Cuando menos te lo esperas
Sakura suspiró, mirando a su alrededor.
Era Nochebuena, pero aquel año no tenía nada que celebrar. No iba a ir a Tomoeda porque su padre estaba trabajando en una excavación en Egipto. Su hermano mayor había decidido mudarse a Australia el año anterior tras terminar la especialidad en neumología para vivir con su novio, que era cardiólogo en uno de los hospitales de Sidney.
Ese mes de diciembre estaba completamente sola y lo odiaba. Incluso Tomoyo se había ido de viaje con su madre a París, donde iban a presentar la tercera colección de vestidos diseñados por ella.
A esas horas de la tarde la oficina estaba completamente desierta. Todos se habían marchado para preparar las cenas familiares, pero ella había decidido quedarse y adelantar algo de trabajo. Desvió la mirada hacia el reloj que había en la pared, suspirando al ver que ya eran casi las cinco.
Hora de marcharse y pensar en lo que podía comprar para cenar.
Apagó la lámpara de su mesa y ordenó todas las carpetas, colocándolas a un lado. No volvería a la oficina hasta el lunes y todos los informes que su jefa Kaho le había pedido estaban preparados.
Se levantó, poniéndose el abrigo y guardando su teléfono en el bolso. Iba caminando por uno de los pasillos en dirección a los ascensores cuando vio luz bajo una de las puertas.
Sakura frunció el ceño. Aquel era el despacho de uno de sus supervisores, Syaoran Li. Era un hombre serio que parecía estar siempre enfadado, aunque nunca le había escuchado levantar la voz o criticar a alguno de los trabajadores.
¿Qué hacía allí todavía? ¿Por qué no se había ido igual que los demás?
Se detuvo justo delante de la puerta, mordiéndose el labio inferior.
¿Y si había algún problema y él estaba intentando resolverlo? Tal vez ella podría ayudarlo a terminar antes y que pudiera marcharse a casa para estar con su familia.
Sacudió la cabeza, encerrando en un rincón de su mente a esa vocecita que le decía que era mejor no molestar, y dio dos golpes suaves en la puerta.
Escuchó unos pasos y, pocos segundos después, la puerta se abrió. Sakura levantó la vista para mirarlo a los ojos. Li era mucho más alto que ella y bastante intimidante.
Sintió que le temblaban las manos cuando sus ojos ámbar la observaron con desconfianza. Li frunció el ceño, abriendo un poco más la puerta.
—¿Qué haces todavía aquí?
Sakura cerró los puños al escuchar su voz malhumorada, maldiciéndose internamente. Debería haber pasado de largo.
—Solo quería saber si necesitabas ayuda, pero ya veo que prefieres estar solo —contestó entre dientes, entrecerrando los ojos y dando un paso atrás.
El rostro de Li se suavizó.
—Perdona, yo… eso ha sonado un poco borde. Me refería a que deberías estar en casa desde hace más de una hora.
Sakura volvió a mirarlo, encogiéndose de hombros.
—No hay nadie esperándome allí, así que me he quedado para terminar los informes de Kaho.
—¿Los has hecho todos?
—Sí.
Li alzó ambas cejas, sorprendido. Abrió la puerta de su despacho por completo y Sakura vio una tetera sobre su mesa.
—Acabo de preparar un poco de té. ¿Quieres una taza antes de marcharte?
Sakura se mordió el interior de la mejilla, dudando. Aquella era la conversación más larga que había tenido hasta ese momento con Li, y ya llevaba algo más de un año trabajando allí.
Seguramente no era mala idea intentar llevarse bien con alguien de la oficina, aunque fuera una de las personas de más nerviosa la ponía. Y el chico más guapo de todo el edificio.
—Está bien.
Li dio dos pasos hacia un lado, extendiendo un brazo para indicarle que podía pasar. Sakura entró en el despacho, recorriendo las paredes con la mirada. Su título de abogado estaba colgado en la derecha, junto a otro título de máster. Había un par de fotos en la estantería, decenas de archivadores y una pequeña planta.
