Lo que quiero en navidad

La nieve caía en Tomoeda cubriendo con un manto blanco todos los jardines de la universidad. Mientras Nadeshiko tenía en sus manos una pequeña bolsa de celofán adornada con un lindo moño carmesí, estaba esperando a Fujitaka bajo las protectoras ramas de un ciruelo. La chica sonreía al ver las lindas flores que aún resistían aquel frío invernal.

El brillo enamorado en los ojos de la joven de dieciocho años no se hizo esperar al vislumbrar que de la facultad de historia salía un joven alto y de cabello castaño. El siempre sonriente semblante de él se notaba un poco preocupado y apresuró el paso pues ella solo estaba cubierta por un sencillo abrigo beige.

―¿Qué haces aquí?, hace mucho frío. ―Se quitó la bufanda azul y la enrolló en el cuello de Nadeshiko―. Deberías estar en casa, te puedes enfermar.

―Pasé por la dulcería de los Li. ―Le entregó la bolsita― .No me pude resistir a las galletas de jengibre.

El joven tomó el regalo y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, acto seguido un lindo sonrojo apareció en las mejillas de la chica al observar que abría el envoltorio y le daba un mordisco a un muñeco decorado con glaseado de colores.

―¡Deliciosas! ―expresó, y guardó el resto de las galletas en su abrigo, tomó la mano de la chica y caminaron hacia la salida de la universidad―. ¿Te parece si nos apresuramos a la casa para preparar un chocolate caliente y disfrutar de las galletas?

Ella asintió gustosa y dio pequeños brinquitos mientras seguía caminando, provocando una carcajada por parte de él; Fujitaka llevó la pequeña mano de Nadeshiko dentro de su abrigo.

―Debes estar congelándote, ¿cuánto tiempo llevas aquí afuera?

―No te preocupes, acabo de llegar ―respondió ella, mientras él la miraba entrecerrando los ojos―. Si no me crees toca mi nariz.

El joven paró su marcha y aprovechando que no había personas a su alrededor se inclinó a su altura y tocó la nariz de la chica con la propia, mientras la miraba fijamente con esos ojos dulces como la miel, Nadeshiko no se esperaba e incrementó el carmín en sus mejillas; tenían poco tiempo de casados, así que sentir el aliento cálido de Fujitaka activaba el revoloteo incesante de mariposas en su vientre. Él cerró los ojos y ella lo siguió y después de mover un poco la cabeza para acariciar la nariz de ella, dejó que sus frentes se tocaran y permanecieron así por unos segundos.

―Está bien, tu nariz no está congelada. ―Abrió los ojos para regalarle un pequeño guiño, que provocó que ella se estremeciera―. Eso fue un escalofrió ―aseguró él―. En definitiva, es necesario un chocolate caliente.

Mientras caminaban por las calles del pequeño pueblo, Nadeshiko observaba las decoraciones navideñas de las tiendas y las guirnaldas que adornaban la calle comercial, todo estaba dispuesto para celebrar una blanca navidad en los próximos días.

―Los adornos de la temporada son muy bonitos ―afirmó la chica al mirar un árbol lleno de luces en el centro de la calle.

―Sí, transmiten mucha calidez.

―Sabes, el abuelo suele ofrecer una fiesta para sus socios todos los años, me gustaba ayudar con los adornos de la mansión ―dijo, ilusionada.

La pareja llegó a la parada del autobús, desde la cual se podía observar la dulcería, donde el joven matrimonio Li estaba entretenido, adornando todo con esferas doradas.

―Debe ser un evento importante dado los negocios de tu abuelo ―aseguró el joven profesor.

―Sí, aunque lo que realmente disfrutaba era compartir el tiempo en familia, entre luces de colores y el olor a pino. ―Miró a su esposo y regresó la mirada a la tienda donde los dueños reían―. Adornaremos la casa y celebraremos una hermosa navidad tú y yo, esta será la primera de muchas, promételo. ―Le mostró su dedo pequeño y Fujitaka selló la promesa.

―Lo prometo, ángel mío.

Al llegar a la casa del recién nombrado matrimonio Kinomoto, Fujitaka se dirigió a la cocina para preparar el tan ansiado chocolate y Nadeshiko se quedó revisando la correspondencia. En su mayoría eran los recibos de los servicios de la casa, por último, encontró un sobre carmesí que tenía escrito su nombre en elegantes letras doradas.

Srita. Nadeshiko Amamiya.

Amamiya Co, se complace en invitarla a la cena navideña que se llevará a cabo en la mansión del presidente.

Esperamos contar con su distinguida presencia para celebrar la felicidad y la unión en un día tan especial.

Código de vestimenta: Etiqueta rigurosa.

Y por último escrito con una caligrafía que la chica reconoció como la de su abuelo se podía leer:

Nadeshiko, aprovecha esta invitación para regresar a casa y pretenderemos que tu capricho de casarte con el profesor Kinomoto solo fue eso; un terrible berrinche. Los abogados ya tienen listo todo para solicitar el divorcio.

Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas, pero las limpió rápidamente, le dolía que su abuelo no entendiera que no era un capricho. No le gustaba que la situación con su familia estuviera en términos tan complicados, aunque no perdía la esperanza de que algún día la unión regresara y juntos celebrar la felicidad, que para eso eran aquellas fiestas.

Pensó en Sounomi y sintió una punzada en el corazón pues más que su prima era como su hermana, estaba segura de que ella tarde o temprano se daría la oportunidad de conocer a Fujitaka y cambiara de opinión.

El esposo salió de la cocina intrigado porque Nadeshiko tardaba en aparecer junto a él.

―¿Y ese sobre?

―No es nada ―musitó ella.

―Si no fuera nada, no estarías tan pensativa, ¿qué pasa? ―indagó, limpiando sus manos en el delantal.

Cuando él comenzaba a caminar en su dirección, ella dejó el sobre entre unos libros y se dirigió a la cocina invitándolo a seguirla, mientras ella lavaba sus manos habló:

―Mi abuelo quiere que asista a la fiesta de navidad en la mansión ―dijo, tratando de no darle importancia.

―!Oh! Ya veo. ―Él removió un poco el chocolate―, deberías ir y pasar un tiempo con tu familia.

―Exacto, debería pasar la navidad con mi familia ―organizó las galletas en un plato.

―Está bien… ―acepto él y sacó un par de tazas de un estante.

―Y por esa razón no iré, porque mi familia eres tú y esa es mi elección, así que nuestros planes no cambian. ―Tomó las tazas de las manos de él y sirvió el chocolate.

―Pero… ―Ella cubrió los labios de él con dos dedos.

―Pero nada, señor Kinomoto, usted y yo tendremos una blanca y amorosa navidad, lo prometimos.

