaba "Prety-Prety Aqua So-tan" » – se decía Sona.
– «Me cambiara el nombre y me mudaría al Polo Norte si alguien se llega a enterar de todas las cosas locas que hice en las convenciones de animes y súper héroes a las que iba acompañada de Onii-sama» – pensaba Rías para sí misma, a su mente llegándole el recuerdo de como una vez se puso un disfraz gigante de Pikachu y entabló una «batalla Pokemón» en contra de un chico disfrazado de Raticate.
– «Galletas» – por su parte, Koneko seguía concentrada en sus galletas, las cuales parecían nunca acabarse.
– Ara, ara – exclamó Akeno, sonriendo. Ella no tenía ningún pasado del que avergonzarse (o por lo menos no en el mismo sentido que los demás) –. Por favor continua, Hyodou-kun. De lo contario probablemente duremos horas aquí.
Issei le hizo caso.
– Bien. ¿Dónde estaba?... Ah, ya recuerdo.
– Tiene razón en eso, Isane-san. Pero lo que importa es el ahora, no el ayer. Si no le dice a Issei-kun que se comporte me veré en la obligación de tomar medidas drásticas con él y tendré que expulsarlo.
– ¡N-No hay necesidad de tomar esa clase de medidas, Moriwaki-san! – dijo Isane de manera apresurada, nerviosa –. ¡Issei no le dará más problemas de aquí en adelante! ¿Cierto, Issei?
Un pequeño niño pelinegro asintió sin muchas ganas ante su última frase.
El gesto de Moriwaki se llenó de desaprobación al notar eso. Sin embargo, él le asintió a Isane.
– Le daré el beneficio de la duda, Isane-san. Espero que cuando Issei-kun regrese a clases el lunes vuelva a ser el mismo chico de siempre. De lo contrario…
– ¡Si, entiendo! – lo interrumpió Isane, no queriendo ni volver a escuchar esas palabras una vez más –. Si no es mucha molestia, por favor permítame retirarme. Usted entenderá, soy una ama de casa y tele-trabajadora, así que tengo muchas cosas que hacer.
Moriwaki le asintió –. La comprendo. Mi esposa también es tele-trabajadora y ama de casa. En esta época es muy difícil subsistir, así que tanto los hombres como las mujeres tenemos que aportar en la economía del hogar… – él hizo un gesto con la mano a Isane en dirección hacia la puerta –. Usted y su hijo pueden retirarse… Pero eso sí, recuerde lo que le dije.
Isane asintió nerviosamente, antes de agarrar a su hijo y salir por la puerta.
– ¿Ves lo que tu comportamiento ha causado, Issei? – le preguntó ella a su hijo, ambos estando en un parque que quedaba en el camino a su casa –. ¡Casi te expulsan!
– ¡Pero yo no hice nada malo! ¡Miyamoto estaba molestando a Sawada! ¡Yo solo lo estaba defendiendo! – entonó el pequeño niño peli-negro, quien, observando más de cerca, tenía unos cuantos moretones en su rostro.
– ¡El meterte en una pelea está mal incluso si es por una buena razón! – le regañó Isane –. ¡Tú deber es informarle al maestro lo que pasa, no tomar el asunto por ti mismo! ¡Dime, Issei, además de haber terminado con moretones, ¿qué lograste al inmiscuirte en esa pelea?!
El pequeño Issei infló sus cachetes y desvió la mirada. En su rostro una expresión algo triste estaba presente.
Al ver eso, la mirada de Isane se suavizó.
– Disculpame por ser tan dura contigo, Issei. Pero comprendeme – dijo ella suavemente –. Eres la luz de mis ojos y los de tu padre. Los dos queremos lo mejor para ti, y por eso nos esforzamos para darte la mejor educación que se puede. Yo hago lo que puedo en mi trabajo como diseñadora web, y tu padre trabaja como oficinista arduamente para lograr pagar la matrícula de esta escuela tan prestigiosa… Entiendo que te sea difícil el hecho de que Shidou-kun se halla ido, pero…
– ¿Quién es Shidou, Hyodou-san? – interrumpió Momo, una mirada confundida presente en su rostro.
– Ya iba a eso, Momo-san – dijo, haciendo que Momo se sonrojara por su imprudencia. Seguidamente, Issei añadió: –. Shidou, era mi mejor amigo cuando era niño. Vivía cerca de mi casa, por lo que todo el tiempo lo pasábamos juntos. Éramos inseparables… o al menos así fue hasta que tuvo que irse a Inglaterra con sus padres. Luego nunca lo volví a ver. Pero yo siempre lo he mantenido en mi memoria
Un inesperado gimoteo lo interrumpió
– Amigos cuyos lazos son tan poderosos que ni el tiempo ni el espacio pueden doblegarlos, y que se ven obligadas a separarse por cosas del maquiavélico destino – Tsubaki sollozó, conmovida –. ¡Es algo tan románticamente trágico! ¡Como una novela samurái en donde la amistad prevalece ante todo!
– Vaya, no sabía que Tsubaki-san fuera una persona tan sentimental – exclamó Issei con una gota de sudor en la nuca
– Si – le contestó Sona, una gota de sudor resbalándose también por su nuca –. Ella es toda una fanática de las novelas de romance y amistades trágicas. Ella es el tipo de persona que llora con la muerte de los papas de los protagonistas de El Rey León y Buscando a Nemo
– ¡Son escenas tan trágicas, Kaichou! ¡Cualquier ser con un poco de empatía se sentiría triste con esas escenas!
– Ara, ara – Akeno se unió a la conversación –. No se preocupe, Tsubaki-san, usted no es la única que llora cuando ve películas animadas. Bouchou también lo hace cuando ve Madoka Mágica, Naruto y las películas que Kaichou ya mencionó.
– ¡Akeno! – chilló Rías, avergonzada. ¡Eso era un secreto!
– «La imagen de las elegantes Onee-samas se está yendo al garete» – pensaron todos menos las ya mencionada Onee-samas… y Koneko, quien seguía muy concentrada en sus galletas. En serio, ¡¿esas cosas eran las galletas del infinito, o qué?!
– «De veras me estoy preocupando. No debí haberle dado tantas galletas» – pensó Issei, mirando preocupado a Koneko. ¡A este ritmo ella iba a entrar en coma por la subida de azúcar!
[Compañero, concentrate]
– «Ah, cierto» – con ese pensamiento, Issei regreso su atención hacia los demonios, solo para ser testigo de una Rías más roja que un tomate chillándole a una Akeno que solo reía con sus característico «Ufufufu», mientras Tsubaki lloraba como actriz de telenovela mexicana y Sona miraba a los lados con vergüenza ajena y hacia como si no conociera a ninguna.
– «Las mujeres son muy, pero muy raras» – pensó Issei con una gota de sudor en la nuca, antes de hacer como si nada pasara –. Ejem – carraspeó.
Las demonios siguieron muy concentradas en sus actividades.
– ¡Ejem! – carraspeó Issei con más fuerza.
Esta vez las chicas demonios sí le prestaron atención.
– D-Disculpa, Hyodou-kun – se disculpó Rías, su cara todavía rojo y su mirada centrada en Akeno, proyectándole a esta el mensaje de: «Tu y yo hablaremos más tarde»
– No pasa nada, Gremory-sempai – le dijo con una sonrisa, aunque todavía tenía una gota de sudor resbalándose por la nuca –. Como les decía, Shidou-kun y yo éramos inseparables hasta que este se fue a Inglaterra. Dado que éramos tan unidos, su partida representó un golpe muy duro para mí, por lo que mi comportamiento se volvió un poco más… «Rebelde» – él dio una sonrisa avergonzada al decir lo último.
[Compañero, se te está olvidando la parte más importante]
– «Ah, tienes razón, Draig» – le contestó Issei a su compañero, para luego dirigirse hacia los atentos demonios que escuchaban su historia –. Ah, y se me había olvidado decirlo, pero a pesar de que hablo de Shidou-kun como un «él», él en realidad era una niña y se llamaba Irina.
