Capítulo nueve
Rin estaba esperando a Sesshomaru, junto a Ah-Un mientas el sol comenzaba a ocultarse. Le preocupaba mucho que al demonio le hubiese ocurrido algo o no pudiese resolver sus problemas a tiempo. Quería conversar con él y saber si al día siguiente por fin volverían a retomar su entrenamiento, ya que el señor Jaken solo se había dedicado a conversar con ella y no le había enseñado nada útil.
-Ah-Un, ¿crees que al amo Sesshomaru le pasó algo?
El dragón negó con una de sus cabezas, a lo que Rin le abrazó con fuerza.
-¿Entonces por qué no viene?
-El amo bonito tiene muchas cosas que hacer además de cuidar de ti, Rin- Jaken se acercó mientras cargaba un poco de leña-. Seguramente estará por aquí en la mañana.
-Sí sé... pero no me gusta que esté solito.
-No debes preocuparte: él es muy fuerte e independiente y ya verás que va a regresar cuando menos lo imagines.
-¡Sí!
-¿Por qué no me ayudas a preparar la cena?
-¡Está bien!
Rin se acercó a Jaken para comenzar a cocer unos champiñones y un poco de arroz que aún quedaba.
-¡Pesqué esto!- exclamó el diablillo enseñándole a Rin unos cuantos pescados.
-¡Usted es el mejor, señor Jaken!- exclamó la chica contenta antes de abrazarlo- Creo que hacemos un buen equipo: usted pesca y yo recolecto verduras y hongos ¡Es muy agradable! ¡Tendremos una cena súper deliciosa!
Mientras cenaban, Jaken tuvo cierta curiosidad: ¿Qué ocurriría si Rin nunca regresaba a una aldea? Al principio ella solo hablaba de casarse con el exterminador con quien estaba comprometida, pero ahora parecía muy acoplada a la vida del bosque y a la compañía del amo Sesshomaru. Ya no hablaba de matrimonio y al parecer, su motivación ahora era aprender a usar una espada y convertirse en alguien más fuerte y autónoma.
Además del hecho de que ella intentó mentir para pasar tiempo con el amo bonito, Jaken veía que Rin estaba siempre feliz en compañía de su amo, reía más a menudo y solía arreglarse el cabello decorándolo con flores. El diablillo desconocía si todo eso era una señal de algo nuevo, pero se dijo que debía mantener a la jovencita y al amo bien vigilados, ya que quería estar al tanto de cualquier cambio.
Para el diablillo la compañía de Rin no era ningún problema y, aunque no quería reconocerlo, estaba esperando que ella se quedara para siempre. Le preocupaba que no fuera feliz, pero estaba seguro de que ella iba a superar todos los obstáculos.
-Rin, ¿te puedo hacer una pregunta?
-¿Qué quiere saber?
-Tú... ¿no quieres contarme lo que ocurrió el día que murió tu familia? Sé que el amo lo sabe, pero tú y yo jamás hemos hablado sobre eso y... yo también quiero ser tu mejor amigo.
Rin miró a su amigo de reojo al tiempo que una sensación de incomodidad se instalaba en su estómago.
-¿Por qué quiere hablar de eso? - Rin bajó la mirada a sus manos- Yo... ya le dije que no lo recuerdo bien y... no me gusta hablar sobre eso...
-Es porque, aunque no lo recuerdes bien, nunca nos haz dicho realmente como pasaron las cosas y creo que si hablas sobre ello, será más fácil para ti aceptarlo y superarlo.
-Señor Jaken, lo que me hicieron fue terrible- Rin le miró con los ojos brillantes-, yo... de verdad solo recuerdo que me ataron, me tocaron entre todos y cuando dejé de pelear, solo recuerdo mucho dolor. Yo...- Rin había comenzado a llorar- no sé cómo recordar me va a ayudar a estar mejor... ¡¿Eso es lo que usted quería saber?! ¡¿Ahora me va a mirar y va a pensar que no hice lo suficiente para evitarlo?!
-Yo no...
-¡El señor Sesshomaru ya lo sabe y ya es lo suficientemente vergonzoso! Yo... ¡Sé lo que piensa cuando me mira y odio que sea así! ¡Ahora usted también pensará lo mismo de mí y... por eso no quería volver a hablar de ello jamás!
-¿Qué crees que pensamos de ti?
Rin se limpió las mejillas antes de intentar hablar con normalidad.
-Además de lo que le conté en el lago, creo que deben pensar que no hice lo suficiente por protegerme- confesó-, que no luché lo suficiente y que... lo que sucedió es mi culpa... yo... hubo un momento en que no me resistí: solo me quedé quieta, cerré los ojos y permití que sucediera... quizás, por eso ellos pensaron que sí me había gustado y siguieron haciéndolo, quizás sí es mi culpa y...
-¡Jaken!
Ambos guardaron silencio en cuanto la voz de Sesshomaru llegó a ellos. El demonio caminó hacia donde se encontraban sentados, fulminando al diablillo con la mirada y buscando una piedra lo suficientemente grande para acabar con su existencia para siempre.
