Capítulo 2: El juego del escondite
Raven se hallaba otra vez sentada a bordo del ferrocarril observando el bello paisaje que se mostraba por la ventanilla y que, a diferencia de antes, comenzaba a tornarse más frondoso y montañoso a medida que avanzaba en su recorrido.
—Solo un viaje de dos hora en tren y todo habrá terminado —suspiró ella mientras se resignaba a la misión de casi niñera que tenía por delante. Luego observó a los tres… ángeles, que se encontraban sentados al frente suyo observándola con aparente curiosidad—. ¿Los tres tienen poderes? ¿Qué pueden hacer? —interrogó ella directamente. A fin de cuentas ellos eran "héroes" después de todo, y si eran perseguidos por la Hermandad del Mal, debían tener maravillosos poderes que harían temblar a cualquiera.
—Timmy puede gritar muy fuerte —reveló Melva señalando al nombrado—, ¿quieres escucharlo?
—Mmm, no gracias —dijo Raven de forma cortante, ya lo había escuchado mientras lloraba, era realmente insoportable. — ¿Y el resto?
—Tommy puede comer cualquier cosa y escupirla —explicó ahora señalando al bebé con chupete—, o vomitarla.
—Siguiente.
—Bobby puede bailar —agregó Melva emocionada mientras aplaudía—, ¿quieres verlo?
—Eh, no.
«Claro, maravillosos poderes».
Una gran amenaza para una organización criminal formada por malvados y poderosos villanos de alto rango. Seguro estaban temblando de miedo ahora mismo. Ni la psicópata de Madame Rouge podría competir contra eso.
Raven bufó con molestia cuando Tommy escupió su chupón y le intentó quitar la manta a Timmy.
— ¡Es mía! ¡Dámela!
Otro tic magistral surgió en la ceja de Raven mientras los niños se disponían, a todo pulmón, a chillar, llorar y gritar, todo al mismo tiempo por si no fuera ya suficiente hacerlo por separado.
— ¡Cállense! —gritó ella ya perdiendo la paciencia y llamando la atención de los niños y sacándolos de su estúpida pelea por una estúpida manta—. Vamos a jugar un juego, se llama no molesten a Raven, regla número uno: no hablen —ordenó la hechicera, cerró sus ojos y unió sus manos mientras recitaba su mantra en un claro intento de mantener sus emociones, sobre todo la ira, bajo control—. Azarath, Metrion, Zinthos —suspiró sintiendo como la tensión disminuía y su mente se aclaraba un poco… un poco hasta que abrió sus ojos y los niños se habían esfumado de su vista—. Buena idea Robin, poner a Raven a cargo de esos niños.
«Como estaba diciendo anteriormente, estúpido Robin».
Se levantó de su asiento y salió al pasillo caminando hacia el próximo vagón con intención de buscar a los tres mocosos.
—Melva, Timmy —llamó ella para captar la atención de los niños y que salieran de dónde sea que estuviesen escondidos.
Marchó hasta que encontró al primero, al bebé, que se encontraba… ¿comiendo un trozo de asiento? Ella no quería ni pensar la sorpresa con la que se encontraría cuando tuviese que cambiar su pañal.
—Sal de ahí abajo.
Tomó al bebé en sus brazos y caminó hasta el otro vagón cuando el llanto de Timmy llegó a sus oídos. El niño pelirrojo se hallaba tirado en el suelo pataleando y haciendo otro de sus berrinches. Logró escuchar a las personas que estaban alrededor cuchicheando sobre la irresponsabilidad de su cuidador, lo que solo logró avergonzarla y alterar más su creciente estrés. Se acercó al niño y lo tiró junto con su manta y siguió caminando. Bien, dos menos y faltaba una… o "dos" si contaba a su amigo imaginario. Abrió las puertas siguientes con sus poderes porque sus manos estaban ocupadas sosteniendo a los dos chicos. Finalmente la encontró en el depósito del tren.
—Melva, ¿qué estás haciendo aquí? —interrogó viendo a la niña sentada en una caja mientras hamacaba sus piernas bastante ajena de cualquier cosa.
