Capítulo doce
Rin se dejó caer junto a Ah-Un antes de suspirar con mucha ofuscación para poder hacerse notar. No quería llorar con sus amigos, pero tampoco se sentía feliz con lo que acababa de suceder.
-¿Qué tienes, Rin? - el señor Jaken se sentó junto a ella para tomar su mano-¿Ya no entrenas?
-El amo Sesshomaru es un idiota.
Jaken soltó la mano de Rin y observó su rostro triste, su mirada cabizbaja y la forma distraída en que acariciaba al dragón.
-¿Por qué dices eso?
-Porque es la verdad- apuntó Rin cruzando los brazos sobre el pecho antes de fruncir el ceño-: es un demonio malo y tonto.
-¿Haz peleado con él? Eso es raro...- Jaken llevó su mano a su barbilla para meditar un segundo- siempre deja que hagas lo que quieras y creo que te tiene muy mal acostumbrada.
-Él... nosotros... él me besó...- las mejillas de Rin se encendieron y miró al diablillo antes de cubrir su rostro con las manos- en realidad, yo lo besé, pero él correspondió el beso y...
-¡Ya entiendo! Yo también creo que es muy tonto besar a una humana- Jaken negó ligeramente con la cabeza-, pero hace tiempo creo que la genética del amo bonito iba a hacer lo suyo: cuando duermes siempre te mira y me atrevo a decir que le brillan un poco los ojos cuando sonríes; tonto o no, que te besara era cuestión de tiempo.
Rin parpadeó confundida, ya que ella no se había dado cuenta de aquellas cosas: solo había notado que él siempre fue muy amable, pero lo había atribuido a que así era con todo el mundo, ya que era algo propio de su naturaleza.
-Ese no es el problema, señor Jaken- Rin volvió a suspirar-: el problema es que se arrepintió y... dijo que no podía sentir nada por mí, que... yo no podía obligarle a quererme.
-¿Tan importante para ti es que diga que te quiere?- algunas lágrimas desbordaron los ojos de Rin mientras asentía- Niña... los demonios como el amo no son capaces de sentir las emociones como los humanos, ya deberías saberlo: es mucho para él llegar a sentir aprecio por ti.
-Si no me quiere, no debió besarme, yo...los besos para mí son importantes... yo... pensé que podía llegar a ser importante para alguien.
-No llores, tú... creo pe el amo bonito va a golpearme por decir esto, pero tú sí le importas y mucho- Jaken acarició el cabello de Rin mientras ella se recostaba a su lado-: es la primera vez que le enseña a entrenar a alguien, le preocupa que seas feliz y... va a desear que el pasado deje de atormentarte; puede que no lo diga en voz alta, pero sí eres especial para él.
-¿De verdad lo piensa?
-¡Muchacha, yo sé más del amo bonito que él mismo!- exclamó Jaken convencido- Es evidente que eres muy especial para él, lo que pasa es que como tiene su imperio y su honor y esas cosas, es muy orgulloso para decírtelo.
-Supongo que es verdad...
-¡Claro que sí! Solo nuestra Rin debe tener mucha confianza en sí misma y en que es importante para nosotros.
Rin sonrió antes de apretar suavemente una de las manos de Jaken. El diablillo era muy tierno y era agradable conversar con él, ya que de alguna forma siempre le hacía reír o sentir mejor. Sin lugar a dudas, el señor Jaken era un gran jefe y había comenzado a quererlo mucho.
Cuando finalmente Rin se durmió, Jaken la dejó al cuidado de Ah-Un. Tenía miedo, ya que iba a hablar con su amo seriamente, pero se dijo que debía ser valiente ya que la situación no podía continuar por el rumbo que estaba tomando. Sobre todo porque Rin podía decidir irse antes de tiempo y nadie quería que aquello sucediera.
-Amo bonito, ¿usted sabe lo que me contó Rin?
-Sí.
-¿Y no va a hacer nada al respecto?
-No.
