Capítulo seis
Aquel día, Kohaku se encontraba entrenando en la aldea. Ya había pasado mucho tiempo desde que se suponía que iba a celebrarse el matrimonio y de su prometida aún no había ningún tipo de noticias.
A veces, Kohaku pensaba que ella había escapado o que quizás se encontraba viva en alguna aldea cercana. A pesar de que la había buscado por los bosques y pensaba que pronto la encontraría, no podía negar que muchas veces se sentía abrumado y triste por no haber podido encontrar ni siquiera una pista.
-Hoy vendrá la señorita Akina de visita- anunció su hermana mientras entrenaban-, es una chica muy hermosa y muy amable; yo creo que podrá caerte bien.
-No me interesa.
-Kohaku...
-Sango, yo no me voy a casar con nadie que no sea Rin.
-No es bueno que te aferres a ello con tantas fuerzas, al menos podrías darle una oportunidad a esta chica. Yo confío en que esta vez será diferente.
-¡No lo será! Mi padre ya ha traído a otras chicas antes y ha sido inútil. Si tanto quiere tener a una mujer en esta casa, que se case él, porque yo no lo haré.
Kohaku tomó sus armas y se encaminó decidido hacia el bosque, siempre en compañía de Kirara, quien ya estaba acostumbrada a las largas jornadas de búsqueda.
Estaba harto de su familia, de su hermana y de la aldea: todos parecían sentir lástima por él y ya no podía tolerarlo. Estaba decidido a no regresar a la aldea hasta que encontrara algo que le acercara al destino de Rin.
Mientras avanzaba en un sector bastante oscuro del bosque, un sujeto con una máscara de mandril se encontraba camuflado entre las hojas. Instintivamente, Kohaku sujetó su arma, dispuesto a atacar a aquel demonio a la más mínima provocación.
-Es una pena lo que ocurrió con la chica que era tu prometida- murmuró aquel sujeto en un tono de voz muy bajo-, es una verdadera lástima que ella sufriera tanto el día de su boda.
La sangre de Kohaku se congeló en sus venas, mientras la rabia hacía latir su corazón cada vez más rápido.
-¡¿Qué sabes tú de ella?! - gritó furioso- ¡¿Qué le hiciste a Rin?!
-Yo nada... pero sé todo lo que le ocurrió aquel día- apuntó el desconocido sonriendo un poco bajo la máscara-: tu prometida fue atacada y abusada brutalmente por un híbrido de nombre Inuyasha. Todo lo que viste en el palanquín fue obra suya y es culpa de él que su matrimonio no pudiera llevarse a cabo.
-¿Ella está viva?
-Sí lo está, pero se encuentra muy herida.
-¿Dónde se encuentra?- Kohaku podía sentir sus ojos llorosos a medida que se enteraba de aquella cruel verdad- ¡Yo quiero verla! No me importa lo que le haya ocurrido: yo me casaré con ella como sea.
-Te lo diré, pero debes reunir los fragmentos de la perla de shikon primero: Inuyasha tiene algunos fragmentos y con ellos, podrás curar las heridas de Rin.
-He oído hablar de los fragmentos- confesó el joven-, algunos monstruos los tienen alojados en su cuerpo y los hace más difíciles de matar.
-Entonces, ya tienes parte del trabajo hecho- concluyó el desconocido sonriendo un instante-, solo debes matar a Inuyasha y quitarle los trozos que él posee.
Kohaku asintió. Un medio demonio no era rival para alguien como él, ya que había matado con éxito a demonios y criaturas poderosas y esta no sería una excepción...
Mientras Rin iba sentada sobre el lomo de Ah-Un, un suspiro escapó de sus labios al tiempo que en el horizonte se asomaban los techos de unas aldeas.
-¿Esa es la aldea de los exterminadores?- preguntó Rin con sus ojos brillantes.
-Así es- respondió Jaken mirando a la chica de reojo- , ¿quieres ir, Rin?
