Capítulo catorce

-¿Estás seguro de seguir por aquí?- quiso saber Sango mientras su hermano avanzaba decidido entre las ramas- Aún no amanece y creo que hemos perdido el rastro del demonio.

Unos cazadores habían visto a una bella joven en compañía de un pequeño diablito y, aunque Kohaku sabía que a Rin la había atacado un hanyo, no podía descartar que otras criaturas estuvieran involucradas.

-La chica puede ser Rin y el demonio puede estar haciéndole daño en estos momentos.

-Se supone que a Rin la atacó un tal Inuyasha que es hanyo, ¿por qué seguimos a un demonio ahora? Quizás estamos perdiendo el tiempo y podríamos derrotar a Inuyasha en su lugar.

-No podrán derrotar a Inuyasha fácilmente- señaló la voz de una mujer sobre sus cabezas-: él cuenta con la ayuda de una sacerdotisa, un monje y lo más importante: tiene varios trozos de la perla de shikon.

Cuando Kohaku vio a la mujer, se dio cuenta de que tenía los ojos de color rojo, el cabello atado en un moño y un kimono com tonalidades blancas y moradas. No era humana, ya que flotaba gracilmente sobre algo similar a una pluma y su sonrisa maliciosa le indicaba que al parecer, ella tenía un plan.

-Yo también tengo trozos de la perla.- declaró Kohaku-Tú... ¡¿Tú sabes dónde está?!

-Vas por buen camino- le indicó la joven mirándolo a los ojos-: llegarás hasta él un par de minutos después del amanecer y podrás atacarle mientras duerme.

-¿Rin está con él?

-Ya sabes que no: recuerda que tu prometida se está muriendo y que necesita que reúnas todos los fragmentos de la perla para sanar, por lo que enfrentar al hanyo es inevitable.

Kagura necesitaba despistar a Kohaku, ya que él se acercaba peligrosamente hacia donde Rin se encontraba: estaba a casi tres días de distancia del lugar en que la joven vivía su romance con el poderoso demonio y, aunque le habría gustado ver el enfrentamiento entre el prometido y el amante, aquello tendría que esperar hasta que fuese conveniente para Naraku.

-¿Por qué debería confiar en ti?

-Porque yo también odio a Inuyasha y eso es motivo suficiente para que quiera ayudarte. Sigue por este camino y lo encontrarás antes del amanecer, momento en que podrás cobrar tu venganza.

Kohaku asintió. Aquella mujer había llegado para ayudarle a corregir su camino y sus malas decisiones, por lo que comenzó a seguir el rumbo que ella le indicaba, mientras Sango sentía que todo era demasiado sospechoso y temía que su hermano hubiese caído en una trampa.

-Ahí está...- susurró Sango en voz muy baja mientras veían a un grupo que dormía en un improvisado campamento- Kohaku, ¿estás seguro de esto?

-Claro que sí: ese hanyo lastimó a Rin y voy a hacerlo pagar.

Sango asintió al tiempo que tomaba su boomerang y arremetía sorpresivamente en contra de quienes, hasta aquel momento, dormían plácidamente.

Inuyasha despertó sobresaltado: no había escuchado los indicios del ataque y cuando pudo ver quiénes le atacaban no pudo reconocerles de ningún lugar en los que había estado.

-¿Inuyasha, por qué nos atacan?- quiso saber Kagome mientras buscaba su arco.

-¡¿Cómo quieres que lo sepa?! ¡No los conozco!... Miroku, ¿le hiciste algo a esa mujer en alguna aldea?

-La verdad es que yo tampoco la conozco.

Pudieron ver como la mujer arremetía nuevamente contra ellos con su arma hecha a partir de un hueso. El hanyo tomó su espada para enfrentarla, pero un nuevo contrincante apareció y le lanzó su ataque sin que pudiera defenderse.

-¡¿Quienes son ustedes?!- quiso saber Inuyasha llevando su mano a su hombro herido.

-Seguramente pensaste que si lastimabas y abusabas de Rin, nadie haría nada por ella- declaró Kohaku mirando a Inuyasha con odio- ¡pero te equivocaste!

-Yo... no sé quién demonios es Rin- Inuyasha parpadeó confundido, ya que normalmente la gente le culpaba por cosas de las que sí era responsable-, ¿de qué estás hablándome?

-¡De mi prometida! La atacaste justo el día de nuestra boda ¿y ahora la haz olvidado?

-¡Yo no conozco a ninguna Rin!