– ¡¿EHHH?! – los demonios chillaron sorprendidos, para luego darla una asombrada mirada del tipo: «¿Y lo dices así como así?»
– ¡Esa clase de secretos no se revelan así, Hyodou-san! – gesticuló Reya
– ¡Concuerdo con Reya, Hyodou-san! – exclamó Meguri –. ¡Esa clase de secretos no se revelan así! ¡Si esto fuera una película, lo que acaba de hacer seria considerado como un spoiler, y todos sabemos que los spoiler son malos! ¡SI sigue diciendo cosas así los lectores perderán el interés y se irán a leer otro fanfic!
– ¿Pero qué cosas tan extrañas estas diciendo, Meguri? – le preguntó Ruruku a la mencionada mientras la miraba como si fuera un bicho raro.
– ¡¿Entonces el amigo perdido resulta ser una chica?! ¡Oh, eso es aún más romántico! ¡Seguro que luego aparece a declarar su amor! – por su parte, Tsubaki tenía muy clara sus prioridades.
– Por favor ignoralos, Hyodou-kun – exclamó Sona, quien parecía querer cavar un agujero y esconderse en el al ver el actuar de su nobleza –. Ellos se comportan así por el subidón de nocturna energía adicional que reciben al ser demonios. Solo ignoralos y continua con el relato.
Con un montón de gotas de sudor resbalándosele por la nuca, Issei le asintió a Sona.
– Bien, continuando con el relato…
– Entiendo que te sea difícil el hecho de que Shidou-kun se halla ido – le decía Isane a su hijo – pero… ¡eso no es excusa para que actúes así! ¡Shidou-kun estaría muy triste si ve que te metiste en problemas debido a él!
– ¡No me hables de lo que sentiría Shidou! – le gritó el pequeño Issei a su madre con rabia –. ¡Toda la culpa la tienen ustedes! ¡Si tan solo hubieran aceptado irse a Inglaterra, Shidou y yo no tendríamos por qué estar separados! ¡Toda la culpa la tienen ustedes! ¡LOS ODIO!
Y seguidamente, soltó la mano de su madre y salió corriendo tan rápido como pudo, ignorando como su madre le gritaba enojada y preocupada, y salía corriendo detrás de él, solo para verse impedida por el semáforo que justamente cambiaba a rojo en ese momento.
– Ara, ara. Hyodou-kun era un niño mucho más travieso de lo que imaginábamos.
– ¡Akeno, ya deja de interrumpir!
– Ara. Bouchou, no creo que usted sea la indicada para hablar en este momento. Recuerde que usted también era una niña muy traviesa y malcriada.
– Tú… ¡Eso no viene el caso! ¡Aquí la que está siendo una niña traviesa eres tú! ¡Ya deja de interrumpir! ¡A este ritmo vamos a durar hasta mañana con este relato!
– Ufufufu. Me callo solamente porque me está interesando la historia. Quiero saber más de las travesuras de Hyodou-kun
– Fuwa. No tienes remedio… Por favor continua, Hyodou-kun.
Con una gota de sudor en la nuca, Issei le hizo caso a Rías
Y así, con su madre impedida para perseguirlo, el pequeño Issei corrió y corrió.
Se sentía enojado. ¿Cómo su madre se atrevía a hablarle de Shidou? ¡Ella no sabía lo importante que Shidou era para él! ¡Y lo peor de todo era que lo usaba como excusa para regañarlo! ¡Él no había hecho nada malo, solo había defendido a su compañero Sawada del Bullying de sus compañeros, quienes lo agredían diciéndole « Dame-Sawada» (Sawada Inútil) simplemente porque este no era bueno en nada! ¡A quien deberían regañar era a Miyamoto, no a él!
Pero por supuesto, los adultos no lo comprendían. Se les hacía mucho más fácil culparlo a él en vez de resolver el problema. Sobre todo su madre, a quien no parecía importarle para nada su opinión.
– «Pues bien – pensó el pequeño Issei con rabia –. ¡Si no les importa lo que pienso, tampoco me importaba lo que piensen ellos! ¡Me ocultare de ellos, reuniré dinero y compraré un boleto de viaje a Inglaterra! ¡Y no me va a importar lo que piensen o sientan!
Y con ese pensamiento, Issei decidió ocultarse en lo que parecía ser un almacén abandonado.
– Ara, ar…
– ¡Que te calles te digo! – interrumpió Rías a Akeno, para seguidamente concentrar su poder mágico y generar un círculo mágico –. ¡Gremorys Secret Technique: Mortal Muffer! (¡Técnica Secreta de Gremory: Silenciador Mortal!)
Y seguidamente, del círculo mágico una gigantesca cuerda hizo aparición, cuerda que luego con por arte de magia se enrolló en la boca de Akeno hasta formar un gigantesco lazo que le impedía a la ya mencionada hablar
– ¡Hmnnmmmm! – gimió Akeno, forcejeando para tratar de quitarse la mordaza.
– Es inútil – le dijo Rías, sonriendo siniestramente –. Esta es la técnica secreta que ha sido pasada de generación en generación por cada mujer de la familia Gremory: ¡una táctica especial para lidiar con los comentarios de un marido tonto o un hijo desobediente! ¡Ni siquiera Otou-sama, el líder del Clan Gremory, o Onii-sama, el mismísimo Maou Lucifer, pueden luchar contra ella! ¡Es tan poderosa que ni un carro puede contra ellos! ¡Todos tus esfuerzos son inútiles! ¡Ufufufu! – Rías empezó a reírse siniestramente.
– ¡Hmnnnnnn! – siguió gimiendo Akeno, molesta… pero luego pareció que le encontró gusto a la situación y sus gemidos empezaron a tornar un tono muy obsceno.
Rías siguió riendo siniestramente sin prestarle atención a eso.
– «Bouchou/Rías-sempai/Gremory-sempai es aterradora» – pensaron casi todos al ver esa escena, siendo Koneko, quien todavía seguía comiendo de sus galletas de masa aparentemente infinita, y Sona, quien veía todo con una sonrisa, las únicas que no compartieron ese pensamiento.
– Así se hace, Rías. Por fin estas empezando a comportarte como un verdadero rey… – felicitó Sona a su amiga, para luego entonces dirigirse hacia su propia nobleza –. ¡Tomen esto como ejemplo y comportasen! ¡Si siguen interrumpiendo me veré obligada a utilizar mi Sitris Secret Technique: One Thousand Infernal Spanks (Técnica Secreta de Sitri: Mil Nalgadas Infernales)!
De inmediato, los miembros de su nobleza asintieron con miedo mientras se estremecían y se agarraban sus partes traseras.
Sona sonrió siniestramente ante eso.
– «Siento pena por el idiota al que le toque ser novio de cualquiera de estas dos» – pensó Issei con su rostro azul al ver esa escena.
– Continua, Hyodou-kun
– ¡A-Ah, sí! – dijo Issei nerviosamente, para luego continuar con su relato.
– «Este es el lugar perfecto – pensó el joven Issei mientras se metía en el almacén –. Aquí nadie nunca logrará encontrarme»
Fue en ese momento que escucho unas voces.
– «¡Ku! ¡Personas! – pensó Issei, alarmado –. ¡Deben estar buscándome! ¡Tengo que esconderme!»
Y tras pensar eso, el joven Issei se metió en uno de los muchos armarios que había en el lugar.
– «Puaj. Este sitio es asqueroso» – pensó el muchacho con una mueca mientras veía las arañas muertas y el montón de polvo que había en el armario.
Fue en ese momento que las voces parecieron acercarse, razón por la que el joven Issei contuvo su asco y guardó silencio.
– ¿Cómo va el plan? – preguntaba una de las voces –. ¿Han logrado completar todos los preparativos?
– Estamos en eso – contestó otra voz –. Debido a los últimos acontecimientos, tanto la iglesia como los demonios están prestando mucha atención a este sitio. No podemos permitir que nos descubran, así que somos lo más cuidadosos que podemos. Lamentablemente eso reduce el número de víctimas que podemos agarrar por vez.
