INVIERNO DE VERDAD

Las calles de la modesta comunidad de Tomoeda estaban repletas de personas caminando de un lado al otro. Un escenario predecible y conocido por sus habitantes cuando se acercaban las fiestas de fin de año. Todos buscaban algo con desesperación: el regalo perfecto, la comida para la cena, la cereza del postre; pero aquel niño sabía que no encontraría lo que quería en ningún escaparate.

Xiao Lang Li se había mudado con sus padres y sus cuatro hermanas desde Hong Kong a Japón, con el fin de establecer una nueva dependencia en la capital nipona de la empresa de construcción que sus padres poseían en China. Había sido su madre la que los convenció de que lo mejor era establecer una residencia provisoria en aquella tranquila ciudad.

El viento helado le lastimaba cada centímetro de piel que su enorme abrigo no cubría y los escalofríos le recorrían la espina. Su cuerpo, que jamás había sufrido tal frío, dado que en su ciudad natal la temperatura nunca descendía por debajo de los dieciocho grados centígrados, se resistía al cambio geográfico con acentuados estremecimientos, rogando ser guarecido de inmediato. Pero Xiao Lang debía esperar a sus hermanas, todas mayores que él, que estaban dentro de un local de ropa interior al que él se había negado rotundamente a ingresar. Al menos se entretenía observando a la multitud corriendo en una coordinada coreografía navideña y eso que aún faltaban diez días para las fiestas.

El sonido de risas infantiles rompió su concentración en algún momento, y medio vigilando la puerta de la tienda que custodiaba, avanzó hasta la esquina y encontró un grupo de al menos siete chicos y chicas de su edad: once años. Se veían muy entretenidos, conversando, con bolsas de compras y riendo de lo que contaban los únicos dos chicos del grupo. Inesperadamente, tal vez porque se sentía observada, una de las niñas del grupo que tenía el cabello más claro que los demás, se giró en su dirección y las miradas de ambos se encontraron. Xiao Lang, abochornado por haber sido atrapado como fisgón, retiró rápidamente la mirada y, antes de regresar sus pasos hasta la tienda, sus hermanas se aparecieron frente a él para indicarle que ya estaban listas para volver a casa. El chico, aún avergonzado, agradeció mentalmente poder huir, pero los dioses no estaban de su lado cuando una de sus hermanas exclamó:

—¡Vayamos por esta calle! Me comentaron que hay una tienda de ropa súper fashion. —Y apuntó con el dedo justo a la calle donde los demás chicos venían avanzando.

Xiao Lang se permitió sacar una de sus manos desnudas de los cálidos bolsillos de su abrigo, para bajar lo más posible su gorro de lana negro sobre su cabello castaño oscuro en un intento inútil de pasar desapercibido. Él era muy consciente de que sus hermanas, además de llamar la atención por su belleza, eran las criaturas más escandalosas del planeta. Así los cinco hermanos Li se encaminaron hacia la dichosa calle, no solo llamando la atención de los otros chicos que enseguida se sintieron atraídos por el bullicioso pasar de su familia, sino que particularmente la chica que lo había visto primero lo buscó directamente a él cuando pasaron junto a ellos, y sin poder evitarlo él la miró otra vez.

Tenía el cabello castaño claro corto por encima de los hombros, ojos grandes y brillantes de un color verde muy singular. En ellos Xiao Lang pudo detectar un brillo de reconocimiento que se completaba con la expresión de asombro de la chica; eso le pareció muy extraño. Él jamás había visto a esa niña en su vida. Luego del encuentro, supuso que cada grupo siguió su camino sin mirar atrás. O al menos la mayoría de ellos.

… … … … …

—No te ves muy contento, Xiao Lang —expresó su madre mientras se sentaba junto a él en el desayuno. Ieran Li era una mujer alta, con el pelo largo, lacio y negro como la noche, algo más fría que su padre, pero siempre atenta a sus hijos—. ¿Estás molesto por la mudanza?

—No es eso, madre —respondió el niño, algo abochornado por su molestia insignificante que había inquietado a Ieran—. No se preocupe, es solo que no me acostumbro al frío.

—Bueno, Japón no es tan cálido como Hong Kong —rió su madre, agradecida que no se tratara de otra cosa—. No es nada que no puedas solucionar con un poco más de ropa.

—No lo sufro, me abrigo correctamente —le explicó el chico—. Pero esperaba para estas fechas que ya estuviera nevando. Eso justificaría pasar frío.

—No te preocupes, Xiao —dijo la mujer poniéndose de pie—. La nieve llegará en cualquier momento.

—Gracias, madre —dijo Xiao Lang, no muy convencido del consuelo—. Espero que así sea.

Un tiempo después del almuerzo, a pesar de que las heladas ventiscas habían terminado, Xiao Lang decidió quedarse en casa, leyendo un libro que le habían regalado en su cumpleaños cerca de la chimenea. Lo aburrido de ese invierno, en comparación con el chino, es que de verdad no le daban ganas de hacer nada y él no era un niño perezoso. No había terminado el capítulo cuando oyó el timbre sonar. No le dió mayor importancia, seguro era una visita para su madre y el mayordomo ya estaba camino a la puerta, aunque le resultó de lo más extraño cuando lo vió regresar con una sonrisa en su rostro en su dirección.

—Joven Li, tiene visitas —le informó el hombre de cabello canoso, bigote y pequeños anteojos redondeados.

—¿Yo? —consultó extrañado el chico.

—Sí, joven —rió el mayordomo—. Tengo en la entrada a una niña que preguntó por usted.

—¿Y cómo podría alguien aquí saber mi nombre, Wei? —le preguntó incorporándose del sofá.

—Lo mejor será que lo averigue usted mismo —cerró el hombre, retirándose del lugar—. Iré a preparar una bebida caliente.

Xiao Lang se dirigió hacia la entrada con paso indeciso, Wei no le jugaría un broma de ese modo. Además, le había informado que era una niña la que lo buscaba. Súbitamente el corazón se le aceleró, ¿cuántas posibilidades había de que la niña fuera…?

Cuando llegó al recibidor se encontró con la chica de ojos verdes, que recorría distraída con su dedo el labrado del espejo que estaba en la entrada. Tenía el cabello cubierto por un gorro de lana blanco con un pompón en la punta, un abrigo rojo, cancanes blancos de lana y unas botitas negras forradas internamente con borrega. El niño decidió carraspear para llamar la atención de aquella visita inesperada, con la esperanza de encontrar las explicaciones que necesitaba, pero la niña se sobresaltó tanto que casi tira el espejo si no fuera por los rápidos reflejos del chico que lo sujetó en el aire y lo volvió a colgar.

—Lo lamento mucho —se disculpó la chica con la cara completamente roja de vergüenza—. Me diste un gran susto, estaba distraída.

—No hay problema … eh... —respondió él, sin saber cómo llamar a la chica frente a él.

—Kinomoto Sakura, lo siento —Hizo una reverencia y se enderezó con una gran sonrisa en el rostro—. Y disculpa mi atrevimiento por venir hasta aquí, eh… —La chica se encontró con la misma dificultad que su interlocutor.

—Li Xiao Lang —contestó, respondiendo a su reverencia.

