Disclaimer: Naruto y sus personajes correspondientes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
ACLARACIONES: La idea central de este fanfic está inspirada en el libro F*ck Love - Tarryn Fisher. Realmente no considero que sea una adaptación, porque el desarrollo de la historia es totalmente mío.
It Had To Be You
Capítulo 4
Hinata estaba decidida a retomar o más bien a rehacer la rutina que tenía establecida con su amiga desde hacía meses, sólo que ahora trataría de involucrar a Naruto.
Era lo único que le ocurría para que su promesa de "tratar de ser amigos" tomara efecto o mínimo, poder quitarle esos pensamientos de que lo odiaba.
Por eso, decidió levantarse temprano a hacer el desayuno y llegar un poco más tarde a la Universidad. Habían pasado dos días desde la conversación que había tenido con Naruto, desde entonces, no se habían encontrado, ya que ella se estaba quedando en la Universidad hasta tarde, Seika estaba trabajando tiempo extra y él también parecía ocupado con sus propios asuntos.
Tenía entendido que estudiaba en una Universidad privada, Seika solía hablar de eso todo el tiempo: lo orgullosa que estaba de ser novia de un estudiante tan aplicado.
Ahora que lo pensaba, lo que había dicho ese día de "no te conozco", era cierto. Sabía muy poco de él.
Aquello le incomodaba de cierta manera, aunque también sabía que no debía importarle. Sólo eran compañeros de departamento, nada más.
Era gracioso como a su mente, desde aquel estúpido sueño, se había dividido en dos: la parte que deseaba lo prohibido y la racional, la que entendía lo correcto. Hinata nunca sabía a cuál hacerle caso. Se había convertido en un dilema andante.
Perdida entre sus pensamientos, preparó el desayuno. No se complicó mucho la existencia, puesto que tampoco tenía tanto tiempo.
Tostadas con mantequilla, salchichas en forma de pulpo, porque Seika las adoraba y tamagoyaki con un poco de alga.
No tardó ni veinte minutos. Cuando terminó, preparó algo de café y finalmente sirvió.
Bien, eran las siete y cuarenta, estaban justo a tiempo. Finalmente, se acercó a la puerta de la recámara de su amiga y tocó con suavidad. Sólo dos veces.
Lo cual fue suficiente.
Escuchó algo de ruido detrás de la puerta y ésta se abrió con rapidez. Para su sorpresa, se topó de frente a Seika y Naruto.
Ambos la miraron, con diferentes caras; su amiga, como siempre, estaba despeinada y somnolienta, pero logró formar una sonrisa adormilada. Parecía genuinamente contenta. Por su parte, Naruto simplemente carraspeó y dio un paso hacia atrás, como tratando de alejarse de la situación.
Hinata quería darse un disparo en ese momento.
Por supuesto que Naruto estaría con Seika. ¿Cómo no se había dado cuenta de que la puerta de la habitación del chico estaba abierta? ¿Cómo no lo notó?
En su interior, las emociones se entremezclaban a un punto que no podía distinguir entre ellas.
Por lo que, haciendo uso de sus recientes adquiridas cualidades de actuación, logró enmascarar el desastre de su interior y sonrió con cordialidad.
Sonrisa que no llegó a sus ojos.
—P-Perdón por despertarlos, quería decirles que hice el desayuno y… —trató de no levantar a mirada, de verdad que trató, sin embargo, aquello sólo delataría su incomodidad, así que lo hizo. Para su desgracia, lo primero que se encontró fueron los ojos azules de Naruto clavados en ella.
La miraban de una forma que no sabía interpretar. Hinata volvió a sonreír, tratando de evitar la incomodidad a como fuera lugar.
—¿Vienen? Ya está servido —dijo con simpleza, para luego caminar hacia la mesa.
—¡Claro que sí! —Seika estaba claramente entusiasmada—. Sólo deja lavarme la cara y ya vuelvo —se volvió a adentrar a su recámara, cerrando la puerta detrás de sí.