– Entiendo lo que dices, pero… – la otra voz pareció dudar –. Sabes lo difícil que ha sido todo esto. Estamos tan solo a un paso de lograr nuestra meta y no podemos permitir fallas. Necesitamos todo los sacrificios que se puedan obtener para poder hacer el ritual de resurrección de nuestro señor Murmur-sama…
– ¡¿Dijiste Murmur?! – interrumpió Sona la historia, agitada.
– ¿Hmn? ¿El nombre significa algo para usted, Sona-sempai? – le preguntó Issei, extrañado ante su reacción.
– Sí, sí tiene un significado especial – contestó Sona, su expresión tornándose en una llena de seriedad. Seguidamente ella se explicó: – Murmur es el nombre de uno de los 72 pilares demoniacos del inframundo; el nombre de un clan que ostentaba el rango de Duque, para ser más específicos. Ellos eran bastantes famoso porque eran expertos en el arte de la Nigromancia, y porque tenían la habilidad de interactuar con formas de vida espiritual como los espectros… pero es imposible que ellos estén hablando del mismo Murmur – murmuró ella a lo último, pero Issei fue capaz de escucharla
– ¿Y eso por qué? – le volvió a preguntar Issei, su expresión pareciendo volverse seria por un momento.
Sona dio un suspiro –. Creo que ya deberías saber esto, pero lo diré de todas maneras: hace mucho tiempo hubo un episodio en el inframundo en el cual los 72 pilares se vieron sumergidos en una guerra civil. A raíz de esto los anteriores Maous murieron, causando que nuevos demonios fueran elegidos para sustituirlos, y que la mitad de los pilares demoniacos se vieran extintos.
Sona volvió a suspirar.
– Y dentro de esos 36 pilares demoniacos que se vieron extintos se encuentra el Clan Murmur… – ella le dio una mirada a Rías –. Este es la misma información que se nos fue dada a nosotras, los jóvenes herederos de esta generación. ¿Cierto, Rías?
– ¡S-Sí! ¡Estás en lo correcto, Sona! – dijo Rías con firmeza, aunque por dentro estaba sudando balas – «¡Sabía que tenía que prestarle atención a las clases que me daba Grayfia-onee-sama!» – pensaba, nerviosa.
Pero Sona, ignorante de que Rías leía mangas cuando se le daban las clases acerca del mundo demoniaco, asintió, un brillo de respeto dirigido hacia Rías apareciendo en sus ojos.
– Esa es la razón de mi sorpresa, Hyodou-kun – dijo ella mientras devolvía su atención hacia Issei –. Estaba al tanto de que había habido unas extrañas desapariciones hacia unos años en esta ciudad, pero no estaba al tanto de que tuviera nada que ver con el mundo sobrenatural. Mucho menos que pudiera estar relacionado con unos de los 36 clanes demoniacas que se vieron extinguidos en la Gran Guerra Civil del Inframundo.
Issei hizo una expresión seria.
– Entiendo – exclamó –. No sé nada acerca de un demonio, pero sí puedo decirle que los que estaban en ese sitio estaban muy enfocados en resucitar a este tal «Murmur-sama», y, habiendo escuchado lo que usted me acaba de decir, puedo suponer que tenían la intención de hacer uso de un ritual nigromántico.
Sona poso una mano en su barbilla y asintió de manera pensativa.
– Hmn. Eso teoría parece plausible. Había escuchado que los demonios del Clan Murmur le enseñaban a los magos con los que hacían contratos rituales secretos relacionados con la Nigromancia. No es ilógico pensar que algún retazo de estos conocimientos haya logrado sobrevivir, y que este de alguna manera contenga información sobre como devolver a la vida a un demonio – ella devolvió su atención hacia Issei luego de murmurar eso –. Mejor continúa con tu historia, Hyodou-kun. Tal vez en ella halla algo que pueda servirnos como pista para validar esta teoría… ¿Consideras que estoy en lo correcto, Rías?
– ¿Eh? – exclamó Rías, tomada por sorpresa, antes de recomponerse con rapidez –. ¡S-Sí! Sona tiene razón, Hyodou-kun. Continua con tu historia – dijo mientras por dentro se arrepentía de haber sido una mala estudiante. No entendía para nada lo que estaba diciendo Sona.
Por su parte, Issei, ignorante de los pensamientos de Rías, asintió y continuó con su historia.
– Sabes lo difícil que ha sido todo esto. Estamos tan solo a un paso de lograr nuestra meta y no podemos permitir fallas. Necesitamos todo los sacrificios que se puedan obtener para poder hacer el ritual de resurrección de nuestro señor, Murmur-sama.
– «¿Q-Qué dijeron? – se preguntó el joven Issei –. ¿E-Están hablando de sacrificios?
A pesar de que su actitud imprudente pudiera indicar lo contrario, el pequeño Issei era un chico bastante inteligente para su edad. Él estaba al tanto de lo que la palabra «sacrificio» quería dar a entender, y también estaba al tanto de que existían extrañas sectas que creían en demonios y sacrificaban a personas como parte de sus ritos.
– «¡Pero deben estar bromeando, ¿cierto?! – se dijo el pequeño Issei, nervioso –. Esa clase de cosas solo suceden en los programas de televisión. No pueden estar hablando en serio»
Pero como para negar esos pensamientos, una voz agitada se hizo escuchar.
– Yo… ¡¿Dónde estoy?! ¡¿Qué hago aquí?! ¡¿Quiénes son ustedes?!
Y varias voces más la siguieron.
– ¡¿Qué demonios?! ¡¿Por qué estoy amarrado?!
– ¡Kyaa! ¡¿Qué está pasando?!
– ¡Sean quienes sean, suéltenme o les juro que se arrepentirán! ¡Mi papa es el jefe de la policía de Kuou! ¡Él los meterá a la cárcel de por vida cuando vean que se atrevieron a secuestrarme!
– Vaya, parece ser que las victimas de hoy son un poco chillonas – dijo una de las figuras con sorna, para luego dirigirse hacia las voces –. ¡Pueden gritar todo lo que quieran! ¡El almacén esta protegido por hechizos insonorizantes, así que nadie los escuchara! ¡Lo único que lograran será emocionar a nuestros iniciados de gustos más… «violentos!»
Fue en ese preciso instante que un grito dolor se escuchó.
– ¡GAHH! ¡NO, POR FAVOR! ¡TE PROMETO QUE TE DARE TODO LO QUE QUIERAS, PERO NO…! ¡GAHHH!
El pequeño Issei se estremeció al escuchar aquello.
– Ah, los advertiste demasiado tarde – le dijo con ligera burla la otra figura a aquella que había hablado hace unos momentos –. Ahora tendrán que lidiar con una sesión de «placer extremo».
La otra figura dio una carcajada.
– Mejor vayamos a vigilarlos. No vaya a ser que se les pase la mano y maten a esa pequeña tanda antes de que podamos iniciar el ritual.
– Bien. ¿Pero qué hacemos con los que están aquí?
– Dejalos ser. En el estado en que se encuentran están demasiado aterrorizados como para incluso gritar. Solo vayámonos. No hay nada que temer.
– Hmn. Bueno, tienes razón. Vayamos a ver entonces. Hace mucho tiempo que no veo una de estas «sesiones de placer». Mis partes están cosquilleando de la emoción.
– Creeme que no necesitaba saber eso.
Y con esas palabras llenas de asco, las dos figuras caminaron hasta que el pequeño Issei ya no pudo escucharlas.
Eso dejo solo al pequeño Issei para caer en cuenta de la situación en la que se encontraba.
– «E-Esos hombres no estaban mintiendo – se dijo, temeroso –. De veras han secuestrado a un montón de personas y planean sacrificarlas para alguna clase de ritual. Y si eso es cierto, si ellos logran encontrarme, seguramente…»
El pequeño Issei tragó saliva y detuvo ese tren de pensamiento.