—Li Shaoran, un gusto —repitió ella con alegría, y antes de que él pudiera corregir la pronunciación de su nombre, continuó—. Vivo a una calle de aquí y en el vecindario se formó un gran revuelo cuando ustedes se mudaron. Todos comentaban que eran muchas hermanas y un hermano menor, pero nadie sabía qué edad tenían, y ayer cuando los ví en el sector comercial me di cuenta de inmediato que debían ser mis vecinos. Discúlpame por venir sin invitación ni nada.

—Ya veo —respondió simplemente Xiao Lang. Ambos chicos se miraron esperando a que el otro continuara hablando, pero ante el silencio incómodo, la niña comprendió que el chico era algo parco.

—Como eres nuevo en la ciudad y faltan unas semanas para que empiecen las clases supuse que estarías aburrido y no conocerías a otros niños aún, así que con mis amigos queríamos invitarte hoy a ir al centro comercial. Tenemos ganas de ir a patinar en el hielo y luego ir a tomar algo caliente a la cafetería, ¿qué dices?

—Xiao Lang, ¿por qué no haces pasar a la visita? —preguntó la madre del chico logrando que ambos se sobresaltaran. La niña al ver a tan alta y elegante mujer detrás del chico, se sintió algo intimidada, pero sin olvidar sus modales se inclinó en señal de saludo y respeto.

—Madre, Kinomoto ya se iba —resolvió el chico.

—Buenas tardes, señora Li —saludó algo atropelladamente ella—. Solo pasaba a invitar a Li a reunirse con mis amigos y conmigo esta tarde en el centro comercial.

—Buenas tardes, Kinomoto —saludó la dueña de casa—. ¿Eres la hija del profesor universitario que vive a unos metros?

—Exactamente, mi padre es Fujitaka Kinomoto.

—Lo conocí en la universidad cuando realizaba los trámites para inscribir a mi hija mayor. Es un honor conocerte, me comentó que tenía una niña de la edad de Xiao Lang. —Miró hacia ambos chicos y con una leve sonrisa finalizó—: No los retengo más, me encargaré de alcanzar a Xiao hasta el centro comercial, Kinomoto.

—Mu..muchas gracias, señora Li —respondió la chica entusiasmada, sin casi notar la mala cara que puso el chico frente a ella—. A las cuatro en la zona de comidas. ¡Nos vemos!

Sin mediar palabra, ni esperar la despedida de los Li, la niña salió por la puerta y corrió a su casa para prepararse llena de felicidad, al fin y al cabo, había logrado lo que quería. Mientras tanto, la situación entre Ieran y Xiao Lang no era tan alegre.

—No quiero ir, madre —replicó el chico.

—Irás. Tienes que salir de la casa y relacionarte con chicos de tu edad. Mira que amable esta niña en venir hasta aquí para invitarte —indicó Ieran—. Su padre fue muy amable conmigo al guiarme para rellenar el papeleo de Shiefa y no vamos a dejar plantada a su hija.

—Afuera está helando —insistió el chico.

—Te llevas un abrigo. Vamos, ve a arreglarte. En una hora te llevo —respondió la mujer retirándose de la sala sin permitir ninguna otra réplica.

Xiao Lang, al ver la batalla perdida, se dirigió a su cuarto para cambiarse. No es que no quisiera salir, pero le avergonzaba e inhibía estar con desconocidos que no sabía si le iban a caer bien. Aunque cuando los vió en la calle parecían amables, él particularmente no era Miss Simpatía y existía la posibilidad de que no le cayera bien a esos niños. Sacudió la cabeza para dejar de lado los pensamientos sin sentido. El otro problema era que dudaba que el centro comercial, en especial la pista de patinaje, estuviera tan cálido y acogedor como su sala de estar.

… … … … … … …

Ieran estacionó el vehículo frente al centro comercial y Xiao Lang la miró con duda. Su madre le devolvió la mirada y con la cabeza señaló la puerta con una sonrisa pequeña, señal inequívoca para el chico de que lo mejor era bajarse del auto.

El edificio del centro comercial era enorme, vidriado y metálico, frío… pero no tanto como el ambiente. El viento helado era atroz y Xiao Lang refunfuñó. El cielo estaba completamente despejado, pero el sol apagado de diciembre no calentaba un ápice. Detuvo su inspección para adentrarse al lugar en busca de algo de abrigo y, siguiendo los carteles, tomó el ascensor al tercer piso donde se encontraba el patio de comida. Ese lugar sí le resultó cálido al joven chino, que inspeccionando entre el gentío pudo encontrar a parte del grupo ya reunido frente a un gran árbol de navidad. Su corazón se aceleró cuando, a medida que avanzaba, no encontró entre los demás a la niña castaña que lo había metido en ese embrollo. Pensó que era el momento ideal para huir, cuando uno de los chicos, de lentes y cabello oscuro con reflejos azulados, lo saludó con la mano haciendo que el resto volteara a verlo.

Siendo ya imposible la huida, Xiao Lang se integró al grupo y saludó con una reverencia.

—Tú debes ser el nuevo vecino de Sakura —saludó con la cabeza una chica de largo cabello negro—. Tomoyo Daidouji, encantada.

—Li Xiao Lang —respondió—. Muchas gracias por invitarme, no estaba seguro si eran ustedes porque no veo a Kinomoto.

—¡Oh! Ella llegará en un momento —respondió Tomoyo con una risita— Te presento a los demás. Ellas son Rika Sasaki, Chiharu Mihara y Naoko Yanagisawa. —Xiao Lang inclinó la cabeza en respuesta al saludo de las chicas—. Y por aquí tenemos a Eriol Hiragizawa y a Takashi Yamasaki.

Xiao Lang pudo notar a primera vista que Hiragizawa, el mismo chico que lo había saludado en un principio, no era japonés, pero como no era entrometido decidió no preguntar nada y devolvió nuevamente el saludo. Antes de que nadie pudiera decir nada más, el sonido estruendoso de alguien subiendo las escaleras corriendo hizo a todos girar hacia estas, y ahí Xiao Lang la vio: agitada con el gorro en las manos y una pequeña mochila que se balanceaba con el rápido andar de la jovencita, Sakura se acercaba a ellos entre corriendo y dando saltitos. Se la veía feliz, aunque algo sonrojada por la carrera que había hecho.

—Solo 10 minutos sobre la hora, es todo un récord —acotó Eriol, haciendo al grupo reír y a Xiao Lang entender que la impuntualidad era parte de la personalidad de la chica de ojos verdes.

—¡Buenas tardes! Lo siento mucho —dijo Sakura apenas los alcanzó, mientras recuperaba el aire—. Me distraje en el primer piso en un nuevo negocio de animales de felpa. Les juro que había llegado a tiempo.

—Si eso dices… —respondió una de las chicas que tenía dos trenzas de peinado—. Llegó tu invitado antes que tú.

Si las mejillas de Sakura estaban acaloradas, en ese momento se pusieron rojas de vergüenza y con la mirada buscó a su huraño vecino, encontrando que el chico la miraba entre confundido y ceñudo. Rápidamente se acercó a él porque a pesar de que le apenaba no haber estado ahí para presentarlo, de verdad estaba muy contenta de que estuviera ahí.