Naruto se quedó parado ahí, sin saber qué hacer o decir. Por lo que simplemente se acercó a la mesa y tratando de no hacer ruido, se sentó justo enfrente de Hinata. El olor a café recién hecho embargaba sus fosas nasales.
—Se ve bien —murmuró, tratando de romper el aura extraña que los embargaba.
—Gracias —Hinata respondió mecánicamente, sin atreverse a mirarlo. Desde ese ángulo, alcanzaba únicamente a distinguir su cuello y parte de su pecho...
Fue ahí donde se congeló.
Justamente en el borde de su playera blanca, alcanzaba a ver una mancha rojiza, como si se hubiera golpeado con algo, pero era demasiado pequeña como para ser un hematoma. Además, ella no era tonta, sabía bien que lo que se trataba y el estómago se le revolvió de inmediato.
El huracán dentro de ella finalmente tuvo un nombre: celos y tristeza.
Quería levantarse de la mesa, tomar a Naruto de los hombros y decirle que…
¿Decirle que?
Se mordió el labio inferior y pudo sentir los ojos llenándose de lágrimas. No quería llorar, no por algo así, no por algo a lo que no tenía derecho.
—Oye, lo siento, no quería… —dijo él, finalmente. Hinata se negó a levantar a mirada—. Yo… por alguna extraña razón siempre nos encontramos en situaciones incómodas, realmente lo siento, como siempre te vas temprano.
Lejos de ayudar, sus palabras sólo hicieron que los celos se hicieran más grandes. Aquello sólo podía significar que no era la primera vez que dormían juntos, en la misma recámara.
Aquello sólo podía significar que la semana completa después de la mudanza que ella pasó encerrada lamentándose de sí misma, esos dos estuvieron disfrutando de su tiempo sin siquiera importarles lo demás.
Hinata se sentía miserable.
Verdaderamente miserable.
¿Cómo podía acostarse con Seika? ¿Por qué hacía algo así? En su sueño, era su esposo, suyo. En su sueño, iban a tener un bebé. Entonces, ¿por qué aplastaba su corazón de esa forma?
¿Por qué?
Porque sólo es un sueño
De nuevo, la parte racional atacaba con todo su esplendor. Ahí, sentada, Hinata sintió que su mundo se venía abajo y finalmente dejó las lágrimas caer.
Perdida entre la nube de emociones, levantó la mirada y sin titubear, clavó sus ojos perlados en Naruto.
—¿P-Por qué? —logró pronunciar aquellas palabras con la voz entrecortada—, ¿por qué?
Él reaccionó exactamente como esperaba, tal vez peor. Lo vio tambalear en su asiento, vio cómo su rostro se transformaba en algo parecido a la preocupación, mezclado con tristeza.
—Hinata, yo… —extendió su mano, como si tratara de alcanzar la suya, que sólo estaba a unos cuantos centímetros.
Sin embargo, Hinata las quitó rápidamente, tomó una servilleta y se limpió las lágrimas.
—¿P-Por qué deberías disculparte? —susurró, con la voz grave y quebradiza gracias a los sentimientos que estaba refrenando.
Narutó negó con rapidez, confundido.
—No entiendo, ¿hice algo malo? ¿Es tan malo? —tomó una bocana de aire—. No te entiendo.
—¿Y por qué lo harías? —murmuró, tratando de que Seika no los escuchara, sabía que se estaba dejando llevar de sobremanera por sus emociones, pero si no las dejaba salir en ese momento, ¿cuándo lo haría? —. No… n-no me conoces —susurró. Las palabras tan ciertas como que el cielo es azul.
Aquello pareció tomarlo por sorpresa. La miró de nuevo de esa forma. Como acababa de hacerlo hacía unos minutos y como lo hizo dos días antes, cuando sus manos se encontraron por accidente al levantar los platos.
Queriendo transmitirle algo.
Pero no entendía qué.
—Si me dejaras —respondió él, también con suavidad—. Si me dejaras conocerte, tal vez…
El latido de su corazón hacía eco dentro de su mente. ¿Qué estaba tratando de insinuarle?