Kagome estaba pensando en aquel nombre: lo había escuchado antes, pero no podía recordar de dónde, ya que había conocido a muchas personas en las aldeas que visitaba en aquel tiempo, hasta que de pronto, recordó a la jovencita que había herido sin querer con su flecha y que seguía al hermano mayor de Inuyasha.

-¡Sí la conoces!- exclamó la joven ganándose la atención de todos repentinamente.

-¿La conozco?

-Rin es la chica que estaba con tu hermano, ¿la recuerdas? La herí sin querer con una flecha y me quedé con ella para curarla.

-¿La chica loca que nos arrojaba piedras? - Kagome asintió ante la pregunta de Inuyasha- ¡¿Me estás diciendo que Sesshomaru se robó a la prometida de alguien?! ¡ese idiota perdió la cabeza!

-Así parece...

Kohaku escuchó aquella conversación con mucha desconfianza, ya que sabía que podían querer engañarle, pero algo en el rostro de la joven le hacía sentir ganas de escuchar su historia, aunque de momento todo era muy confuso y extraño.

-¿Quién es Sesshomaru?- quiso saber el joven un tanto confundido- ¿Por qué tiene a Rin?

-Él salvó a Rin- explicó Kagome bajando su arco para demostrar que no quería pelear-, ella me contó que se iba a casar antes de que unos ladrones de caminos la atacaran. Yo... creo que no sabes todo lo que sucedió, pero puedo explicarte las cosas que Rin me contó.

Kohaku asintió mientras Sango se encargaba de cargar a Kirara y se quedaba cerca, en caso de algún ataque. No quería dar a aquellos desconocidos la oportunidad de traicionar a su hermano menor.


Al día siguiente, Rin parecía no tener ningún problema: era como si las pesadillas que la acosaron la noche anterior no existieran, pero Sesshomaru sabía que aquello solo era una bonita mentira y no podía dejarse engañar por las sonrisas de la muchacha.

No quería dejar a la joven sola, pero tenía que darse prisa en conseguir los fragmentos de la perla y para ello debía deshacerse de los asesinos de Rin: sin ellos en medio podría concentrarse en la perla de shikon y le daría a Rin un mundo en el que ella podría estar a salvo.

-¿Ya se va?- le preguntó Rin acercándose a él con una sonrisa.

-Sí.

-¡Tiene que volver pronto porque voy a extrañarle mucho!- confesó ella antes de abrazarlo- ¿Cuando estará de regreso?

-Mañana al amanecer.

-¡Le estaré esperando entonces!- Rin le dio un suave beso en la mejilla- Espero que le vaya muy bien y piense en mí durante todo su viaje.

-Nos vemos, quédate con Jaken todo el tiempo, ¿está bien?

-¡Sí!.. Señor Sesshomaru...

-Dime.

-Lo quiero mucho, nunca olvide eso, ¿está bien?

El demonio acarició a Rin en su mejilla suavemente, la besó en la frente mientras ella cerraba los ojos y se alejó antes de que pudiera arrepentirse de aquel viaje.

Rin, por su parte, acompañó al señor Jaken a buscar frutas para su desayuno. Ella también quería reunir algunas para cuando Sesshomaru regresara y poder compartirlas juntos.

-Señor Jaken, ¿cree que al señor Sesshomaru le gusten las fresas?

-Si son dulces puede que sí.

-¡Entonces me llevaré muchas! - exclamó ella contenta- Ah-Un, ven a ayudarme a recoger más fresas.

De pronto, una feroz ráfaga de viento les impactó, haciendo que Rin tuviera que refugiarse contra el dragón para no perder el equilibrio y que Jaken cayera junto con toda la fruta que habían reunido.

-Para ser una asesina, luces bastante inocente.

La voz correspondía a la de una mujer con cabello rojizo, ojos del mismo color y un tocado de plumas. Era una mujer bella que llevaba en su mano un abanico y que le dedicaba a Rin una sonrisa que, de alguna forma, a la joven le pareció encantadora.

-No entiendo- confesó ella retrocediendo un paso, sosteniendo las riendas del dragón-, yo nunca he matado a alguien, creo que quizás estás confundida.

-No. No lo estoy- especificó la joven desconocida mirándola a los ojos-: te llamas Rin, ¿verdad?

-Sí.

-Tú sí eres una asesina - continuó-: mataste a alguien, pero no lo recuerdas; en ese sentido te pareces al demonio que te cuida: ambos matan sin piedad para olvidarlo después.