—Shaoran, ¡qué bueno que te sumaste! —dijo tomándole las manos a pesar de la disimulada resistencia del chico—. Deberíamos ir a la pista de hielo antes de que se haga demasiado tarde.

Todos asistieron y se pusieron en camino charlado de nimiedades, como el próximo comienzo del tercer ciclo escolar cuando terminaran las fiestas. Xiao Lang iba en silencio simplemente escuchando a los demás, cuando se sintió observado. Al girarse se encontró con Yamasaki, que tenía el pelo negro bien corto y los ojos oscuros muy rasgados, junto a él, sonriendo.

—Así que, Li —comenzó el chico la conversación—. Tienen en Tomoeda una casa de vacaciones, o se han mudado aquí.

—Nos mudamos —explicó el chino—. Mis padres van a trabajar en Tokio, pero les gustó este lugar para vivir, porque es muy tranquilo.

—Tomoeda, de hecho, es el lugar más tranquilo en doscientos kilómetros a la redonda —afirmó con convicción, aunque Xiao Lang no estaba seguro de que Japón fuera tan ancho—. No somos muchos habitantes, así que nos conocemos entre todos y cada ciudadano es muy amable. Si algún día tienes problemas o dudas y estás solo, podrás preguntarle a cualquier vecino.

—A cualquier vecino, muchas gracias, Yamasaki —respondió Xiao Lang agradecido.

—Bueno excepto por… la señora que vende verduras entre la librería y el restaurante —dijo bajando la voz. Xiao Lang observó a su alrededor, notando que nadie parecía prestar atención a su conversación.

—¿Por qué no a ella? —preguntó bajando la voz.

Yamasaki miró alrededor y le hizo señas al chino para que se acercara un poco más y cubriéndose la boca le dijo en un hilo de voz:

—Les regala manzanas a los niños. La primera vez no hay de qué preocuparse, pero… si le aceptas nuevamente un regalo, la fruta estará envenenada.

—¿Envenenada? —consultó alterado Xiao Lang, levantando la voz y siendo silenciado por Yamasaki quien asentía.

—Una increíble ola de una extraña enfermedad estomacal atacó a la primaria Tomoeda; algunos niños no lo lograron.

—¿Te refieres a que murieron? —preguntó alarmado—. Esa mujer debería estar presa, ¿por qué aún tiene la tienda?

—No, gracias a los dioses no murieron. Pero poseen extrañas secuelas, como cambio de color en el iris o pérdida de visión. La anciana sigue en la tienda, nadie pudo probar que era la responsable y por más que revisaron nunca encontraron el veneno. Pero ¿ves?, Eriol antes no necesitaba lentes, y Tomoyo tenía los ojos negros como yo.

—Increíble —respondió Xiao Lang—. Te agradezco mucho por advertirme, Yamasaki.

—Puedes llamarme Takashi, Li —dijo el chico con una gran sonrisa—. Si vas a vivir aquí, seguro irás a nuestra escuela y necesitarás información de primera mano.

—Gracias, Takashi —respondió aún sin sentirse en total confianza de permitirle llamarlo por su nombre. Nadie, salvo su familia, le decía Xiao Lang, para el resto era simplemente "Li".

El tal Hiragizawa iba frente a él con Daidouji conversando en susurros, hasta que en un momento ambos se giraron a verlo, recordando al chico de la historia recién contada por su nuevo amigo y supuso que fijarse demasiado en los lentes o en el color de ojos de aquellos podría ser irrespetuoso, por lo que desvió la mirada. Luego escuchó risitas y los observó hacerlo. Algo molesto se preguntó si acaso se reirían de él, pero decidió no darle importancia. Luego dirigió la mirada a la joven Kinomoto que iba alegre conversando con una chica de lentes, gesticulando con las manos o el cuerpo entero, caminando de derecho y de revés. En un momento la mirada de ambos se cruzaron y ella le sonrió un poco logrando que él rompiera el contacto visual. Esa chica sí que era enérgica.

En el primer subsuelo, junto a las salas de cine, una pista de hielo relativamente grande se encontraba casi vacía. Sakura salió corriendo, invitando a los demás a apresurarse, llegando al punto de atención para recibir sus patines.

Xiao Lang se paró casi sin dificultad, no era muy distinto a sus rollers; aunque la verdad casi no los utilizaba. Kinomoto de inmediato se incorporó y comenzó a patinar con alegría, Daidouji la siguió con una cámara de video en mano y el resto lentamente se incorporaron a la pista. El chino advirtió que aunque los demás parecían familiarizados con los patines apenas mantenían el equilibrio y se reían entre ellos de su inestabilidad, a diferencia de la chica de ojos verdes, su amiga de la cámara y el de anteojos, quien parecía estar muy divertido haciendo giros alrededor de las otras dos. Aquella cercanía inhibió a Xiao Lang, ya que era exactamente lo que temía, quedar solo. Aunque había hecho buena conversación con Takashi, él ahora se veía ocupado siendo reprendido por la chica con trenzas. Antes de que se diera cuenta, Sakura se colocó junto a él.

—Sabes patinar —afirmó ella, mientras lo veía desplazarse.

—No sobre el hielo, pero es similar a los que usaba hace tiempo en China sobre asfalto —respondió restándole importancia.

—Lo haces muy bien, aunque te tiemblan un poco las manos, ¿estás nervioso? —observó ella riendo.

—Tengo frío —respondió algo hosco—. Detesto el frío sin sentido que hace en Japón.

—¡Pero aquí hace frío con un sentido! —dijo ella dando una vuelta casi perfecta si no hubiera trastabillado al final, aunque sin caer—. Hay hielo, ¿no?

—De acuerdo, sí, pero me refiero al clima en general —respondió Xiao Lang.

—¡Oigan! —interrumpió la conversación Hiragizawa, colocándose junto a Sakura—. Estábamos pensando que, aprovechando que no hay casi nadie en la pista, podríamos jugar una carrera, ¿qué opinan?

—No lo sé, Eriol —respondió Sakura—. Los chicos no saben patinar bien como nosotros, y no creo que Shaoran…

—Xiao Lang —corrigió nuevamente el chino—, a mí me parece divertido —opinó algo avergonzado por la extraña mirada y sonrisa del chico de cabello oscuro luego de su interrupción.

—¿Entonces, Sakura? —preguntó Eriol nuevamente, mientras Tomoyo se acercaba al grupo.

—¿Tú participas, Tomoyo? —consultó la chica de ojos verdes.

—No soy buena con la velocidad, prefiero grabarte ganándole a los chicos —dijo sonriente.

Sakura nuevamente miró a Xiao Lang, y él solo se encogió de hombros. Si ella no quería no tenían que hacerlo, pero de todos modos los ojos de la chica se iluminaron.

—Tengo una idea, si gano la carrera, no puedes obligarme a pronunciar tu nombre en chino —Xiao Lang frunció el ceño confundido.

—Mi nombre se pronuncia en chino, ahí nací, Kinomoto.

—Pero suena extraño. Shaoran me sale más natural, anda vamos. Si tú ganas aprenderé a decirlo como se debe.

—Y si yo gano —dijo Hiragizawa—, les haré una apuesta a ambos.

—Sí, de acuerdo —dijo Sakura sin prestar demasiada atención—. ¡Vamos! Ida y vuelta en línea recta a través de la pista.