—Bobby no cabía en el compartimiento —dijo ella simplemente mientras señalaba… a la nada misma.
«Oh, sí claro, Bobby».
—Solo encoge a tu amigo imaginario y volvamos a nuestros asientos —estableció la hechicera ya perdiendo la paciencia nuevamente.
— ¡Bobby es real! —chilló enojada la niña—. Si, a mí también me asusta ella—susurró a su amigo imaginario como si de un secreto al aire se tratara.
¿Ella la asustaba? ¿Tan tenebrosa era? Aunque Raven no lo expresó en su lenguaje corporal, el comentario de Melva la hirió, logrando punzar en sus llagas anímicas.
—Vamos, puedes dejar a Bobby aquí, él estará bien —murmuró ella tratando de no dañar más la susceptibilidad de la niña con relación a su amigo y poder volver al vagón a tomarse un respiro.
—Timmy tiene ganas —avisó Melva señalando al nombrado que se hallaba en cuclillas en un gesto de incomodidad.
— ¿Qué quieres decir... con qué…?
Simplemente genial. Raven contó los minutos mientras Timmy, el llorón, estaba dentro del cubículo del baño. ¿Qué le llevaba tanto tiempo?
— ¿Todo está bien ahí? —. El ruido de la cadena del retrete le avisó que el niño ya había terminado por fin de hacer lo que sea que estaba haciendo ahí adentro—. ¿Ya podemos volver a nuestros asientos?
Los niños asintieron mientras comenzaban a seguirla. Muy bien, ahora por fin se podría relajar un rato durante el viaje mientras el tren finalizaba su recorrido.
— ¡Un hombre mono! ¡Hombre mono! —balbuceó preocupado el niño pelirrojo mientras corría hacia Raven para esconderse detrás de ella.
O tal vez no.
—Timmy, ¿qué es un hombre mono? —cuestionó Raven hasta que la respuesta más obvia llegó a su cabeza.
…
« ¿Acaso Chico Bestia había venido a ayudarla con los tres chiquillos?», pensó ella.
...
No, eso no tenía ningún sentido, así que la segunda hipótesis no tardó en llegar a su cerebro y no le gustaba para nada. Nada de nada.
La Hermandad del Mal los había encontrado finalmente.
— ¿Mallah?—. Magnífico, realmente magnífico, la jornada se volvía cada vez más apacible para su salud mental. Ahora sí que creía en la ley de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal. O espectacularmente mal en el caso de ella.
—Dame a los niños —ordenó el gorila mientras rompía una de las paredes y entraba al tren que seguía en movimiento.
— ¡Corran! —ordenó Raven.
Melva y Timmy se precipitaron para escapar del enemigo, mientras la hechicera los seguía, sujetando fuertemente a Tommy.
— ¡Rápido! ¡Escóndete! —indicó la niña rubia a Timmy, mientras ambos se ocultaban debajo de uno de los asientos.
— ¡No tenemos tiempo para jugar a las escondidas! —gritó la empática.
Raven utilizó sus poderes para cerrar las puertas en el camino, lo cual fue un gasto innecesario porque Mallah rompió todo a su paso con su súper fuerza, haciéndola caer al piso, recibiendo ella todo el impacto para proteger al infante en sus brazos.
—Salgan de donde quieran que estén—mandó Mallah mientras arrancaba las mesas y asientos que estorbaban—. Los encontré.
El grito de los niños sacó a Raven de su alteración por el golpe. Dirigió sus poderes telequinéticos para tomar control de la mayoría de los asientos y mesas del vagón, que ahora se hallaban rodeados de su energía oscura, y los arrojó directamente al gorila, mandándolo a volar lejos de los dos niños.
Melva y Timmy se apresuraron hacia la hechicera y los cuatro corrieron hacia otro furgón del tren, pero Mallah rompió el techo y apareció de nuevo frente a ellos. Raven concentró su energía, creando una extensión telequinética de su brazo, el cual arremetió contra el enemigo y lo estrujó contra el suelo, e inmediatamente lo dejó sepultado con los elementos que se encontraban también en ese vagón.
— ¡Por aquí niños! —guio Raven por el vehículo mientras trataba de pensar en algo.