—¿Q-Qué? —la palabra salió como un hilito de voz.
Naruto suspiró y se pasó la mano por el cabello exasperado.
—Haces todo tan difícil, de veras. Si sólo no fuera tan tarde —parecía estar teniendo una conversación consigo mismo, más que con ella.
Pero Hinata no era tonta, ni lenta. Al contrario, era una chica que siempre tenía la cabeza fría, además sabía leer a las personas.
Sabía que era una proposición o algo parecido y también sabía que si no la aceptaba, no habría más oportunidades. Porque Naruto parecía también estar pasándola mal por alguna razón que no entendía, pero necesitaba entender.
Y luego estaba Seika, quien se encontraba a unos cuantos metros de ellos, esperando desayunar con su mejor amiga y su novio, ajena a todo lo que pasaba a su exterior
Sin comprender algo por completo, en ese momento tuvo un recuerdo de hacía un año, desde mucho antes de que Naruto apareciera en sus vidas. De algo que llevaba guardado en el fondo de su corazón desde entonces.
Hinata observaba la escena como si se tratara de una película de terror, si bien, no tenía sangre en la ropa, sí en las manos y debajo de las uñas.
El chico frente a ella estaba inconsciente en el suelo y a su lado, Seika estaba de rodillas, llorando, sosteniendo el viejo jarrón que estaba a un lado de la puerta normalmente y quien no había sufrido daño alguno
Todo había pasado tan rápido.
—¡T-Trató… t-trató de t-t-t-ocarme! —murmuró, casi histérica—. M-Me arrinconó contra la pared y q-quiso besarme —finalmente rompió en — ¡le dije que no! p-pero él no me escuchaba… —no pudo decir más, porque las lágrimas y el nudo en la garganta se lo impidieron.
Justo en ese momento había entrado Seika y al ver la escena, lo primero que hizo fue golpear con el jarrón al chico, quien, ante la fuerza del impacto, se tambaleo y luego cayo al suelo, inconsciente. Ahí fue cuando llogró distinguirle el rostro: se trataba de Ohara, su novio de no más de cuatro meses.
Seika entró en un estado de desesperación, dejó caer el jarrón y trató de mover el cuerpo de su novio para ver si reaccionaba.
Se quedaron en silencio, hasta que Ohara empezó a removerse sobre el suelo y emitió algunos quejidos de dolor.
Aquello pareció hacerlas reaccionar. Seika tomó una bocanada de aire y se giró hacia Hinata, la miraba con tanta fuerza que no supo interpretar sus emociones.
—Escucha —dijo con voz seria—. Ohara-kun está pasando por una situación terrible, su papá murió hace un mes y tienen un montón de deudas. Últimamente ha estado bebiendo mucho, nunca esperé que… —hablaba tan rápido, que Hinata no podía asimilar sus palabras—. No importa. Lo que importa es lo que haremos, ¿de acuerdo?
—D-Debemos ir a la comisaría —susurró, Hinata, temblando. Aún podía recordar el rostro del chico acercándose al de ella, tratando de besarla.
Aún sentía sus asquerosas manos sobre su cuerpo.
Seika la miró como si se tratara de una broma.
—¿Qué vas a decir? —le espetó—. ¿Qué trató de violarte? ¡Estás demente! Además, yo también tendría problemas, acabo de reventarle la cabeza con un jarrón —la chica se pasó las manos por el cabello, exasperada—. Escucha, Hinata, no es un mal chico, simplemente tuvo un mal día. Me lo llevaré a mi recámara y hablaré con él mañana. Te pedirá disculpas y estaremos bien, ¿de acuerdo?
La pelinegra la miraba como si estuviera loca.
—P-Pero… ¡trató de hacerme daño! ¡No puedo dejarlo así! —le gritó en respuesta. Estaba desesperada.
—Sé que no lo hizo a propósito —miró al chico con rapidez para después ponerse de pie y acercarse a su amiga—. Mírame.
Y Hinata lo hizo.
