El lobo plateado

Miró el ordenador frente a ella con un gesto lleno de cansancio. El trabajo en la empresa siempre era el triple de pesado en cuanto las vísperas navideñas se acercaban. CEE, "Cards for everyone and for everything", era una empresa que se dedicaba a hacer tarjetas para días y eventos especiales, la cual se había colocado a la cabeza en esa área del mercado, con creces. La navidad era una época en la que todo mundo regalaba tarjetas, por lo que, a diferencia de otros momentos del año, San Valentín y ese eran los peores para los empleados.

Sakura llevaba ya dos días sin poder dormir más de cuatro horas, cosa que le pesaba bastante en su dinámica laboral y, en ese instante, mirando el diseño nuevo de una tarjeta navideña que consistía en una tanga de color rojo con las palabras: "Que todos tus candentes deseos se realicen", suspiró con fastidio mal disimulado.

Ese tipo de tarjetas solían regalarse entre chicas, de una amiga a otra que tenía un novio con quien celebrar el año nuevo.

Ese no era su caso. Había tenido una innumerable cantidad de citas en su vida de las cuales solo tres habían finalizado en una relación seria; había terminado con su última pareja hacía —miró el calendario para refrescar su ubicación temporal—: ocho meses con nueve días.

Nunca había pasado una navidad ajetreada comprando regalos navideños para su pareja porque nunca había tenido pareja para esas fechas.

Comenzó a trabajar en el diseño de la tarjeta mientras hacía planes para sus días libres... quizá pediría trabajar tiempo extra.

Algo le golpeó en la cabeza.

Se giró con una ceja alzada y expresión molesta hacia la derecha. Observó a su amiga que en el cubículo contiguo la miraba con una expresión llena de reproche.

—¿Por qué me lanzaste ese papel? —preguntó, molesta.

—¡Llevo llamándote una eternidad! —le dijo su amiga con su mirada amatista llena de incomprensión—. ¿Es que no me escuchaste?

Iba a contestar en el momento en el que su amiga le señaló la pizarra de mensajes. Sakura se giró hacia esa dirección sin comprender a qué iba todo eso y observó a la recepcionista —una mujer de baja estatura que solía vestirse con ropas de estilo ochentero y que siempre tenía un gesto adusto—, frente a la pizarra con un post it de color rosa.

—¡Lobo negro! ¿Nadie? —Ante la pregunta, Sakura se incorporó de inmediato con los ojos desmesuradamente abiertos. La recepcionista la miró con una ceja alzada—. ¿Lo conoces? ¿Era para ti?

Sakura sintió la boca seca. Las manos le temblaron y repentinamente negó rápido con la cabeza; varios mechones se desprendieron del recogido que llevaba en la coronilla.

—No... yo...

—Entonces no me hagas perder el tiempo —dijo la mujer con una expresión enfadada. Tomoyo solía decir que parecía la villana de una película de Stephen King cuando tenía ese gesto—. Maldita sea la hora en la que me dijeron que también debía guardar mensajes, además de toda la papelería... —se quejó la mujer y se giró para pegar el post it en la pizarra de avisos.

Tomoyo avanzó hasta su amiga y la sujetó del brazo.

—Dime que sí lo escuchaste —susurró la muchacha, obligándola a reaccionar luego de la súbita pérdida de sentido de la realidad por la que había atravesado.

—Lo... lo escuché.

—¿Crees que sea él?

Sakura se deshizo de su amarre y avanzó con paso veloz hasta la pizarra, seguida de su amiga, y ambas observaron la nota de color rosa que ondeaba del borde inferior por el viento del ventilador. En letras grandes y entre comillas se leía "Lobo negro".

—No puede ser —susurró Sakura sin dejar de mirarlo mientras Tomoyo se llevaba la mano a los labios.

—Buen día, querido —saludó alegre la recepcionista al cruzarse con alguien en la entrada.

Shaoran Li, el diseñador estrella de la compañía, quien ahora era jefe de esa área.

—Buen día, preciosa —saludó, guiñándole un ojo a la mujer que tan solo era agradable con él.

El muchacho se pasó una mano por el cabello color castaño ligeramente ondulado en las puntas y se acomodó la mochila al hombro mientras avanzaba hasta la pizarra. Observó a dos de sus compañeras mirando las notas con expresiones llenas de algo muy similar al asombro. Sonrió burlón.

—¿Holgazaneando?

Ante la pregunta, ambas se giraron hacia él; Tomoyo con una sonrisa nerviosa y Sakura con una expresión sorprendida, casi como si las hubiese encontrado haciendo algo indebido.

—¿Algo interesante de lo que me perdí? —volvió a preguntar al ver que ambas permanecían en silencio.

—No... nosotras solo... —dijo Sakura mientras él dejaba de prestarles atención y miraba las notas con intención de ver si había algún mensaje para él—, estábamos...

Shaoran alzó una ceja en señal extrañada y elevó una mano hacia el post it de color rosa; Sakura se quedó callada al seguir ensimismada la mano de su jefe que sujetó la nota rosa y sonrió divertido antes de despegarla.

Volvió su atención a las chicas que lo miraban con los ojos totalmente abiertos y negó con la cabeza.

—Ustedes dos son realmente... extrañas. Vuelvan a trabajar.

Se adelantó hacia su oficina y se topó con una chica de falda entubada y cabello rubio que lo miró con una hermosa sonrisa y le guiñó un ojo.

—Buenos días, jefe.

Shaoran Li había sido hasta hacía algunos días antes un simple mortal como todos los demás. El anterior líder del área había sido atrapado vendiendo documentos y diseños a la competencia, por lo que se había decidido que alguno de ellos sería el nuevo jefe. Todos sabían que sería él el elegido, pero aunque había subido de puesto, seguía llevándose bien con todos y tomaba en cuenta sugerencias y nuevas acciones.

A pesar de que Sakura llevaba trabajando en la misma área que él desde hacía más de un año, él solo se enfocaba en hablar de trabajo con todos y, cuando no, era todo sonrisas y solo parecía interesado en hablar con chicas muy atractivas que pasaban frente a él moviendo el trasero más de lo que deberían. Sakura suponía que en algún momento se les dislocaría la cadera.

Negó con la cabeza al ver que se alejaba con la nota, acompañado de una de las chicas que parecía obsesionada con él desde que Shaoran Li le había regalado un ramo de flores el día de su cumpleaños.

—No puede ser —dijo Tomoyo junto a ella en un susurro y la de expresivos ojos verdes se llevó el pulgar a los labios en una clara muestra de nerviosismo.

—Imposible —reiteró y miró a su amiga con una ceja alzada—. No puede ser él, ¿cierto?

Tomoyo la contempló con una sonrisa entre nerviosa y expectante.

—Es demasiada coincidencia. ¿Por qué no le preguntas?

—¿Hablas en serio? No somos tan cercanos para que le pregunte algo como eso —chilló en voz baja.

Decididamente estaba en desventaja. Tragó con inseguridad y se balanceó sobre las puntas de sus pies antes de negar al verlo entrar en su oficina y dejar la puerta abierta.

—No voy a preguntarle —dijo indecisa y Tomoyo la observó como si estuviera loca.

—No puedes hablar en serio. Has estado obsesionada con eso desde hace más de seis años.

Sakura se encogió de hombros y volvió a su cubículo. No podía creer su mala suerte, es decir… sí podía, pero por todos los cielos; ¿por qué, de todos los hombres en el mundo, tenía que ser él?

Durante el día las cosas solo empeoraron, en especial porque él la pilló varias veces mirándolo con una expresión embobada y todas y, cada una de esas veces, le sonrió. Sakura tiró el café encima del teclado, perdió documentos y chocó con él una de las veces que pasó tras un cubículo de donde ella salió como bólido. Shaoran la sujetó por la cintura para evitarle una caída y luego, con una expresión burlona, elevó la mano y le acomodó las gafas que le habían resbalado por el puente de la nariz. Cuando tuvieron una reunión en la sala de juntas, apenas pudo responder a las preguntas que él le hizo en relación con los nuevos diseños para las tarjetas de año nuevo. Maldijo a su verborrea, que solía abandonarla en los momentos menos apropiados.

—Hay unos diseños que me parecieron... un poco fuera de lugar —dijo ella ajustándose los lentes que solo utilizaba para leer. Shaoran alzó ambas cejas, confundido.

—¿Fuera de lugar?

—De... —se detuvo ante la mirada escrutadora—, lencería. Tangas, para ser precisa.

Una chica pelirroja que estaba al otro lado de la mesa alzó la mano.

—Esa fue mi idea.

Shaoran le sonrió a la joven, que de inmediato se movió el cabello con la mano de forma coqueta para llamar su atención. Sakura se aclaró la garganta y él volvió a ella.

—¿Hay algo que te moleste con respecto a eso, Kinomoto?

Shaoran Li y ella seguían tratándose por sus apellidos a pesar de que llamaban a otros de la oficina por sus nombres de pila.

—Bueno, estaba pensando que... es decir... creo que está muy usado y apoya la sexualización femenina.

—Entiendo —dijo él cuando todos comenzaron a susurrar entre ellos—. ¿Tienes alguna sugerencia?

—Pensaba... que... podríamos utilizar a un hombre. Un modelo usando ropa interior con motivos de... año nuevo.

Todos la miraron sorprendidos. Sakura generalmente era muy cuidadosa con sus aportaciones y no solía hablar mucho en las juntas.

—Creo que... eso podría animar a las chicas a comprar la tarjeta para sus amigas.

Considero que cualquier mujer preferiría recibir una tarjeta así que una con una tanga femenina.

Tomoyo asintió de inmediato.

—Yo estoy de acuerdo.

A sus palabras de positiva aceptación siguieron asentimientos de todos, menos de la pelirroja, quien había sido la de la idea inicial. Shaoran sonrió y la observó con una expresión que le dijo que estaba de acuerdo.