Siguieron escapando hasta que se encontraron con el final del tren. Bien, no había más escapatoria. Raven se colocó en posición de ataque frente a la puerta esperando que apareciera por ahí, pero Mallah entró por el costado del vehículo, cayendo sobre ella con un gran empujón, dejándola un poco aturdida. Luego, el gorila se aproximó para tomar a Melva que se hallaba aterrorizada en el piso.
— ¡Bobby! ¡Socorro! —llamó la niña desesperada mientras se acuclillaba en un claro gesto de miedo.
En ese preciso momento Mallah fue fuertemente empujado por una fuerza invisible, la cual también desunió el vagón, donde ellos se hallaban, del resto del tren y dejándolos parados a medio camino.
«Interesante… ¿Acaso Melva tenía poderes telequinéticos como ella? Era la explicación más lógica que podía encontrar frente a lo que sus ojos le mostraban».
— ¡Bravo, lo hizo! ¡Lo hizo! ¡Bobby nos salvó! —celebraron los tres niños mientras saltaban y clamaban realmente contentos.
—Estamos varados en medio de la nada mientras un gran gorila nos persigue, ¿cómo que nos salvó? —replicó Raven sacando a los niños de su momentánea felicidad y haciéndolos llorar intensamente. Ella solo rodó los ojos. Tomó a los niños y se bajaron del furgón, viendo como el tren se alejaba.
—El chu-chu se fue —dijo Tommy saludando el único método de llegada a su destino.
— Si, el chu-chu se fue. Tendré que llevarlos yo misma sobre la montaña —expuso Raven creando con sus poderes un disco de energía oscura debajo de ellos con la intención de salir de ahí.
—No podremos volar, Tommy siempre se marea —reveló Melva.
—No tenemos que ir muy lejos, estoy segura de que estará bien —comunicó Raven mientras el gran disco comenzaba a levitar. Todo venía de maravillas… hasta que Tommy vomitó el trozo de asiento que comió en el tren sobre su bota.
—Genial —dijo Raven viendo con asco el hermoso obsequio sobre su pie. Ahora el bebé se estaba poniendo verde por la cinetosis, lo que anunciaba un segundo y próximo regurgito sobre ella—. Espera, caminaremos—anunció finalmente rendida mientras bajaba de nuevo a tierra firme.
Y ahora los dos chicos le pedían que los llevara en brazos, y los tuvo que alzar porque habían empezado de nuevo con los berrinches. «Claro, caminaremos. Mejor dicho, yo caminaré».
Marcharon durante unas cuantas horas hasta que el sol por fin se ocultó, dando paso al crepúsculo. El ambiente se había puesto bastante fresco por lo que la hechicera esperaba encontrar algún refugio pronto antes de que los niños terminaran con un resfriado. Además se los notaba realmente cansados, ya que no habían parado de bostezar durante todo el camino. Raven notó una pequeña cabaña a lo lejos. Se concentró usando sus poderes para detectar si había alguien dentro y para su suerte se encontraba despoblada.
—Es hora de dormir y aún no hemos cenado —comunicó Melva mientras suspiraba por el agotamiento.
—Pasaremos la noche aquí —indicó Raven acercándose al lugar.
«Será un buen escondite… o eso espero».
La hechicera usó sus poderes para abrir el pestillo que mantenía la puerta de madera cerrada y se adentró, encendiendo las luces del lugar. Bien, el paraje no estaba tan mal, solo un poco de polvo pero todo parecía ordenado. Lo más probable es que el lugar hubiese sido recientemente abandonado o los dueños estuviesen fuera. Había una cama para los niños, dos sillones, y hasta tenía una pequeña cocina. El único problema era que el lugar estaba un poco frío debido a la temperatura exterior. Necesitaba calentar un poco el lugar, por lo que tomó unos leños que estaban en un rincón y los puso en la chimenea mientras la encendía y atizaba el fuego en el proceso. El pequeño lugar se calentó y se tornó un poco más acogedor. Raven sonrió cuando vio a los niños calentándose frente al fuego. Ahora tenía que buscar algo de comer. Abrió las alacenas y lo único que encontró fueron alimentos enlatados como sopa, frijoles, guisantes, zanahorias, vegetales fermentados y… más frijoles. Tomó una cuchara y le acercó la cena a Tommy pero este rechazó cada uno de las cosas que le ofreció mientras lloriqueaba.
— ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! —protestó el bebé mientras berreaba y golpeaba la mesa con sus dos pequeños puños. El muy diablillo se había comido un pedazo de asiento sucio de un tren pero no quería comer una simple comida enlatada. Toda una ternura para sus ojos.
— ¡No sé qué es lo que quieren! —gruño Raven mientras llevaba una mano a su cabeza para calmar un poco su jaqueca. Genial, ahora el bebé se estaba comiendo una bota de algún desconocido. Sí que tenía una elección rara para las comidas, aunque no tanto como Chico Bestia. Raven observó que ahora el niño llorón se estaba acercando a ella con unas claras intenciones… de ponerse a llorar de nuevo.
— ¡Mira! ¡Mira mi manta! ¡Mira mi manta…! —sollozó Timmy mientras sujetaba fuertemente su frazada azul.
—Sí, ya vi tu manta, es —pensó alguna palabra que pudiera alegrar al niño—, bonita —dijo simplemente Raven. Ahora Timmy y Tommy se encontraban llorando frente suyo. Ella admiró realmente la fortaleza de esos pulmones.
—Oh, aquí vamos otra vez —se lamentó la hechicera mientras cubría sus orejas para tapar la mayor cantidad de ruido posible. Esto era demasiado para ella. Necesitaba descansar, meditar urgentemente o… matar a Robin. Cualquiera de esas tres opciones se encontraba dentro de sus necesidades primordiales ahora. Estaba pensando de nuevo en los métodos de castigo para su líder cuando la voz chillona de la niña la sacó de sus pensamientos.
—Raven, olvidaste alimentar a Bobby —comunicó Melva mientras sacudía su capa para llamar su atención. O bien, y ahora también tendría que alimentar a la cosa imaginaria.
—Bobby no necesita comer, no es real —alegó Raven, no estaba de humor para más tonterías.
— ¡Si lo es! —bramó la niña enojada.
—Está bien —murmuró bufando con frustración—, que Bobby se coma mi cena.
—Bobby no está aquí, tiene que quedarse afuera porque es muy grande.
—Claro, Bobby está afuera —murmuró Raven rodando los ojos. Tomó su plato de comida y salió al porche de la cabaña, mientras se sentaba en los escalones de la misma. Un suspiro salió de sus labios—. Come Bobby—masculló ella mientras dejaba el plato a un lado y pensaba en algún plan de acción.
—Necesito refuerzos —dijo la hechicera resignada mientras tomaba su comunicador y enviaba una señal—. Raven llamando a cualquiera.
— ¡Raven!
« ¿Acaso esto era alguna clase de castigo divino por casi ocasionar el fin del mundo?».
— ¡Cualquiera menos el Chico Bestia! —gritó mientras la vena de su frente palpitaba en furia y amenazaba con explotar.
— ¿Terminaste tu misión? —preguntó con una gran sonrisa ignorando el evidente enojo en la cara de la empática.
—Hicimos un pequeño desvío, los entregaré mañana —explicó ella—, si es que sobrevivo.
—Es fácil cuidarlos. Sólo tienes que hacerles muecas tontas —señaló el chico verde—, y les gustan los chistes. Este nunca falla, ¿por qué la galleta fue al doctor?—preguntó emocionado el cambiante por la espectacular y graciosa broma que había escuchado el otro día en la radio.
.
.
Silencio...
Cri cri cri
Espera… ¿acaso eso era un grillo?
.
.
—Emm… tienes que preguntar por qué —agregó Chico Bestia desconcertado por la falta de respuesta.
— ¿Por qué? —preguntó Raven secamente y realmente aburrida por la estupidez del chico.
— ¡Porque estaba hecha migajas! —contestó el cambiante—. ¿Entendiste? ¡Migajas! —bromeó riendo a grandes carcajadas, mientras escupía de paso la pantalla del transmisor, como si hubiese sido el más sublime chiste jamás contado en todo el mundo. Ella solo cerró el aparato antes de tomar la decisión de abrir un portal directamente hacia ese lugar y descuartizar a la habichuela verde.