El chino suspiró. Él solo quería divertirse un poco, y no le gustaba dar volteretas en los patines, era eso u observar correr a los demás.

—De acuerdo —resolvió.

—Esto es demasiado interesante —dijo Hiragizawa acomodando sus lentes sobre el puente de la nariz mientras Sakura le decía a los demás de la carrera.

—¿A qué te refieres? —preguntó Li con cierto recelo —. ¿Y qué es eso de la apuesta?

—Luego te lo explico, vamos, Sakura está impaciente.

Los tres se colocaron en fila junto a Chiharu y Takashi que se sumaron a la carrera. Rika hizo la cuenta regresiva y todos se pusieron en marcha. Con velocidad, Xiao Lang, Sakura y Eriol tomaron la delantera, y Xiao Lang, al ver que la chica comenzaba a llevarle ventaja, se impulsó hacia adelante buscando acelerar. Cuando llegaron a la pared y dieron la vuelta, Eriol venía casi sobre ellos. Xiao consiguió el empujón que necesitaba, no le gustaba demasiado ese sujeto, y menos quería saber qué era esa apuesta suya, por lo que en pocos segundos alcanzó y comenzó a rebasar a Sakura. Lo que ninguno contaba era que ella se distrajera al verlo pasar tan rápido cuando creyó que tenía la partida ganada, y perdió el equilibrio, arrastrando también al duro hielo del piso a Xiao Lang, víctima colateral de su caída.

El chico algo aturdido por el golpe repentino se incorporó un poco, sintiendo el dolor en el costado que había impactado el suelo y escuchando el alboroto de las demás chicas, Eriol de inmediato estaba junto a ellos y recordó que junto a él, Sakura también se quejaba de dolor. Cuando la chica levantó el rostro y él pudo observarla, advirtió que un pequeño hilo de sangre caía por el costado de su rostro.

—Estás sangrando —dijo alarmado.

—Creo que me golpeé la cabeza con el reloj de pulsera —respondió ella mostrando la marca rojiza en el metal de la hebilla.

—¡Sakura! —llamaron preocupados los amigos al verla ponerse de pie y las gotas de sangre manchando su abrigo.

—Estoy bien, solo me tropecé. ¿Shaoran estás bien? Disculpa, te hice caer —dijo atropelladamente.

—Estoy mejor que tú. Debes revisarte el corte en la cabeza —respondió él sin soltarla en ningún momento, temiendo que volviera a resbalar con los patines.

—Hay un puesto sanitario en el primer piso —informó Eriol—. Lo mejor será que la llevemos para que la revisen.

Todos los chicos estuvieron de acuerdo y, a pesar de la resistencia de Sakura por hacer tanto alboroto por un simple corte, no tuvo más opción que dejarse llevar por Eriol y Xiao Lang, mientras una preocupada Tomoyo le avisaba al padre de la chica del pequeño incidente.

… … … … … … …

—No hay nada de qué preocuparse niños —dijo la enfermera acomodando su larga trenza rubia a un costado de su cuello—. La señorita Kinomoto tiene apenas un cortecito en el lado izquierdo de la cara, ni siquiera necesita sutura. Es normal que los cortes de la cabeza sangren mucho porque es una zona donde pasan demasiadas vías circulatorias. —Los niños asintieron, entendiendo en general y con alivio que Sakura no estaba en peligro—. solo necesito que le avisen a algún adulto responsable, porque la tendremos en observación unos minutos pues se ha golpeado la cabeza con fuerza.

—Ya le avise al señor Kinomoto y se encuentra en camino —informó Tomoyo, recibiendo la aprobación de la enfermera—. ¿Cree que pueda acompañarla mientras tanto?

—Claro que sí, pero no puedo permitirles entrar a todos, porque el espacio es bastante pequeño —informó la mujer con una sonrisa dulce.

—De acuerdo —respondió Tomoyo asintiendo, luego se giró hacia sus amigos—. Chicos yo acompañaré a Sakura hasta que su padre llegue. Estaba dando clases en Tokio así que va a demorarse. ¿Por qué mejor no van a tomar algo caliente a la cafetería?

Aunque no estaban muy convencidos, comprendieron que no era muy eficiente quedarse fuera del puesto sanitario ocupando espacio, y como además habían sufrido algo de frío en el subsuelo, terminaron aceptando todos.

Xiao Lang ni siquiera había probado el chocolate caliente en su vaso, aunque se veía delicioso. La cadera le dolía un poco, seguro estaría moretoneada, pero la imagen de la sangre y los ojos llenos de lágrimas de Sakura lo habían dejado algo consternado.

—Oye, Li —fue llamado repentinamente y sacado de su ensimismamiento. Frente a él Eriol Hiragizawa lo miraba con atención, él solo respondió con un movimiento de cabeza—. Voy a llevarle un chocolate caliente a Tomoyo, han pasado casi cuarenta minutos y deben seguir ahí. ¿Quieres acompañarme?

—Seguro —dijo poniéndose de pie y tomando su abrigo de la silla. Le explicaron a los demás dónde iban, saludaron con la promesa de encontrarse en otra oportunidad y en el camino conversaron un poco.

—¿Hace mucho vives en Japón? —le preguntó Li al chico de ojos azules.

—Apenas hace tres años que vivo aquí —explicó Eriol, observando las tiendas coloridas e iluminadas que había en el recorrido—. Mi madre es de Inglaterra, pero mi padre es japonés, así que veníamos regularmente a visitar a mis familiares.

—Ya veo, eso explica el porqué hablas tan fluidamente —analizó Xiao Lang.

—¿Y qué hay de tí, Li? ¿Te gusta Japón?

—Tomoeda parece un buen lugar. Es distinto de Hong Kong, pero aquí el viento es espantoso.

—Comprendo, dónde vivías es cálido todo el año. —Xiao Lang asintió—. ¿Conoces la nieve? —El chino negó con la cabeza—. Bueno es divertida, espero que eso te ayude a simpatizar más con el invierno nipón.

—Eso espero —dijo Xiao Lang con una diminuta sonrisa imaginando los árboles cubiertos de nieve, como tantas veces había visto en internet.

—Sakura estaba muy feliz cuando nos dijo que había ido a tu casa a invitarte —reveló Eriol, buscando la reacción del castaño—. Ella suele llegar muy tarde a todas partes, pero hoy llegó relativamente a tiempo. Supongo que estaba ansiosa por saber si te habías sumado o no.

—No tuve muchas opciones —replicó Xiao Lang, no muy seguro si era verdad lo que decía—. Mi madre escuchó la invitación y me trajo hasta aquí. No quería ser descortés con ella, aunque casi rompe un espejo en mi casa.

—Eso es muy Sakura —rió Eriol entretenido—. A todos nos alegra que hayas aceptado, si no ella hubiera estado algo triste y no sería lo mismo. En fin, espero que podamos seguir conversando en la escuela, o en la próxima salida.

—Sí —aceptó Li, algo pensativo por la información dada, pero satisfecho con la conversación.

Se encontraban frente al puesto sanitario cuando la enfermera los vió y con una sonrisa llamó a Tomoyo desde la puerta. La joven Daidouji salió apurada esperando encontrarse al señor Fujitaka, pero ver a su amigo y al nuevo integrante del grupo llevando un chocolate para ella también, le alegró muchísimo, aunque el extranjero no prestaba mucha atención a su persona sino a la puerta por la que acababa de salir.

