Disclaimer: Naruto y sus personajes correspondientes le pertenecen a Masashi Kishimoto.

ACLARACIONES: La idea central de este fanfic está basado en un libro del cual no puedo recordar el nombre, sin embargo, le doy los créditos al autor (si es que llego a recordar quién es). Realmente no considero que sea una adaptación, porque el desarrollo de la historia será totalmente mío. Pero sí puedo decir que me inspiré en ese libro para el arranque del fanfic.

Por otra parte, respecto a Naruto y Hinata; en otros fanfics he intentado que se mantengan dentro de lo más canon posible, sin embargo, esta historia va un poco más allá, por lo que puede que en alguna ocasión actúen diferente a como normalmente lo harían, tengan esto en mente, además de que es un universo alterno.


It Had To Be You

Capítulo 1


Hinata parpadeó confundida ante la escena que se situaba frente a ella.

Trató de decir algo, pero las palabras no salían.

No esperaba encontrarse con una situación similar al regresar a su departamento después de un largo día de clases.

De la sorpresa, la mochila se le había caído del hombro, haciendo un leve ruido al golpear el suelo.

Las dos personas frente a ella, medio desnudas, giraron de inmediato y se toparon con su cara ruborizada e inmediatamente se separaron, como si hubieran visto un fantasma.

—¡Hinata-chan! —exclamó Seika, su compañera de piso y a la que consideraba una querida amiga—. Lo siento mucho, de verdad. Pensé que regresarías hasta en la noche —dijo rápidamente, mientras saltaba del sofá y levantaba su blusa del suelo.

Hinata bajó la mirada, aún avergonzada. No estaba molesta, de verdad, sólo sorprendida. Nadie esperaba regresar a su casa y encontrarse a su amiga encima de su novio en el sofá en donde ellas se sentaban a ver películas los viernes en la noche. Les dio la espalda, en lo que se quitaba los zapatos y se ponía sus cómodas sandalias.

Podía escuchar cómo Seika se movía con rapidez de un lado a otro por la sala de estar. Finalmente, cuando se giró, Seika y su novio ya estaban vestidos y con la cara más normal del mundo.

Suspiró.

Se volvió a colgar la mochila, dispuesta a entrar a su cuarto y dejarles continuar con lo que fuera que estaban haciendo. Sin embargo, su amiga la interrumpió.

—Espera, cena con nosotros, yo invito —murmuró, tomándola de las manos.

Hinata quería decirle que no. No se sentía en la mejor disposición. Además, estaba cansada, había pasado todo el día metida en el laboratorio observando bacterias en un microscopio.

Se sintió incómoda, parecía que lo sucedido sí le había afectado más de lo normal.

—Tal vez otro día —susurró cansada.

Pero su amiga negó.

—Oh, vamos, no seas aburrida —ni le dio tiempo de discutir, la tomó de la mano y la obligó a sentarse en el sofá más pequeño —. Ahorita regreso, iré a buscar mi teléfono para pedir pizza.

Y desapareció por la puerta de la cocina.

Se quedó en silencio, sin saber qué decir. A menos de un metro, sentado casi al frente, estaba el novio de Seika, quien parecía más incómodo que ella.

No tenían una relación estrecha, por el contrario, Hinata sólo lo saludaba cuando estaba con su amiga o a veces cuando le abría la puerta del departamento en lo que esperaba a Seika, quien solía tardarse mucho para arreglarse.

Sin embargo, su opinión sobre el chico era concisa: parlanchín, hiperactivo e irradiaba un positivismo que consideraba excesivo. Para ella, ese tipo de cualidades, a largo plazo, eran problemáticas. Seika era parecida a su novio, sólo que, a menor intensidad, tal vez por eso se llevaban bien.

A veces, los escuchaba reír sin parar desde su cuarto, tan fuerte, que tenía que ponerse los auriculares para evitar que el ruido al distrajera. Pero Seika sí le agradaba. Era fácil tenerla alrededor, con esa aura positiva y comentarios buenos sobre todo y todos.