-Pero... ¡Rin está muy triste y es su culpa!
Jaken se cubrió la cabeza instintivamente, esperando el golpe correspondiente, pero esta vez nada llegó.
-Ya lo sé, pero es mejor así.
-¡¿Cómo va a ser mejor así?! Es mejor que diga que la quiere antes de que vuelva a llorar por eso.
-Yo no sé si la quiero.
Jaken observó el rostro de su amo antes de suspirar ofuscado. Tanto él como la chica eran más tontos de lo que pensaba y odiaba tener que estar metido en aquel mal entendido.
-Yo... ¿puedo decir lo que pienso?
-No.
-Yo creo que si usted ya tiene tres fragmentos de la perla de shikon es porque Rin le importa mucho y puede llegar a quererla si es que ya no lo hace un poco...
-Querer humanos no es algo que yo haría.
-¡Pero es Rin! ¡Rin ha sido buena y dulce con nosotros desde el principio!
-Jaken, ya sabes que yo no soy como mi padre: acepto a Rin, pero no voy a sentir nada más allá que tolerancia por ella.
-¡¿Pero qué pasa con los sentimientos de Rin?! ...-Jaken entrecerró los ojos- ¡Usted dijo que ella estaba a mi cuidado y yo no quiero que le haga daño ni que ella se vaya!
-¿Quiere irse?
-Es lo más probable, porque lloró mucho: se quedó dormida mientras lo hacía.
Sesshomaru bajó un instante la mirada: no quería que Rin llorara por su causa, pero no sabía que hacer, ya que decir que sí la quería marcaba un punto de no retorno al que aún no podía hacerle frente.
Odiaba hacer sufrir a Rin, pero no quería convertirse en alguien que él no era. Querer a una humana era algo que no podía permitirse tan fácilmente, pero parecía ser algo inevitable: cada vez que pensaba en ella la sensación de calidez se apoderaba de su pecho y en cuanto la veía su corazón actuaba de forma extraña.
Al día siguiente, Sesshomaru no sabía bien cómo acercarse a Rin: era como si Jaken, Ah-Un y ella hubiesen formado un club en el que él ya no era bienvenido, ya que conversaban animadamente, se contaban secretos y quienes antes eran sus aliados, le miraban de reojo.
-Rin, ¿no quieres entrenar?
-No, hoy quiero ir a buscar fruta con Ah-Un y el señor Jaken, quizás más tarde.
-¿No quieres que los acompañe?
-No es necesario, el señor Jaken dijo que a usted no le gustaba la fruta, así que no debería preocuparse.
Rin le dedicó una sonrisa antes de hacer el ademán de irse.
-¿Jaken dijo eso?- la joven asintió- Yo... no es que no me guste la fruta, no he probado mucha así que en realidad no lo sé.
Extrañamente, Sesshomaru no quería verse excluido del grupo que Rin había formado y quería que Jaken y Ah-Un volvieran a respetarle.
-Oh, ya veo... bueno, si quiere, puede venir con nosotros y ver si le apetece comer algo.
Rin había optado por no dar más vuelta a sus sentimientos: podía entender que Sesshomaru no la quisiera y él tenía razón en decir que ella no podía obligarle a lo contrario. Solo podía obligarse a sí misma a no comenzar a enamorarse y sabía que evitando encuentros a solas podría estar todo bien.
-Gracias.
Sesshomaru se dedicó a seguir a Rin. Nunca en sus cientos de años de vida había pensado que iba a seguir a una humana, como si su vida dependiera de ello. La chica había encontrado un campo de melones y mientras escogía las frutas que parecían más maduras y dulces, el Señor del Oeste observaba la escena, asimilando todo lo que había ocurrido en tan solo dos días.
-Señor Sesshomaru, - el demonio alzó la mirada para ver que Rin le ofrecía un poco de fruta picado en trozos muy pequeños- le traje un poco de melón ¡espero que le guste! Es mi fruta favorita y aquí están deliciosos.
-Gracias...