—Si quieres puedes acompañarla un rato —dijo Tomoyo a Li. Él la miró no muy seguro—. Desde que se fueron solo ha hablado de ti, preguntándose si estás bien luego del golpe.

El comentario sin dudas hizo sonrojar un poco al chico, para nada acostumbrado a ser motivo de conversación o de preocupación por alguien que no fuera su madre. Con un movimiento de cabeza, ingresó a la salita de atención donde Sakura estaba recostada en una camilla, tapada con una frazada mirando los carteles que cubrían las paredes.

—Hey —saludó Li, cuando se acercó a ella.

—Hola, Shaoran —respondió ella.

—Es Xiao Lang —corrigió nuevamente él, algo resignado. Sakura hizo un puchero.

—Por mi torpeza no terminamos el reto, Si… Xia…

—De acuerdo, puedes llamarme Shaoran —concedió él ante la inexplicable dificultad de ella al pronunciarlo—, pero solo porque te golpeaste la cabeza.

—Gracias, Shaoran. Tú me puedes decir Sakura si quieres, en compensación por el golpe —respondió ella riendo un poco.

—No sé cómo compensa eso, con que hayas boicoteado la carrera porque yo estaba ganando —dijo él para sacar la expresión compungida del rostro de la chica.

—¡Hey! No lo hice a propósito, me caí de verdad.

—No lo sé, puede que seas una tramposa.

— Y tú eres grosero.

—¿Grosero? Tú me hiciste caer y no me preguntaste cómo estoy —La ridícula discusión que habían desarrollado se detuvo repentinamente y los ojos de Sakura nuevamente se llenaron de lágrimas.

—Si te lo pregunté, ¿ya te olvidaste?¿De verdad estás bien del golpe, Shaoran? —preguntó en un susurro.

—Sí lo estoy. No te preocupes, solo es un raspón. Estaba bromeando contigo —respondió arrepentido de sus palabras.

—De acuerdo, te lo compensaré de verdad. Lo prometo —dijo ella con una pequeña sonrisa.

—Hija, ¿estás bien? —dijo un hombre alto de lentes y cabello castaño entrando a la sala con una expresión realmente preocupada.

—Hola, papá —saludó la chica estirando su mano hacia su padre—. No te preocupes, solo fue un susto. Pero me dejaron recostada por precaución. —El hombre dejó ir un suspiro de alivio y se enfrascó en una pequeña charla con su hija, ya más aliviado.

Xiao Lang se sentía terriblemente desubicado entre el padre y la hija y, aunque había retrocedido unos pasos para darles privacidad, el espacio era tan pequeño que no podía salir sin ser notado. Sakura cayó en cuenta de la situación que estaba viviendo su nuevo amigo y de inmediato lo presentó.

—Papá, él es Li Shaoran, el nuevo vecino —explicó—. Hoy ayudó a que mi golpe fuera menos intenso, porque tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino —rió un poco la chica haciendo que ese leve esfuerzo le hiciera palpitar la cabeza. El hielo era bastante duro al parecer—. Shaoran, él es mi papá Kinomoto Fujitaka.

—Mucho gusto — se saludaron ambos a la vez con una pequeña inclinación.

—Eres el hijo menor de Ieran. Ella me habló muy bien de ti, es un placer —dijo el profesor con una sonrisa totalmente amable—. Te agradezco por ayudar a mi hija hoy.

—No es molestia, la verdad nos caímos al mismo tiempo, pero nos dimos prisa en traerla cuando notamos que tenía un poco de sangre —respondió el chico restándole importancia—. Con su permiso, iré afuera con los demás.

Así aprovechó el chino para huir. Estaba demasiado acostumbrado a los formalismos rígidos de China, y hasta cierto punto en Japón no era muy distinto, salvo por los Kinomoto que parecían ser la excepción. Se reencontró con Daidouji y Hiragizawa que lo recibieron con una sonrisa, y estaba a punto de mandarle un mensaje a su madre para que lo buscara cuando el señor Kinomoto y Sakura, tomada de su brazo, salieron de la sala.

—Chicos yo los llevo hasta sus casas, hace mucho frío el día de hoy.

Xiao Lang, aunque le daba pudor, no se atrevió a rechazar la oferta luego de que los otros dos la aceptaran tan rápido. Prefería irse antes que quedarse solo allí esperando a su madre por tiempo indefinido. Durante el trayecto los demás hablaron de la salida con el señor Kinomoto, Sakura participaba apenas, el efecto de los analgésicos se estaba acabando y ansiaba llegar a su casa para tomar otro. Fujitaka notó enseguida lo callado que era su nuevo vecino, por lo que prefirió esperar a dejar a los demás antes de sacar algún tema de conversación.

—Ya han decorado la totalidad de las calles principales con motivos navideños —observó Fujitaka—. ¿Es así en Hong Kong, Li?

—No tanto —respondió Xiao Lang—. Al ser una ciudad tan cosmopolita se pueden comprar adornos y eso, pero la fiesta a la que le dan importancia es al año nuevo chino.

—Comprendo, decoran todo de rojo y dorado, ¿verdad?

—Así es, se hacen desfiles y grandes fiestas. La navidad pasa desapercibida allí, por lo que todo esto es nuevo para mí.

—Bueno, es una celebración en realidad occidental, proviene de los cristianos católicos ¿Lo sabías? —comentó el profesor viendo la reacción del chico por el retrovisor.

—Algo así, ¿el nacimiento del mesías?

—Exacto, es muy importante para ellos. Al resto del mundo se le contagió lo comercial y capitalista —dijo el hombre riendo—. Es divertido entregar y recibir regalos, ¿no creen chicos?

—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.

—Es fascinante cómo la historia se entrelaza con algunas religiones —dijo el hombre ya ingresando a la comuna—. Es de mis unidades preferidas.

—Mi padre es arqueólogo —explicó Sakura—. Cuando no está en excavaciones da algunas clases de historia en la Universidad de Tokio.

—¡Increíble! —dijo el chico asombrado.

—¿Te gusta la historia? —preguntó el profesor.

—Me interesa mucho, aún más la parte de las excavaciones. Tengo varios libros sobre eso.

—Entonces aceptarás venir algún día a cenar a casa —dijo Fujitaka estacionando frente a la casa del chico—. Tengo una biblioteca modesta, pero llena de libros del tema, algunos escritos por mí.

—Encantado, señor Kinomoto —dijo el chico realmente entusiasmado—. Muchas gracias por traerme —agregó haciendo una reverencia.

—Un placer conocerte, Li —respondió el profesor.

—Y… gracias por invitarme —dijo algo inseguro de cómo continuar—, Sakura. La pasé muy bien, a pesar del golpe.

—Gracias a ti por venir, Shaoran —respondió la chica con los ojos brillantes de alegría, al final la había llamado por su nombre—. Dime el teléfono de tu casa, así puedo llamarte la próxima vez que salgamos.

Y así los chicos procedieron a intercambiar sus números, bajo la atenta mirada del profesor que se alegraba que el tímido hijo de los Li, según su propia madre le había contado, se integrara al grupo de amigos de su hija, al fin y al cabo parecía un chico excelente además de inteligente.

