Capítulo trece
La joven se entretuvo conversando con Sesshomaru, aunque él no le hablaba demasiado le agradaba poder sentirse escuchada. Además, los ojos dorados de él le parecían tiernos, como si fueran algo sumamente precioso que los dioses habían puesto en su vida.
-Me siento feliz- confesó Rin mientras le miraba con una sonrisa en sus labios-. El señor Jaken había dicho que usted no podía quererme, pero sí lo hace; el señor Jaken se equivocó.
-¿De verdad te sientes feliz?
-¡Sí! ¡Mucho!- Rin se atrevió a apoyar su mejilla sobre el hombro de Sesshomaru mientras él la contemplaba en completo silencio- Es casi el día más feliz de mi vida.
-¿Qué falta para que lo sea?
Sesshomaru pensó que si faltaba algo, podría ser capaz de conseguirlo y darle a ella su felicidad completa.
-Mi familia.- Rin se incorporó para mirarle un instante antes de observar el movimiento de las copas de los árboles causado por el viento- Ellos murieron intentando protegerme y... me pregunto si usted podría agradarles.
Sesshomaru guardó silencio, ya que sabía que si los padres de Rin estuviesen vivos jamás le habrían permitido acercarse a la chica. Sabía que habrían intentado matarle antes de permitir que su hija se involucrara con un demonio y habrían hecho que Rin cumpliera su compromiso.
-No creo.
-Es verdad...- siguió pensando Rin- ellos temían mucho de los demonios y supongo que el que yo viviera en la casa de los exterminadores era para mantenerme segura... yo...¡tengo una pregunta!
-¿Qué quieres saber?
-Ahora que usted sí me quiere, ¿nos vamos a casar? Es que... ocurren cosas malas cuando yo me visto de novia y no podría soportar que algo malo le sucediera.
La pregunta causó que Sesshomaru volviera a conectar con la realidad: ahora que Rin era consciente sobre lo que había comenzado a sentir por ella, lo que correspondía era una boda, pero no era algo tan simple de decidir.
Él tenía sus propias responsabilidades y obligaciones: era el Señor del Oeste y casarse con una humana, no había formado parte de sus planes hasta que Rin se puso frente a él y le preguntó si ello era parte de lo que iba a suceder en el futuro. Un matrimonio era algo que no solo podría tener consecuencias en su vida personal, por lo que creía que aunque era lo correcto, lo mejor era esperar un poco más de tiempo.
-No quieres casarte conmigo.
-No.- Rin bajó la mirada a sus pies- Nosotros no podemos casarnos nunca, porque... ello nos traerá mala suerte, pero no sé cómo va a funcionar nuestra relación de ahora en adelante.
-No debe cambiar si tú no quieres que lo haga.
-¿De verdad?
-No te obligaré para que te cases conmigo, Rin.
-¡Bien!
Rin sabía que lo que estaba haciendo le habría causado muchos problemas en la aldea y agradecía ya no encontrarse allí, ya que le habrían condenado a la muerte o la habrían enviado a algún burdel. Pero se decidió ignorar aquellos pensamientos: el señor Sesshomaru no dejaría que nadie le hiciera daño o le causara la muerte tan pronto.
La joven decidió volver a apoyar su mejilla sobre el hombro del demonio y entrelazar sus dedos mientras observaba, poco a poco, la puesta de sol. Rin no era consciente, pero poco a poco,su corazón y su respiración, que siempre estaban acelerados, fueron ralentizándose, sus ojos se cerraron y sin darse cuenta se quedó dormida.
-Amo bonito, ¿ya lo vio?- Jaken observaba la escena con sus ojos brillantes- ¡Es casi la primera vez que Rin se duerme temprano!
-No hagas ruido, puede despertar.
-¡Sí!- el diablillo se acercó a ella para mirarla un poco más de cerca- Espero que ella esté soñando cosas agradables... ¡quizás está soñando con usted!
Sesshomaru guardó silencio mientras acomodaba a Rin para que durmiera mucho mejor y menos inclinada.
