Una promesa en el camino
Patinar siempre había sido un evento liberador para Sakura. El viento en su cara, el movimiento libre, el cabello suelto… desde que viajaba a la primaria había sido algo tan cotidiano que sin querer se había convertido en algo muy propio, parte de su identidad y parte de su pasatiempo, ya que no pudo dedicarse a eso.
Ahora patinaba sobre hielo. El gélido aire rozaba sus mejillas enfriando su tez, pero no por eso lo disfrutaba menos. Mientras se divertía gustosa con su pasatiempo y miraba a los demás a su lado; patinando con una sonrisa, recordó de inmediato la escena que ahora la traía a este lugar.
Tenían alrededor de catorce años. Una de las citas que Xiaolang había planeado ese año. A pesar de la poca resistencia al frío que tenía el chico, había tomado valor y se había llevado a su novia a la nueva pista de hielo de Tomoeda, solo porque sabía cuánto disfrutaría ella. Había sido mágico para ambos. Tomarse de las manos y poder danzar sobre el hielo fue fascinante y las risas no habían faltado luego de una que otra caída.
"Algún día iremos a Canadá, al Canal Rideau"
Sakura sonrió ante el recuerdo de aquellas palabras dichas por Xiaolang aquella vez. Habían visto un programa de destinos en occidente y ver como el canal se congelaba por completo y las familias patinaban en él, lleno de luces y risas, los había atrapado. Era simplemente perfecto. Ahora ella miraba sus pies patinar sobre las aguas congeladas de dicho canal mientras las luces navideñas de la decoración a lo largo del estrecho adicionaban ese sentimiento festivo que todos disfrutaban.
Luego de un rato de ir y venir y unas cuantas piruetas profesionales que llamaron un poco la atención, la castaña decidió descansar un rato. Apenas eran las once, aún era temprano, así que se retiró hacia la orilla y se sentó un momento. La noche estaba fría pero despejada, y a pesar de la temperatura, podía deleitarse sin preocupación, a fin de cuentas estaba bastante acostumbrada.
Sin saberlo, la menor de los Kinomoto había tenido suerte ese año. Últimamente el canal se congelaba hasta mediados de enero, pero para su fortuna este año había sido diferente. Las temperaturas descendieron estrepitosamente en el Gran Norte Blanco desde noviembre, y ya el canal se había congelado para mediados de diciembre. Aquello puso a correr a los locales para adelantar ferias, actividades y habilitar espacios para el goce de locales y extranjeros. Era algo que permitía que todos disfrutaran por igual, compartiendo momentos mágicos y ayudando a la economía local.
Una familia llamó su atención mientras una muy leve nevada aparecía. Un niño de unos diez años era ayudado por su madre a sostenerse sobre el hielo mientras sus dos hermanas, un poco mayor a él, le daban ánimos. Era una de las escenas típicas que albergaba este lugar y conmovía el corazón de cualquiera. Sakura sonrió y un sentimiento agridulce se apoderó de ella.
Estaban casi terminando la preparatoria cuando supo de aquella visita. La madre y una de las hermanas de Xiaolang venían a Japón para el cumpleaños del menor de los Li. Ya para ese tiempo Sakura había ido un par de veces a Hong Kong y recibido también un par de veces a los Li para festividades. Aunque esta era la primera vez que venían con tan poca anticipación. Así como llegaron se habían ido. Xiaolang le contó a Sakura después el verdadero propósito de aquella visita. Con un sobre de manigueta en su mano y unos documentos en la otra, esa visita había venido a poner aún más tensión en la relación de los castaños. Sabiendo que sus estudios pronto culminarían, las interrogantes de qué es lo que seguía en sus vidas había surgido y ocasionado una que otra discrepancia en la pareja, dejando silencios bastante incómodos y más preguntas que respuestas.
Un intenso escalofrío recorrió a Sakura en todo su cuerpo a pesar de no tener frío realmente. El recuerdo de aquellas conversaciones la hacían sentir un nudo en el estómago que a veces pensaba ya estaba superado y otras, como en esta ocasión, sabía que no era así. Una beca en Rusia esperaba a Sakura mientras que a Xiaolang sus sueños lo llevaban de nuevo a la tierra que lo vio nacer. Intentaron muchas veces cuadrar todo pero simplemente parecía que la vida los llevaba por destinos separados, y era aquel obstáculo el que comenzó a enfriar todo; las salidas se hacían más breves e incómodas, las llamadas más distanciadas, los temas para hablar comenzaban a escasear, y hasta el darse los buenos días se sentía hipócrita, sabiendo de antemano que ninguno de los dos estaba bien.
Una semana después de la graduación había pasado cuando el castaño la había llamado para ir juntos a un festival en el templo Tsukimine. Intentaron poner su mejor cara y sus buenas intenciones, mientras caminaban tomados de la mano y degustaban de las delicias culinarias que ofrecían en el festival. Lo disfrutaron realmente, casi como en los viejos tiempos, sin pensar en lo que les aquejaba y dejando de lado todas sus preocupaciones. Era bastante tarde ya cuando decidieron ir a su lugar favorito para ver los fuegos artificiales, un lugar solitario cerca del lago, desde donde el reflejo de la luna y las luces de la pirotecnia los acompañarían.