El joven aceptó y tomó la mano de la chica para depositar un pequeño beso en el dorso, y le sonrió tratando de enmascarar un sentimiento de culpa por separar a su ángel de su familia. Para él aquella fecha no era significativa, pero por alguna razón aquel año la quería festejar, quizás era el brillo en los ojos de su esposa o la hermosa sonrisa que adornaba su rostro cada vez que mencionaba el tema o el hecho de que por primera vez sentía que tenía un hogar.

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El día de navidad llegó y la pareja adornó la pequeña casa con un sencillo pino que inundaba la estancia con su aroma delicioso invitándolos a decorarlo con cintas carmesíes, esferas doradas y luces de colores. Todo el ambiente estaba lleno de una agradable calidez a pesar del frio invernal en la ciudad.

El horno anunciaba con un sonido agudo que el pollo con verduras estaba listo, las galletas de la dulcería Li ya estaban en una bandeja junto con unos bastones de caramelo y pequeños bombones de chocolate y la infusión de frutos secos y manzana con canela hervía despidiendo su aroma a navidad, mientras la tarta favorita de Nadeshiko sabor fresas y vainilla estaba esperando dentro del refrigerador.

Cuando todo estuvo servido se sentaron a la mesa y compartieron entre risas un momento de total paz y armonía familiar. Fujitaka nunca había estado en una celebración similar, las navidades anteriores las había pasado solo en su departamento mientras comía onigiris rellenos de las sobras de la semana y estudiaba sus libros, pues no tenía familia con la que compartir aquellas fechas, pero tampoco era algo que le molestara o lo incomodara. Sin embargo, ahora que había compartido con Nadeshiko esa nueva aventura sentía una calidez que lo reconfortaba y lo invitaba a disfrutar de cada instante junto a su ángel.

Hicieron un pequeño intercambio de regalos, él era muy hábil con las labores manuales y le tejió un gorro con orejas de gatito, mientras que ella había hecho una bufanda nueva.

―La tejí para ti ―señaló ella, cuando él sacó la prenda de la bolsa de regalo.

―Muchas gracias, ángel mío. No te hubieras molestado, pero ya tenía una. Aunque no la he visto desde que te la di el día que fuiste a la universidad.

―Así es, tenías una ―dijo con una risita―. Porque ahora es mía y en cuanto pierda tu aroma la intercambiaré por esa ―señaló el regalo.

Fujitaka solo pudo reír por las ocurrencias de Nadeshiko, su esposa disfrutaba tomar prestada su ropa, aunque le quedara enorme asegurando que así siempre lo sentía cerca.

Justo estaban probándose sus regalos cuando escucharon unos toques en la puerta, eso los desconcertó, pues no esperaban a nadie. Fujitaka se apresuró en abrir, era una chica que había llegado en un elegante auto negro y preguntaba por la señorita Nadeshiko Amamiya.

El profesor la hizo pasar y llamó a su esposa, ella al ver a la chica que llamó Kaori se alegró muchísimo y corrió a recibirla con un efusivo abrazo.

―Señorita, me envía su abuelo y la señorita Sounomi, para llevarla de regreso a la mansión.

―Te agradezco Kaori, pero ya me encuentro celebrando con mi familia ―respondió con una linda sonrisa y tomó la mano de su esposo― ¡Que descortés! Te presento a mi marido: el profesor Fujitaka Kinomoto.

El joven hizo una reverencia que la chica contestó.

―Nadeshiko, deberías ir ―dijo Fujitaka ―. La señorita Kaori se ha tomado muchas molestias en venir, no dejes esperando a tu abuelo.

Nadeshiko lo miró y asintió, soltó su mano y caminó en dirección a las escaleras, después de unos minutos regresó con un par de bolsas de regalo que entregó a la chica y se dirigió a la cocina. Al salir traía consigo una bolsa con un moño carmesí que extendió hacia la joven.

―Estas son para ti y para el personal de la mansión ―dijo entregando la bolsita que tenía dulces de la tienda de los Li―. Y esos dos regalos son para mi abuelo y Sounomi. Es algo sencillo, pero está hecho a mano con mucho cariño. ―Tomó las manos de la chica y continuó―: Disculpa las molestias que te hemos hecho pasar, deberías estar festejando con tu familia.

―No se preocupe, señorita. Pero me tiene que acompañar. ―Nadeshiko negó con la cabeza.

―Dile al abuelo y a Sounomi que los queremos mucho y que cuando ellos deseen visitarnos la familia Kinomoto los estará esperando.

La chica hizo una reverencia y se despidió de la pareja, mientras regresaban al comedor Nadeshiko expresó apenada:

―Nos quedamos sin dulces para mañana, ¿crees que podamos ir por más con los Li?

Fujitaka dio un suspiro y negó con la cabeza.

―Nadeshiko, te llevo a tu casa con tu familia ―musitó

―Estoy en mi casa con mi familia.

―Pero… ¿esto es lo que realmente quieres para navidad? ―preguntó, mirando la sencilla decoración y la pequeña cena―. Tu estas acostumbrada a una vida más lujosa.

La joven lo tomó por las mejillas y lo vio directo a los ojos.

―Lo que quiero para navidad es justo esto. ―Se colocó de puntitas y le dio un pequeño beso en los labios.

Fue un roce muy suave, pero que despertó en los dos un sentimiento de paz y un calor en el corazón de ambos como la llama danzarina de una hoguera.

―¿Sentiste la magia? ―susurró ella a pocos centímetros de los labios del joven. Él asintió abriendo poco a poco los ojos―. Ese es el lujo al que quiero estar acostumbrada, ese amor que se siente en este hogar es justo lo que quiero para navidad ―aseguró ella―. Así que nada de caras largas, que te parece comer el pastel de fresas, estoy segura de que está delicioso.

Nadeshiko iba a caminar hacia la cocina cuando Fujitaka la jaló con cuidado de la mano y la rodeo por la cintura en un abrazo tan firme, pero al mismo tiempo dulce. Nunca en su vida se había sentido tan querido, tan importante para alguien. Su corazón latía con tanta fuerza que lo sentía incluso en las yemas de los dedos.

Ella se refugió en su pecho disfrutando del calor de su cuerpo y escuchando el mejor de los sonidos: el corazón enamorado de aquel hombre que estaba segura era su mejor decisión y su verdadero hogar.

Esa fue la primera de muchas navidades en la casa de los Kinomoto, el sobre con la invitación a la cena de Navidad de Amamiya Co. Llegó puntual cada año y la respuesta siempre fueron dulces de aquella tienda china y algo tejido por la chica para su abuelo y su prima.

El año en que nació Touya el sobre dejó de llegar, pero poco importó pues la familia había crecido y cada vez se sentía una mayor calidez. Conforme los años pasaron las navidades se hicieron toda una tradición.