Rin se alejó corriendo en cuanto el demonio le recibió la comida. Ella no quería que las cosas fueran incómodas con él y planeaba esforzarse en actuar como antes de aquel beso: lo mejor era olvidar que había sucedido y enfocarse en entrenar para ser fuerte pronto y no necesitar de Sesshomaru en el futuro.
-Señor Jaken, ¿le gusta el melón?
El diablito había comido unos cuantos trozos de fruta antes de asentir y sonreírle a Rin.
-Está muy rico, Rin, pero yo prefiero la carne: Ah-Un es más aficionado a la fruta que yo.
-La carne tampoco está mal- concedió ella-, ¡sobre todo cuando la cocinamos juntos! Me gusta mucho cocinar con el señor Jaken... es como... ¡como si fuéramos una familia de verdad!
-A mí también me gusta mucho cocinar contigo- Jaken se apresuró a limpiarse una pequeña lágrima antes de que Rin la viera-, es muy divertido y novedoso para mí hacerlo.
-Pronto va a ser mi cumpleaños, así que quiero comer muchas cosas deliciosas.
-Comeremos solo las cosas que te gustan, ¿está bien?
-¡Sí! ¡Muchas gracias!
Rin abrazó a Jaken mientras él correspondía al gesto con una pequeña sonrisa en su rostro. No quería reconocerlo, pero se había encariñado mucho con Rin y esperaba que ella nunca se alejara de su lado. Quizás era aquel deseo egoísta de verla siempre, lo que le hacía querer que su amo iniciara algún tipo de relación con ella: sabía que si el amo Sesshomaru comenzaba a quererla, entonces Rin ya no se iría nunca más porque el demonio no se lo permitiría.
Después de comer mucho, Jaken se acurrucó para dormir en el regazo de Rin. Había recolectado mucha fruta y había comido bastante, por lo que debía descansar un momento de su estómago.
Sesshomaru aprovechó el instante para acercarse y sentarse junto a Rin. Ella le miró de reojo antes de crear una cortina con su cabello y dedicarse a observar a Jaken mientras dormía.
-¡El señor Jaken es muy tierno!- comentó ella por llenar un poco el silencio entre ambos- Cuando duerme se ve muy dulce y creo que siempre es un gran jefe, ¿no cree que siempre es muy amable?
-Puede ser... no lo había notado.-Debe observar más al señor Jaken y notar que en realidad es muy bueno.
-Rin.
-Dígame.
-Creo que tenemos que hablar de lo que ocurrió ayer.
La chica alzó levemente la barbilla antes de negar con la cabeza.
-Ya hablamos ayer.
-Es mejor establecer como serán las cosas entre nosotros desde ahora.
-Yo no quiero que vuelva a decir que no puede quererme- Rin le miró de reojo aún sin atreverse a deshacer la cortina que había creado con su cabello-: ya fue triste escucharlo una vez y... yo ya entendí como son las cosas.
-Rin, yo...
-¡Basta! No quiero hablar más de este tema.
-No puedes evitar las cosas para siempre.
-¿Por qué no me deja en paz y finge que nada sucedió? Quiero estar en silencio porque el señor Jaken está durmiendo y lo vamos a despertar si seguimos hablando.
-No me importa Jaken.
Sesshomaru sujetó el rostro de Rin entre sus manos con decisión, pero procurando actuar con delicadeza para no lastimarla y la besó en los labios mientras ella parpadeaba confundida.
Rin contuvo la respiración, ya que no sabía que estaba sucediendo ni porqué de pronto él quería besarla, era extraño, porque hasta donde ella se había enterado, no había logrado que él la quisiera.
Mientras pensaba en ello, la idea de que quizás él hacía eso porque quería que se dejara hacer lo mismo que le hicieron antes de morir, cruzó por su mente: El señor Sesshomaru no podía quererla, pero sí podía desear tocarla de formas incómodas y eso le hacía sentir muy triste.