—Haz esto por mí, te lo pido. Somos amigas, ¿no? ¿Siempre la una para la otra? —citó las palabras que Hinata siempre le decía—. No lo hagas por Ohara. Realmente lo quiero, no deseo que pase un mal momento. Te prometo que mañana se disculpará y todo volverá a ser como antes. Nunca más regresará al departamento, tú y yo estaremos siempre juntas y nunca hablaremos del tema, ¿sí?
En ese momento, se sintió tan indignada, tan pisoteada. Como si sus sentimientos no valieran nada, como si lo que le acababan de hacer fuera insignificante. ¿Cómo era posible que su mejor amiga estuviera del lado de su novio?
¿Cómo podía siquiera permitirse decirle algo así?
Pero Hinata no era lo suficientemente fuerte como para ir sola a la comisaria y decir todo lo que había pasado. Además, si se atrevía a hacerlo, perdería a Seika.
Y aquello sí le parecía inimaginable.
"Siempre la una para la otra".
No podía perderla, no por algo así, no por alguien que no valía la pena.
Por eso, a pesar de sentirse que se estaba invalidando a sí misma, accedió a su petición.
No quería problemas, siempre era más fácil darle a las personas lo que querían.
—S-Sí —logró emitir la sílaba a puras penurias—. I-Iré a casa de mis padres.
Fue todo lo que dijo, antes de correr hacia la puerta y tomar su mochila. Logró llegar hasta el elevador y dentro, se dejó caer de rodillas y rompió en llanto.
Cada que recordaba aquello, Hinata se estremecía y la sensación de miedo volvía. Tal como Seika lo había prometido, su exnovio jamás regresó al departamento. Además, un mes después del suceso, terminaron. Su amiga se lo había confesado en una noche en la que habían decidido tomarse una botella de vino sólo para divertirse.
Nunca volvieron hablar del tema. Lejos de alejarse, su amistad se volvió más fuerte. Hinata dejó que las cosas fluyeran porque así todo era más fácil.
Pero justo en ese momento, frente a Naruto, sabía que si la situación fuera al revés, si ella le pidiera por favor que dejara al rubio, Seika no lo haría. Probablemente le pediría que lo tolerara, por ella.
Justo como venía haciéndolo desde que Naruto entró en sus vidas. Seika era el reloj y Hinata los engranes.
Y de nuevo, no le molestaba. Llevaban esa dinámica desde hace años.
Sin embargo, por única ocasión, quería decidir por sí misma, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en que lastimaría a una de las personas que más amaba en el mundo.
Tú no le importaste en aquella ocasión y sabes que siempre ha sido así. Contigo todo es siempre seguro, pequeña tonta.
Por eso, a pesar de que escuchó la puerta de la recámara de Seika abrirse y que se acercaba a ellos, le susurró a Naruto bajito:
—No es tarde, no aún. Llega temprano a casa —fue todo lo que se limitó a decir.
En menos de dos segundos después, Seika estaba sentándose en la mesa, sonriéndole a ambos.
—Jamás pensé que compartiríamos la misma mesa —dijo, encantada. Se giró hacia Hinata y le regaló una sonrisa—. Sabes que te amo por esto, ¿cierto? —la aludida asintió y empezó a comer en silencio.
Un rato después, antes de terminar, Naruto irrumpió la conversación que estaban teniendo:
—No podré esperarte a la salida de tu trabajo —murmuró Naruto, tratando de no mirar a Hinata.
Seika pareció sorprendida, pero levantó la mano, restándole importancia.
—Está bien, nos vemos aquí a mi regreso…, ¿les parece si vemos una película en la noche? —preguntó emocionada.
Hinata esperaba esa reacción desde el principio. Se suponía que el desayuno era el primer paso para una gran amistad de tres.
Amistad.
Aquella palabra parecía tan difusa ahora.
—Por supuesto —dijo, sonriéndole de vuelta, tratando de imitar la misma emoción que ella expresaba.
Naruto no dijo nada, al contrario, lucía más que incómodo, se disculpó con las chicas y decidió retirarse a su recámara para prepararse e irse a la Universidad.