… … … … … … …

La navidad estaba cada vez más cerca, y el grupo de niños disfrutaban de sus vacaciones de invierno: organizaron salidas al cine, a tomar chocolate, a ver películas en la casa de Daidouji. A pesar de tener personalidades tan opuestas Shaoran, como había sido rebautizado por sus amigos japoneses, se convertía poco a poco en el confidente de Sakura. Llegaban juntos a todas partes y la chica se encargaba de mantenerlo al día de todos los por menores de Tomoeda, aunque se sorprendió de la historia de la anciana de las verduras que le contó Li, y más se sorprendió cuando Eriol y Tomoyo confirmaron las versiones. En definitiva, Sakura se había encargado de integrarlo siempre, y el chino se dejaba llevar cada vez con menos resistencia y una sonrisa más amplia con el pasar de los días.

El frío no daba tregua a los habitantes de Tomoeda y las nubes cubrían el cielo sin dejar que nada escapara de ellas. Shaoran estaba envuelto en su abrigo y bufanda, tiritando; sus manos enguantadas llevaban un postre casero que había preparado por la mañana con Wei e iba camino a la casa de los Kinomoto. El calendario marcaba ya veintitrés de diciembre y a pesar de que eran apenas unos metros, el joven apuró el paso hasta la entrada de los Kinomoto. Tocó el timbre y esperó ansioso que la puerta se abriera encontrándose con un joven alto de cabello oscuro. Aquel joven, en un principio, traía una expresión serena, pero al ver al chico fuera su ceño se frunció de inmediato y de muy malos modales expresó:

—¿Qué necesitas?

—Hola —dijo con el labio temblando—, soy Li Xiao Lang, el señor Kinomoto y Sakura me invitaron a cenar.

—Eso no es cierto, que yo sepa —dijo el joven frunciendo aún más el ceño, y haciendo molestar al chico que además de no ser mentiroso, se moría de frío.

—Pues, pregúntales —dijo ya perdiendo el formalismo.

—Eso haré —respondió, cerrando la puerta frente a su nariz, indignando por completo a Li.

Antes que pudiera tocar nuevamente el timbre, un alboroto se escuchó en el interior del hogar.

—¿¡Y lo dejaste afuera?! Touya, está helando —decía una alterada Sakura.

—No tenía idea que habían invitado a un mocoso a cenar —respondía el otro despreocupadamente.

—¡Sí lo sabías! Lo dijo en el desayuno, y hace días que está hablando de eso. ¡Hasta la mesa está puesta para cuatro personas! —El sonido de las voces se escuchaba cada vez más cerca—. ¡Sal del camino, Touya! Yo lo recibo, y avísale a papá.

—Como digas, monstruo —respondió el tal Touya.

—¡No me llames así! —dijo la chica ya abriendo la puerta, y encontrándose con su amigo que tenía una pequeña sonrisa escondida tras la bufanda—. ¡Shaoran! Lo siento mucho, mi hermano es… ¡argh! Pasa, sé que odias el frío.

—Buenas tardes, gracias. Pero escuchar su discusión fue divertido. Traje este postre como agradecimiento por la invitación —respondió el chico mientras Sakura recibía la bandeja para permitir a su amigo deshacerse de su abrigo en la entrada.

—Muchas gracias, no te hubieras molestado. Ven, pasa a la sala. Mi papá está terminando la comida y dejó algunos libros para que pudieras verlos.

Los chicos se adentraron en la estancia, donde Shaoran inmediatamente percibió el aroma de la salsa preparándose en la cocina y sintió el calor de la chimenea. El hogar de los Kinomoto estaba decorado con muchas fotos familiares, en las que el chico pudo identificar a su amiga de bebé, al grandote que le abrió la puerta, al profesor y a una hermosa mujer de ojos verdes y cabello oscuro, con una sonrisa enorme. Shaoran antes de poder preguntar nada, notó como la mujer se veía un poco más delgada cada vez y el señor Kinomoto algo más ojeroso en las siguientes fotografías, hasta que finalmente las fotos donde Sakura era mayor, la mujer ya no aparecía en ninguna.

—Era preciosa, ¿verdad? —dijo Sakura junto a él en un susurro, el chico asintió.

—Te pareces a ella —dijo distraído del gran sonrojo que sacó a su amiga.

—Era muy pequeña cuando falleció, pero ella amaba la navidad, por eso la celebramos siempre —comentó Sakura.

—¿No les resulta triste? —consultó el chico mientras ella negaba.

—Nos pidió que la recordemos con alegría y eso hacemos —dijo ella dándole una gran sonrisa—. ¿Cuál sería tu regalo perfecto para navidad?

—No lo sé —respondió Li, aunque una palabra resonaba en su mente con fuerza —. ¿El tuyo?

—Pues, espero que mi padre haga mi postre favorito, me encantaría seguir con las porristas este año, que mi hermano rinda todos sus exámenes para ingresar a la universidad con buenas notas —dijo enumerando con los dedos—, que todos mis amigos sean muy, muy felices y también sería muy especial para mí ser compañeros de curso.

—¿Nosotros? —preguntó asombrado Shaoran señalándose—. Tus regalos de navidad son complicados —dijo sintiéndose halagado de formar parte de esa lista de alguna manera—, no se consiguen en tiendas.

—¡Por eso serían perfectos! —dijo Sakura caminando hacia la mesita.

En ella, varios libros estaban ubicados prolijamente; el joven chino se sentó y comenzó a recorrer los lomos deleitándose con solo leer los títulos: "Todo Egipto", "En los profundo de Paris, catacumbas", "Los misterios del fondo del océano". Y allí, primero de varios que se encontraban junto a él un libro con el nombre de Fujitaka Kinomoto "El Paso Diatlov". Lo abrió y rápidamente leyó la primera hoja, descubriendo que el profesor había viajado con un grupo de estudiantes a los Montes Urales, habían acampado cerca del misterioso Paso, y habian conversado con los descendientes de las tribus aborígenes que allí habitaban, para desentrañar el misterio de la muerte de los 9 estudiantes que habían encontrado su final a unos kilómetros de la base de la montaña.

—¡Es increíble! —musitó el chino—, hasta hace poco esta investigación seguía abierta.

—Y tiene muchas teorías sobrenaturales —respondió el profesor ingresando a la sala con el delantal y unos guantes para horno.

—Buenas tardes, señor Kinomoto —dijo Li poniendo de pie—. Leí que hasta se habla del Yeti.

—Las teorías son muchas, yo fui con mis estudiantes para sacarlos un poco de la arena del desierto o de la humedad de la jungla —respondió Fujitaka divertido—. No me imaginé que el frío fuera peor en Rusia que aquí.

Ante la mención del frío, la cara de Xiao Lang perdió un poco el brillo y observó por la ventana de la sala como el viento movía los árboles fuera y las nubes se volvían más oscuras.

—Pero la nieve en pleno octubre fue muy interesante —continuó el profesor.

—¿Nieve en otoño? —preguntó confundido.

—Bueno, las condiciones climáticas en Rusia son más agresivas. Básicamente no tienen un otoño propiamente dicho porque pueden alcanzar temperaturas bajo cero en los meses cercanos al invierno.