Cuando Touya era un pequeño de dos años, Fujitaka compró un tren de juguete que se convirtió en parte de la decoración del salón de los Kinomoto y en la pieza favorita del pequeño, pues disfrutaba armando las vías por toda la sala, mientras su mamá tocaba alegres villancicos en el piano y su papá se encargaba de las luces y las guirnaldas que adornaban la parte alta de la casa.

Aquella magia de la que solía hablar Nadeshiko se fue incrementando cada navidad que disfrutaban juntos y la familia siguió creciendo, pues una nueva integrante se unió: la pequeña Sakura.

La excursión hacia la tienda de dulces de los Li era todo un evento de cada víspera de navidad. El lugar siempre estaba decorado con hermosos adornos en rojo y dorado y la calidez que se sentía en aquel negocio era muy similar a la que la familia Kinomoto experimentaba en su propio hogar, con la diferencia de que la tienda de los Li siempre olía a chocolate y no a manzana con canela.

La familia Li también creció, ellos tenían un pequeño hijo de la edad de Touya, que siguiendo la tradición de su familia era un apasionado de los dulces. A la corta edad de cinco años ya le ayudaba a su mamá a realizar varios de ellos, en especial los bombones de chocolate, adoraba experimentar rellenos diferentes, desde mochi, té verde, hasta frutos secos.

Justo en vísperas de navidad sonaba la campanilla de la puerta de la tienda, y un alegre niño de cabello castaño recibía a los clientes esperando con ansias la presencia de Touya Kinomoto, porque compartía su gusto por los trenes de juguete, y tenía una hermana que adoraba comer sus experimentos chocolatosos.

Cuando Shaoran tenía ocho años estaba esperando a Touya para mostrarle su nueva adquisición; un tren de juguete que había colocado como decoración y que daba vuelta por los estantes de la tienda, llevando las bolsas de dulces hasta los clientes.

La campanilla sonó y se escuchó la tierna voz de la pequeña de seis años:

―Quiero galletas de nuez, y de jengibre, unos chocolates con almendras y avellanas y bastones de caramelo.

―Solo un monstruo como tu puede comer tanta azúcar ―dijo Touya de ocho años, mientras la despeinaba

―¡Claro que puedo! Y no soy un monstruo ―aseguró la niña, tratando de quitar las manos de él de su cabello.

―El azúcar nunca será suficiente ―apoyó Shaoran desde el mostrador.

―Shaoran, es muy sabio ―afirmó la niña.

―Solo la apoyas porque come tus inventos, que déjame decirte no son tan buenos.

Shaoran iba a contratacar cuando escucharon un silbato y el tren hizo su aparición. Entonces los ojos de Touya se abrieron enormes y señaló emocionado en dirección al juguete, justo la reacción que Shaoran esperaba.

―¡Wow! Increíble ―dijo Touya y los dos niños se enfrascaron en una agradable conversación sobre trenes de juguete.

Mientras los adultos escogían los dulces para comer en navidad y Sakura era llamada por la mamá de Shaoran para que probara la nueva invención de su hijo: bombón de chocolate relleno de pasta de semillas de loto.

Con el tiempo la dulcería fue un camino obligado para la familia Kinomoto no solo en navidad, pues la parada del autobús que iba hacia su casa estaba muy cerca de la tienda. Con frecuencia el profesor Kinomoto se aseguraba de llevar a Sakura suficientes chocolates con rellenos diferentes.

O la misma Sakura al salir de la escuela solía ir en busca de un dulce para disfrutar después de terminar sus deberes. En varias ocasiones llegaba Touya de sorpresa, interrumpiendo la alegre conversación que tenía su hermana con el chino.

Los amigos de Shaoran también eran visitantes constantes de la dulcería y se quedaban charlando con él unos minutos antes de dirigirse a sus casas.

―Yo pensaba que tu papá era el heredero del imperio Li ―dijo el chico de lentes dieciséis años.

―No, papá tiene un hermano mayor ―respondió Shaoran―, si él fuera el heredero ni de broma podríamos estar viviendo tan lejos del clan.

La campanilla sonó y los ojos de Shaoran se dirigieron con apremio a la puerta donde entraban un par de chicas de secundaria, el semblante del joven cambió inmediatamente, sus ojos adquirieron un brillo particular y su sonrisa le dio una expresión tonta.

Al ver la reacción de su amigo, los dos jóvenes que estaban recargados en el mostrador se miraron juguetones.

―¿Entonces esta vez nos acompañarán a celebrar en casa del abuelo? ―preguntó la joven de cabello largo y negro.

―Sí, este será el primer año que compartiremos toda la familia, estoy muy emocionada ―dijo Sakura―. Le tejí un suéter al abuelo y espero que le guste.

―Me alegra que por fin se dieran cuenta de lo genial que es el tío Fujitaka ―sonrió Tomoyo.

―Mamá tenía razón: era solo cuestión de tiempo, me hace muy feliz que hayan hablado.

―Se tardaron mucho, por fin entenderán porque disfruto más el tiempo en tu casa que en la del abuelo, tus papás son tan divinos.

―Su amor es como de película, ojalá yo también tenga la oportunidad de un amor como el de ellos ―respondió Sakura con ilusión en sus ojos verdes.

Shaoran salió de atrás del mostrador para hacer una reverencia.

―Bienvenidas a la dulcería Li ―dijo, mientras sus mejillas adquirían un poco de carmín.

―Ho... la, Shaoran ―contestó Sakura y el sonrojo también se apoderó de ella, al ver al ya no tan pequeño Shaoran, ataviado con su elegante uniforme de la preparatoria.

―Te presento a mi prima, Tomoyo Daidouji. Él es Shaoran Li, experto en bombones de chocolate.

―Un gusto conocerla, señorita Daidouji ―musitó el joven―, pero no soy ningún experto.

―¿El hizo el bombón relleno de té verde que nos llevó tío Fujitaka?―cuestionó Tomoyo.

―Así es ―respondió feliz, Sakura―. Verdad que son deliciosos.

―Exage… ―estaba diciendo Shaoran, cuando un joven se posicionó frente a él.

―Señoritas, un privilegio conocerlas ―interrumpió uno de los amigos de Shaoran―. Mi nombre es Eriol Hiragizawa y él es Takashi Yamasaki ―señaló al otro chico que hizo una reverencia―. Mejores amigos del bombón de chocolate aquí presente ―apuntó con un dedo a Shaoran.

El chino le dio un manotazo, rodó los ojos y negó con la cabeza mientras daba un profundo suspiro, pues temía que ese par ya se había puesto de acuerdo para fastidiarlo.

―Podrían ser tan amables de dejarme atender a los clientes en santa paz ―pidió, tomando los hombros del chico de lentes y quitándolo del camino.