"Me voy mañana."
Las palabras de Xiaolang habían dolido como mil agujas en el corazón de Sakura, pero de alguna forma sabía que debía pasar algún día. La chica no dijo nada y solo siguió observando las luces de colores en el cielo, mientras silenciosamente un par de lágrimas escapaban rodando por sus mejillas. Cuando el espectáculo había terminado quiso salir corriendo de allí pero el joven Li había tomado su mano, había secado sus lágrimas y la había besado con pasión, con la intensidad de hacerlo por última vez.
Sakura sintió un frío anormal en su mejilla. El rastro de una lágrima traicionera que acababa de escapar de su ojo derecho. Cuántos años habían pasado y la despedida aun dolía como si hubiese sido ayer. Habían prometido algo ese día. Un disparate al que ella había dicho que sí sin pensarlo mucho, dándole las esperanzas que su corazón necesitaba en aquel momento.
Sakura levantó su vista y observó el majestuoso Château Laurier que se erguía al fondo del canal. La edificación en estilo castillo con sus luces exteriores dándole un aspecto de realeza le recordó uno de los "palacios" en los que había estado en Rusia muchísimo tiempo. Tratando de cumplir sus sueños, Sakura había tomado la beca en el país Europeo que le aseguraría los estudios en docencia que ella tanto anhelaba, como también poder competir en otra de sus pasiones, el patinaje sobre hielo. Algunas cosas se cumplen y otras no, y eso lo supo de primera mano la castaña cuando una lesión grave en los ligamentos de su pierna izquierda la hizo retirarse de competencias y aquel sueño poco a poco se fue convirtiendo nada más en otro recuerdo agridulce. Cinco años en la gélida Rusia habían pasado cuando el doctor había hecho aquel diagnóstico. Podría patinar, sí, pero no de manera competitiva, o podría perder por completo la movilidad en la pierna. Ya graduada en docencia, la castaña decidió quedarse un tiempo más en Europa, dando clases en algunos países nórdicos. Pero pasados unos tres años decidió volver a Japón, pues ya nada la ataba a Europa y cada año en lejanía la deprimía aún más.
Las campanadas de alguna iglesia cercana la sacaron de su ensoñación. Miró su reloj queriendo confirmar lo que ya era bastante claro. Era medianoche en efecto y su corazón comenzó a palpitar con desenfreno. Era la hora, era la fecha y era el lugar pactado. Pero solo uno de ellos había llegado.
"Plan de respaldo" le había dicho Tomoyo que era aquella promesa que habían hecho. Si ninguno había concretado una familia para el año en que Sakura cumpliera treinta, se verían en navidad en el Canal Rideau y verían desde ahí que les deparaba el destino.
Luego de un tiempo, Sakura entendió el disparate que había sido aquello. Eran más de diez años en los que cualquier cosa podía pasar. La esperanza que le había dado al principio lo terminó viendo como una ilusión adolescente que no tenía ni pies ni cabeza.
Sin embargo, las ilusiones a veces son difíciles de eliminar, más aquellas que guardan un lugar especial en el corazón. Mientras estaba en el extranjero, Tomoyo le pasaba todos los datos que encontraba del joven pero exitoso empresario Li, que ya era reconocido mundialmente por sus estrategias de negocios a pesar de su corta edad. Dos parejas le había conocido durante ese tiempo, una Tailandesa encargada de un consorcio importante y una China, con la cual parecía que sería la indicada. La ansiedad que las noticias le provocaban a Sakura la llevó a tomar la decisión de que no saber más era lo mejor, además de haber encontrado ella a alguien especial. Damir, un Croata que había conocido, colega docente, que llenó aquel vacío que Sakura guardaba en silencio pero que el destino había decidido de nuevo no sería el indicado.
Llegado su cumpleaños número treinta la expectativa había vuelto y aquellos ocho meses de espera se sentían eternos. Sin embargo, ya había pasado media hora desde que las campanadas anunciaron la medianoche y seguía siendo solamente ella en aquel lugar. Sakura suspiró en resignación y procedió a ponerse sus botas mientras quitaba sus patines. Si bien su pecho dolía, tenía que aceptar que accedió a un disparate, y que le estaba apostando a lo imposible.
Finalmente se levantó y comenzó a caminar con paso pausado. La leve brisa congelante seguía golpeando su cara mientras ella intentaba no llorar.
Quizás no importaba más si no venía. Eso solo quería decir que había encontrado a alguien mas que lo hiciera feliz, alguien que lo hacía dichoso, alguien que lo amaba quizás más que ella.
—Sakura…
La castaña levantó la mirada y sintió casi su alma congelarse. Aquel hombre maduro que la miraba detenidamente le robó el aliento. Los mechones caramelos de su cabello eran suavemente mecidos por la suave brisa gélida que corría en aquel lugar. Los años podrían haber pasado, pero su mirada era la misma que recordaba de hace casi veinte años.
—Estás aquí… —contestó con una sonrisa. La misma sonrisa que le había regalado la primera vez que la había besado.
… … … … … …
NA
Hola hola, Sahure les saluda deseándoles ¡felices fiestas! Por acá otra colaboración de mi parte que espero disfruten.
Tema: reencuentro en navidad