Sakura sonrió al ver una espada colgada tras su mesa, en el centro de la pared.
—Apuesto a que eso intimida a los posibles clientes —comentó, señalándola mientras sonreía.
Li rodeó la mesa y se sentó en su silla negra.
—La escondo cuando alguno viene —respondió, dedicándole una pequeña sonrisa.
Sakura pensó que era la primera vez que lo veía sonreír mientras se sentaba frente a él.
—¿Está afilada?
—Sí, es una reliquia familiar y vino conmigo cuando me mudé a Japón.
Ella asintió, volviendo a mirar la espada un momento. Tenía algo que le llamaba mucho la atención, pero no sabía definir lo que era.
Li sirvió el té en dos tazas, ofreciéndole una a ella.
—Eres una de las personas más eficientes en esta oficina, Sakura. Ayer estuve hablando con Kaho y vamos a ofrecerte un puesto fijo.
Sakura sintió que el corazón le retumbaba en los oídos. Cogió la taza y se la acercó a la nariz, disfrutando del aroma afrutado del té.
—¿De verdad? ¿Y qué tendría que hacer?
—Estarás un mes a prueba. Vendrás conmigo a los juicios y, si todo va bien, muy pronto podrás empezar a ejercer de abogada y te darán un despacho como este.
Sakura no pudo evitar sonreír. Ese había sido su sueño desde que terminó la carrera, pero nunca pensó que se cumpliría tan pronto.
—¿Crees que estoy preparada? —preguntó en voz baja, dejando la taza en la mesa tras beber un sorbo.
Li la observó un momento en silencio y Sakura sintió que se sonrojaba ante la intensidad de su mirada.
—Lo creo. Todo irá bien, no te preocupes —dijo, asintiendo en su dirección.
Sakura volvió a sonreír.
—Gracias por esta oportunidad, Li.
—Ahora que vamos a ser compañeros, creo que deberías empezar a llamarme Syaoran —comentó él, correspondiendo a su sonrisa.
Sakura se rio suavemente, volviendo a coger su taza.
—Gracias por esta oportunidad, Syaoran.
—Te la has ganado.
Sakura bajó la mirada, fijándola en el líquido rojizo. No podía evitar ponerse nerviosa cuando Syaoran estaba cerca, y estar con él a solas en su oficina era muy extraño. Nadie entraba allí, tan solo los posibles clientes que él recibía.
—¿Y tú por qué estás aún aquí, Syaoran? ¿No deberías estar con tu familia?
Syaoran apoyó su espalda en la silla, suspirando.
—Toda mi familia está en Hong Kong. Yo tampoco tengo a nadie esperándome en casa.
Ella frunció el ceño y sus ojos descendieron hasta su mano derecha. Él siguió su mirada y levantó la mano, mostrándole el anillo plateado que llevaba en uno de los dedos.
—También pertenece a mi familia. Todos los Li reciben un anillo como este cuando cumplen dieciocho años.
Sakura contempló el anillo unos segundos con atención. Tenía algo grabado en chino que no podía entender.
—Yo… pensé que… —empezó, sacudiendo la cabeza y desviando la mirada.
—¿Que estaba casado? —contestó Syaoran, riendo entre dientes.
Sakura volvió a sentir calor en las mejillas. Aquello era muy vergonzoso.
—No importa. No eres la primera que lo piensa y seguramente no serás la última —añadió él, encogiéndose de hombros.
Ella volvió a mirarlo a los ojos, decidiendo cambiar de tema.
—¿Entonces vas a pasar la noche solo?
—Sí.
Sakura apretó los labios, no muy segura de si era buena idea. Pero imaginarlo solo le provocaba un nudo en el estómago y, si ella estaba sola también… ¿Por qué no? Era navidad, el mejor momento para ser amable con los demás… y más si esa persona era tan fascinante como Syaoran Li.
—Podrías venir a mi casa, voy a preparar una cena y… no, no he dicho nada —murmuró ella, sacudiendo la cabeza al ver su cara de sorpresa.