―Solo te estamos ayudando, no seas gruñón― respondió Eriol y tendió la mano hacia la chica de cabello largo― Señorita Daidouji ¿correcto?

La aludida, sonrió traviesa y tomó la mano del galante joven, logrando que Shaoran apretara el puente de su nariz y una risita saliera de la garganta de Takashi.

―¡Perfecto! Me gustaría mostrarle las creaciones de mi amigo, deliciosos dulces realizados con la más alta calidad de cacao mexicano, una variedad muy aromática que le brinda un gusto digno de la alta repostería ―dijo sabiondo, Eriol.

Las chicas dibujaron una "o" perfecta con sus labios, totalmente interesadas en la cátedra del joven.

―Señoritas, sabían que para los pueblos originarios de México el chocolate era el alimento de los dioses. Se podía preparar de una gran variedad de formas y la mayoría de ellas involucraban mezclar agua caliente o tibia con granos de cacao tostados y molidos, maíz y cualquier cantidad de saborizantes como chile, miel, vainilla y una amplia variedad de especias ―continuó Takashi.

Los dos jóvenes guiaron a Tomoyo hasta un aparador donde estaban acomodados varios chocolates perfectamente redondos y apetecibles.

―No tenía idea, aunque con chile debe ser algo muy extraño ―respondió la chica siguiendo a los amigos de Shaoran y dejando a su prima con el joven chocolatero al otro lado de la tienda.

Sakura estaba interesada en el relato sobre todo en la observación que hizo su prima acerca del picante y se dirigió a Shaoran:

―¿Tú has probado el chocolate con chile?

―Nunca, pero no descarto la posibilidad ―respondió Shaoran.

―Terminarás con la lengua adolorida.

―Quizás tenga que comer algo dulce después, como almíbar de cereza. Lo que me recuerda… ―dijo de pronto, y corrió detrás del mostrador para sacar una charola con algunos bombones.

La chica lo siguió interesada, pues esa expresión era la que Shaoran ponía cada vez que tenía un nuevo dulce que quería que ella probara. Él le ofreció los bombones, que en aquella ocasión había decorado con aerógrafo, parecían esferas navideñas.

―¡Qué bonito! ―expresó Sakura

―Come uno ―invitó él.

La chica probó el bombón que explotó en su boca, el sabor amargo del chocolate con alto porcentaje de cacao se mezcló con el dulce del relleno de almíbar de cereza con sake, los sabores hacían una fusión perfecta era como una orquesta en concierto en la que cada músico hacia resaltar su fragmento de la melodía. Sakura tuvo que cerrar los ojos para concentrarse en el delicado retrogusto que perfumó sus papilas gustativas.

―Delicioso ―murmuró aun aturdida por la magia de sabores.

Los ojos de Shaoran se deleitaron al observar a la joven saborear con tanto placer una de sus creaciones, y no pudo más que sonreír al notar que el resultado se vio reflejado en el brillo de la hermosa mirada verde de Sakura. Aquel pequeño instante estuvo lleno de magia para ambos.

Los tres chicos decidieron que ya les habían dado suficiente tiempo a solas y regresaron con ellos.

―¿A nosotros no nos piensas invitar? ―cuestionó Eriol, acercando la mano hasta los dulces.

―Claro que nos invitará, somos sus catadores oficiales ―dijo Yamasaki tomando las solapas de su saco.

―Jamás tendrán ese título ―contratacó Shaoran, y quitó la charola de la trayectoria de la mano de Eriol para dirigirla a Tomoyo―. Señorita Daidouji, ¿gusta uno?

―Claro ―aceptó la chica y comió uno de los bombones, la reacción fue la misma que la de Sakura―. ¡Increíble!, me gustaría ordenar una caja.

―Por supuesto, solo que podrían estar listos hasta la víspera de navidad, estamos un poco saturados de pedidos.

―Ya veo ―comentó desilusionada―, no sé si me dé tiempo de pasar por ellos.

―No te preocupes, Tomoyo, la dulcería es parada obligada para nosotros, de hecho, vengo a encargar mis dulces para ese día ―dijo Sakura con una enorme sonrisa.

Las chicas realizaron algunas compras y el joven chocolatero añadió varios más en la bolsa de Sakura. Mientras que Eriol ayudaba empacando los dulces para Tomoyo. Finalmente, Sakura prometió regresar en vísperas de navidad con toda su familia.

Shaoran y sus amigos las despidieron con una reverencia.

―Takashi, nos tendremos que asegurar de que Shaoran coma algo picante en presencia de Sakura ―informó Eriol

―En definitiva ―aceptó Takashi.

―No entiendo ―Shaoran arqueo una de sus cejas.

―Tú lo dijiste con el picante tu lengua quedará adolorida y deberás contrarrestarlo con la dulzura del almíbar de cereza ―respondió colocando una mano en su hombro―. Una dulce flor de cerezo creo que estaría bien.

―Idiotas ―gruñó, mientras un leve sonrojo se apoderó de sus mejillas y regresó detrás del mostrador para fingir acomodar un par de charolas que claramente estaban en perfecto orden.

―Lo ves, no puedes negar que te gusta ―miró a Yamasaki―. Nuestro cachorro está creciendo.

―Está listo para ser domesticado ―se burló, mientras Shaoran fingía ignorarlos―. Escuché que les gusta regalar detalles hechos a mano, es tu oportunidad, Shaoran. Deberías regalarle un osito de felpa, la leyenda cuenta que, si le pone tu nombre su amor será eterno.

―Tonterías ―dejó de fingir desinterés y se acercó con sus amigos― ¿Quién les dijo que estoy enamorado?

―Eres tan obvio, y te agradecería que lo estuvieras, pues esa chica Tomoyo ¡Que belleza! ―dijo Eriol―. Me gustaría tener un pretexto para seguir viéndola.

―Hablando de eso, podrías dejar de regalar los chocolates a las personas, vi cómo le incluiste más de los que ella pidió.

―El lobo hablando de colmillos, tú hiciste lo mismo con tu dulce cereza.

―Yo los pagaré de mi mesada.

―Entonces paga los míos también ―respondió Eriol y miró a su otro amigo― .Ya te fijaste, Yamasaki. Asegura no estar enamorado, pero nunca negó que la chica es su dulce cereza.

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La noche de víspera de navidad llegó y Shaoran se notaba nervioso, no dejaba de jugar con la libreta de notas de la tienda y cerca de la caja tenía una bolsa de regalo que le quería entregar a alguien muy especial. La campanilla de la dulcería sonó y la voz de los padres del chico lo trajeron a la realidad:

―¡Bienvenidos, felices fiestas! ―dijeron Hien y Ieran al ver entrar a la familia Kinomoto.