—Buena idea, Kinomoto.

—Gracias —susurró la joven y retiró sus ojos de los de él.

Luego de ver algunos puntos más, Shaoran les pidió a todos retirarse. Tomoyo se puso de pie al mismo tiempo que Sakura y, al moverse para apartarse de su silla, empujó a su amiga deliberadamente. Las hojas que la castaña llevaba en una carpeta se esparcieron por el suelo en cuanto perdió el equilibrio. Sakura se inclinó a recogerlas mientras todos salían.

—Qué tonta. Lo siento, Sakura.

Tomoyo se hincó junto a ella y comenzó a ayudarla. Shaoran, que fue el último en ponerse en pie, avanzó hacia ellas y se hincó en una rodilla para auxiliarlas.

Repentinamente se quedaron los tres solos y Tomoyo golpeó el brazo de su amiga con el codo y le señaló a su jefe con la cabeza. Sakura negó y frunció el ceño. Tomoyo volvió a insistir, pero ella siguió negándose hasta que él alzó la vista de las hojas de papel y las encontró en el duelo de miradas.

—¿Sucede algo? —preguntó con su sonrisa cordial de siempre, pero a Sakura no le pasó desapercibido el interés que mostró al contemplarla.

—Nada —dijo la de ojos verdes rápidamente. Tomoyo apretó los labios.

—¿Eres ¨El lobo negro¨? —preguntó la de cabellos largos y oscuros. Sakura soltó un respingo y la miró como si no pudiese creer que hubiese preguntado aquello.

Shaoran arqueó una ceja y las observó extrañado por un segundo.

—¿Y para qué desean saberlo? —preguntó, pasando sus ojos miel de una a otra.

—Sakura cree que están destinados.

—¡Tomoyo, basta! —exclamó la otra con las mejillas completamente rojas.

Shaoran, sin embargo, no pareció tomarse a broma aquello y miró a la de ojos verdes tan fijamente que la joven tuvo que ponerse en pie lo más rápido que pudo antes de olvidar cómo usar las piernas. Sujetó los papeles contra su cuerpo y alargó la mano libre hacia Shaoran, que aún estaba hincado en el suelo.

Él se incorporó con una pasmosa lentitud, pero no le alargó los papeles.

—¿De qué se trata todo esto, Kinomoto?

Ella observó que la mano que tenía alargada hacía él había comenzado a temblar y la bajó. Iba a asesinar a Tomoyo. Le echó una mirada a su amiga que claramente decía: "Estás muerta, Daidouji", pero su amiga no le prestó atención.

—No... no es nada... ella… —comenzó Sakura, turbada por la escrutadora y estudiosa mirada ámbar.

—Lo escuchó hace seis años en un programa navideño de radio en donde le dijeron que...

Sakura se sonrojó aún más y la golpeó con el codo en la cintura.

—Por todos los cielos, Tomoyo. Ya vámonos... —la sujetó del brazo con la mano temblorosa y la obligó a salir de la oficina—. Lo siento, por favor haga de cuenta que esto no sucedió.

Sakura sacó a su amiga de allí como un tornado y Shaoran se quedó en la sala con las hojas en la mano.

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Seis años antes

—Buenas tardes a todos y bienvenidos a: ¨Secretos y complacencias¨, el programa de radio en el que complacemos tus deseos a cambio de un secreto o un reto, si es que tus secretos son demasiado peligrosos para decirlos.

—Nuestra primera llamada está llegando. ¿Hola? ¿Estás allí?

—Ho-hola —comenzó una voz femenina, insegura.

—¿Qué tal? Compártenos tu nombre o tu apodo si no quieres que nadie se entere de tus oscuros secretos, y tu edad.

—Soy... "ojos verdes"; tengo dieciséis.

—Lindo apodo —contestó una voz varonil, animada—. ¿En qué podemos complacerte?

—Quisiera dedicarle a mi mejor amiga la melodía navideña: "I will be home for Christmas".

—Por supuesto —respondió la misma voz que había hablado antes—. ¿Qué nos darás a cambio: un secreto o un reto?

—Un secreto —respondió rápidamente con una risa nerviosa—. Tengo ombrofobia.

—¿Qué es eso? —preguntó la misma voz y Sakura sonrió triste desde el otro lado del teléfono.

—Miedo a la lluvia.

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Salió rápidamente del edificio, tratando de no pensar en lo que había sucedido hacía unas horas. Había intentado concentrarse, pero de nada había servido porque su jefe la había mirado toda la maldita tarde y eso se había llevado los pocos gramos de concentración que aún quedaban en su mente. Avanzó por la acera y se detuvo a pocos metros de la puerta del edificio. Había salido la última y se había negado a irse con su amiga porque estaba molesta. Esperó por un taxi, pero en menos de dos minutos un auto se detuvo frente a ella. Sakura lo identificó y retrocedió un poco en cuanto la ventana automática descendió ante sus ojos.

—¿Es verdad lo que dijo tu amiga?

Sakura se cerró el abrigo gris y miró hacia otro lado.

—Le pedí que olvidara eso... yo...

—¿Es verdad? —volvió a preguntar, pero al no recibir respuesta, agregó—: ¿Quieres saber quién es esa persona?

Sakura miró al hombre frente a ella fijamente.

—¿Eres tú? —preguntó con la voz temblorosa, animándose a tutearlo.

Shaoran apagó el motor, salió del auto y se encaminó hacia ella. Se colocó de espaldas a la puerta del copiloto y se cruzó de brazos.

—¿Por qué no me dices de qué va todo esto? —se interesó con una sonrisa burlona—. Tu amiga parecía muy segura de lo que decía... eso del destino...

—¿Te estás mofando?

Shaoran se encogió de hombros.

—Estoy señalando lo obvio, Kinomoto. ¿Es cierto lo que dijo o solo se trata de una broma?

Sakura se mordió el labio inferior con inseguridad.

—Yo... bueno... sé que parece una tontería, pero... es verdad. Cuando tenía dieciséis años me gustaba mucho un programa de radio temporal. Los conductores invitaron a un gurú que era... Es... muy famoso.

—Y ese gurú te dio un nombre y te dijo que esa persona y tú estaban destinados.

Sakura lo miró mortificada porque sabía lo estúpido que sonaba. Se pasó una mano por la frente y luego metió ambas en los bolsillos de su abrigo.

—Sé que suena muy tonto. En un inicio lo busqué por todos lados y luego creí que simplemente no aparecería nunca... pero supongo que, inconscientemente, tuvo un peso sobre mí y una influencia en mis pocas y nada duraderas relaciones. Siempre he creído en ese tipo de cosas y hoy que escuché el apelativo... bueno... lamento ponerte en una situación así. Tomoyo solo intervino porque sabía lo importante que eso había sido para mí, por favor no te molestes con ella... suele no tener filtro.

El semblante masculino pareció agravarse por unos segundos, pero luego recuperó su expresión normal y asintió.

—Pero ya... pasó —continuó ella y se explicó ante la interrogante en el gesto de él—; es decir, ya no me importa eso. Lamento haberte molestado y...

—Sé quién es —interrumpió rápidamente cuando una sensación de desasosiego lo abordó. Sakura lo contempló sin saber qué hacer, así que él se adelantó—: ¿Quieres conocerlo o realmente no te importa?

Shaoran parecía muy atento a su respuesta, por lo que ella, incómoda, pasó su peso de una pierna a otra. Inspiró rápido y fuerte como para darse valor. Sabía que era una tontería decir que no le importaba, porque la verdad era que sí y él se estaba ofreciendo a ponerle un rostro, un cuerpo y un nombre a ese apelativo con el que ella había soñado desde su adolescencia.

—Sí quiero.

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—Hola a todos de nuevo, somos el programa de radio de su elección: ¨Secretos y complacencias¨. Como siempre, estamos listos para recibir sus peticiones a cambio de sus secretos. La navidad se acerca cada vez más, así que estamos muy contentos de escuchar sus pedidos decembrinos. Recibimos nuestra primera llamada del día en tres, dos, uno...

—¿Hola? —comenzó una voz femenina.

—Estás conectada con ¨Secretos y complacencias¨. ¿Tu nombre o apodo?

—¨Ojos verdes¨ —respondió esta vez más segura.

Dos risas masculinas se escucharon.

—Es nuestra oyente más fiel. ¿Qué tal ¨ojos verdes¨?, ¿en qué podemos complacerte?

—Deseo dedicarle a mi hermano una canción.

—Parece que tienes un enorme espíritu navideño —comentó uno de los conductores—. ¿Cómo se llama tu canción?

—¨Santa Claus is coming to town¨, para que se entere de que, si no es bueno conmigo, nadie le regalará nada en Navidad —respondió ella y los dos conductores se rieron.

—¡Todo un gusto! ¿Qué nos darás a cambio: un secreto o un reto?

—Un secreto.

—Somos todo oídos.

—Nunca he tenido novio.

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La miró de reojo. Se había ofrecido a llevarla a casa y la examinó durante el camino. Había creído que podrían hablar un poco más sobre el tema.

—Es... alguien que conozco —aclaró luego de que ambos habían entrado al auto. Sakura se había negado las primeras veces que le ofreció llevarla, pero cambió de idea cuando escuchó truenos.

Ella parecía distraída, mirando hacia el cielo con una expresión insegura. Se giró hacia él, al inicio con un gesto de incomprensión, pero luego supo que hablaban de la persona con aquel apodo.

—Ah... ¿Un amigo?

—No exactamente —susurró, pero volvió a verla distraída y alzó una ceja en señal de incomprensión—. ¿Todo bien? —quiso saber en cuanto ella se encogió en el asiento al ver un relámpago en la distancia.

—Sí. ¿No crees que sería extraño que me lo presentes así... de la nada, quiero decir? —intentó concentrarse en la conversación.