-Yo no entiendo de qué hablas- Rin compartió una mirada confundida con Jaken-, creo que lo mejor es que yo me vaya.

-¿Olvidaste haber matado a tu bebé? - los ojos de Rin se abrieron sorprendidos- Era muy pequeño y aún estaba en tu vientre, pero tú decidiste matarle.

-No...¡yo nunca he tenido un bebé! No es verdad.

-Sesshomaru lo sabía y por eso te dio de beber lavanda ¿no lo recuerdas? - Rin comenzó a sentir que el aire no estaba entrando adecuadamente a sus pulmones-... Quizás eres inocente después de todo, pero la lavanda puede ser abortiva en algunos casos y al parecer Sesshomaru te la dio con esos fines...

-¡Mientes!- exclamó Jaken amenazando a la desconocida con su báculo- ¡El amo bonito no le dio lavanda a Rin para eso! ¡Rin ni siquiera estaba embarazada cuando la tomó así que no debes decirle esas cosas!

-¿Dónde crees que está él ahora?- insistió la mujer ignorando al pequeño diablito- Está asesinando otra vez a alguien por tu causa.

-No puede ser...

-¿Quieres verlo con tus propios ojos?- insistió la mujer- Porque yo puedo llevarte...

Rin negó automáticamente con la cabeza. Sesshomaru le había dicho que se quedara con el señor Jaken, pero no podía negar que sentía mucha curiosidad y que aquella mujer desconocida había instalado en ella una duda que le parecía razonable.

-¿Como te llamas?- le preguntó Rin mirándola de reojo.

-Soy Kagura.

-No iré contigo- declaró Rin aferrándose con más fuerza al dragón-, pero puedes decirme donde se encuentra el señor Sesshomaru para que yo pueda llegar hasta donde está.

-Claro: debes ir al norte, cerca de un lago donde anidan los cisnes; no es tan lejos de aquí.

-Gracias.

-Si por alguna razón te sientes decepcionada por él, puedes buscarme: ya sabes cuál es mi nombre y estaré cerca de aquí en caso de que me necesites.

La mujer se alejó al lanzar al viento una de las plumas de su tocado y subir sobre ella, mientras Rin le miraba con los ojos brillantes.

-Rin...

Jaken jaló suavemente la manga de su kimono rosa claro, pero la chica solo podía repetir en su cabeza los recuerdos de aquellos días: había estado muy asustada y nerviosa por el retraso en su sangrado, Sesshomaru le preparó mucho té de lavanda y prácticamente lo bebía casi tres veces al día por lo que quizás podía caber la posibilidad de que aquella desconocida tuviera razón.

Pero no podía ser cierto: el señor Sesshomaru no le había mentido nunca y no podía confiar en la primera persona que le hablaba mal de él. Solo podía hacer la única cosa razonable: ir hacia el lago que le indicó esa mujer y comprobar con sus propios ojos que el señor Sesshomaru no estaba matando a nadie por su causa.

-Señor Jaken, vamos a buscar al señor Sesshomaru.

-¡No podemos hacer eso!- exclamó el diablillo de inmediato.

-¿Por qué no?

-Porque el amo bonito está muy ocupado- explicó él cerrando sus ojos en forma solemne-,necesita su espacio y que no te conviertas en alguien pegajosa.

-Yo no soy pegajosa.

-Lo estás siendo... no sé como funcionan las cosas con los humanos, pero a la especie del amo bonito no le gusta que invadan su espacio y si vas hacia donde él está, sentirá que lo estás invadiendo.

-Señor Jaken, ya sabe que no le iré a buscar con esa finalidad.

-Es mejor que le esperemos aquí, Rin.

-¿Por qué no quiere que vaya con él?- quiso saber la joven mientras le miraba de reojo- Si sabe lo que el señor Sesshomaru está haciendo, debe decírmelo y prometo que no me enfadaré con usted.

-¿Si no te lo digo te vas a enojar?

-Sí.

Rin cruzó los brazos sobre el pecho mientras el diablillo la miraba pensando en su situación: no conocía a Rin enojada, pero sin lugar a duda, no podía ser peor que el amo bonito enfadado.

-No te lo puedo decir Rin, lo siento mucho.

-Bueno...- Rin se levantó antes de subir sobre el lomo de Ah-Un y sujetar sus riendas con fuerza- no me lo diga si no quiere, pero yo lo averiguaré por mi misma... ¡Vamos Ah-Un!

El dragón miró a la joven y pensó en que definitivamente no quería que su amo se enfadara con él, pero tampoco le gustaba ver a Rin enojada: ella era su mejor amiga y no estaba entre sus planes el que ella le guardara rencor.