Tenía esas cualidades, que, en su opinión, carecía en sí misma.

—¿Qué tal, Hinata? —murmuró el novio de Seika, su voz más grave y profundo

Ella levantó la mirada y le sonrió por cortesía.

—Bien, Naruto-kun, ¿y tú? —respondió bajito.

Él se rascó la nuca, parecía bastante avergonzado. Se quedó mirándolo fijamente. Si bien, no era su tipo, sabía que era atractivo, con ese cabello rubio corto y los ojos más azules que Hinata había visto a lo largo de sus veintiún años.

—Realmente lo siento, de verdad —dijo Naruto—. Seika dijo que no regresarías hasta en la noche. Nosotros… —negó—. De verdad lo siento.

Se sorprendió al escucharlo disculparse. No lo esperaba. Normalmente pasaba de largo y la ignoraba, como si no existiera.

—No… —tragó saliva, nerviosa—. No hay problema, entiendo.

Naruto parecía confundido.

—Entonces, ¿no estás molesta?

¿Estaba molesta?

No.

Sí.

Su mente la traicionó.

—N-No, yo… —trató de coordinar sus pensamientos. Lo acontecido le había mostrado un lado de la adultez, que, siendo honestos, ella no conocía—. Me sorprendí —se limitó a confesar.

Por un momento, pensó que Naruto se reiría de ella y le diría algo como "esto es muy normal", pero, por el contrario, realmente parecía preocupado porque no se llevara esa impresión.

Por un momento, le pareció más agradable.

—Debería estar más consciente de que Seika comparte departamento contigo. Probablemente sentiste que invadimos tu espacio o algo así, realmente es mi culpa —dijo tan rápido que Hinata tuvo que prestar más atención para entenderle—. No se volverá a repetir.

Y con eso, toda la incomodidad y sentimientos negativos que había sentido se evaporaron.

—Gracias —contestó simplemente.

Naruto negó, restándole importancia y sonriendo como si acabaran de decirle que ganó la lotería.

—¡De nada! —se estiró, levantando los brazos al cielo, sin dejar de sonreír—. Me siento mejor ahora.

Por primera vez, desde hacía seis meses que Naruto apareció en su puerta, al lado de Seika, riendo y besándola en la mejilla, su forma de sonreír, no le molestó.

Siempre le pareció que trataba de impresionar a su amiga, como si sonriendo de esa forma fuera hacer que ella lo quisiera más.

Pero ahora, era real y auténtica.

Por lo que, sin pensarlo si quiera, una tímida sonrisa se escapó de sus labios.

Apenas iba a decirle algo, cuando Seika entró a la sala de estar, murmurando algo de la mala atención de la pizzería. Hinata no pudo evitar admirarla, su amiga era como un duendecillo, aún más bajita que ella, delgada y con el cabello castaño corto y despeinado, lo más llamativo eran sus ojos grandes y castaños, tupidos de tantas pestañas que parecían falsas.

Era bonita en la forma tradicional, sin adornos y aspectos llamativos.

Aquello fue suficiente para que Naruto centrara toda su atención en Seika. Hinata se dio cuenta que su presencia estaba de más.

Mientras ellos se veían enfrascados en una conversación bastante amena, aprovechó para escabullirse a su recámara.

Una vez sentada sobre su cama, se permitió tomar una gran bocanada de aire.

El silencio de su habitación era acogedor. Se puso un pijama y se metió a la cama bastante tranquila.

Su último pensamiento antes de caer dormida fue sobre sonrisas honestas y el cómo podían iluminar el rostro de alguien.


Los siguientes días pasaron con normalidad. Hinata pasaba la mayoría del tiempo entre el laboratorio y el departamento. Casi siempre llegaba alrededor de las ocho y Seika la esperaba sonriente para cenar.

En momentos como esos, era cuando agradecía de tenerla como amiga. Se habían conocido durante el primer semestre de clases; en ese entonces no solían hablar mucho realmente, hasta que les tocó hacer un trabajo en equipo y se hicieron buenas amigas.