El demonio solo podía mirarla, sintiéndose orgulloso de que al menos por esa noche ella no había despertado ni una sola vez. Sabía que no podía juzgar la recuperación de Rin solo mediante sus hábitos de sueño, pero era agradable ver que ya no despertaba sobresaltada durante las horas más oscuras.
Cuando Rin se despertó, se restregó los ojos y miró a Sesshomaru antes de dedicarle una sonrisa.
-¡Hola! -exclamó ella antes de acercarse a él y besarle en la mejilla- ¡Buenos días!
-Hola... ¿estás lista para entrenar hoy?
-¡Sí! Pero tengo hambre y quiero comer primero.
La joven se levantó para sacudir a Jaken y despertarle. El diablillo le miró sobresaltado antes de sonreírle.
-¿Tienes hambre, Rin?
-Sí, hay que buscar desayuno antes de que el señor Sesshomaru quiera entrenar.
-¿Qué quieres comer?
-¡Lo que encontremos está bien!
Jaken se puso de pie y tomó a la chica de la mano para comenzar la búsqueda de comida. La verdad era que Rin se divertía mucho con sus amigos, pero no quería hacerles perder el tiempo demasiado.
-Señor Jaken, ¿puedo preguntarle algo?
Rin dejó de comer las moras que habían encontrado, al tiempo que miraba a su acompañante atentamente.
-Dime, niña.
-¿Usted alguna vez pensó en casarse?
El diablillo le miró con el ceño fruncido. Aquella sin lugar a dudas era una pregunta extraña.
-Claro que no- respondió totalmente convencido-, yo nunca abandonaré al amo bonito y menos por algo tan tonto.
-Pero... ¿y antes de conocer al señor Sesshomaru?
-Rin, para los demonios el matrimonio no es algo que hagamos normalmente, es... una costumbre muy humana, así que realmente es muy poco común que eso ocurra, ¿por qué lo preguntas? ¡¿Estás pensando en casarte con el amo Sesshomaru?!
Las mejillas de Rin se volvieron completamente rojas. No pensó que su pregunta pudiera llevar al diablillo a aquellas conclusiones tan poco convenientes.
-No, no puedo... ¡Pero creo que podemos ser muy felices así!
-Así será, Rin.
Jaken la miró con una pequeña sonrisa. Se sentía orgulloso, ya que gracias a su acertada intervención en la relación que ella tenía con su amo, la chica lucía mucho más bonita y radiante que antes. Aunque nadie se lo dijera, eso era obra suya.
Aquel día de entrenamiento, Rin aprendió a sostener la espada sin ayuda y proteger su cuello con ella. Era un primer paso muy grande, por lo que se sentía orgullosa de sí misma y de las cosas que poco a poco iba logrando.
-Lo haz hecho muy bien, Rin.
-¡¿De verdad?!
-Sí.- la joven aplaudió entusiasmada con la respuesta- Pero no dejes de practicar: las habilidades en los humanos se pierden si no entrenan a menudo.
-¡Sí!
Se habían quedado en silencio, por lo que ambos se miraron un instante a los ojos. Para Rin, los ojos de Sesshomaru solo reflejaban ternura; era inevitable para ella sentirse cálida y feliz con eso. Era agradable saber que había encontrado a alguien que la quisiera y con quien se sentía en una forma de hogar.
Durante la cena y mientras Rin calentaba un poco de verduras en la fogata para prepararse una sopa, Sesshomaru se sentó junto a ella para observar su labor y vigilar que ella no se quemara con el fuego. Aunque la chica había avanzado mucho en sus habilidades, él seguía pensando que era alguien frágil y no quería que nada volviera a hacerle daño.
-Ya va a estar listo - anunció Rin con una pequeña sonrisa-, ¿no quiere probar un poco? Me siento mal de comer y que usted no pruebe nada.
-No te preocupes, eso no huele muy bien.
Rin le miró de reojo antes de probar una cucharada del caldo.
-Solo para que lo sepa, está muy bueno... ¿a usted realmente no le gusta comer nada?
-Las frutas de ayer estaban bien.
Rin le miró por fin satisfecha de haber averiguado algo que le agradaba.
-¡Me alegra mucho! ¡Voy a encargarme de buscar muchas frutas para usted!