—Actúa raro desde hace días —comentó la castaña, mientras recogía los platos—. Distraído. No es común en él —suspiró—. Le pregunté si pasaba algo, pero me dijo que estaba cansado…
—Eso debe ser entonces —respondió Hinata, con simpleza, su mente estaba más preocupada por otras cosas.
Seika negó mientras se limpiaba las manos con una toalla.
—No, Hinata, de verdad, algo le sucede. Por ejemplo, anoche…. —entonces, se mordió el labio, sin saber si debía continuar o no. Hinata lo notó, pero sólo se quedó viéndola expectante—. Sólo dormimos —explicó, ruborizada—. Sólo eso. Bueno, al principio no, estábamos a punto de… algo, pero al último momento me alejó y se disculpó; parecía distante, desinteresado —finalmente, soltó un suspiro—. Algo pasa y no sé cómo acercarme a él para que me lo diga —se mordió el labio y Hinata se dio cuenta que estaba tratando de contener un sollozo—. Realmente lo quiero, es lo mejor que me ha pasado en años. No podría dejarlo ir, hasta he llegado a imaginarme una familia con él…
Hinata ya no pudo escuchar más. Su mente bloqueó todas las palabras de Seika. Lo único a lo que se aferró fue el hecho de que el día anterior no habían estado juntos.
"Lo amo y tal vez me case él".
Lo mismo había dicho de su exnovio, el mismo que casi la viola.
Por un momento, pensó en decirle lo que Naruto le había dicho, sobre las dudas que lo corroían. Pero se detuvo.
No le correspondía, además, ¿qué diría Seika? ¿Qué pensaría de que su novio le confiara aquello a su mejor amiga?
Así que se resignó a seguir con su papel de mejor amiga comprensiva.
—También te quiere, Seika. Probablemente sólo está estresado con la escuela. Trata de ser paciente y cuando llegue el momento, te dirá lo que te atormenta —hasta se acercó a darle un abrazo.
Qué buena amiga.
La mejor de todas.
Seika le correspondió rapidez y la escuchó soltar un suspiro. Como si de alguna manera sus penas se hicieran más ligeras.
Hubo un tiempo, muchos meses atrás, que Hinata solía sentirse de esa forma. A veces, cuando llegaba de la Universidad estresada porque su investigación no avanzaba como esperaba o porque el asesor había sido muy estricto con ella, su amiga siempre la abrazaba y Hinata se deshacía y se convertía en un charco de lágrimas.
Pero ahora todos esos momentos parecían vacíos y sin sentido. No entendía por qué no podía aferrarse a los buenos momentos.
Se estaba sumiendo en un pozo profundo y ya no sabía cómo salir de ahí.
Duraron abrazadas un rato, hasta que Naruto salió de su recámara y las vio con sorpresa, hasta espanto, como si se tratara de una escena de terror.
Y Hinata vio algo en sus ojos que ella conocía muy bien: culpa.
Lo cual simplemente la hizo sentir peor.
No merecía a la persona que tenía al lado y la miraba con el cariño más grande del mundo. No merecía su amistad.
De verdad que no lo hacía.
Pasó todo el turno en la Universidad distraída, tanto, que por accidente rompió dos portaobjetos y además contaminó la muestra de un compañero.
Esa no era ella.
Hinata no solía equivocarse a ese nivel, no era una novata. Lleva más de la mitad de la carrera encerrada en ese laboratorio, conocía con precisión cómo se manejaba cada equipo y las distintas metodologías que utilizaban para los análisis.
Y aún así, había contaminado la muestra de un chico que trabajaba en una investigación similar a la de ella.
Se disculpó lo más que pudo y aunque su compañero le restó importancia, Hinata no estaba tranquila.
Decidió retirarse del laboratorio por el resto del día y revisar algunas revistas científicas que tenía pendientes. Entre lectura y lectura, el tiempo se pasó rápido, hasta que observó el reloj de su computadora portátil: cuatro de la tarde.
Guardó las cosas rápidas en su mochila y salió corriendo rumbo al departamento. La ventaja de vivir cerca es que llegaba en unos quince minutos en bicicleta.