Syaoran pestañeó varias veces, arqueando las cejas.
—¿Me estás invitando a cenar en tu casa? ¿Y qué pensará tu novio?
Sakura resopló, bebiendo lo que le quedaba de té de un trago.
—No tengo novio. Ha sido mala idea, sé que no es apropiado. Mejor me voy.
Iba a incorporarse cuando la voz de Syaoran la detuvo.
—Me gustaría pasar esta Nochebuena contigo, Sakura.
Giró la cabeza, sorprendida.
—¿Lo dices en serio?
—¿Por qué no? —añadió él, encogiéndose de hombros.
Exactamente lo que había pensado ella. Sakura juntó sus manos, intentando ocultar su nerviosismo.
—Vale.
Syaoran se levantó, abriendo uno de los cajones de su escritorio y guardando las tres carpetas que había sobre su mesa.
—Si tú vas a cocinar, yo compraré la comida —dijo, acercándose al perchero para coger su abrigo.
Sakura frunció el ceño.
—La idea ha sido mía, Syaoran. Vas a ser mi invitado.
Él dio unos pasos hacia ella con una sonrisa torcida en los labios.
—Entonces tendré que invitarte yo otro día a cambio.
Sakura sonrió, sintiendo que los latidos de su corazón se aceleraban. Iba a pasar la tarde con él y la iba a invitar a su apartamento en otra ocasión. Aquello no parecía real.
—Eso puedo aceptarlo.
Syaoran sacudió suavemente la cabeza, poniendo los ojos en blanco mientras abría la puerta. Dejó pasar a Sakura primero y los dos caminaron hacia el final del pasillo, donde estaban los ascensores.
Cuando entraron en uno, ella levantó la mirada y observó su perfil. Tenía hombros anchos y un cuerpo atlético, como si practicara algún deporte. Sus ojos marrones brillaban tanto que parecían ser de color ámbar y estaban enmarcados por largas pestañas. Su mandíbula era afilada y tenía una nariz perfecta, recta y algo respingona.
Pero lo que más le llamaba la atención era su pelo, un par de tonos más oscuro que sus ojos y de aspecto rebelde. Daba la impresión de que no se había peinado, aunque probablemente lo llevaba así a propósito. Sakura había pasado toda su adolescencia viendo a Touya peinarse en el espejo hasta conseguir un aspecto despeinado parecido al de Syaoran.
Él la miró de reojo y ella enrojeció, desviando la mirada.
Al salir a la calle, ambos cerraron sus abrigos y él resopló. La noche anterior había nevado, pero ya habían limpiado la ciudad y no quedaba ni rastro del manto blanco.
—Este frío es insoportable.
Sakura soltó una risita.
—¿En Hong Kong no hace frío en invierno?
—No mucho. Llevo cuatro años aquí, pero creo que no me acostumbraré nunca —murmuró él, colocándose mejor la bufanda.
Cuando pasaron cerca de su parque preferido, Sakura dejó de caminar.
—¿Has estado aquí alguna vez?
Syaoran sacudió la cabeza y ella sonrió, atrapando una de sus manos y tirando de él.
—¡Es el mejor parque de Tokio! Tienes que verlo.
—Y también es enorme. No quiero perderme —protestó él entre dientes, pero no hizo nada para detenerla.
Sakura caminó a paso rápido hacia la parte central, donde había un gran lago. Al llegar, sonrió al ver que seguía tan lleno de cisnes como la última vez. La nieve cubría el suelo del parque, reflejando la luz del sol. Cuando giró la cabeza para mirar a Syaoran, vio que él tenía la mirada fija en sus manos unidas.
Sakura lo soltó, sonrojándose.
—Las puestas de sol aquí son preciosas. No puedes seguir viviendo en esta ciudad sin ver una.