-Gracias.
-¿Qué otras cosas le gustan?
-No sé. Nada en especial.
Rin decidió que no iba a darse por vencida: a pesar de que compartían mucho tiempo juntos, quería seguir aprendiendo cosas sobre él.
-¿Cuando usted era pequeño qué era lo que más le gustaba hacer en el mundo? ¡A mí me gustaba mucho jugar con mis hermanos!
-Supongo que estar con mi padre.
-¿De verdad?- Rin apoyó su rostro sobre su mano- ¿Cómo era él?
-Era el demonio más poderoso que ha existido y yo siempre he querido superarle.
Rin hizo rodar sus ojos, ya que Jaken le había contado esa historia cientos de veces.
-No hablo de eso, quiero saber si era divertido, si usted tiene recuerdos agradables a su lado o si lo extraña mucho.
-Él se murió por culpa de Inuyasha y de su madre humana.
Rin bajó la mirada: le dolía un poco saber que aquel destino podría volver a repetirse por su culpa. Ella, en cierto modo, estaba acostumbrada a que cosas malas le ocurrieran: la suerte le había sido más bien esquiva y temía que su principal fuente de felicidad desapareciera por su causa.
Ella no podía permitir que algo así sucediera. Se prometió a sí misma que tenía que proteger a Sesshomaru de su mala suerte y asegurarse de que él fuera muy feliz.
-Rin.
-Dígame.
-No estés triste: a nosotros no nos va a ocurrir nada malo.
-¿Está seguro de eso?
-Sí.
-¿Lo promete?
-Lo prometo.
Rin asintió, ya que confiaba mucho en lo que Sesshomaru dijera. Hasta el momento no le había fallado nunca y, aunque la había lastimado su indiferencia después de su primer beso, todo había sido olvidado.
Mientras Rin terminaba de servir los platos, Jaken se sentó cerca de la fogata y a la espera de que la chica le diera de cenar.
-¿Qué le parece, señor Jaken? ¿Me quedó bien la comida?
-Sabe bastante bien... ¿aprendiste a hacer sola esta comida?
-No, mi madre me enseñó- reconoció ella mientras sus ojos brillaban llenos de orgullo-. Dijo que debería poder cocinar algo para cuando estuviera casada, así que intentó enseñarme todas sus recetas, pero esto es lo único que aprendí bien.
-¿Extrañas mucho a tu madre?
-Todos los días pienso en ella, me habría gustado mucho poder cuidar de su tumba y que no muriese por mi causa... pero, me prometí a mí misma que iba a vivir mucho tiempo para que su sacrificio valiera la pena.
-Así será, Rin- Jaken se acercó a ella para darle un abrazo que la chica correspondió de inmediato-. Además, vas a ser muy feliz.
-¡Me siento feliz justo ahora!
Después de comer unos tres platos de sopa, a Jaken comenzó a darle un poco de sueño. Su barriga pesaba, sus ojos se cerraban involuntariamente y sin darse cuenta fue quedándose poco a poco dormido.
La joven decidió tomar una manta para arropar bien al diablillo, quien roncaba sumido en el más profundo sueño.
-El señor Jaken se ve tan tierno cuando duerme. - comentó Rin mientras se sentaba junto a Sesshomaru y apoyaba su mejilla sobre su hombro con una sonrisa en sus labios- Es el mejor jefe que he tenido y me gusta mucho verlo dormir tan tranquilo.
-Rin, ya no eres subordinada de Jaken.
-¿Por qué no? A mí me gusta trabajar con él.
-Porque ahora es distinto: ahora tú eres su jefa.
Rin parpadeó confundida, ya que ella hasta dónde sabía ayudaba a Jaken en lavar la ropa a cambio de poder quedarse con ellos; incluso el mismo Sesshomaru le había dicho que Jaken se haría cargo de ella cuando decidió comenzar a seguirlos.
-No entiendo, ¿por qué es distinto?
-Porque ahora nuestra relación es diferente.
-Pero... ¿puedo seguir ayudando? Me divierto mucho con el señor Jaken y con Ah-Un.