Seika era fácil de tratar; sabía escuchar y sólo te daba un consejo si lo creía necesario, además su facilidad para socializar era sorprendente, contrastando con su personalidad taciturna.

Por aquel entonces, Hinata vivía sola en un departamento a cinco minutos de la facultad, sin embargo, de un día para otro, la dueña vendió el edificio y se quedó sin hogar.

Hasta que, sin pedírselo, su amiga apareció en la puerta de su departamento, con cajas y bolsas, declarando:

—Viviremos juntas. No te preocupes por nada —tenía una sonrisa tan grande en el rostro, que Hinata no pudo evitar abrazarla llorando.

Y desde aquel preciso momento, hacía dos años y medio, Seika se convirtió en casi una hermana.

La convivencia al principio fue difícil, ambas tenían hábitos distintos, su amiga era desordenada, de ese tipo de personas que dejaba la ropa sucia en el suelo hasta una semana. Hinata en cambio, era más metódica, le gustaba tener su espacio limpio.

Por otra parte, estaba la cuestión de la comida. Mientras Seika era fan de las comidas fritas y cosas instantáneas, Hinata se reclinaba por las cosas al vapor, arroz y verduras. Más tradicional.

Con el tiempo, fueron aprendiendo la una de la otra, tanto así que Seika adoptó su forma de cocinar y ahora era quien cocinaba la mayoría del tiempo. Ella también trató de ajustarse y no ser tan quisquillosa con la limpieza. Ahora se complementaban bastante bien.

Era raro que tuvieran un desacuerdo respecto a la convivencia o cosas de la casa. Se adaptaban entre sus horarios y rutinas.

Es más, estaban tan acostumbradas a vivir juntas, que incluso cuando Seika decidió dejar la Universidad un año atrás y dedicarse a trabajar, no quiso mudarse, siendo que el departamento le quedaba a casi una hora de su trabajo.

Sus argumentos fueron simples y concretos:

—Es agradable tenerte de compañera.

El último año había sido tranquilo, hasta que Naruto apareció en el mapa.

Hinata recordaba bien cómo lo habían conocido.

Fue durante una fiesta de la facultad. Casi siete meses atrás. A pesar de que Seika ya no estaba en la carrera, ella había decidido llevarla, porque los compañeros de clases la querían mucho.

Estuvieron hablando con distintas personas, hasta que un amigo de ambas les presentó a Naruto, quien sonreía de oreja a oreja y parecía bastante interesado en hablar con ellas.

Hinata aún recordaba la impresión que le había dado, la misma que se mantuvo casi inquebrantable durante meses: un chico parlanchín que trataba de agradarle a todos.

Desde ahí, los recuerdos de la fiesta eran borrosos, tal vez por el alcohol que había consumido ese día o simplemente porque no prestó atención. Lo que sí recordaba, entre penumbras, era verlos intercambiar números y sonreírse con tanta picardía, que Hinata había volteado el rostro ruborizada.

Finalmente, un mes después, Seika apareció en el departamento, anunciando que Naruto y ella eran pareja.

Al principio, Hinata la felicitó, después de todo, no era la primera vez que su amiga decía que tenía novio, sus relaciones eran tan fugaces que no duraban más de un mes. Sin embargo, para su sorpresa, cuando pasaron los dos meses y Naruto seguía apareciendo en el departamento de vez en cuando, se dio cuenta que las cosas eran serias.

Y se alegró por ella.

¿Por qué no lo haría?

Hasta que Seika empezó a cambiar. Las cosas que solían hacer juntas, las hacía con Naruto. Cada momento que llegaron a compartir se vio sustituida por momentos con su nuevo novio.

Fue entonces cuando se dio cuenta que se sentía algo celosa y sola. Pero, ella, como una adulta responsable y, sobre todo, madura, aceptó las cosas con facilidad. Era más fácil de esa manera.