-¡No! No quiero - Rin se abrazó con fuerza al dragón sintiéndose preocupada porque alguno de los demonios hubiera cambiado de opinión acerca de mantenerla cerca- Yo quiero quedarme aquí, con ustedes, y no quiero casarme todavía.
-No lo harás- sentenció Sesshomaru mirando a lo joven un segundo-. Puedes quedarte con nosotros por mucho tiempo si es que te gusta.
-¡Sí! ¡Muchas gracias!
Mientras avanzaban entre las ramas de los árboles, Rin comenzó a mirar a las mariposas de colores que volaban tranquilamente bajo la luz del sol.
-Las mariposas son tan bonitas- declaró la joven de pronto- ¡Me gustan las que tienen los bordes de las alas de color negro! Creo que si usted no me hubiese salvado, me habría gustado renacer como mariposa.
-¿Quieres ser aún más pequeña y frágil de lo que ya eres?
-Sobre eso...- Rin miró a los ojos a Sesshomaru- estaba pensando y... ¿usted puede enseñarme a defenderme? ¡El señor Jaken dice que es el demonio más poderoso de todos! Yo pensé que quizás puede ayudarme para que nadie jamás vuelva a hacerme daño.
-No.
-¿Por qué no?
Rin bajó de un salto de donde estaba sentada, sujetó el antebrazo de Sesshomaru con ambas manos y lo miró de forma suplicante a los ojos, por lo que él decidió apartar la mirada, ya que sentía que si ella lo miraba de aquella forma, no iba a poder mantenerse firme en su decisión.
-Nunca le he enseñado a nadie- explicó- y no creo ser un buen maestro.
-Eso no importa, yo... solo quiero aprender y solo usted puede enseñarme.
-¿Por qué piensas eso? -el demonio miró a la joven mientras los ojos de ella seguían suplicantes- Yo estoy seguro de que si vas con tu prometido y le explicas lo que sucedió, él querrá enseñarte y quizás su hermana también lo haga.
-Usted bien sabe que yo no puedo casarme. - Rin tuvo que limpiar una lágrima que, rebelde, se había escapado para rodar por su mejilla- Yo... no quería decírselo porque me da vergüenza, pero... usted es la única persona en la que yo puedo confiar y no se lo pediría si no fuera importante. Yo... no quiero que alguien vuelva a atacarme y quiero poder defenderme sin que usted deba cuidar de mí todo el tiempo, quiero poner todo de mi parte para que lo que me ocurrió no vuelva a suceder jamás.
Sesshomaru evaluó en silencio a Rin: era una chica baja, de contextura delgada, con un rostro de facciones dulces y mirada de cervatillo. No obstante, demostraba ser valiente: ningún humano, jamás, se le había acercado o le había hablado con familiaridad o le confiaba su vida de la forma en que ella lo hacía. También estaba seguro de que Rin se esforzaba mucho por tener una vida feliz después de sus momentos de sufrimiento y que era tan obstinada, que iba a conseguir aprender lo que quisiera.
-Jaken.
-Dígame, amo bonito.
-Ve a la aldea de exterminadores- ordenó el demonio- y manda a hacer alguna armadura para Rin. También busca una espada que sea adecuada para ella.
-¡Sí!
-¡¿De verdad me va a enseñar?!- preguntó Rin tomando a Sesshomaru de las manos para mirarlo directamente a los ojos mientras no podía dejar de sonreír- ¡Es usted muy bueno! Yo... ¡le estaré por siempre agradecida! Yo...
-Rin, tranquila...- la joven asintió, atenta a cualquier tipo de instrucción- primero tienes que saber que es... posible que deba tocarte un poco para que puedas aprender. Yo sé que es incómodo y quiero saber si tú estarás bien con eso...
Rin asintió en silencio, comprendiendo aquella situación y, se dijo que aunque fuera incómodo y aunque su mente la traicionara, tenía que intentarlo. Confiaba ciegamente en Sesshomaru y sabía que él jamás iba a hacerle daño, pero temía que algo en su interior pudiera sentirse triste u ofendido, por lo que iba a trabajar para intentar controlarse a sí misma.