– «Y-Yo… ¡Tengo que hacer algo! ¡No puedo permitir que me encuentren!»
Con nervios ante ese pensamiento, el pequeño Issei salió del armario con toda la cautela y sigilo que pudo reunir.
– «N-No hay nadie» – pensó entonces el pequeño con alivio, para luego dar unos pasos en dirección hacia la puerta de donde había venido.
Pero entonces…
– ¡Hmnnnn!
– ¡Hmnnn!
– «¡¿Hmn?!» – preguntándose que eran esos sonidos, el pequeño Issei dio una mirada confundida a sus alrededores.
Segundos después, cayó en cuenta de lo que estaba escuchando.
– «S-Son voces ahogadas…» – se dijo, temblando.
El pequeño no estaba seguro de que hacer. Era un niño y tenía miedo. No era una persona con poderes especiales o alguien con habilidades resaltantes. No era capaz ni de ganarle a uno de sus compañeros, mucho menos podía soñar con enfrentarse contra un loco culto satánico compuesto de hombres adultos que seguramente estaban armados.
Pero por otro lado…
– «Yo… yo no puedo dejarlos solos aquí»
El pequeño Issei no tenía corazón para dejar a esa gente ahí.
– «S-Solo es como una de esas veces que jugaba con Shidou a los héroes, ¿cierto? – se dijo mientras tragaba saliva –. Lo único que tengo que hacer es liberar a los que pueda, y luego huyo con ellos para llamar a la policía. Eso es lo único que tengo que hacer»
Y con esos temblorosos pensamientos, el pequeño Issei caminó en dirección de donde provenían las voces ahogadas.
– ¿Q-Que pasa? – preguntó Issei, auto-interrumpiéndose, sus mejillas rojas por la vergüenza al notar como era mirado fijamente por todos los que estaban en la habitación –. Sé que fue una estupidez, pero, ¡hey! ¡Tenía nueve años!
Pero contrario a lo que Issei pensaba, los pensamientos de todos no estaban llenos de desprecio a su imprudente actuar pasado.
– «¿A pesar de que era tan solo un niño sin poderes se preocupó por otros cuando el mismo estaba en peligro? – pensó Saji, asombrado –. Yo… ¡yo no sería capaz de hacer algo como eso!... Creo… creo que entiendo por Kaichou está tan impactada con él» – un poco de respeto combinado con envidia se deslizó por su mente al pensar lo último.
– «Tanta valentía… – pensó Kiba por su parte, su eterna sonrisa desapareciendo –. Tal vez si yo también hubiera mostrado tanta valentía en aquel entonces mis amigos ahora no estarían…» – él apretó sus puños de manera inadvertida para todos.
– «Fue imprudente, pero – pensaba Akeno para sí misma de manera distraída, su boca todavía amordazada por cortesía del Mortal Muffer de Rías –… tal vez esa imprudencia sea lo que a veces hace falta. Después de todo, si el que no tenía poderes se dispuso a salvar vidas que no conocía a costa de su propio pellejo, ¿qué hubiera pasado si yo, que cuento con este "don" dado por esta asquerosa sangre maldita, hubiera actuado de la misma manera?... Tal vez… solo tal vez, si yo hubiera hecho eso Okaa-sama no estaría…»
– «Sempai es tan impresionante – pensó Koneko por su parte, su mirada levantándose de la última galleta que le quedaba –. Fue capaz de actuar de esa manera pese a que estaba en una situación en la que era impotente. Yo… yo quisiera ser un poco más como él» – un poco de melancolía se apoderó de ella al pensar lo último.
– «Cuanta bondad – pensó Rías, impresionada –. Entiendo porque Sona siente lo que siente por él. Nunca pensé que existiera alguien como los personajes de manga que leo: estúpido, valiente y que se preocupa más por los demás que por sí mismo… Me pregunto – se dijo ella con un poco de ansiedad, a su mente llegándole el recuerdo de como Issei se deshizo de la lanza de luz creada por Azkeel, un ángel de ocho alas, como si no fuera la gran cosa –, ¿sería posible que él pudiera ayudarme?»
– «Yo… tal vez lo juzgué mal – pensó Sona con arrepentimiento al recordar su actuar de hace unos minutos, algo en su pecho palpitando con emoción –. En sus ojos no veo ninguna mentira. Él actuó tal y como no los está contando. Sí, tal como él mismo dice, fue un actuar imprudente y suicida propio de un niño idiota… Pero – Sona esbozó una pequeña sonrisa para sí misma por un momento, sus manos posándose brevemente sobre su corazón –, yo no puedo decir que odie a ese tipo de idiota»
Y al notar la forma en que Issei se ruborizaba ante su mirada, el calor que sentía en su pecho se acrecentó y sus pensamientos fueron revalidados.
– «Sí – se dijo –, creo que me deje llevar por la sorpresa. Él es el mismo de siempre»
Y a pesar de que pensaba eso, ella dijo:
– No te preocupes, Hyodou-kun. Continúa con el relato.
Y con su cara todavía roja, Issei continuó con el relato
– Hola. ¿Hay alguien ahí? – cuestionó el pequeño en frente de una puerta.
Unos «¡Hmnnm!» llenos de agitación fue la respuesta que recibió.
Ante eso, el pequeño Issei, quien era muy pequeño, se estiró todo lo que pudo y agarró la manivela de la puerta, la cual, sorpresivamente, no tenía seguro ni ninguna clase de bloqueo.
– «Estos secuestradores parecen villanos de una serie animada» – se dijo el pequeño Issei asombrado, antes de dar un paso y entrar en la habitación de donde los «¡Hmnnn!» provenían.
Y al hacer eso, vio algo que hizo que comprendiera porque la puerta está abierta: todas las personas que estaban en la habitación estaban amarradas de pies a cabeza.
Y eso no era todo. Algunos se encontraban en condiciones deplorables. Había unos cuantos que parecía no haber comido en días o semanas, y había otros que tenían evidentes signos de tortura.
Y fueron estos últimos lo que más impresionaron al joven Issei. Aquellos que tenían signos de tortura tenían una mirada llena de desolación; una mirada apagada que parecía carecer de cualquier tipo de esperanza de ser salvado, y que encontraba su situación tan incambiable como lo era el color del sol.
En ese momento, el pequeño Issei comprendió la razón de que la puerta de la habitación no tuviera seguro: las personas en ese lugar no se encontraban en condiciones para realizar ningún tipo de escape; ya sea física o mentalmente, ninguno de ellos poseía los medios adecuados para realizar un escape por sus propias manos.
Era aterrador. Simplemente era aterrador. Ante los ojos del pequeño Issei, quien era tan solo un simple chiquillo inocente, algo «asqueroso» que mostraba el lado más retorcido de la vida había sido develado. Era algo que aplastaría la voluntad de un inocente muchacho cuya dificultad más grande en la vida había sido hasta esos momentos el hecho de que podía ser expulsado de la escuela a la que asistía.
Si, el pequeño Issei debería estar aterrado y, sumido en el terror, ser incapaz de actuar.
Pero…
– «Y-yo… ¡t-tengo que ayudarlos!»
A pesar de que sus piernas temblaban, y a pesar de que la vista ante él era tan repugnante que el pequeño no podía evitar sentir como la bilis subía por su garganta, las ansias del pequeño de Issei de ayudar a los que estaban ante él era superior a su miedo.
¿Podía llamársele valentía? ¿O acaso era simple inocencia combinada con estupidez?
En la mente del pequeño Issei esas preguntas ni siquiera tenían cabida. Lo único que le importaba era salvar a los que estaban ante él. Era algo primordial e instintivo de su ser. Algo que sentía siempre que veía una injusticia: «Era injusto. Había que hacer algo. Alguien tenía que hacer algo. Él… ¡él tenía que hacer algo!»
– Déjeme ayudarle, señor – dijo el pequeño mientras se acercaba con rapidez a un hombre que estaba amarrado como un regalo de navidad en el piso.
