Capítulo ocho

-Kohaku, debemos comer y dormir, ya hemos avanzado mucho por hoy- murmuró Sango mientras armaba una pequeña fogata-. No puedes enfrentarte a alguien si estás agotado.

Kohaku había convencido a Sango de ir con él a matar al tal Inuyasha, después de todo, ella era la mejor exterminadora de la aldea y aunque el tipo era un híbrido, debía reconocer que una parte de sí mismo quería que él sufriera mucho a la hora de morir. Por su parte, se había jurado a sí mismo que no iba a tener piedad.

-Yo... no me interesa dormir hasta que encuentre al desgraciado que dañó a Rin- sentenció el chico agachándose un instante para acariciar a Kirara-. Tú no te imaginas todo el daño que le hicieron a ella, Sango. Además, debo conseguir los fragmentos de la perla para curar a Rin.

-Lo lograremos, pero es importante no descuidar nuestra salud en el proceso, además sospecho que juntos podremos matarlo rápidamente.

Sango comenzó a cocinar la carne que llevaban mientras contemplaba a su hermano mirar el horizonte. Ella intentaba comprender el dolor de su hermano, pero solo podía imaginar lo difícil que todo era para él y estaba segura de que Kohaku no se merecía algo así, pero no podía hacer mucho para ayudarlo.

-Lo que no entiendo- insistió Sango-, es porqué el hombre que te contó todo no ayudó a Rin y porqué no te llevó a donde ella estaba de inmediato.

-No lo sé... quizás, él la tiene retenida a cambio de la perla, pero no me importa: si es el precio que tengo que pagar por recuperarla, estoy dispuesto a reunir cada uno de los fragmentos.

-No lo sé, Kohaku, todo esto me resulta muy extraño... Hasta que no veamos a Rin no debemos entregar los fragmentos de la perla: es mejor que nos cuidemos las espaldas con ese aspecto.

Kohaku asintió antes de sentarse a comer. No quería reconocerlo, pero le preocupaba su enfrentamiento con el tal Inuyasha: había oído que era alguien fuerte y que había logrado reunir una gran cantidad de los fragmentos de la perla. Sin embargo, debía matarlo, debía vengar a su prometida y hacer todo lo que estuviera en su mano para recuperarla.


El entrenamiento de Rin era mucho más largo de lo que ella había pensado en un principio y, aunque se forzaba a sí misma a realizar cada ejercicio de la forma adecuada, poco a poco fue adquiriendo algunas habilidades como la velocidad y la templanza de querer mejorar día a día.

Mientras Rin terminaba de desayunar, pudo percibir que Sesshomaru la estaba mirando, por lo que en respuesta le dedicó una pequeña sonrisa. Para la joven aún resultaba extraño, pero muy en su interior le gustaba que el demonio la mirara.

Le abrumaba un poco, pero Rin tenía que reconocer que, desde hace algún tiempo, cada vez que lo descubría mirándola una sensación cálida y agradable se producía en su cuerpo. Le preocupaba un poco que aquello fuera malo o que su relación fuera a cambiar de pronto, ya que lo único que ella quería era que siguieran siendo amigos.

Rin se sentía contenta de que Sesshomaru estuviera a su lado. Sin lugar a dudas, él y sus otros amigos eran lo mejor que tenía en su vida y se sentía agradecida de tenerlos, por lo que definitivamente no quería que nada cambiara.

-¿Ya haz terminado tu desayuno?- le preguntó el demonio.

-Aún no. - Rin decidió seguir picando la fruta en trozos pequeños- El señor Jaken me trajo un melón muy grande ¡está muy dulce! ¿Quiere probar?

Sesshomaru se mantuvo en silencio un par de minutos. La comida humana nunca le había parecido segura o apetecible, pero viendo lo feliz que lucía Rin a medida que disfrutaba del melón, se preguntó si podría tener un buen sabor.

-Sí.

-¡¿De verdad?! - Rin aplaudió entusiasmada- ¡Venga a sentarse conmigo, entonces!

La chica estaba sentada sobre las raíces de un gran árbol, protegida de la luz del sol y disfrutando del leve calor que ya había a esas horas de la mañana. El demonio se sentó a un lado de ella, observando como sujetaba con sus delicadas manos los palillos y escogía un trozo de la fruta.

Rin acercó los palillos a los labios de Sesshomaru, manteniendo una mano bajo la barbilla de él, como acostumbraba a hacer con los niños de la aldea. Mientras el demonio comía la fruta ella le miraba con una sonrisa, expectante a cualquier tipo de reacción.

-¿Le gustó la fruta, señor Sesshomaru?

El demonio asintió tímidamente antes de atreverse a mirar a Rin a los ojos. Nunca antes habían estado en tal nivel de proximidad y, no podía dejar de pensar que aquello era de lo más imprudente.

Pero Sesshomaru no sabía qué le pasaba y porque era incapaz de moverse: era como si los ojos oscuros de la dulce Rin le hubieran hechizado de pronto y, aunque intentó romper el embrujo desviando la mirada, fue un error, ya que sus ojos se posaron sobre los labios de la joven.