-Gracias por preocuparse por mí- Rin se sentía encantada de haber conseguido lo que quería-, ¡pero daré todo de mí! Yo le prometo que le haré sentir orgulloso de haberme enseñado.
-Bien.
El demonio se alejó un par de pasos para extender sus manos frente a Rin.
-Vamos a comenzar ahora mismo.
-Pero... el señor Jaken no ha vuelto con las cosas- apuntó Rin parpadeando extrañada-, yo... pensé que íbamos a esperar a que él regresara y que ahora íbamos a conversar de la vida.
-No. Primero tienes que aprender técnicas básicas de defensa- indicó Sesshomaru pensando que quizás él no sería el mejor maestro para la joven-, no puedes pelear con una espada si no sabes defender bien tus puntos vitales, además tus brazos y tu cuerpo son débiles y no podrás soportar el peso de la espada o de la armadura.
-Yo... mi cuerpo no está mal- se defendió Rin-, quiero decir, no creo que sea malo, yo... sé que ya no es bonito, pero en mi aldea era muy rápida y podía hacer muchas cosas a la vez.
-No digo que sea un mal cuerpo o que sea feo, lo que intento decir es que no haz entrenado y por lo tanto, no estás acostumbrada a ciertas tareas.
-Entiendo...
-Vamos a empezar: golpea con tu puño mis manos, lo más fuerte que puedas.
Rin asintió, empuñó sus manos y le dió un golpe en la palma que ni siquiera pudo inmutar la expresión siempre tranquila del demonio.
-De nuevo.- antes de que Rin pudiera intentarlo Sesshomaru corrigió la posición de sus brazos- No descuides el cuello y mantén la espalda derecha... de nuevo.
Al cabo de unas cuantas horas, Rin se apoyó sobre el costado de Ah-Un, para descansar un instante. No había pensado que el entrenamiento era tan duro y que ella estuviera en tan mal estado físico.
-Creo que ya debes ir a descansar.- Sesshomaru se acercó a ella para verificar que todo estuviese bien- Ha sido suficiente para el primer día y debes comer un poco cuando llegue Jaken.
-¡Quiero seguir practicando!- exclamó Rin mientras ordenaba un poco su cabello- Yo... ¡aún puedo seguir practicando hasta que regrese el señor Jaken!
-Rin, no debes llevar tu cuerpo al límite. Yo sé que no sientes mucho aprecio por él ahora mismo, pero tu salud es importante.
-¡Yo estoy bien!- exclamó la chica colocándose otra vez en guardia, tal y como le habían enseñado- ¡Podemos seguir practicando!
Sesshomaru colocó sus manos en la posición de antes para que Rin intentara golpearle, sin embargo, en cuanto ella realizó el primer movimiento se cerró suavemente sobre el cuello de la muchacha, causando que ella desistiera de inmediato del ataque.
-¿Lo ves?- susurró el demonio al tiempo que Rin le observaba detalladamente, atenta a cualquier movimiento- Te haz cansado y es fácil llegar a tus puntos vitales.
El corazón de Rin había comenzado a latir rápidamente, en un sonido que a Sesshomaru le recordó el aleteo de un colibrí. Consciente de que aquello podría aumentar la velocidad de sus latidos, él acarició lentamente con su pulgar el cuello de la chica, provocando que ella diera un paso hacia atrás de forma instintiva.
-Estás temblando...-notó Sesshomaru sin apartar su mano del cuello de la chica- ¿Me tienes miedo?
-No.- respondió Rin de forma muy segura mientras volvía a avanzar el paso que había deshecho- Yo nunca le tendré miedo... yo... yo le respeto y me agrada mucho, ¡quiero ser su amiga para siempre!
Rin le miró, esbozando una pequeña sonrisa y consciente de que una sensación cálida recorría su cuerpo, provocada por la caricia en su cuello. Sin embargo, poco a poco una sensación desagradable se coló entre sus pensamientos: para él debía ser una experiencia muy desagradable tocarla o acercarse a ella, ya que su olfato era mucho más agudo y podía percibir los rastros de sus asaltantes.