El hombre, quien tenía los ojos destapados, le dio una mirada de sorpresa, seguramente pensando: «¿Qué hace un niño aquí?», pero dado que su boca sí estaba tapada, fue incapaz de decirle a Issei cualquier cosa que no fuera: «¡Hmnnn!»
– «¡Ku! ¡Estos nudos son terriblemente difíciles de desatar!» – se quejó el pequeño Issei, sus manos concentradas sobre los nudos que ataban las manos del hombre que se encontraba en el piso.
Pero a pesar de que la tarea era increíblemente laboriosa y de que tenía sobre sus hombros el peso de la posibilidad de que en cualquier momento alguien apareciera y lo viera ahí, el pequeño Issei no se rindió y arduamente continuó con lo que estaba haciendo, el instinto primordial que lo había motivado a salvar a las personas que estaban ahí sirviéndole como el combustible que lo alentaba a continuar con la tarea que estaba realizando.
Y luego de unos cuantos minutos, al fin, el pequeño Issei logró desamarrar las manos del hombre que estaba en el piso.
– ¡Rápido, señor; ayudame a terminar de desamarrarlo! – le pidió el pequeño Issei al hombre, nervioso, pues sentía que en cualquier momento algún miembro de ese loco culto satánico podría aparecer.
Aunque parecía encontrarse sorprendido ante el repentino desarrollo de los eventos, el hombre, ni corto ni perezoso, hizo caso de la petición de Issei, y lo ayudó a que este terminara de desamarrarlo, causando que en cuestión de unos instantes el hombre quedara por completo desamarrado, sola la mordaza que le impedía hablar permaneciendo en su boca; pero esta mordaza también se la quitó al instante de ser completamente libre.
Y uno vez que fue capaz de hablar, lo que el hombre le dijo a Issei fue:
– ¡Vamos, muchacho; hay que largarnos de aquí!
A lo que Issei, algo dudoso, le contestó:
– P-Pero… ¿y las demás personas?
– ¡No hay tiempo! – le contestó el hombre de manera airada –. ¡No podemos liberarlos a todos! ¡En cualquier momento uno de esos monstruos vendrá! ¡Debemos irnos ante de que eso suceda!
– P-Pero…
– ¡Hazme caso, niño! – exigió el hombre, para luego jalar a Issei de la muñeca y salir corriendo con él sin prestarle atención a cualquier protesta que este pudiera darle.
El pequeño Issei pataleó. ¿Acaso ese señor era tonto? ¡¿Cómo quería que dejara a esa gente ahí?! ¡Esas personas tenían que ser salvadas! ¡Ellos debían salvarlos!
Sin embargo, el hombre que estaba ante él, quien era uno de los más recientes en ser secuestrado y que por lo tanto estaba en mejores condiciones que los demás, no le prestó atención a nada de lo que hacía. Movido por sus impulsos de supervivencia, lo único que le importaba era su propia seguridad, y eran tan solo los pequeños retazos de su moral y el agradecimiento que sentía por Issei por haberlo salvado lo que causaba que se preocupara por el pequeño que tenía en sus manos. Por eso, para él, quien estaba movido por el miedo pero tenía un argumento lógico que respaldaba este, las acciones de Issei, las cuales estaban guiadas por un extraño, suicida e ilógico deseo altruista, carecían de cualquier tipo de mérito y eran tan solo un simple berrinche de un niño que no comprendía la situación en la que estaba. Él no iba dar su brazo a torcer por nada del mundo.
Y como era natural, el pequeño Issei no pudo evitar hacer nada ante eso. Era un niño, después de todo, y ante la fuerza de un hombre adulto, sobre todo ante la de uno que no estaba tan debilitado, era completamente impotente. Como además sabía que hacer cualquier clase de ruido podría causar que los cultistas lo descubrieran a él y al hombre, tampoco era capaz de hacer mayor amago liberarse. Tan solo podía ver con arrepentimiento como abandonaba a su suerte a esas pobres personas que en cualquier momento podían ser sacrificadas.
– «Lo siento – se dijo mientras él y el hombre atravesaban la puerta –. Por favor perdónenme. Prometo que trataré de buscar ayuda»
Y así, mientras una lagrima de inocente tristeza se deslizaba por su mejilla, el pequeño Issei y el hombre que este había salvado atravesaron la puerta, hacia donde ser dirigían a un mundo de libertad en donde serían completamente libres…
Pero entonces…
– Vaya, ¡que divertido! ¡Parece ser que uno las presas logró escaparse!
– ¡!
– ¡!
Sorprendidos ante esa repentina voz, tanto el pequeño Issei como el hombre que estaba al lado de este dieron una mirada temerosa a sus alrededores.
Fue entonces cuando pasó…
– Cruel Fantastic Hands (Crueles Manos Fantasmagóricas)
Con un sonido extraño similar al de una burbuja al ser reventada, «algo» golpeó a Issei y al hombre que estaba a su lado.
– «¡Ku!» – exclamó el pequeño Issei mientras era mandado a volar junto con el hombre en contra de una pared
– Lo lamento. En otras circunstancias me encantaría jugar al gato y al ratón con ustedes – dijo una voz mientras el sonido de unos pasos resonaba por el lugar –. Pero lamentablemente no puedo darme ese lujo en las condiciones actuales. Murmur-sama no me perdonaría si por mi culpa su resurrección se ve impedida.
Tap. Tap.
– Saben, es increíble que hayan pensado que podrían escapar – aseveró la voz burla –. Déjenme contarles un pequeño secreto: todo ustedes han sido marcados para el ritual. Sin importar donde se encuentren, yo y mi compañero somos capaces de sentirlos… Una barrera sería mucho más útil para evitar que la gente entre, pero este método es muchos más efectivo para evitar que la gente escape.
Fue entonces que, con un «Tap», una figura cubierta de pies a cabeza con un manto oscuro apareció ante la vista de Issei.
– Ah, pero por supuesto que ustedes no lo sabían. Naturalmente iban a tratar de escapar. Así es como las presas se comportan ante la vista del depredador – exclamó la voz con burla, para luego centrar su mirada sobre Issei –… Ya veo. Así que tú fuiste la razón que uno de ustedes pudiera escapar. Ja. Es admirable tu valentía, chico; lamentablemente por querer jugar al héroe acabaras convirtiéndote en la victima de estos malvados villanos.
Y con esas palabras, la figura encapuchada dio unos pasos en dirección hacia el joven Issei, quien se encontraba aturdido por el repentino golpe que había sufrido. .
Y entonces, en ese momento…
– ¡Deja al chico en paz! – rugió el hombre que Issei había salvado, para luego dar una embestida en dirección en contra de la figura encapuchada.
– Oh, tenemos otro héroe – murmuró la figura con diversión, para luego hacer un simple gesto con su mano en dirección hacia la figura –. Cruel Fantastic Hands
Y entonces, como en una repetición de la escena anterior, un «¡PLOP!» se dejó escuchar, y el hombre que había estado embistiendo en dirección hacia la figura fue mandado a volar como si alguien o algo lo hubiera golpeado con fuerza extrema.
– De veras que no entiendo porque a la gente le gusta jugar el papel del héroe – exclamó la figura encapuchada con burla –. Es mucho más divertido jugar a ser el villano, después de todo… ¡Los villanos podemos hacer esto! ¡Cruel Fantastic Hands!
Al exclamar esas palabras, la figura hizo un ligero movimiento con una de sus manos, causando que un fuerte «¡PLOP!» se escuchara, y que el hombre que Issei había salvado diera un grito como si alguien lo hubiera golpeado muy duro.
Y entonces otro «¡PLOP!» se escuchó, y el hombre dio otro grito.