«Estúpido Robin y estúpido Chico Bestia».
—Tendré que arreglármelas sola —se resignó finalmente. Se levantó de su lugar en la escalera y entró de nuevo en la cabaña. Los dos chicos todavía seguían llorando y chillando adentro como si no hubiese nada más interesante para hacer. ¿Acaso nunca se cansaban? Bien, probaría las "eruditas" enseñanzas de Chico Bestia. Primero le hizo una mueca extraña y un poco terrorífica a Tommy logrando que llorara más fuerte si fuera posible. Luego se acercó a Timmy y le contó la "fabulosa" broma de la galleta y las migajas que escuchó hace un rato, logrando solo aumentar sus gritos y su rabieta.
—Vaya, ni a los niños les gustan los chistes del Chico Bestia —refunfuñó Raven mientras masajeaba sus sienes para calmar un poco su ya muy aumentada migraña.
— ¿Nunca habías cuidado a niños verdad? —interrogó Melva con curiosidad desde la comodidad de la cama.
— ¿Se nota? —preguntó ácidamente.
—El bebé tiene gases —explicó la niña.
— ¿Y qué le pasa a Timmy el llorón ahora?
—Su manta se rompió.
Bien, seguiría mejor los consejos de Melva. Raven primero tomó al bebé en sus brazos, apoyando su cabecita sobre su hombro y le dio unas suaves palmaditas en la espalda… logrando que un gran eructo llenara toda su cara de saliva y trozos de la bota digerida recién. Genial. Uno menos, faltaba el llorón. Recogió su manta que estaba rota por la mitad y la volvió a unir con una abrochadora que estaba sobre la mesa. Luego, los acostó sobre la cama, viendo que ahora la miraban con esos encantadores ojos suyos como esperando que hiciera algo más.
— ¿Y ahora qué? —cuestionó Raven frunciendo el ceño.
—Bien, podrías contarnos un cuento para dormir. ¡Nos gustan mucho! —pidió Melva sonriente mientras abrazaba a sus hermanos.
—No conozco ningún cuento —se opuso la hechicera al pedido de la niña.
— ¡Quiero cuento! ¡Quiero cuento! ¡Cuento! ¡Cuento! —vociferó Timmy con esa potente voz terroríficamente estridente y escandalosa suya.
—Está bien, está bien. Déjenme ver… —. Raven reflexionó qué historia podría ser de agrado para unos infantes. Hasta que se le ocurrió algo... bien eso era perfecto—. En mi último cumpleaños mis amigos me dieron un gran pastel y muchos globos —comenzó a relatar ella viendo las emocionantes caras de los niños que estaban claramente deleitándose con la historia—. Pero no lo disfruté porque mi padre Trigon, un aterrador demonio rojo se apoderó del mundo, y había fuego por todas partes, y entonces ese horrible sujeto con cara de esqueleto me persiguió y... —. Oh, ahora la historia no estaba siendo ya de su agrado, bueno eso suponía porque ahora la cara de los niños estaban realmente pálidas y llenas de pavor. Tenía que darle un buen y creativo final, si es que no quería cambiar un par de pañales sucios en ese momento—… mis amigos me salvaron, nos comimos el pastel y fin —terminó ella orgullosa de su cuento improvisado.
Muy bien, había funcionado porque ahora los tres niños se encontraban dormidos y roncando. Suponía que el día había sido agotador para ellos, y ni que hablar para ella. Raven los observó con una sonrisa en su rostro, eran realmente agradables… mientras estaban descansando y no gritando. Se levantó de la cama y se recostó en el sofá, solamente para reposar un poco ya que no podía bajar la guardia completamente mientras la amenaza de Mallah seguía presente. Bien, ella no se dormiría, solo cerraría un poco sus ojos para relajarse, solo un poco… hasta que los abrió cuando el sol del amanecer que entró por la ventana pegó directamente sobre sus párpados cerrados. Si, se había quedado dormida finalmente. «Vaya, eso fue un poco imprudente de mi parte».