—La nieve debe ser fabulosa —comentó al azar el joven Li con la mirada color esmeralda de Sakura muy atenta a sus expresiones.

—Y también la teoría que investigamos de las ráfagas de viento y el silbido de la montaña. —El padre de Sakura se sacó los guantes, y desanudó el delantal—. La lasagna está lista, pasen a la mesa para que podamos seguir conversando.

Mientras el señor Fujitaka servía la comida, el hermano mayor de Sakura, Touya Kinomoto, miraba mal a Shaoran por sentarse junto a su hermanita. la chica le tocó el hombro a Li para llamar su atención, con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

—Ya sé lo que quieres para navidad —afirmó la chica.

—¿Ah, sí? —consultó el chino escéptico.

—Sí —respondió orgullosa de su poder de deducción para ser tan distraída—. Quieres ver nieve.

Los ojos de Shaoran se abrieron un poco más y un destello de emoción brilló en ellos.

—No es cierto —respondió de todas formas.

—¡Lo es! —dijo señalándolo con un dedo acusatoriamente—. Vi el entusiasmo en tu mirada cuando hablabas con mi padre, y ahora cuando lo mencioné. Siempre dices que el frío sin razón no tiene sentido, pero si nieva…

—Sakura, hija, ¿quieres dar las gracias? —preguntó Fujitaka ajeno a la conversación de los chicos.

—Si, claro —respondió la chica con una sonrisa a su padre y enviándole una mirada de advertencia al invitado de que su conversación no terminaba ahí.

La comida sucedió con tranquilidad: el profesor contó anécdotas navideñas de sus viajes por el mundo, hablaron un poco del nuevo comienzo escolar, los exámenes universitarios de Touya y de la ciudad de Hong Kong, la cual los Kinomoto habían visitado oportunamente hace unos años por un viaje ganado por Sakura. Luego sólo los chicos y el padre de familia siguieron conversando en la salita repasando los libros y degustando las deliciosas tartitas de huevo que había llevado Li para el postre. La reunión finalizó con el amable señor Kinomoto regalando a su invitado un libro sobre los misterios de las pirámides, que había sido el que más llamó la atención de Shaoran. Luego de los agradecimientos y los saludos, Sakura acompañó a su amigo hasta la entrada.

—Disfruté mucho la comida —informó él algo sonrojado por tantas atenciones—. Me divertí mucho.

—Nosotros también, y tu postre estuvo exquisito —respondió ella con una gran sonrisa.

El silbido del viento podía escucharse con facilidad desde la puerta, haciendo al chino lamentarse de tener que regresar a su hogar atravesándolo. Sakura recordó entonces la conversación pendiente.

—Seguro se cumplirá —dijo ella, ganándose la mirada confundida de Li—, las nubes están muy oscuras.

—¿Te refieres a que va a nevar? —consultó él interesado.

—¡Lo sabía! —vitoreó ella—. Tu deseo de navidad es nieve, jugar con la nieve, hacer un muñeco y…

—¡De acuerdo! ¡Está bien! Lo admito —respondió derrotado—. Desde que me mudé a Japón estoy esperando que caiga nieve, pero el clima parece no querer darme el gusto.

—Normalmente empieza a nevar a mediados de diciembre, pero este año se ha tardado. —Sakura acomodó la bufanda de su amigo que no llegaba a cubrir correctamente todo su cuello, haciendo sonrojar furiosamente a Shaoran—. De todas maneras tendremos sin dudas una blanca navidad.

—¿Cómo estás tan segura?

—Porque mis deseos siempre se cumplen.

—¿Sigues sumando deseos a la lista?

—Para nada, es aquél de que mis amigos sean muy felices. Y tú no te ves muy contento con este invierno, así que...

—Nunca estuve tan de acuerdo contigo. Ojalá sea así, Kinomoto —dijo él alejándose un paso de ella.

—¡Oye! Ya hablamos sobre llamarnos por nuestro nombre — discutió ella poniendo los brazos en jarra y haciendo reír al chico.

—Está bien, Sakura —dijo Li abriendo la puerta—. Ya debo irme, antes de que el viento se ponga peor. Nos vemos.

—¿Te parece vernos en navidad? —preguntó ella mientras él se alejaba de la entrada.

—En navidad será —respondió Xiao Lang en voz alta, comenzando a correr hacia su hogar y sintiendo una extraña tibieza en su pecho al rememorar los eventos de ese día.

… … … … … … …

Era casi la medianoche del veinticuatro de diciembre cuando una joven Sakura observaba impaciente desde la ventana de su cuarto como el agua nieve comenzaba a caer del cielo, pero sin nunca acumularse en el patio trasero de su casa. Su deseo de navidad había sido que el invierno dejara de ser tan cruel con su nuevo amigo y que la nieve tapara el cemento de la calle.

—¿No te puedes dormir, hija? —preguntó Fujitaka, observando a su hija desde la puerta de la habitación.

—Quiero ver si cae nieve para avisarle… —Un bostezo interrumpió su respuesta—. A Shaoran.

—Pues si la señora Li se parece un poco a mí, es probable que tu amigo ya esté durmiendo —El hombre se acercó y acarició con ternura el cabello castaño de su hija, que poco a poco comenzaba a dejar de ser una niña y se transformaba en una adolescente—. Es mejor que pongas la alarma para mañana temprano y lo despiertes con la sorpresa si finalmente nieva en la madrugada, ¿no crees, Sakura?

—Si —respondió Sakura mientras se frotaba los ojos y se comenzaba a dirigir a la cama—. Tienes razón. Si llamo o toco la puerta de los Li de madrugada solamente voy a preocuparlos. Gracias papá.

—De nada, cariño —respondió el profesor, acomodándose los lentes y arropando a su hija como si fuera aún una pequeña—. Ahora descansa, por la mañana será Navidad.

Las horas pasaron desapercibidas para aquellos que descansaban bajo el hechizo de Morfeo hasta que el sol comenzó a alzarse, aunque escondido detrás de las pesadas nubes grises que cubrían el cielo. El joven Li se encontraba inmerso en ese mundo de los sueños cuando los sonidos del exterior comenzaron a incomodar. Su cuarto,que se ubicaba en la segunda planta de la casa, estaba a oscuras, las cortinas cerradas y estando aún algo dormido Xiao Lang no podía identificar de dónde provenía ese alboroto, ni qué era. Hizo fuerza con sus párpados para cerrarlos, intentando volver a dormirse, pero el escándalo se acercaba cada vez más hasta que apenas logró percibir.

—¡Shaoran!

Li se sentó en la cama, había una sola persona en el mundo que lo llamaba así. Pero dado que la chica había ocupado su mente constantemente desde el día que comió en su casa, aunque le avergonzaba admitirlo, pensó que tal vez era una jugarreta de su mente adormilada y procedió a acostarse nuevamente.

—¡Shaoran, despierta!. —Se oyó claramente esta vez, desde su jardín, y aunque su reloj marcaba sin dudar las siete de la mañana, el chico se levantó de la cama de un salto y corrió hasta la ventana. Al correr la cortina Xiao Lang se maravilló.

