Capítulo once
Habían pasado algunos días desde que habían herido a Rin y, aunque ella se sentía bien de salud, Sesshomaru había decidido comenzar con los entrenamientos con la espada.
Las armas de Rin aún no estaban listas, pero quería que ella comenzara a familiarizarse un poco con ellas, por lo que pensó que de momento sería bueno practicar con colmillo sagrado.
El demonio se colocó detrás de la joven para ayudarla a sostener la espada y, a pesar de que trataba de no tocarla más de la cuenta, en un principio podía notar la tensión en su cuerpo. Era extraño, porque Rin sonreía, pero a raíz de su lenguaje corporal, podía sentir que una mínima parte de ella no parecía querer confiar en él todavía y para Sesshomaru era confuso que aquello le afectara tanto.
-¿Ocurré algo?- Rin le miró de reojo mientras bebía un poco de agua.
-Quiero que confíes en mí, Rin.
-Yo ya confío en usted- la joven le miró confundida-, ¿de qué está hablando?
-Cuando te ayudo a sostener la espada, tus hombros se tensan. Si no confías en mí, será difícil ayudarte en lo demás.
-Yo... - Rin bajó la mirada mientras se mordía el labio inferior, tratando de ordenar sus ideas- No es falta de confianza, es solo... me pone un poco nerviosa, las veces que usted y yo estamos muy cerca... ¡sé que es parte del entrenamiento! y ¡prometo trabajar muy duro para que no suceda!
-Bien.
-Además, me preocupa no llegar a ser buena con las armas y... hacer que usted pierda su tiempo conmigo.
-Rin, no estoy perdiendo mi tiempo: no suelo hacer este tipo de cosas con alguien en quien no veo potencial.
-¿Ve potencial en mí?
-Sí, así que debes tener más confianza en tus habilidades.
Rin sonrió un poco más tranquila por sus palabras. Desde que había muerto, el amor por sí misma había disminuido en cantidades alarmantes, aunque poco a poco gracias a las jornadas de entrenamiento, comenzaba a confiar en sí misma otra vez.
-Vamos a descansar un par de minutos- anunció Sesshomaru-, ve a revisar tu herida: la humana dijo que tenías que cambiar los parches cada cierto tiempo.
-¡Sí! ¡Me gustaría volver a verla para darle las gracias!- señaló Rin, contenta por quizás haber hecho una amiga- También para devolverle sus cosas y...
-La volveremos a ver- sentenció Sesshomaru-: tenemos asuntos pendientes.
Ahora que el demonio lo pensaba más cuidadosamente, debió haber aprovechado el instante y arrebatarle los fragmentos a la humana, después de todo, habría adelantado mucho trabajo, pero aquello podría haber asustado a Rin y la joven ya tenía suficiente miedo en su vida.
Desde que se lo había propuesto, Sesshomaru había logrado reunir tres fragmentos de la dichosa perla, los que mantenía cuidadosamente guardados de la vista de cualquiera. Se los había quitado a unos demonios menores, lo que había resultado bastante fácil, por lo que estaba seguro de que iba a lograr reunir todo lo que necesitaba.
Rin, por su parte, ignoraba que Sesshomaru estaba buscando la perla de shikon. Cuando él iba a la caza de algún demonio, dejaba a la joven en compañía de Jaken y regresaba a la hora de cenar.
Ella pensaba que, definitivamente, el señor Sesshomaru tenía novia y no quería decírselo. No se sentía ofendida ni celosa cuando él se marchaba, pero no podía dejar de pensar que la chica en cuestión sí era afortunada, ya que después de todo, el demonio sí era muy bueno y dulce, por lo que a veces, ella comenzaba a preguntarse cómo se sentiría ser la novia de alguien así.
-¿Por qué suspiras tanto, Rin?- quiso saber el señor Jaken aquel día mientras cocinaba el pescado para cenar.
-Estaba pensando...
-¿En qué? ¿Estabas pensando otra vez en el tal Kohaku?
Rin se ruborizó antes de negar suavemente con la cabeza.
-Estaba pensando en el amo Sesshomaru y en que todos los días va a ver a su novia, ¿no cree que eso es muy tierno de su parte?
Jaken parpadeó confundido. Esa chica realmente no se daba cuenta de nada: hasta para él que era viejo, era evidente que algo comenzaba a nacer entre su amo y Rin, si no fuese así, el amo no se habría tomado tantas molestias por la chica y ella no se esforzaría tanto por impresionarle, estaba seguro de que incluso Ah-Un se daba cuenta de las cosas.