—Tenemos cuatro días para pensar en cómo te presentaremos.

Ella le dio una mirada de confusión.

—Te lo presentaré el viernes, es imposible que sea antes —aclaró con una sonrisa de disculpa.

—¿En nochebuena?

—Sí. ¿Estás disponible?

—Supongo que podría organizarme —contestó para hacerle creer que era una persona más sociable de lo que realmente era—. ¿Es alguien muy ocupado? ¿Es por eso que no puedo conocerlo antes? —Él negó con la cabeza.

—Más bien no está... disponible. —La vio encogerse de nuevo al siguiente trueno—. ¿Quieres que encienda la calefacción?

Ella lo observó de reojo y sonrió apenada.

—Gracias, estoy bien. ¿En dónde trabaja? —se interesó, nerviosa. Shaoran alzó una ceja.

—¿No crees que sería poco prudente darte información personal de él?

—¿Poco prudente? No es que vaya a utilizar esa información de manera inadecuada. Soy... una buena chica —dijo rápidamente.

Shaoran sonrió y se llevó el pulgar y el índice al puente de la nariz para evitar reírse por el modo tan tierno en el que ella había dicho eso.

—Sé que lo eres —dijo y se aclaró la garganta.

—¿Y por qué lo dices como si fuera algo malo?

—No creo que sea algo malo —aclaró él de inmediato, defendiéndose.

—Suenas muy seguro al decir que soy una buena chica cuando, a pesar de llevar un año trabajando juntos, realmente no nos conocemos.

—De nuevo... resalto lo obvio —señaló—. Y siempre me ha dado la impresión de que eres de las que no dejan que las conozcan o se acerquen. Intenté hacerlo al inicio.

Ella arqueó ambas cejas y aquello resultó ser suficientemente bueno para alejar sus preocupaciones del clima por unos segundos.

—Mientes —acusó.

—No. Traté de conversar contigo en más de una ocasión y todas las veces me contestabas con monosílabos y ni siquiera me mirabas. No debería decir esto y mucho menos ahora que... ascendí —dijo, como si tal cosa fuese un detalle que le causase conflicto—, pero me llamaste mucho la atención desde el primer día; sin embargo, supuse que no... estabas interesada.

Sakura lo miró por unos segundos y se sonrojó antes de volver a mirar por la ventana, cosa que le recordó el clima y maldijo para sus adentros. En el silencio incómodo que siguió a eso, Shaoran se obligó a proseguir, pero ella se le adelantó:

—Soy un poco despistada para esas cosas.

—No insistí y decidí respetar tu forma de ser —dijo él y movió la mano como para quitarle importancia.

Sakura se sintió extrañamente insegura.

—¿En dónde trabaja? —cuestionó de nuevo.

—¿Quién? —preguntó, pero de inmediato recordó de lo que hablaban—. Ah. En una empresa.

La respuesta ambigua la hizo parpadear sobremanera.

—¿Qué edad tiene?

—Veinticinco —respondió.

—La misma que tú —señaló ella con tono especulativo—. ¿Eres tú?

Shaoran sonrió.

—¿Te gustaría que fuera yo? —preguntó con un retintín burlón y ella se cruzó de brazos.

—No eres mi tipo —bromeó porque, obviamente, Shaoran Li era el tipo de cualquier mujer con más de un dedo de frente. La sonrisa de él se agrandó y Sakura sintió un temblor recorrerla por dentro.

—Entonces es bueno que no sea yo.

Shaoran notó luego de eso que ella perdió toda su animosidad justo en el momento en el que la lluvia comenzó a caer sobre el auto, cuando estaban detenidos en una señal de tránsito. Los vidrios empezaron a empañarse poco después así que tuvo que encender el aire acondicionado. Sakura parecía cada vez más nerviosa y miraba de un lado a otro o se pasaba la mano por el cabello y la frente.

—¿Segura que estás bien? —preguntó al observar que las palmas de ella brillaban como si sus manos hubiesen comenzado a sudar. Con la vista fija en la guantera, ella negó con la cabeza; la cosa se puso peor cuando el caer de las gotas se tornó mucho más rápido y fuerte. Sakura se llevó las manos a los oídos y se agazapó en el asiento.

Odiaba que eso le sucediera en público. Los ojos se le llenaron de lágrimas y su corazón comenzó a latir acelerado mientras una sensación de molestia inundaba su estómago. Él se inclinó a su lado, preocupado, y la llamó, pero Sakura parecía bloquear cualquier sonido externo a ella.

Le temblaron las manos contra las orejas y Shaoran la observó sorprendido.

—Lo... lo siento... yo... —las lágrimas salieron de sus ojos y se deslizaron por sus mejillas en el mismo instante en el que él puso la radio y subió el volumen de la música.

"Baby please come home¨, una canción de navidad se escuchó opacando casi por completo el estridente sonido de la lluvia. Sakura parpadeó confundida en cuanto la música inundó sus oídos, miró a Shaoran y bajó las manos muy despacio, aún temblando un poco.

—¡Espero que esto sirva porque no pienso quedarme sordo por nada! —gritó él entre el estruendoso sonido de la música.

Sakura se quedó paralizada por unos segundos y Shaoran alzó ambas cejas esperando a que dijera algo ya que parecía mucho mejor que hacía segundos. De repente, ella le sonrió.

Shaoran la miró fijamente. Era la primera sonrisa sincera que le había visto darle. Sintió un vacío en la boca del estómago porque era la sonrisa más hermosa que había visto; una llena de gratitud y de emoción muy pura.

—¡Es mi canción favorita de navidad! —gritó ella mientras se enjugaba las lágrimas y él rio antes de recordar que debía volver a poner la vista en el camino.

El tránsito estaba fatal con la lluvia y aún tardaron más de veinte minutos en llegar a la casa de Sakura. Cuando lo hicieron, la lluvia había menguado bastante y fue ella la que apagó la radio.

Shaoran bajó primero y desplegó un paraguas antes de abrir la puerta del copiloto; ella se apeó y suspiró, quedándose rezagada entre el auto y el cuerpo de él.

—¿Aún estás asustada? —preguntó con tono cauteloso.

—No. Ya estoy mejor... solo me sucede cuando llueve con mucha fuerza y el sonido... —tembló sin poder evitarlo y su rostro perdió un poco de color.

—Te acompaño a la puerta —interrumpió para evitar hablar de ello. Sakura regresó a la realidad y asintió.

Cuando llegaron a la puerta de la pequeña pero pintoresca casa, Sakura abrió y antes de entrar se giró para agradecerle.

—Lamento...

Él negó con la cabeza.

—No te disculpes. Descansa —dijo rápidamente y se despidió con un gesto de mano antes de volverse y regresar al auto sin darle una última mirada.

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—Hola "ojos verdes", ¿dedicarás una canción una vez más?

—Sí. Una para mis padres.

—¿Y cuál sería?

—¨Have yourself a merry little Christmas¨ —respondió la muchacha—. La reproduzco cada navidad.

—Una melodía nostálgica sin duda. Tus deseos son órdenes. ¿Secreto o reto? Estoy casi seguro de que elegirás el primero.

Una risa suave por parte de ella se escuchó.

—Secreto.

—¿Y qué secreto quieres compartirnos?

Silencio. Parecía como si estuviera decidiendo si decirlo o no. Desde el otro lado la muchacha jugó un poco con el cable, con nerviosismo contenido.

—¿¨Ojos verdes¨?

—Yo... no tengo padres.

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Al día siguiente terminó su trabajo más temprano y avanzó hacia el elevador para irse antes que algunos de sus compañeros, incluida su mejor amiga que aún tenía algunas cosas más que hacer. Se sentía ligeramente descolocada cada vez que miraba a su jefe y solo quería salir de la oficina y respirar aire fresco para obligar a sus neuronas a funcionar de nuevo.

La puerta del elevador se abrió y ella entró con paso lento mientras se acomodaba la correa del bolso y cerraba los botones de su suéter color melocotón.

Ocupada como estaba, no alzó los ojos al notar que alguien subía con ella hasta que las puertas se cerraron. Miró hacia la izquierda e inclinó la cabeza a modo de saludo al ver a su jefe junto a ella, quien no le respondió el saludo pues observaba su teléfono. Ese día, Shaoran no la había mirado ni una sola vez, a diferencia de ella que sí lo había hecho y más de una vez… como si sus ojos tuvieran vida propia y se la pasaran de lujo desobedeciendo a su sentido común.

—¿Estacionamiento? —preguntó ella, que estaba más cerca del panel con los botones.

—Sí, gracias —dijo él y siguió en su celular sin prestarle atención.

Al notar el peso del silencio, ella se aclaró la garganta luego de presionar el botón de planta baja seguido del del estacionamiento. Se dijo que no debía explicar nada, que no tenía por qué decirle, pero no deseaba que él pensara que ella era rara, como todos los que la habían visto en esa situación. No tenía idea de por qué le importaba tanto, pero una parte de ella estaba segura de que lo que menos deseaba era que Shaoran la considerara un bicho raro.

—Tengo ombrofobia —confesó rápidamente. Esperó a que él preguntara qué significaba aquello como todo el mundo hacía, pero él continuó mirando su celular como si no le interesaran sus palabras—. Significa...

—Miedo a la lluvia —interrumpió y alzó los ojos de su teléfono para luego guardarlo en el bolsillo del pantalón—. ¿Tienes hambre?

—¿Disculpa?

—Creí que quizá querrías saber más sobre el ¨Lobo negro¨, pero no tuve oportunidad de almorzar así que tengo mucha hambre. ¿Quieres venir?

Sentada ya en la silla de una mesa en la esquina de un restaurante de comida rápida, miró hacia todos lados, incómoda. Odiaría que alguien de la oficina la viese comiendo con él. Lo último que deseaba era despertar habladurías.