Cerró los ojos un breve instante, recordándose a sí mismo que aquello estaba mal: no debía besar jamás a Rin, porque ella era humana; una humana que ya había sufrido mucho y que, como bien había dicho ella cuando le conoció, nada bueno podría ocurrir entre un demonio y una mujer. No podía permitir que Rin sufriera otra vez y tampoco podía olvidar que él no cometería los mismos errores de su padre.

-¡Me alegra mucho que le guste la fruta!- comentó Rin retomando la conversación una vez que el demonio abrió sus ojos dorados- Es muy bueno, porque eso significa que puede desayunar conmigo y con el señor Jaken ¡tiene que probar los duraznos! Son muy ricos, aunque mi fruta favorita es el melón ¡pero podemos descubrir cuál es la suya! Yo creo que usted tiene cara de que le van a gustar las fresas y...

-Rin.

-¿Qué sucede?

-Yo... Jaken se hará cargo de tu entrenamiento por hoy.

-¿Qué?- Rin le miró sin comprender, ya que nunca antes el señor Sesshomaru se había ausentado de una jornada de entrenamiento- ¿Por qué?... ¡¿Yo hice algo malo?! ¡Juro que no fue a propósito!

-Tranquila, no hiciste nada.

-Entonces, ¿por qué ya no quiere entrenar conmigo?... - los ojos de Rin se volvieron brillantes por las lágrimas- Es porque... todavía puede oler lo que me hicieron antes y... cree que da asco- algunas lágrimas salieron de los ojos de la joven- ¡Yo lo siento mucho!

-Rin, - Sesshomaru apoyó sus manos sobre los hombros de ella, intentando que, de alguna forma, volviera a la calma- tu aroma no tiene nada de malo, es solo que tengo que resolver unas cosas y Jaken podrá ayudarte por hoy.

-Bueno... lo siento...

Rin se sentía abatida, ya que normalmente no tenía crisis desde que había comenzado a entrenar y se sentía un poco más segura de sí misma. Sin embargo, ahora se dejó llevar por los pensamientos negativos y había preocupado al señor Sesshomaru con sus miedos más profundos.

A ella no le gustaba la idea de que Sesshomaru pasara solo el resto del día, pero la verdad es que él era demasiado independiente y ella no podía hacer nada al respcto, solo esperaba que el demonio terminara de resolver sus cosas pronto.

Una vez que Sesshomaru se alejó, Rin se acercó hacia el diablillo, mirándole expectante y preguntándose que lección interesante podría aprender de él.

-Señor Jaken, ¿usted me va a enseñar algo hoy?- preguntó Rin deseando que por fin le permitieran usar una espada o algún tipo de arma.

-Esto... ¿el amo bonito no dijo qué ibas a aprender hoy?

-¡Sí!- recordó ella con una sonrisa- ¡Él me dijo que quería enseñarme a nadar!

-¿A nadar dices?...- Jaken miró a la chica preocupado mientras ella asentía- Bueno, si es lo que dijo el amo, habrá que intentarlo...

El problema para Jaken era que no sabía cómo enseñar a nadar a alguien cuando ni siquiera él era capaz de hacerlo fluidamente. Normalmente, cuando quería pescar, chapoteaba de forma torpe hasta que era capaz de atrapar algo, pero dudaba que Rin quisiera nadar como lo hacía él. Además, tampoco podía comprender porqué nadar era importante para que Rin aprendiera a defenderse, sin embargo, no estaba en condiciones de cuestionar las lecciones del amo.

-Esto... ¡el agua es tan incómoda! ¡tan húmeda y fría!- exclamó el diablillo moviendo los dedos de sus pies en el vital elemento- ¿estás segura de que quieres aprender a nadar?

-En realidad yo ya sé nadar- Rin suspiró un instante antes de sentarse sobre unas rocas junto a las mansas aguas del lago-, pero iba a fingir que no lo sabía para que el amo Sesshomaru me enseñara.

Jaken parpadeó, perplejo, ante aquella declaración y corrió a sentarse junto a ella, mientras la jovencita enroscaba una parte de su cabello alrededor de su dedo.

-¡Muchachita mala! ¡¿Cómo te atreves a mentir al amo bonito?! - le regañó Jaken- ¡¿Acaso te volviste loca?!

-Nada de eso, es solo... ¡me hacía mucha ilusión que el señor Sesshomaru me enseñara a nadar! - los ojos de Rin brillaban a medida que recordaba las imágenes que se había inventado en su mente- Yo sé que él habría sido muy tierno y muy paciente mientras me enseñaba... pero bueno... dijo que tenía cosas que resolver y supongo que eso es importante.

-Rin... ¿te puedo hacer una pregunta?

-¡Claro que sí!

-Tú... ¿a ti te gusta el amo Sesshomaru?

Jaken entrecerró sus grandes ojos para observar el rostro ruborizado de Rin y como sus grandes ojos oscuros le rehuían la mirada.

-¡¿Pero qué cosas está diciendo?!- preguntó ella mirándole de reojo- Yo... yo sé que el señor Sesshomaru es muy bueno y muy amable conmigo, pero eso no significa que me gusta.