―¡Feliz navidad! ―respondió Nadeshiko y Sakura.

―Su pedido los espera en la caja con Shaoran ―indicó Hien.

Los Kinomoto agradecieron no sin antes recorrer la tienda, en caso de que quisieran comprar alguna golosina extra.

Shaoran respiró profundo y miró a Sakura que contemplaba las galletas de jengibre. El chico tomó la bolsa de regalo y una caja de bombones de almíbar de cereza y pidió a su papá que lo sustituyera por unos minutos.

Touya miraba con los brazos cruzados desde la otra esquina de la tienda fingiendo que seguía la conversación con sus padres.

El joven chocolatero se acercó a la chica, pasó una mano sobre su propio cabello y aclaró su garganta.

―Felices fiestas, Sakura ―musitó, nervioso.

Ella volteó en su dirección y quedó prendada del brillo que se reflejaba en sus ojos color ámbar gracias a las luces de colores del árbol de navidad.

―También… para… ti ―respondió, mientras jugaba con los flecos de su bufanda verde e inclinaba un poco la mirada, porque notó que sus mejillas se calentaban.

―¿Podemos hablar un momento? ―pidió él.

―Claro.

Caminaron fuera de la tienda, donde caía una ligera nevada, mientras dentro los ojos de Touya los observaban sin perder detalle.

―Si las miradas mataran, el pobre Shaoran ya estaría acribillado. Déjalos, Touya, son tan lindos ―dijo Nadeshiko―. Además, no puedes negar que lo aprecias desde que eran pequeños.

―Más le vale mantener sus manos lejos del monstruo ―refunfuñó.

Afuera los chicos estaban parados uno frente al otro, temblando por el frío y por los nervios.

―Sakura, te hice un detalle para desearte feliz navidad ―entregó la bolsa de regalo junto con la caja de bombones.

―Gracias, Shaoran, no te hubieras molestado. Seguro tenías muchas cosas que hacer con los deberes de la escuela y los pedidos de la dulcería ―el sonrojo la iba invadiendo mientras hablaba―. ¿Puedo abrirlo?

―Por supuesto ―respondió él, y trató de guardar la imagen de ella en su memoria, sus mejillas sonrojadas y sus ojos reflejando las luces navideñas.

Ella sacó de la bolsa un osito de felpa hecho totalmente a mano y que al tacto daban ganas de abrazarlo pues era tan suave como una nube.

―¡Es hermoso! ―dijo con una gran sonrisa, rodeando con sus brazos al muñeco―, y tan blandito que me dan ganas de abrazarlo por siempre. Pero yo no te traje ningún regalo ―comentó, angustiada.

―No te preocupes, con tu sonrisa tengo suficiente ―sus labios hablaron sin filtro y cuando se dio cuenta de lo que acababa de expresar, el sonrojo fue monumental y trató de cubrirse con sus manos.

Sakura interpretó ese movimiento como que el joven tenía frío, así que se quitó la bufanda y la colocó en el cuello de él.

―Así ya no tendrás frío ―enrollo la prenda alrededor del cuello del chico―, acepta esta bufanda, la hice yo misma y me haría muy feliz que tú la tuvieras.

―Gra.. gracias, Sakura ―inspiró profundamente para embriagarse del delicado aroma a flores que caracterizaba a la chica.

La familia Kinomoto salió de la dulcería y el sonido de la puerta los regresó a la realidad.

―Vámonos, monstruo ―ordenó Touya

―Sí, gracias por el osito. ¿Lo puedo nombrar, Shaoran? ―preguntó la chica.

―Como tú quieras ―respondió Shaoran, tratando de no mostrar la emoción que se manifestó como mariposas revoloteando en su estómago.

Touya se acercó impaciente hasta la pareja, y miró a Shaoran con desafío.

―Ni creas que estás aprobado, quizás mis padres sean fáciles de convencer, pero no pasa lo mismo conmigo ―amenazó―, al menos sé que eres lento o tonto, porque la tuviste debajo del muérdago y solo te comportaste como baboso.

―Touya, deja de insultar a Shaoran ―defendió Sakura―. Discúlpalo, a veces dice muchas sandeces.

―No pasa nada, entiendo su preocupación ―dijo mirando a Touya―. Espero que con el tiempo cambie tu percepción.

Ambos chicos se observaron detenidamente, Shaoran no se dejó intimidar por la mirada asesina de su celoso amigo.

―Chicos, vamos o llegaremos tarde con su abuelo ―llamó Fujitaka―. Felices fiestas, Shaoran.

―Felices fiestas para ustedes también ―respondió el chico y se despidió de la familia Kinomoto.

Se quedó afuera de la tienda hasta que los vio partir en su auto, la nevada comenzó a incrementarse y tapó su boca y nariz con la bufanda de Sakura, aspirando nuevamente el delicioso aroma y finalmente entró con una gran sonrisa en la dulcería.

Esa fue la última visita de la familia Kinomoto a la tienda de dulces de los Li.

Las carreteras estaban totalmente nevadas y los autos debían cambiar sus neumáticos por unos especiales para la nieve, la familia Kinomoto siguiendo las reglas lo hizo desde que cayó el primer copo de nieve en Tomoeda, pero siempre existían personas que no siguen las medidas de seguridad. Desafortunadamente en el camino rumbo a la mansión Amamiya un auto descontrolado patinó en el pavimento y colisionó contra el vehículo de los Kinomoto.

Fujitaka recibió varios golpes; pero afortunadamente no perdió la conciencia, aunque el dolor era insoportable, y la sangre no dejaba de brotar. Decidió ignorarlo, pues necesitaba saber que su familia se encontraba bien.

Miró a su esposa que se encontraba consciente, pero había recibido el impacto del automóvil, después su mirada se dirigió a sus hijos. Quitó su cinturón de seguridad y confirmó que solo estaban inconscientes y algo golpeados, el osito de felpa descansaba cerca de la frente de Sakura por lo visto había evitado un golpe mayor en la cabeza de la chica, pero la peor parte se la había llevado Nadeshiko.

Fujitaka tomó la mano de Nadeshiko y le aseguro que sus hijos estaban bien, solo desmayados, una sonrisa de tranquilidad se dibujó en sus pálidos labios y habló casi en un susurro:

―Sé que no te puedo pedir que no estés triste ―dijo con dificultad―, porque sin duda yo lo estaría. Por favor toma tu tiempo para desahogar toda esa tristeza y después regresa a tu bella sonrisa, mi amor.

―No te despidas, Nadeshiko ―suplicó Fujitaka

―Cuida de ellos.

―Con mi vida.

―Siempre estaré con ustedes ―prometió apretando casi sin fuerzas la mano de Fujitaka―. Los amo.

―Te amo, mi ángel.