—Relájate, ¿quieres? Parece que estás en el matadero —se burló él con una sonrisa.

—Lo... lo siento.

—Pregúntame algo que quieras saber.

Ella se animó.

—¿Estatura?

—¿Es muy importante para ti la estatura?

—No, es simple curiosidad.

—Alrededor de metro ochenta —contestó mientras mordía el extremo de una papa frita y la miraba con interés. Sus ojos miel brillaron de un dorado extraordinario y Sakura tuvo que golpearse mentalmente al notar que él esperaba por la siguiente pregunta y que a ella se le había secado el cerebro.

—¿Cuál es el tipo de chicas que le gustan?

—Es una pregunta difícil —dijo él y tomó un poco del agua mineral que se había servido, sorbiendo por una pajilla. Sakura se perdió en sus labios por unos segundos—. Veamos... yo diría que le gustan las chicas altas y no tan delgadas. Cabello oscuro, pero también las pelirrojas. Tienes oportunidad.

—Soy castaña —dijo ella con obviedad.

—A simple vista. Tu cabello a veces se ve rojo cuando entra la luz del sol por la ventana que está tras tu cubículo.

Shaoran supo que eso estaba de más cuando ella lo miró con ambas cejas enarcadas.

—Lo escuché de uno de tus admiradores —dijo rápidamente. La muchacha parpadeó confundida.

—¿De mis admiradores? No tengo admiradores.

—Conozco a más de tres —señaló con obviedad.

—Nunca me han dicho nada.

—Saben de antemano que los rechazarás por tu norma esa de no salir con compañeros de la oficina —explicó con una mirada traviesa—. Por este tipo de cosas me he enterado de lo buena chica que eres, como puedes ver.

Ella carraspeó y se pasó un mechón por detrás de la oreja.

—Por cierto, no te lo dije ayer, pero lo conocerás en una fiesta.

Sakura abrió mucho sus ojos y colocó una mano en su pecho.

—¿Una fiesta de nochebuena? ¿Es algo casual?

—De etiqueta.

Ella puso un rostro muy serio y él volvió a burlarse.

—¿También tienes miedo a las fiestas elegantes?

—No... yo... no creo que tenga nada que ponerme para algo así. No he asistido nunca a ninguna fiesta elegante.

—Pues será el único momento que tenga disponible antes de irse de vacaciones. Decide ahora.

Sakura apretó ambos labios y luego asintió.

—Bien. Iré mañana a buscar algo.

—Te acompañaré; sé lo que podría llamar su atención.

Tras terminar de comer, él volvió a ofrecerse a llevarla a casa y ella aceptó al revisar en su aplicación del clima que era muy posible que lloviera y prefería llegar rápido a casa.

—¿Lo conoces desde hace mucho tiempo? —preguntó cuando él se detuvo en una señal.

—Sí. Toda la vida. ¿Te parece si dejamos las formalidades? —Sakura parpadeó sorprendida por la pregunta tan fuera de lugar—. Me refiero a llamarnos por nuestros nombres de pila.

Sakura creyó que era algo arriesgado. Probablemente eran los únicos en la oficina que seguían llamándose de manera formal y, si las cosas cambiaban de un día para otro, podrían despertar cotilleos.

—No sé si me siento cómoda con eso.

—Inténtalo.

Ella sonrió y miró por la ventana del auto. El día era gris, pero por alguna razón que ella no comprendía, sentía como si el día fuese brillante dentro del auto.

—¿Cuál es tu color preferido, Shaoran? —empezó ella, pensando en la pregunta más simple del mundo. Usar su nombre fuera de contexto se sentiría raro.

—Verde, Sakura —dijo, sin despegar los ojos de la calle cuando avanzó nuevamente. Rio entre dientes—. ¿Muy forzado? —quiso saber.

—No —susurró ella con una sonrisa al notar lo mucho que le había gustado decir su nombre.

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—¡Hola a todos! Sean bienvenidos una vez más al programa de radio juvenil número uno en todo el país: ¨Secretos y complacencias¨. ¡Estamos para escucharlos y aceptar todas sus peticiones melódicas de aquí a año nuevo!

—Faltan solo diez días para que llegue navidad y hemos tenido unos pedidos excelentes.

—Y demasiadas declaraciones de amor navideñas si he de ser sincero.

Se escuchó una risa grave por parte de uno de los conductores.

—Nuestros teléfonos ya están abiertos, así que llámenos ahora y haga su pedido. Acabamos de recibir una llamada, ¿se tratará de nuestra fanática número uno?

—Hola —saludó la joven desde el otro lado del teléfono.

—Qué gusto escucharte de nuevo, "ojos verdes"; parece que ya somos capaces incluso de reconocer tu voz.

Ahora fue ella quien rio.

—¿Alguien a quien desees dedicarle una canción esta vez?

—Hoy quisiera pedir una para mí.

—Una autocomplacencia —dijo uno de los dos conductores y rio con una voz aterciopelada—. Perfecto.

—¿Podrían reproducir: ¨It's beginning to look a lot like Christmas¨?

—Con todo gusto, ¨ojos verdes¨. ¿Cuál es el secreto que nos compartirás?

—Mi gusto culposo es leer cómics e historietas en mi tiempo libre.

—¿Una chica que lee historietas? —preguntó uno de los conductores—. Eso me agrada. ¿Tienes novio?

—No hagas caso a esa pregunta, ¨ojos verdes¨... mi amigo sabe que es ilegal salir con una menor de edad.

Los tres rieron.

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"¿Escuchaste que el jefe pedirá vacaciones?"

Sakura no podía dejar de pensar en aquellas palabras que se habían esparcido todo el día por la oficina. Se obligó a enfocarse en el presente y se reprendió a sí misma por haber dejado que Shaoran la llevara a esa tienda de ropa. Todo estaba exorbitantemente caro y uno de esos vestidos le iba a costar la mitad de su salario.

Miró mortificada las etiquetas mientras él caminaba a su lado sin dejar de observarla con interés.

—¿No disfrutas ir de compras? —quiso saber con una ceja enarcada e introdujo las manos en los bolsillos frontales de su pantalón.

—Cuando puedo costearlo, sí. Si no, solo consigo deprimirme —susurró la muchacha con una expresión apenada—. Debí decirte que no iba a poder pagar algo así desde que me dijiste que veníamos para acá. Lamento haberte...

Shaoran negó con la mano y luego la alzó hacia un grupo de mujeres que estaba cerca de allí, quienes de inmediato se inclinaron y avanzaron hacia él.

—A mí también se me pasó decirte que este lugar es uno de los negocios de mi familia.

Sakura lo miró con los ojos desorbitadamente abiertos.

—¿Negocio familiar? Pero...

—Joven Li, qué bueno verlo por aquí; hace tiempo que no nos visita —dijo una de las mujeres mayores que se detuvieron solo para saludarlo y se retiraron.

—Si consigues un vestido que me convenza lo suficiente... puedo hacerte un descuento —dijo con sorna en su voz. Sabía que Sakura no iba a aceptar que él le regalara algo, por lo que no había tenido otra opción más que llevarla a ese lugar y evidenciarse ante ella. No le agradaba que la gente supiera que su familia era influyente en el mercado.

—¿Por qué trabajas en una empresa de diseño si tienes algo así? —se interesó ella—. ¿Nuestra empresa también es de tu familia?

Él rio y negó.

—No. No les interesan las empresas de tarjetas de regalo. Me gusta saber que lo que consigo lo hago por mí mismo.

Ella le sonrió animada.

—Es genial... tienes pinta de ser de los que logran mucho.

—Eso espero —dijo él y señaló uno de los vestidos—. ¿Qué tal ese?

—¿No es muy llamativo?

—¿Quieres algo negro como para pasar desapercibida? —preguntó asomándose por detrás de un vestido y ella rio.

—No. Además, hay vestidos negros muy hermosos que no pasan desapercibidos.

—No me gusta el negro para ti.

—Bueno, entonces qué color te gusta para mí.

—¿Rosa?

—¿Solo porque soy una chica piensas que debería usar rosa?

—Lo digo porque creo que combina con tus ojos. Un rosa como este, tal vez —y señaló el vestido que llevaba una maniquí.

Sakura se acercó con una legible expresión de asombro. Contempló la prenda de un rosa pálido que tenía un hermoso escote en la espalda y unas delicadas flores incorporadas en la falda cuya capa exterior de muselina parecía flotar sobre el suelo sin ser nada ampona o extravagante. Rodeó el maniquí y miró el frente; era aún más hermoso que por detrás.

—Tengo la impresión de que di en el clavo —dijo al llegar tras ella. Se inclinó un poco y susurró cerca de su oído—: Harías que ese vestido se viera cien veces mejor.

Sakura se giró ligeramente sobresaltada y lo miró a solo un par de centímetros de distancia.

Shaoran Li era un hombre realmente atractivo y todo su cuerpo se lo recordó cuando sus ojos se quedaron atrapados en los de él; magnéticos e incitadores. Los labios masculinos se curvaron en una sonrisa que atrajo su atención y por una fracción de segundo quiso pasar sus yemas por la piel tersa y delineada de su boca.

Su mano pareció confundirse entre su deseo y su realidad y se alzó solo unos pocos centímetros antes de que ella se diese cuenta. La colocó tras la espalda y él se mordió el labio inferior para no sonreír más al notar la intención de la muchacha.

—¿Por qué no te lo pruebas? —susurró.

—¿Me dirás si te gusta? —dijo ella sin retirar sus ojos de los de él, como si la consumiera el deseo abrumador de quedarse así por horas.

Shaoran siempre había creído que Sakura sería del tipo de chica que rehuiría una mirada como la que él le daba en ese momento; como si quisiera hacer algo más que mirarla, pero ella se la mantuvo, expresándole lo decidida que podía ser cuando lo deseaba.

Él negó lentamente.