Syaoran chasqueó la lengua, mirando a su alrededor. Decidido, empezó a caminar hacia uno de los puentes que atravesaba el lago. Sakura siguió sus pasos, deteniéndose a su lado. Él había apoyado los brazos sobre la baranda de madera y estaba contemplando el reflejo de los últimos rayos del atardecer sobre el agua.
—Puede que tengas razón —comentó en voz baja.
Sakura sonrió.
—Te lo he dicho —dijo ella, sonriendo.
Los dos se quedaron en silencio, escuchando la nieve crujir bajo sus pies hasta que un teléfono empezó a sonar. Syaoran lo sacó de su bolsillo, resoplando. Colgó la llamada y volvió a guardarlo.
—¿No era importante? —preguntó Sakura, preocupada.
—Era una de mis hermanas. La llamaré mañana.
—Puedes hablar con ella, Syaoran. No me importa.
Él negó con la cabeza, mirándola de reojo.
—Ahora estoy perdido en un parque con Sakura Kinomoto.
—No estamos perdidos —aseguró ella.
—Eso espero, porque no tengo ni idea de cómo salir de aquí y me estoy congelando.
Sakura se rio, sintiendo que sus nervios desaparecían. Nunca había imaginado que pasar un rato con él pudiera ser tan agradable.
En cuanto el sol desapareció tras las montañas, ambos salieron del parque y volvieron a la avenida principal. Siguieron hablando hasta que llegaron a la pequeña tienda donde Sakura siempre hacía la compra.
—Necesito algunos ingredientes —comentó ella, deteniéndose.
Syaoran levantó la mirada, observando el cartel con atención antes de seguirla. Ella fue directamente hacia la zona de las verduras.
—Había pensado en hacer okonomiyaki, Syaoran. ¿Lo has probado alguna vez?
Él tenía la mirada perdida en el final del pasillo.
—Sí, es una buena idea. Voy a mirar algo, nos vemos en la salida —dijo, pasando de largo.
Sakura asintió, extrañada. Eligió todas las verduras que necesitaba y, tras pagar en caja, vio que Syaoran la estaba esperando en la puerta.
—¿Qué es lo que has comprado? —preguntó al acercarse a él, mirando la bolsa que llevaba en la mano.
Syaoran arqueó una ceja.
—El postre.
—Te dije que eres mi invitado —dijo ella, frunciendo el ceño.
Él inclinó la cabeza, hablando muy cerca de su oído con voz grave.
—Es mi favorito, Sakura. No he podido resistirme.
Ella se aclaró la garganta y ambos salieron de la tienda. Sakura arrugó la nariz, intentando pensar en una respuesta, pero no se le ocurrió ninguna. Empezó a nevar y escuchó a Syaoran gruñir.
—Ya casi hemos llegado, vivo a la vuelta de la esquina.
Él no dijo nada y ella aceleró el paso al ver que su nariz se estaba poniendo roja. En cuanto entraron en el rellano de su edificio, Syaoran suspiró.
—El invierno japonés acabará matándome.
Sakura no pudo evitar reírse mientras subían las escaleras hasta el segundo piso.
—Eres muy dramático, Syaoran.
—Me lo han dicho alguna vez.
Los nervios volvieron a Sakura en cuanto abrió la puerta de su apartamento. Nadie había estado dentro, aparte de Tomoyo.
—No sé si estará ordenado, yo… no esperaba visitas hoy —comentó en un susurro, mirando a su alrededor para comprobar que todo estaba en su sitio.
—Olvida que soy tu supervisor, Sakura. Hoy solo soy Syaoran —pidió él mientras dejaba el abrigo en el respaldo de uno de los sillones.
Se acercó hasta el pequeño árbol de navidad que había en una esquina, agachándose para encender las luces, y Sakura sintió que su corazón dejaba de latir al ver su sonrisa.
—Lo intentaré —aceptó, entrando en la cocina.
Él no tardó en seguirla y le ofreció su ayuda. Entre los dos prepararon la cena y, cuando volvieron al comedor, Sakura vio que encima de la mesa había un pequeño pastel de chocolate y una botella de vino.