―Prométeme que estarán bien ―le mostró su dedo meñique, una lágrima corrió por la mejilla de Fujitaka.

―Lo prometo ―susurro.

Sus miradas conectaron por última vez y sin palabras se dijeron cuanto se amaban, en ese momento la luz se apagó los ojos de Nadeshiko y con las pocas fuerzas que le quedaban a él, la estrecho entre sus brazos y miró a sus hijos. «Estaremos bien», prometió. Y mientras escuchaba el sonido de las sirenas de emergencia las lágrimas se agolparon en sus ojos; sintiendo el dolor lacerante de su corazón al fragmentarse en mil pedazos hasta que no pudo más y se abandonó al desmayo.

En cuanto a la familia Li, el día de navidad tuvo que cerrar la dulcería y viajar de urgencia a su natal China, pues el hermano mayor de Hien, había tenido un infarto fulminante y el siguiente en la línea de sucesión era el padre de Shaoran, debido a que su hermano solo tuvo descendencia femenina y las reglas del clan dictaban desde tiempos inmemoriales que la herencia solo se transmitía a los hijos varones. Así fue como tuvieron que dejar atrás sus sueños en Japón y tomar el mando de los negocios de los Li

La vida de Sakura y Shaoran dio un giro de ciento ochenta grados, cuando la calma llegó tras aquella injusta tormenta, Fujitaka quiso endulzar la vida de sus hijos un poco y los llevó a la tienda de los Li, solo para encontrar que el local estaba en renta.

La siguiente navidad llegó y decidieron asistir a la mansión Amamiya por insistencia del abuelo y Sounomi, pero no se sintieron cómodos entre tanto lujo, pues faltaba aquel calor de hogar y decidieron despedirse temprano. Al llegar a la casa de los Kinomoto compartieron como aquellos días en los que su madre aún estaba con ellos, trataron de que aquella magia que siempre sentían no se fuera de sus corazones y recordaron anécdotas divertidas.

Poco después de medianoche, cuando ya disponían irse a dormir, unos toques se escucharon en la puerta y al abrir descubrieron a su abuelo y Sounomi. Al final terminaron reunidos cerca de la foto de Nadeshiko y aunque fue una navidad un tanto nostálgica, todos se esforzaron por recordar evocar los mejores recuerdos y las sonrisas sinceras llenaron de calidez aquellos momentos.

Los años siguieron pasando, Sakura no supo nada de Shaoran, en alguna ocasión coincidió con sus amigos y preguntó por él, Eriol respondió que había regresado a China, pero después de algunos meses le perdió la pista.

El osito de felpa siempre la acompañó, incluso los primeros años dormía con él para recordar los momentos que se encontraba reunida con todos sus seres queridos. Shaoran de felpa adornaba el árbol de navidad todos los años y al verlo no podía evitar sonreír con nostalgia.

―Espero que te encuentres bien y algún día podamos coincidir de nuevo ―decía Sakura cada vez que dejaba al osito sentado en el pino.

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Diez años después de aquella víspera de navidad, un hombre chino de veintiséis años abría una chocolatería en la calle comercial de Tomoeda, el negocio llevaba solo un par de días abierto, y el dueño tenía la esperanza de encontrar de nuevo a aquella joven que movió su mundo en aquellos días que recordaba con una sonrisa, pedía a los dioses que aun estuviera a tiempo.

―Meiling, debo encargarme de unas compras, ¿puedes atender a los clientes? ―pidió el joven, mientras se quitaba su gafete y lo dejaba sobre el mostrador y después colocaba una bufanda verde en su cuello, tratando de buscar el aroma a flores que ya se había desvanecido desde hace mucho tiempo y que lo reconfortó cuando tuvo que marcharse a China.

Durante todos esos años tuvo que pasar por un sin número de estudios, pruebas, y reglas antiquísimas que lo posicionaban como el próximo líder del clan. Afortunadamente después de muchas audiencias y apelaciones con el consejo de ancianos, su padre y él lograron que Meiling, la hija de su tío fallecido tomara el próximo liderazgo tal como le correspondía.

―Claro, Xiaolang ―respondió una hermosa mujer de cabello negro.

A los oídos de Sakura llegó la noticia de que una tienda había sido inaugurada en la calle comercial, y se llamaba "Chocolatería Li". Inmediatamente su corazón dio un vuelco al recordar a su amigo de la infancia y decidió ir lo antes posible, como aquel día su horario en la tienda departamental comenzaba en el turno de la tarde, aprovecharía disipar sus dudas.

La campanilla sonó y el olor a chocolate inundó sus fosas nasales transportándola a las vivencias de su infancia, las comisuras de sus labios tiraron hacia arriba y en sus ojos brilló la esperanza.

―Bienvenida a la chocolatería Li ―dijo Meiling, haciendo una reverencia.

La decoración navideña estaba presente y un tren de juguete daba vueltas por los estantes, silbando y produciendo un poco de vapor, entonces Sakura lo confirmó, en definitiva, ahí debería estar Shaoran, su Shaoran.

―Buen día ―saludó ilusionada.

Sakura miró a la joven ante sus ojos, era muy bella y en la solapa de su filipina se encontraba su nombre: Meiling Li.

El corazón de Sakura sintió una punzada de dolor, sí, él había regresado, pero al parecer ahora se encontraba casado y ella era su nueva familia.

―Gustas que te indique los rellenos de los bombones ―dijo la joven.

―¿Tienes de almíbar de cerezas y sake? ―pregunto tímida, Sakura.

―No, disculpa. Ese relleno no lo manejamos, pero te puedo ofrecer de té verde, de café, de semillas de loto, de fresa ―señaló Meiling

―Llevaré uno de cada uno, por favor ―musitó

―Claro.

―Solo tu atiendes la chocolatería ―se atrevió a preguntar Sakura.

―No, que va, yo solo estoy ayudando a mi querido Xiaolang ―le mostró el gafete del chico―. Él es el genio detrás de todo esto.

―¡Oh! Ya veo ―leyó con detenimiento el nombre que tanto ansiaba.

―Sí, es un hombre muy inteligente y guapo ―una risita la invadió―. Lo quiero mucho, llegó en el momento adecuado a mi vida. Tiene un corazón de oro.

―Eres afortunada ―musitó Sakura.

―Mucho ―afirmó Meiling.

Sakura sacó su cartera y entregó el dinero para pagar los chocolates mientras Meiling los empacaba en una linda caja navideña.

Las manos de Sakura tomaron vida propia y llevó las yemas de sus dedos hasta los caracteres que conformaban el nombre de Shaoran en el gafete que estaba frente a ella y un suspiro salió de su boca.

―Gracias por tu compra, esperamos que lo disfrutes y que tengas felices fiestas ―dijo Meiling, trayéndola a la realidad

―Feliz navidad ―respondió y salió cabizbaja.