-Dígame, amo bonito.
-No hagas eso.
Sesshomaru había escuchado toda la conversación y consideró que Jaken había sido muy imprudente al querer que Rin comenzara a recordar: para ella revivir aquella parte de su historia no era agradable y si no quería volver a tocar el tema, debían respetarlo.
-Es que yo pensé que...
-¡No me importa lo que hayas pensado! Si vuelves a presionar a Rin de esa forma, voy a matarte con mis propias manos.
-No haga eso- susurró Rin agachándose para quedar a la misma altura del diablillo-, yo sé que el señor Jaken no tenía una mala intención cuando quiso hablar conmigo.
-Eso no importa.
-¿Cómo estuvo su día?- preguntó Rin en su lugar, intentando cambiar el tema de conversación a algo mucho más agradable- ¿Pudó resolver las cosas que quería?
-Sí.
En realidad Sesshomaru no había hecho mucho en su día: solo se mantuvo bajo la sombra de un gran árbol mientras meditaba sobre cómo su vida había cambiado desde que Rin había llegado a ella: ahora su más absoluta prioridad era que la chica completara su entrenamiento y pudiera ser feliz haciendo todo lo que ella quisiera.
Sin embargo, le preocupaba que su vida no volviera a la normalidad una vez que Rin se fuera de ella, di decidía hacerlo. Se había acostumbrado tanto a su compañía que comenzaba a desear que fuese algo eterno: le gustaba su sonrisa y quería poder mirarla para siempre.
-¡Me alegro mucho!- exclamó Rin aplaudiendo- ¡Yo también tuve un muy buen día! El señor Jaken me enseñó a nadar y pude recolectar verduras con Ah-Un, pero habría sido divertido si usted también hubiese estado.
-Rin.
-Dígame.
-Quiero hablar contigo.
-¿Sobre qué?- Rin le miró muy preocupada mientras él avanzaba para alejarse de Jaken- ¿Tiene alguna queja sobre cómo cosí la ropa ayer? Quizás no quedó bien, pero creo que podré remendar todo otra vez mañana. Yo...
-Yo nunca he pensado nada de lo que le haz dicho a Jaken- Sesshomaru la miró a los ojos causando que el corazón de Rin comenzara a latir más rápido de lo normal-. Jamás he pensado que es tu culpa o que merecías que te trataran de esa forma, yo puedo jurar que nunca tendré ese tipo de pensamientos sobre ti.
-¡Lo siento! -sollozó Rin abrazándose a él rápidamente- Por dudar de usted y decir esas cosas, ¡prometo que no volveré a decir algo así jamás! pero... ¿usted qué piensa sobre mí?- la chica le miró atentamente al notar que su abrazo no era correspondido- Usted... ¿usted me quiere?
-Rin, yo...-En ese momento, Sesshomaru sintió el aroma de un rastro familiar por lo que se dijo que de inmediato debía actuar: deshizo el abrazo de la joven y se alejó unos cuantos pasos- ¡Jaken, ven aquí!
-¡Voy, amo bonito!- Jaken corrió hacia donde su amo le esperaba- ¿Qué necesita?
-Cuida a Rin. - dijo simplemente- Siento el rastro de Inuyasha y él es peligroso para ella.
-¿Inuyasha dice?- preguntó Rin emocionada- ¡Es su hermano pequeño! ¡Yo quiero conocerle!
Sesshomaru la sujetó suavemente por la muñeca para evitar que la chica se adelantara e hiciera algo imprudente.
-No, Rin, él es peligroso. Es mejor que te quedes aquí: podría intentar hacerte daño.
-Pero... ¿Usted va a estar bien?- quiso saber Rin mirando los ojos dorados del demonio, preocupada por su seguridad- No quiero que le suceda nada malo, yo sí lo quiero mucho.
-Escóndete por aquí, Rin.
Sesshomaru se adelantó un par de pasos. Si bien, sabía que lo mejor era alejarse del híbrido, pensó que no debía perder la oportunidad de recuperar a colmillo de acero. Después de todo, estaba seguro de que ahora sí podría pertenecerle.
Rápidamente visualizó al híbrido que comenzaba a armar una fogata junto a dos humanos y una cría de una especie de zorro yokai. Era extraño que su hermano estuviese tan acompañado, ya que la última vez que lo había visto estaba completamente solo, sin embargo, ninguno de ellos podría detenerle en su actuar.
Inuyasha, también notó pronto, la presencia de su medio hermano: podía sentir su rastro sobre el suelo y sus orejas permanecían alerta al susurrar del viento entre los árboles, seguro de que Sesshomaru no tardaría en aparecer.
-¡Aparece de una vez, Sesshomaru!- gritó, causando que sus compañeros se tensaran de inmediato.
-Inuyasha, ¿qué ocurre?- quiso saber la joven Kagome apoyando su mano sobre su hombro- ¿Quien viene?