Naruto se convirtió en parte de la rutina de Seika y aunque él no agradaba del todo, lo aceptaba.

Por eso, cuando estaban en el departamento, viendo una película y haciendo cualquier otra cosa, ella se limitaba a sonreír, saludar y retirarse a su cuarto cómodamente.

Durante los últimos tres meses ese pequeño ritual había funcionado, además, Seika había vuelto a dejar un poco de tiempo para ella. Así que las cosas eran fáciles.

Y aquello no tenía por qué cambiar, ¿verdad?

El ruido de la televisión la despertó.

Abrió los ojos con pesadez y hasta un poco de mal humor.

¿Qué hacía Seika despierta a las ocho de la mañana en domingo?

Trató de volverse a dormir, pero no pudo, lo único que escuchaba eran las voces de la televisión que traspasaban la delgada puerta de su cuarto.

Resignada, se dio una ducha rápida y se puso un vestido ligero. No tenía planes para ese día más que lavar ropa.

Salió de su recámara, directo hacia la sala de estar, donde estaba la ruidosa televisión. Iba con toda la disposición de reprenderla, pero, para su sorpresa, no era su amiga quien estaba sentada en el sofá, frente a la televisión.

Se trataba de nada más y nada menos que Naruto.

El chico tenía bowl con uvas a su lado y miraba entretenido un programa de variedades, sentado con las piernas cruzadas.

Hinata parpadeó, confundida.

Probablemente se quedó ahí estática durante un largo rato, porque el rubio deparó en su presencia.

Casi de inmediato se sentó normal y apagó la televisión.

—Eh… —se rascó la nuca—. ¿Buenos días?

No le respondió de inmediato, seguía aturdida. Recordó la conversación que habían tenido, donde él le aseguraba que sería más consciente sobre el hecho de que su novia vivía en un departamento compartido.

Mentiroso, pensó.

Sin embargo, Naruto pareció leer sus pensamientos, porque empezó a mirar de un lado a otro, como esperando que Seika apareciera mágicamente y explicara la situación.

Pero no, no lo haría, porque seguía plácidamente dormida en la otra habitación del departamento.

—Ayer tuve un problema. Uno grande… con mis padres —explicó, nervioso—. Vine muy tarde a hablar con Seika, pero entonces, empezó a llover como el demonio y no tenía forma de regresar a mi casa, además no quería regresar —su rostro se entristeció un poco—, así que Seika me sugirió que me quedara, lo pensé mucho de verdad, pero ella me aseguró que no había problema, que no te molestarías —exasperado, lanzó las manos al aire—. De verdad, lo siento mucho, probablemente sólo suenan como excusas, pero es la verdad. Espero no me odies —dijo, preocupado y mirándola lleno de expectativa.

Hinata seguía ahí de pie, y por un momento, un leve y pequeño instante, se sintió aturdida por su mirada.

Pero fue tan rápido, que no tuvo tiempo de siquiera asimilarlo.

—E-Es difícil acostumbrarse —murmuró, algo incómoda—. P-Pero, lo entiendo, quiero decir… el que estés aquí tan seguido, es normal, creo —se ruborizó al darse cuenta que estaba diciendo cosas sin sentido—. ¿Entiendes?

Naruto asintió levemente.

—Entonces, ¿no me odias?

Se sorprendió ante la pregunta. Lo pensó brevemente, si bien, al principio no le agradaba, tampoco lo odiaba.

No podías odiar a alguien que no conoces.

Además, viendo la forma en que se preocupaba de lo que pensara de él era bastante…

Peculiar.

Suspiró.

—No, ¿por qué lo haría?

—Pues porque básicamente me apoderé de tu sofá —dijo como si aquello fuera el argumento más válido del mundo.

Hinata pensó que diría algo como "me encontraste medio desnudo en tu sala" o "no te dejé dormir en un domingo por la mañana"

Pero, al escuchar su comentario, no pudo evitar soltar una risa.