Sakura se alegraba de que Shaoran hubiera regresado y que hubiera encontrado a su persona especial, aunque su corazón le dolía al pensar en ello. Debía aprender a vivir con ese dolor, estaba segura de que pasaría al final él solo era un amor de infancia.

Comió uno de los bombones de chocolate; el sabor no había cambiado en absoluto, era totalmente delicioso y la hacía recordar aquellos tiempos de vísperas de navidad cuando todos estaban juntos y no podían faltar las excursiones a la dulcería. El corazón se le contrajo y una lágrima corrió por su mejilla.

Unos minutos después Shaoran regresó a la chocolatería con el ceño fruncido y cara de pocos amigos.

―Había olvidado la locura de las calles por vísperas de navidad ―dijo acercándose a Meiling― ¿Tuviste algún problema?

―Para nada, vino una chica muy linda, preguntando por un relleno de almíbar de cereza con sake.

Los ojos del joven se abrieron enormes y una gran sonrisa se dibujó en su semblante.

―¿Cómo era? ―cuestionó con apremio.

―Un poco más bajita que yo ―Señalo con las manos―, delgada, cabello castaño y unos ojos verdes muy expresivos y algo distraída, porque olvidó su cartera ―dijo mostrándole el artículo a Shaoran ―. Espero que regrese pronto por ella.

La sonrisa se amplió aún más en el rostro del chico, arrebató el objeto de las manos de su prima y la abrió con desespero.

―Es de mala educación hacer eso, Xiaolang ―regañó Meiling.

Shaoran la ignoró y Meiling lo observó intrigada alzando una ceja, pues su primo jamás actuaba de manera tan impulsiva. Entonces él encontró la identificación de la chica y justamente era Sakura, su Sakura, la joven en la que no pudo dejar de pensar y por la que decidió regresar a Tomoeda, enseguida comprobó que, su apellido aún era Kinomoto, lo que indicaba que no estaba casada. La sonrisa se hizo aún más grande en su rostro.

―Mei, encárgate de atender a los clientes, tengo algo que hacer ―dijo, dirigiéndose a la cocina del negocio―. Hoy cerraremos temprano.

Shaoran estuvo concentrado como nunca, midiendo con detenimiento cada ingrediente, pues no había vuelto a realizar sus chocolates con almíbar de cereza y sake, si bien le recordaban a la chica, también le recordaban que tuvo que cambiar su vida y dejar parte de su corazón en Japón.

―Por lo que veo ella es muy especial ―aseguró Meiling entrando al área de trabajo de la dulcería, mientras ordenaba una charola con bombones de chocolate rellenos de avellana.

―Mucho ―respondió él.

―¿Es la razón por la que decidiste que la chocolatería estuviera en este pueblo y no en Tokio?

―¿Tan transparente soy?

―Como las aguas del río Líjiāng

Shaoran le contó sobre su infancia y las visitas de la familia Kinomoto a la dulcería de sus padres en vísperas de navidad, lo tonto que se sintió al llegar a China y no tener manera de comunicarse con ella porque nunca le pidió su teléfono o su dirección, siempre pensó que la tienda los uniría.

Meiling escuchaba atenta y repasaba el comportamiento que había tenido Sakura y cómo cambió su semblante cuando ella le habló de Shaoran, entonces cayó en cuenta, la joven japonesa había pensado que Meiling era la esposa del chico porque compartían en mismo apellido.

―Te acompañaré a su casa ―informó Meiling.

―Mei, me gustaría hablar con ella a solas ―objetó él.

―No te preocupes, no estorbaré y me sirve para conocer este pueblito pintoresco.

Una vez listos los bombones los decoró como aquella vez como si fueran esferas doradas. Meiling probó uno y no pudo reprimir un gemido de placer al sentir como se derretía aquella mezcla de sabores y la sensación de mágica calidez invadía su corazón. Deseo conocer algún día a un chico que le transmitiera tantos sentimientos con un solo detalle.

Finalmente, los primos cerraron la chocolatería y fueron hasta la dirección que estaba marcada en la identificación de Sakura, era una casa amarilla de dos pisos.

Shaoran dio dos toques en la puerta y unos minutos después los recibió el profesor Kinomoto.

―Buenas tardes ―musitó Shaoran.

―¿Shaoran Li? ―preguntó Fujitaka.

―Sí ―respondió el chino e hizo una reverencia ―Es un gusto saludarlo, profesor Kinomoto.

―Eres idéntico a tu padre, Sakura se alegrará mucho de verte ―una sonrisa cálida se dibujó en el rostro del hombre mayor―. Pasen, que gusto conocerla señorita…

―Meiling, soy la prima de Xiaolang ―se adentró en la casa ―. ¡Dioses, huele delicioso!

―Estoy preparando la cena ―dijo Fujitaka.

―Señor Kinomoto no queremos ser inoportunos, creo que es mejor que regrese en otro momento ―agregó Shaoran, un poco apenado.

Fujitaka negó con la cabeza y lo invitó a quitarse los zapatos y cambiarlos por unas cómodas pantuflas.

―Shaoran, Meiling, aceptarían pasar la navidad con nosotros, claro si no tienen otros planes― pidió Fujitaka.

―Aceptamos ―dijo Meiling, quitándose el abrigo y subiendo las mangas de su suéter―. Le ayudamos con la cena.

―Meiling, no seas confianzuda ―regañó el chino.

―Para nada Shaoran, tu prima es una chica de lo más agradable ―rió Fujitaka―. Estas fechas están diseñadas para compartir y que ustedes estén aquí nos alegra muchísimo.

Meiling terminó de empujar a Shaoran dentro de la casa. Entonces el corazón de Shaoran se llenó de calidez, pues al dar un vistazo al árbol de navidad se encontró con el oso de felpa sentado cómodamente sobre un par de ramas. Mientras que un tren muy parecido al de su tienda daba vueltas a los pies del árbol, sin duda la esencia de los hermanos Kinomoto estaba presente.

Entonces los tres comenzaron a preparar la cena, conversaron acerca de los acontecimientos de los años que pasaron, el chico se lamentó por la muerte de la madre de Sakura y Fujitaka comprendió porque cerraron la dulcería de forma tan precipitada. Meiling entendió porque a su primo le gustaba tanto Tomoeda, y aquella familia pues el calor de hogar estaba presente, era una sensación que llenaba el corazón como el sabor del bombón de almíbar de cerezas con sake.

La noche cayó y el aroma de la cena inundó la casa de los Kinomoto por completo, entonces escucharon la puerta de la entrada abrirse.

―Llegué papá, huele delicioso. Me hubieras esperado para cocinar.

―Tuve ayuda ―respondió Fujitaka desde la cocina y miro al chino―. Ve, Shaoran, ella se alegrará de verte.