—No quisiera vértelo puesto —dijo sin alejarse.

—¿Por qué no?

—Porque temo que... —y se quedó callado, casi como si estuviese considerando decir o no lo que estaba en su mente y, que al final, no llegó a sus labios.

Se alejó de ella lentamente y señaló el vestido una vez más.

—Pruébatelo. Yo... estaré por allá.

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—¿Qué canción deseas el día de hoy, ¨ojos verdes¨?

Unos segundos de silencio antes de que ella pronunciara con voz desganada:

—"Last Christmas", por favor.

—La melodía de los descorazonados. ¿Cuál es el secreto que nos regalarás?

—Hoy me rompieron el corazón por primera vez.

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Caminaron por un parque muy céntrico que tenía una enorme pista de hielo. Luego de hacerla esperar sentada en una banca, Shaoran regresó con dos vasos de chocolate caliente y se sentó junto a ella antes de alargarle el suyo.

Sakura siempre había sabido que su jefe era alguien muy educado, por lo que no le sorprendió la caballerosidad que mostró con ella en cada momento.

—Debería estar nevando a estas alturas —señaló, sacándola de sus pensamientos.

—Y, en cambio, tenemos esta horrible onda de lluvias y tormentas eléctricas —dijo ella, quejándose en voz baja mientras se ponía en pie y comenzaban a caminar.

—Me gusta como suena.

—¿Qué cosa?

—Tu voz cuando te quejas. Nunca lo haces.

Sakura rio un poco antes de tomar un sorbo de la bebida caliente entre sus manos.

—¿Eras realmente tan fanática de ese programa de radio como dijo Daidouji? —quiso saber repentinamente. Sakura lo miró de soslayo.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque —la muchacha se detuvo, sin saber si decirlo o no; al final, suspiró y se encogió de hombros—... nunca tuve muchos amigos y antes era algo que me hacía sentir muy sola. Cuando hablaba al programa y decía cómo me sentía... era reconfortante.

—¿Por qué no tenías amigos?

—Mi fobia me convirtió en alguien extraña. Las personas se asustaban por mis actitudes. Antes me era mucho más difícil controlarme; me encerraba en algún lugar cuando llovía, me desmayaba o lloraba intensamente. Ahora solo... intento llevar mis audífonos conmigo a todos lados a donde voy, estar pendiente del clima en todo momento y, si llueve, me cubro dentro de algún baño y pongo música a todo volúmen... justo como hiciste hace dos días.

Shaoran la observó con atención. Asintió poco después y tomó un sorbo de su bebida antes de preguntar:

—¿Por qué... tienes esa fobia?

Sakura no lo miró. Se quedó con los ojos clavados en el envase que sostenía entre sus dedos, que comenzaron a temblar. Supo que era algo realmente difícil para ella e intentó decir algo para animarla, pero no se le ocurrió nada. Ella se detuvo junto a un árbol.

—No tienes que...

—No —interrumpió, adivinando lo que él diría—. Mi psicóloga me dijo muchas veces que, mientras más lo hablara iba a dejar de sufrirlo poco a poco, pero muy pocos se interesaron en saberlo y los pocos que me preguntaron... yo... no me sentía con la confianza de decirlo.

—¿Y tienes la confianza para decírmelo?

Los ojos verdes lo observaron con intensidad.

—Eres el primero que no se comporta de manera extraña conmigo luego de verme… en mi peor momento.

—Te escucho.

Ella inhaló con fuerza para darse valor y sonrió insegura.

—Mi hermano estaba en casa y yo... iba saliendo de la escuela. Generalmente regresaba sola a casa... sabía el camino a la perfección aunque solo tenía ocho años y eso que la escuela estaba muy lejos.

—Siempre tan responsable —susurró para quitarle tensión al asunto y ella rio un poco.

—Cruzaba la acera cuando comenzó a llover —dijo, temblando

inconscientemente al decir la palabra—. Me refugié debajo de un toldo y esperé para ver si la lluvia menguaba un poco. Recibí una llamada de Touya.

Shaoran supuso que se trataba de su hermano. Sakura hizo una pausa larga cuando los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Dijo que... nuestros padres habían tenido un... accidente. Que los dos estaban... muertos.

Él observó sus manos temblar y alargó la suya para retirar el vaso de sus manos, porque temió que ella fuese a tirar el contenido y pudiera quemarse. Lo dejó en el suelo a su lado y se movió un poco más hacia ella, quien no pareció darse cuenta de eso ni de que ya no sostenía la bebida.

—Recuerdo que me dijo que iría a buscarme... pero en mi mente las cosas no funcionaban así... quería llegar a casa porque estaba segura de que no era cierto, que en cuanto abriera la puerta ellos estarían allí —las lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas—. Así que me… me perdí bajo la lluvia. Estaba... como en una pesadilla y solo podía sentir el golpe de las gotas en mi piel que parecían doler como el infierno y el incesante sonido del agua y los truenos...

Shaoran sujetó su mano rápidamente cuando sus dedos comenzaron a temblar de manera compulsiva.

—Calma —le tranquilizó con un tono grave y suave.

Ella lo miró y estudió su rostro como si fuese la primera vez que lo miraba.

—No sé cuánto tiempo estuve bajo la lluvia, llorando desconsolada y creyendo que todo era un mal sueño. La policía me encontró en la madrugada. Estaba... en la esquina de un callejón, agazapada y llorando... lloraba... con la misma intensidad con la que la lluvia caía sobre mí.

No le preguntó si lo consideraba correcto o no, solo le pasó el brazo por los hombros y la atrajo hacia él para darle su pecho de apoyo.

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—Faltan solo dos días para Nochebuena y, a petición de todos nuestros oyentes, hemos invitado al famoso gurú del amor Yurida Yamamoto.

—Sabemos que todos han escuchado hablar de él y de la cantidad de parejas que ha unido. Es todo un placer tenerte con nosotros.

—El placer es todo mío —respondió el gurú.

—Nuestro invitado podrá decirle cómo encontrar el amor a la persona que llame y cumpla con el reto exitosamente.

—¿Y cuál es el reto? Cantar una canción navideña. Si su voz complace a nuestro invitado, entonces le honrará con sus conocimientos sobre quién es su media naranja y cómo encontrarla.

—Recibiremos llamadas en tres, dos, uno...

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Sakura había logrado llegar a casa sin tener que toparse con Shaoran Li en su salida. Durante todo el día había compartido miradas con él y aquello le había hecho sentir una opresión en el pecho y un vacío en el estómago.

No estaba segura de lo que le sucedía, pero sabía que algo bullía en su interior cada vez que lo contemplaba y que él le sonreía. Así que había salido del trabajo como bólido y había tomado un taxi a su casa.

Necesitaba espacio. Necesitaba sentirse como antes: segura y despreocupada.

Unos golpes a la puerta la hicieron sobresaltarse.

—¡Un momento! —se hincó en el suelo para dejarle la comida a su gato, se limpió las manos y avanzó hacia la puerta—. ¿Quién?

—Entrega.

Sakura observó por la mirilla y alzó una ceja en señal de desconcierto porque no recordaba haber ordenado nada. Abrió y el muchacho adolescente cuya moto esperaba en la reja de la casa le alargó una caja de cartón.

—No he pedido nada.

—Fue un pedido externo, señorita. Firme de recibido aquí.

En cuanto la caja estuvo frente a ella en la mesa de la cocina, frunció el ceño y la abrió.

Era un pastel de crema y fresas; el típico pastel navideño. Sakura alzó una ceja y creyó que se trataba de Tomoyo, pero pronto notó que había un mensaje en una pequeña hoja de color amarillo que decía:

"Iba a invitarte a comerlo esta noche, pero supongo que estabas ocupada porque saliste muy rápido de la oficina. Solo quería decirte que te agradezco por haberme contado tu secreto el día de ayer."

PD: Secreto por secreto. Si te interesa saber el mío, te dejo mi número de teléfono.

Sakura observó los dígitos que seguían a las palabras y sonrió.

Shaoran se recostó en su cama solo con la ropa interior y se reprendió por no haber dejado de darle miradas de soslayo a su celular mientras se preguntaba qué demonios estaba haciendo jugando con fuego de ese modo. Un sonido de alerta le hizo reaccionar rápidamente y sujetó el celular en su mano. Era ella.

"¿Cuál es?"

Se pasó la mano por el cabello y suspiró. Tipeó con lentitud e inseguridad la respuesta.

"Una de mis hermanas... se fue de casa cuando yo era un adolescente. Nunca la volví a ver... y aunque sé que está bien... duele no poder verla¨

Esperó paciente por su respuesta y dejó el celular a un lado de su cuerpo, sobre la cama. Pocos minutos después, volvió a sonar.

"Lo lamento... gracias por decírmelo"

"Nunca se lo había dicho a nadie"

"Me alegro de ser... la primera"

Shaoran sonrió. Últimamente sonreía de más y sabía que no debía permitírselo.

"Gracias por el pastel"

"¿Vas a guardarme una rebanada?¨

"Lo pensaré. ¿Shaoran?"

"¿Qué sucede?"

"¿Cuál es tu animal favorito?¨

Él miró fijamente el celular y se preguntó si era buena idea decirlo o no. Sabía cuál era la razón por la que Sakura preguntaba aquello.

Esperó un poco antes de contestar. Estaba hecho un enredo por dentro... como si, de algún modo, ella hubiese franqueado todo lo que había entre ambos y hubiese llegado hasta el fondo con una increíble facilidad. Podía decir la verdad a medias y generar el resultado deseado... pero... pegó la cabeza a la cabecera de la cama y miró hacia el techo. Era una tontería. No podía dejar que su destino tomara esa dirección… solo por una tontería.

Observó el teléfono nuevamente y escribió de manera lenta:

"El lobo"

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

—¡Buenas tardes a nuestra fanática número uno! ¨Ojos verdes¨, ¿has llamado para hacer un pedido o para conocer tu suerte en el amor?