-No sabía que el amo bonito tenía novia.
-Es lo más lógico y evidente- pensó Rin-, aunque yo no sabía que los demonios acostumbraban a tener novia, ¿es eso normal entre ustedes o es algo propio de su especie?
-Yo diría que la especie del amo bonito es curiosa: su padre se casó dos veces, así que supongo que el matrimonio es algo que ellos suelen hacer.
-¿Entonces eso significa que se va a casar pronto?
-¡Niña, tú...!- Jaken no quería meterse en problemas por hablar más de la cuenta- No digas esas cosas: el amo bonito no tiene novia, él... solo tiene asuntos importantes que resolver.
Jaken miró a la chica, mientras pensaba que el señor Sesshomaru debía hablar con ella y contarle lo que estaba haciendo, a fin de cuentas, Rin iba a ser la principal beneficiaria del asunto y creía que si no lo hacía, ella iba a terminar sintiéndose triste o tomando decisiones equivocadas.
-Quizás deba darme prisa con mi entrenamiento...- meditó ella antes de abrazarse a sus rodillas- así podré dejar de interferir con sus vidas y podré casarme, cumplir con lo que mi familia quería e intentar olvidar todo lo que sucedió antes.
-Rin, no te presiones con esas cosas, ¿recuerdas lo que dijo el amo bonito?
-Que me tomara mi propio tiempo.
-Exacto... así que solo sigue haciendo las cosas según lo que te parezca a ti misma.
-¡Si!
Al día siguiente, mientras Rin descansaba de su entrenamiento y revisaba su herida, pudo ver que ésta estaba casi cerrada y tenía piel nueva, por lo que no pudo evitar sonreír, contenta, porque su cuerpo logró sanar con rapidez.
Una vez que terminó de atar su obi y regresó a donde el señor Sesshomaru la esperaba, pudo ver que él estaba recostado sobre el tronco de un árbol, con los ojos cerrados y una apariencia pacífica en el rostro.
Rin contuvo un momento la respiración, pensando que él se veía realmente muy hermoso. La chica era consciente de que el señor Sesshomaru era muy guapo, pero nunca había tenido la oportunidad de apreciar su belleza durante un tiempo prolongado: normalmente solo le miraba de reojo o por breves instantes, procurando no incomodar, pero esta vez, sentía que tenía el permiso de mirarlo por todo el tiempo que quisiera.
La joven se acercó al demonio, que seguía descansando tranquilamente y se arrodilló a su lado. Podía sentir sus ojos llenarse de lágrimas, aunque no era consciente del porqué de su emoción: Rin sólo sabía que quería mirarle hasta que él despertara, por alguna razón, quería ser lo primero que viera él al despertar, aunque desconocía si aquel deseo podía ser adecuado para alguien como ella.
De pronto, al ver los labios de Sesshomaru, una curiosidad se instaló en ella: ¿cómo se sentiría besarle? Rin nunca había besado a nadie, la vez que lo había hecho antes de morir no contaba para ella y estaba segura de que un beso de su amo debía sentirse diferente. Creía que un breve beso era inocente, algo que solo alimentaría su curiosidad y que podría recordar una vez que su vida cambiara, además como Sesshomaru estaba dormido, no podría enterarse de nada, porque ella no iba a decírselo.
Armándose de valor y mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie podría verla, se inclinó hacia él y rozó sus labios con los suyos, tímidamente, como si temiera ser descubierta o regañada por lo que estaba haciendo.
La sensación para Rin era agradable, dulce, como si el mundo de pronto fuera un lugar bello y su corazón latía emocionado, feliz porque se había atrevido a hacer algo que antes solo había visto en sus sueños.
Sesshomaru, por su parte, no estaba dormido: solo había decidido cerrar sus ojos para descansar un momento, pero seguía estando muy alerta. Por ello, fue consciente del aroma de Rin a su lado cuando se sentó cerca de él; sabía que le estaba mirando y que parecía estar concentrada en algo, pero como ella no representaba ningún peligro, decidió seguir descansando un poco más.
En el instante en que Rin se acercó y le besó, el demonio abrió sus ojos de inmediato, al tiempo que los labios de Rin se posaban sobre los suyos. Era como sentir las alas de una mariposa: suave y tierna, tal como Rin siempre lo había sido. No podía negar que la sensación era agradable y que aunque era su primer beso, no se sentía incómodo o extraño, era como si un beso entre ambos fuese natural y esperado.