―Señor Kinomoto…

―Ve o le daré la razón a Touya, recuerdo que decía que eras muy lento ―dijo Fujitaka con una gran sonrisa.

―Ese Touya ya me cayó bien, yo opino lo mismo, mi primo es muy lento ―confirmó Meiling, colocando en las manos de Shaoran la caja de chocolates rellenos de almíbar de cereza―. Lleva esto.

Shaoran salió de la cocina para encontrarse con Sakura, la conexión de sus miradas inmediatamente los transportó a sus épocas de adolescencia, a esa última víspera de navidad donde ambos estaban nerviosos y las mariposas no dejaban de revolotear en sus estómagos.

El brillo que se reflejaba en los ojos de los dos gracias a la iluminación de navidad era idéntico al de aquellos tiempos. Shaoran, metió la mano a la bolsa de su pantalón y saco la cartera de Sakura.

―Sak… ―aclaró su garganta―. Sakura. Dejaste esto en la chocolatería.

―Shaoran…

Ella no podía creer que él estuviera frente a sus ojos, era aún más guapo de como lo recordaba y su voz era más grave.

―Gra…cias ―tomó la cartera de las manos del chico.

―Te traje los bombones con relleno de almíbar de cereza y sake que fuiste a buscar. ―Entregó la caja, ella la recibió y las mejillas de ambos se arrebolaron como si fueran adolescentes.

―No te hubieras molestado ―dijo Sakura y entonces recordó a la chica que la atendió y bajo la mirada ―. Tuve la oportunidad de conocer a tu espo…

―Prima ―interrumpió Meiling saliendo de la cocina―. Soy su prima por eso tenemos el mismo apellido. Lamento el malentendido.

Sakura subió la mirada a la de Shaoran que quedó deslumbrado por el brillo en aquellos ojos verdes. La joven era aún más bella de como la recordaba, ambos sonrieron tantos años separados por fin tenían su recompensa y justo en un día tan especial y que representaba tanto para ellos.

―Conservaste el oso ―dijo Shaoran mirando el árbol de navidad.

―Ese Shaoran blandito ha sido mi compañero desde aquel día.

―Yo siempre me refugio en tu bufanda ―señaló el sillón donde había dejado la prenda junto con su abrigo y guantes―. No importa que tan frío sea el invierno siempre logra transmitirme calidez.

―Te extrañe ―dijo ella.

―Y yo a ti ―respondió él―. Esta vez ya no me iré.

―¿De verdad?

―Sí.

Shaoran no pudo más y sin importarle que tuviera público encerró a Sakura entre sus brazos, logrando sorprender a la chica y que un pequeño gritito se escapara de sus labios, pero de inmediato lo rodeo respondiendo a su contacto y ambos cerraron los ojos, disfrutando de la magia del ambiente, pues todo estaba dispuesto para hacerlos sentir en el lugar correcto, con la persona correcta, después de tantos años.

En ese momento la puerta se abrió; eran Tomoyo que venía seguida de Touya quien cargaba una caja de pastel, la chica de inmediato se emocionó al ver a Shaoran con Sakura, perdidos en su mundo. Pues ella era consciente de que su prima extrañaba mucho al chico de la dulcería.

Tomoyo adelantándose a todo colocó sus manos en la boca de Touya . El recién llegado al ver lo que sucedía comenzó a forcejear con su prima para liberarse y no tirar el postre.

El hermano de Sakura miró en dirección a la puerta de la cocina donde estaban Fujitaka y una chica que no reconoció pero que llamó su atención, la mirada intensa de Touya hizo que Meiling lo viera directo a los ojos y la conexión fue extraña, ambos se sintieron intrigados. Meiling le dedicó una sonrisa de medio lado y Touya dio un pequeño asentimiento de cabeza y después regresó al tema que le interesaba. Pasó el pastel a una de sus manos, se deshizo de las de Tomoyo y carraspeó, sacando al par de chicos abrazados de su ensoñación.

―Cuantas veces te tengo que recordar que alejes tus manos del monstruo ―dijo a modo de saludo.

―Touya ―Shaoran se acercó e intercambiaron un apretón de manos―. Señorita Daidouji, tanto tiempo.

―Joven Li, que maravillosa sorpresa ―saludó y miró a Sakura indicándole que le tenía que contar todo con lujo de detalle.

El profesor Kinomoto les dio la bienvenida a todos y juntos pusieron la mesa para compartir en aquella navidad.

Ya estando en la mesa Sakura y Shaoran no podían dejar de hablar de todo lo que les había sucedido en aquellos años. Él le dio el pésame por la muerte de su madre, pero Sakura tan esperanzadora como siempre le respondió que su madre no estaba físicamente con ellos, pero jamás los había dejado solos.

Shaoran estaba dispuesto a no perder más el tiempo así que aprovechó la oportunidad para pedirle una cita a Sakura que ella aceptó gustosa, pero Touya en su afán de hermano sobre protector propuso una cita doble con Meiling, algo que le hizo mucha gracia a la chica y accedió sin dudarlo. Entonces Tomoyo les informó que sería triple porque en sus clases de maestría había coincidido con Eriol y estaban saliendo.

Todos los chicos estaban muy divertidos mientras Fujitaka veía a toda la familia convivir alegre, desvió la mirada a la foto de Nadeshiko.

Se escucharon unos toques en la puerta y como cada año, después de atender a los invitados de la reunión de Navidad, el abuelo Masaki y Sounomi departían con la familia Kinomoto.

―Esta es la magia de la que me hablabas en cada navidad ―dijo bajito Fujitaka pasando las yemas de sus dedos por la foto de Nadeshiko.

Un ángel que los observaba dio un pequeño beso en la mejilla a su esposo, él sintió la cálida caricia que conocía a la perfección, porque como bien lo había dicho Sakura su mamá solo estaba ausente físicamente, porque se mantenía presente y más viva que nunca en el corazón de cada uno de ellos.

―Esto es lo que quiero en navidad ―respondió Nadeshiko en un susurro que llegó al corazón de todos los presentes ―. Los amo.

FIN

NA:

¡Felices fiestas, lindos lectores! Espero que hayan tenido una Navidad mágica en compañía de sus seres queridos. Les mando un fuerte abrazo. Y espero que hayan disfrutado de este pequeño relato escrito con mucho cariño.

Mil millones de gracias a Cherry Feather´s por organizar esta colaboración tan linda y mi eterno agradecimiento CherryLeeUp sensei, por sus correcciones y tanto aprendizaje. Y por supuesto a todo el grupo de escritoras de este proyecto, ¡abrazos niñas!

¡Me despido deseándoles un 2022 lleno de éxito! Cuídense mucho y nos leemos pronto

Rozyoh.