– ¡Déjelo en paz! – exclamó Issei, el enojo que sentía ante esa vista permitiéndole superar su miedo ante la extraña y sobrenatural situación en la que se encontraba –. ¡¿Qué no me escuchó?! ¡Déjelo en paz! – repitió el pequeño al ver como el hombre encapuchado lo ignoraba y continuaba torturando al pobre hombre que él había salvado, para luego tratar de levantarse del sitio en donde estaba con la intención de abalanzarse en contra del encapuchado.
Pero este, como previendo sus intenciones, dio una risa burlona.
– Quedate ahí, chico – ordenó con sorna –. Los adultos están jugando, así que los niños buenos deben quedarse quietecitos y calladitos.
Y seguidamente, hizo un gesto con su mano izquierda en dirección hacia Issei, causando que este sintiera con sorpresa como «algo» lo estampaba contra la pared para luego mantenerlo sujeto, impidiéndole moverse y hablar.
– Buen niño – alabó el hombre con burla al ver eso, para luego posar su mirada sobre el hombre en el piso –. ¿No estas feliz? Deje tranquilo al muchacho tal como lo pedias. ¡¿No estas contento por eso?!
Un «¡PLOP!» se escuchó, y el hombre que estaba en el piso dio un gemido mientras su cabeza, aparentemente obligada por una fuerza misteriosa, era bajada y subida como si asintiera.
– Me alegro que estés contento – exclamó el encapuchado con fingida alegría –. Pero veras, siento que estás siendo un poco injusto. Yo cumplí tu petición, y tú no me has dado ninguna recompensa por ello. ¿No te parece una injusticia? ¿No crees que deberías compensarme de alguna manera?
Aparentemente obligado por la misma fuerza misteriosa de hace unos momentos, el hombre en el piso volvió a asentir.
– Ya veo. Así que también estás de acuerdo – dijo encapuchado con diversión –. Ahora, la pregunta es cómo piensas recompensarme. No tienes dinero, y no me siento atraído por los hombres como para que recompensarme de una manera más «íntima», así que, ¿qué podrías hacer?
El encapuchado se agarró de la barbilla de una fingida manera pensativa, su mirada cerniéndose momentáneamente sobre Issei, quien pataleaba con todas sus fuerzas para liberarse de lo que sea que lo mantenía preso, sin éxito alguno.
– ¡Ya se! – exclamó el hombre de manera repentina con sádica alegría –. ¡Puedes deleitar a este muchacho con una lección acerca de cómo terminan los héroes!
Y entonces, el encapuchado dio una pequeña risita y dijo:
– Cruel Fantastic Hands
Fue entonces que Issei escuchó un extraño y confuso «Crack».
Y luego vino otro.
Ahí fue donde un grito de dolor supremo se escuchó, causando que Issei, todavía confundido, diera una mirada hacia el hombre en el piso.
Y fue en ese momento, en el cual otro «CRACK» se dejaba escuchar, que Issei se dio cuenta de lo que estaba pasando.
– «E-Está… – pensó, impactado ante lo que veía, un escalofrío deslizándose por su espalda –… ¡e-está rompiéndole los dedos de la mano!»
Y es que eso era lo que estaba haciendo el encapuchado: con una crueldad metódica, él estaba dislocando uno por uno los dedos de las manos del hombre que estaba en el piso, quien tan solo gritaba, víctima de una agonía implacable.
– «¡Detente!» – quiso gritar Issei al ver eso, pero para su desgracia, ese «algo» que lo sujetaba mantenía su boca tapada, razón por la que tan solo pudo murmurar un inentendible «¡HMNNN!»
Pero aunque hubiera podido hablar, el hombre no se hubiera detenido.
– Van cuatro – murmuró el encapuchado mientras un «Crack» se escuchaba.
– «Detente» – suplicó el pequeño Issei al ver eso.
CRACK
– ¡GAHHH!
– Van cinco – volvió a hablar el encapuchado.
– «¡Detente! ¡Por favor detente! ¡POR LO QUE MAS QUIERAS, DETENTE!» – volvió a suplicar el pequeño Issei, lágrimas de miedo, tristeza e impotencia deslizándose por su mejillas ante la cruel vista que estaba siendo obligado a ver.
Cerró sus ojos, no queriendo ver más de esa escena. Pero aunque su vista estaba sellada, todavía continuaba escuchando los «Crack» y los gritos de dolor.
Y ante eso, el pequeño Issei sintió que algo se rompía en su interior.
Quería gritar, presa de la furia; pero impedido por lo que sea que lo mantenía sujeto contra la pared, era incapaz de hacerlo.
Quería abalanzarse sobre el encapuchado y evitar que continuara torturando a aquel hombre; pero, de nuevo, era incapaz de hacerlo. Por más que quería, no podía hacer ningún movimiento.
Y ante eso, por primera vez en toda su vida, el pequeño Issei se encontró sintiendo odio; odio total y absoluto.
Se odiaba a si mismo por ser tan débil. Se odiaba por haber tratado de jugar a ser el héroe y haber causado que aquel hombre se encontrara en aquella situación. Se odiaba por ser tan estúpido como para haberse separado de su madre y haber ido a parar a aquel almacén abandonado.
Pero sobre todo, odiaba a aquel hombre encapuchado.
Lo detestaba como no había detestado a ninguno. Aquel hombre representaba todo lo que siempre había odiado: la crueldad, la maldad, la injustica y cualquier tipo de situación negativa.
Para él, Hyodou Issei, ese hombre era la encarnación de todo lo malo; una criatura repugnante que debía ser exterminada.
Era una sensación extraña que no venía de su cerebro, sino que venía de su «ser». Los valores morales que se le habían sido inculcados habían perdido relevancia en su mente. Los parámetros que componían su esencia infantil carecían de sentido.
En ese momento, Hyodou Issei pensó:
– «Este hombre que está ante mí es un monstruo. Debe ser exterminado. Tiene que ser exterminado… ¡Tengo que exterminarlo!»
Lo que eso significaba no le importaba. El significado de la palabra «exterminar» no aparecía en su mente. Lo único que lo guiaba era la ira y esa extraña sensación que lo había guiado a salvar a aquellas personas a costa de su vida.
Y era esa misma sensación la que lo estaba guiando a un camino que hasta entonces le había sido inaccesible.
– «Debo… acabar con lo malo… – pensaba mientras forcejeaba y sentía por alguna extraña razón como su cuerpo se calentaba –. Tengo… ¡tengo que salvar a ese hombre!»
Y fue entonces que con un grito mental que…
«Eso» sucedió.
¡BOOMM!
– ¡! – impactado ante ese repentino ruido, el encapuchado dio una mirada alarmada en dirección hacia donde Issei había estado.
Pero para cuando hizo eso, era demasiado tarde.
– ¡HYAAA! – exclamó el pequeño Issei mientras le daba una patada hombre en el estómago, los momentos en los que practicaba futbol sirviéndole como base para asestar una monumental patada.
Y entonces, de una manera tan sorpresiva que desafiaba las leyes de la física, el encapuchado, quien era un hombre adulto, fue mandado a volar por los aires por la patada de Issei, quien era tan solo un niño pequeño de nueve años.
PUMM
– «¡¿Qué demonios?! – se cuestionó el encapuchado mientras se reincorporaba del piso –. ¡¿De dónde ha sacado esta fuerza este niño?!»
Pero no tuvo tiempo para pensar en nada más, puesto que en ese momento Issei dio otro rugido y se volvió a abalanzar en su contra.
Pero esta vez en el encapuchado si pudo reaccionar.
– ¡Ni creas que volverá a pasar lo mismo! – exclamó irritado el hombre de capucha, humillado por lo que había sucedo hace unos minutos – ¡ Cruel Fantastic Hands!
Y al decir esas palabras, el hombre apuntó sus manos en dirección hacia Issei, e hizo un gesto lleno de rabia.
En ese momento «algo» que era invisible al ojo humano tomó forma, y, guiado por la voluntad del encapuchado, se movió en contra de Issei con una fuerza que solo podía llamarse sobrenatural.