-¿No te agradaría más estar siempre conmigo? -Sesshomaru acomodó un mechón de cabello de Rin por detrás de su oreja.
-Sí, pero hay que hacer cosas con el señor Jaken y con Ah-Un...- Rin sujetó su mano mientras le miraba a los ojos- Me gusta mucho cuando estamos juntos y podemos hablar justo como ahora, pero también quiero ayudar al señor Jaken...¡tengo una idea!
-¿Qué idea?
-¿Por qué no salimos solos un día? Mi mejor amiga en la aldea cuando se casó, me contó que había ido con su esposo a la playa de paseo y que fue muy divertido... yo... solo he visto el mar en dibujos y me gustaría mucho ir con usted.
-¿No conoces la playa?
-No, en mi aldea solo había un lago y hasta ahora he visto muchos ríos, pero no la playa.
-Podemos ir un día.
-¡¿De verdad?! ¡¿Cuándo?!
-Tengo que resolver unos asuntos primero, pero en cuanto termine con ello, vamos a hacer nuestro viaje juntos.
-¿Qué asuntos?- Rin le miró de reojo pensando que había ocurrido algo malo- ¿Sucedió algo malo?
Sesshomaru la miró un par de segundos antes de acariciar su cabello. No podía decirle a Rin que había recuperado el rastro de sus asesinos: aún no se olvidaba de aquel asunto, pero sospechaba que no podía contárselo a ella porque temía hacerla llorar con recuerdos desagradables.
-No te preocupes por nada: es solo algo que debo resolver.
Rin asintió contenta por haber conseguido su día en la playa, aunque calculaba que tendría que esperar casi tres días para poder realizar el viaje.
-Usted siempre va a otro lugar por las noches y no me lleva, ¿de verdad no tiene novia en otro lugar?
-No.
-Si tiene novia a mí no me importa, quiero decir, puedo hacerme a un lado y que sigamos igual que antes para que usted no tenga ningún problema.
-No digas tonterías. Rin, no hay nadie más: nunca me ha interesado tener este tipo de relaciones con alguien. Tú eres especial.
-Me hace feliz saber que me quiere tanto... - Las mejillas de Rin se ruborizaron- aunque no lo diga yo sí puedo sentir que es de esa forma... yo... quiero saber algo.
-¿Qué cosa?
-¿Le puedo dar un beso?
-¿Un beso?
-Sí... como la primera vez.
-¿No es incómodo para ti?
-Creo que no... ¡¿Para usted sí?!
-No, es... agradable...
Rin mordió levemente su labio inferior antes de acercarse a él y besarle suavemente en los labios. Una sensación cálida inundó su estómago cuando Sesshomaru sujetó su rostro entre sus manos y la besó de una forma que causó que su corazón se acelerara de inmediato.
El momento era maravilloso, casi como si estuviera probando la magia, pero aquello no duró demasiado, ya que a su mente comenzaron a acudir fragmentos de imágenes: momentos en los que alguien la había besado y tocado a la fuerza y en los que la magia no existía, porque se sentía sucia.
-Rin...- Sesshomaru detuvo el beso en cuanto notó las lágrimas de la joven en sus manos- estás temblando, ¿qué tienes?
-Lo siento...- ella cerró sus ojos mientras las lágrimas fluían por sus mejillas- lo siento mucho, yo... comencé a recordar cosas y ¡perdón!
-No pasa nada, Rin- el demonio se atrevió a abrazarla de una forma que le pareció muy torpe porque aún no se habituaba del todo a los abrazos-, no te preocupes.
-Es que... arruiné el momento y era perfecto, yo... ¿algún día voy a poder ser normal?
-¿Normal?
-Normal: sin ver imágenes feas, sin sentirme mal, sin arruinar las cosas. Yo... no quiero que esto vuelva a ocurrir, porque me siento cansada. Yo... hay veces que me siento muy culpable por seguir viviendo.
Sesshomaru permitió que Rin le abrazara con fuerza mientras lloraba y él se dedicaba a acariciar su cabello. No quería que ella sufriera, no quería que otros momentos de su vida se vieran cubiertos por las lágrimas y por sobre todo, no quería perderla.