-Pero como dijiste que querías que te enseñara algo que ya sabías, pensé que era porque querías que sus lecciones duraran un poco más de tiempo y porque te gustaba.

-Es que... -Rin suspiró antes de abrazar sus rodillas un momento- él es agradable, me gusta conversar con él, es muy dulce conmigo y de alguna forma se preocupa por mí, pero sé que jamás podría haber algo más que una bonita amistad entre nosotros.

-Bueno... evadiendo el hecho de que eres una chica humana, eres muy agradable y buena, Rin- Jaken apretó una de las manos de la joven- ¡Estoy seguro de que le agradas mucho al amo bonito!

-Yo también lo creo... Me gusta mucho ser su amiga y espero que sea así para siempre, yo no quiero que nada cambie.

-Rin, ¿sabes lo que yo pienso?

-¿Qué cosa?

-Que en realidad sí te gusta, pero tienes miedo.

-¿Miedo?

-Te da miedo que el amo bonito te haga lo mismo que te hicieron esos hombres cuando te asaltaron- Jaken acarició suavemente la mejilla de la joven- y por eso no quieres que las cosas cambien, pero no tienes que preocuparte porque el amo Sesshomaru jamás haría algo para lastimarte. Tú... eres valiosa para él y quiere que seas muy feliz.

-No es eso...-Rin miró hacia el agua limpia y tan cristalina que podía verse reflejada en ella- es... ¿usted ve el agua, señor Jaken?...- el diablito asintió en silencio- Bueno, yo cuando vivía en mi aldea, cuando iba camino a mi boda feliz e ilusionada, era igual de pura que esta agua, pero... cuando esos hombres mataron a mi familia, me tocaron, me torturaron y me mataron, me volví como el agua sucia que hay en los pantanos y nadie quiere beber agua de pantano.

-Rin, tus metáforas sobre el agua no son las mejores, ¿sabes?

-Lo que intento decir es que no tengo miedo del señor Sesshomaru, pero sí sé que él jamás querría tener algo conmigo y no solo por el hecho de que soy humana, si no que también porque no debe ser agradable tocar a alguien tan sucia...

-¡Niña, no debes decir cosas feas sobre ti!- la regañó el señor Jaken antes de sujetar su mentón y mirarla a los ojos- ¿sabes lo que yo veo cuando te miro?- Rin negó con su cabeza- Veo a una chica ruidosa, alegre, llena de vida y tan hermosa que ha logrado hacer que la queramos casi de inmediato. Rin, tú no eres fea, ni das asco o eres sucia; no eres nada de las cosas crueles que te dices a ti misma tan a menudo y te garantizo que el amo bonito está de acuerdo conmigo.

-¡¿Pero qué puedo hacer?!- sollozó ella- Me digo cada día que lo que ocurrió no es mi culpa, que yo no hice nada para que algo así sucediera, pero no me siento digna de nadie y mucho menos del señor Sesshomaru. Yo... ¡es muy difícil vivir después de todo lo que me hicieron!

-Yo me imagino que sí, pero lo lograrás, Rin. Eres mucho más fuerte que tus miedos y más importante de lo que te imaginas.

-Usted... no se lo dirá a nadie, ¿verdad?- preguntó Rin de pronto- Yo no quiero que el señor Sesshomaru sepa estas cosas de las que hablamos.

Jaken asintió, aunque si era honesto no sabía bien cómo iba a guardar el secreto, tomando en consideración la fuerte conexión mental que mantenía con su amo.


Por su parte, Sesshomaru había logrado alejarse lo suficiente como para no escuchar la voz de Rin, no obstante, aún era capaz de percibir su aroma y aunque era dulce, causaba en él emociones diversas y muy confusas. La chica era alguien que le causaba mucha curiosidad, ya que desde el primer momento en que la conoció ella parecía confiar en él y le trataba como si fuesen viejos amigos. En toda su larga vida, nadie le habló o le miró de la forma en que ella lo hacía y no podía evitar sentirse como si fuera especial.

No podía negarse que apreciaba a Rin y que era la única criatura en el mundo por la que podía sentir algo parecido, pero todo se volvía confuso cuando ella hablaba de amistad o del supuesto amor que debía sentir por su prometido. Ambas cosas eran muy desconocidas para un demonio de su clase y le preocupaba estar entremezclando todo... quizás haber intentado conservar a Rin fue un error desde el principio, pero era muy tarde para arrepentimientos.

La presencia de Rin en su vida era algo que no quería deshacer, ya que su sonrisa era tan agradable y sus ojos estaban tan llenos de ternura que no podía dejar de contemplarla. Le parecía que ella era una criatura tan maravillosa que no podía ser humana: ella podía convertir su mundo en un lugar más cálido y era hermoso ver las cosas de la forma en que Rin lo hacía.

Sin embargo, no podía permitir que aquellos sentimientos continuaran creciendo, temía que Rin se diera cuenta o que incluso Jaken comenzara a sospechar de aquellos pensamientos inquietantes y se dijo que pasar un día alejado de las sonrisas de Rin solo podría ayudarle a despejar su mente un poco.