-¡Déjeme en paz!- gritó Rin en cuanto pudo separarse de él- Si no me quiere, no tiene que hacerme esto ¡¿Por qué no entiende que es doloroso?!
-No quería hacerte daño, yo... Rin, no quiero que vuelvas a decir que yo no te quiero. Tienes prohibido volver a decir algo así.
-¡Entonces me iré de aquí! Yo no puedo soportar esto: ¡se lo dije antes! ¡no está bien que me bese si no me quiere!...- Rin se había convertido en un mar de lágrimas al tiempo que Jaken despertaba por los gritos de la joven- Yo no quiero que nadie vuelva a usarme, no quiero que me hagan daño de nuevo ¡y usted lo hace! ¡¿No puede solo olvidar lo que pasó y dejarme en paz?! Yo sé que me equivoqué, sé que hice algo estúpido, pero eso no significa que voy a dejar que haga lo que quiera conmigo. Yo le besé porque para mí sí fue especial, pero ya sé que soy muy tonta por esperar que alguien como usted lo entienda.
-No quiero hacerte sufrir, Rin. - Sesshomaru le limpió las lágrimas con su mano mientras, tanto Jaken como ella le miraban sin comprender lo que estaba pasando.
-¿Entonces por qué hace estas cosas? Me siento confundida cuando actúa de esta forma.
-Lo siento.
Sesshomaru sentía su cabeza hecha un lío. Besar a Rin seguía siendo algo que estaba prohibido, pero no podía negar que había comenzado a sentir una sensación de envidia hacia Jaken e incluso Ah-Un porque ellos podían estar cerca de ella sin ningún problema.
La había besado siendo consciente de que era algo que había cruzado por su mente a lo largo de todo el día y, aunque sabía que ello podría complicar las cosas, una parte poco racional de sí mismo, pensó que hacerlo podría ser algo agradable.
Jaken observaba a su amo, sin poder creer que estuviese en silencio mientras seguía acariciando las mejillas de Rin. No tenía que ser un experto para saber que él estaba arruinando las cosas y que si seguía por ese camino, entonces Rin iba a marcharse de verdad. Al parecer, todo estaba en sus verdes y pequeñas manos, porque consideraba que tanto el amo bonito como la humana eran un par de tontos.
-Amo Sesshomaru, ¿por qué no le dice a Rin que sí la quiere?- opinó Jaken sentado sobre el lomo de Ah-Un- En realidad creo que los únicos que no lo saben precisamente son usted y ella: el dragón lo sabe porque es muy listo y por nuestra conexión mental, yo lo sé hace tiempo.
Sesshomaru le dedicó una mirada de advertencia a Jaken quien, aunque asustado, decidió seguir hablando.
-Además, aquí no está nadie más y usted tampoco se parece tanto a su padre: para empezar usted no está casado, no tiene hijo, da mucho miedo, siempre está de mal humor, es muy serio, antes de Rin seguramente nadie pensaba en usted de forma romántica ni mucho menos y en realidad, si lo piensa con cuidado, tiene suerte de gustarle a alguien tan amable como Rin, porque realmente es muy raro que eso pase y...
Jaken no alcanzó a terminar su oración porque una piedra aterrizó sobre su cabeza, causando que perdiera el equilibrio y que cayera violentamente al suelo.
Rin miró en su dirección, preocupada porque el diablillo no se hubiese herido de gravedad, sin embargo, en cuanto Sesshomaru la tomó de la mano y su mirada fue capturada por unos ojos dorados, supo que la conversación aún no se había terminado.
Mientras le miraba a los ojos, Rin se sorprendió de sentir que quizás sí que la quería: los ojos de Sesshomaru reflejaban ternura y amor en partes iguales, por lo que ella se apresuró a acariciar su mejilla antes de abrazarle con todas sus fuerzas. Pensó que quizás Sesshomaru era tímido y que por eso no le hablaba adecuadamente de sus sentimientos, pero si la miraba de esa forma y la abrazaba como había comenzado a hacerlo, todo podría estar bien.