Fue una risita fácil y ligera. Se llevó la mano a la boca, intentando disimular, pero era casi imposible, las comisuras de sus labios seguían levantadas y los ojos le brillaban con diversión.

Naruto también soltó la carcajada inmediatamente después.

—Realmente lo hiciste —le respondió, divertida—. Me debes un sofá.

—En mi defensa, diré que no es un buen sofá, es duro como una piedra, creo que anoche me lastimé la espalda —comentó, señalando al mueble.

Hinata se sorprendió al ver una cobija y una almohada doblados sobre el viejo sillón.

¿O sea que no había dormido con Seika?

No supo que pensar al respecto.

Bueno, no tenía qué pensar nada, ¿a ella qué le importaba si su amiga dormía con su novio?

Le sonrió de vuelta, tratando de olvidar el tren de sus pensamientos.

—Tenemos un colchón inflable… —comentó.

Naruto asintió.

—Seika me dijo que lo infláramos, pero ya no quería causar molestias, además, esperemos y no se vuelva a repetir, de veras —dijo, encogiéndose de hombros.

Hinata ya no supo qué más decir. Se quedaron en silencio durante unos segundos, por lo que decidió ofrecerle algo de desayunar.

Su amiga no tenía para cuando despertarse y le parecía descortés tenerlo ahí comiendo únicamente uvas, además, ella también se moría de hambre.

El chico la siguió hasta la cocina y la observó, mientras se ponía un delantal.

—¿Qué tan buena eres cocinando? —preguntó, realmente curioso, mientras se subía a un banquito alto justo al lado del taburete.

—¿Un ocho? —respondió, dudosa—. P-Puedo sobrevivir.

Naruto parecía satisfecho con su respuesta. No le preguntó más cosas, sólo la observaba moverse de un lado a otro en la pequeña cocina. Al principio, Hinata se sintió intimidada, pero cuando comenzó a cocinar, el olor de la comida hizo que se le olvidara.

Además, era obvio que no la miraba a ella.

No es que le importara, claro está.

Cuando echó unos huevos sobre la sartén caliente, Naruto emitió un "wow", ella soltó una risa.

—¿"Wow"?

—Casi no suelo comer en casa, mis padres trabajan todo el día y a mí no se me da muy bien cocinar. Digamos que mi comida consiste en pizza fría y ramen instantáneo de la tienda de conveniencia.

Hinata se limpió las manos en el delantal, mientras esperaba a que estuvieran los huevos.

Lo miró con un poco de curiosidad.

—¿Sólo ramen? —entonces, recordó a Seika y toda la basura que comía cuando recién empezaron a vivir juntas—. Ahora entiendo por qué Seika-chan y tú se llevan tan bien.

Naruto no se lo discutió.

—Ni que lo digas. La comida rápida es lo mejor —sonrió y se llevó la mano al estómago.

—Puedes enfermarte —murmuró Hinata, mientras sacaba dos platos de la alacena.

Perdieron el hilo de la conversación, en lo que ella servía el desayuno.

Huevos fritos, tocino y un poco de pan tostado.

Curiosamente, ambos asintieron al mismo tiempo, mientras observaban los dos platos humeantes.

Al darse cuenta de esto, sonrieron.

—¿Tiene tu aprobación? —le preguntó, bastante interesada en su opinión.

—De presentación le doy diez —dijo. Entonces, tomó un gran pedazo de pan y sin siquiera pensarlo dos veces, envolvió el huevo y de un bocado se metió todo a la boca.

Hinata se quedó observándolo con los ojos abiertos.

Naruto empezó a asentir una y otra vez, aún con la boca llena.

Diezh —respondió como pudo, mientras hacía el intento por tragar.

Y sabía que no mentía, podía ver la satisfacción en su rostro. Aquello la hizo sentir bien.

Continuaron comiendo en silencio, hasta que terminaron. Naruto le pidió que lo dejara lavar los platos como pago por tan buen desayuno.

Y ella lo permitió.

Fue divertido verlo frustrarse porque había puesto demasiado jabón sobre la esponja.