-Yo...-Rin bajó la mirada antes de decidir sujetar las riendas de Ah-Un- voy a acercarme a mirar si viene el señor Jaken, ya se ha tardado mucho y me da miedo que lo hayan exterminado por ir solito a esa aldea.
-No, lamentablemente sigue vivo...
-¡No diga esas cosas!- protestó Rin un poco molesta- El señor Jaken es muy adorable, yo lo quiero mucho y es tierno cuando me trae frutas y me ayuda en mis tareas.
-¡Ya llegué!- exclamó el aludido quitándose una capa de color café- En la aldea dijeron que las armas iban a tardar un tiempo y que a nuestro regreso podríamos pagar la mitad que falta.
-Bien.
-¿Trajo comida deliciosa?- quiso saber Rin buscando entre su equipaje.
-Traje arroz, salsas y carne para comerla asada - apuntó el diablito inflando su pecho lleno de orgullo-, ¿Quieres cenar?
- ¡Sí! ¡Tengo mucha hambre!
Una vez que Rin terminó de comer se acurrucó junto a Sesshomaru y se durmió al cabo de unos minutos. Era la primera vez que ella se dormía tan rápido y parecía dormir muy profundamente.
-Rin se durmió muy rápido esta vez -señaló Jaken acariciando el cabello de la joven-, amo bonito, ¿usted cree que ella se está recuperando?
-No lo sé, creo que hoy solo está muy cansada por su entrenamiento.
-¡Nuestra Rin se va a recuperar!- exclamó Jaken con mucha seguridad- Ella ya es muy alegre y tiene un brillo especial ¡Cuando ella esté bien, va a ser muy hermosa!
Sesshomaru optó por refugiarse en el silencio. Él pensaba que Rin ya era muy hermosa, pero temía que ella siguiera sufriendo; si hubiera una forma de hacerla olvidar todo lo que había ocurrido, se la daría, sin embargo, lo mejor que podía hacer por ella era ayudarla a entrenar y aprender a defenderse.
El demonio observó a la chica dormida a la luz de la luna. Era la primera vez que ella dormía tantas horas sin despertar o sollozar y le parecía que aquello casi podría ser calificado como un milagro. Sin lugar a dudas, le gustaría que aquello se repitiera, pero no producto del cansancio, si no que por algún tipo de normalidad en ella.
Cuando ella despertó al día siguiente, se estiró y se hizo presente un dolor en cada uno de sus músculos, por lo que no pudo evitar quejarse.
-¿Estás bien?- preguntó Sesshomaru buscando en el aire algún aroma de sangre.
-Sí, es solo... me duele todo el cuerpo- se quejó ella intentando ponerse de pie con dificultad-, ¿es esto normal?
-Sí, es... dolor bueno: significa que tú cuerpo hizo bien todo el entrenamiento ayer... Felicitaciones...
-¡Gracias!... Esto...¿Me va a doler siempre que entrene con usted?
-No, por lo que sé, deberías acostumbrarte con el tiempo- Sesshomaru apretó su mano un instante-. Si quieres puedes ir con Ah-Un a buscar aguas termales, el calor puede ayudarte a aliviar el dolor, ya que necesitamos seguir entrenando.
-¡Sí señor!
Rin se alejó corriendo, sintiéndose feliz de que su entrenamiento estuviera dando resultados, aunque esperaba que el agua termal calmara la incomodidad en sus músculos lo más pronto posible.
En cuanto Rin tuvo contacto con el agua caliente sintió el alivio extenderse por todo su cuerpo, por lo que se permitió cerrar un momento los ojos para relajarse un momento. Sin embargo, la sensación de alivio no duró demasiado: mientras se bañaba, recordó que hace varios días que no recibía su sangrado y sabía que de no ocurrir pronto, eso solo podía significar las peores noticias de su vida...
Hola!!! Espero que estén bien y les agradezco mucho por leer y apoyar esta historia ¡Nos leemos muy pronto!