—Quiero lo segundo.

—Entonces, ¿con cuál melodía navideña deleitarás a nuestro invitado?

—¨Baby please come home".

—Te deseamos suerte, así que canta lo mejor que puedas.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.

Se miró al espejo con ojo crítico. Ese día en la oficina había sido ella quien había mirado a Shaoran de más. No estaba segura de por qué no se lo había confesado desde un inicio, si era tan obvio que se trataba de él. Quizá solo deseaba unos días para conocerla mejor. Sonrió animada. Miró su reloj de mesa y notó que iba bien de tiempo. Nunca se había visto tan elegante ni hermosa y se había tomado el tiempo suficiente para realzar todo lo que debía hasta quedar satisfecha con el resultado.

Sujetó su bolso en el mismo momento en el que escuchó el timbre de la casa. Se movió rápidamente y avanzó por los pasillos, bajó la escalera y llegó a la puerta con cuidado de no estropearse el vestido.

Se quedó sin aliento cuando lo miró del otro lado del marco. El traje a la medida resaltaba su figura; sus hombros en especial. Estaba impecable y se había peinado diferente a como generalmente lo hacía, pues su cabello solía estar desarreglado casi siempre. Su colonia le inundó las fosas nasales, era varonil pero discreta y suave. Los labios masculinos se curvaron en la conocida sonrisa.

—Te ves increíblemente hermosa —dijo y se inclinó para besarla en la mejilla.

Sakura notó que se detuvo un poco más de tiempo del cordialmente establecido. Tembló al sentir su calor cerca y tuvo que reprimir las ganas de atraerlo más a su cuerpo.

—Gracias.

—¿Estás lista? —preguntó, mirándola de nuevo de arriba a abajo para deleitarse con la manera en la que su sola presencia animaba su vista.

—Sí.

Estuvo nerviosa durante el trayecto, pero no se evidenció; en realidad respondió a todas sus preguntas e hizo otras tantas, pero no la que bullía dentro de ella con intensidad.

Minutos después salieron a una zona descampada y ella se quedó callada observando el paisaje hasta que divisó una enorme casa a algunos metros de distancia. Estaba iluminada y rodeada por un inmenso terreno cercado por una reja de color negro con detalles circulares.

Tras entrar, Shaoran aparcó en la zona en la que se había dispuesto el estacionamiento, bajó del auto y la ayudó a hacer lo mismo.

Avanzaron por el camino de grava y llegaron hasta la entrada de la casa; los recibió un hombre de edad y carismático bigote blanco.

—Joven Li, buenas noches. Lo estábamos esperando. Avisaré de su llegada.

—Gracias, Wei.

Sakura saludó con un asentimiento de cabeza y una sonrisa que el hombre le regresó para luego cerrar la puerta y alejarse de allí con una cordial despedida. Escuchó barullo y música hacia la parte de atrás de la casa, pero él sujetó su brazo con suavidad y la llevó hacia la izquierda.

—Quisiera hablar contigo un segundo.

Ella asintió de inmediato y él la guió hasta una puerta pequeña de madera tallada, la cual abrió para permitirle el paso.

Sakura se adentró en una pequeña salita y observó con interés todo a su alrededor, los muebles y las fotos. Supo que era la casa de sus padres al verlo en las imágenes dentro de los marcos. Él cerró la puerta y se acercó a ella antes de que la joven se volviera.

—¿Es la casa de tus padres? —preguntó con un tono ligeramente nervioso.

—Chica lista.

Sakura se preguntó a sí misma si él la habría llevado para presentárselos... ¿no era algo rápido? Él la miró fijamente y suspiró.

—Yo... —comenzó y ella asintió atenta a sus palabras—, tengo algo que decirte; es importante.

No pudo seguir porque los ojos verdes frente a él lo atraparon. Elevó una mano hacia la mejilla de la muchacha y la tocó con suavidad. Se acercó un poco más.

—Eres tan hermosa.

El corazón de Sakura se disparó ante su mirada, su tacto y sus palabras. Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que estaba enamorada de él... y no tenía idea desde cuándo. Tragó con dificultad y sus mejillas se pusieron rojas, pero no dejó de mirarlo.

—Lo siento, pero… hay algo que necesito hacer antes de cualquier otra cosa.

Tomándola desprevenida, él se inclinó, le rodeó la cintura con su mano libre y la acercó para enseguida colocar sus labios sobre los suyos.

Todo se detuvo alrededor de ella en cuanto la besó. Su corazón palpitaba desmedido, pero aún así no se percató de ello porque solo podía pensar en lo bien que se sentía tenerlo así.

Shaoran presionó sus labios contra los suyos un poco más, sin franquear con la lengua, solo palpando con la extenuante y lenta cadencia de su boca, como si quisiera aprender la forma, la temperatura y la textura de la que se amoldaba a la suya.

Las manos de ella buscaron apoyo en sus hombros y suspiró contra la mejilla de él cuando una sensación de plenitud la abordó; los dedos le temblaron y lo único en lo que pudo pensar fue en aferrarse a los músculos debajo de estos y deleitarse con el calor del cuerpo masculino que traspasaba la ropa.

Shaoran le acarició la mejilla con suavidad, sus yemas calientes recorriendo su piel le provocaron un escalofrío en la espalda y quiso pegarse a él y quedarse así, sin importarle nada más. Él introdujo los dedos entre los mechones de cabello suelto y suave que caía sobre su espalda, y colocó la palma contra la nuca de la joven para acercarla más.

Una urgencia de besarla más profundamente e ir más lejos estuvo a punto de consumirlo; por lo que se alejó y la miró con ojos brillantes antes de susurrar:

—Quiero que sepas que yo...

—Eres tú —interrumpió y él alzó ambas cejas—. Deseaba... deseaba que fueras tú.

Los ojos miel la miraron con intensidad y asintió casi imperceptiblemente antes de besarla de nuevo.

Esta vez atravesó la suave barrera de sus labios con la lengua y la palpó por dentro con un ritmo más marcado y profundo que antes. Ella gimió y el sonido ronco y gutural que causó la intromisión intensificó la percepción de todo dentro de él. Saber que había causado esa reacción en ella le provocó una sensación de placer en lo más profundo de su pecho.

Sin saber cómo y, solo guiado por sus impulsos, caminó con ella sin dejar de besarla hasta que ambos chocaron contra el escritorio de madera. Sonrieron entre besos y él la alzó con facilidad para sentarla sobre la lisa superficie de caoba. Sakura separó las piernas, molesta de que el vestido fuese un incordio en esos momentos porque no le permitía moverlas lo suficiente; aún así, él encontró un espacio entre éstas y se pegó contra el cuerpo femenino cuya dueña lo tocaba de manera audaz. Mucho más de lo que él había supuesto que podría ser; Sakura llevaba sorprendiéndolo desde el inicio.

La besó más profundo y mordió su labio inferior mientras ella introducía las manos entre su camisa y su saco; el calor de él la reconfortaba y a la vez la excitaba de maneras extraordinarias. Sentía las yemas sensibles y podía identificar cada músculo que se escondía debajo de la camisa blanca e impecable.

Él la obligó, con mucha suavidad, a dejar caer la cabeza hacia atrás, halándola delicadamente del cabello, y colocó sus labios sobre la zona en la que palpitaba el pulso, besándola y percibiendo el perfume ligeramente dulce de su piel que le hizo sentir un poco descolocado.

Sakura tembló bajo la suavidad y la calidez de la boca que le recorría el costado del cuello. Cierto que había tenido relaciones y muchas citas antes… pero nada la había preparado para ese momento porque los besos de Shaoran eran más dulces que otros, sus manos más delicadas y sus exigencias más suaves y profundas a la vez. Supo que podría estar con él y dejarle hacer todo lo que deseara con ella, porque el modo en el que la moldeaba entre sus dedos y su cuerpo le decía lo mucho que la deseaba y, a la vez, lo mucho que quería cuidarla.

Ella llevó una de sus manos a la falda del vestido y comenzó a subir la prenda, pero él colocó la mano sobre el dorso de la de ella justo cuando llegó a la rodilla. Con la respiración descontrolada, sonrió contra sus labios.

—No. No quiero que pienses que solo quiero esto.

A Sakura le costó trabajo reaccionar y se sonrojó porque en ese instante pensó en decirle que no le importaba hacerlo y que no pensaría eso de él. Algo la había poseído.

Unos golpes a la puerta lo hicieron recordar que no estaba en su casa, sino en la de sus padres, y se alejó de ella. La muchacha se dijo que en definitiva eso no estaba bien... no debería haberse comportado así en casa de los padres de Shaoran. Se pasó una mano por el cabello, bajó del mueble y él sonrió.

—Adelante.

La puerta se abrió y el mayordomo se asomó por la rendija.

—Lo estaba buscando; lamento interrumpir. Tiene una llamada.

Shaoran asintió y se pasó la mano por el cabello antes de volverse a ella y acariciarle la mejilla.

—No tardaré. Espérame aquí.

—Sí.

Cuando se quedó sola, sonrió solo de pensar en lo bien que se había sentido rodeada por él. No recordaba que eso le hubiese sucedido en algún momento con nadie más.

Los minutos pasaron, y como Shaoran no regresó, ella se adelantó hacia la puerta y la abrió para asomar la cabeza por la rendija justo cuando alguien pasó frente a ella con una botella de vino en una mano y dos copas en la otra. La pasó de largo, pero se detuvo y retrocedió unos pasos antes de mirarla.

Era un muchacho alto, probablemente de la misma altura que Shaoran. Tenía el cabello negro y unos ojos tremendamente azules. Ella se sonrojó avergonzada por estar sola dentro de una habitación en una casa que no era la suya.