Ante eso, lo que debía suceder era natural. Incapaz de ver lo que iba a golpearlo, el pequeño Issei no podría esquivar aquel ataque, y seria mandado a volar como un simple muñeco de trapo: eso era lo que pensaba el encapuchado responsable de haber generado aquel ataque, pensamientos que eran lógicos y que sucederían con un 99,9% de exactitud.
Pero entonces, casi como una materialización de aquel imposible 0,01%, el pequeño Issei, quien no debería ser capaz de ver el ataque que se había generado como consecuencia de las Cruel Fantastic Hands del encapuchado…
… esquivó aquel ataque.
– «¡!»
Ante aquella imposibilidad, el encapuchado se vio sumido en el shock.
Y entonces, mientras estaba con la guardia baja, se vio mandado a volar de nueva cuenta gracias a una patada del pequeño Issei.
– «Como… ¡¿cómo lo hizo?! – se cuestionó el hombre mientras se encontraba volando por los aires –. ¡Nadie a excepción de Murmur-sama debería ser capaz de ver mis Cruel Fantastic Hands! ¡¿Cómo pudo este muchacho…?!»
De repente, los sentidos del encapuchado detectaron algo que lo impactó.
– «Esto… ¡esto es poder mágico! – se dijo, incrédulo –. Y no solo eso. Es un poder mágico extremadamente grande. Tal vez incluso más grande que el mío, quien iguala a un demonio de clase alta. ¡¿De dónde viene este poder?!»
Fue en ese momento que un «¡HYAAA!» se volvió a escuchar, causando que una revelación llegara a la mente del hombre encapuchado.
– «¡Imposible! – se dijo –. Este poder… ¡este poder viene de este muchacho!... Quien… ¡¿Quién rayos es él?!»
Y al momento en que esa revelación llegara a su mente, el encapuchado se vio volando, víctima de otra patada de Issei.
CRACK
– «¡Ku!» – gruñó el encapuchado en su mente, la patada habiéndolo mandado a volar de nuevo en contra de una pared –. Creo… creo que me rompió una costilla»
Pero el encapuchado no tuvo mucho tiempo para lamentarse, porque justamente en ese momento Issei, quien parecía estar en un frenesí total, se volvió a abalanzar en su contra mientras gritaba. Para evitar eso, el encapuchado le volvió a atacar con ese «algo» invisible que era generado como consecuencia de sus Cruel Fantastic Hands, pero, igual que hace unos minutos, Issei, de una manera que solo podía denominarse como «imposible», esquivó de nueva cuenta el ataque.
Al ver eso, el encapuchado se encontró sintiendo algo que había sentido pocas veces en su vida:
Miedo.
– «Este muchacho – se dijo, temblando –… ¿Qué es? ¡¿Cómo puede tener tanto poder mágico a pesar de ser un simple niño humano?! Como… ¡¿cómo es capaz de esquivar mis Cruel Fantastic Hands?! ¡¿QUE COSA ES EL?!» – el encapuchado se sumió en el terror absoluto al pensar en lo último.
No entendía como era posible que él, un mago adulto usuario de la Nigromancia, estuviera siendo derrotado por un simple chiquillo que todavía ni siquiera había alcanzado su primera década de vida.
No lo comprendía, y eso, igual que le sucedía a cualquier ser que se encontraba con algo que escapa de su entendimiento, hacía que, sintiéndose fuera de su zona de confort, se viera sumido en el terror y el desconcierto. En ese momento, él era incapaz de tomar cualquier decisión consciente que pudiera sacarlo de esa situación. En ese momento, todos los años de experiencia que había acumulado fueron invalidados por el miedo.
Y por eso, Issei, quien se encontraba sumido en un frenesí creado por la ira que sentía ante el encapuchado, tenía terreno libre para asestar cualquier que quisiera.
Y él no desaprovechó esa oportunidad.
Mientras se sentía lleno de energía y sentía como su cuerpo estaba caliente por alguna razón, Issei corrió a una velocidad que no debería ser posible para él, quien tan solo era un niño. Seguidamente, igual que hace unos segundos, él dio un salto en dirección hacia el estómago del encapuchado, queriendo «exterminar al malvado» al costo que fuera.
Pero entonces, justamente cuando estaba a punto de dar el salto, sintió como de la nada toda la energía que lo había estado impulsando desparecía, causando que se tropezara y que, al sentirse repentinamente mareado, cayera el piso.
Ante eso, tanto Issei como el encapuchado exclamaron un: «¿Eh?»
Pero de entre los dos, el encapuchado fue el único que encontró una explicación a lo que había sucedido.
– «Todo el poder mágico que estaba sintiendo desapareció – se dijo, sorprendido ante aquel inesperado desarrollo –. Creo… creo que su cuerpo no pudo aguantar el hecho de que manifestara tanto poder mágico de la nada sin preparación alguna»
El encapuchado echo una mirada hacia Issei, quien se encontraba respirando agitadamente en el piso mientras se echaba a sí mismo una mirada confundida.
– «Si – pensó el encapuchado para sí mismo, una sonrisa posándose en sus labios –. Parece que no tiene ningún tipo de entrenamiento para manejar tal increíble poder mágico. Debido a eso, desperdició un montón de poder mágico en algo tan simple como reforzar sus capacidades físicas. Probablemente todavía tenga poder mágico de sobra, pero, dado que su cuerpo no pudo soportar la presión que le estaba siendo repentinamente ejercida, su cerebro como un mecanismo de defensa hizo que inconscientemente cerrara su conexión con su energía interna, causando que, entre esto y el cansancio físico, no pudiera acceder a su propio y descomunal poder»
Y al pensar en eso, una maquiavélica sonrisa apareció en el rostro oculto del encapuchado. Con la causa de su terror habiendo desaparecido, él exclamó con maquiavélica alegría:
– Cruel Fantastic Hands
Y fue entonces que con un «¡PLOP!» que el pequeño Issei se encontró volando por los aires, para luego impactar con una pared
PUMM
– ¡GAHH! – gritó Issei, impactando contra una pared como si fuera una pelota de pingpong, el impacto siendo demasiado doloroso para su cansado cuerpo infantil.
– Por un momento, pensé que la cosa seria distinta – escuchó entonces el pequeño hablar al encapuchado –. Por un momento, pensé que de veras podrías acabar conmigo. ¿Puedes creerlo? – el encapuchado dio una carcajada algo histérica –. Afortunadamente, todo se acabó para ti, pequeño monstruo. Estás completamente solo. Incluso el hombre que estaba contigo se escapó.
Al escuchar esas palabras, Issei dirigió su mirada hacia donde se había encontrado el hombre que había salvado, solo para encontrar que este no se encontraba a la vista.
– Es sorprendente, ¿no crees? – le dijo el encapuchado de manera burlona –. Tú aquí, arriesgando tu vida para protegerlo, y el muy malagradecido se va sin siquiera darte las gracias… Pero no tienes que preocuparte – añadió repentinamente con burla extrema –, mi compañero se asegurara de que no vaya a ningún lado. Pronto estará aquí para hacerte compañía. ¡Ambos tendrán el honor de ser sacrificados en el nombre de Murmur-sama!
El encapuchado dio unos aplausos llenos de fingido entusiasmo, para luego dar una risa maquiavélica.
– Pero antes de eso – dijo, una mano posándose sobre uno de sus costados –. Me desquitaré por todos los golpes que me has dado… ¡Cruel Fantastic Hands! – él hizo un movimiento rápido con ambas manos en dirección hacia Issei.
Y entonces, ante la sorprendida vista de Issei, este vio como dos gigantescas manos que parecían estar hechas de energía se movían en su dirección.
– «Tengo… ¡tengo que esquivarlas!» – se dijo, temeroso, para luego rodar por el piso tan rápido como su cansado cuerpo se lo permitió, logrando a duras penas esquivar el ataque del encapuchado.
– ¡IMPOSIBLE! – gritó el encapuchado al ver eso, histérico –. ¡NADIE PUEDE VER MI ATAQUE! ¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! ¡YO…!