—¿Eso es lo que has comprado? —dijo, entrecerrando los ojos en su dirección.
Syaoran sonrió, sentándose en una de las sillas.
—Tú cocinas y yo me encargo del postre y la bebida. Es un buen trato.
—Tú también has cocinado —protestó ella, resoplando.
Él puso los ojos en blanco, abriendo la botella. Llenó los vasos de ambos y la dejó a un lado, observando a Sakura mientras servía la comida en los platos.
Syaoran sujetó los palillos con su mano derecha y atrapó un trozo de tortilla entre ellos.
—Está muy bueno.
—No imaginaba que fueras así, Syaoran. En la oficina eres muy serio.
—Nunca te has molestado en conocerme mejor —dijo él, mirándola de reojo y levantando la copa de vino.
—Porque soy tímida —admitió ella, apartando la mirada.
—Yo también lo soy.
Sakura resopló, poniendo los ojos en blanco.
—Eso no es verdad.
—¿Por qué crees que he comprado el vino?
Ella frunció el ceño, confundida.
—¿Necesitas beber para relacionarte con los demás?
—Necesito beber para relacionarme contigo —corrigió Syaoran, volviendo a dejar la copa sobre la mesa.
Sakura sintió que se quedaba sin aliento.
—¿Por qué?
El saboreó el último bocado, limpiándose los labios con la servilleta.
—Porque quiero decirte algo desde hace tiempo, y no voy a tener una oportunidad mejor que esta.
Sakura sujetó su copa de vino con las dos manos, intentando volver a respirar con normalidad.
—¿Qué quieres decirme?
Los ojos de Syaoran se clavaron en los suyos.
—Me gustas, Sakura.
Ella jadeó. Bebió un gran trago de vino antes de contestar, carraspeando.
—Tú también me gustas desde hace tiempo, Syaoran.
El silencio que siguió a sus palabras fue abrumador. Él la seguía mirando fijamente y Sakura sintió que sus ojos quemaban, haciendo que la sangre ardiera dentro de sus venas.
Sin decir nada, él se levantó y dio tres pasos hasta estar a su lado, extendiendo una mano hacia ella. Sakura miró un segundo el postre de chocolate y la agarró, poniéndose de pie.
—¿Desde cuándo? —preguntó Syaoran en un susurro.
Sakura suspiró, obligándose a sí misma a ser valiente. No podía dejar pasar esta ocasión.
—Abril. Aunque apenas habíamos hablado, en mi cumpleaños me diste un peluche pequeño con forma de oso y desde ese día yo…
No pudo seguir hablando porque los labios de Syaoran atraparon los suyos. Sakura jadeó, dando un paso atrás por la sorpresa, y unos brazos fuertes la rodearon.
Él hundió una de las manos en su pelo, tirando un poco hacia atrás para levantar su barbilla y profundizando el beso.
Sakura sintió que cientos de mariposas explotaban su estómago, enviando impulsos eléctricos por todo su cuerpo. Cada caricia de Syaoran le provocaba escalofríos y no pudo evitar suspirar sobre sus labios. Él mordió suavemente su labio inferior, recorriéndolo con la lengua antes de empezar a repartir besos por su mandíbula.
Su otra mano subió lentamente por su espalda, levantando su jersey.
—Dime que pare —susurró Syaoran entre besos.
Sakura no podría haber hablado ni aunque quisiera. Esos besos le estaban nublando la mente. Contuvo el aliento cuando los dedos de Syaoran rozaron el cierre de su sujetador.
—Dime que pare, Sakura —insistió él, mordiendo su cuello.
Ella rodeó su cintura con los brazos, trazando los músculos de su espalda con los dedos.
—No quiero que pares.
Al escucharla, un pequeño gruñido resonó en su garganta. Ella sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo, pero no abrió los ojos. Sakura rodeó instintivamente con sus piernas el cuerpo de Syaoran, que no se apartaba de sus labios ni un milímetro.
—¿Tu habitación?
—La del fondo.