—¿Eres un polizón? —preguntó el muchacho, que probablemente tendría dos o tres años más que ella. Sakura sonrió apenada.

—No. Yo... estoy esperando a alguien.

Su interlocutor alzó una ceja en señal de desconfianza.

—¿A quién?

—A Shaoran Li —dijo ella y el muchacho frunció el ceño.

—¿A quién dices? No hay nadie aquí con ese nombre.

Sakura palideció, pero supo en ese momento que él bromeaba porque sonrió y se puso la botella de vino debajo del brazo para alargarle la mano.

—Lo siento, no pude evitarlo. Soy Eriol... primo de Shaoran.

Ella sonrió más relajada y estrechó su mano.

—Sakura Kinomoto.

—Lindo nombre. ¿Te molesta si lo espero contigo? Hace mucho tiempo que no lo veo y justo Wei anunció que había llegado, vine a buscarlo.

—Por supuesto —dijo ella y se movió para permitirle el paso.

Eriol dejó la botella de vino en el escritorio de la salita y las copas tintinearon cuando las colocó al lado de ésta.

—¿Eres su novia? —preguntó al volverse y ella se colocó a unos pasos de él.

—Bueno... no... solo... estamos saliendo —dijo la muchacha con una sonrisa tímida y él asintió.

—Tiene suerte; eres muy hermosa.

Ella le agradeció con un asentimiento de cabeza sin que aquello la hubiese hecho sentir incómoda, pues lo había dicho de manera respetuosa sin dejar de mirarla a los ojos de modo afable.

—¿Son muy unidos? —quiso saber la muchacha y Eriol asintió.

—Me fui hace unos años a trabajar a Inglaterra, pero viví aquí por mucho tiempo. Mis padres estaban demasiado ocupados para cuidarme, así que me mandaron aquí y mis tíos me trataron como si fuese su hijo. Shaoran y yo somos como hermanos.

—Lamento escuchar que no pudiste... estar con tus padres.

Eriol se encogió de hombros.

—La verdad es que no me hicieron mucha falta. Shaoran se encargó de eso y mis tíos también. A pesar de que tenemos la misma edad, él siempre me cuidaba e intentaba tomar el papel del mayor. Me consentía demasiado y siempre accedía a mis caprichos.

Ella sonrió y ladeó su cabeza en gesto de interés.

—Incluso aceptó que le pusiera un apelativo que le hacía sentir avergonzado. En aquel tiempo había una serie de cómics muy famosa que se llamaba: ¨El lobo de plata contra el lobo negro¨.

Eso captó la atención de ella más rápido de lo que hubiese querido.

—No le gustaba que le llamara ¨lobo de plata¨ a cualquier lugar a donde íbamos, pero lo aceptaba porque era mi capricho. Luego se enteró de que en realidad... el lobo de plata es el héroe de la historia y el lobo negro es el villano. Le puse así porque siempre lo consideré mi héroe y no me molestó quedarme con el otro porque a veces yo me comportaba como el villano —dijo y sonrió con nostalgia; sin embargo, al ver el rostro pálido de la muchacha frente a él, se sintió como si hubiese dicho algo fuera de lugar—. Perdona si dije...

—No... yo solo... —retrocedió con lentitud y se giró hacia la puerta para abrirla y salir de allí—. Necesito un poco de aire —avisó antes de cerrar y comenzó a caminar sin saber a dónde iba mientras sentía el latido acelerado de su corazón en la base del cuello. Eriol la siguió, pero se detuvo al ver a Shaoran del otro lado del pasillo.

—Se fue por allí —señaló el de ojos azules y Shaoran avanzó rápidamente tras ella.

Le dio alcance a pocos metros y la sujetó del brazo.

—Espera... espera un segundo. ¿A dónde...?

Ella se giró con los ojos llenos de lágrimas y él la soltó de inmediato como si se hubiera quemado.

—Sakura... ¿qué...?

—¿Por qué no me lo dijiste?

Shaoran supuso lo peor. ¿Cómo había sido posible que su primo le hubiese contado eso? Cielos, ¿qué posibilidades había? Maldita ley de Murphy. Inspiró lento y volvió a sujetarla del brazo con suavidad.

—Sakura, escucha...

—Sabías que era él y aún así...

Shaoran frunció el ceño y la miró con una expresión de incomprensión antes de soltarla.

—¿Qué importancia tiene? Es solo... es solo un apelativo, Sakura. Son solo dos palabras sin importancia.

—¡Si eran tan poco importantes por qué no me lo dijiste! ¡Me hiciste creer que eras tú todo este tiempo!

—Bien, lo hice y me ayudé de ello para hacer que te fijaras en mí —señaló con enfado.

—¿Por qué lo hiciste sabiendo lo importante que era para mí? —preguntó, sin dejar correr las lágrimas. Sabía que no estaba enfadada porque no fuera él, pero sí lo estaba porque no le había dicho la verdad.

Shaoran se pasó las manos por el cabello y suspiró.

—Porque deseaba ser yo. Lo deseé desde aquella vez —ella lo miró sin comprender y Shaoran la miró conflictuado—. Dijimos el nombre equivocado, Sakura... yo...

—¿De qué estás hablando? —preguntó en un susurro y retrocedió un paso, insegura.

La miró con intensidad y negó con la cabeza. Tenía que decirlo.

—Éramos nosotros... los chicos del programa de radio, Sakura. Fue... en nuestro primer año de universidad... un proyecto en el que participábamos y... —Shaoran se sintió terrible al verla palidecer. La muchacha se movió para irse, pero él le cortó el paso—. Déjame explicártelo, por favor...

—Shaoran...

—Me gustabas —dijo él rápidamente y ella lo miró con las cejas alzadas y detuvo su huida—. Cada vez que encendía la central y el micrófono... esperaba que llamaras. En un inicio fue solo curiosidad, pero llamabas cada día para contar algo sobre ti y me di cuenta de que... quería saber más.

Sakura quiso decir algo, pero tenía la boca seca y una sensación extraña abordaba todo su cuerpo.

—No supe hasta después que también había sucedido algo similar con mi primo.

Ambos hablábamos de ti en un inicio como la chica rara y misteriosa, pero conforme pasó el tiempo entendí que también despertabas su interés. Aquella vez que invitamos al gurú, Eriol me propuso pagarle y decirle que si llamabas para saber el nombre de quién era tu pareja potencial debía mencionar su apelativo; le dije que no estaba de acuerdo, pero en ese tiempo yo salía con alguien, no era mi novia, pero salía con ella y él no salía con nadie; me lo echó en cara y me dijo que quería ir en serio contigo… accedí porque creí que decía la verdad. Cuando llamaste... estabas tan nerviosa y cantaste terriblemente mal en un inicio —dijo él con una sonrisa tierna—, pero fuiste haciéndolo mejor poco a poco y tu voz cantando se me quedó grabada en la mente. Deseaba tanto poder verte...

Hizo una pausa y negó con la cabeza mientras miraba hacia otro lado. La luz de un rayo iluminó el jardín.

—Al día siguiente lo encontré besándose con una muchacha y me dije que había sido muy crédulo al pensar que te tomaría en serio, conociéndolo. Terminé las cosas con la chica con la que salía y estaba decidido a mandar algún regalo del programa, con la intención de saber tu dirección e ir a verte para contarte todo porque sabía que había estado mal y estaba arrepentido por haberte engañado... pero luego de eso... nunca volviste a llamar —dijo él lentamente—. No tenía cómo contactarte y el proyecto terminó después de año nuevo. Creí que... pensé que no... —se detuvo, sin saber qué más decir ni cómo continuar mientras se pasaba una mano por el cabello—. Nunca creí que pudiese ser algo tan importante para ti y cuando me lo dijiste luego de que viste la nota... supe que eras tú y que te lo debía. Sabía que Eriol vendría y quise hacer las cosas de manera correcta, pero yo... Sakura... —la miró y se mordió el labio inferior mientras intentaba calmar su mente—, me enamoré de ti. Lo lamento... por favor, perdóname... Sé que hice mal, pero... solo quería...

Ella se quedó en blanco. No tenía idea de qué debía responder.

—Yo... no... yo... necesito... —tartamudeó mientras retrocedía. La fiesta estaba a algunos metros de distancia y la necesidad de respirar aire frío la hizo moverse hacia las puertas que daban al jardín.

Shaoran la miró alejarse y no hizo ademán de seguirla. Inspiró una bocanada de aire y negó con la cabeza mientras la observaba alejarse y comenzar a pasar por entre los invitados.

—Dale unos minutos —se dijo a sí mismo sin dejar de mirarla.

De pronto, exclamaciones de sorpresa y risas por todos lados cuando, repentinamente, comenzó a llover.

Los invitados empezaron a entrar a la casa chocando unos con otros, apresurados, y Shaoran observó a Sakura rezagada a mitad del enorme jardín mientras el agua le caía encima.

Corrió entre el gentío y salió.

Se quedó petrificada. Había pasado por alto todos los datos climáticos; la humedad, los truenos, el olor... cosas que había aprendido a leer desde que era una niña como si tuviese un censor. Hacía años que había sido la última vez en la que la lluvia la había tomado desprevenida. Sentir las gotas pesadas golpeando su cuerpo y el sonido estridente la paralizó. Quiso regresar a la casa, pero sus piernas no se movían y comenzó a temblar como hoja al viento mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas. Totalmente indefensa, en una zona amplia en la que llovía a cántaros... no iba a ser capaz de caminar ni cinco metros. Su mente comenzó a nublarse y los oídos se le taparon; no supo si fueron sus manos o el mismo sonido que reverberaba dentro de su cabeza. Las piernas se le debilitaron, su respiración se agitó y se dijo que no tardaría más de cinco minutos en desmayarse.

Entonces... algo la cubrió.