Cuando iba sobre la avenida, pedaleó lo más que sus pies se lo permitieron. Se sentía ansiosa y su corazón latía acelerado.
La distracción del día se debía a la conversación que había tenido con Naruto esa mañana. Sobre verse antes de que Seika llegara al departamento. No es como que estuviera esperando algo, pero sí estaba llena de curiosidad, en las últimas dos conversaciones que habían tenido, siempre dejaba ver algo entre líneas, pero Hinata, a pesar de ser buena leyendo a las personas, no terminaba de entender del todo.
Sólo estaba segura de una cosa: él también sentía esa extraña química que tenían.
Ante el puro pensamiento, su estómago se llenó de mariposas. Ella nunca había sentido algo similar por un chico en su vida, por lo menos no esa emoción o más bien, atracción.
No era estúpida como para no reconocer las sensaciones que le recorrían el cuerpo. Cada que estaba con Naruto, era como si estuvieran dentro de una burbuja y ésta fuera a reventar en algún momento.
Si bien, no se trataba de algo romántico como su yo interior, el que se aferraba al sueño, esperaba. Había algo ahí.
Algo que Hinata quería descubrir.
Por eso, cuando llegó al edificio, no esperó al elevador y corrió por las escaleras.
Sabía que él la estaba esperando.
Y sí, cuando llegó a su departamento, entre lo que abría la puerta y se cambiaba de zapatos, logró distinguir a Naruto sentado sobre el sofá, viendo un programa de variedades.
Quien, al escucharla, se giró a verla, y de nuevo, clavándole sus ojos azules como si se tratara de dos faroles gigantes.
Caminó hacia él y sin saber qué decir, simplemente se sentó en el otro sofá, quedando frente a él.
No hablaron durante unos minutos. Parecían perdidos en sus pensamientos. La tensión estaba en el ambiente.
—N-Naruto-kun —susurró con miedo, tan bajito que su voz simulaba el silbar del viento.
Naruto parpadeó dos veces, sorprendido de escucharla llamarlo por su nombre, No era común.
—¿Sí? —él también parecía incómodo, había un leve rubor sobre las marcas de sus mejillas, las cuales, en su opinión, eran adorables.
—Antes, en el almuerzo… t-tú… —se mordió el labio—. Dijiste algo.
—Ah, eso… —se pasó las manos por el cabello y tomó una gran bocanada de aire, como armándose de valor—; necesito confesarte algo, pero sólo si prometes no huir, eres experta en ello, de veras.
No le respondió de inmediato, se quedó analizando sus palabras, ¿era tan malo lo que le tenía que decir?
Pero, aun así, quería saber.
Ansiaba saber.
—Te lo prometo —murmuró, algo asustada. Sentía que Seika iba a aparecer en algún momento y se daría cuenta que Naruto le mintió.
Naruto estaba nerviosísimo, podía verlo por la forma en que miraba de un lado a otro y no se dejaba el cabello en paz. Finalmente, apretó las manos en puños y la miró directamente a los ojos.
—Sé que eres la mejor amiga de Seika. Sé que no debería estar aquí diciéndote esto. También sé que estoy con Seika. De verdad, sé todo eso, todos los días me lo repito a mí mismo una y otra vez, pero —tragó saliva— hay algo que… —no dejaba de mirarla, Hinata sentía que las rodillas le temblaban—. Tengo esta necesidad de… de… tenerte alrededor —soltó finalmente y ella se derrumbó por dentro.
Lo sabía.
Y a pesar de conocerlo muy poco, estaba consciente que él siempre actuaba impulso y no pensaba mucho las cosas.
Por eso estaba segura de que sus palabras eran verdaderas.
—Tienes razón cuando dijiste que no te conocía, no lo hago y probablemente nunca lo haré. Ni siquiera puedo decir que somos amigos y aún así, aún así… el hecho de que estés aquí, me hace feliz —confesó y de nuevo, pudo ver que era sincero.
No necesitaba más.
No por el momento.