Syaoran abrió la puerta con el pie, caminando hasta el colchón. Dejó caer a Sakura con cuidado y la miró a los ojos. Ella sabía que estaba muy ruborizada y con la respiración igual de alterada que si hubiera corrido una maratón. Sus besos eran tan intensos que la dejaban sin aliento.
—No hemos tomado el postre, Syaoran.
Él besó su frente, sonriendo.
—Tú eres mucho mejor que esa tarta.
Sakura cerró los ojos cuando él volvió a inclinarse sobre ella, besando cada centímetro de su rostro. Toda su ropa acabó en el suelo antes de que pudiera asumir lo que estaba pasando.
Syaoran apoyó un brazo a cada lado de su rostro y rompió el beso, mirándola fijamente.
—¿Estás bien?
—Sí, yo…
Él vio algo en su rostro que no le gustó y retrocedió, sentándose sobre la cama.
—No pasa nada si has cambiado de idea, Sakura.
Ella sacudió la cabeza, agarrando sus brazos.
—¡No es eso! Estoy nerviosa, Syaoran.
—¿Por qué?
—Hace mucho que no hago… esto con nadie.
Syaoran suspiró, dejando un beso rápido en sus labios.
—Mi última vez fue antes de venir a Japón.
Sakura lo miró fijamente, muy sorprendida.
—Pero si llevas aquí cuatro años.
—Nadie ha llamado mi atención hasta ahora.
Ella sonrió, atrapándolo entre sus brazos y tirando hasta que Syaoran volvió a estar tumbado sobre ella.
—A mí me ha pasado lo mismo.
Escuchó su risa antes de que sus labios se unieran de nuevo. Sakura se deshizo de su camisa, lanzándola al suelo mientras él deslizaba por sus piernas una de las dos prendas de ropa que le quedaban puestas. Ella tembló cuando Syaoran desabrochó finalmente su sujetador. Era el segundo hombre que la veía desnuda y se sentía muy avergonzada.
Él levantó la cabeza un momento, observándola con detenimiento.
—Eres preciosa. El mejor regalo de navidad de mi vida —murmuró Syaoran, recorriéndola con la mirada.
Sakura sintió sus mejillas arder y se incorporó un poco, rodeando su cuello con los brazos.
—Bésame, Syaoran.
Y Syaoran la besó. No dejó de besarla mientras se colocaba entre sus piernas, ahogando cada uno de los gemidos que salían de su garganta. Tampoco paró cuando sus dedos empezaron a acariciarla justo encima de donde sus cuerpos se unían, provocando que todo el cuerpo de Sakura temblara de placer. Ni cuando ella se agarró con demasiada fuerza a su espalda, clavando las uñas en su piel.
Sakura respondió a cada uno de sus besos y movimientos con la misma intensidad, todavía sin poder creer que todo aquello estuviera pasando de verdad.
Después de meses observándolo, pensando que era imposible, viéndolo pasear por la oficina con el ceño fruncido… estaba ahí, con ella. Habían compartido la cena de nochebuena y ahora lo estaban compartiendo todo, con sus cuerpos enredados entre sus sábanas de color violeta.
Al sentir su orgasmo Syaoran se dejó ir junto a ella, jadeando sobre sus labios. El beso infinito terminó y se miraron a los ojos sin hablar. Sakura pasó las dos manos por su pelo, sonriendo al ver que estaba más despeinado que nunca.
Él rodó hasta caer a su lado, atrayéndola hacia su pecho. Ella cerró los ojos, todavía perdida en el mar de sensaciones que Syaoran había provocado en todo su ser. Sintió que besaba su cabeza y lo escuchó suspirar.
—Creo que debería marcharme.
Algo helado bajó por la garganta de Sakura.
—¿Ya? —preguntó, alzando la cabeza.
—Es tarde —dijo él, señalando el reloj que había en su mesita.
Era más de medianoche. Sakura se mordió el labio inferior, volviendo a mirarlo.
—Tienes razón.