El tiempo se había pasado tan rápido, que cuando revisaron la hora, ya eran las nueve y media.

Rápidamente se quitó el delantal. Tenía que avanzarle a un trabajo de la facultad.

Sin saber qué más hacer, le ofreció a Naruto esperar a Seika en el sofá.

—Ya no tarda en despertar —dijo.

Él asintió, ya no lucía tan animado como el principio, sino más bien, pensativo.

—Creo que debería irme —comentó.

Hinata se quedó observándolo sin entender.

—¿No la esperarás?

—Dejémosla dormir —se limitó a responder—. Además, más tarde nos veremos.

Tomó su mochila y caminó hacia la entrada, dispuesto a irse. Se cambió los zapatos y antes de abrir la puerta para irse, se giró hacia Hinata.

—Muchas gracias por el desayuno —dijo, sonriendo— y gracias por no sacarme a patadas. Me agradas —esto último lo dijo un poco más bajito.

Y así sin más, salió apresurado del departamento.

Hinata se quedó ahí, estática. Las palabras de Naruto repitiéndose una y otra vez en su mente.

Me agradas.

¿Por qué le agradaba? Tan sólo dos semanas antes ni siquiera se dirigían la palabra.

¿Cómo podía agradarle?

¿En qué se basaba?

Bueno, no era algo malo, teniendo en cuenta que ella era la mejor amiga de su novia. No la parecía tan loco.

Tal vez, en un futuro cercano, los tres podrían ser buenos amigos.

Tal vez, en un futuro cercano, habría más momentos así, en los que cocinarían juntos y se reirían de cosas banales

Los tres. Seika, ella y él.

Seika.

Seika.

Seika.

Su mejor amiga.

La misma chica que se encontraba dormida, mientras ella, momentos atrás, compartía el desayuno con su novio.

Fue entonces cuando se dio cuenta que las cosas se habían ido más allá de la cortesía.

Las risas y comentarios sarcásticos ahora le parecían fuera de lugar. Ni con Seika se llevaba de esa manera.

Incómoda consigo misma, se dirigió a su cuarto.

No quería seguir con ese hilo de pensamientos. Así que trató de convencerse así misma que lo que había hecho fue por pura educación.

Y lo logró.

Porque cuando Seika se despertó y tocó a su puerta al no ver a Naruto, Hinata le explicó lo que había pasado. Tal y como esperaba, su amiga ni siquiera le tomó importancia, le agradeció por su cortesía y hasta bromeó con el hecho de que no la despertaron.

Pero no fue explícita, no le confesó sobre las risas cómplices o el aura cómoda que se instaló entre ellos mientras cocinaban.

No le dijo, que, si ella los hubiera visto, habría pensado que estaban coqueteando.

No se lo dijo, porque, en su mente, nada de eso había pasado.

Porque Hinata era educada y cortés, se preocupaba por los demás, ¿no? Por eso se ofreció a hacerle el desayuno a Seika: huevos, tocino y pan. El mismo que le había hecho a Naruto.

Y ella mientras comía y le platicaba de sus hazañas en el trabajo, Hinata le sonreía, dándole la razón en todo. Así era más fácil sentirse mejor consigo misma.

Me agradas.

Las palabras le taladraban detrás de los oídos.

Y no pudo dejar de pensar en eso el resto del día.


¡Hola a todos!

Ha pasado un rato desde la última vez que me pasé por aquí. Podría poner mil excusas, pero al final, aquí estoy, más vale tarde que nunca.

Esta historia nace de mi amor por los antihéroes. Siempre he pensando que ningún ser humano es perfecto y todos cometemos errores. Así que no esperen una Hinata súper buena como en Attraction, ni un Naruto súper blando, porque no. Las cosas se van a complicar conforme pasa la historia.

En fin, creo que eso es todo de mi parte, espero contar con su apoyo en esta nueva historia.

Si les gustó, no olviden dejar un review y les regalaré un chocolate virtual

Besos.

Lizy.

06.09.21