Hermione Granger POV
Recuerdo que la primera vez que le pregunté a mi madre, siendo yo niña, qué se sentía al enamorarse, mi madre me contestó que era como tener un montón de mariposas en el estómago, revoloteando felices.
No entendí demasiado lo que me dijo. En mi mente infantil -y racional para mi edad- no terminaba de entender qué tenía que ver enamorarse de alguien con albergar mariposas dentro de uno. Siempre amé a las mariposas y recuerdo que me pareció una crueldad guardarlas dentro de uno en señal de amor hacia alguien.
¿Por qué? ¿Qué tenían que ver ellas con el amor? ¿Cómo hacían las mariposas para entrar dentro de nosotros? Y una vez allí ¿Qué hacían? ¿Se quedaban hasta que el amor durase? Y si era un amor para toda la vida ¿terminaban viviendo dentro de nosotros para siempre? Ciertamente no me pareció una buena idea.
Las mariposas deben vivir libres, volar hacia donde quieran, disfrutar de su corta vida y mostrar al mundo su belleza por más efímera que su vida fuere.
Cuando fui jovencita y sentí por primera vez que me enamoraba de alguien, debo reconocer que esa sensación hermosa de cosquilleo en el estómago, de algo que revoloteaba dentro de mí y que era difícil de explicar y definir, en algo se parecía a tener mariposas dentro de mí.
Supe que mi madre me había explicado algo muy difícil de poner en palabras de un modo sencillo
¿Cómo explicar el amor? ¿Cómo transmitir a otro la sensación de estar enamorado?
Y conforme fui creciendo, luego de algunos desencantos y decepciones, recuerdo haber pensado, con una sonrisa, que las mariposas habían volado hacia otro lugar, que me habían abandonado y que me habían dejado vacía.
Draco Malfoy fue el típico chico malo que seducía con su simple presencia. Rubio, ojos grises como la plata, frío y calculador, pero con ese aire de misterio que enloquecía enseguida. Si a eso le añadimos que estudiaba medicina y gozaba de una alta posición social... tenia todas las papeletas para salir muy malparada.
Ron Weasley fue el chico más divertido con el que me crucé. Pelirrojo, ojos azules encantadores, aire despreocupado y un desastre en los estudios. Su compañía me hizo sentir bien pero tardé en darme cuenta que no era para mi. Sus inseguridades y el uso de los celos para que me quedara con él, mermó mi estado emocional. Todavía me persigue a día de hoy.
Viktor Krum fue lo más parecido al concepto de estabilidad emocional en una relación seria. De hecho, creí que me casaría con él. Guapo, caballeroso, un chico popular con las ideas claras de su futuro y un excelente deportista. Sin embargo, aunque fue mi relación más duradera, terminó. Su posición social, las aspiraciones de su familia y su deseo de llegar lejos, impidieron que nuestra relación fuera a buen puerto. No logramos encontrar un equilibrio entre nosotros para estar juntos y crecer profesionalmente.
En definitiva... ya no soy esa niña que amaba ver esos bellos insectos en su jardín, aquella que se preocupó cuando pensó que enamorarse era encerrarlos dentro de uno mismo.
El amor parece uno y no lo es, también a mi me cuesta definir de qué se trata. Tal vez sea porque el amor se trata de sentir y no de explicar, porque es universal y único a la vez, porque forma parte de experiencias íntimas que difícilmente puedan explicarse con palabras a los demás.
He amado a diferentes personas a lo largo de mis cortos 25 años y ha sido como la primera vez.
Y vuelve a mí muchas veces la explicación que mi madre me diera acerca de las mariposas en el estómago y que tan poco creíble me había parecido en su momento... y luego no tanto.
Hoy creo que el amor tiene mucho de esas bellas criaturas, es libre, no hay uno igual, es bello, es especial. Sé que las mariposas no viven demasiado y hay amores que sí, que viven hasta el fin de nuestros días.
Eso pienso, ahora, cada día, cuando me quedó prendada de esos ojos verdes nacidos de la esmeralda más pura.
Eso pienso, cuando me sonríe de esa forma que hace que mi corazón lata locamente dentro de mi pecho.
Él, es lo mas parecido al verdadero amor... si es que no lo es ya. Él, Harry Potter, llegó a mi vida para volcarla con fuerza. Para enseñarme tantas cosas. Para demostrarme que el amor es magia. Que con solo una mirada, te sientes la persona más especial del mundo.
No es el hombre perfecto. Es testarudo, cabezota, desordenado, valiente, apasionado, gentil, decidido.
Pero es perfecto para mi.
Soy yo misma
Me siento segura, amada, complacida, empoderada, fuerte. Me escucha, me entiende, me hace ser mejor persona, no me da motivos para desconfiar de él, me impulsa a cumplir mis sueños, mis metas... y siempre juntos.
Es todo lo que siempre quise... no, es muchísimo más.
El amor no es cada día igual, cada día renace si sabemos cultivarlo. Todos los días crece o muere un poquito, se seca o florece, muta, se transforma.
Todavía me queda mucho por aprender, por crecer, y por supuesto, quiero seguir adelante, siempre y cuando sea con él.
Caminando con Harry Potter.