Syaoran se levantó y ella se cubrió con la sábana, sentándose. Lo observó mientras se vestía, sintiendo un nudo en el estómago.
¿De verdad iba a irse después de lo que había pasado entre ellos?
Él volvió a acercarse a la cama mientras se abrochaba la camisa. Apoyó una mano sobre el colchón y se inclinó, buscando sus labios. Sakura cerró los ojos, disfrutando del beso.
—Me ha encantado pasar la tarde contigo, Sakura.
—¿Quieres que te acompañe a la puerta?
—No hace falta. Quédate aquí y descansa, nos vemos el lunes —añadió él, sacudiendo la cabeza.
Antes de salir de la habitación, volvió a mirarla y le dedicó una sonrisa.
Sakura suspiró cuando escuchó la puerta principal cerrándose. Ahora sí que estaba completamente perdida, sin saber lo que pensar. No se veía capaz de actuar normal después de aquello, todos los sentimientos que llevaba meses reprimiendo habían florecido y ya no podía contenerlos más.
Y lo peor llegaría el lunes, cuando volvieran a verse.
¿Qué iba a hacer si Syaoran actuaba como si no hubiera pasado nada? ¿Y si estaba arrepentido?
... ... ... ... ... ...
Las manos le temblaban cuando abrió la puerta del despacho de Syaoran tres días después.
Cuando llegó a su mesa, había encontrado una pequeña nota pegada en el teclado de su ordenador que tenía su letra, pidiendo que fuera a verlo en cuanto llegara.
Él levantó la mirada al verla entrar y ella tragó saliva, cerrando la puerta suavemente.
Ahora le esperaba una charla donde Syaoran le explicaría que era mejor olvidar lo que había pasado y volver a la relación que habían tenido hasta ahora, en la que tan solo eran compañeros. El corazón se le encogió, pero apretó los puños para no mostrar lo que estaba sintiendo por dentro.
Sin apartar los ojos de ella, él se puso de pie y rodeó la mesa, dando pasos lentos en su dirección. Sakura dejó de respirar cuando lo tuvo a pocos centímetros.
Él levantó una de sus manos, entrelazando los dedos entre sus mechones caoba y acercándola más, hasta que sus cuerpos se rozaron. Sakura jadeó, colocando las manos en su pecho, y su otro brazo le rodeó la cintura mientras Syaoran inclinaba la cabeza, rozando su oreja con los labios.
—No he podido dejar de pensar en ti.
Sakura sintió un escalofrío al escuchar su susurro. Él no esperó una respuesta y buscó sus labios, levantándola con sus brazos sin parar de besarla. Ella se dejó llevar hasta que estuvo sentada sobre su escritorio, con Syaoran colocado entre sus piernas.
Él rompió el beso, mirándola a los ojos. Acarició su labio inferior con el dedo pulgar mientras jadeaba suavemente. Ella sonrió al ver que a él también le afectaban sus besos.
—¿Por qué me has mirado así al entrar? —preguntó Syaoran en voz baja.
Sakura negó con la cabeza, moviendo las manos que aún tenía sobre su camisa blanca hasta que pudo hundirlas en su pelo. Era tan suave como recordaba.
—¿Pensabas que te iba a decir que lo de Nochebuena fue un error? —añadió él, levantando una ceja.
Ella se mordió el labio inferior con nerviosismo y Syaoran frunció el ceño, alargando un brazo hasta coger el único folio que había sobre su mesa.
—Te he dejado esa nota porque quiero que firmes esto —dijo, dejando el papel en su regazo.
Sakura bajó la mirada y sus ojos se abrieron más que nunca.
Formulario de divulgación de relaciones personales
En la parte más baja del folio estaba la firma de Syaoran. Y había un hueco vacío a la izquierda, esperando otra firma.
Volvió a levantar la mirada, sin saber qué decir, y se dio cuenta de que él se estaba poniendo nervioso. Aquel formulario era algo que las parejas de la oficina tenían que entregar cuando empezaban a salir, informando de su situación a la empresa.