Sesshomaru no quería asustar a Rin, tampoco quería apresurar las cosas, por lo que lentamente correspondió a su beso, procurando no hacer un movimiento demasiado apresurado o incorrecto. Sujetó la mejilla de la chica y besó a Rin hasta que ella se apartó un poco de él y le miró a los ojos, confundida por la situación que estaba sucediendo.
-Yo...- Rin sentía su cabeza hecha un caos,
por lo que no era capaz de hilar algún tipo de conversación- yo... lo siento mucho... yo... no pensé que... yo...
-Rin, no te preocupes.
- Pero es que...
-Rin, yo... sí quería que algo así sucediera...- las mejillas de Rin se volvieron aún más rojas- no debes pensar mucho al respecto.
-Pero... ¿de verdad usted quería besarme?
-Sí. Fue agradable.
-Gracias... fue... bueno para mí también, pero... ¿lo nuestro puede ser un secreto? Yo no quiero que el señor Jaken se entere y que...
-Rin, no hay un "lo nuestro"- aclaró Sesshomaru mientras ella le miraba confundida-. Yo no me puedo involucrar con una humana de esa forma y aunque fue un momento agradable para ambos, no cambia en nada las cosas.
-Pero... para mí fue especial, yo...
-Tu misma lo dijiste cuando te conocí: los demonios que se involucran con humanos no suelen tener un final feliz y yo no quiero cometer los mismos errores que mi padre.
-¿Cree ahora que salvarme fue un error?
-No, Rin, jamás pensaría algo así de ti. Salvarte nunca será un error.
-Entonces, ¿por qué usted no me quiere?- los ojos de Rin se habían llenado de lágrimas.- ¿Por qué me besó si no me quiere?
La mente de Rin iba con pensamientos veloces que ella era incapaz de contener y, aunque sabía que el rechazo era muy posible, no contaba con que él se daría cuenta del beso o que tendría que revelar parte de sus sentimientos de aquella forma. Rin, por un instante, se había ilusionado y pensado que Sesshomaru podía sentir algo por ella.
Pensó que quizás, podrían gustarse y aquella posibilidad le había emocionado más de lo que estaba dispuesta a reconocer. Creyó que si alguien como Sesshomaru podía verla como mujer, conociendo todos sus secretos y temores, entonces tenía esperanzas para rehacer toda su vida: a ella no le importó, en ese breve momento, jamás regresar a una aldea o incumplir los compromisos de su familia; le importó por aquel único instante robado, ser feliz a pesar de todo.
-No he dicho que no te quiero.
-¡Pero tampoco ha dicho que lo hace!- estalló la joven, alejándose un par de pasos mientras contenía el llanto- Yo... ¿no me quiere porque soy humana o por otras razones? Porque no lo entiendo, si no me quiere, debió haberme rechazado o haber fingido que dormía o algo por el estilo... yo... no... no entiendo...
Sesshomaru no sabía que decir: hablar de sentimientos no era algo propio de alguien como él y tampoco era muy consciente sobre si efectivamente quería o no a Rin. Solo sabía que no estaba en sus planes lastimarla y que ahora le importaba mucho que ella pudiera alcanzar la felicidad. Verla llorar por su causa tampoco era placentero, pero no iba a mentir y decir cosas que en la realidad podían ser diferentes.
- Rin, no puedes obligarme a sentir algo por ti. Me imagino que debes haber sufrido mucho, pero no implica que deba sentir algo por alguien como tú.
-Está siendo muy cruel- Rin se limpió las lágrimas de las mejillas con el dorso de su mano-: usted sabe todo lo que yo viví, es consciente de lo poco que disfruto el contacto físico, pero aún así me atreví a besarle sin saber que estaba despierto, porque de lo contrario no lo habría hecho jamás, ¡usted correspondió el beso!, dijo que... sí había querido besarme y ahora... ¡ahora dice que no me quiere y que no puede quererme ni siquiera por lástima! Usted... no se imagina cuánto daño me está haciendo justo ahora.
-Rin...
-No importa...- ella se obligó a sonreír un instante a pesar de que solo quería llorar por el dolor que sentía en el pecho- Yo... voy a ir a jugar con el señor Jaken y con Ah-Un.
-¿No quieres seguir entrenando?
-No... ya no quiero... yo... no creo que debamos estar solos nunca más. Yo... creo que es mejor incluir al señor Jaken en los entrenamientos desde ahora.
nota autora: Hola!!! sé que he tardado en actualizar pero he estado muy ocupada aunque me hace feliz poder actualizar y algo cerca del estreno de la serie n.n
Como siempre muchas gracias por leer y espero que estén muy bien