Parpadeó confundida y se dio cuenta poco después de que Shaoran estaba allí; le había colocado su saco encima y la abrazaba con fuerza bajo la lluvia. Pensó que la llevaría adentro, pero él solo la sostuvo entre sus brazos. Sentía el cuerpo entumecido y lo único que pudo hacer fue levantar un poco la cabeza.

—Qui-quie-quiero... —comenzó ella con voz casi ininteligible. No tenía idea de cómo podía hablar—. Ir a-aden-adentro...

Shaoran la apretó aún más fuerte y dijo la palabra más horrible que podría decirle en ese momento.

—No.

Sakura comenzó a sollozar y a temblar más fuerte entre sus brazos.

—Lléva-me-me ade-adentro —suplicó aferrada a su camisa, con los nudillos totalmente blancos y las manos heladas.

—No —repitió con la misma seguridad que antes—. Estoy aquí. Estoy contigo... ya no estás sola, Sakura.

Los sollozos de ella se hicieron aún más fuertes como si su cuerpo necesitase sacar toda la depresión y el dolor que había guardado, y aún así, la contención de él la hacía darse cuenta de que estaba atrapada y segura a la vez.

—Tienes el valor para enfrentar esto... eres más valiente de lo que piensas, Sakura. Solo es agua. Shhh —susurró en su oído—, tranquila... tranquila. Todo estará bien, lo prometo.

Shaoran sabía que a ese tipo de cosas se les conocía como terapia de choque; una manera de superar miedos era enfrentándolos, pero él no era psicólogo y había una enorme posibilidad de que sucediera lo opuesto. Deseó que las cosas salieran bien y frotó la espalda de la joven con su mano para calentarla.

Recordó algo inmediatamente. La canción que ella le había dedicado a sus padres aquella vez, y supuso que era algo que la calmaba y que le hacía recordar los buenos tiempos con ellos.

—Have yourself a merry little Christmas (Que tengas una feliz navidad) —comenzó a cantar en su oído suavemente—, let your heart be light... from now on your troubles will be out of sight. (Deja que tu corazón sea ligero. Desde ahora, tus problemas estarán fuera de vista.)

Los temblores y sollozos de ella parecían no acabar nunca. Se sintió culpable por hacer eso sin pedirle su permiso, sabía que no era correcto, pero tenía que intentarlo. Ella se aferró más a él y lo abrazó como si fuese un salvavidas y estuviese en medio de una tormenta marina.

Shaoran sintió que ella se resbalaba de sus brazos, por lo que la sujetó con fuerza y la obligó a moverse con su cuerpo, al ritmo de la canción que continuaba cantando en su oído. Las piernas de ella, antes insensibles, reaccionaron ante la demanda de movimiento y comenzó a mecerse de un lado a otro, pegada al cuerpo cálido.

Él continuó cantando la melodía tan bellamente que ella solo pudo concentrarse en su voz, perdiendo la noción del tiempo y del espacio y, justo cuando él perdía esperanzas y pensó en darse por vencido, el movimiento corporal de la joven comenzó a hacerse más y más lento y menos compulsivo.

—Through the years, we all will be together, if the faith allows. Hang a shining star upon the highest bough, and have yourself a merry little Christmas, now. (A través de los años, volveremos a estar juntos, si la fe lo permite. Cuelga una estrella brillante sobre la rama más alta… y que tengas una feliz navidad, ahora).

Por fin ella elevó su rostro hacia él y olvidó las gotas golpeándole el rostro, solo miró sus ojos miel que la contemplaban con algo que jamás había visto en los ojos de nadie... no supo qué era, pero la hizo sentir llena; era como si Shaoran quisiese eliminar todos sus miedos y sus tristezas con una sola mirada. Se sintió reconfortada y abrazada por las emociones que salían del cuerpo masculino.

—So have yourself a merry little Christmas... night (Así que ten una feliz navidad, esta noche) —susurró él y pegó su nariz contra la de ella. Sakura sonrió, aún un poco nerviosa—. Eres muy valiente —le dijo y la besó en la frente—, pero creo que ya es suficiente por ahora.

Se inclinó y la cargó en vilo para regresar con ella a la casa, entre la lluvia. Ella se recargó contra su pecho y él atravesó las puertas y pasó entre los invitados, que los observaron sorprendidos.

Shaoran la llevó a una de las habitaciones de huéspedes y la metió en el baño. La sentó sobre el inodoro mientras abría el agua de la regadera y dejaba que se calentara. Sakura lo miró hacer sin decir nada y tembló solo unas pocas veces más.

Shaoran salió del baño mientras éste se llenaba de vapor cálido y luego regresó con ropa para ella.

—Es una muda de ropa que tengo aquí para cuando me quedo.

—Gracias —dijo ella, asintiendo lentamente.

—Estaré... aquí afuera por si necesitas algo —avisó, señalando el cuarto y ella volvió a asentir con una sonrisa pequeña.

Cuando se quedó solo en la habitación, se quitó la ropa mojada y se secó con una toalla, se puso unos pantalones deportivos y una camiseta negra. Estaba secándose el cabello justo cuando ella salió del baño con unos pantalones deportivos que le quedaban inmensos y una sudadera que la hacía ver mucho más pequeña.

Sakura puso las manos tras la espalda y se balanceó en las puntas de sus pies, como hacía cuando estaba nerviosa.

—Seguro estás un poco... cansada por lo de hace un momento. Lamento haber tomado esa decisión, pero creí que… algo positivo podría hacer cambiar un poco tu perspectiva de las cosas.

—Es… extraño, pero me pareció mucho menos molesto que en otros momentos.

—Me alegro. ¿Por qué no te recuestas y te llevo a casa más tarde?

Sakura señaló la cama y él asintió. Ella avanzó hasta allí, pero no se acostó.

—¿Es cierto? —preguntó de la nada y él se pasó la toalla de una mano a la otra con lentitud.

—¿Qué cosa?

—Que estás enamorado de mí —dijo sin dejar de mirarlo. Shaoran sonrió.

—Sí.

—Ah —respondió con un lento asentimiento mientras jugaba con la funda de una de las almohadas. Tenía las mejillas rosadas y los ojos brillantes—. ¿Y si yo también lo estoy de ti?

—¿Es una pregunta? —cuestionó con el pulso acelerado y ella rio nerviosa.

—Lo siento. Yo... también estoy enamorada de ti.

—¿Aunque no tenga el apelativo correcto? —preguntó con ligero sarcasmo.

—Quizá no el apelativo, pero... estoy segura de que eres el hombre correcto —dijo ella—. ¿En dónde nos deja eso? —quiso saber con una expresión alegre.

—En donde tú quieras que nos deje —contestó con mirada intensa. Sakura suspiró y asintió.

—Justo aquí —dijo y señaló la cama.

Shaoran tiró la toalla al suelo, se acercó y colocó sus manos en las mejillas de la joven. La miró recorriendo cada parte de su rostro con sus ojos, con tanta intensidad que ella se alegró de que sus piernas se hubiesen recuperado.

—¿Qué hay de tu regla de no salir con compañeros del trabajo? —quiso saber, inclinándose sobre sus labios.

—Haz que me olvide de ella, Shaoran.

Él rio con su voz suave y grave, y la besó. Su cuerpo, antes frío, comenzó a calentarse ante la expectativa de compartirle todo lo que sentía por ella. Sin duda había estado a punto de perder la cabeza esos últimos días. La abrazó para pegarla a su pecho y ella le echó los brazos tras el cuello y se puso de puntitas para acceder mejor a sus labios.

Su corazón palpitó rápidamente al notar lo bien que el cuerpo femenino se amoldaba al suyo. Era tan hermosa por fuera como por dentro y le parecía irreal que fuese ella la misma chica que hacía años le había robado el sueño por meses.

Un barullo y exclamaciones en el piso de abajo los hizo separarse y mirarse confundidos. Shaoran observó el reloj de mesa y sonrió.

—Son las doce —le avisó a la joven quien, al parecer, tuvo dificultades para concentrarse en sus palabras, pues seguía perdida en los ojos miel. En cuanto estuvo consciente de lo que él le había dicho, se alejó solo un poco y llevó sus manos al borde de la camiseta negra para comenzar a alzarla. Shaoran sonrió y elevó los brazos para facilitarle la tarea.

Ella retiró la prenda oscura y la lanzó lejos de allí antes de estudiarlo con su cálida mirada. La muchacha alzó ambas cejas, sorprendida al notar lo perfecto que era. Parecía imposible… pero era como un dios griego. Sonrió con coquetería y le pasó la mano por el abdomen.

—Pues… feliz navidad para mí —dijo ella y Shaoran soltó una carcajada, la atrajó hacia sí y la cargó, obligándola a rodearle la cadera con las piernas.

—Y que todos tus candentes deseos se realicen —recitó como para terminar la frase anterior de ella quien, feliz, besó los labios del muchacho rápidamente.

—Eso es trabajo para ti… ¿estás seguro de que realmente quieres cumplirlos? Soy muy exigente —susurró y acercó sus labios al lóbulo de él para morderlo con suavidad—. Tendrás que esforzarte.

Los labios de él se alargaron aún más en la sonrisa; con sus manos, apretó con suavidad el trasero de la muchacha quien soltó un chillido de sorpresa y lo miró divertida.

—Soy muy capaz de cumplirlos —le dijo mientras caminaba con ella hacia la cama. La recostó y se colocó encima—. Déjame demostrártelo —susurró contra su rostro sin dejar de mirarla con un fervor contenido que la derritió por dentro, antes de inclinarse sobre ella y perderse en sus labios.

N/A: ¡Feliz Navidad y año nuevo a todos! Espero que la historia les haya gustado! La verdad es que me tocaron mi tema y mi color preferidos, así que… fue el destino. Gracias a todos por leer y por dejar sus comentarios y sus votos. Les mando un beso y, pues que todos sus candentes deseos se realicen.

Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen, pero la historia es cien por ciento mía.

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