-Mi medio hermano, ya te he hablado sobre él...
-Que considerado...-Sesshomaru aterrizó a su espalda- nunca pensé que hablabas sobre mí en tu tiempo libre. Casi logras hacer que me conmueva.
-¡¿Qué haces aquí, Sesshomaru?!
El demonio golpeó a su medio hermano con su puño en cuanto tuvo la oportunidad logrando que cayese al suelo violentamente y dando inicio a un nuevo enfrentamiento entre ellos.
Cerca de ahí, Rin y Jaken observaban atentamente la escena, sentados cómodamente sobre las ramas de un árbol.
-Debes saber, Rin, que la espada que el bobo de Inuyasha tiene le corresponde a mí amo- especificó Jaken, mientras ella miraba la pelea-, como es el hermano mayor, claramente le corresponden mejores cosas, pero el tonto de Inuyasha no quiere reconocerlo.
-Pero, señor Jaken, el amo Sesshomaru ya tiene una espada- aclaró Rin sin comprender del todo el porqué del conflicto- ¡y yo creo que es muy linda! Además, hay que aprender a compartir: si el señor Sesshomaru necesita la espada del señor Inuyasha, puede pedirla prestada y así no habrían peleas ¡yo puedo devolverla cuando termine de usarla!
Jaken parpadeó mirando a la chica como si fuese realmente un caso perdido, pero en su lugar acarició a la joven en su mejilla con ternura.
-No te preocupes de eso, mejor... ¡mejor mira la pelea porque el amo bonito va ganando! -Rin aplaudió entusiasmada en respuesta, pero pronto el entusiasmo fue reemplazado por preocupación- Pero... ¿Quién es esa mujer y por qué se mete en la pelea?
Rin observó a una joven arquera que, usando un atuendo bastante extraño, apuntaba a su amo con una flecha.
-¡Date prisa, Rin!- Jaken le entregó a la chica una cesta con piedras que habían recolectado en caso de verse en la obligación de ayudar a su amo- ¡Hay que arrojarle piedras a esa mujer y a Inuyasha para que dejen en paz al amo bonito!
-¡Sí!
Rin arrojó algunas piedras intentando evitar que atacaran a su amo y logrando golpear al híbrido con dos de ellas.
-¡Muy bien, Rin! ¡Sigue así! ¡Yo me encargo de la mujer entrometida!
Inuyasha se llevó la mano a su cabeza, mientras Sesshomaru miraba hacia las ramas de un árbol que estaba cerca de ellos.
-¿Qué demonios?- se preguntó el híbrido al verse atacado por una lluvia de rocas- ¡Sesshomaru, ¿qué significa esto?!
-¡Señorita Kagome, debe apuntar hacia las ramas de aquel árbol!- la instruyó un monje vestido de color morado- De ese lugar provienen las piedras y sospecho que Sesshomaru no vino solo.
Kagome, rápidamente disparó su flecha, aprovechando que Inuyasha se dedicó a retener a Sesshomaru para evitar que pudiera hacerle algo a la joven.
La flecha se internó entre las ramas del árbol y cayó al suelo sin derribar a nadie en su trayecto. Sesshomaru pudo sentir cierto alivio en su interior: le había preocupado que esa mujer pudiese herir a Rin de gravedad, pero aunque la flecha no se hubiese insertado en ningún lugar, no se sentiría tranquilo hasta que viese a la chica sana y salva.
Kagome se acercó a la flecha para examinar su punta: estaba segura de que habría podido derribar a quien se escondía en el árbol, por lo que le parecía raro que su puntería hubiese fallado, aunque en la punta había algo de sangre.
-Esto es...
-Huele a sangre humana- susurró Inuyasha acercándose a la joven-...¿Qué tipo de criatura hay en ese árbol?
Entre las ramas, Jaken se abrazó a Rin buscando protegerse del ataque con la flecha. Suspirando aliviado cuando la saeta pasó por su lado sin causarle un rasguño.
-¡Que alivio!- exclamó contento- ¡No me dieron! ¡Rin, estamos a salvo!
-Señor Jaken...-susurró Rin mientras se llevaba una mano a su costado, en la altura de su cadera. La joven notó cierta calidez entre sus dedos, pero no quería asustar a nadie- creo... creo que estoy herida.
-¿De qué estás...?- Jaken aún sentado en el regazo de la joven contempló los dedos de ella manchados de sangre- ¡Te hirieron, Rin! ¡Malditos salvajes!- les gritó- ¡¿Cómo se atreven a herir a Rin?! ¡No te asustes! ¡Vamos a resolver este asunto de inmediato!
Sin embargo, la amenaza de otra flecha, causó que Rin perdiera el equilibrio de donde estaba sentada, lo que provocó su inminente caída.
Sesshomaru observó la escena muy enfadado para luego darse prisa y poder atrapar a Rin antes de que pudiera golpearse contra el suelo.
-¿Qué es...?- Inuyasha no daba crédito a lo que veían sus ojos- ¡¿Es una mujer?!