Recordó al Naruto de sus sueños y su corazón se aceleró por inercia. Sabía que era imposible recuperarlo o en su caso, tenerlo. Después de todo, sólo era eso, un sueño.
Pero, ahí, justo en ese momento, frente al chico que la miraba expectante, decidió echar todo por la borda.
Estaban separados únicamente por medio metro, así que ella se cambió de asiento, justo a su lado, lo sintió removerse un poco, pero antes de que le dijera algo, le tomó el rostro con ambas manos y le plantó un beso.
No se movió, sólo se quedó ahí, quieta, esperando alguna reacción. Cerró los ojos con fuerza y trató de no pensar en nada.
Si la iba a rechazar, que lo hiciera en ese momento, ya se encargaría de pedir perdón después.
Pero, para su sorpresa, Naruto puso sus manos sobre la cintura y empezó a besarla con suavidad.
Trató de imitar sus movimientos, pero era tanto la conmoción, que al final dejó de pensar.
Nunca había sentido algo así. Era como si todo su cuerpo vibrara, como si estuviera cubierta de pequeñas terminales eléctricas que emitían señales a todas partes.
Movió las manos a su cuello y se sostuvo con fuerza, mientras seguían enfrascados en movimientos suaves y delicados.
Perdió la noción del tiempo y de sus acciones, no supo en que momento terminó a horcajadas de él, ni tampoco sintió cuándo Naruto metió su mano por debajo de su blusa, acariciando con delicadeza la piel de su espalda.
Estaba tan envuelta en sus emociones; en el cosquilleo de su vientre, en la calidez de sus labios al unirse o las sensaciones extrañas que la invadían en lugares de su cuerpo que no conocía.
Todo era tan parecido a su sueño, que por un momento creyó que se trataba de una ilusión. Pero de nuevo, podía tocarlo y sentirlo cerca, así que era real.
Era real.
Se acercó más a él y al hacerlo, fue consciente de que su cuerpo también estaba reaccionado a la situación. Se quedó estática un momento, sorprendida, Naruto pareció notarlo, porque se separó de ella unos centímetros, con los ojos azules brillantes de la emoción.
Hinata apenas se iba a inclinar a besarlo de nuevo, cuando escucharon que alguien insertaba las llaves en la puerta.
Fue como un balde de agua fría.
Parpadeó varias veces, siendo consciente de la situación: estaba cubierta de sudor, con el cabello despeinado y la blusa casi sobre sus senos, sin contar que se encontraba tan pegada a él que podía escuchar su corazón y por último, desde esa posición, notaba con claridad la marca rojiza qué tenía Naruto en el pecho, lo cual fue lo último que necesitaba para volver a la realidad.
Sin pensarlo dos veces, se levantó con rapidez, se acomodó su blusa y salió corriendo a su recámara, mientras a lo lejos, escuchaba la puerta del departamento abrirse.
¿Qué diablos acababa de hacer?
Hola, hola.
¿Cómo están? Espero que todos estén de maravilla.
Bueno, aquí está el cuarto capítulo de esta historia. Probablemente estén un poco sorprendidos por los sucesos, pero, ¿qué les puedo decir? Esto lo tenía planeado desde que empecé el fanfic, vivo por el drama.
Era notorio que Naruto también tenía cierto interés en Hinata, bueno, tiene. Así que, el próximo capítulo será desde su punto de vista, con un poco de contexto de los meses anteriores a que Hinata tuviera su sueño revelador.
Otra cosa que quiero destacar del capítulo es que lo que le sucedió a Hinata fue muy difícil y el hecho de que su mejor amiga no la apoyara, lo fue aún más. Pero eso no justifica sus acciones, ni tampoco lo que de cierta manera le está haciendo a Seika.
En este fic no hay villanos, básicamente viven las consecuencias de sus acciones.
Aclarado esto, agradezco el apoyo que estoy recibiendo y pues esperen con ansias el siguiente capítulo. Así mismo, si les gustó los invito a dejarme un bonito review.
Eso sería todo por mi parte.
Un abrazo.
Lizy.
26.03.22