—No tienes que firmar, es solo si quieres. Pensé que el viernes tú y yo…
Sakura tiró del cuello de su camisa y lo calló con un beso. Al separarse, agarró uno de los bolígrafos de Syaoran y firmó el documento.
—¿Dónde hay que entregarlo?
Syaoran sonrió.
—En recursos humanos. Lo llevaré más tarde, ahora estoy un poco ocupado —susurró, rodeando su cintura con los brazos y dando un pasó más, hasta que sus cuerpos quedaron completamente pegados.
Sakura no tuvo tiempo de reaccionar. En menos de un segundo, él la estaba besando otra vez. Ella empujó un poco sus hombros, alejándolo unos centímetros.
—¿Por qué te fuiste, Syaoran?
—¿Querías que me quedara?
Sakura asintió y él resopló, apretando la mandíbula.
—Como no dijiste nada, pensé que tenía que marcharme. No quería preguntarte y hacerte sentir incómoda, por eso me fui.
Sakura suspiró, sacudiendo la cabeza.
—Puedes preguntarme cualquier cosa.
Él asintió, envolviéndola en un abrazo y atrapando sus labios entre los suyos. Sakura abrió los ojos.
—Syaoran, aquí no podemos…
—He cerrado la puerta, Sakura. Nadie va a entrar.
—Van a pensar mal, eres mi jefe y…
—Hoy he dejado de ser tu supervisor, ya estamos al mismo nivel. Además, casi todos saben que estoy loco por ti desde que empezaste a trabajar aquí.
Sakura jadeó, sorprendida, y él se rio entre dientes.
—Creo que tú eres la única que no lo sabía.
—¿Desde hace un año? ¿Hablas en serio?
Syaoran asintió, todavía sonriendo.
—Ya te dije que tú también me gustas desde hace bastante tiempo —confesó Sakura en un susurro, volviendo a sonrojarse.
—Me lo podías haber dicho antes.
Los dos se rieron y Syaoran la miró a los ojos.
—Ven a cenar conmigo esta noche.
—¿A tu apartamento?
—Te dije que yo te invitaría otro día, y hay un regalo esperándote allí.
Sakura le dedicó una pequeña sonrisa y asintió, pensando en el paquete que había dejado bajo su árbol por si descubría que Syaoran sentía lo mismo que ella. Él volvió a inclinar la cabeza, rozando sus labios.
—Extiendo la oferta a todas las noches que quieras, solo tienes que decirlo —susurró, repartiendo besos por su mandíbula.
El corazón de Sakura se saltó un latido cuando sus labios empezaron a bajar por su cuello.
—¿Qué dirán tus vecinos si me ven entrando en tu apartamento casi todos los días, Syaoran? —preguntó ella, cerrando los ojos y dejando salir un largo suspiro.
—Les sorprenderá que una chica tan increíble como tú sea la novia del gruñón del sexto piso.
Sakura abrió los ojos cuando sus labios volvieron a subir, reclamando los suyos.
—¿No vamos muy rápido?
Syaoran sacudió la cabeza.
—Llevo más de un año deseando que pasara esto, Sakura.
Ella rodeó su cuello con los brazos, besándolo como había hecho en sueños durante meses. Todavía no podía creer que Syaoran correspondiera a sus sentimientos.
Él rompió el beso, juntando sus frentes.
—Por cierto, feliz navidad —murmuró, abriendo los ojos y mirándola fijamente.
Sakura sonrió. Aunque no había empezado bien, estaba segura de que aquella iba a ser la mejor navidad de su vida.
—Feliz navidad, Syaoran.
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N/A: Se nota que no me gusta mucho la Navidad, ¿verdad? Jaja
Es la primera vez que escribo un One Shot y me ha resultado complicado, pero me animé a participar en el proyecto de mi querida Cherry'sFeathers y espero que os haya gustado :)
Felices fiestas y nos vemos el año que viene con mucho más SakuSyao ^^
BlueZeldana