Ah-Un se elevó por los aires mientras Jaken protestaba en el suelo y guió a la joven hacia la dirección en que se había ido el señor Sesshomaru. Sabía que no podía dejar a Rin demasiado cerca para que el demonio no sospechara nada, pero dejó a la chica entre las hierbas desde donde ya era visible el lago.

Sesshomaru se encontraba demasiado concentrado en su tarea de torturar a los asesinos de Rin: ya había matado a uno de ellos frente a los ojos del segundo y habría sido mentira decir que no estaba disfrutando con el aroma de la sangre y la sensación de temor que percibía en el único sobreviviente.

-¡Por favor, te lo suplico!- gritó Daiki en medio de sollozos- ¡No me hagas daño! ¡Nunca más voy a acercarme a esa chica, lo juro!

-¿Sabes por qué te dejé para el final?- el hombre negó con la cabeza- Porque tú empezaste a torturar a Rin, tú decidiste hacerle daño y mereces vivir con miedo.

-¡Por favor, déjame ir! Yo... ¡Juro que no pensé que esa chica moriría! No pensé que era tu prometida, yo... pensaba que ella podría servirnos por más tiempo durante nuestro viaje, yo nunca tuve la intención de matarla ¡Tienes que creerme.

- ¿Qué pensabas hacer con ella?

-Yo... íbamos a venderla a un burdel en alguna aldea lejana cuando nos aburriéramos de ella y pudiéramos conseguir a una nueva chica. Todo tenía varios días de anticipación: llevábamos mucho tiempo sin tocar a una mujer, nos llegaron rumores de que en esa aldea una chica muy bella se iba a casar, yo pude verla un día mientras juntaba flores con sus hermanos cerca de su aldea y era tan bonita que solo pude convencer a mis compañeros de capturarla, por lo que esperamos a que llegara el día de la boda y su familia se internara en el bosque con ella para atacar.

-¿Dices que el objetivo siempre fue Rin?

-Sí, el robo en realidad fue una excusa para llegar hasta ella.

Sesshomaru le dedicó una pequeña sonrisa llena de ironía. En su cabeza no alcanzaba a imaginar los castigos a los que sometería a aquel hombre, por lo que optó por aquello que sería lo más aterrador para él.

-Voy a dejarte ir- decidió mirando a Daiki a los ojos-, pero tienes que saber que iré a por ti: cuando menos lo pienses voy a asesinarte y tendrás que aprender a vivir con el miedo; esa será tu mayor tortura.

Daiki se alejó corriendo, temiendo que aquel poderoso y cruel demonio pudiera arrepentirse de su decisión y, aferrándose a la esperanza de aquella extraña oportunidad de vida que se le estaba otorgando.

Sesshomaru le observó irse, pensando en que nunca antes asesinar a un humano podía otorgarle tanta diversión: estaba convencido de asustarle por un buen tiempo antes de propinarle el golpe final.

Se lavó las manos en el lago y eliminó cualquier rastro del asesinato y comenzó a caminar de regreso hacia el lugar en que sus compañeros le esperaban. Sin embargo, mientras lo hacía el aroma de Rin se acercaba hasta que la encontró, intentando caminar oculta entre la hierba.

-¿Rin? ¿Qué haces aquí?- preguntó sorprendiendo a la muchacha, ya que pudo oír el rápido golpeteo que su corazón daba en su pecho.

-Yo...nada, solo vine a ver los cisnes... ¡me alegra mucho que usted esté aquí!- Rin le abrazó con todas sus fuerzas sintiéndose contenta porque él no estuviese haciendo nada malo- Prometa que no volverá a irse en mucho tiempo ¡y que ahora sí iremos a la playa!

-Claro que iremos.

Sesshomaru acarició el cabello de Rin mientras ella se negaba a soltarle. La joven se sentía tranquila, ya que el demonio no parecía estar haciendo nada malo y eso significaba que la mujer de antes había estado mintiendo.

Rin no iba a contarle lo que había sucedido, ya que no quería preocupar al señor Sesshomaru ni ver su cita a solas retrasada. Solo quería disfrutar los días en la playa a su lado, ver el mar, jugar con las olas y coleccionar las conchas que pudiera encontrar entre las rocas. Tenía muchos planes y en todos estaba el señor Sesshomaru: por primera vez en mucho tiempo, Rin podía pensar en su futuro con esperanza y un toque de alegría.