Repentinamente, el encapuchado inhaló fuertemente aire y se calmó a sí mismo.
– Bien – dijo mirando en dirección hacia Issei, algo en su tono cambiando –. Pensé que con todo ese poder mágico que tienes sería buena idea sacrificarte en el ritual de Murmur-sama, pero ya veo que eres demasiado peligroso. No puedo dejarte con vida. Tengo que acabar contigo, o de lo contrario podrías estropear todo lo que hemos estado planeando.
Al decir esas palabras, una fuerte vibra negativa se dejó sentir ante Issei, está siendo tan densa que se manifestaba en forma de una densa capa de energía que rodeaba al encapuchado
– ¡Debes morir! – dijo, señalando a Issei con histeria –. ¡Tienes que morir! ¡ Cruel Fantastic Hands: Deaths Fingers! (¡Crueles Manos Fantasmagóricas: Los Dedos de la Muerte!)
Y entonces, antes los ojos de Issei, aquellas dos gigantescas manos fantasmales que había visto hace unos minutos volvieron a aparecer, con la diferencia de que esta ves eran varias veces más grande, cada una llegando a medir tres metros por si misma.
– ¡Muere! – grito el encapuchado, para luego entonces hacer un movimiento con sus manos, causando que las manos fantasmagorías clavaran sus uñas en el piso, y salieran despedidas en su dirección.
– «¡Tengo que volver a esquivarlas!» – se dijo el joven Issei, alarmado ante esa vista. Él entonces quiso tratar de rodar por el suelo como lo hacía hecho haces unos minutos; pero, para su sorpresa, se vio incapaz de hacer cualquier movimiento.
– ¡Es inútil! – le gritó el encapuchado, un tono algo enloquecido escapándosele mientras hablaba –. ¡Los Deaths Fingers han capturado tu sombra! ¡Nada de lo que hagas te servirá para escapar!
Al oír eso, Issei dio una mirada temerosa hacia aquellas manos gigantes que se encontraban arrastrándose por el piso, para entonces ver que el encapuchado tenia razón: las uñas de aquellas manos fantasmales estaban clavadas en su sombra, la cual, gracias a una combinación de la iluminación del lugar como del hecho de que se encontraba tirado en el piso, era inusualmente grande.
Y así mismo, las manos gigantes seguían dirigiéndose en su contra, el piso de concreto solido resquebrajándose a medida que ellas avanzaban.
Al ver eso, Issei pataleó tanto como pudo; pero entre el hecho de que se encontraba agotado y que su sombra estaba atrapada por obra y gracia de los Deaths Fingers, él fue incapaz de hacer cualquier movimiento.
Y ante eso, casi como si fuera en cámara lenta, Issei solo pudo ver como la «muerte» se le acercaba en forma de aquellas manos fantasmales.
No había escapatoria. Era lenta, pero segura. Nada de lo que hiciera tendría sentido para evitarlo. Más temprano que tarde se terminaría encontrando con ella. Eso era lo que era la «muerte» y ese mismo principio eran el que seguían aquellas gigantescas manos.
Encontrándose por primera vez en su vida contemplando el final de esta, Issei se encontró sintiendo una maraña de sentimientos: miedo, tristeza y… arrepentimiento.
– «Por favor perdoname, Okaa-san» – se dijo, recordando con tristeza como le había gritado a su madre que la odiaba hace unos momentos que ahora le parecían tan lejanos.
Y con ese último pensamiento, las manos gigantesca se cernieran sobre él, las uñas de los dedos de estas dirigiéndose hacia su cuerpo cual filosas navajas.
Pero entonces…
– Tranquilo. No dejare que nada te pase.
Y cuando esas palabras resonaron….
– Creo que debería ser yo quien cuente esa parte, Issei-sama.
Al escuchar esas palabras, todos los que estaban en el Club de Investigación de lo Oculto desviaron su mirada.
Y al hacerlo, ellos vieron a la persona que había hablado.
Era una mujer, una tan hermosa que millones de palabras no podían describir el nivel de majestuosidad que ella portaba. Su pelo era largo, igual a la cortina de la más fina seda, y era de un color negro como el de la más hermosa noche sin estrellas, aunque varios de sus mechones tenían tonos azules y purpuras. Sus ojos eran dos preciosas gemas de un tono ámbar rojizo, estos volviéndose a veces tan hermosos como rubíes cuando las personas se desconcentraban, la belleza de estos haciendo que el desprecio que despidiendo hacia cualquier individuo que la mirara perdiera importancia. Ella tenía un cuerpo escultural, tan hermoso que incluso mujeres deslumbrantes como Rías, Akeno y Tsubaki no pudieron evitar sentirse pequeñas, nada más que niñas ante una verdadera mujer. Por último, ella portaba un vestido que parecía haber sido hecho de los mejores materiales del universos: un vestido blanco con detalles dorados que guardaba un cierto parecido con el traje que una novia usaría en una boda. Este vestido era escotado, y dejaba ver sus brazos, hombros y cuello; aunque este último estaba cubierto por un hermoso collar que parecía estar hecho de los mismos materiales que su vestido.
Era una mujer cuya belleza era comparable a la de una diosa. Una criatura tan metódica e inhumanamente hermosa que parecía haber sido labrada por la mano divina. Ella era tan perfecta que el concepto mismo de «imperfección» parecía ser para ella tan lejano como lo era la luna de la tierra.
– ¿Hmn? ¿Qué hace aquí? – exclamó Issei al ver a esa mujer, extremadamente sorprendido –, ¿Eve-sensei?
Y al escuchar esas palabras, todos los demonios que lo escucharon pensaron con impacto:
– «¡¿SENSEI?!»
Notas de Autor.
Primero que nada, quisiera disculparme por la tardanza. He estado muy ocupado con las clases, por lo que no he podido estar muy al pendiente de mis historias. De hecho, todavía estoy ocupado, y fue solo porque agarre un pequeño descanso que pude publicar esto. Creo que tendré un ritmo bastante malo hasta las vacaciones.
Pero bueno, dejando de lado eso, hablemos del capítulo.
En este capítulo se relata el pasado de Issei (o al menos una parte). No estaba muy seguro de cómo hacerlo al principio, pero luego se me ocurrió hacerlo así, y terminó de la manera en que lo están viendo: es más o menos como un Reaccionando. Díganme, ¿Qué les ha parecido?
También incorporé a los personajes faltantes de las noblezas. De una vez les digo que me disculpen si la nobleza Sitri no actuó como debería, pero es que realmente no estoy muy al tanto de la personalidad que cada uno de sus miembros tiene (eso, claro, si siquiera tienen personalidad)
También hice que Rías actuara un poco distinto a lo normal. Es un poco más torpe de lo usual, y su lado otaku está siendo resaltado. Ella todavía es la Ojou-sama del Cannon, pero creo que mostrar este lado torpe es mucho más agradable que la belleza manipuladora que muchos fics suelen retratar. De todas maneras solo es por comedia, luego ella actúa más seria.
Y por último, les presento a la sensei de Issei: Eve. Ella es un OC que será muy importante para la trama (de hecho, será la única OC que tendrá esa clase de protagonismo). Ella también es parte del harem, aunque su desarrollo en ese sentido será un poco más complicado que con las demás. Para su apariencia pueden imaginarse a Albedo de Overlord, mientras que en personalidad me basaré en la ya mencionada y en Perla (pre-cannon) de Steven Universe.
Ya con eso como que se dan una idea de que va la cosa.
Ah, y también quiero resaltar que nada es lo que parece. No porque ella diga o haga X cosa quiera decir que ella esté enamorada de Issei. Me gustan los dramas, así que me gusta hacer todo difícil. Ella no será solo otro saco de semento, sino que quiero incorporar a alguien que tenga sentimientos y motivaciones que respalden todas sus acciones. Luego entenderán a lo que me refiero.
Con eso dicho, ¡me despido! ¡Si les gusto, dejen un Review! ¡Se los agradecerían si lo hicieran!
Atentamente, RAGM-0802