La calle, el jardín, la copa de todos los árboles y aun cayendo del cielo… nieve. Los ojos ambarinos de Li se abrieron con asombro y su corazón se saltó un latido: en medio de todo ese inmaculado blanco, envuelta con un abrigo impermeable verde Sakura movía los brazos y daba saltitos de emoción.

—¡Shaoran! ¡Está nevando! ¡Nevó toda la madrugada!

El joven abrió la ventana, sintiendo el acostumbrado frío golpear su rostro, solo que esta vez no le molestó tanto.

—¿De verdad te levantaste tan temprano para despertarme? —preguntó.

—¡Si! Abrígate, ¡vamos a jugar! —respondió ella con un grito.

—De acuerdo, enseguida estaré contigo —respondió avergonzado, recordando que vestía únicamente el pijama—. Pero deja de hablar tan fuerte. ¡Son las siete de mañana!

La chica asintió risueña y levantó nieve del piso para tirarla sobre su propia cabeza, arrancándole una sonrisa rápida a Xiao Lang que cerraba la ventana dispuesto a vestirse a toda velocidad. Bajó las escaleras de dos en dos, y antes de poder alcanzar la puerta el mayordomo Wei se interpuso en su camino.

—Vaya, joven Li, hoy está muy apurado, no me ha pillado listo —dijo, levantando una ceja mientras sacaba su monóculo del bolsillo de la camisa de su pijama.

—Lo siento, Wei —dijo Xiao Lang saludando a su maestro—. Hoy podías descansar hasta más tarde, espero que no haya sido Sakura quien te despertó.

—¡Oh! Con que la señorita Kinomoto es el duendecillo verde que juega en nuestro jardín —dijo con una sonrisa llena de picardía que hizo sonrojar un poco al chico—. Pero no fue ella quien me despertó. Yo me apresuré para poder darle esto —explicó el mayordomo extendiendo un paquete rojo con moño dorado a su aprendiz.

—¿Para mí? —preguntó asombrado. En su casa apenas se habían molestado por decorar los árboles de jardín con algunas luces.

—Claro que para usted. Ábralo.

Xiao Lang rasgó el papel y se encontró con un par de guantes verdes de una tela similar a su abrigo impermeable y sonrió como el señor Wei nunca había visto.

—Guantes para nieve. Son perfectos, Wei. Muchas gracias —dijo el chico con una reverencia.

—Es un placer, Xiao Lang —dijo el hombre en un susurro para que nadie más que el chico escuchara la falta de formalismos—. Ahora vaya a jugar antes de que la señorita despierte a todo el vecindario. Feliz navidad.

—¡Si! Feliz navidad, Wei —respondió Li—. Avísame para el desayuno —dijo dirigiéndose a la puerta—. Y… aparta un lugar para la señorita Kinomoto también.

—A sus órdenes, señor Li —respondió el mayordomo divertido, aunque el chico no llegó a escucharlo.

Al salir al exterior Shaoran levantó la cabeza para observar cómo caían los copos de nieve sobre su cara y le nublaban la vista. Diminutos cristales perfectos, que con delicadeza se clavaban en su ropa para disolverse en unos segundos.

Se giró hacia la derecha para encontrarse con su amiga que estaba concentrada construyendo lo que simulaba una pequeña muralla.

—¿Qué es eso? —preguntó él extrañado.

—Un refugio —respondió ella mirándolo brevemente, dejando a la vista sus mejillas y nariz rojas por el frío.

—¿Un refugio para qué? —preguntó Shaoran incauto ante la primera bola de nieve que impactaría contra su cuerpo segundos después.

—Para cubrirme por supuesto —respondió Sakura, arrojando la siguiente bola de nieve.

—¡Hey! Espera, nunca hice una —dijo agarrando un puñado de nieve y observando con la rapidez que se compactaba. Lo arrojó hacía la niña que se escondió veloz tras su refugio—. Sal de ahí cobarde, ven a pelear de frente.

—Ni lo creas —respondió ella escapando de su refugio corriendo y riendo, mientras Shaoran la perseguía riendo también.

Jugaron toda la mañana, hicieron angelitos de nieve, armaron un muñeco y Sakura lo ayudó a construir su propio refugio. Cuando Wei los llamó al desayuno, el estómago de Sakura respondió antes que nadie gruñendo estruendoso, avergonzando a la chica y sacando una carcajada de Li, que la invitó a desayunar como recompensa por despertarse tan temprano.

La chica se maravilló al ver la mesa de desayuno tan repleta de cosas deliciosas y se sintió extremadamente feliz al ver la gran taza de chocolate caliente con un malvavisco dentro.

—¡Todo se ve exquisito! —expresó— Gracias por invitarme, Shaoran.

—Llevamos toda la mañana en la nieve, necesitábamos descansar y comer —respondió él con una sonrisa, evitando mirarla demasiado. La palabra ternura cruzaba su mente cada vez que lo hacía, pero la risita de ella provocó que la observara una vez más —¿De qué te ríes?

—Tienes bigote de chocolate —dijo ella haciendo una línea con el dedo sobre su propia boca. Li rápidamente se limpió con una servilleta avergonzado haciéndola reír un poco más—. Lo siento, era gracioso.

—Descuida, me vengaré con bolas de nieve —respondió Li. Ante el silencio de su amiga él se giró una vez más y la encontró mirándolo con una gran sonrisa—. ¿Por qué me miras así?

—Porque estás muy feliz. Así que ya recibí mi primer regalo de navidad de tu parte, Shaoran —dijo en un susurro, provocando nuevamente un sonrojo en el rostro del chico.

—Bueno, y yo vi la nieve por primera vez, contigo parada en medio de ella, despertándome con gritos —dijo con mucha seriedad que hizo apenar a la chica por ser tan impulsiva—. Así que yo también recibí mi primer regalo de navidad de tu parte, Sakura.

A la chica de expresivos ojos verdes se le iluminó el rostro y, conteniendo las enormes ganas que tenía de darle un abrazo a su amigo, prefirió decir:

—¡Feliz Navidad, Shaoran!

—¡Feliz Navidad, Sakura!

… … … … … … …

Notas de Autora:

¡Feliz Navidad a todos! Que alegría participar de un nuevo proyecto con mis escritoras favoritas. Estas fechas me ponen muy feliz, soy una amante de la navidad y quería celebrarla escribiendo algo distinto: nuestros castaños favoritos siendo niños. Nunca los retraté de niños y me divertí mucho, espero que la historia les haya gustado tanto como yo cuando la escribí. Gracias a la hermosa Cherry Feathers por invitarme a participar. Y a las betas que me ayudaron a corregir el relato, ¡genias!

En el lugar donde vivo, no nieva. En mis 25 años nevó dos veces, y aunque tengo una relación amorosa con el invierno, los chocolates y las medias abrigadas, me encantaría, como a Shaoran, disfrutar el invierno con más sentido. Seguro que donde cae nieve me dirán todas las consecuencias que tiene jajaja, pero es mi deseo pasar algún día las fiestas en el otro hemisferio y tener una blanca Navidad.

A todos les deseo paz, felicidad, ese sentimiento que no esté en esta lista pero que necesiten rellenar en sus cuerpitos, y también salud, mucha, para ustedes y sus familias. Los quiero y deseo que pronto tengamos todos un nuevo año que sea increíble!

Maii